Capítulo 5:
"La mansión Malfoy"
Harry sonrió para sus adentros. Debía de estudiar muy bien aquel momento. Empezó a cerrar la mente, para que no pudieran descubrir alguna de sus intenciones. Estaba bastante emocionado, también. Debía de admitir que aquello de que su vida pendiera de un hilo era muy extremo… pero le gustaba, y no sabía por qué.
Los mortífagos avanzaron un poco. Eran seis, ni más ni menos. Iban muy despacio, parecía que se deslizaban. Y, de repente y sin previo aviso, desaparecieron tres. Harry sacó la varita, para defenderse. Le apareció un mortífago por detrás, que le lanzó un hechizo aturdidor. Harry lo esquivó por los pelos pero le apareció otro mortífago por la izquierda. A duras penas se rehizo y se batió con él. Intercambiaron varias maldiciones, pero ninguno de los dos resultó herido. Realmente, Harry sólo se defendía, por que no quería pelear. Se iba a unir a ellos.
Y por fin, el que apareció por la derecha sí le sorprendió realmente. Le lanzó un hechizo que le retuvo. Le había lanzado unas cuerdas invisibles para que lo sujetaran con fuerza. Harry cayó al suelo, sin poder levantarse. Tenía las manos atadas por detrás. Ya estaba. Ya le tenían atrapado. El plan se había puesto en marcha.
Escuchó unos pasos cerca de su cabeza, y oyó algunas carcajadas provenientes de los mortífagos. Parecía que se lo estaban pasando realmente bien. Alguno de ellos dijo:
-¡Y el Señor Tenebroso no puede con él! A nosotros no nos ha durado ni cinco minutos.
-Basta, Yaxley – murmuró Lucius Malfoy. Aquella voz sí la había reconocido muy bien. El padre de Malfoy lo cogió del pelo, y levantó su cabeza.
-A mí no me das órdenes, Lucius. Ya no eres el que eras. ¿Recuerdas? No tienes ningún dere…
-Es él – musitó Lucius, ignorando a Yaxley y apartándole el pelo del lugar donde tenía la cicatriz -. No hay duda. Deberíamos de haber venido antes. Quizás deberíamos de haber cogido a McGonagall también. Ya hace días que ronda por aquí – Lucius le revolvió los bolsillos y le quitó la varita.
-Ya sabes que no. El Señor Oscuro dijo que la dejáramos, que sentía respeto por los profesores de Hogwarts. Además la necesitaba en Hogwarts, no conviene armar jaleo de momento. ¿No escuchas al Señor Tenebroso? – le espetó Yaxley, echándoselo en cara.
Lucius no dijo nada en un instante. Después habló:
-Sólo he dicho… que quizás…
-¿Qué hacías con McGonagall, eh Potter? – aquella voz le aterrorizó. Pertenecía a Fenrir Greyback, el hombre lobo, que había interrumpido a Lucius Malfoy sin remordimientos. Le dio una patada en el estómago, que Harry no pudo reprimir sin un grito. No se la había esperado -. Vamos, dinos de lo que hablabais.
-No sigas por ahí, Fenrir – objetó Lucius -. No le hagas daño. El señor Tenebroso lo quiere vivito y coleando. Quiere acabar con él personalmente.
-No podemos arriesgarnos, Lucius; ¿No lo entiendes? Al Señor Tenebroso siempre se le escapa vivo. Sí se lo traemos muerto, quizás…
-¡No, Yaxley! ¿Ahora quién es el que no escucha al Señor Tenebroso? Vamos a hacer lo que nos dijo. ¡Nos dijo que lo quería vivo bajo cualquier circunstancia!
-¡Pero puede haber sido un accidente idiota! – le endosó el hombre llamado Yaxley, que Harry reconoció como uno de los mortífagos que estaba en la Torre de Astronomía cuando asesinaron a Albus Dumbledore.
Lucius y Yaxley empezaron una fuerte discusión. Harry no se estaba enterando muy bien, por que le dolía la cabeza. Estaba haciendo un esfuerzo por mantener su mente cerrada a toda costa y todo el rato. Levantó la cabeza. De los seis mortífagos que había allí sólo había reconocido a tres. A Lucius Malfoy, a ese tal Yaxley; y al hombre lobo, Fenrir Greyback. Ninguno de los seis se había quitado la capucha aún. Los otros tres parecía que no tenían bastantes galones, por lo que se mantenían al margen como fieles sirvientes. Tuvo curiosidad por conocer sus identidades.
-Lo llevaremos y punto, Yaxley – zanjó Lucius, dando el asunto por cerrado -. Draco, Blaise… cogedlo.
Ya sólo había un mortífago sin identificar. Draco Malfoy seguía siendo mortífago, y Blaise Zabini lo había decidido en ese instante, ya que el año pasado no lo era. Harry se sintió un poco apenado. No parecía que Zabini iba para mortífago. Lo de Draco ya lo conocía muy bien. Estaba allí casi por obligación, él no había podido elegir ser mortífago.
Lo pusieron de pie, y a la cara de los cuatro mortífagos que había allí. Harry sonrió, con autosuficiencia.
-Malfoy. ¿Qué tal? – dijo Harry, en un tono entre cortés y entre burlesco.
-Draco, no respondas – murmuró el mortífago que Harry no conocía.
Realmente, la mortífaga.
Eso había sorprendido un tanto a Harry. Parecía la voz de una chica joven y con mucha vitalidad… ¿Pansy Parkinson? No, no. La voz de Parkinson era un poco más aguda que aquella. Aquella tenía un tono entre dulce y entre malicioso. Era realmente extraño ver a mujeres mortífagas. Que Harry supiera, él sólo conocía a dos. A Narcisa Malfoy y a Bellatrix Lestrange. Y no estaba seguro ni si quiera que Narcisa fuera, de que tuviera la marca.
"Mierda" – pensó Harry -. "La marca".
No había caído en ese pequeño detalle… si quería ser convincente, deberían de hacerle la marca. Bueno si quería ser convincente no, si quería ser mortífago. Aquello era un requisito muy importante, y Harry no sabía si estaba preparado. Debía de haberlo pensado antes. Pero eso no cambiaba las cosas. Si hacía falta, se la haría.
-¿Qué hacías con Minerva McGonagall? – susurró Lucius, con tono despacio pero muy amenazante.
-Le estaba diciendo que no iría a Hogwarts – Harry intentó mostrar en su mente un recuerdo engañoso de aquello. Quería engañar a Lucius, y a todos los presentes. Él era consciente de que esos mortífagos no eran de los más peligrosos ni de lejos, pero sabía también que tenían cierto nivel en la Legeremancia.
-¿Por qué no vas a ir a Hogwarts? – ahora era Yaxley el que seguía con el interrogatorio -. Responde con la verdad. Si nos mientes, Potter, te mataremos.
-No hay problema. Sé que no tienes lo que hay que tener para matarme – le respondió Harry, provocándolo. No había podido resistirse a hacerlo.
Aquello enrabietó mucho a Yaxley. Sacó la varita con rapidez, pero Lucius le detuvo.
-¡Te he dicho que no, idiota! Le necesitamos.
-Tú le necesitas… yo no. Yo no necesito ganarme la confianza del Señor Tenebroso como tú – y le dio un puñetazo a Harry en toda la nariz.
La sangre empezó a salir a borbotones de su nariz, que se había quedado un poco torcida. Le había dado un buen golpe. La mortífaga se acercó a él, y lo curó. Harry le echó un vistazo a la cara. Le resultaba familiar, pero no la había visto nunca. Quizás la relacionara con algún conocido. No parecía que tuviera más años que él.
-¿Cómo te llamas? – indagó con un susurro, el joven muchacho. Sólo lo había escuchado ella.
Pero ella no respondió, y Yaxley se acercó.
-Si no quieres otro puñetazo, será mejor que respondas. Puede que ahora no me lo piense y te haga algo peor.
Harry exprimió su cerebro, haciendo trabajar hasta la última de sus células. Tenía que mostrar una imagen de verdad. Tenía que aparentar que estaba tranquilo, y que no decía ninguna mentira. No deberían de notárselo. Lo había estado practicando mucho.
-No voy a ir a Hog-Hogwarts… p-porque voy a unirme a vosotros – dijo con bastante dificultad. Le había costado decir aquello por que después del puñetazo, se había quedado un poco paralizado.
Con su comentario sólo provocó risas y más risas. Todos se estaban partiendo a carcajadas… menos los dos Malfoy. Harry se fijó más en Lucius. Podía verle la cara. Estaba muy pálido, bueno; más pálido de lo normal. No parecía que estaba pasando por un buen momento. Y si Lucius no estaba pasando por un buen momento, Draco iba a estar igual o peor.
-¿Y cómo es eso, Potter? – dijo aquella joven. Aquella apacible voz podría hechizar a cualquier hombre, pensó Harry.
-Me he dado cuenta… de que es lo que quiero. Es donde debo de estar. Luchar contra Voldemort sólo…
-No pronuncies su nombre – se mostró tajante, Yaxley.
-… qui-quiero decir… el Señor Oscuro, sólo me ha traído muchos problemas…
Ahora sólo Yaxley, y Fenrir reían. Los demás estaban más callados, aunque también esbozaron una sonrisa de guasa.
-Parece que Potty va borracho. Vámonos ya, creo que el Señor Oscuro se lo va a pasar en grande esta noche – dijo Lucius, provocando más risas. Aunque él seguía estando muy serio. Había algo raro en él.
"Por lo menos llegaré vivo hasta Voldemort" – pensó Harry.
Y eso no era poco. Visto lo visto… parecía que las cosas iban a torcerse un poco, pero de momento no iba del todo mal. Era una reacción normal. Nadie se creería en un instante lo de su extraña decisión, pero aún así era un riesgo que debería de correr.
Draco y Zabini lo llevaron a rastras. Y se Aparecieron.
Habían llegado a un lugar bastante extraño. Estaba todo oscuro, y Harry no podía divisar nada. Además estaba atado, por lo que su capacidad de movimiento estaba realmente mermada.
Varios de los mortífagos encendieron sus varitas. Harry, por supuesto, no podía. Su varita la llevaba Lucius Malfoy. Observó el paisaje. No podía ver más allá de cinco metros, ya que las luces de las varitas no daban para más alcance. Sólo podía ver que iban siguiendo una senda desvencijada e irregular, hecha marcada con arena. A los bordes de esta arena había hierba seca y muerta. Parecía que aquel lugar llevaba tiempo descuidado, o esa era la impresión que daba.
Llegaron a una verja. Los mortífagos parecían muy emocionados y excitados, por lo que pronto verían. Harry suponía que Voldemort había puesto muchísimo empeño en que capturarlo debería de ser una prioridad, por que parecía que habían ganado la Liga de Quidditch de lo contentos que estaban. La verja tomó forma de boca y les habló, con voz grave y metálica.
-¿Qué fines ostentáis?
-¡Tenemos a Harry Potter! – exclamó Yaxley, sin poder contener un deje de emoción en su voz.
La verja se abrió en seguida. Avanzaron por la continuación de la senda anterior y en unos instantes por fin se vio una casa. O un palacio. O un castillo. Harry no estaba seguro de lo que veía. No sabía cómo definirlo.
Era, sencillamente, espectacular. Una especie de castillo-palacio muy semejante a Hogwarts, pero mucho más moderno y mucho más pequeño. Tenía dos grandes torres a cada parte del edificio, con una perfecta simetría. En la puerta principal había un bonito arco que le daba categoría a la entrada, y las puertas eran enormes, por lo menos de tres metros de altura, hechas con roble. Las ventanas tenían forma triangular, como los viejos castillos medievales. Era una "casa", señorial, y elegante. El sitio perfecto dónde podían vivir algunas familias con mucho dinero.
-¿Dónde estamos? – le preguntó Harry a Draco con cierta esperanza de que respondiera, pero éste le hizo caso omiso. Zabini tampoco le prestó atención.
Bellatrix Lestrange abrió las puertas, bastante nerviosa. Cuando vio a Harry abrió mucho los ojos. Le costaba de creer aquello. Tenía el pelo desdeñado y parecía que llevaba días sin dormir.
-¡Llevadlo al comedor, enseguida!
Malfoy y Zabini obedecieron apresuradamente, y lo llevaron hacia el interior. El vestíbulo era simplemente precioso. Si la mansión por el exterior denotaba que era un edificio antiguo, el interior mostraba todo lo contrario. Un estilo rústico pero moderno, a lo Dursley. Era un espacio enorme y había unas escaleras hacia el final de la sala. Y a la derecha estaba el comedor, por que lo estaban llevando allí. Como en Hogwarts, el Gran Comedor a la derecha, y las escaleras hacia el final de la sala.
Abrieron el comedor, y Harry ahogó una exclamación. Había una gran chimenea con la hoguera encendida, y encima de esta había un espejo. Llevaba semanas sin mirarse al espejo. Le había crecido mucho el pelo, lo llevaba a la altura de los hombros, y muy deshecho. La barba le había crecido desmesuradamente, y parecía mucho mayor con aquel aspecto. Él mismo se echaba veintidós o veintitrés años. Si no sabía que era él mismo, no se hubiera reconocido. Lo echaron en tierra, en el medio de aquel amplio lugar más o menos. En tierra sobresalía un hierro, donde se podían poner esposas. Dicho y hecho, a Harry le encadenaron a ese hierro que sobresalía. No podía moverse, y por lo que deducía, tampoco podía desaparecerse.
A la parte derecha de él había una larga mesa con doce o trece sillas. Allí se debería de reunir el círculo más familiar de lord Voldemort, por lo que indujo. También encima de la mesa, desde el techo, colgaban unas cadenas. Harry tragó saliva, esperaba no tener que pasar por aquello. A la parte izquierda había muebles y sillones, de alta calidad. Y dos puertas, una de las cuales debería de llevar a la cocina, por que estaba medio abierta y desde allí veía algún elfo doméstico. Draco cerró la puerta de la cocina. En la otra puerta desconocía lo que había.
Draco Malfoy y Blaise Zabini, se volvieron a cerciorar de que Harry estaba bien atado allí, y que no escaparía, y salieron de ese habitáculo. En ese instante, Harry estaba solo. No lo había pensado, pero debería de empezar a hacerlo. ¿Cómo convencería a Voldemort? Aquello podía ser incluso más difícil que destruirlo, aunque en realidad no debería de ser así. Debería de sonar convincente, principalmente. Y debía de empezar a instaurar imágenes falsas en su mente para tratar de engañarlo. Debía de mostrarse (mentalmente) abatido y sin remedio, sólo y sin nadie que le apoyara. Debía de mostrarse arrepentido de ser títere de Dumbledore. Sobre todo eso. Voldemort tenía mucho miedo a Dumbledore, y Harry suponía que después de muerto ese miedo debería de seguir intacto. Suspiró.
Aquello iba a ser lo más difícil que había hecho en su vida. Mucho más que encontrar la piedra filosofal, mucho más que derrotar al basilisco de la cámara de los secretos, mucho más que ganar el Trofeo de los Tres Magos… iba a ser muy complicado. Pero ya estaba decidido, y ya estaba en marcha. Ahora sí que ya no podía echarse atrás. Se concentró para poner su mente apunto. Debía de empezar ya.
Desde su posición, escuchaba muchas voces. Estaban gritando, y discutiendo fuertemente. Entraron todos los mortífagos que le habían capturado, más Bellatrix Lestrange y Narcisa Malfoy. Narcisa mostraba un aspecto muy parecido al de su marido. Estaba pálida, con el rostro demarcado y muy serio, extremadamente. También parecía que llevaba días sin dormir, como Bellatrix.
-¡Hay que asegurarse, Lucius! ¿No lo entiendes idiota? – gritaba la arpía Bellatrix. Se acercaba a grandes zancadas hacia Harry.
-¡Ya me he asegurado, imbécil! ¿Crees que lo hubiera traído sin ver que es realmente él?
-¡Pues no me extrañaría! ¡Los Malfoy han perdido mucho poder y favoritismo del Señor Tenebroso, así que cállate y déjame hacer mi trabajo!
-¡No te lo consiento! – esta vez había sido Narcisa la que había hablado -. ¡Puede que ya no somos lo que éramos! ¡Pero en mi casa no das órdenes a nadie, Bella! ¡Aquí mandamos los Malfoy! ¡Que te quede claro!
-¿Ah sí? – ironizó Bellatrix, con sorna -. Pues nadie lo diría… yo creo que sois los más mandados.
Cogió a Harry del pelo sin delicadeza alguna, y le hizo mirarle a los ojos. Harry no desvió su mirada. Con la varita le aparó un mechón largo del pelo, y pudo divisar la cicatriz en forma de rayo de su frente.
-¡No te permito esos comentarios! – Lucius había sacado la varita -. ¡Te reto a un duelo a muerte!
La tensión subió de sobremanera. Podía palparse en el ambiente, y ninguno de los presentes dijo nada. Aunque tampoco parecían muy sorprendidos como Harry. Eso debía de ser normal entre Bellatrix y Lucius, por lo que parecía.
Bellatrix se puso a carcajearse. Narcisa se mostraba más pálida de lo habitual.
-Lucius, déjalo – musitó Narcisa, aunque nadie le hizo caso.
-No durarías ni diez segundos, y lo sabes. Así que cállate y no me hagas reír.
-¡Basta! – Gritó Draco Malfoy -. ¿Hemos perdido la cabeza o qué? ¡No vamos a pelearnos entre nosotros! ¡Esa no es la cuestión! ¡Somos una familia!
Bellatrix observó a Draco, con cierto respeto, y luego dirigió la mirada de sus orbes grises hacia Lucius Malfoy.
-Qué triste es, Lucius, que tu propio hijo tenga más sentido común que tú. Y ahora, si no te importa – se arremangó la manga del brazo izquierdo, y su dedo índice se disponía a tocar la marca tenebrosa, una serpiente enredada en una calavera.
Cuando su dedo estuvo a punto de contactar con la calavera, Lucius la cogió por la muñeca, e impidió el contacto.
-Bellatrix – dijo con tranquilidad, pero con mucho rencor -. Permíteme llamarlo a mí. Es mi casa y lo he capturado yo – Yaxley carraspeó, y Fenrir Greyback mostró sus colmillos en desacuerdo, pero Lucius los ignoró a ambos -. Además, si resulta que no es el muchacho, que se trata de poción multigujos o lo que sea, me echaran la culpa a mí.
Aquel argumento pareció convencer a Bellatrix, que se volvió a bajar la manga.
-Pero si resulta que es él, te llevas la gloria tú.
-Cierto.
-Tú mismo. Ya sabes que sólo tenemos orden de llamarle única y exclusivamente si tenemos al chico. Si pasa algo malo es tu final – y después de la aprobación de Bellatrix, Lucius se subió la manga y contactó con la marca.
La marca se encendió, de un color rojizo, y todos los mortígrafos parecían mostrar muecas de dolor. Aquello debía de ser lo que se sentía, como si se quemara la piel. Además, Harry sintió un inmenso dolor en la cicatriz, y eso sólo podía significar que Voldemort estaba enfadado. Seguramente, le hubiera dado rabia que le interrumpieran en cualquier cosa que estuviera haciendo. Pero claro, cómo había dicho Bellatrix, tenían capturado a Harry. Por lo que tenían órdenes expresas de molestarlo.
Harry puso su mente a trabajar. Sonó una voz metálica y fría "¿Qué fines ostentáis?" y Bellatrix se apresuró a recibirlo.
-Ya ha llegado – murmuró entre nerviosa y emocionada.
Al parecer, todos se encontraban en ese instante como Bellatrix. Estaban emocionados, sí; muchísimo. Aquello iba a gustar mucho a Voldemort. Pero, si algo sucedía mal, lo iban a pagar muy caro. Harry conocía el funcionamiento de los sentimientos de Voldemort. Si además era culpa suya, sería doble castigo para sus vasallos. Sus más leales vasallos, que además de recibir castigos, le idolatraban. Harry jamás entendería ese comportamiento.
Los mortífagos, como Bellatrix, también salieron a recibir a su amo.
Se había quedado sólo, de nuevo. La cadena que lo sujetaba de las manos le estaba empezando a hacer daño a las muñecas, pero se resistió. Le dio una punzada de dolor la cicatriz. Aquello no quería decir que estaba enfadado… sino contento. Eufórico. Así era como se sentía lord Voldemort en aquel instante. Harry suspiró. Estaba preparado. Se sentía así.
Y Voldemort entró, sólo.
Una figura alta y delgada hacía acto de presencia. Vestido con una túnica azul marino bastante oscuro y elegante, caminaba hacia Harry. Su rostro era único e inigualable. Inhumano, blanco y frío. Con dos cuencas para los ojos, casi blancos y con destellos rojizos. Y la nariz, inexistente. Sólo dos orificios nasales. Ese era lord Voldemort.
Llegó hasta delante de Harry. Harry estaba arrodillado delante de él. Era un momento algo humillante… pero eso no era nada inicuo comparado con lo que vendría después. Harry se debería de humillar mucho para convencer a Voldemort. Voldemort miraba desde arriba, con asco. Harry lo contrario, y procuró añadirle a su mirada admiración, para empezar.
-Harry Potter – murmuró, desafiante -. Estoy sorprendido.
-Señor Tenebroso – procuró decir Harry, para no enfadarlo. No era plan -. ¿Sorprendido? – indagó a continuación.
-Así es… verás, me han dicho que quieres unirte a mí – y soltó una carcajada. Harry se sintió incómodo -. ¿Qué tienes que decir respecto a eso?
Primero calló, un largo instante, y luego puso su mente a trabajar. Debería de pensar mucho en lo que tenía que decirle. Debía de escoger sus palabras con sumo cuidado, para hacer las cosas bien.
-Bueno… me he dado cuenta de muchas cosas – empezó, y para sonar más creíble, le miró con dirección a los ojos.
Se produjo un contacto visual. Voldemort se mostraba impasible, explorando su mente. Harry se lo permitía, aparentemente sin nada que esconder. El silencio se hizo un poco eterno, por lo que Voldemort decidió romperlo.
-Ya veo – dijo -. ¿Y de qué te has dado cuenta? ¿De qué exactamente?
-Estoy solo – expuso Harry -. Me encuentro sólo. Ya no puedo hacer nada. Estoy acabado. Por eso he venido. Sé que me odias, y te he buscado con la esperanza de que me dieras muerte, o un hogar. Un trabajo.
Voldemort rió a carcajadas. Eso era bueno, Harry estaba resultando creíble. Parecía que se lo estaba pasando en grande.
-¡Crucio!
Harry se elevó como el envoltorio de un caramelo hasta que las cadenas pegadas al suelo le permitieron. Sintió un dolor fuerte en el estómago y gritó. Cayó al suelo, aliviado por que la maldición hubiera finalizado.
-¡Crucio!
Y volvió. Volvió a elevarse, volvió a gritar y volvió a sufrir un terrible dolor en su anatomía. Esta vez el suplicio había sido más extenso que el anterior. Con las rodillas y las manos en el suelo, Harry suspiró e inspiró determinadas veces.
-¡Crucio!
Y esta vez, más largo que el anterior. Esta Maldición Imperdonable había sido igual de larga como dos veces la primera. Le había dolido el triple, y seguía gritando. Aquello le debilitaba… y no era bueno para su mente. Le debilitaba física y psicológicamente. Voldemort volvió a reír con ganas, disfrutando del momento. Producía tales muecas y sonidos que parecía que llevaba siglos sin vivir un momento tan placentero como aquel, que seguro estaba disfrutando.
-Señor… por favor – suplicó Harry. Era bueno que suplicara. En una situación distinta, como un duelo a muerte entre los dos, Harry jamás en su sano juicio suplicaría por su vida. Pero ahora, tenía que sonar axiomático -. Te juro que digo la verdad. Le necesito. Le necesito.
Voldemort rió más fuerte. Se marchó un instante, y volvió con todos los mortífagos. Parecía la mar de contento.
-¡Mirad, queridos súbditos! ¡Observad a Harry Potter, el niño que vivió! ¡Crucio!
Y de nuevo, el muchacho se suspendió en el aire. Volvió a sufrir el inmenso dolor que había padecido anteriormente. Y se rindió en el suelo, nuevamente. Ya no apoyaba las manos en tierra… ahora directamente estaba tumbado con los brazos abiertos. Podía aguantar varios crucios de cualquiera, pero la maldición cruciatus en Voldemort tomaba otro efecto.
"Hay que sentirlas"
Y Voldemort las sentía. Cuando uno odiaba a alguien, las maldiciones Imperdonables hacían más efecto de lo normal. Y Voldemort odiaba a Harry. Muchísimo, por todo lo que le había impedido conseguir, como la piedra filosofal, por todas las veces que había logrado escapar. Y sobre todo, por la vez que acabó con él cuando sólo tenía un año, aunque sin querer realmente.
Por eso le iba a costar tanto. Aunque si finalmente conseguía convencerlo, aquello no le importaba, todo lo que estaba padeciendo.
Y había pensado en otra cosa. Voldemort no sabía que Harry iba tras los Horcruxes, ni sabía que Severus Snape poseía el guardapelo. Sino, probablemente ya estaría muerto. ¿Aquello que podía significar? ¿Qué pretendía Snape?
-¿Sigues queriendo ser mi esclavo, Potter? – y todo el mundo empezó a reír.
-No, señor. No quiero ser su esclavo… quiero ser su más leal servidor. No sirve de nada luchar contra usted, con toda su grandeza. Estoy sólo… Dumbledore, me ha abandonado. Y me he dado cuenta de que era un viejo inútil, que me utilizó.
Aquello sólo provocó más risas. Habían mortífagos (habían llegado más, y formaban un círculo perfecto que rodeaba a Harry y Voldemort) que para no caerse de la risa se sostenían en la pared. Voldemort acalló las risas con el levantar de su mano.
-Eres idiota, Potter. Y un completo inútil. Ya podrías intentarlo todo, que nunca acabarías conmigo. ¿Eres capaz de entenderlo, o tu medio cerebro no te lo permite?
-Sí, claro. Por eso quiero trabajar para ti. Ya sabes, si no puedes con tu enemigo (está claro que ni he podido ni nunca podré), únete a él.
Los mortífagos seguían riendo, pero ya no tanto como antes. Voldemort sonrió con suficiencia, sintiéndose el mejor.
-Lo sé, Potter. Dumbledore no se puede comparar conmigo. Las cosas como son. Pero… ¿Sabes? No me fío mucho de ti, que se le va a hacer – y Harry le temblaron las piernas, los brazos y el cuerpo entero.
Aun seguía tirado en tierra, como un trasto. Intentó rehacerse. Se sentó en el suelo, sobre sus piernas, y los observó a todos. Le cayeron varias gotas de sangre, que provenían de alguna parte de su cabeza. Probablemente de la nariz, pero no podía mirárselo bien, y menos tocárselas.
Voldemort no parecía muy convencido, y eso era lo que temía Harry. Pero aún así, le gustaba sentirse alabado. Eso era parte de su ser, era arrogante. Se creía el mejor del mundo, y si Harry se lo decía podía hacerse con su confianza.
-¿Ah, no? Bueno, en parte le entiendo – murmuró Harry, sin saber por dónde tirar -. Yo tampoco me fiaría… pero es lo que hay. Por eso he venido. Estoy sólo, y sé que no me vas a creer… por lo que he venido aquí, para que me mates. No quiero seguir con mi vida.
Ya nadie reía. Era demasiado humillante. Hasta los mortífagos lo estaban pensando en ese instante. Y demasiado triste. Harry era consciente de lo arriesgado que era aquello, pero ya no le quedaba nada. Si ahora no le convencía del todo, podría morir… suspiró, abatido.
-Así que era eso – murmuró Voldemort, y Harry detectó un tono de decepción -. Sólo venías aquí buscando la muerte. No quieres realmente unirte a mí. ¡Mírame! – le espetó, al ver que Harry tenía la mirada en sus pies.
Y Harry lo hizo. Estaba preparado. Mostraba imágenes en su mente de Grimmauld Place sólo, y llorando (no eran reales). Mostraba un sentimiento de arrepentimiento, y ansias de matar. Eso era lo que intentaba reproducir… aunque Voldemort seguía sin parecer muy convencido. Estaba dubitativo.
-No sé qué pensar, Potter. Es raro, pero ¿Sabes? Estoy dudando.
-Señor… creo que no miente – aquella voz…
Severus Snape había hablado. Había dado un paso al frente del círculo de los mortífagos. Llevaba máscara, pero aún así Harry sabía que era él. No sólo por la voz, sino también por la estructura de su fisiología, por su caminar en los pequeños pasos que había dado. Iba medio encorvado, y sobresalía un poco de pelo negro azabache y grasiento de la máscara. Sin duda, era él. Y, posiblemente, le estaba volviendo a salvar la vida. Y sin motivos, aparentemente.
-¿Cómo dices, Severus? – dijo peligrosamente Voldemort.
Y a Harry le dio una punzada la cicatriz. A Voldemort no parecía que le gustara que le interrumpieran, y por los movimientos nerviosos del resto de mortífagos, Snape había sido muy osado. Probablemente, después de lo del asesinato de Dumbledore, estaba muy "mimado" por su señor.
-Creo, mi señor, que el chico dice la verdad. Se ha dado cuenta.
-¿¡De qué!? – exclamó, con nerviosismo e impaciencia. Snape seguía jugando con fuego. ¿Y todo por qué? ¿Por Harry?
-De que Dumbledore le utilizó. Como os revelé, mi señor, Dumbledore quería educarlo y entrenarlo para acabar con vos. Era un títere de él.
Harry ignoraba. Definitivamente, era un ignorante. Ignoraba si decía la verdad, si lo hacía para salvar la vida de Harry, o si lo hacía con algún fin oculto. En ese instante, Harry dudaba seriamente de la lealtad de Snape hacia Voldemort. Lo que sí estaba claro, era que le ocultaba cosas. Estaba desorientado. No sabía todo lo que aquello significa.
Además, Voldemort parecía que valoraba la opinión de Snape. Por que, se había quedado pensando un instante.
-¿Tú crees, Severus? Quizás tengas razón y diga la verdad, pero también puede ser que quiera destruirme desde dentro. Claro – murmuró, como si había encontrado el quid de la cuestión -. Es eso. ¡Maldito! ¡Crucio!
Y de nuevo, como tantas veces llevaba ya esa noche, se elevó, como el papel. Sufrió horrores, y cayó con violencia al suelo. Se dio en la cabeza, y se hizo un corte en la sien, por dónde empezó a salir un hilillo de sangre. Se lo notaba.
-¡Imperio!
Era la segunda Maldición Imperdonable diferente que probaba en toda la noche… y esperaba no tener que probar la tercera. Algo se apoderó de su interior, pero Harry no debía de permitirlo. Aquello no estaba previsto. Si Voldemort se apoderaba de él, podía revelar la verdadera intención de sus planes.
Sintió dolor en la cicatriz, mucho dolor. Pero estaba controlado, no podía obligarle a hacer nada que no quisiera. Pero… no le había pedido nada. Harry abrió un ojo, con dificultad. Y pudo observar a Voldemort sufriendo, sufriendo casi tanto como él, por lo que tuvo que detenerlo. Cerró el ojo.
Aquello era la conexión. La conexión que había entre ambos, y que Dumbledore, Ron y Hermione pretendían que no utilizara. Pero aquella conexión le había sido útil… y podría volverle a ser útil, en un futuro. Como lo fue cuando descubrió que habían atacado al señor Weasley en el Departamento de Misterios. Pero podía ser peligrosa, igualmente. Como lo fue cuando Voldemort luchó contra Dumbledore en el Atrio del Ministerio.
-¿Estáis bien, mi señor? – Harry oyó la voz de Bellatrix desde el suelo.
-No, estoy bien – respondió Voldemort con rabia.
Tenía los ojos cerrados, pero casi había adivinado la escena. Se imaginaba a Bellatrix retirando la mano cuando Voldemort había dicho eso. Voldemort quería aparentar que aquello no le había afectado para nada, pero no lo había conseguido.
Harry abrió los ojos, y le sorprendió ver a Voldemort levantarse de tierra. No había adivinado del todo la escena. Voldemort había caído del dolor. Se había dado cuenta de que no podía utilizar a Harry de esa manera. Aunque ya debió de darse cuenta en el Ministerio aquella noche, cuando también intentó poseerlo. Hizo un movimiento con la varita, y por arte de magia, apareció un frasco pequeño con un líquido transparente tirando a blanco en su mano. Parecía una poción.
Cogió a Harry del pelo con brutal crueldad, y le abrió la boca con torpeza y haciéndole daño. En aquella boca introdujo todo el frasco de la poción, y Harry la reconoció al instante.
Aquello tampoco estaba previsto. Esa noche, se estaba dando cuenta de que su plan, su perfecto plan, tenía infinitas lagunas. Y aquella era una de ellas. Voldemort le había hecho tragar un frasco entero de Veritaserum. Por lo que era casi imposible evitar decir la verdad, y menos con aquella cantidad. No pintaba bien, la cosa. Harry tenía cierta experiencia en evitar sentirse controlado por la maldición Imperio, pero… ¿Podría evitar los efectos del Veritaserum?
-Habla, Potter.
Y Harry sintió un tremendo impulso de hablar. Su cerebro le daba órdenes directas a las cuerdas vocales, por un oscuro impulso. Aunque Harry intentó reprimir aquel impulso. Pero, no fue capaz.
-Me…llamo… Ha-Ha-Harry Po-Potter, señor. S-soy un mago, d-de diecisi-siete añ-ños, señor – finalizó. Voldemort parecía satisfecho, aunque algo preocupado.
-Potter, no intentes evitar los efectos. Si realmente no tienes nada que esconder, no deberías de estar preocupado… ¿No?
Aquello era como un jarro de agua fría para él. Estaba atrapado. Acorralado. No podía hacer nada para evitarlo. Iba a morir. ¿Cómo iba a ser capaz de evitar decir la verdad? Además, si dudaba… si dudaba estaba perdido, igualmente. Con esperanza, miró a Snape, suplicante. Le estaba suplicando a Snape, uno de los hombres que más odiaba. Cómo Dumbledore lo hizo antes de morir. ¿Correría la misma suerte? Él le correspondía, y tenía una expresión de miedo. ¿Miedo? ¿Miedo a que muriera? Se fijó en que la punta de su varita sobresalía un poco de la manga. Estaba tramando algo.
-Potter. ¿Por qué me buscas? ¿Qué es lo que pretendes?
Y Harry habló sólo, sin poder evitarlo.
-Quiero unirme a ti, señor, al más grande mago de todos los tiempos. Estoy sólo, y quiero formar parte de tu familia. Odio a Dumbledore y él me pidió que te destruyera… pero me utilizó. Y no voy a cumplir sus órdenes.
Todo aquello lo había dicho con voz alta y clara. Había sonado convincente. Bastante. Y Harry estaba muy sorprendido. No había intentado ni detener su voz. Pero no podía hacer nada. No podía moverse ni hablar por cuenta propia. Parecía que estaba poseído… o dominado, por algo o alguien.
Voldemort se lo volvió a preguntar, y Harry respondió lo mismo con otras palabras. Y otra vez. Y otra vez. Voldemort estuvo más de media hora intentando conseguir una respuesta diferente, pero Harry siempre decía lo mismo. Se sentía aliviado, estaba resultando muy creíble. Y Voldemort se estaba dando cuenta… aunque se resignaba a creerlo. Además, la poción ya había terminado. Harry ya era consciente de todos sus actos.
-El veritaserum no es una poción infalible, ¿es cierto, Severus?
-Sí, es cierto. Pero sólo pocos magos son capaces de eludir su efecto. He tenido a Potter seis largos años de estudiante, y creedme, es muy mediocre. Él no sería capaz. Creo que está diciendo la verdad.
-Aún así… – habló Bellatrix, algo recelosa con los argumentos de Snape -. Creo que lo más seguro debería de ser matarlo, mi señor. Creo que sería lo más sensato.
-No – negó rotundamente Snape, mirando con odio a Bellatrix -. Os puede ser muy útil, mi señor.
Voldemort se quedó pensando la proposición de Snape, y la de Bellatrix. Y finalmente dijo:
-Está a punto de amanecer, lleváoslo al sótano con los demás prisioneros y ya veremos qué hacemos con él.
Harry nunca se sintió tan aliviado en su vida, o por lo menos pocas veces se había sentido así. Y aunque le diera asco, vivía gracias a Snape. De nuevo.
