El teléfono comenzaba a sonar. Atendió con pesar.
–Hola... No creo papá... Supongo que lo nuestro ya es historia... Terminó...dijo que quería separarse... claro que puedes venir... tengo que colgar... – dijo cuando la alarma comenzó a sonar. Una emergencia le llamaba.
Le había comentado a su padre de la situación ya que consciente o inconscientemente esperaba que le diese alguna esperanza para salir adelante. Pero no quería hacerse ilusiones... Ella había dejado en claro que ya no quería más nada, y él no podría luchar contra eso si ella estaba determinada a separarse. Solo le quedaba esperar y ver qué pasaba.
Bajo a toda velocidad para encontrarse a todos sus compañeros preparándose con la misma intensidad para salir cuanto antes.
Subieron a los camiones y encendieron las alarmas para ir hacía el accidente que le habían informado. No era demasiado lejos a los pocos minutos podían ver cómo la gente empezaba a agolparse en el lugar. Colisión entre dos vehículos. Uno de ellos sobre las vías. Y lo más importante, gente atrapada.
Sasuke se apresuró a dar órdenes sobre cómo actuar y advertir a Sai que esta vez se quedara con él. No quería otro incidente. También pidió al central que avisara al ferrocarril sobre el accidente para que parara su marcha.
Al legar indicó a Sasori que viese a los integrantes del otro vehículo y a Gaara y Deidara que trajese las cosas necesarias para sacar a las personas atrapadas. Se acercó al coche y vio a dos chicas adentro, una estaba lastimada y el frente abollado de su coche la estaba lastimando aún más y no dejaba de llorar y pedir ayuda mientras la otra estaba inconsciente.
Le pidió a Sai que registre a la chica inconsciente.
Esos momentos los consideraba los más fuertes de su trabajo. El tener que tranquilizar a una persona que se siente al borde de la muerte. No era fácil.
La joven no paraba de llorar pidiendo ayuda y que no la dejasen morir allí.
Gaara y Deidara se acercaron con lo necesario y Naruto informó haber revisado si el coche goteaba combustible. Todo era bastante simple y no sería complicado sacarlas de allí. Todo cambió con un sonido.
–Capitán – llamó Naruto preocupado. – el tren.
El pelinegro apresuró su comunicador para hablar al central y ''pedir explicaciones''
–Lo sentimos, pero no podemos contactarnos con ferrocarriles. – dijo la voz al otro lado.
–¡No hay tiempo! Debemos sacarlo fuera de la vía – indicó a sus hombres – ¡Rápido!
Y entonces lo único que quedaba era la fuerza humana para sacar ese coche de ahí. La chica empezaba a gritar con más desesperación. Todos se acercaron y agarraron de algún punto que pareciese fijo en el destartalado coche para moverlo. Estaba trabado y una de las ruedas no estaba en su sitio solo quedaba levantarlo para sacarlo de ahí. Pero ¡No había tiempo para tirar de él con el camión! La gente empezaba a desesperarse al ver la situación.
–¡Capitán, no hay tiempo, debemos levantarlo! – aseguró Naruto.
Pero su fuerza no era suficiente. El sonido el ferrocarril se escuchaba cada vez más cerca y se empezaba a advertir a unos 500 metros.
–¡uno, dos, tres, tiren!
La gente comenzaba a gritar y solo unos pocos corajudos se saltaron la barrera de seguridad hecha por la policía que minutos antes había llegado para ayudar a los bomberos.
400 metros.
–¡uno, dos, tres, tiren!
300 metros.
–¡uno, dos, tres, tiren!
250 metros.
–¡uno, dos, tres, tiren!
150 metros. Solo faltaba un poco...
–¡uno, dos, tres, tiren!
–¡Ahhhhhhhhg! – Se escuchó el grito de Naruto. Él era el que estaba en la posición más vulnerable... básicamente sobre la vía del tren. Todos dirigieron la mirada hacía él temiendo lo peor. Vieron su casco salir volando al chocar contra el tren y una de las personas que fue a ayudar lo jaló hacia él por instinto.
El ferrocarril, comenzaba a disminuir su marcha, pero había estado realmente cerca.
Naruto había sentido la consistencia de aquel tren casi chocar contra él. Sintió el roce sobre su uniforme y como le sacó el casco. Es que nunca se había sentido tan cerca de la muerte. Y eso que lo había estado con anterioridad. Sentía que a pesar del bullicio la gente podría oír los latidos de su corazón.
Podía sentir sus ojos arder y las ganas de llorar, no sabía si de miedo o felicidad, o tal vez ambas. Pero no podía ser débil ahora, aún había dos chicas que sacar del coche y se unió con manos temblorosas a sus compañeros.
Ya pasado lo pero se alejó del grupo para sentarse en el pasto y liberarse de una vez. Algunas lágrimas rebeldes corrían en sus mejillas y solo un pensamiento cruzaba en su cabeza.
–Gracias, Dios. – susurró mientras esperaba que su corazón se tranquilizara. – Gracias.
–¿Estás bien? – se acercó Sasuke
– Solo... necesito un minuto.
Sasuke se sentó a su lado y le entregó el su casco.
–He roto el record de lo cerca que he estado de morir.
–No lo vuelvas a hacer. – pidió el pelinegro con media sonrisa. Naruto también sonrió, pero pronto cambió su expresión confundiendo a su amigo.
–¡No le digas nada a Hinata! ¡Me matará si se entera! Y no sobreviví para morir en manos de ella. No sería justo.
–Tranquilo, no diré nada. – dijo rodando los ojos. Naruto volvía a estar bien.
Volvieron a la estación y Sai estaba más pálido que nunca, cuando solo quedaron él y Naruto se acercó a hablar con él.
–Disculpe, teniente. ¿Esto pasa muy seguido?
–Arriesgar nuestras vidas, sí. Jugar al héroe con un tren, espero que no.
–¿Y no le asusta la muerte?
–Realmente, no. Sé a dónde iré. Solo que no quiero ir todavía. Y menos por un accidente de tren. Demasiado trágico. – respondió con una sonrisa.
.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.
–¿Hace cuánto están así? – preguntó Fugaku.
–No lo sé... antes podíamos arreglarnos. Ahora ella parece estar frustrada todo el tiempo. Cruzo por la puerta y ya está enojada algo.
–Le has dado razones para enojarse, nunca creí que Sakura fuera irracional. – Comentó Mikoto.
–Pude haber salvado dos vidas en el trabajo, pero si al llegar a casa no lavo dos platos soy el peor esposo del mundo. – contestó Sasuke con irritación.
–Ella también necesita ayuda en su casa, Sasuke. Ayuda a sus padres cada fin de semana, trabaja a doble turno... no puede hacerlo todo ella sola. – agregaba Mikoto como si fuese obvio lo que decía.
–Parece que estás de su lado.
–Pero ella está trabajando y tamb...
–¡Mamá! No necesito que me digas que lo hago todo mal. Para eso tengo a Sakura. Yo no soy el problema, es ella. – Decía Sasuke frustrado.
–Solo digo que si...
–Cariño, escuchemos lo que Sasuke tenga que decirnos. Quiero saber qué le pasa. – le dijo Fugaku a su esposa con cariño.
–Papá ¿Podemos hablar solo tú y yo? A solas...
–Solo quiero ayudarlos, Sasuke. – protestó Mikoto.
–Solo iremos a caminar un rato. Tranquila – dijo su esposo para calmarla.
–Como quieran. – se resignó con alguna que otra lagrima en los ojos.
Sasuke le trataba así desde la crisis matrimonial que habían tenido. No entendía el porqué de su actitud pero podía imaginarse tenía ideas equivocadas de que pasó en aquel entonces, pero, ¡Venga! Es su hijo, y ella lo ama y le duele que él la rechace de esa forma. Los vio salir por la puerta y fue entonces cuando comenzó a llorar.
.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.
–¿Por qué tuviste que traerla, papá? – preguntó Sasuke con cierta molestia.
–Porque es mi esposa y tu madre. Nadie te quiere más que ella. – contestó sin inmutarse Fugaku.
–es que... Siempre está metiéndose en todo... trata de arreglarme todo...
Siguieron caminado por ese parque al que solían ir cuando Sasuke era pequeño y pasaba horas jugando. Era un lugar que los inundaba de recuerdos, tanto buenos como malos.
–Si buscas a la madre perfecta, hijo, lamento decirte que no existe. Pero eso no quita que sea una buena mujer y la amo.
–No es que no la quiera, papá. Es que... simplemente... – suspiró – me saca de quicio...
– ¿No has notado un cambio en ella en los últimos años?
Sasuke lo miró sin entender.
–Pues... supongo... ahora te trata mejor, pero has tenido que aguantar mucho.
–Y ella también... – insistió
–Me alegra que no se separaran, pero hubiese entendido si lo hubiesen hecho... – comentó apartando la vista.
Nunca es fácil pensar en la separación de tus padres. Pero hasta él había llegado a la conclusión que tal vez eso era lo que sus padres necesitaban.
–¿Sabes por qué no lo hicimos?
–¿Por qué sabía que no encontraría algo mejor? – tanteó bromeando.
–Mira... – Fugaku no encontraba como abordar el tema. – El Señor trabajo en ambos.
Sasuke detuvo el paso y lo miró con incredulidad.
–¿El Señor? ¿En serio? ¿Le adjudicas esto al ''Señor''?
–¿Por qué te molesta? Crees en Dios...
–Si existe no está interesado en mí y en mis problemas. ¿En dónde ha estado en mi vida? – Él sabía por dónde iría todo y no estaba dispuesto a escuchar.
–Ha estado, solo que tú no lo has visto. – Se detuvo a pensar unos segundos. – Y tú justamente no lo invitas demasiado. Hijo, yo estuve en tu lugar... Dios no me importaba pero ya no puedo decir eso. Nunca entendí porque Jesús tuvo que...
–Papá, espera... Creo que ya hemos hablado de esto... Estoy feliz que funcione con ustedes, solo que... no es para mí...
Fugaku lo miró con pesar y luego de meditar unos instantes se atrevió a preguntar.
–¿Alguna parte de ti quiere salvar tu matrimonio?
–Quizas... – La pregunta le tomó desprevenido. – Si Sakura quisiera tal vez yo podría hacer algo, pero no quiere. Quiere el divorcio.
–¿Es lo que crees?
–¡Quiero paz! Pero que importa. – Se dio la vuelta y se sentó en el pasto. – Ella firma los papeles y ya está.
Fugaku se sentó al lado de su hijo.
–Quiero que hagas algo por mí. – Sasuke lo miró para que continue – Pospón el divorcio por cuarenta días.
–¿Por qué? – preguntó perplejo.
–Quiero que recibas algo por correo algo que te llevará ese tiempo. – continuó ante la mirada interrogante de su hijo. – Lo que salvó nuestro matrimonio.
–Papá, si es algo religioso, prefiero que no... En serio...
–Míralo como un regalo de tu padre. Vive un día a la vez a ver que pasa. Si no tienes otra razón, hazlo por mi. Te lo pido como padre.
–¿Cuarenta días? – No podría negarle algo a su padre. Simplemente no podía.
.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–
Sakura estaba en la cafetería dispuesta a almorzar. Miraba por todos lados buscando a alguna de sus amigas que casi siempre le acompañaban, pero hoy parecía que habían desaparecido todas.
–¿Comiendo sola? – le sobresaltó una voz a sus espaldas.
–Hola, dr Hozuki. – dijo dejando escapar una sonrisa.
–Suigetsu – le recordó devolviendo la sonrisa.
–Oh... Disculpa. ¿Cómo estás?
–Buscaba un lugar para almorzar. ¿Está libre?
–Esto... esperaba a Ino, pero puedes acompañarnos. – Contestó con un leve sonrojo.
–Y... ¿Come con su bata puesta? – definitivamente eso había sonado ridículo. Sakura se golpeaba mentalmente.
–Pues es la última moda entre doctores, pero creo que nunca estaremos a la altura del estilo de los encargados generales. – dijo como si nada.
Sakura se sonrojó violentamente. No estaba acostumbrada a los cumplidos.
–Pues supongo que debe ser un honor para ellos.
–Definitivamente, porque es increíble.
La pelirosada solo sonrió y bajó la mirada. No acostumbraba a flirtear ni dejar que lo hagan con ella. Pero Suigetsu le inspiraba confianza y lo dejó pasar.
.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–.–
–¿Cuarenta días? ¿Sakura sabe? – Interrogó Naruto.
– No se lo diré... Y Hinata tampoco – dijo fulminándole con la mirada. – Y si sigue adelante es su elección.
–Bueno... El divorcio es algo duro... – Dijo Naruto pensativo.
–Pero si me trae paz...
–Sasuke, tu quieres paz verdadera. – Sasuke le miró interrogante. – ¿Sabes lo que significa ese anillo en tu dedo?
– Que estoy casado... – dijo indiferente mientras sorbía café de su taza.
–Que hiciste un compromiso de por vida, Sasuke. Te lo pusiste mientras hacías tus votos. Lo triste de eso, es que cuando la gente dice para bien o para mal, solo lo hace para bien.
Sasuke miro alrededor y maldijo por un momento que el comedor del cuartel este vacío.
–Sakura y yo estábamos enamorados cuando nos casamos. Las cosas cambiaron. Ahora somos personas diferentes. Lo nuestro ya no funciona más.
Naruto simplemente quería golpear a su amigo. Miró alrededor buscando con que hacerlo pero detuvo su vista ante la sal y la pimienta viniéndole a la mente una idea mejor.
–Sasuke, la sal y la pimienta son muy diferentes. La preparación, el sabor y el color. Pero... siempre van juntas...y cuando tú... – rodó con su silla buscando pegamento y se volvió a acercar.
–¿Qué haces? Naruto... espera ¿Por qué haces eso?
Pero el rubio hacía caso omiso a sus llamados y seguía concentrado en su tarea de pegar ambos especieros juntos.
–Cuando dos se casan, es para bien o para mal. Riqueza o pobreza. Salud y enfermedad...
Sasuke lo miraba pensando: ¿Quién es él y que hicieron con mi amigo?
–Lo sé, pero el matrimonio no es a prueba de fuego, a veces te quemas. – comentó con obviedad.
–Pero eso no significa que el fuego no va a llegar, sino que estarás preparado para cunado llegue.
El pelinegro tomó los especieros para tratar de despegarlos.
–¡No lo hagas! Si lo haces, uno de los dos se romperá... – Naruto siguió con su terapia.
–¡No soy perfecto! Pero soy mejor que muchos. ¡Si mi matrimonio falla, no es por mi culpa!
–¡Por favor, Sasuke! Te he visto correr hacia un edificio cayendo en pedazos para salvar gente que ni conoces y ¿Dejarás que tu matrimonio completo se queme?
–Naruto, eres mi amigo. Solo... no abuses. – Dijo antes de levantarse con furia de la mesa.
.–.–.–.–.–.–.–..–.–.–.––.–.–.–..––..–.–.–.
Sasuke volvió a casa y revisó el correo. Y ahí estaba el paquete de su padre. Un pequeño libro escrito a mano: Desafío de amor.
Lo abrió.
Día 1...
Lo revisé pero si se me pasó algo, mil diculpas. Espero que les guste y no huyan jajaj Esto promete bastante XD
Los quiero!
Nos leemos luego!
