¡Hola! Bueno, aquello de publicar dos capítulos a la vez es algo excepcional que no creo que vuelva a ocurrir, pero lo hice por que los tenía y para que no se perdiera el hilo de la historia.
Emveipi, Amaya y Seyu M: gracias por leer, espero que la continuación os guste y que sigáis leyendo… ¡gracias por los piropos! xD
Capítulo 3:
"El plan"
Ya habían pasado un par de semanas desde que Harry se había marchado de la Madriguera, sin despedirse como aquel que dice. De aquella forma tan espontánea, y no se había arrepentido. La carta que les había escrito a Ron y Hermione la había escrito con prisas, por lo que deseaba poder hablar con más tranquilidad con ellos. Sabía que tarde o temprano le iban a encontrar allí. Sólo era cuestión de tiempo. O al menos, así lo esperaba Harry.
La primera noche que había dormido allí lo había hecho bastante desganado realmente. Pero, cada día, se iba adaptando más a aquella casa y aquella forma de vivir. Por lo que cada día se sentía más a gusto, esa era la sensación que tenía en esos momentos. Desde luego, no había sido factible, y Kreacher tampoco le estaba poniendo las cosas muy fáciles, pero eso en realidad poco o nada le importaba. Pasaba bastante de Kreacher, pero claro; tenía que medir su trato hacia él. Sin Kreacher era imposible vivir en aquella casa, por que era el que le proporcionaba los materiales básicos, y quien "mantenía" limpia la casa, de alguna manera.
Algo que también le había sorprendido bastante era que no había cambiado mucho esa casa. Sí, estaba más sucio y más inhabitable, pero objetivamente no había pasado nadie por allí. Ni Snape, ni mortígrafos, ni miembros de la Orden. Nadie. Era extraño, sobretodo por lo de los mortígrafos. Harry estaba empezando a dudar si efectivamente Snape les había revelado la existencia de aquel lugar, por que tampoco parecía nada forzado. Quizás sí lo había dicho, pero no podían entrar. Quizás hacían guardia fuera sin que Harry se diese cuenta. Por que, que él supiera, no podían entrar. Dumbledore era el Guardián Secreto, y ahora estaba muerto. Harry no sabía que pasaba exactamente cuando moría un Guardián Secreto del hechizo Fidelio, pero se imaginaba que el secreto moría con él. Y si él único que podía revelar aquella dirección era Dumbledore, ese lugar era muy útil.
El problema era si entraba Snape. Pero no parecía que iba a hacerlo nunca. Si ya no lo había hecho… aunque uno no podía fiarse nunca de aquella rata. Por que eso era lo que era Snape. Una rata. Una mísera y mundana rata. Pero, si Harry se iba a "unir" a Voldemort, tenía que cuidar su autocontrol y su instinto violento. Por que no podía pelearse con Snape, le saldría todo mal. Voldemort tenía que creerlo, y por eso estaba entrenando.
Llevaba ya un par de semanas con la Oclumancia. Desde que había llegado allí prácticamente, quizás un día después o dos. Casi no se había dedicado a inspeccionar la casa, por que andaba muy ocupado con su entrene, pero aún así había investigado algunas habitaciones, como la de Sirius Orion (ese era su segundo nombre y lo que ponía en la puerta) y Regulus Arcturus (su hermano mortígrafo del que Harry solo sabía que se había echado para atrás y había muerto). Harry, tras estar mucho rato mirando las dos, había decidido dormir en la de Sirius, por aquello de que se sentía más familiar en aquella habitación. Era lo que tenía que perteneciera a su padrino.
A lo primero no sabía cómo hacerlo, pero había encontrado una manera de aprender Oclumancia. Kreacher le estaba ayudando. Mejor dicho, Harry le obligaba a que le ayudara. Y ya no podía penetrar en su mente de ninguna de las maneras, por lo que había avanzado mucho. Los primeros días siempre se colaba en sus recuerdos más dramáticos, pero ahora ya no podía. Y eso eran grandes noticias, por que a los elfos domésticos se les daba muy bien la Legeremancia. Harry incluso pensaba que era más difícil evitar que Kreacher entrara en su mente que lo hiciera Snape. Pero Voldemort estaba varios peldaños por arriba de Snape, así que… le quedaba camino. Pero menos de lo que esperaba.
También había estado pensando en cómo iba a encontrar a Voldemort. Y tras unos momentos, había llegado a la conclusión de que eso era imposible. Ahora, que Voldemort encontrara a Harry, era lo más fácil que había en el mundo. Sólo tenía que hacer una cosa: mostrarse en un lugar público. Y en minutos tendría a un par de mortígrafos siguiéndolo, esperando que se alejara de la muchedumbre para capturarlo. Por que si de algo no podía temer era de su vida, ya que por lo menos hasta que hablara con Voldemort, estaría vivo. Voldemort tenía una extraña obsesión con él (por que creía que era el único que podía derrotarlo, y en parte no se equivocaba), por lo que no moriría sin verlo. Él quería matar a Harry en persona. Pero eso al tiempo, ahora no era lo más importante.
En lo único que no había pensado demasiado era en los Horcruxes. Seguía repitiéndose los que faltaban, la copa, algo de Gryffindor o de Ravenclaw, la serpiente, y la parte que había en Voldemort. Y posiblemente, el guardapelo de Slytherin. Pero eso era casi imposible de averiguar… como igual de imposible era averiguar el paradero del resto. Podían estar en cualquier parte del mundo. Y el mundo no era precisamente pequeño. Eso se lo tenía que sacar a Voldemort. Se lo tenía que ganar. Y para aquello hacía falta practicar Oclumancia. Al menos sí sabía cual era el primer paso de su ambicioso plan.
Su plan consistía en practicar Oclumancia. Quería tener el nivel de Snape en Oclumancia. Por que Snape era buen oclumántico, aunque dejara mucho que desear en la Legeremancia. Para ello ya había movido sus hilos. Por lo pronto, ya había superado la Legeremancia de Kreacher, y aquello no era poco. Pero estaba esperando a que llegaran Ron y Hermione, por que llegarían. Ellos le ayudarían a seguir evolucionando cerrando su mente. En unos días quería superar ya la Legeremancia de los tres unidos. Si conseguía aquello, estaba listo para el siguiente paso.
El segundo paso era ser encontrado por Voldemort. Con su Oclumancia a un alto nivel, pretendía engañarlo. Estaba dispuesto a todo para convertirse en mortígrafo. Bueno, a casi todo. Pero tenía soluciones para las cosas que posiblemente le harían hacer como condición. Asesinar a alguien, por ejemplo. Pero si eso ocurría, fingiría matarlo. No iba a matar a nadie. Eso jamás. Al contrario, lo que proyectaba conseguir con aquello era la salvación de muchos.
El siguiente paso, y ya establecido como mortígrafo, era convertirse en el ojito derecho de Voldemort. Quería serle el más leal, y el más útil para él. A la larga, Harry sería uno de los hombres con quien más confiaría Voldemort. Y con aquello pretendía averiguar sus secretos. Por que era imposible que Voldemort guardara él sólo todos aquellos secretos. Tenía que tener a alguien de confianza aunque no participara en nada. Pero alguien tenía que saberlo. Si lo había averiguado R.A.B. … y R.A.B. era un mortígrafo, de eso Harry estaba seguro. Solo con ver como le llamaba (Señor Oscuro) se notaba.
Después de todo aquello, debía de encontrar la manera de destruirlos. Destruirlos no sería tarea fácil, ya que por lo visto, ni el propio R.A.B. había sido capaz. Al menos en un principio. Y después estaban los sortilegios que debía de evitar para llegar hasta el Horcruxe. Aunque supiera el lugar, había muchísimo que hacer.
Y cuando supiera cómo destruirlos, solo quedaba la fase definitiva: destruirlos.
Era un plan muy ambicioso. Era su plan. Nadie lo había ayudado a confeccionarlo. Por fin se sentía útil de alguna manera, y aquello le animaba a seguir. Estaba ilusionado con su idea, y además esperaba conseguir su objetivo. Era consciente de su dificultad, pero iba a intentarlo. Era arriesgado, pero iba a intentarlo. Era insensato, pero iba a intentarlo. Posiblemente, si algo salía mal perdería su vida.
Pero, aun así, iba a intentarlo.
Harry se levantó. Como siempre, lo hacía bostezando. Llevaba ya tres semanas esperando a Ron y Hermione. Y casi había perdido la esperanza de que acudieran, por que el séptimo curso estaba a la vuelta de la esquina. Solo faltaba poco más de una semana. Si no llegaban pronto, tendría que ir a buscarlos él mismo. Pero esperaba no llegar a ese extremo.
Ese día parecía diferente, y Harry tenía una intuición. Aunque llevaba ya tres días intuyendo lo mismo cuando se levantaba, pero nada de nada. Bajando las escaleras, se alarmó.
Había oído voces, y aquello no auguraba nada bueno. Aunque aquellas voces parecían no tener ningún reparo en que fueran escuchadas, por lo que se relajó un poco. Aún así estaba armado con la varita. Más abajo, comprobó que conocía a los dueños de aquellas voces. Ron y Hermione habían llegado, por fin.
-¡Hola! – saludó Harry con felicidad, contento de verlos. Y contento de hablar con algún ser humano de nuevo.
Aunque ellos no parecían muy contentos de verle, parecían algo enfadados. Y preocupados.
-¿Cómo te atreves a preocuparnos de esa manera? ¡Harry! ¡Eso no se hace! – le reprendió Hermione, pero a Harry le importaba aquello bien poco. Sólo tenía una semana para seguir aprendiendo.
-No importa, ahora…
-Sí, Harry, claro que importa – Ron había hablado despacio, pero con mucha autoridad. Parecían distintos. O Harry estaba distinto. No sabía muy bien que era -. Debes parar Harry. Nos has preocupado mucho con esta carta. Hemos ido a tantos lugares…
-¿Ah sí? – le respondió Harry, con cierta curiosidad -. ¿Dónde habéis ido?
-Pues… en muchos lugares que ha estado Voldemort. En el orfanato, en Little Hangleton, en Burgin y Burkes. Hemos viajado mucho, y esta era nuestra última posibilidad.
-Hace tres semanas que salimos de casa Harry. Tres semanas. Y hemos estado en todos los sitios menos en este. Aun me cuesta creer que no pasáramos por aquí, aunque sea una pequeña visita.
-Nunca hubiéramos pensado que estabas aquí escondido.
Aquello le sentó bastante mal, pero no quería enfurecerse. No quería perder la compostura tan fácilmente. Ya se había decidido a controlar su pronto. Además, en cierta manera comprendía que estuvieran un poco preocupados.
-No estoy escondido, sólo… estoy trazando un plan – fue lo que dijo Harry, aunque sin sonar muy convincente. Sus amigos no parecían muy reacios a escuchar su plan, así que Harry pensó en dejarlo para luego -. ¿Y qué dicen tus padres?
-Buff mi madre lo ha entendido, pero está un poco inestable – comentó Ron -. Entiende que hayamos salido en tu busca. Pero ellos creen que hemos salido para hacerte volver.
Ese comentario sorprendió a Harry.
-¿No habéis salido para eso?
-No, Harry. Vamos a ayudarte en lo que necesites – fue Hermione la que había respondido -. En tu carta decías que te encontráramos para ayudarte y que ibas a unirte a Voldemort… me parece la mayor idiotez que has dicho en tu vida. Y quiero hacerte cambiar de opinión.
Harry la miró un instante. No quería parecer grosero, pero quería dejarle las cosas claras a Hermione. Era imposible que le hiciera cambiar de opinión. Ya estaba todo decidido. Y ya estaba en marcha.
-No, Hermione. No lo intentes, en serio. No hay ninguna posibilidad de que me hagas cambiar de opinión.
-¡Pero…!
-Háblanos del plan, Harry – dijo Ron, bastante interesado. Hermione bufó por que el pelirrojo la había interrumpido.
-Pues…
Y Harry les contó todo. Todo su plan, y todas sus fases y variantes. Les contó que aprendería primero Oclumancia, que después sería encontrado por Voldemort sin morir, ya que ningún mortígrafo se atrevería a matarlo. Después les contó que se convertiría en uno de sus más cercanos servidores y que conseguiría toda la información necesaria. Tal como había hecho RAB. Cuando terminó, miró a ambos jóvenes, expectante. No sabía como iba a reaccionar. Hermione mostraba sus signos faciales impasibles, y Ron hacía muecas de miedo y admiración a partes iguales.
-¿Vais a ayudarme?
-Harry… ¿Eso se te ha ocurrido sólo a ti? – fue lo único que dijo Ron, aunque ya sabía la respuesta -. Me parece increíble. En serio, pero no sé… es un poco.... difícil.
-No vas a hacer eso – le espetó Hermione -. Harry, no te estás jugando una victoria. Te estás jugando la vida. Te expones demasiado. ¿No lo entiendes?
-Hermione – negó Harry -. No, no. No sigas por ahí. Voy a hacerlo. Tengo que hacerlo.
-No, Harry, no tienes por qué hacerlo. Nadie te obliga. Hay formas y formas de derrotar a Voldemort. Tenemos todo el tiempo del mundo para buscar los…
-¡No lo tenemos! – exclamó Harry, levantándose de su asiento -. No lo tenemos. Está muriendo gente. ¡Está muriendo gente! Este plan es lo más rápido para derrotar a Voldemort.
-Sí, es cierto – admitió Ron, y cambió de opinión después de ver la cara de Hermione -. Quiero decir… que es el más rápido, pero no el más seguro.
-No hay una forma segura. ¡Se trata de Voldemort!
-Ahí tiene razón – dijo Ron mirando a Hermione.
-Sí pero las hay poco seguras y las hay nada seguras. Sabes que no vas a durar nada Harry. Tarde o temprano te van a descubrir. Y si lo hacen tienes pocas posibilidades de escapar… con vida.
-No tengo nada que perder.
Aquel comentario fue la gota que colmó el vaso para Hermione. Se había quedado de piedra.
-¿No… no somos nada para ti, Harry?
Y aquella pregunta aún había dejado más helado a Harry.
-¿Cómo? ¿Hermione? ¿Qué dices? – suspiró, aquello se le estaba yendo de las manos -. No he querido decir eso… claro que tengo cosas que perder. Pero… ¿Tienes idea de lo que he renunciado para hacer esto? – y Ginny se coló en su cerebro -. Sí realmente no me importarais… ¿Crees que os hubiera dicho que me acompañarais? No te equivoques.
Hermione parecía un poco ruborizada por aquella acotación que había formulado.
-Sólo quiero saber si estáis conmigo o no. Si me apoyáis en esto. Ya os he manifestado que necesito ayuda, y quiero saber si me la vais a conceder. Y si no la hacéis… os invito a marcharos.
Ron y Hermione se miraron. Era una fácil decisión, o al menos así lo pensaba Harry. Había sido una difícil decisión por ejemplo, lo que hizo con Ginny en el funeral de Dumbledore. ¿Pero aquello? Era simple.
-Claro, Harry. Siempre estaremos a tu lado, para lo que necesites – dijo Hermione, mientras Ron ascendía con la cabeza levemente. Aquello le hizo producir una sonrisa, y se sintió más relajado.
-Lo sé.
Y, de repente y sin previo aviso, se echó a sus brazos. A los brazos de sus amigos. Y lloró. Lloró, lloró y lloró. Lo necesitaba. Estaba viviendo momentos realmente difíciles. En solo unos meses había perdido a Dumbledore, su mentor, su segundo padre, por decirlo de una manera. También había medio perdido al amor de su vida, que no era otro que Ginny Weasley. Había perdido a sus padres, a Sirius, a Cedric, y a otros más que no conocía pero que también lamentaba su muerte. Lloró por todos ellos. Estaba triste, y no le importaba exteriorizar sus sentimientos. Saber que sus amigos iban a estar allí siempre le reconfortaba mucho. Eran lo más importante para él. Era lo único que temía, perderlos. Con aquella misión, morirse no era su peor pesadilla. Si no cómo se sentirían ellos si muriera. Aquello era lo que más le importaba… su vida en aquellos momentos no le importaba demasiado.
Uno no solo es responsable de su vida, también lo es de las personas a quienes importa.
-Os llevaré a vuestra habitación – dijo Harry, mucho más animado. Aunque Ron y Hermione conocían demasiado bien esa casa, pero no le importaba.
Aquel día estaba feliz, y ni los vulgares comentarios de Kreacher le habían borrado la sonrisa. Se habían pasado el día practicando. Harry les había enseñado a Ron y Hermione cómo debían de intentar entrar en su mente, y él había intentado defenderse. A lo largo del día, había logrado progresos, pero practicar Oclumancia desgastaba mucho física y psicológicamente.
Ron y Harry dormirían juntos, y Hermione sola. Así lo habían decidido. Por aquello de que las mujeres necesitaban su espacio. Hermione dormiría en la habitación de Regulus.
Cuando llegaron a la puerta Hermione dio un gritito de emoción. Lentamente, señaló con nerviosismo el nombre que residía en la puerta. Ron y Harry estaban un poco desconcertados.
-¡Regulus Arcturus! ¡Regulus Arcturus! – exclamó la muchacha como una verdadera posesa.
-¿Ein?
-¡Regulus Arcturus Black!
-¿Pero que dices? – se extrañó Ron -. Sí, Regulus el hermano de Sirius.
Hermione bufó con impaciencia.
-¿Es que no lo veis? – y de repente, Harry lo vio. Se sintió muy idiota. Lo había tenido delante de sus narices tres semanas, y Hermione se había dado cuenta en unos segundos. Pero se sintió más feliz. Las cosas le estaban saliendo.
-Yo no veo nada – apuntó Ron, que miraba a Harry con la esperanza de que él tampoco viera nada, ya que estaba empezando a sentirse imbécil.
-R.A.B.
Y todo pareció encajar.
Al decir su nombre en voz alta, cada pieza encajaba en su sitio. Regulus había sido mortígrafo. Regulus había muerto por que algo le había echado para atrás, según les había dicho Sirius. Quizás esa era la versión oficial, pero no la auténtica. Quizás era sólo una excusa que había tenido Voldemort para matarlo.
-Busquemos el guardapelo ahí dentro.
Y acto seguido acataron las órdenes de Harry. Él entró el último. La habitación era un poco más pequeña que la de Sirius. Tenía las paredes llenas de pósteres de un equipo de Quidditch, y algunas fotos con gente de Slytherin en Hogwarts. Harry se detuvo a mirar una, y reconoció en ella a Alecto, a Bellatrix, a Narcisa entre otras personas. Al ver el fondo de la foto (un gran lago) Harry sintió añoranza por su hogar, por Hogwarts.
Se agachó para buscar por debajo del armario, para ver si encontraba algo, y desistió tras unos instantes. Después se fue a la mesita, para rebuscar en los cajones, pero nada de nada. Ron y Hermione buscaban con ahínco debajo de la cama y entre el armario respectivamente, y parecía que les iba igual que a Harry. Entonces este se acostó al escritorio para ver que había allí. Había numerosos recortes de periódico sobre Tom Ryddle, sobre Voldemort. Por lo que Harry pudo observar, ya era seguidor de Voldemort desde su época en Hogwarts. Y tampoco allí estaba el tan ansiado guardapelo. Harry les echó un vistazo a sus amigos. Ron seguía buscando, pero Hermione se había quedado paralizada en un cajón del armario. A Harry se le aceleró el corazón.
-A lo mejor lo ha destruido – murmuró Ron, sin mirar a nadie.
-No – negó Hermione.
-¿Has encontrado algo?
Ella se giró y le dedicó una larga mirada que Harry intentó descifrar sin éxito. A continuación, habló con voz muy pausada:
-No. Pero creo que sé lo que ha pasado con el guardapelo. ¿Recuerdas aquel relicario que nadie podía abrir? Sí, hace dos años. Cuando hicimos una limpieza y tiramos un montón de cosas… entre las cuales estaba el guardapelo.
-No… – dijo Ron, con horror.
Harry también lo recordaba. Aquel guardapelo que nadie podía abrir, y que Sirius no sabía de dónde había salido. Aquel guardapelo que habían tirado a la basura… o que había robado Kreacher.
-¡Kreacher! – llamó Harry, con bravura.
Y en unos segundos, apareció el desdichado elfo. Con ojos saltones, tan grandes como pelotas de tenis, y con su parecido especial a Dobby, Kreacher hizo acto de presencia. Dedicó una mirada de odio a todos los presentes, e hizo una pronunciada reverencia.
-Amo… ¿Qué desea?
-Kreacher. Contéstame con sinceridad. ¿Te acuerdas de un guardapelo de oro brillante con una "S" incrustada que tiramos cuando hacíamos aquí las reuniones?
-Sí, lo recuerdo – murmuró.
-¿Lo robaste?
-¡No! ¡Kreacher no lo robó!
Harry se indignó. Estaba bastante alterado. Cogió a Kreacher del trapo que hacía de camisa y le zarandeó con fuerza.
-¡No mientas!
-¡Harry! – Hermione le había alcanzado, y le había quitado las manos de Kreacher -. ¡Trátalo con respeto!
-¡Kreacher no lo robó! ¡Kreacher no lo robó!
-¡Este ser no merece ningún respeto! – respondió Harry, ignorando a Kreacher.
-¡Claro que sí, Harry! – dijo Hermione, bastante disgustada. Se agachó y miró a Kreacher -. Kreacher – murmuró con dulzura -. ¿Quién cogió el guardapelo? ¿Lo cogiste tú, u otra persona? ¿O lo tiramos?
-La sangresucia está hablando a Kreacher con respeto – murmuró para sí mismo con voz baja, aunque fue muy oíble -. Kreacher debería ignorarla…
-¡No la llames sangresucia! – gritó Ron -. ¡Maldito…! – pero Hermione le mandó a callar poniendo su dedo en los labios, pidiéndole silencio. Ron le hizo caso.
-Kreacher, responde a las preguntas de Hermione – ordenó Harry con autoridad.
Kreacher parecía dudar.
-Kreacher guardó el guardapelo para alejarlo de las manos de los indeseables.
-Bien. ¿Y dónde está? – siguió Harry.
-Kreacher lo había guardado, pero Kreacher no lo tiene ahora.
Harry se estaba empezando a desesperarse. No era muy optimista con aquello de sonsacarle información a Kreacher.
-¿Y quién lo tiene? ¿¡Quién lo tiene!? ¡Dímelo de una vez!
-¡Harry! – le riñó Hermione. Se dirigió a Kreacher -. Kreacher por favor.
-Un día vino Severus Snape.
-¿Cómooo? – exclamó Harry. Si la casa estaba intacta. Harry habría jurado que nadie había pasado por allí. ¿Diría Kreacher la verdad?
-¿Y qué pasó? – dijo Hermione. Casi ni se había inmutado.
-Me dijo que había matado a Dumbledore, y que le había hecho el favor de acabar con Sirius. Kreacher odiaba a Sirius, por lo que sintió gratitud hacia Severus.
-¡Increíble! – exclamaron Harry y Ron a la vez. Hermione seguía impasible. Parecía que se esperaba algo como eso.
Harry se sintió mal. Muy mal, y Kreacher parecía notarlo, y seguía hablando.
-Snape dijo que el amo Regulus era el mejor hombre que había conocido. Y que su muerte era una lástima. También dijo que para que su muerte sirviera de algo debía de entregarle el guardapelo, y Kreacher lo hizo.
No podía ser.
Harry lo ignoró, y se marchó de la habitación. Paseó por la casa un poco. Aquello significaba… que su plan no saldría bien de ninguna manera. O al menos, había pocas posibilidades. En ese instante, Harry se preguntó realmente si quería seguir con aquello. Además, con aquella nueva información, Hermione ya no le ayudaría seguramente. Era lo único que le faltaba.
Si Snape tenía el guardapelo, podían pasar muchas cosas. Que Snape lo tuviera significaba muchas cosas. La primera y más importante, que Voldemort lo tenía calado. Sabía que iba tras los Horcruxes, y aquello era una tremenda ventaja. La única ventaja que tenía Harry sobre él era eso, y la había perdido. Por que Snape no tardaría en contárselo a su querido Voldemort. Además, si se uniera a Voldemort, sospecharía más de lo normal.
-¡Mierda! – exclamó con rabia. No podía culpar a Kreacher por aquello. Si algo tenían los elfos era que son profundamente ignorantes, y Kreacher no era menos. Bastaba un poco de respeto y de astucia para sonsacarle algo a Kreacher. Y Snape era un tipo muy astuto. Demasiado.
Pero aún así, no tenía nada mejor. Tenía que probar. Tenía que arriesgarse. Podía escapar con vida si algo salía mal. Tantas semanas de trabajo… no podía quedar así. Ya se había hecho a la idea. Ya había renunciado a muchas cosas.
Entró en una pequeña habitación y se quedó observando un tapiz por título "La noble y ancestral casa de los Black". Había estado con anterioridad allí, con su padrino. Pudo observar que había un hueco quemado donde debía de estar el nombre de Sirius. Y también en el hueco que debía de estar la madre de Nymphadora Tonks. Notó una mano en cada hombro. Ron y Hermione estaban con él, de nuevo.
-¿Sabéis lo que eso significa no? – murmuró el chico de los ojos verdes.
-Puede – respondió Ron, enigmáticamente -. Puede que Snape lo haya destruido.
-¿¡Cómo!?
-Verás, creo que Snape no es del todo mortígrafo.
-¡Mató a Dumbledore! ¿Cómo te atreves…?
-Sí, ya lo sabemos – ahora fue Hermione la que hablaba -. Pero creo que todo formaba parte de un plan. Creo que Dumbledore ya estaba muriendo, por aquella enfermedad de la mano. Los de la Orden lo estaban hablando este verano. Y creo que puede ser, Harry.
Harry miró a Hermione y Ron directamente. Sus amigos le devolvieron la mirada con un poco de miedo, por cómo podía reaccionar.
-Voy a confesaros un secreto. ¿Sabéis qué es lo que más miedo me ha dado a mí en mi vida? Y os aseguro que tengo recuerdos que dan bastante miedo.
Hermione le echó un vistazo de intrigada, y Ron parecía no entender nada.
-"Severus… por favor" – emuló Harry, recordando con pesar -. Esas fueron las últimas palabras dichas por Dumbledore en vida. ¿Tenéis idea de lo que significó para mí? Por primera vez, había escuchado a Dumbledore hablando con tono suplicante. Era algo que no me hubiera esperado nunca. Y lo hacía por que sabía que se había equivocado con él, y que iba a morir. Snape le había traicionado.
Siguieron sin hablar, y se miraron ambos sin saber que decir. Harry no dijo nada, y volvió a echar un vistazo al tapiz de los Black. Walburga Black y Orion Black eran los nombres de los padres de Sirius. La mujer que había en el vestíbulo que se alertaba con algún sonido fuerte, se llamaba Walburga.
-Entonces… ¿Vas a dejarlo? – preguntó Hermione, con un halo de esperanza.
-Jamás – respondió Harry -. Solo quiero haceros ver que Snape traicionó a Voldemort. Aunque… bueno, me gustaría que fuera como vosotros decís. Si fuera como vosotros creéis, Voldemort seguiría sin saber nada.
-Pero puede que así sea. Harry, Dumbledore era muy inteligente. No se equivocaba.
-Créeme – dijo, recordando algunas palabras de Oriseth -. Dumbledore era humano, también se equivocaba.
Era el día. Por fin lo había conseguido. Dominaba la Oclumancia a la perfección, e incluso Hermione se había quedado boquiabierta con aquella nueva habilidad de Harry. Difícilmente descubrirían su farsa, por lo que había motivos para estar orgulloso y contento. Solo faltaban tres días para el uno de septiembre, y como Harry ya había conseguido su propósito, Ron y Hermione se marchaban del número Doce de Grimmauld Place. Ya estaban a punto, y ya sólo estaban en la cocina charlando y ultimando detalles del plan.
-Bueno, realmente… Voldemort se lo va a tragar, todo lo que tengas que decirle – concluyó Hermione, algo satisfecha -. Por lo menos me quedo más tranquila que antes… aunque sabes lo que sigo pensando de este plan Harry.
-Lo sé Hermione – sonrió Harry -. Pero no me voy a echar hacia atrás. Ya no podría.
Hermione vio en ese comentario de Harry una nueva oportunidad para sabotear su idea y salirse con la suya.
-Harry, claro que puedes. ¡No es demasiado tarde! Puedes echarte atrás.
-No. No puedo – y como vio que volvía a abrir la boca para hablar añadió -. Y no quiero tampoco. No es lo que quiero. Deseo hacer lo que hago, y estoy muy motivado.
-Tú siempre con nobles y absurdas intenciones – concordó Ron, mirando a su mejor amigo con admiración. Aquello enorgulleció a Harry.
-Recordad, en navidad iré a veros, y traeré noticias. Si algo va mal… si algo va mal os buscaré también, en Hogwarts. Pero tengo confianza en mi mismo, y espero que no pase nada.
-Entonces pues, el día que vengas a Hogwarts… ¿Cómo vas a contactar con nosotros?
Ciertamente, esos detalles todavía no los había concretado. Pero buscaría alguna forma. Tampoco sabía como iría a Hogwarts, pero eso no le importaba demasiado. De momento, tenía que ir paso a paso. Si caía en el error de planificar todo, al final le pasaría factura. Había cosas que las debía de improvisar, como eso.
-Ya lo sabréis. Realmente no estoy seguro, pero cuando llegue el momento os aseguro de que sabréis que estaré allí.
-Pero… navidad está muy lejos Harry. Nosotros nos preocuparemos demasiados.
-Ya te he dicho que si sale bien la jugada os mandaré un patronus para decíroslo. Si en cinco días no sabéis nada de mí… es por que algo va mal. Pero no os preocupéis, que no es la primera vez que lo tendré cara a cara. Siempre he podido huir.
-Pero ahora estarás en la boca del lobo. No es lo mismo – argumentó Ron.
-Chicos… en serio, esto está demasiado hablado ya. Ya sabéis lo que voy a hacer, y ya lo habéis aceptado. Os he pedido solo pocas cosas asequibles. Solo digo que busquéis algún Horcrux por Hogwarts, por que habrá uno seguro. La copa o lo que sea. Y necesito quizás un poco de información. Y…
Se detuvo. Aquello era obvio, no hacía falta acabar aquella oración.
-¿Y…?
-Y que cuidéis a Ginny – Ron lo miró, con comprensión. En ese momento, parecía que ambos amigos se apiadaban de él. Por que daba verdadera lástima en el estado que se encontraba, y lo que iba a hacer.
Harry les dio un abrazo muy sentido a ambos, y los invito a marcharse ya. Tendrían muchas cosas que hacer, como por ejemplo ir a comprar las cosas necesarias para Hogwarts. O hablar con sus padres, que Harry intuía que se estaban empezando a preocupar.
Se sentó en la cocina, y meditó. Tendría que pensar en muchas cosas y mentalizarse mucho. La Oclumancia era pan comido para él. Nadie podía entrar en su cabeza sin su permiso. Había aprendido incluso a engañar al Legeremantico que lo intentara con él. Ron, Hermione, y (aunque le doliera) sobretodo Kreacher, le habían ayudado. Ahora podía dejar que Voldemort entrara en su mente, y hacerle creer que quería unirse a él de verdad. Si cerraba su mente, sería sospechoso para Voldemort. También tendría que empezar a pensar qué le diría para convencerlo, por que Harry mucho se temía que con aquello no era suficiente.
Estaba muy agotado. Tenía cansancio físico y mental. Aquello iba a ser duro, pero tendría que aguantarlo. Pensar en Ginny le daba fuerzas. Pensar en todo lo que podrían hacer cuando esto acabara era lo que más le ayudaba a superar aquellos momentos. En tener una cita normal. En ir al cine (como los muggles). En ir a cenar a un restaurante. En pasar tiempo con ella.
Esa era la piedra angular de su vida. Su pilar básico, en lo que se debía de apoyar. Cuando tuviera ganas de dejarlo, pensaría en Ginny. Cuando tuviera ganas de hacer daño a alguien, pensaría en Ginny. Cuando le costara retener sus sentimientos, pensaría en Ginny.
Pero, ahora tenía algo que hacer. Antes de todo, tenía que ir al lugar donde todo había empezado. Era muy importante para él, muchísimo. Y ya lo tenía pensado desde hacía unos dos meses. Desde que había muerto Dumledore, exactamente. Desde el día que estaban enterrándolo, Harry deseaba ir al Valle de Godric. Y hacía tiempo que deseaba ir.
Aunque no sabía cómo.
