¡Hola! ¿Qué tal? Espero que estéis todos bien. Bueno, para los que leen la historia… es muy importante para mí que se dejaran ver, que me escribieran algún review, para yo poder saber que están ahí, que siguen el fic. Porque realmente, es lo que más ánimos me da cuando me pongo a escribir. Así que no cuesta mucho, hacer feliz a un servidor.
¡Disfrutad del capítulo! ¡Un saludo!
Capítulo 11:
"Huellas en el corazón"
Habían pasado dos días. No la encontraba. Quería verla, volver a tocarla, hablar con ella… pero, sobre esconderse dos largos días en Hogwarts, no la encontraba. No sabía cuánto la había echado de menos hasta que había matado a un hombre. Además, todavía le temblaba el pulso por las noticias… le preocupaba que podía pensar ella de él, le preocupaba muchísimo.
Además, necesitaba desahogarse con alguien. Con alguien que no fuera Voldemort… y ella era la persona ideal, ella le comprendía.
Lo que pensara todo el mundo, la gente en general, de él, era escasamente importante.
Pero lo que pensara Ginny Weasley, de él; era su mayor miedo.
En ese instante, estaba en la Casa de los Gritos. Estaba nevando, como cada invierno. Y la nieve cuajaba en el suelo, en la hierba. Los Terrenos de Hogwarts eran preciosos, como cada invierno. Pero él no podía disfrutar de ellos, por que nadie podía verle. No ahora. Y toda la culpa la tenía un artículo del diario El Profeta, cual contenido era:
SE BUSCA
Y había una gran foto de él, en la portada. De él sonriendo, con una imagen casi inofensiva… y eso debería de pensar la gente. Puso la página que rezaba en la portada, en la que ampliaban la información sobre su caso, su propio caso. El "Caso Potter". Resultaba realmente irónico… hacía unos días, era la esperanza del mundo mágico, y ahora era su cáncer.
Harry Potter. Sí, sí… todo el mundo creía que el pequeño Harry, era el Némesis de El-que-no-debe-ser-nombrado. Pero, el pequeño Harry, se hizo mayor. Ya es un adulto, y por eso debería ser juzgado como tal, juzgado por el Wizemgamot, sin tener privilegios en la justicia por ser quien es, ni por lo que ha hecho. Y todo el mundo, me imagino que se estará preguntando… ¿Y por qué habría que juzgar al gran Harry Potter, al muchacho que nos salvará del Innombrable? Por que señores, Harry Potter ha matado a un hombre.
Como lo leen, ha matado a un hombre. Es cierto, y puede que nadie lo crea. Pero ayer, mientras Harry Potter pasaba un rato en Cabeza Puerco, como venía siendo habitual en él, lo hizo. No era la primera vez que iba, como he comentado, pues era un frecuente allí, según nos comenta el tabernero, Aberforth Dumbledore: "Potter pasaba mucho tiempo allí. Iba todas las noches, y además, se relacionaba bastante con los mortífagos… era… como si fuera uno de ellos". Así empezaba el viejo Aberforth, cuando le invité a tomar un café para que me comentara lo sucedido.
Por supuesto, a mí me hizo dudar. ¿No se preguntan por qué Harry Potter no va a Hogwarts, por qué está escondido? O por qué ni si quiera sus amigos saben dónde está…se puede pensar que está maquinando en secreto el fin del Señor Oscuro… o no. Mi teoría al respecto, es que se ha pasado al otro bando. Ya sé que suena un poco fuerte, pero no es para nada descabellado. Aunque sea el propio Quien-vosotros-sabéis el que ha matado a sus padres… puede que Harry sienta que debería estar con los mortífagos. Puede que haya cambiado, que esos sean sus nuevos ideales ahora.
Y os seguiréis preguntando por qué deberíamos de juzgarlo… a parte de su posible unión al otro bando, por que ha matado a un hombre. Bueno, ya lo he dicho antes, pero quiero haceros ver mis pruebas. "Ryan Oriseth, era un viejo amigo de mi hermano" nos comenta Aberforth Dumbledore, refiriéndose a su hermano Albus. "Por supuesto, le tenía cierto odio. Pero en eso no voy a entrar… el caso es que ayer, Potter y Oriseth mantuvieron una larga conversación". Entonces le pregunté si escuchó algo de lo que decían, o sobre lo que hablaban. Me respondió que "No, no he escuchado nada. Sólo sé que su conversación estaba subiendo de tono, y que las cosas se iban a poner mal muy pronto. Entonces, Potter, se levantó… y le mató. Había allí otro hombre, pero también era un mortífago. Y aquel hombre, ayudó a escapar a Potter, cuando intenté detenerlos"
Un mortífago ayudando a Potter… ¿es eso posible? ¿Cómo puede ser? ¿Cuál es la actual relación de Harry con el Innombrable, y con los mortífagos? No lo sé, es cierto. Por muchas teorías que tenga, no puedo asegurar nada. Pero es prometo que encontraré la verdad. Por la verdad, para que mis lectores sepan todo… soy capaz de todo. Además, creo que los familiares de Ryan Oriseth deberían de saber la verdad, pues Potter ha acabado con su vida. Oriseth, era un gran hombre. Y también el director de la Orden del Fénix… ¿Os dice eso algo acerca del por qué de los actos de Harry?
Por Rita Skeeter.
¿Cómo no? – pensó Harry, irónicamente. ¿Quién iba a ser, si no era Rita Skeeter? Una de las personas que más había odiado en su vida, siempre había sido Rita Skeeter. Y no dudaba que, como decía al final de su artículo, Rita era capaz de todo por averiguar algo. Y se le daba genial manipular a la gente, por que en realidad, Harry dudaba que Rita sintiera "aprecio" por Oriseth. Realmente, dudaba si sentía aprecio por alguien, a parte de por ella misma.
Por eso era, que buscaba a la chica de sus sueños. Además, estaba algo miedoso. No por volver con ella, y por lo que pudiera pensar ella de él… que también era así, claro, también tenía miedo por eso. Pero tenía realmente miedo por lo que sentía hacia ella… llevaba meses sin pensar tres minutos seguidos en ella. ¿Cómo era posible esto?, era lo que se preguntaba a menudo. Pero sentía que el astro lunar le hacía olvidarla, en parte. Por que realmente, desde que se había unido a Voldemort… con el tiempo se iban aflojando sus sentimientos hacia ella. Pero no era solo por ella, también los sentimientos hacia Ron y Hermione.
Se habían quedado como huellas en su corazón… como heridas, pero cerradas. Aunque con una cicatriz. Los estaba olvidando, eso era cierto. El tiempo que estaba pasando con los mortífagos le estaba volviendo insensible.
Pero, cuando había matado a Oriseth… cuando lo había hecho, esa cicatriz en su corazón, se había resquebrajado. La huella en el corazón, se había vuelto a abrir… y se había hecho más intensa. En realidad, lo que creía le asustaba. Creía que…
… era como si con Voldemort se estuviera volviendo más inhumano, y como si matar a aquel hombre había actuado sobre él como un jarrazo de agua fría, como si lo había devuelto a su realidad. A la realidad verdadera.
Aquella realidad en que matar a lord Voldemort era su mayor anhelo, aquella realidad en que odiaba a Voldemort, aquella realidad en que sus mejores amigos eran Ron y Hermione… aquella realidad en que amaba a Ginny, por encima de todas las cosas.
Había vuelto a ser él mismo. Y esperaba que para siempre…
Por fin la vio. Vio su oportunidad. Estaba tan hermosa… estaba tan brillante… como siempre. Su corazón latió, y sintió un cosquilleo en la tripa como el que sentía cuando había luna llena, o cuando Voldemort le llamaba.
Eso era preocupante, claro. Cuando sentía lo mismo por la luna, por las llamadas de Voldemort, que lo que sentía por Ginny… era por que algo en él había cambiado. Y aunque había vuelto a su realidad verdadera, esos sentimientos seguían allí, claros y precisos.
La luna actuaba como un Sol de Medianoche. No estaba llena, claro. Por eso no se quedaba mirándola como un tonto, como solía hacer. Cuando la luna no estaba llena, no producía ese efecto en él, de obsesión. O de lo que fuera. El caso es que, cuando la luna no estaba llena, podía pasar de mirarla.
Ginny iba sola. Curioso, pero iba sola. ¿A dónde iría? Pronto lo sabría.
-Pss – susurró Harry, desde detrás de un seto, intentando atraer su atención. No había nadie, pero tampoco era seguro salir al exterior… desde allí tenía una buena perspectiva de los Terrenos de Hogwarts.
Ginny se volvió. Y lo miró. Y lo vio.
Harry se levantó con lentitud, aguantándole la mirada. Ya tenía un motivo para salir del seto, y en ese instante tampoco le importaba que le viera alguien.
En ese instante, sólo estaba ella. Ginny.
Su Ginny. Tan hermosa, tan pelirroja, tan apacible… y tan diferente. Su mirada de hielo le penetró el corazón.
Sí, lo hizo. El muro de hielo que Harry había levantado entorno a su corazón para el momento del reencuentro con Ginny, se resquebrajó con una sola mirada de la pelirroja.
Todos sus esfuerzos por olvidarla, y por ignorarla en cierto modo, por echarla de su vida… no habían servido para nada. Por que de nuevo, Ginny había abierto las cicatrices de su corazón.
Se acercó a ella y la abrazó. No sabía qué decirle, por que en realidad tenía la mente en blanco. Estaba en esa situación. No tenía ni jota de cuáles serían sus palabras. Y sabía que estaba esperando ese momento durante días… y sobre saberlo, no había preparado nada. Estaba igual que Ginny.
Por lo que pensó que sobraban las palabras, y que un abrazo era lo mejor que podía mostrarle a la pelirroja. Para hacerle saber que, aunque no lo pareciera, él estaba ahí. Por ella. Por que la quería.
Por que la amaba.
Pero Ginny, parecía no estar sorprendida por la presencia de Harry… y no parecía tampoco muy reacia a hablar con él, ya que su respuesta al abrazo había sido un tanto fría. Bastante, tal vez. Los temores de Harry se estaban cumpliendo, y Ginny había leído el artículo. Bueno, eso era lo más normal… pero no sólo eso, Ginny parecía que creía el contenido del artículo. Sobre saber que lo escribía Rita Skeeter.
Pero poco importaba, ya que en unos minutos Harry le explicaría cómo habían sido las cosas. Aunque esta vez, tenía que admitir que Rita Skeeter decía toda la verdad. Todo era cierto… pero no estaba visto desde un punto de vista imparcial. Además, quería decírselo él mismo.
Pero… ¿Cómo decirle a la persona que más amaba sobre la faz de la tierra qué había asesinado a un hombre, aún actuando en contra de todos sus principios? Era algo quimérico, imposible.
Pero era algo que se iba a producir, de alguna manera. Por que Ginny le importaba… y no iba a dejar que aquello acabara con la situación, ni con la relación. No. Eso no iba a permitirlo de ninguna manera.
Entonces se fijó que llevaba un sobre. Un sobre con algo dentro que le hacía engrosar un poco. Llevaba el nombre de la propia Ginny escrito con bastante elegancia, pero por mucho que se esforzaba, no conocía aquella estilizada letra.
-Es para ti – rompió el hielo, ella. Y como Harry había previsto, estaba fría. Pero el sobre no le importó, lo leería más tarde. Ahora su mente, y su propio corazón solo le decía una cosa: Ginny Weasley -. Léelo, por que aunque ponga mi nombre, es para ti.
-Puede esperar – respondió Harry, con una voz mucho más pasional. Era cierto, no le importaba aquello. La cogió (la carta), y la guardó en un bolsillo interior de su túnica. Se separó poco a poco del abrazo, hasta situar sus manos en los hombros de Ginny, y mirarla a los ojos. Sus rostros estaban a escasos centímetros de distancia -. Ginny, yo…
No podía hablar. Tenía la mente en blanco, y no sabía qué decir. Y pensó de nuevo, que tenía que demostrarle las cosas con actos, así que cogió su rostro con delicadeza, y la besó.
Fue un beso intenso, que subía de tono a cada segundo. Muy pronto, sus labios fueron uno mismo, y pudo sentir el aliento a rosas florales de Ginny. Fue intenso, pero fugaz… ya que Ginny primero había respondido con avidez, pero luego había recordado que estaba "enfadada" con Harry. Por que lo estaba, aquello era algo evidente.
-¿Es cierto? – preguntó, bruscamente.
-No del todo – respondió Harry, con ambigüedad.
-Quiero oírtelo decir de tus labios. Dime, Harry, y responde con sinceridad. ¿Has matado a un hombre?
Lo pensó durante unos instantes. Por supuesto, lo había hecho.
Había tenido muchas opciones para acabar la conversación con Oriseth, y dejar que aquel hombre dejara de hacerle daño. Pero había escogido la más extrema, la más desesperada. La peor. Y saber que había tenido otras opciones, era lo que lo estaba matando por dentro. Y lo que le hacía sentir remordimientos, arrepentirse.
Suspiró.
-Sí, Ginny, he matado a un hombre.
-No… – susurró ella, casi de forma inaudible y con voz queda. Horrorizada, se tapó la boca con la mano, y miraba con asco a Harry. Y aquella mirada de Ginny le hizo un corte en el corazón -. No lo hubiera dicho de ti… ¡Un asesino!
Aquello le dolió… aunque no era menos cierto por eso.
-Verás… Oriseth jugó conmigo, y yo… no tuve más remedio. Mi instinto me obligó – entonces recordó la sed que le había reconcomido la cabeza, aquel hambre que casi le exigía matarlo -. Lo siento. No puedo decir nada más. No puedo explicarlo. ¿Lo conocías?
Ginny estaba más compuesta de lo que Harry hubiera imaginado. Entonces supuso que, pese a que el propio Harry se lo acababa de confirmar, ya se había hecho a la idea de que en realidad sí lo había hecho. Y no parecía demasiado dispuesta a escucharlo, pero aún así lo hizo, pues asintió con la cabeza.
-Pues entonces sabrás cómo era él, y cómo soy yo. Somos totalmente diferentes, y más en cuanto a Dumbledore se refiere. Él lo odiaba, tenía sus motivos, y yo lo amaba, tenía mis motivos. Y aquello me hizo saltar, y me hizo cometer aquel grave acto.
-Ya veo – fue la fría respuesta de Ginny.
-¿Me comprendes?
-No. Y no creo que jamás lo haga.
Harry asintió. En realidad, era lo que esperaba de Ginny. No esperaba menos de ella, y le alegraba saber que al menos ella sí creía en sus principios firmemente, no como él.
-Necesito saber que me perdonas. No puedo vivir así, Ginny. Estoy muerto por dentro, por lo que dices. Por tu frialdad.
Era cierto. Ginny había dejado una huella en su corazón, y eso siempre iba a ser así. Pero parecía que no quería volver a abrir su corazón, para entrar en él. El muro de hielo que Harry había construido entorno a los sentimientos sobre Ginny, se había roto. Pero no el propio muro de hielo de Ginny hacia Harry. Seguía fuerte e intacto. Y no parecía que esa noche se iba a derrumbar.
-No soy yo quien tiene que perdonarte. Eso se lo tendrás que decir a la propia familia de Oriseth.
-Ginny… sólo me importas tú. Dime que lo olvidas, dime que todo volverá a ser cómo antes. Dímelo.
Ginny rompió a llorar. La fría postura que había mantenido ahora se mostraba más pasional, pero no por ello más a favor de Harry.
-¿¡Cómo has podido!? ¿Quién diablos eres?
-Soy… Harry. Soy el de siempre. Puede que haya cambiado un poco, pero créeme cuando te digo que eso no significa que…
-¡Claro que sí! Elegiste. Me dijiste un día, que Dumbledore opinaba que las elecciones eran lo que definían lo que somos. Y tú me elegiste como segunda prioridad, por detrás de la de destruir a Voldemort. Te marchaste, llegaste un día y hablaste con Ron y Hermione. ¡Y ni siquiera me buscaste para hablar, ni te preocupaste por mí! Y has cambiado, estas mintiendo. Me dices que eres Harry Potter.
-Sí, te lo he dicho y lo repito.
-Pero, entonces, a ver si puedes responder a esto. ¿Por qué no te veo como tal?
No podía responder, definitivamente.
Y sentía que la sed de matar volvía. Y tuvo miedo de cometer un acto horrible. Además, también sentía que volvía su realidad alternativa, y que empezaba a olvidar la verdadera. Y en parte era por que Ginny le conducía a eso.
-¿Lo ves? Si no puedes responder por qué ya no te veo como Harry Potter, es porque ya no lo eres.
Cierto. ¡Cierto como la vida misma! ¿Había, entonces, perdido su propia identidad? No, no podía ser así. No podía serlo, pero lo era. Era una contradicción en toda regla.
Una ironía.
Y se dio cuenta entonces de que toda su vida había sido una propia contradicción, una paradoja.
Una ironía, de nuevo.
-¿No me quieres? ¿Ya no me quieres? – fue lo único de lo que era capaz Harry de decir.
-Claro, por supuesto. Pero te olvidaré, Harry. Con el tiempo, me daré cuenta si lo nuestro fue un error o no. Si consigues cambiar, puede que vuelva a verte como tal.
Harry suspiró. Había tomado una decisión.
Una decisión que Dumbledore le había ofrecido, el año pasado, pero que este se había negado a aceptar. Dumbledore, cuando este le reveló el secreto de Voldemort, le dijo que Voldemort siempre haría caso a la profecía.
Pero eso no significaba que él tuviera que hacerlo. El tenía la posibilidad. La posibilidad de elegir. Podía elegir enfrentarse a él, o podía elegir marcharse, no batallar. Huir… a un país lejano. Un lugar donde no existiera Voldemort, donde no habían Horcruxes, donde él mismo no tenía una parte del alma de Voldemort, donde no brillara la luz de la luna, donde no había matado a ningún hombre.
Un lugar en el que sólo existiera Ginny.
Huir con Ginny. ¿Le demostraría aquello que la amaba?
-Entonces, Ginny, si me sigues queriendo… te hago una proposición. Dejémoslo. Dejemos esta vida, podemos hacerlo. Lo haremos, si tú quieres. Podemos escapar, lejos de la presión que supone estar buscado por la justicia. A un país lejano, empezar una nueva vida. Lejos de la magia, en la privacidad de la vida muggle. Solos tú y yo.
Ginny estaba muy sorprendida, y horrorizada.
-Jamás – murmuró, con temple -. ¿Cómo…? ¿Cómo dices eso? ¿Y quieres convencerme de que eres Harry Potter? ¡Harry Potter no diría nunca algo como eso! ¡Nunca!
-Ginny, yo… solo intentaba demostrarte lo que me importas. Lo que sería capaz de hacer por ti.
-De ninguna manera, ni hablar. No acepto. Por el momento, Harry… no quiero verte. No hasta que pase un tiempo.
Harry no dijo nada. La miró.
-Entiendo – fue lo único que dijo. Estaba muerto por dentro.
Pero sentía dolor, y el dolor era lo único que le hacía saber que aun estaba vivo.
-Me marcho. Solo he salido para darte eso.
-¿No te duele, Ginny? – dijo Harry, ya ultimando su última bala. Si aquello no conseguía, al menos ablandarla… no tenía mucho que hacer -. ¿No te duele verme así, en este estado?
Ginny le miró. Tenía una mirada gélida, penetrante. Capaz de asustar al más temeroso de los males. Pero Harry no tenía miedo… se sentía afortunado, de ser el destino de aquella mirada. Aunque el pulso y la voz sonaron indiferente cuando murmuró:
-Hoy dueles, pero mañana serás solo un recuerdo.
Y con aquella frase se marchó, dejándolo hecho polvo.
Sí, Ginny le acababa de romper el corazón en dos trozos. Le había rechazado, le había negado. Y no podía llorar, por que sus impulsos no se lo permitían.
Aquello se entendía como un doloroso punto y final a su relación. Y Harry se sentía mal, muy mal.
Pero después sonrió, con ironía.
Ya que de nuevo la ironía se hacía presente en su vida, y en el amor. Sabía que el amor era irónico.
Pero, lo que más irónico resultaba, era que la persona que le había hecho tanto daño, era la única capaz de consolarlo.
Sonrió, con aquel pensamiento. De nuevo, con ironía.
Ya no estaba en Hogwarts. Ya no tenía sentido, pues si lo había estado… era sólo para hablar con Ginny. Pero esta le había roto el corazón, había abierto una brecha en él. Y le costaría cerrarla. Aunque tenía cierta esperanza, de algún día volver con Ginny. Nada era imposible, pero por el momento… dejaría pasar el tiempo, como ella misma había indicado también.
Aunque en el fondo, lo que más le dolía a Harry, es que era consciente de que Ginny tenía razón. Por que Harry la había dejado de lado, había considerado importantes cosas más terrenales, y a Ginny siempre la había dejado de lado. Ahora sembraba las semillas de su desplante, y en cierto modo, en el fondo… entendía a Ginny, y sabía que él mismo hubiera hecho lo mismo, si se hubiera sentido abandonado por ella.
Por que Ginny se había sentido así, y en parte era cierto. Tenía motivos para haberse sentido así.
Pero ¿Cómo había podido olvidarla? Lo cierto es que los primeros días de su conversión, dormía pensando en ella, y se levantaba pensando en ella. Pero a la semana, ya ni si quiera le dedicaba un minuto de pensamiento al día. ¿Por qué? No lo sabía, pero el caso es que cuando había ido a Hogwarts… ni si quiera había preguntado por ella, solo les había dicho que cuidaran de ella. Ni cómo estaba, ni nada.
Por lo que pensó que, si Harry había decidido "abandonarla", ella tenía derecho a rehacer su vida con otra persona. Y lo respetaría, si ese era su deseo. Pero no podía saberlo…
… por que Ginny ahora estaba intratable, y Harry sentía que debía dejar pasar el tiempo, para que este causara un efecto u otro en ella.
Se sentó, en la preciosa tumba. En esos instantes, se encontraba en el cementerio del Valle de Godric, y se disponía a leer la carta.
Era el único lugar al que había sido capaz de ir. Quería volver a ver la tumba de sus padres, y todo lo que ello conllevaba. Se sentía bien allí, y se podía desahogar.
La abrió, la carta, aun sin poder dejar de pensar en Ginny:
Ginny Weasley:
Esta carta no va dirigida para ti, aunque ponga tu nombre. Debes de dársela a Harry Potter, que en estos instantes se encuentra en los Terrenos de Hogwarts. Sal a medianoche, y lo encontrarás, o él te encontrará a ti. Entonces, se lo darás.
Entonces, por arte de magia, apareció otro párrafo debajo del texto. Y ese nuevo párrafo, que había aparecido por arte de magia, iba dirigido al propio Harry.
Harry, el recuerdo que te adjunto… pertenece a Severus Snape. Sólo puedes abrirlo tú. En él se muestra la verdad, la verdad sobre Dumbledore. Y los planes que tenía él para ti. Entonces me comprenderás cuando te decía que te ha utilizado, y espero que cuando lo hagas… vuelvas. Te dije que te esperaría con los brazos abiertos.
Un cordial saludo,
El más grande mago de todos los tiempos.
Que raro se le hacía recibir una nota de lord Voldemort. Por que sólo él se consideraba el más grande mago.
Y entonces, tenía miedo. De ver aquel recuerdo… por que iba a ser duro. Por que ya empezaba a creer que Dumbledore le había utilizado… y Dumbledore ya no le parecía mucho mejor persona que Voldemort, y eso ya era decir mucho. Ahora, odiaba a Dumbledore… y ya se lo había hecho saber al propio Albus, cuando se lo gritó en su tumba.
Aunque claro, no podía oírle.
Porque estaba muerto.
-Te pillé – murmuró una voz.
Una dulce voz. Una voz tan dulce que le hizo erizar los vellos de la nuca, y todo su ser. Le hizo estremecerse, pero no de miedo, sino de locura… ¿Cómo podía existir una voz tan dulce, tan bonita? La voz aterciopelada le había sorprendido, y le sorprendía más saber que conocía su identidad.
Y le sorprendía más aún saber que esa persona estaba allí. Era de las últimas personas que hubiera pensado que le buscarían, de una u otra forma.
-Sé cómo te sientes.
Fue lo único que Luna pudo decir. No era Luna Lovegood, su vieja amiga. Era Luna, la mortífaga. La sierva de lord Voldemort… y lo había encontrado, y Harry no sabía cómo lo había hecho.
-¿Cómo sabes cómo me siento? ¿Cómo me has encontrado?
-Tengo un don – fue su seductora y enigmática respuesta.
En cierto modo, a Harry esa tal Luna le atraía. Lo notaba. Había algo que le tiraba de él, y que le incitaba a abalanzarse sobre ella, a abrazarla y besarla. Pero Harry se contuvo.
Porque sabía que lo que le atraía era el misterio que rodeaba entorno a su persona. Entorno a ella misma, y su sublime belleza. Los ojos esmeralda atravesaron su piel, como una daga.
Y sus palabras atravesaban su corazón, como otra daga.
No había dicho muchas palabras, pero las pocas que había pronunciado… habían caminado sobre su corazón.
Dejando huellas, al pasar. Huellas imborrables. No podía olvidar ese tono de voz.
Jamás.
-¿A qué pregunta de las dos has respondido? – dijo Harry, prisionero de sus ojos.
-A las dos – volvió a responder la bella muchacha, con nuevo misterio.
-Ya veo…
No era capaz de decir nada más. Sentía que la presencia de aquella preciosa muchacha le imponía muchísimo respeto. Y además, su gloriosa belleza, su memorable mirada, le hacía sentirse inferior a ella. Le hacía admirarla, y reverenciarla. Pero no iba a humillarse de esa manera, demostrando sus sentimientos. Ya que se sentía así por dentro, pero no en apariencia.
Luna rió entre dientes, pero no dijo nada. Habló, de nuevo, con su seductora voz…:
-Tengo un don, Harry Potter. Puedo rastrear cosas, y gente. Ese es mi don, y también puedo saber cómo se siente la gente. Aunque mi segundo don ha sido desarrollado. El primero, el de rastrear… lo poseo desde que nací. Pertenezco a una legendaria familia de magos, que tenía el don de encontrar a la gente que se escondía. De rastrear edificios mágicos escondidos. Es útil, resulta ventajoso. Por eso estoy aquí.
-Así que te envía Voldemort – murmuró Harry, con los ojos muy abiertos.
-No, él no sabe que he venido. También yo tengo derecho a hacer algunas cosas por cuenta propia, como las hace él.
Todas las palabras que Luna había murmurado habían caminado sobre su corazón de nuevo, dejando huellas. Además, cada vez sentía más interés por esa persona. Le había dicho que poseía un don de rastrear… solo disponible en una "legendaria familia". Quería saberlo todo acerca de ella, todo. Pero no se sentía capaz de hablar, por que la presencia de Luna imponía.
Además, su mirada era preciosa. Sus ojos verdes tenían un resplandor precioso. La luz de los ojos era algo dotado de hermosura, sublime, célebre. Se sentía afortunado por ser el destino de su mirada, como se había sentido cuando Ginny le miraba. Pensar en Ginny no le produjo dolor entonces, por que era imposible sentir dolor cuando estaba con aquella persona.
Y sintió de nuevo que olvidaba a Ginny, y todo lo que ello suponía. Por la sola presencia de Luna, ya estaba volviendo a su realidad alternativa. Aquella en la que era mortífago, en la que deseaba que Voldemort le tocara la marca, en la que era adicto a los momentos de tensión, y se excitaba con la sola idea de la muerte. Aquella realidad, en la que estaba enamorado, u obsesionado, con la luna.
Y veía la luz de la luna reflejada en la mirada de Luna. En realidad, a parte del nombre, una le recordaba a la otra. Y se preguntó, si estaba loco.
La luna, y Luna.
¿Juego de palabras?
Suspiró, y Luna le hizo volver al Valle de Godric.
-Sé cómo te sientes – repitió, con su bonita voz.
-¿Cómo me siento?
-Tienes miedo. De averiguar más cosas que no te puedan gustar sobre Dumbledore.
Harry asintió, boquiabierto por la belleza de su rostro.
Su brillante y celestial, rostro.
-Cierto, así es cómo me siento. Bonito don, has desarrollado tú.
Sonrió, y su sonrisa fue capaz de iluminar la oscuridad del cementerio. La fila de dientes blancos y perfectos produjo en él una nueva sensación de inferioridad. No sabía como una mujer tan impresionante podía, tan siquiera, dirigirle la palabra.
-Deberías de ver el recuerdo, es importante Harry.
Y si ella lo decía, lo tenía que hacer. No podía hacer otra cosa que obedecer sus órdenes. Cogió la pequeña botellita de cristal que había en el sobre, y la abrió. Una masa plateada y densa, le rodeó. Luna le cogió de la mano, por lo que aquella masa plateada, ni líquida ni gas, también la envolvió a ella.
No le importaba en absoluto compartir aquel recuerdo dirigido a él con Luna.
El cementerio del Valle de Godric desapareció. Y en ese instante estaban en el despacho de Dumbledore, como siempre lo había recordado. Un gran escritorio con una silla estilizada detrás, y otra delante. El atrio de Fawkes seguía intacto, y el propio Fawkes posaba en él.
Había dos hombres en el despacho. Uno era el inconfundible Albus Dumbledore, y Harry… sobre odiarlo, no pudo reprimir una sonrisa al verlo como siempre, con su larga barba plateada, con sus gafas de media luna escondiendo unos intensos ojos azules. Al otro hombre no podía recordarlo con una sonrisa, ya que su nombre era Severus Snape. Con su túnica negra, su nariz de gancho, y su pelo oscuro y grasiento.
Cuando aterrizaron, Luna no le soltó la mano. Y le dirigió una mirada de apoyo, y aquello le ayudó a afrontar el momento. Se sentía seguro con Luna.
-… llegará el momento, Severus, en que se lo harás saber.
-¿El qué? – dijo Snape, con nerviosismo.
-Todo. Pero se lo debes de decir con calma… él sabrá lo que quiero decir… él lo comprenderá.
-Pero, aun así, espera que yo le mate. Y espera que le diga todo… ¿Y sin explicármelo? ¡No entiendo por qué confía en él! Si es un mago mediocre.
-Severus – dijo el anciano, y su voz sonó aterradora -. No llames a Harry Potter mago mediocre en mi presencia, te lo advierto. Ese muchacho ha pasado horrores que ni los magos más experimentados hayan podido imaginar quizás.
-Pero usted no confía en mí. Espera que haga cosas por usted, pero no confía en mí. No me dice que es lo que hace con él en esas secretas reuniones. No…
-Confío en Harry Potter, Severus. Y confío en ti, deberías de saberlo ya. Pero lo que hagamos o dejemos de hacer en esas reuniones es algo entre Harry y yo… tengo que transmitirle cierta información, ya que como sabes mi tiempo es ilimitado…
-Si me hubiera llamado antes, señor, quizás hubiera podido hacer algo… pero la maldición de ese anillo era sumamente mortífera, quizás…
-Da lo mismo, Severus. Pero quería comentarte que quizás deberías de castigar menos al chico, casi pasa más tiempo castigado que libre…
-¡Es igual que su padre!
-Quizás en el físico lo sea, Severus. Pero creo que en el carácter se parece bastante más a su madre.
Severus lo miró extrañado, y Dumbledore puso el semblante serio. Allí había algo que se le escapaba a Harry, algún doble significado que no llegó a comprender.
-Pues cuando llegue el momento, le darás este mensaje…
Severus se revolvió en su silla, consciente de que iba ser poseedor de una información esencial, respecto a la debilidad de lord Voldemort.
Luna apretó aún más fuerte la mano de Harry.
-Que la noche en que lord Voldemort atacó a James y Lily, y después le lanzó una maldición asesina a Harry… se desprendió una parte del alma de Voldemort, y se adhirió a la única forma de vida que había en la habitación, y esa cosa no era otra cosa que la propia alma de Harry. Y por eso es capaz de hablar con las serpientes, y tiene esa conexión tan estrecha con Voldemort… y por eso para destruir a Voldemort, antes tiene que morir.
Snape abrió la boca con horror y se la tapó con la mano derecha.
Harry ya sabía todo aquello, pero oírlo por la boca de Dumbledore… oír su confirmación, había actuado como si no lo supiera. Se sintió tenso, y tembló con la sola idea que aquello significaba.
-¿Entonces… el chico debe morir?
Dumbledore suspiró, abatido.
-Sí, así es, Severus.
Guardaron un largo silencio, que interrumpió después Snape:
-Yo creía que lo protegíamos por Lily. Que todos estos años lo habíamos hecho por ella.
-Lo hemos protegido por que nuestro único deber entorno a Harry era educarlo, instruirlo, y que probara sus límites. Que madurara, que comprendiera las cosas vitales… y luego que muriera. Lo hemos hecho por eso. Harry Potter debe morir, Severus.
Severus estaba horrorizado, y Harry no lo estaba menos que él.
-Me apiado del muchacho, señor. ¡No puedo creer lo que me está diciendo! ¿Sólo lo mantiene con vida para que muera en el momento adecuado?
Dumbledore suspiró, y cerró los ojos.
-No me gusta verlo de esa manera, Severus. Pero si tú lo comprendes mejor así… sí, lo he hecho. He mantenido con vida a Harry Potter sólo para que muera en el momento indicado. Además, creo que lord Voldemort también sospecha entorno a esto, por lo que debes de ser muy precavido.
-Señor… no me lo puedo creer. Lo he hecho todo por ti, engaño al Señor Oscuro, le transmito información a usted, y ahora me viene con que debo decirle algo de vital importancia al hijo de Lily. ¡Debo decirle que ha estado toda la vida utilizado! ¡Que siempre ha sido su títere!
-Mi poder de convicción sigue intacto, Severus. Exactamente es lo que te pido que hagas, que se lo digas. No me importa cómo quede mi imagen frente a él, por que sé que Harry es fuerte y lo entenderá. Porque es mejor una muerte que miles.
-Me ha utilizado… yo lo hacía por Lily.
Dumbledore suspiró, y de sus ojos salió una lágrima.
-También yo pago con mi vida, para destruir a Voldemort, Severus.
-Pero el chico solo tiene dieciséis años…usted ya ha vivido bastante, ya está preparado para morir. Me da usted asco, señor.
-A mí me resulta más horrible lo que hago, Severus. Pero es por el Bien Mayor.
El recuerdo se desvaneció. El despacho desapareció poco a poco, hasta que en unos instantes, ambos estaban de vuelta sobre la tierra del cementerio del Valle de Godric. Además, Luna seguía sin soltar su mano.
Por el Bien Mayor… Harry no estaba tan disgustado como hubiera imaginado. Sólo le disgustaba saber que Dumbledore lo había utilizado, por eso lo odiaba. Lo odiaba, y eso no lo podía remediar. Además, Snape le había engañado, pues se lo había dicho a Voldemort antes que a Harry. Sonrió, al menos, sabedor de que también Severus odiaba a Dumbledore, o por lo menos no le había sido fiel. Ese era el precio que había pagado Dumbledore por utilizarlos a ambos… ser engañados, por ambos.
Por que en ese instante, Harry quería unirse a la causa de Voldemort. Pero no para acabar con él, tampoco porque lo deseara. Era el único lugar al que podía ir. Se unía a Voldemort para comprender cosas, y para averiguar en que estado le dejaba la vida en esos momentos. Para saber cuál era el lugar en el mundo que tenía que ocupar.
Olvidó el asunto, y se fijó en Luna. Pensar en Dumbledore sólo provocaba en él un sentimiento de rabia. Así que decidió seguir intentando averiguar cosas sobre Luna.
Saciar su curiosidad.
-Lo siento – dijo esta, con sinceridad.
-No me importa, es algo que ya sabía. Aunque sobre oírlo de los labios de Dumbledore duele, ya lo sabía.
Luna asintió, sin decir nada más. Harry tenía curiosidad de nuevo hacia ella, por lo que la miró con intensidad. Y esta le devolvió la mirada igual de intensa, sin miedo.
-Dices que provienes de una legendaria familia…
-Así es – asintió Luna, con el rostro impasible.
Aquello de la legendaria familia, ya le había hecho tener curiosidad a Harry. ¿De dónde vendría esta joven?
-¿Y bien? Sólo por curiosidad… ¿De qué legendaria familia provienes? ¿Cuál es tu apellido? Quiero saberlo todo sobre ti… tu misterio me hace sentir… no sabría como decirlo.
Luna sonrió, con halago, por lo que Harry le decía, y de nuevo, iluminó el cementerio con su perfecta sonrisa.
-Yo no tengo apellido, Harry. Me abandonaron en un orfanato, y nunca he sabido el nombre de mi legendaria familia. Nunca se me ha revelado tal información. Sólo me dijeron que mi familia era legendaria, y que me abandonaron para protegerme. Y también para protegerme, me ocultaron el nombre de mi familia. Yo soy Luna, simplemente. Ese es mi nombre.
Harry la miró, incrédulo.
-¿No tienes apellido? ¡Pero alguien te habrá criado! Vamos, digo yo. Alguien te habrá acogido… ¿Voldemort, quizás?
Luna suspiró, como quien no quiere la cosa. Y le dijo, con un tono indiferente:
-Bueno, pues si así lo deseas, si tengo que ponerme el apellido de la persona que me ha criado… me llamo Luna Dumbledore, entonces.
