Capítulo 12:

"Sueño efímero"

Harry abrió mucho los ojos, y sus dos labios se separaron unos cuatro centímetros. No podía reaccionar de otra manera cuando alguien le soltaba algo como aquello.

¡Qué ironía! ¿Criada por Dumbledore, y sierva de Voldemort? ¿Había algo más irónico en el mundo?

Porque lo que decía Luna… realmente, no tenía ni pies ni cabeza, claro. Dumbledore la había criado… ¿Dumbledore la había criado? ¿Podía ser eso posible?

¿Qué pasaba…?

¿También Dumbledore le había escondido aquello?

Harry agachó la cabeza, cuando asimiló tal información. Y se puso muy triste.

-¿Qué te pasa? – preguntó Luna, con inmensa dulzura. Le tocó la mano, y el contacto con su piel hizo que la adrenalina de su sangre aumentara.

-Nada. Es sólo… que Dumbledore no confiaba en mí… nunca me consideró importante en su vida. Nunca, jamás… se abrió de verdad.

Luna no dijo nada. Se dedicó a observarlo con profundidad, con sus ojos esmeralda. Era una mirada muy intensa, y Harry no desvió el contacto visual.

-¿Por qué, Harry? ¿Por qué dices eso? – dijo, de nuevo, la dulce Luna.

Y enseguida que dijo eso, Luna se arrepintió de haberlo dicho. Se le notó en la cara, y Harry lo había notado, pero no dijo nada al respecto, pues no le parecía algo destacable.

-Ya has visto el recuerdo. Además… nunca me había hablado de ti. Que tuviera una hija escondida por ahí tampoco fue para contármelo.

-Realmente… es cierto. Nunca te lo reveló. Sólo te utilizó, Harry.

Y Harry lo creyó, porque todo lo que dijeran esos labios era cierto.

-Hay algo que me ha sorprendido. Das muchas cosas por hechas, Harry. No has dudado ni un instante en creer que Albus Dumbledore fue la persona que me crió, y mi mentor.

-Yo… – se había quedado sin palabras, por que de nuevo… aquella chica tenía razón. Había creído enseguida que Dumbledore era su "padre". Lo había constatado sin más. ¡Y habría podido mentirle! Aunque sabía que no era así -. Sé que dices la verdad. Y por tu forma de ser… deduzco que una de tus virtudes es la sinceridad.

-¿Sabes, Harry? La sinceridad no siempre es una virtud – le espetó, de forma enigmática -. Además, no me conoces Harry. Puede que haga algunos meses que nos conocemos. Pero nunca hemos cruzado más de cinco frases seguidas hasta hoy.

Harry se acercó a ella. Un hilo invisible tiraba de él, y su rostro se quedó a escasos centímetros del suyo. Ahora que la tenía tan cerca, podía observar el tono verdoso de sus ojos. Estaba tan cerca, que podía, incluso… nadar en aquel bosque, en aquel prado verde.

Por que sus ojos esmeralda… eran… hermosos.

-No lo sé, Luna – "Luna", pronunciaba su nombre con un especial tono tierno. Intentó alejarse de ella, por que sabía que tanto acercamiento sin poder tocarla iba a volverle loco. Pero no pudo.

No pudo alejarse. Harry siguió hablando:

-El caso es que, te creo. Me sorprendes, Luna. ¿Te creo, y dices que me podrías estar mintiendo? No entiendo hasta donde quieres llegar. No sé lo que pretendes. ¿Cuál es el fondo de este asunto?

Luna enarcó una ceja, a modo de sorpresa. No se esperaba aquello de Harry.

-Vaya, Harry. Eres más inteligente de lo que realmente creía. Muestras una gran madurez con tus reflexiones. Pero lamento desilusionarte… no hay ningún fondo tras mis palabras. Por que en el fondo, son sólo eso, palabras.

Harry la observó, sin pestañear. La observó como lo había estado haciendo durante toda la noche. Luna siguió, hablando:

-Las palabras no sirven para nada. Las acciones sí.

Y no podía rebatirla, porque su interior se lo impedía.

-Estoy de acuerdo – dijo Harry, sin estarlo en realidad demasiado.

Luna soltó una carcajada, por algún motivo que desconocía Harry, pero este no dijo nada. Después, calló. Y se sentó en la tumba de Lily Potter. Harry se sentó a su lado, y sus muslos entraron en contacto. Y aquello hizo arder su piel. Harry se giró, para contemplarla. Y sonrió complacido al comprobar que Luna hacía lo mismo.

-Háblame de ti – murmuró Harry, impasible. No quería depender de Luna, por lo que intentaba no caer en sus encantos. Y en el fondo, Harry sabía que Luna provocaba aquel sentimiento de "atracción" hacia sobre él hacia ella.

-¿Qué quieres saber? – insinuó Luna, precavida.

-¿Cómo es eso de que te llamas Luna Dumbledore?

Luna suspiró, con un deje de impaciencia. Pero, hasta eso, parecía increíblemente bello. Todo lo que Luna hacía, a Harry le parecía perfecto. Y no lo podía evitar. Igual que no podía hacer muchas cosas. Por que Harry, sólo era un hombre.

-Bueno, no me llamo Luna Dumbledore. Me llamo Luna. Ya te lo he dicho antes, soy Luna a secas. Pero, si tuviera que ponerme el apellido de mi mentor, me llamaría Luna Dumbledore. Eso no significa que sea mi padre, por que no lo es.

Se notaba una incomodidad en el ambiente. Se notaba que Luna no le guardaba demasiado aprecio a Dumbledore, y Harry se estaba dando cuenta… por que Luna no hacía nada para disimularlo. Por lo que se veía, era transparente y misteriosa a partes iguales, aquella mujer. Extraña mujer.

-¿Pero… por qué Dumbledore te crió? Es que no lo entiendo.

Luna se puso cómoda, en el sepulcro. Harry se giró para observarla, embobado. Y aquello hizo sonreír a Luna, que se dejaba querer.

-Verás… mi familia, como te dije, poseía un extraño don. Mi padre, mi padre biológico claro, le dejó una nota a Albus.

El corazón de Harry siguió sangrando, al comprobar que Dumbledore nunca le había pedido que lo llamara Albus. Siempre había mantenido una relación cordial con él… nada de acercamientos emocionales, al menos por parte del viejo profesor.

-Mi padre le dijo a Albus que me había dejado en un viejo orfanato muggle, y que probablemente heredaría su habilidad. También le dijo que era demasiado joven, y que mi madre era una muggle. Y que la relación de mis padres era algo prohibido y antinatural. Por eso, cuando mi padre dejó embarazada a mi madre, esperó a que yo naciera. Y cuando nací, asesinó a mi propia madre, al amor de su vida.

-¿Por qué? – preguntó Harry, realmente horrorizado y envuelto ya en la historia. Por fin encontraba algún motivo para dejar de lado su "obsesión" hacia Luna… pero eso no era completamente así, ya que dejaba esa obsesión aparte sólo por algo que pertenecía a ella.

Y eso no era otra cosa más que su historia.

-Por que la amaba, y por que no podía hacerle aquello – respondió, a sabiendas de que no había aclarado nada.

-Sigo sin entenderlo – murmuró Harry, con paciencia.

-Verás… mi familia tenía una particular opinión de los muggles. Pensaban que eran lo peor del mundo, y pensaban que debían de ser asesinados. En realidad, sus pensamientos no se diferenciaban mucho de los de Voldemort. Pensaban que los muggles eran escoria... y una hermana de mi padre había descubierto aquella relación, y también que se había quedado embarazada. Por lo que querían buscar a mi madre, y torturarla. No matarla, sino torturarla. Durante el resto de su vida.

Eso era verdaderamente trágico. Luna ya no parecía tan inexpresiva e inhumana, y sus ojos se estaban humedeciendo un poco. Además, Harry ya no se sentía tan controlado por su presencia… ya no parecía tan superior a él. Parecía una chica normal.

Pero increíblemente bella, en realidad. Sus ojos se observaron. Dos pares de orbes esmeralda se miraban, creando un vínculo. Hablar sólo habían hablado una noche, pero el vínculo ya estaba creado.

Esa noche, algo los había unido a ambos.

Para siempre.

-Que historia tan triste, Luna – seguía haciéndosele raro mormurar aquel nombre en sus labios, pero se iba acostumbrando a su presencia. A ella. Por eso ya no imponía tanto.

-Hay cosas mucho más tristes – dijo sonriendo -. Es por eso que mi padre mató a mi madre. Ese fue un acto cruel y vil, pero era lo mejor para todos. Mi madre se lo pidió a mi padre.

-¿Se lo pidió tu madre? – indagó, sorprendido.

-Sí, así es. ¿Crees que mi padre sería capaz de hacer algo así? Nunca he hablado con él, y ese hombre no merece mi respeto, pues me abandonó. Pero no mataría. Albus siempre trató de limpiar su imagen, y darme unos motivos por los que me dejó. Aunque a mí eso no me sirve, claro. Por eso, por lo que sé… mi padre jamás hubiera matado si no fuera por una causa mayor, y esta lo era.

-Entiendo – dijo Harry, sin comprender realmente como aquel hombre pudo ser capaz de aquello. Aunque tampoco era extraño, pues él mismo había matado a un hombre.

-Ambos me querían, y ninguno podía permitir que muriera. Mi padre, aunque no me iba a criar, por las dificultades que tendría, cuando nací decidió entregarme en adopción. En un viejo orfanato del Londres marginal. Después, mató a mi madre… y volvió con su familia. Era amigo de Albus, y quiso que este se ocupara de mí. Según tengo entendido, después se volvió algo loco y murió.

Harry la miraba. Y en realidad la comprendía. Él sabía lo que era no tener padres… sabía lo que era echar de menos a personas casi sin conocerlas… era consciente de ese dolor, y por eso la comprendía. La compadecía.

-Sé cómo te sientes. Lo sé de verdad, Luna. Yo tampoco tuve padres. Sé lo realmente duro que es vivir con esa soledad…

-Pero al menos, tus padres no te abandonaron ¿No?

Sí, eso sí era cierto, pero pensó que confirmárselo era demasiado cruel… y el caso es que no sabía por que parecía cruel, pero sí lo intuía. La observó, de nuevo. Y la distancia entre ambos se había reducido aún más, quedándose sólo a centímetros.

Pero ninguno de los dos estaba incómodo con esa posición, ninguno de los dos. Y no parecía que lo estarían en un futuro cercano.

Entendía a Luna más de lo que creía. Sí, al menos sus padres le querían. Pero habían muerto, y por lo menos su padre si había estado vivo. Aunque bueno… ella se sentía abandonada, por que lo había estado en realidad. Él con sus padres nunca había estado abandonado, nunca. Pero sí con los Dursley.

-Pero… ¿Cómo se llamaba tu padre?

-¿Por qué tendemos a clasificar las cosas, Harry? ¿Por qué tiene que tener un nombre? ¿Importa, acaso?

No, claro que no importaba, pero una vez más, se había quedado sin habla. Se había quedado sin habla por que esta vez, sus reflexiones de inmensa madurez le habían dejado helado.

Tenía verdadera razón. ¿Por qué, por qué la gente tendía a etiquetar las cosas? ¿Por qué tenía que tener un nombre?

-No, claro que no – respondió Harry, recobrando el habla -. Veo el reflejo de Albus Dumbledore en tu persona, Luna – aquella confidencialidad le había salido de dentro.

Porque en realidad, veía un aura que había visto antes en Dumbledore. La forma de hablar, el tono de voz… se notaba muchísimo que Luna había pasado años con Dumbledore.

Sonrió. Y su sonrisa animó un poco a Harry, que se había apagado un poco con la tristeza a la que había estado sometido. Tenía una sonrisa, brillante y celestial.

-Gracias, Harry. Por animarme… la verdad es que no me es fácil contar mi historia. Sólo lo he hecho una vez… a una persona, que realmente me comprendió.

-¿A quién? – sintió curiosidad, Harry.

-Tom Ryddle – respondió Luna, con indiferencia -. Tú lo conoces como lord Voldemort.

-Sé quien es Tom Ryddle, gracias – le espetó Harry, con aspereza -. Entonces… ¿Soy el segundo? – añadió, no sin cierto orgullo. No podía evitarlo, por que para él…

… en esos instantes, Luna era un sueño. Besarla lo era.

Pero, era un sueño imposible.

-Sí, Harry. Ni yo misma sé por qué lo hago… y no sé qué me está ocurriendo. Desde el primer día que te vi, sentí un impulso hacia ti. No sabría definirlo.

-¿Por qué has venido hoy? – quiso saber Harry, ahora que la pregunta le venía a la mente -. Quiero decir… me has asegurado que lo haces sin el consentimiento de Voldemort.

-Por eso mismo. Desde el primer día que te conocí… bueno, desde el primer día que sabía que existías sentí curiosidad. Dumbledore me hablaba de los grandes planes que tenía para ti, de la mejor forma de hacerte morir. Ya lo has visto en el recuerdo de Snape. Y ya cuando estaba con lord Voldemort, para él también eras importante. Me contaba vuestras historias, y las veces que habías conseguido escapar de él. Hasta me contó que eras uno de sus Horcruxes, y que no sabía si matarte o no. Y entonces… te vi, te vi en este mismo sitio. ¿Lo recuerdas?

-Sí – fue lo único que respondió Harry, anonado por lo que le revelaba Luna.

No podía olvidar aquel día. Aunque aquel día no sabía lo que le iba a importar en el futuro. Pero ese día, ya atrajo su atención con su bella mirada, y su aterciopelada voz.

Su voz era tan suave, que podría acallar al todo poderoso mar con ella.

Y su impresionante belleza… ya había sido llamativa. Pero esa noche, esa lúgubre noche… se estaba dando cuenta de que había conectado. Había conectado con ella.

-Pues supe que eras especial. Te vi, con el aplomo impropio de una persona de nuestra edad (por que yo también tengo diecisiete años). Parecías un verdadero hombre, envuelto en miles de guerras. Parecías un gran tipo, y un legendario luchador. Me parecías demasiado distinguido para dirigirte la palabra, si quiera.

Qué curioso. Harry pensaba exactamente lo mismo que ella. Pensaba que ella era demasiado especial, y que era un sueño que tan sólo intercambiara con Harry un par de frases.

-Dijiste que querías unirte a Voldemort. Que odiabas a Dumbledore, y que te había utilizado. Que Voldemort te daba lo que no te daba Dumbledore. Aguantaste todas las maldiciones Cruciatus de lord Voldemort, las más fuertes del planeta. Todas, las conseguiste aguantar. ¿Sabes?; cuando Voldemort tortura con fiereza, suele matar a la gente con unos cuantos Cruciatus. Y al ser tú tan especial, aguantaste con mucha valentía. Y seguías con la misma idea… tu forma de pensar no había variado un ápice. Era admirable.

Luna hablaba con tal emoción que se le resbalaron un par de lágrimas por los ojos. Harry se las secó tiernamente, y rozarle los párpados había sido para él como subir al cielo. Luna le plantó un tierno beso en la mejilla, como agradecimiento.

Esa mejilla iba a tardar varios días en dejar de arder.

-Lo era, Harry. Te habías convertido en mi héroe.

Harry abrió mucho los ojos, dudando seriamente de aquella información. Pero como siempre, Luna había hablado tan segura de si misma… decía las cosas con tal convicción, que Harry era incapaz de no creerla. Así de simple.

-No me mires así, por que es realmente cierto. Te encerraron, y Voldemort quería una excusa. Una excusa para no matarte, y permitirte ser mortífago. Desde entonces ya le rondaba la idea tuya como posible Horcrux. Yo sentía algo por ti, no sabía el qué… pero sentía algo. Algún tipo de sentimiento.

Y Harry seguía estando sorprendido. Además, gratamente. Estaba descubriendo unas cosas sobre Luna que le hacían sonreír en su interior. Era extraño. Días antes habría estado muriendo por Ginny… y ahora… ¿Qué le ocurría? ¿Estaba ilusionado con un nuevo amor? Por que Luna se estaba declarando abiertamente.

Y descaradamente, además.

-Y Voldemort llevaba meses pidiéndome que le ayudara a buscar al legendario Zlatan Horcrux. Como te dije, mi don especial es rastrear a la gente, y a la magia. Puedo encontrar lugares mágicos y a magos, sean quienes sean. Al saber que tu vida corría peligro, y que con aquello podía salvarla… accedí a ayudarlo, Harry. Antes me negaba porque no me parecía adecuado, pero por ti accedí. Lo hice, y Voldemort… tras años sobre pistas falsas, encontró el lugar verdadero. Me salí con la mía, ya que permitió unirte a él. Por fin pude respirar aliviada… pero estaba triste.

-¿Por qué? – quiso saber Harry, con gran interés.

Su corazón se estaba abriendo a Luna… y Luna mostraba sentimientos mutuos hacia él.

Y sintió el hormigueo en el estómago. El famoso hormigueo que sentía, o había sentido, al ver a Ginny. El mismo hormigueo que aparecía de vez en cuando, anhelando las llamadas de lord Voldemort. El mismo hormigueo, que sucedía en su estómago los paradisíacos días de luna llena.

Pero no el mismo exactamente. Era mucho mejor, mucho más intenso. Más especial.

Y esa noche, no había pensado casi en la luna, y eso era extraño. En cierto modo, en ese instante la luna significaba lo mismo para él que lo de siempre. Un astro. Y punto. ¿Se debía a la presencia de Luna?

¿Qué diablos le estaba pasando? ¿Se estaba enamorando de Luna?

¿¡¡Con una sola noche!!? De nuevo, reprimió sus pensamientos…

… y se dio cuenta de que no eran sus pensamientos lo que reprimía entorno a Luna, sino sus deseos. Sus sueños. El nuevo objetivo de su vida se había vuelto el besar aquellos tiernos y carnosos labios.

-Estaba triste por que creía que no existía para ti. Creía que no aparecía en tu vida, que ni si quiera recordabas mi cara.

¡Qué ironía! Si los momentos en que Harry la veía, no podía quitarle los ojos de encima. Resultaba tan… irónico.

-Creía que jamás podría tocarte, hablarte. Que eras demasiado glorioso para una chica como yo. Pero claro, creía.

-¿Creías?

-Es obvio, de que también tú sientes algo. No puedes reprimirlo, ¿Verdad Harry?

Y recordaba el don de Luna, de saber cómo se sentían las personas. Por que en ese instante, así se sentía Harry.

-Y espero que eso te responda a tu pregunta de por qué he venido, y sin avisar a Voldemort. Sé que has matado a Oriseth, y que no es lo tuyo. Que te sientes terriblemente mal, Harry. Yo te comprendo. Tampoco yo soy una santa, también he rasgado mi alma con el acto más macabro de la magia. He venido para apoyarte.

Y lo vio. Vio el lazo. Vio una fina luz que los rodeaba, una luz blanca… y además, Harry sintió gratitud hacia Luna. ¡Ella lo comprendía! ¡Ella también había matado alguna vez! Le comprendía, le comprendía.

No como Ginny, no como Ginny. Ginny le había rechazado, y le había mandado a la mierda.

Pero Luna no. Le comprendía, de cierto modo. Harry se acercó más a ella. Las puntas de sus narices casi se rozaban. Era un momento mágico, y aquella aura blanca dotada de una pura magia seguía bailando a su alrededor, haciendo de aquel momento algo infinitamente precioso.

Infinitamente efímero, e inolvidable.

Podía ser efímero… pero quedaría en su memoria el resto de su vida, el resto de su existencia.

Se acercó más, y la punta de su nariz rozó la de Luna. Harry se inclinó, un poco.

-Sigo sin saber por qué has venido – susurró Harry, con dulzura.

-¿Es que aún no lo ves? – le respondió, de nuevo con un susurró.

Y el fresco aliento de Luna había golpeado la cara de Harry disfrutando de su olor floral, de su pureza. Se acercó a sus labios unos milímetros más.

-Por que te quiero – acabó, Luna.

Y sucedió. Lo inevitable.

Su sueño efímero.

En ese instante, todo lo demás desapareció. Estaban en su lugar exótico, en su evasión. Solos ellos dos. Harry y Luna. Luna y Harry. Y Harry por fin había encontrado a su luna.

En ese momento, Harry estaba en la propia luna, y nunca mejor dicho. Se sentía así de alto.

Sus bocas se habían encontrado. Y no rechazaron el encuentro, pese a luchar con los labios tibiamente. Parecía que aquel momento había estado escrito por el destino, por que ambos labios se entendieron a la perfección, y bailaron al mismo ritmo. Parecía que Luna había esperado a Harry durante toda la vida, y viceversa.

La humedad de su lengua respondía como un verdadero reto a la perfección absoluta, y el sabor intercambiado no podía describirse con palabras, debido a su complejidad, apoyando las lenguas en los dientes, donde el aire entre ambos iba y venía, y pasaba como un mero testigo de la divinidad simbolizada en un beso.

Se dejaron llevar, ambos jadeando, ambos perplejos, por la increíble suavidad, por la increíble textura de sus lenguas. No podían parar aquello, por que detenerlo era antinatural, era atentar contra lo establecido, contra el destino… contra la propia historia de la humanidad.
El increíble silencio que los acompañaba era el mayor regalo que les podían dar, se mordían los labios, pero no había dolor… sólo dulzura… no podían respirar, pero no temían, por que no temían a la muerte. Ambos conocían los secretos de la muerte, y el sentimiento de provocarla… y no temían por ahogarse, por que morir entonces sería extraordinario, milagroso y sublime.

La muerte y el beso no estaban tan diferenciados, en ese instante.

Harry hundió su mano en la profundidad del cabello de Luna, y vio cómo Luna enzarzaba sus manos alrededor del cuello de Harry. Su ritmo se aceleró, y se vieron incapaces de parar con aquello.

Porque, en el fondo… parar aquel beso sería horrible…

… parar aquel beso sería como asesinar a una persona, como provocar la muerte de algo eternal y célebre. Y ambos seguían encontrando nuevos sabores en sus lenguas, como una especie de frutas que ya habían madurado.

Y aquello llegó a su fin, y con el beso… la tristeza, la angustia, el ahogo, la desolación… y todo lo malo de Harry había expirado. Abrió los ojos.

Y los ojos de Luna lo recibieron de nuevo en la tierra, los preciosos orbes verdes sonriendo. Con una mirada, Luna era capaz de hacer música. De provocar una serie de efectos en él antes impensables. Era su luna.

Siguieron mirándose, ineptos de decir nada. Por que era innecesario, como había dicho Luna… las palabras no servían para nada. ¿Por qué tenían que hablar, usar sus lenguas y utilizar saliva? Aquello estaba de más, dado la perfecta compenetración que habían conseguido en sólo una noche.

En esos instantes, los ojos de Harry eran capaces de hablarle a los de Luna. Sus miradas hablaban, y en ellas se decían todo tipo de verdades. Verdades que no hubieran sido poder dichas en palabras.

Ambos tenían una cualidad innata y única, ambos podían hablar con los ojos. A través de ellos, Harry veía a Luna sufriendo, acompañada de Dumbledore… y después la veía hablando con Voldemort, y odiando lo que hacía. Por que, aunque aquella utópica situación se hacía cada vez más real, Luna seguía siendo una sierva de Voldemort…

… y Harry… ya no sabía ni lo que quería. Por que en su vida había estado tan confundido. Por que en su vida lo habían confundido tanto. Ni Dumbledore fue capaz, ni Voldemort…, los personajes más complejos que había conocido en su vida. Y los personajes por los que giraba su actual vida, directa o indirectamente.

-Tus ojos… hablan. Hablan en silencio – murmuró Luna, verdaderamente sorprendida. Los de Luna también hablaban -. Haces cosas increíbles, Harry Potter.

-¿Te sueles besar con desconocidos en una primera noche? – murmuró Harry. No sabía de dónde había salido aquello, pero lo dijo.

Luna enarcó una ceja, algo sorprendida. No se había esperado aquello, y sus ojos lo reflejaban. Porque sus ojos eran el espejo de su alma.

-Vaya, creía que me habías besado tú.

-¿Yo? – en realidad, así era, dado que él había llevado la iniciativa… pero ella le había incitado -. Bueno, he formulado la pregunta mal.

-¿Ah, sí? – dijo, con un tono seductor su interlocutora, y se revolvió en su incómodo asiento. Se inclinó hacia Harry de nuevo, y con posición coqueta, le añadió: -. Pues vuélvele a formularla, entonces.

-Quiero decir… ¿Te sueles enamorar así, de las personas? ¿Por una noche?

De nuevo, enarcó una ceja. Y sonrió, por lo que a la luz de la media luna que se posaba en el horizonte, aquella criatura era lo más hermoso que Harry había visto en su vida.

-No, claro. Nadie ha dicho que te quiero por esta noche… ha sido un proceso, Harry. Te he dicho que desde que te vi, sentí un flechazo. Y que desde entonces he estado muy pendiente de ti… he ido enamorándome con el tiempo, no esta noche.

-Ya veo – murmuró el muchacho, conteniendo la respiración. Era una situación fantasiosa, pues nunca hubiera imaginado que una chica tan impresionante como Luna le estuviera declarando todo su amor.

Y sobre la tumba de sus padres.

-Y me gustaría saber si es recíproco.

Harry la observó, de nuevo. Se acercó hacia ella… y la volvió a besar, como si los propios labios de Luna fueran agua y Harry llevara años vagando por el desierto.

Notó el de nuevo el gélido aliento de Luna, y su sabor floral. Sintió su esencia, su naturaleza divina. De nuevo, ella correspondió al beso, después del asombro. Correspondió con ganas, como si su vida dependiera de ello. Harry aflojó su ritmo, y se separó con suavidad, sin dejar de mirarla a los ojos. Ella sonrió con amplitud, como si fuera el momento más feliz de su vida.

-¿Responde eso a tu inquietud? – alabó Harry, jadeante.

-Sólo en parte – contestó, la personificación de la luna.

Harry carraspeó. Le pasó la mano por sus hombros, y Luna apoyó su cabeza en los hombros de Harry. Era una vieja postura que solía adoptar con Ginny, cuando salían juntos.

Qué lejos quedaban aquellos tiempos, por que en ese preciso momento, Harry no sabía quién era Ginny. La había olvidado. Por completo. Ahora su única prioridad se llamaba Luna… Luna Dumbledore.

-Siento algo, Luna – murmuró con dulzura Harry, pero misterioso -. Pero no sé lo que es. Nunca he sentido nada así por nadie… por nadie – y aquello incluía a Ginny, pero no podía nombrarla -. Y no sé si es amor… por que dudo que me pueda enamorar de una persona en una sola noche. Yo tengo que conocer a esa persona más a fondo.

-Yo tampoco estoy enamorada del todo de ti, exactamente, Harry. Pero sé que te quiero, y sé que tengo algunas sensaciones… y yo soy una persona muy impulsiva ¿Sabes? Y me muevo por eso, por sensaciones… y por que aunque aún no esté del todo enamorada, sé que algún día lo estaré. Sólo acorto el proceso.

Harry la estrujó entre sus brazos. No sabía lo que sentía por ella… pero estaba de acuerdo con las reflexiones de Luna. Además, por todo lo que le había dicho, le demostraba que era una persona íntegra. Y sobre todas las cosas, no quería que aquel momento terminara. Y por eso la estrujaba, para no poder dejarla marchar.

-¿Crees que algún día podrías estar enamorado de mí, Harry? Sé sincero.

-Sí, por supuesto – y estaba siendo sincero.

Un nuevo silencio. Un eterno silencio… y sepulcral, como si estuvieran en un cementerio.

Aunque, en realidad, estaban en un cementerio. Harry no dejaba de pensar que su "relación" con Luna era romántica del todo. Por que se habían dado el primer beso en el lugar donde se conocieron.

Y sólo por eso… aquel lugar ya sería mágico para siempre. Siempre. Siempre sería un testigo impuesto de la pasión que se sentían.

-No entiendo cómo los muggles son tan necios – murmuró Luna, sin esconder el evidente desprecio que sentía hacia ellos… sobre ser una muggle la que la había engendrado -. No lo entiendo.

-¿Por qué? – indagó Harry, sin saber a qué venía lo que había dicho Luna.

Luna suspiró, pensativa y soñadora.

-Los muggles también sienten el amor – lo decía como si los muggles fueran un bicho raro -. Y también tienen momentos como estos, momentos como lo que estamos teniendo yo y tú.

-Sí – afirmó Harry, esperando la conclusión del pensamiento de Luna.

-Y eso es lo que no entiendo. No entiendo cómo pueden tener momentos como estos y no creer. No creer en la magia.

-Ya veo…

Brillante conclusión, a la que llegaba Luna. La verdad es que aquel momento era mágico, y Harry si nunca hubiera sido mago… si hubiera continuado su vida en Privet Drive, y tuviera un momento como aquel… entonces creería en la magia sin dudarlo tan si quiera.

Luna era sorprendente.

No sólo era perfectamente bella… sino que tenía una enorme personalidad, y era más maravillosa incluso en el interior que en el exterior… y aquello ya era difícil. Pero le preocupaba un poco la revulsión hacia los muggles… ya que no la compartía.

-No te caen muy bien los muggles… ¿Verdad?

-No es eso… es que creo que durante nuestra historia, hemos sido relegados poco a poco por los muggles. Y deberíamos de recuperar el poder perdido, y gobernarlos a todos. Eso es lo que pienso… y lo que Tom me enseñó.

-¿Lo que… Voldemort… te enseñó? – dijo, con calma. Aunque estaba sorprendido de nuevo cómo Luna trataba a Voldemort de Tom, como lo hacía Dumbledore. Aquello lo debería de haber heredado de él.

-Sí, y lo que te enseñará a ti cuando vuelvas, Harry. Es esencial que lo veas, es esencial que lo comprendas. Es nuestra base, el argumento que alimenta nuestro odio hacia los muggles, y el argumento que alimenta la guerra contra ellos, y su gobernación.

No le gustaba nada de lo que decía Luna. No le gustaba nada de nada. Pero no quería discutir con ella… no quería que una tonta discusión estropeara aquel momento perfecto. Así que intentó cambiar de tema… y preguntó algo que llevaba toda la noche deseando saber, pero sin encontrar el momento de decírselo:

-¿Y cómo es que has acabado con lord Voldemort, habiendo sido criada por Albus Dumbledore? Supongo que tú misma sabrás mejor que nadie que eso supone un enorme contraste. Como el amor y el odio. Como el fuego y el hielo. Como la oscuridad y la luz.

Había resultado poético, incluso. Pero eso era por que estaba inspirado. Iluminado… por la luz de los ojos de Luna. Aquella luz que desprendía su enternecedora mirada.

Y Luna, de repente se sintió incómoda, y le quitó suavemente el brazo del hombro de Harry. Se levantó de la tumba, y parecía dispuesta a marcharse en ese mismo instante. Por lo que Harry se había arrepentido seriamente de haber formulado aquella pregunta. Pero, Luna debería de saber… que esa era una pregunta importantísima, esencial para comprenderla. Casi inevitable.

-Albus… me falló – fue lo único que murmuró, con semblante sombrío. Su sonrisa había desaparecido de sus labios, y no había rasgos de bondad en su rostro. Se mostraba, completamente inexpresivo -. Y Tom me comprende realmente, me comprende de verdad. Me entiende, y conoce mis inquietudes y mis miedos. Y me propuso unirme a su causa… y acepté, porque Albus me había fallado. Sólo lo hice… por despecho, por venganza, supongo. No sabría decirlo… pero estoy a gusto con Tom.

Aquello era increíblemente abrumador, pero toda la noche lo había sido en realidad.

-¿Te falló? ¿Qué te hizo? – siguió Harry, siendo consciente de que aquello iba a provocar su marcha, pero la curiosidad que sentía era mayor sobre todo lo demás.

Y en parte, aquello provocó su marcha.

-Es una larga historia, pero estaré encantada de contártela algún día. No falta demasiado para amanecer, y debo volver antes de que pregunten demasiado por mí. Espero volver a verte algún día, Harry.

Harry se levantó, y la abrazó sin pensarlo. Sintió un inmenso calor que recorrió todo su cuerpo, un sentimiento de bienestar. Se separaron. La había abrazado por un impulso.

-Y una cosa… Tom no debe de enterarse de lo que ha sucedido esta noche, Harry. Es importante… no nos conviene, ni a ti ni a mí. Esta noche… será nuestro secreto.

Y se marchó.

Y con ella, la vida de Harry.

Aquella noche había sido muy extraña, demasiado. Podía catalogarse entre las cinco noches más extrañas de su vida con facilidad.

Y también entre las más felices, por que esa noche había sabido lo que era felicidad plena.

Y estaba desorientado… tendría que ir a algún sitio.

Pero Ginny ya no lo recibiría… y además, Harry ya no pensaba en Ginny como una persona a la que podía amar. Ron y Hermione tampoco le comprenderían… por que Hermione ya se lo demostró aquella noche que los visitó, y Ron había estado de acuerdo con ella… como casi siempre.

Sólo podía ir a un lugar. Sólo a uno.

Las personas que lo comprendían eran Voldemort y Luna, ya que ambos conocían el sentimiento de haber matado a alguien. Ambos no se extrañaban por lo que Harry había hecho, ni les parecía descabellado ni horrible. Ambos comprendían a Harry, por que en la misma situación, hubieran hecho lo mismo.

Debía de regresar al lado de Voldemort, porque él le comprendía, e iba a recibirlo con los brazos abiertos.

Y no dejaba de ser una ironía que Voldemort fuera una de las pocas personas que le comprendía.