V. Envidia con E de Estúpida


5. Francisco de Quevedo dijo: "La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come"


Decir que no sentí un inmenso alivio cuando la clase de Transfiguraciones con McGonagall terminó, sería mentir de la peor manera. Y si debo ser sincera, hice algo mucho más que sentirme aliviada.

Como otras veces en los siete años que llevó en Hogwarts, no era la primera ocasión que por azares del destino, mi sitio se viera compartido con Potter en alguna clase. Y desde primero hasta sexto, siempre me había parecido tremendamente irritante que eso pasara. Este curso sin embargo, había aquel fenómeno había ocurrido, en tres ocasiones.

La primera: Una semana después de iniciar las clases y justamente la hora en que me di cuenta que Potter había cambiado. Esa clase —ni siquiera recuerdo que estudiamos— vi a James lucir su bonita sonrisa, me gustó tener encima sus ojos avellana y ni que decir de sentirle tan cerca. La segunda ocasión: fue cuando Sirius fue retado por Slughorn y tuvo que quedarse luego de clases y entonces Potter optó por coger el sitio a mi lado. No puedo decir que fue una clase rápida, porque la tortura de no acercarme a James y besarle (sobre todo cuando puso su mano sobre la mía para ayudarme con ese difícil cambio que estábamos estudiando) había sido larga. Y la tercera, justamente la de hoy.

Y con creses, podía asegurar, que era la peor. No solo por sus ojos penetrantes que me miraban embobados, ni por su sonrisa de galán Made In Potter con efecto garantizado de derretimiento; sino más bien por su sonrisa burlona que logró sacarme de quicio cuando me creí con la partida ganada y su comentario sobre que yo –apropósito y en pleno uso de mis facultades- había irrumpido en su habitación para mirarle dormido y posteriormente pillarlo semi desnudo, solo con esos bóxer que se ajustaban a su cuerpo y que ¡Merlín! Sí que te dejaban pensando. Lo que siguió, fue peor. Sabía —quería creer que no pero sabía que sí— que con mi actitud y respuestas había asegurado que me pico más que nada verle con Chang y que robarle la túnica había sido mi mejor venganza, pero lo que me aterraba era que así de sencillo hubiera dejado en claro que sentía algo por él.

— ¡Hey, Lily!— gritó Alice desde los jardines, cuando pasaba por ahí con rumbo a la Torre de Gryffindor. —Esto es tú culpa, Alice— pensé, mientras me dirigía dónde mi mejor amiga. Una mejor amiga que se había saltado la clase de McGonagall para disfrutar la tarde con su novio Frank y había permitido que Potter cogiera sitio a mi lado.

— ¿Y Frank? No me digas que habéis peleado y lo lanzaste al Lago Negro— le dije con una sonrisa, cuando me acerqué, porque sabía que mi amiga siempre peleaba con su novio por alguna tontería y que siempre acababan arreglando todo entre risas y muchos besos, luego claro, de una muestra de agresividad marca Alice, bien registrada.

— No, ha ido a buscar algo de comer, no queremos ir al Comedor, así que no ha de tardar— asegura sonriente. Asiento con la cabeza mientras ella me preguntaba como estuvo la clase de Transfiguraciones y en dónde perdí unas dos horas luego de ello. Aunque intenté escabullirme asegurando que aun cuando había pasado tiempo en la biblioteca luego de la clase, no había terminado los deberes, para el momento en que Frank apareció con la cena de mi amiga y la de él, Alice aún no me creía que no pasaba nada extraño. ¡Maldita seas expresión delatora!

— Vale, os veré en el dormitorio. Que se diviertan— me despedí sin más porque el ver a Frank junto a Alice, no es una de las actividades que más me gustaran en el Colegio.

No mal entiendan, me agradaba mucho su relación, desde el momento en que se confesaron y dieron rienda suelta a sus muestras de afecto, siempre aseguré, como Dorcas y como Mary que esos dos estaban hechos el uno para el otro. Pero desde el momento en que me atreví a pensar si quiera en el hecho de que había rechazado tanto a Potter que cuando me di cuenta que me gustaba el ya no me perseguía por todos lados pidiendo citas, me había entristecido. No podría nunca tener algo como lo de Alice y Frank. En un principio porque me pasaba el día enviando al carajo a James y luego porque nuestra relación se había estancado en un "amigos de cargo" que acabó en "idiota traicionero y mujeriego".

Puede decirse, que envidiaba a Alice, por ser la clase de chica que acepta al instante lo que siente, por ser la mujer que un chico merece dada su alta personalidad y sobre todo, por tener el amor del chico que le gustaba sin complicaciones. —Qué envidiosa Lily, tú igual podrías haber tenido algo, sino hubieras esperado tanto. Estúpida, Lily—

Tan ensimismada estaba en mis propios asuntos que entré en la sala común (vacía, por ser la hora de la cena) en silencio y subí directamente a mi dormitorio. Entré y arrojé los libros sobre la mesa, me encerré en el baño y me cambié el uniforme, salí en camisón sin cepillarme los dientes, bastante decidida a cerrar las cortinas de mi cama, perderme en una buena novela muggle y ahogar mi envidia escandalosa en mi pecho.

Acaba de cerrar la puerta del cuarto de baño, cuando su voz me hizo saltar:

— Imaginaba lo sexy que eras, verlo en físico, supera mis sueños—

— ¡Potter!— exclamé, completamente aterrada.

Continuará…


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Hasta la otra, JulietaG.28