VII. Gula con G de Gamberro
7. Alguien dijo alguna vez: "A la ballena todo le cabe y nada le llena"
Quitar la barrera que me separaba de James, en realidad, no había sido tan difícil —al menos no tanto como aceptar que estaba colada por el líder idiota de los Merodeadores—. Callar la voz interna llamada «cordura» para dejarme llevar y disfrutar del momento, había parecido un juego. Separarme del chico que amaba y que ¡Merlín! Besaba como los mismos dioses, eso no solo fue difícil. Fue cruel.
— Tienes que irte— le susurré, sujetándolo por el cuello de la camisa y negándome a dejarlo ponerse de pie. Sus ojos avellana brillaron y una sonrisa traviesa surcó sus labios.
— No me quiero ir. De hecho, no me molestaría pasar la noche en esta cama— comentó y aunque susurró, sabía que poco le importaba que tras la puerta, Mary, Dorcas y Alice estuvieran llamando para que les abriera.
— Te veré en la Sala Común, lo prometo, pero no quiero que las chicas nos encuentren en esta… situación— sentí mis mejillas arder. James me pasó una mano por el cabello sin quitar la otra de mi cintura. No, yo tampoco quería dejar esa cama.
— Bien— aceptó— Pero si tardas más de 10 minutos, subiré de nuevo y poco me importará que ellas estén aquí— me amenazó el muy gamberro. Ahogando la respuesta mordaz que se formó en mi boca, lo besé castamente en los labios y lo vi desvanecerse con un hechizo.
No estaba muy segura de que hubiera dejado la habitación, cuando tras intentar mostrarme presentable, quité el encantamiento que seguramente James había echado sobre el picaporte y dejé a mis amigas entrar. Basto decir que me había tomado un tónico de Madame Pomfrey para argumentar mi tardanza y también escabullirme bajo la excusa: —Voy por algo de comer. Vuelvo al rato—
Según la hora, pasaban de las 9, pero la sala común se había quedado vacía y cuando enfoqué a James esperándome en el brazo del sofá, no me quedó alguna duda de que hubiera sido él, el causante de tal vacío.
— Bueno, ya estoy aquí— murmuré, porque no sabía que otra cosa hacer ante su sonrisa reluciente y sus ojos brillantes.
— Te veo. Aunque me gustas más, sin esa bata puesta— se mofó.
— Pues tú me gustas más sin túnica de Quidditch— respondí a la defensiva, mientras recordaba que dicha prenda seguía metida bajo mi almohada.
— Has admitido que te gusto, puedo vivir sin la túnica— aseguró— Claro que si decides seguirme privando de tus besos, reconsideraré eso de vivir— no pude evitarlo, una sonrisa surcó mis labios y cuando su mano se extendió, no dudé en acércame, de un momento a otro James me abrazaba rodeándome por la cintura y me besaba con la misma intensidad que momentos atrás en mi dormitorio. Se separó un instante, solo uno y cuando lo hizo, dijo lo único que yo deseaba escuchar.
— Te amo Lily, en serio te amo—
— Yo también te amo James— respondí— Aunque me tardé en averiguarlo— su risa se hizo escuchar y acto seguido volvió a besarme. Solo entonces comprendí, que descubrir que el sexy e idiota capitán de Quidditch te gusta no es lo peor que te puede pasar. Dejar de sentir sus labios, dejar escapar sus caricias y sus abrazos; eso era sin duda lo peor que podría haber hecho, pero por suerte para mí, había aceptado tanto mis sentimientos como cedido ante los encantados de Potter y no iba a permitirme alejarme de él.
Porque amar a James era conocer de cerca los siete pecados capitales del hombre. Era buscar venganza en un acto de ira, imponer el orgullo antes que el amor, ser perezosa, ser avara e incluso lujuriosa. Pero sobre todo, era sucumbir ante la gula, porque una vez teniendo a James Potter, jamás me saciaría por completo, nunca me aburría de amarlo.
Aunque amarlo fuera un pecado, ¿qué más daba? Era algo más que obvio, porque pecado se escribe con P. P de Potter. Y yo amaba pecar…
*FIN*
¿Y, qué tal? Muchas gracias a todas por seguir estas pequeñas viñetas que intentan hacerlas reír y adorar a esta linda pareja. Como siempre, no olviden dejarme sus comentarios o enviarla a Favoritos. ¡Hasta la próxima! JulietaG.28.
*OMAKE*
— Preciosa, por favor, en serio necesito mi túnica— murmuré contra la puerta del baño de chicas, en un intento más que desesperado, porque la hermosa pelirroja que llevaba una semana dándome el honor de llamarla novia, me devolviera por fin la túnica de Quidditch que era indispensable para el juego que iba a comenzar.
— Creí que podías vivir sin ella…— se mofó Lily con diversión impresa desde dentro del baño.
— Vivir, claro. Jugar, eso no— acepté, algo derrotado— Por favor Lily, sal de ahí y dame la ropa. No me opondré si quieres quitarla luego del partido— de repente, la idea me hizo sonreír, imaginar a Lily conmigo en los vestidores y… Concéntrate Potter— venga amor, ya sal de ahí— medio minuto después, Lily por fin dejó la seguridad de su escondite y apareció con todo y mi túnica. Una sonrisa traviesa surcaba sus labios y sin miramientos me extendió la túnica antes de besarme.
— Que avaro eres Potter— se rió, cuando nos separamos y enfilamos al campo. Acababa de empezar el partido, cuando vi a Lily en las gradas junto a sus amigas, Lunático y Colagusano y entonces, Canuto se acercó a mí y me guiñó el ojo burlón.
Pase exactamente una hora entera sin saber que le hacía tanta gracia a Sirius, cuando al sonar el silbato y anunciar que ganamos, bajé a tierra firma y entonces lo descubrí. Lily había escrito algo en la orilla de mi túnica justo en el cuello.
PROPIEDAD DE LILY EVANS
¿Quién era la avara? ¡Merlín! ¡Cómo amaba a esa pelirroja!
—Travesura realizada—
