Gracias a Emveipi y a Rianne Black por comentar :D Aquí el primer capítulo, mucho más largo que el prólogo.
Nota: La línea argumental se sitúa en torno al séptimo libro
Capítulo 1:
"Despedida"
Un muchacho de casi diecisiete años yacía en su cama, un tanto pensativo. Harry Potter no podía creer todo lo que le estaba pasando, y todo lo que le quedaba por pasar. Era increíble, inverosímil, quimérico. Imposible.
Una de sus virtudes, era levantarse cuando caía. Pero no podía. Ya no. Ya había pasado por suficiente. Odiaba a lord Voldemort. Le había cambiado la vida. Le había amargado su existencia. No tenía otro remedio que rendirse ante la evidencia.
Estaba solo. Dumbledore muerto a manos de Snape, Sirius muerto a manos de Bellatrix, sus padres muertos a manos de Voldemort. Voldemort. Era la palabra que Harry más repugnaba. No podía creer que una sola palabra, Voldemort, representara todo lo establecido. Hasta la gente tenía miedo de pronunciarla.
Tenía que acabar con él, pero ahí estaban los Horcruxes. Siete en total. Un largísimo camino, casi eterno; que además debería recorrer solo… o con la ayuda de sus dos mejores amigos: Ron Weasley y Hermione Grager. Pero él no iba a dejarles ir. No podían dejar de ir a Hogwarts. Además, ya había permitido que muriera demasiada gente. No quería más víctimas, por que ya se sentía demasiado culpable.
Aunque ya había dos destruidos. El diario y el anillo. Y un posible tercero, el guardapelo de Slytherin. Harry poseía un falso guardapelo en el que había una nota de un tal R.A.B., que se dirigía a Voldemort para decirle que había robado el guardapelo y que intentaría destruirlo, aunque Harry no podía saber si finalmente R.A.B. había conseguido su objetivo. Después, quedaba la copa de Huffelpuff, presumiblemente algo de Gryffindor o de Ravenclaw, y la serpiente, Nagini. Y la séptima parte, residía en el propio Voldemort.
Todo eso, siempre según Dumbledore. Aunque las predicciones de Albus Dumbledore, pensaba Harry, rara vez iban mal encaminadas. Pero podía errar. Dumbledore podía fallar, lo había demostrado. No era un ser extraordinario, como Harry pensaba. Era humano. Se había equivocado al confiar en Severus Snape. Harry recordó con añoranza lo que una vez le dijo Dumbledore: "Todo el mundo comete errores. Yo, por ser más inteligente, los cometo más graves". Qué razón tenía aquel gran hombre.
Desde ese día, Harry tenía unas terribles ganas de encontrarse cara a cara con Severus Snape. En ese instante, en ese 30 de Julio, Harry sabía que no dudaría en matarlo, si lo tuviera frente a él. Juró vengar a Dumbledore, a Cedric, a Sirius, a sus padres. Juró matar a Snape. Juró matar a lord Voldemort. Lo juró para sí mismo, pero su propia palabra tenía mucha validez, y lo había manifestado.
Cedric Diggory había muerto en su cuarto curso de Hogwarts. Cedric era un chico joven, humilde y noble, fiel a sus ideales. No tenía que estar muerto, pero claro, como otros muchos, se encontraba en el momento equivocado y en el lugar equivocado. Si Harry hubiera sido más ambicioso, probablemente la muerte de Cedric no se habría producido. Él lo había liberado de una araña gigante, en la última prueba del Torneo de Tres Magos. Y después, cuando la derrotaron, Cedric pidió a Harry que cogiera la copa. Pero Harry, con honestidad, decidió que lo justo era que la cogieran los dos a la vez y así quedar empatados. La copa era un traslador, que les llevó al cementerio de Little Hangleton, donde aguardaban Colagusano y Voldemort. Colagusano mató a Cedric, por órdenes de Voldemort.
La muerte de Sirius, aun era más ridícula, y aun se sentía culpable por aquello. Harry, en un alarde de estupidez, cayó en la trampa de lord Voldemort. Él le había mostrado una imagen en su mente en la que estaba torturando a su padrino, Sirius Black. Acudió al Departamento de Misterios, pero no vio a Voldemort torturando a Sirius. Lo que vio fue un grupo de mortígrafos. Y después Sirius acudió en su ayuda, y Bellatrix le batió en un duelo. Había tenido montones de pesadillas sobre aquel suceso.
Y la muerte de Dumbledore… bueno, no se puede decir que no le ayudó, por que Dumbledore en un último momento le inmovilizó para protegerlo. Para protegerlo… pero a hora estaba solo.
Muy solo.
Harry miró el reloj. Faltaban 4 horas para el día 31, para su cumpleaños. Para que pudiera escapar de casa de los Dursley. Para ser mayor de edad y poder usar así su varita.
Revolvió en su mochila. No necesitaba muchas cosas, solo un poco de ropa y su varita. Quizá cogiera algo de su baúl, pero nada tenía validez. Hedwig ululó con fuerza, provocando que Harry deslizara su cabeza hacia la lechuza. Tenía ganas de salir a volar, y Harry le daría ese placer en poco tiempo.
Se sentó en la mesa, y vio la carta que le enviaba Bill Weasley, el hermano de su mejor amigo.
Señor Potter:
Nos complace invitarle a nuestro enlace, que tendrá lugar el 2 de Agosto. Se celebrará en la Madriguera, con una primeriza ceremonia y un posterior banquete en los jardines. Avise de su asistencia.
William Weasley y Fleur Delacour.
Harry había enviado a Hedwig dos días antes para confirmar su asistencia. Era increíble que en un momento como ese pudiera haber una boda, algún motivo para celebrar lo que sea, cuando todo era tan oscuro para él.
Tiró la carta a la basura, y para esperar hasta que fuera hora, decidió pasar el tiempo leyendo El Profeta de hoy. En la portada, había una imagen de Albus Dumbledore, que sonreía con bondad y con ternura. Aquella imagen de Dumbledore era inofensiva, pero Harry lo había visto enfadado. Y enfadado, daba más miedo que el propio lord Voldemort. Leyó:
CONTROVERSIA SOBRE LA IMAGEN DE ALBUS DUMBLEDORE
Después de poco más de un mes de la muerte de Albus Dumbledore, director de Hogwarts, han aparecido alguna discrepancia en torno a sus hazañas. Rita Skeeter, nuestra corresponsal, ha indagado sobre esta disputa. Si desea saber más sobre este tema, en la página 3…
Harry, con un sentimiento de rabia, puso la página 3… en la que había una foto de un Dumbledore adolescente (17-18 años) y otro adolescente, probablemente de la misma edad, con cara risueña y las facciones de la cara duras:
"No hay duda de que Albus fue un gran mago, pero eso no significa que sea una gran persona, como muchos han querido recalcar". Estas fueron las sorprendentes declaraciones que expuso Ryan Oriseth, uno de los grandes amigos de Albus Dumbledore. "Se atribuyó méritos que no eran del todo suyos. Yo le ayudé a descubrir los doce usos de la sangre de dragón, pero el me omitió en sus descubrimientos". Con esta frase, Oriseth acusa a Dumbledore de plagio y de apropiamiento intelectual. "Albus era un chico extraordinario. Pero, cuando apareció Gellert Grindelwald en su vida, todo cambió. Forjaron una gran amistad, y Albus dejó de lado a sus mejores amigos, como yo y Elphias Doge…
Harry despegó sus ojos del periódico. Aquello no podía ser cierto. ¿Dumbledore amigo de Grindelwald? ¿Era eso posible? Se apresuró para seguir con la lectura.
… y junto con Grindelwald, empezó en secreto una revolución contra la autoridad, aunque eso no lo sabía nadie. Decidieron crear una Orden, por la cual querían llevar a cabo algunos objetivos. Sé que les va a sorprender, pero uno de ellos era no permitir la enseñanza mágica a los hijos de muggles". Cuando Oriseth me reveló esto, admito que me quedé de una pieza. Nadie se esperaría eso de Dumbledore, un acérrimo luchador contra la desigualdad entre magos y muggles. Según Dumbledore, todo aquel que pudiera hacer magia debería de ser admitido en su colegio. "Pero Grindelwald era mucho más oscuro que Dumbledore. Grindelwald fue a más, y los planes y las teorías que tanto habían hablado, los ideales, lo puso en práctica. Dumbledore, al ver sus intenciones, se echó atrás, y Grindelwald prosiguió con su grupo." "Pero dígame, señor Oriseth, ¿No es cierto que Dumbledore acabó con Grindelwald?" "Sí, es cierto. Y eso le convirtió en un héroe. Aunque pudo haberlo hecho antes. Pudo haber ahorrado miles de víctimas, pudo haber tenido el valor de plantarle cara a su gran amigo Gellert. Pero no. Lo retrasó. Lo retrasó y lo retrasó. Él era el único capaz de acabar con Grindelwald, y ambos lo sabían. Albus y Gellert sabían que el único que podía pararle los pies era Dumbledore. Pero tenía miedo, sobre saberse vencedor. Tenía miedo de derrotar a su amigo. Tenía miedo de matarlo. Y finalmente, lo batió en un duelo. Pero le dejó vivir, lo encarceló en una celda de la prisión que Grindelwald poseía, y no se ha vuelto a saber nada más de él."
Como ven, Albus Dumbledore alguna vez perteneció al lado oscuro. Posiblemente se lo pensó mejor y se arrepintió, pero quedan las pruebas de que alguna vez quiso negarles a los nacidos muggles la educación, de que se apropió de algunas ideas de su amigo Oriseth, y que era un cobarde. Sí, tenía miedo a Grindelwald. Como dice Oriseth, pudo evitar miles de muertes en esos años, pero no lo hizo.
Por Rita Skeeter.
Harry despegó sus ojos de aquel trozo de papel. Lo cogió e hizo una bola de él y lo tiró a la basura. Había más de veinte periódicos así en la papelera. No podía esperar más.
Sentía muchísima rabia, por que desde la muerte de Dumbledore, Rita Skeeter había estado calumniándolo casi todos los días. Pero, si era cierto lo que hoy decía en el periódico, era realmente sorprendente. ¿Dumbledore amigo de su archienemigo, Grindelwald? No sabía si creerlo, por que esa información provenía de Rita Skeeter… y de un tal Oriseth, al cual no conocía de nada. Sin embargo, era Rita Skeeter. La misma persona que había dicho que iba llorando por ahí por sus padres. O la misma persona que afirmaba que mantenía un triángulo amoroso con su amiga Hermione y con Víktor Krum.
Decidió marcharse ya, aunque no sabía donde ir. Iría a la Madriguera, por que días después se produciría el enlace entre Bill y Fleur. Había quedado con Ron y el señor Weasley fuera de la casa, la mañana siguiente. Pero Harry no podía esperar tanto, por lo que acudiría él mismo a la Madriguera, mediante la Aparición. Además, era algo que no le había dicho a los Weasley, pero probablemente los mortígrafos fueran a buscarlo cuando cumpliera la edad. Cuando ya no estaba protegido por el encantamiento de Dumbledore. Por eso quería marcharse antes de ahora, y advertir a los Dursley por si acaso.
Aunque… era una sensación extraña. Los Dursley ya sabían que se marcharía, y sabía que es lo que querían. Pero aun así… debería despedirse, o al menos, decir que se iba.
Se colgó la mochila al hombro, y abrió la ventana. Posteriormente, abrió la jaula de Hedwig, y le indicó que acudiera a la Madriguera. Bajó por las escaleras, y ya en el vestíbulo, entró por la puerta derecha para acceder al comedor, donde los Dursley estaban viendo la tele. Vernon levantó la mirada hacia él, y tía Petunia y Dudley no se dignaron a hacerlo.
-¿Qué quieres? – le espetó tío Vernon, con su habitual "simpatía".
Harry tragó saliva. No sabía muy bien como despedirse. Además, quería advertirlos sobre la más que posible emboscada de mortígrafos.
-Bueno… esto… me voy. Ya no voy a volver nunca más. Solo… quería daros las gracias… por todo. Gracias, por hacer que mi existencia sea tan desgraciada.
Y se quedó tan a gusto. Notó como si su estómago sufriera una liberación después de años encarcelado. En ese instante, tía Petunia y Dudley sí le miraron, y estaban los tres bastante sorprendidos. No se esperaban aquello de Harry.
Tío Vernon lo miró con desprecio.
-¿Cómo te atreves? – tío Vernon se levantó. Parecía que iba a golpearlo, pero Harry no retrocedió ni un centímetro. Dudley y tía Petunia lo imitaron, y lo miraron desafiantes -. ¡Te acogimos! – dijo -. ¡Te acogimos! – repitió -. ¡Pudimos no hacerlo! ¡Pero lo hicimos! – Harry sonrió son suficiencia.
-Os obligaron – respondió, sin levantar la voz. Pero había sonado aterrador. Los tres miembros de su familia se percataban ahora que tenía la varita en la mano, y se acobardaron un poco. Eran conscientes de que le habían hecho la vida imposible, por eso tenían miedo de que Harry se vengara -. Pero qué más da. Ahora no os necesito. Ya puedo hacer magia. Además… – miró a tía Petunia -. La protección por la cual me llevaron aquí, ya no existe. Cuando cumplo la edad mágica, deja de funcionar, y sois perfectamente vulnerables, como yo.
Nadie dijo nada. Silencio sepulcral. Dudley tenía los ojos muy abiertos, y parecía que no se enteraba mucho del tema. Parecía casi más fascinado por la televisión, que seguía encendida. Vernon entornó un poco los ojos, haciendo una mueca bastante desagradable. Sentía que no había escuchado bien lo que Harry decía, o que no quería escucharlo. Lo mismo daba.
-¿Qué quieres decir con eso? – habló tío Vernon.
-Quiero decir, que deberíais marcharos de aquí y esconderos un poco. Comenzar a vivir en otro sitio. Una nueva vida. Por que os conocen, y por que conocen este lugar. Además, no me extrañaría que hoy mismo vinieran aquí algunos mortígrafos. Porque hoy, a las doce, ya pueden atacarme.
-¿Cómo? ¡Pues ya estás evitando que vengan los "martígrofos" esos como sea!
Harry soltó una carcajada. Estaba disfrutando con aquel momento. Tío Vernon estaba sudando como un pollo, y Dudley ya le tomaba enserio finalmente. Había apagado el televisor.
-¿Crees… crees que puedo hacer algo? – sentenció Harry, como si eso fuera algo evidente -. ¿Tú… tienes la menor idea de lo numerosos que son?
Tía Petunia estaba pálida.
-¡Nos vas a acabar llevando a la ruina! – espetó la mujer.
-No es mi problema – contestó Harry -. Yo he vivido aquí un auténtico infierno. No me dais pena – miró el reloj. Faltaban ahora tres horas para las doce -. Tenéis… poco más de tres horas para marcharos. Ese es mi consejo, haced con él lo que queráis.
Y, sintiéndose en su interior muy satisfecho, Harry se marchó de allí. Del número cuatro de Privet Drive. Para no volver… para no volver, por fin. La última imagen que tenía de Dudley y de sus tíos era de un tremendo desencaje.
Se fue por algunas calles, y finalmente llegó a un parque, ya conocido para él. Allí era donde iba hacía dos años. Y dónde veía a Dudley y sus amigos fumando y preparando sus malhechoras ideas. Dudley era el auténtico líder, y todos lo miraban con admiración y lo llamaban "Big D".
En un callejón al fondo, que Harry podía divisar desde los columpios (dónde estaba sentado ahora), era donde habían aparecido los dementores que Dolores Umbridge había enviado, dos años atrás, a Privet Drive, y que había dejado a su primo bastante conmocionado.
Aquellos recuerdos produjeron en Harry una sonrisa. Realmente, eran muchos años con los Dursley. Demasiados años. Dieciséis nada menos, en total. Era imposible olvidarlos para el resto de su vida. Y en cierto modo, Harry les tenía un cariño. A su manera, claro.
Empezó a columpiarse, recordando como se sentía uno. Realmente, había pasado casi once años encerrado debajo de las escaleras en el número cuatro de Privet Drive. En esos once años, solo salía por la casa. Rara vez le llevaban a algún sitio, sólo si la señora Arabella Figg no podía quedarse con él. Cuando no podía quedarse con él, iban a algún sitio, como al zoo, o a algún parque de atracciones. Pero las veces que se había divertido con los Dursley las podía contar con los dedos de la mano.
Comenzó a hacer frío… y eso no era nada bueno.
Harry sacó la varita. Todo se estaba volviendo un poco oscuro, se estaban congelando las hojas de los árboles, y Harry empezó a recordar sus recuerdos más tristes. Nuevamente, había dementores en Privet Drive. Y con ellos, Harry también suponía que había mortígrafos. Miró el reloj. Poco menos de tres horas para que fueran las doce, pero parecía que les daba igual. A Harry también le daba igual esperar o no para usar magia, así que produjo un patronus.
Guió al ciervo plateado por donde sentía el frío. Se adentró en algunas calles, y pudo ver a dos dementores… y esperó que no hubiera más. Los dementores se alejaron, y Harry se sintió cálido de repente. Todo volvió a la normalidad… hasta que salieron dos mortígrafos. Uno era Alecto, el otro no lo conocía.
-¡Atrapadlo! – les gritó un tercero, que estaba en las sombras.
Y los dos mortígrafos obedecieron. Alecto le lanzó una maldición cruciatus aunque Harry la esquivó con espesura. El mortígrafo rubio que acompañaba Alecto, esquivó el hechizo aturdidor que acababa de lanzar Harry, y se le cayó la capucha. Harry lo reconoció. Era Lucius Malfoy.
Realmente, Harry se sentía idiota. No sabía porqué se había quedado en el columpio. Suponía que la añoranza había podido con él, y había demorado su marcha. O quizás sería por que no estaba muy seguro de Aparecerse. Pero ahora no podía arriesgarse a desmembrarse… ¿o sí? No. Pero se le ocurrió algo.
-¡Accio escoba! – murmuró.
Llegó en unos segundos a toda velocidad. Se iría a un lugar seguro con ella, e intentaría Aparecerse. Harry la cogió al tiempo que le lanzaban un Avada Kedavra… pero alguien lo había empujado. Le habían salvado la vida. Era Remus Lupin, que le sonrió para tranquilizarlo. Varios integrantes de la Orden salieron al encuentro contra los mortígrafos.
-¿Qué está ocurriendo? – preguntó Harry a Lupin, con seriedad.
Lupin echó un vistazo. Se encontraban escondidos detrás de un basurero, y por el momento decidió quedarse a contestar a Harry.
-Veamos, Harry, sabíamos que no ibas a esperar a la mañana siguiente a Arthur, y también sabíamos que ibas a ser atacado. Por eso llevamos dos semanas vigilándote, como llevan los mortígrafos encontrando este lugar.
Harry no dijo nada por el momento. ¿Habían estado vigilando? Pues lo habían hecho muy bien, por que ni él mismo se había dado cuenta.
-¿Y si hubiera esperado hasta mañana?
-Habríamos intentado derrotar a los mortígrafos sin que te enterases, aunque sabíamos, créeme, que no ibas a esperar. Y no puedes hacer magia, por que faltan un par de horas para el día 31 y aún tienes el Detector dentro de ti.
-¿El Detector?
-Así es. Es el elemento que hace saber al Ministerio que un menor de diecisiete años ha hecho magia. Desaparecerá cuando cumplas la edad. Y…
-Pero no me importa hacer magia. No…
-Pueden quitarte la varita Harry, así que no vas a hacer magia.
-Pues ya he hecho. He hecho un patronus – le comunicó Harry.
-Da lo mismo. Lo que queremos es que te marches – sentenció Lupin, con autoridad. Se volvió a asomar. Estaba Tonks, Kingsley, Digle y Hestia Jones. En superioridad numérica -. Bueno Harry. Hagrid también ha venido. No podemos Aparecernos tampoco, por que el Ministerio lo sabría… y el Ministerio ya no es seguro, Harry. Hay demasiados infiltrados y demasiadas víctimas de la maldición Imperio. Irás con la escoba…
-No, profesor Lupin. Lo siento, no voy a dejaros aquí. No voy a dejar que nadie muera por mí más veces. Siento mucho…
Lupin se puso serio de repente.
-¡No! ¡Harry! No me vengas ahora de héroe. Te necesitamos vivo. ¡Va a venir Voldemort! Está a punto de llegar. Son pocos mortígrafos, nosotros somos más. Hay más miembros de la Orden escondidos por ahí.
-Pe-pero… ¿Y los Dursley? ¿Qué pasa con ellos?
-Me temo que deberías de haberles dicho eso de que corrían peligro antes, Harry.
-No me habrían creído – confesó Harry. Era cierto. Estaba seguro que pese a sus advertencias, los Dursley no se habían movido del número cuatro.
-Es innegable. Pero deberías de haberlos convencido. Y haberlo hecho mucho antes. Por suerte, Fred y George han conseguido rescatarlos y llevarlos a un lugar seguro. Ya no serán encontrados por nadie, ni si quiera los encontrarías tú mismo sin que te dijéramos donde están.
-No importa, no quiero saberlo – admitió Harry.
-Bueno, da lo mismo Harry – se levantó y salió a pelear, junto a Tonks. Ambos luchaban codo con codo. Kingsley estaba herido en tierra. Pero solo quedaba un mortígrafo en pie. Los otros dos estaban en tierra -. ¡Vete ahora! ¡Voldemort no va a tardar! ¡Hagrid te encontrará a ti! Vuela hacia el este sin parar, y no subas demasiado.
Harry hizo caso al amigo de su padre y cogió la Saeta de Fuego, aunque un fuerte dolor de cabeza le impidió coger el palo de la escoba, por que le había debilitado. Voldemort había llegado. Estaba por algún sitio, y Harry cogió la Saeta (esta vez con firmeza) y empezó a volar. Hacia el este, como Lupin le había indicado.
Nunca había sobrevolado aquella ciudad. Bueno, a excepción de cuando lo hizo con el Ford Aguila de los Weasley. Hacía tiempo que no volaba… desde la noche en que Dumbledore había muerto. Se sintió libre, despejado, sin ningún peso encima… sin ningunos Horcruxes que derrotar y destruir… solo se sentía un chico, un chico de diecisiete años. Sonrió para sus adentros. Pudo divisar la casa de los Dursley, y se alegró al comprobarla con las luces apagadas, y aparentemente sin nadie dentro.
Tras unos minutos de vuelo, una moto voladora se puso a su lado.
-¡Baja ahí Harry! ¡Aterriza! – gritó Hagrid, señalando un pequeño claro en un mar de árboles.
Harry descendió y aterrizó con frescura y habilidad. Hagrid hizo lo mismo y bajó de la motocicleta voladora con prisa y con torpeza. Le indicó que le siguiera.
-¿Cómo estás, Hagrid? – preguntó Harry, contento de ver a su amigo.
-No hay tiempo para eso Harry – fue la fría respuesta del guardabosque de Hogwarts -. Ven – encontró una vieja bota -. Esto es un traslador. Nos llevará a la Madriguera. Yo voy contigo. Es peligroso quedarse. Voldemort ha aparecido, y Lupin, Tonks y Kingsley ya deben de estar en casa de Kingsley a salvo. Dejaremos la moto aquí…
-No podemos – masculló Harry -. Es la moto de Sirius.
-Lo siento, es prescindible.
Harry cayó al suelo. Había sentido un pinchazo increíblemente fuerte en la cicatriz. Nunca había sentido un pinchazo así, y esa noche ya le había pasado dos veces. ¿Había cambiado algo?
Y Voldemort apareció detrás de un árbol. Y con él, un torrente de luz verde… que no llegó a alcanzarlos por que Hagrid había cogido la bota de una mano, y el brazo de Harry en la otra. Todo empezó a dar vueltas…
