VI. Lujuria con L de Lily


6. Francesco Petrarca dijo: "No ha lugar la razón contra la fuerza de la pasión"


Decir que subí al dormitorio de chicas porque Lily no apareció en la cena, sería mentira. Decir que lo hice porque tenía la ligera sospecha de que era ahí dónde había escondido mi túnica, sería algo más que una excusa. Pero lo que sí puedo decir con certeza es que cuando lo hice, nunca se me ocurrió que me tomaría solo cerrar la puerta y encantarla, para encontrar ahí a mi pelirroja.

Con el cabello suelto y cayéndole como cascada, vestida solo con un pequeño camisón rosa, de tirantes y escote en V, con esas perfectas piernas invitándome a acariciarlas y esa figura que me pedía a gritos acercarla a mí antes de recorrerla centímetro a centímetro. Para mi desgracia, fue mi boca la que reaccionó primero y la reacción de Lily, bien lo valió.

— ¡Potter! ¿Qué haces… cómo es que…?— una sonrisa cruzó mis labios y por un breve instante me pregunté dónde demonios estaban las cámaras cuando se les necesitaban. Lily ni tarda ni perezosa, tomó la bata que había sobre su baúl y acabo por privarme de su imagen en un santiamén.

— Creo que tú y yo, tenemos una conversación pendiente— le dije entonces, acercándome a ella. Lily se cruzó de brazos y alzó la nariz de manera altiva.

— Yo no tengo nada que hablar contigo. Ahora, largo. No sé cómo demonios subiste, pero quiero que te largues— me retó. Su mano, apuntó directamente a mi pecho y sus ojos brillaron de esa forma en que tanto me provocaba. Sin vacilar, me acerqué más a ella y a sabiendas de que estábamos solos y ella no tenía cerca su varita, su rostro reflejó nervios y sus pies dieron dos pasos hacia atrás, chocando con la puerta del baño.

— Tienes razón, hay cosas mejores que solo hablar— le dije y desee que mi voz no fuera en realidad tan grave como imaginé.

— A-Aléjate, Potter— tartamudeó. Pero ya era muy tarde, la tenía acorralada y sus labios tan cerca de los míos, no me invitaban ni un poco a alejarme.

— ¿En serio quieres que me aleje?— pregunté, cuando su lengua pasó por sus labios, humedeciéndolos.

— Yo… yo…— Lily intentaba a hablar pero miraba todo menos a mí. La tomé por la barbilla y la insté a hablar. Entonces, ella por fin derrumbó las barreras y pidió lo único que yo estaba dispuesto a hacer— Bésame—

Sus labios se movieron junto a los míos, su lengua entró en mi boca como la mía penetró en la suya. Había besado antes, claro que lo había hecho, pero ningún beso, me había sabido como a la gloria misma hasta ese momento. Sus manos fueron a mi cuello y se enredaron en mi cabello,mientras un suspiro escapaba de sus labios y mis labios recorrían su cuello. Mis manos se perdieron en su cintura y cuando de un solo movimiento, logré enredar sus piernas en mi cintura, no perdí tiempo.

Acabamos en la cama. Lily tenía la bata abierta y mis manos recorrían sus piernas con el mismo ánimo con que ella me besaba; de su boca escapaba mi nombre que ¡Merlín! que bonito sonaba y lo único que yo era capaz de responder era su precioso nombre; de un momento a otro, sus delicadas manos pasaron de desanudar mi corbata a soltar los botones de mi camisa. Y mis manos se perdieron bajo su camisón, con la textura de su piel que no me cansaría de acariciar.

Cuando sus manos tocaron mi piel, me di cuenta que no estaba pensando, solo me dejaba llevar. Lily mordía mi labio inferior y seguía acariciando mi cuerpo. La palabra Lujuria llegaba en breves instantes y justo cuando ella me sacó la camisa, me di cuenta que Lily Evans no solo me gustaba. Había nacido para amar a mi pelirroja de mal genio. Ella era mi victoria y mi derrota. Amarla era darle significado a tantas frases y tantas palabras; era conocer la teoría y ponerla en práctica. Amarla era aceptar tanto su carácter como su pasión desenfrenada. Y jamás me cansaría de amarla.

— ¡Lily Evans! ¡Más vale que abras!—

Continuará…


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Con cariño, JulietaG.28