¡Hola! Sí, sé que soy mala persona xD. Hace tiempo que no publico, pero en mi defensa diré que arrastraba unos motivos personales de peso para no hacerlo… creerlo o no, está en vuestras manos.
Y después, esta página (no sé si a algunos de vosotros os habrá pasado) no me dejaba entrar… así que continué escribiendo, y como hoy he podido, os traigo tres capítulos… que los disfrutéis.
Capítulo 13:
"El lado humano de lord Voldemort"
-¿Qué fines ostentas? – murmuró una voz metálica, cuando Harry llegó a la verja de la Mansión de los Malfoy.
-Soy Harry Potter, mortífago, y quiero hablar con el Señor Oscuro.
La verja se abrió, chirriando. Harry avanzó con pasos firmes y continuos hasta la puerta, por la desdichada senda que marcaba el camino entre los jardines hasta llegar a la casa. Bellatrix Lestrange ya le esperaba en la puerta, con un rostro inexpresivo. Harry pasó por delante de ella sin murmurar ni un intercambio de palabras. Sonrió al recordar a Luna: las palabras no sirven para nada.
El noble vestíbulo de la gran estancia le daba la bienvenida con su interminable belleza y con su silencio impetuoso. La puerta de la derecha, donde solían hacer las reuniones, estaba abierta. Harry entró allí, y no le sorprendió ver a todos los de su grupo en su sitio en la silla, sin máscara alguna.
Lord Voldemort le miraba desde su sitio de forma inexpresiva, como lo había hecho Bellatrix anteriormente. Harry se quedó en el umbral de la puerta, viendo cómo Bellatrix cerraba la puerta de la entrada, pasaba por delante de él sin decir nada, y se sentaba en su sitio.
Voldemort se levantó de su silla aterciopelada, y se dirigió hacia Harry sin prisa pero sin pausa. E hizo algo que no hubiera imaginado jamás.
Le abrazó.
Y Harry sintió, por primera vez, calor al lado de Voldemort. Era el calor que emanaba de su cuerpo, porque aunque estuviera frío por fuera, por dentro estaba caliente. Pues aunque pareciera imposible, por las venas de lord Voldemort corría sangre, y no corría hielo.
Pero, lo más irónico, era que no circulaba por sus venas una sangre cualquiera.
Era la sangre de Harry.
Los mortífagos murmuraban y susurraban a la espalda de ambos, pero a ninguno de los dos le importaba demasiado. Y Harry supo, al instante… que abrazar, no era un acto que lord Voldemort hiciera a menudo. Ya que lo había abrazado con torpeza. Pero aún así…
… le había abrazado.
El abrazo tan sólo había durado varios segundos… pero eran segundos que a Harry se le hicieron eternos. Se separaron con cuidado, y muy despacio. Se miraron a los ojos, ignorando la sorpresa y el enojo de algunos mortífagos.
-Has vuelto – murmuró Voldemort, con su habitual siseo y con su voz queda y fría.
-¿Lo dudabas? – ironizó Harry, con una media sonrisa.
Y Voldemort sonrió. Y su sonrisa no era una sonrisa forzada… era una sonrisa natural, como la de su conversación delante de la tumba de Dumbledore. A los ojos de Harry, Voldemort se estaba volviendo un tanto humano. ¿Podía ser aquello posible? ¿Había alguna posibilidad de que esas especulaciones fueran ciertas? El tiempo lo diría, por supuesto.
-No, claro que no – admitió con una envidiable seguridad el Señor Oscuro -. Siéntate, Harry.
Harry se sentó, arrancando numerosas miradas de celos, de envidia y de odio. Y notó una mirada, una mirada especial. Una mirada que le hablaba.
Luna era la única persona que sonreía en la estancia, y miraba descaradamente a Harry. Su mirada le transmitía algo, algo como "bien hecho". Harry lo sabía porque podía hablar con ella con la mirada, porque tal compenetración con ella les había unido de una forma tan estrecha que se entendían con el simple hecho de mirarse.
Harry quiso decirle, en ese instante, un millón de cosas. Pero no podía, porque acordaron que su "relación" debía mantenerse en secreto, al menos por el momento. Porque sabían que Voldemort no podía enterarse. Tom, como decía Luna. Aunque Harry no sabía exactamente por qué, pero si lo decía Luna… entonces tenía que haber un motivo de mucho peso.
-Sé que muchos os estaréis preguntando dónde estaba Potter durante estos días… otros quizás no os lo preguntéis, porque no os parece importante. Y porque en parte, esperáis una traición suya… cosa que aseguro, desde este momento, que no va a llegar. ¿Verdad, Harry?
Harry se levantó, para hacer su papel. Aunque ya no sabía si hacía su papel, o lo hacía porque lo sentía realmente. Estaba todo tan distorsionado…
-Por supuesto, mi señor. Que nadie dude de que mi alianza es legítima, porque sería capaz de cualquier cosa por demostrarlo… de hecho, creo que ya lo he demostrado con mis actos. Y me duele que alguno de mis… – dudó, al decir la palabra – hermanos, dude de mí. Es algo que no esperaba.
Se sentó, esperando haber sonado convincente. Algo que confirmaron los ojos de Luna, de nuevo con aquella mirada de "bien hecho".
-Pues… lo dudaban, Harry. Cuando me dijeron que cabía la posibilidad de que me hubieras abandonado, estaban dudando de ti. Y tuve que contarles la verdad, para que creyeran la realidad – Voldemort le echó una larga mirada de precaución, que asustó a Harry, sólo un poco -. Les conté que en realidad estabas haciendo un trabajo personal para mí, y que era algo entre yo y tú. Y que luego debatiremos en privado.
Hubo un silencio sepulcral en la sala, con el que no se escuchaban ni si quiera las moscas. Harry asintió, ya que notaba sobre él la penetrante mirada de lord Voldemort y de algunos de los mortífagos.
Voldemort acababa de mentir por él. Acababa de encubrirle. Aunque su realidad había cambiado mucho, y su situación también… que Voldemort fuera un apoyo para él le seguía pareciendo extraño. Harry suponía que tardaría a acostumbrarse a su nueva situación, ya que no se sentía él del todo. Porque en la vida, hubiera pensado que Voldemort le abrazara, o que mentira a todos sus mortífagos para encubrirle.
Y, lo más increíble, es que Voldemort sabía que Harry lo había engañado, y su objetivo inicial siempre había sido el derrocarlo. Y aún así… Voldemort le había perdonado todo, incluso le tendía una mano y le ayudaba. Y Harry se sentía agradecido, por supuesto. Porque era consciente de que en ese mismo instante, sería difícil poder vivir con Ron, Hermione… o con quien sea. En un futuro, quizás ellos podrían olvidar el hecho de que hubiera asesinado a sangre caliente a Oriseth, pero por el momento Harry estaba seguro… al menos recordaba conocerlos, de que no lo olvidarían, y le sacarían el tema cada dos por tres.
-Bueno, sigamos con la reunión… Luna – todas las miradas se dirigieron hacia la persona más bella de la estancia, y esta no parecía para nada intimidada por ser el centro de atención.
Harry la miró, con admiración, viendo en ella el reflejo de Albus Dumbledore… al cual no podía recordar con odio.
En los últimos días, se había hecho creer que odiaba a Dumbledore, y de que le había hecho la peor de las jugadas. Pero aún así… le costaba recordarlo con odio, ya que había pasado buenos momentos con Dumbledore.
Y a la cabeza le vino aquel "No estoy preocupado, Harry, estoy contigo" que murmuró Dumbledore cuando se disponían a huir de la cueva donde estaba el falso Horcrux. Aquella frase, le había llegado al alma a Harry. Por todo lo que significó, por el momento de tensión, por lo firme que sonaba su voz en aquella agua helada…
Y se sintió mal, de nuevo. Pues era consciente de que debía odiar a Dumbledore, y no recordarle con cariño. Tenía que esforzarse para odiarlo, por que lo que le había hecho era imperdonable… ni el mismísimo lord Voldemort hubiera podido ser tan cruel como Dumbledore.
Nunca habían habitado tantas contradicciones en su interior, como aquel año (ya era año nuevo, mientras había estado con Luna habían pasado de año)… o más concretamente, desde que se había unido a Voldemort, para bien o para mal. Sus sentimientos en su interior se contradecían, primero sentían una cosa, y luego otra. Y en el caso de Dumbledore, primero lo recordaba con cariño, y luego se arrepentía, recordándolo a la fuerza con odio.
Puras contradicciones, habitaban en su alma.
-Decidme, mi señor – murmuró Luna, con su dulce y aterciopelada voz. Cuando hablaba, parecía que cantara una preciosa balada de amor -. Soy toda oídos.
-¿Has encontrado Nurmengard?
-No… mi señor – admitió, con dudas -. No es fácil, señor. Necesito más tiempo.
Voldemort evaluó su mirada, y su rígida postura. Cualquiera se hubiera atemorizado de repente, pero Luna… mostraba un aplomo envidiable, que cualquiera desearía. Y Harry la admiró, en su interior. Porque era perfecta, y no le tenía miedo ni al mismísimo lord Voldemort.
Y de nuevo, como en la última reunión… a Harry le sonaba el nombre de Nurmengard. Y sabía que debía de ser algún edificio mágico… pues antes, cuando escuchó por primera vez a Voldemort diciéndole a Luna si había encontrado Nurmengard, Harry no conocía su don, pero ahora que sí lo sabía… sabía que Voldemort se lo había pedido para que lo rastreara, y tarde o temprano Luna lo encontraría. Porque era su don. Debía de ser importante, porque Voldemort atendía a las peticiones de Luna… y asintió, dándole más tiempo con aquel gesto.
-Te daré más tiempo, Luna – concluyó Voldemort, con voz inexpresiva -. Pero quiero que lo encuentres pronto. Creo que aún no has entendido lo vital que es para mí.
Luna asintió, de nuevo sin mostrar emoción alguna, y se sentó con extrema delicadeza. Era toda una señora con modales.
-Y Harry – murmuró Voldemort, sorprendiendo a todos los presentes -. Como bien sabrás… ya conseguiste hacer bien el trabajo en lo que se refería a tu nacimiento público como mortífago. Fue realmente creíble y excelente. Y ahora quiero que me digas si realizaste con éxito tu otra misión. ¿Has conseguido sacarle algún tipo de información a Paolo Galliani?
Harry se levantó, con un aplomo ansiado, y sorprendido. Había olvidado por completo a Galliani. ¿Le contaría la verdad, o lo protegería? Lo mejor era contarle la verdad, aunque en parte… y aunque aquello supusiera la muerte de Galliani. Suspiró. Ya se había acostumbrado a sentirse así.
-Sí, mi señor. Lo que Galliani esconde es la dirección de esta guarida. Se iba a reunir con Scrimgeour para eso, para planear un ataque e intentar causar el mayor número de bajas, mi señor.
Y se sentó, consciente de que acababa de firmar su sentencia de muerte. Y la verdad, es que se sentía indiferente… como si la cosa no fuera con él.
-¿¡Cómo!? – se levantó lord Voldemort, con pronunciado nervio. Harry se sorprendió, por su violenta reacción, ya que no se esperaba que aquello le importara tanto. Porque a Harry, aquello no le parecía algo demasiado "grave", por todo lo que había padecido Scrimgeour para mantenerlo en secreto.
Pero era evidente que Voldemort no pensaba igual.
-Luna… tráelo. Ve a por Paolo Galliani.
Luna se levantó, con gracia presuntuosa, y se marchó hacia la puerta, no sin dirigir antes una mirada a Harry… una mirada que se podía interpretar como apoyo, como que estaba ahí.
Hubo un silencio sepulcral, mientras Luna se dirigía al sótano. Nadie se atrevía a decir nada, y Voldemort se meneaba nervioso en su silla. Ya no parecía que mantuviera aquella fría postura habitual en él… ahora parecía, más humano.
Luna regresó, con Paolo Galliani sujeto delante de ella. No parecía nervioso para nada. Parecía bastante acceso a morir. No parecía importarle mucho, y Harry le admiró por aquello. De nuevo.
Ya no parecía el tipo cobarde que hacía lo posible por vivir, hasta guardar un secreto aparentemente inútil. Pero ahora, parecía que ya estaba dispuesto. Algo debería de haber cambiado en él, y Harry sabía el qué.
Él mismo.
Él había sido la causa de que Paolo aceptara su destino inevitable. Porque le había dado confianza, y porque ya estaba su inquietud a salvo. Era un hombre que no podía morir, porque no podía transmitirle sus disculpas a su hijo Angelo. No olvidaría su nombre, lo había prometido. Y ahora que Paolo sabía que Harry lo haría por él, parecía que estaba tranquilo.
Paolo fue sujeto por Luna en las cadenas que había en tierra, y cuando esta se aseguró de que no se soltaría, se fue a su sitio. Harry cruzó una mirada con su Luna, y esta le guiñó un ojo seductor. Harry siguió comprobando que en su interior le daba igual la muerte de Galliani, le era indiferente.
Porque desde hacía tiempo, algo había cambiado en él.
-¿Cómo sabes dónde estaba el sitio, el lugar? ¿Cómo lo descubriste? ¡Contesta! – murmuró Voldemort, ya levantado y dando vueltas al cuerpo de Paolo Galliani, cada vez más desdichado y desvencijado.
Además, por si la humillación no fuera suficiente… iba desnudo, completamente.
-Por casualidad – respondió, frío. Y no parecía dispuesto a dar más detalles.
-No me importa, cómo lo sepas – dijo Voldemort, más para sí que para los demás -. Lo que realmente me importa es cuantos lo saben. ¿Quién lo sabe?
-Sólo yo. Y si me hubieras dejado, lo sabría mi amigo Rufus, también.
Voldemort sacó los dientes, y le lanzó una maldición crucio. Paolo se murió de dolor, pero sin gritar. Sólo se había retorcido un poco. Había aguantado bastante bien la maldición de lord Voldemort.
-Dices que sólo lo sabes tú – susurró Voldemort, perfectamente audible, con una impresionante temeridad. A Harry se le erizó el vello de la nuca, por puro miedo.
-Así es – afirmó el débil italiano.
-Entonces… dime. ¿Por qué no te creo? – y le lanzó una nueva maldición criuciatus, provocando ahora que Paolo gritara de dolor.
-Eso sólo lo sabes tú – respondió Paolo, con la voz quebrada.
Voldemort pareció examinarlo un momento, y finalmente lo sentenció:
-Avada kedavra.
Un rayó de luz verde emergió de la punta de la varita de lord Voldemort, y aterrizó en el corazón de Galliani. Dejó de moverse en tierra, puesto que su hora le había llegado. Su vida había expirado.
Estaba muerto. Y Harry permaneció inescrutable en todo el proceso, sin inmutarse en lo más mínimo.
-Bien – murmuró Voldemort, todavía algo nervioso. Ya había vuelto a la fría postura que le caracterizaba, dejando de lado esas inquietudes tan "humanas" -. Bien – repitió de nuevo, sin quitarle la vista al cadáver.
Se volvió a sentar en su sitio. Parecía que maquinaba en su cerebro un complejo plan.
-Haremos una cosa. No quiero que deshonréis su cadáver, quiero que lo mantengáis en un lugar frío y que se conserve. Tengo un propósito. Debe de ser reconocible. Alguien irá a Italia, cargando con el cadáver, y mostrará a la población italiana quién era su Ministro. Diremos que vino a suplicarme, que vino arrastrándose hacia mí, para pedirme clemencia… y que no atacara a su país. Ese alguien también dirá que no atacaré a ningún italiano bajo mi mandato, siempre que la población italiana se someta a mi reinado. Esa será mi treta. Deberá reunirse en Roma con los Maldini, que son mi mayor apoyo en el país. Y entre ellos organizarán la destrucción del respeto de Galliani. Potter, ese alguien vas a ser tú – resolvió brillantemente Voldemort su plan, con las ideas muy claras.
Harry asintió, antes de pensarlo. Realmente, si Voldemort se lo decía, iba a ser él, porque no lo había preguntado… lo había ordenado, y todo lo que Voldemort decía debía cumplirse. Y así, podría aprovechar también para buscar a Angelo, el hijo de Galliani.
Qué suerte había tenido, porque tenía una excusa. ¿Su suerte era casual, o premeditada? Evidentemente, jamás lo sabría. Pero sí se quedaría con la duda.
-Eso es todo por hoy. Podéis marcharos… y Harry, tenemos que debatir el trabajo especial que hiciste para mí. Pasa a la sala siguiente – y desapareció con rapidez, abriendo la puerta.
Harry lo siguió, y siguiéndole, fue víctima de numerosos susurros y murmullos a su espalda, que naturalmente… iban dirigidos hacia él. Pero pasó olímpicamente de ellos, naturalmente y puso la mano en el pomo de la puerta. Se giró, pues notaba una mirada en su nuca.
Luna lo miró, dándole su apoyo… y se marchó, con impresionante elegancia.
Entró en la sala. En la oscura y fría habitación, sólo iluminada por una antorcha en cada esquina, había un gran sillón aterciopelado, similar al que tenía Voldemort en la mesa del comedor, y estaba girado hacia el fuego. Se dio la vuelta, y Harry se arrodilló, como la última vez que había ido allí.
De nuevo, no había nada más humillante.
Consideraba arrodillarse frente a Voldemort la humillación más humillante que había sufrido en su corta existencia de diecisiete años, pero la consideraba necesaria para poder cumplir su objetivo.
Aunque en ese instante, ya no sabía cuál era su objetivo. Antaño habría sido asesinar a Voldemort… pero ¿Ahora? No tenía lugar en el mundo, por lo que su objetivo más cercano sería ir a Italia a buscar a Angelo Galliani. Y Voldemort le había solucionado el problema, dado que el próximo trabajo que haría para él sería viajar a Italia a destruir el respeto de Galliani. Y en Italia buscaría a Angelo, para cumplir su promesa.
Pero en realidad, nada le obligaba a cumplirla, puesto que Galliani ya estaba muerto. Aun así, Harry era hombre de palabra, y lo haría.
-Harry – murmuró lord Voldemort, sacándole de sus pensamientos. Harry levantó la cabeza para mirarlo.
-¿Sí… señor? – se apresuró a añadir.
-Veo que has elegido por fin renunciar a la búsqueda de mis Horcruxes, y te unirás a mí sin mentiras. Sin trampas ni segundas intenciones. ¿Me equivoco?
Harry se encontraba valiente, no en vano era un Gryffindor.
-Nadie ha dicho que haya renunciado a destruir los Horcruxes… pero lo he hecho, sí – no sabía si lo decía de verdad, o era una farsa… pero hasta al propio Harry aquello le había sonado convincente -. Y me uniré a ti, con transparencia.
-Bien – asintió, con frialdad -. Harry, levántate por favor.
A Harry esta petición le había asombrado. No obstante, obedeció y se levantó.
-Ya no eres mi siervo, Harry.
Se quedó parado allí, inmóvil y atónito. Sin saber que decir. No entendía por donde iba Voldemort, pero prefirió no especular. Esperó a que hablara de nuevo.
-Te considero un igual, Harry. ¿Te parece bien? ¿Debo hacerlo?
-Sí, por supuesto – asintió Harry, inmenso de felicidad, mientras lord Voldemort hacía aparecer a su lado un sillón idéntico al suyo.
Pero, lo realmente sorprendente, era que aquella felicidad que se encontraba en el interior de Harry, era difícilmente interpretable. Era preocupante que no supiera si estaba feliz por ser el "favorito" de lord Voldemort y la envidia de los demás, o si estaba feliz porque había engañado por completo a Voldemort y este se mostraba reacio a contarle cosas… como el paradero de los Horcruxes.
Era completamente contradictorio, pero real.
Voldemort invitó a Harry sentarse en el sillón contiguo con un gesto con la mano. Harry, obedeciendo de nuevo, se sentó en aquel reconfortable y cómodo sillón.
-Harry, ¿Sabías que la mayoría de los mortífagos que poseen la marca no creían en mi causa? – a Harry le sorprendió un poco, pero no dijo nada -. Así es, sólo creían en mí. Por supuesto, yo estaba halagado de tener aquel poder de convicción. Pero lo que necesitaba para mi reinado era… gente comprometida, con los ideales propios de un movimiento, y no con los ideales de una sola persona. ¿No crees?
Harry se puso cómodo en su asiento, y lo observó mejor a Voldemort. Aquello se estaba poniendo interesante, y murmuró:
-Sí, claro.
-Exacto, Harry. Tú me conoces bien ¿Verdad? Dumbledore se encargó de eso.
Se puso en alerta, y perspicaz. De nuevo, Voldemort estaba resultando imprevisible.
-Puede que le conozca bien, señor. Pero no estoy seguro.
-Según tú… ¿Cuál crees que puede ser mi mayor miedo?
Harry pensó durante un instante, pero aquella pregunta era fácil.
-La muerte.
-Exacto… como la mayoría de la humanidad, temo a la muerte Harry. Esa es mi principal enemiga, por encima de mis opositores. Por eso creé mis Horcruxes, para que mi imperio no decayera. Pero puedo morir, Harry.
Nunca había estado tan cercano a lord Voldemort. Ni físicamente, ni emocionalmente. Estaba hablando con él como si se conocieran de toda la vida (aunque en realidad, se conocían de toda la vida), y como si fueran los más grandes amigos. Voldemort se estaba abriendo realmente a Harry, mostrándose más humano, mostrándole sus miedos y sus inquietudes… e intentando transmitirle un mensaje, que al parecer parecía de vital importancia.
-Sí, es difícil. Pero puede morir, no es completamente inmortal – le dijo Harry con sinceridad, y sin miedo. Porque ya no sentía miedo de decirle a lord Voldemort algunas verdades, porque este le transmitía confianza… y porque Harry, confiaba un poco más en él. En Voldemort.
En la persona que había matado a sus padres, aunque intentó olvidar este hecho.
-Muy bien, Harry, lo comprendes muy bien – dijo de forma paternal, animándole a seguir así. Esto le recordaba a Harry las viejas reuniones con Albus Dumbledore.
Se produjo un silencio, y con aquello lord Voldemort le demostró que no había prisa. Y si él no tenía prisa, Harry no iba a ser menos.
-Pues como te decía, mi mayor miedo es la muerte. Quizás puedas pensar que soy un cobarde que teme dejar este mundo y que no soy capaz de amar y esas chorradas típicas de Dumbledore. Me amo a mí mismo, que eso es una gran virtud al alcance de pocos. Pero no es por eso que me da miedo morir, y poder descansar. Temo a la muerte porque dejaría el mundo en las manos equivocadas.
Aquello ya era surrealista. Era una situación utópica. ¿Qué Voldemort no temía a la muerte por él? ¿Qué en realidad temía que el mundo cayera en malas manos? ¿Qué las personas que lo gobernaron cuando él no estaba son malas manos, y él es el bueno con todos los actos horrorosos bajo su firma? ¿Había algo más irónico?
-Comprendo – le siguió Harry, aunque sin creer mucho en lo que decía. Pero Voldemort no se percató del tono utilizado por Harry.
-Sé que no me crees, Harry. Pero los que tú crees buenos, son los títeres de los muggles, los que creen que deben aprender magia y les permiten entrar en nuestro mundo. Y los que tú crees malos, somos los que no permitimos la presencia de los muggles en nuestro sitio, los que clamamos venganza y proclamamos justicia, que los muggles paguen por lo que nos hicieron.
-¿Lo que nos hicieron? – se extrañó Harry.
-Sí, exacto… pronto lo vas a ver por ti mismo. Por eso temo a la muerte, porque sé que hay muchos mortífagos que sólo me siguen a mí, y que cuando muera… se rendirán a la evidencia de los demás magos que aceptan a los muggles, y posiblemente argumenten que han estado bajo la maldición imperius o cosas así. Y si eso sucede, el movimiento al que me uní llegará a su fin hasta que de nuevo alguien experimente tanto como lo he hecho yo con la magia oscura… y eso podría llegar a tardar varios siglos. No puedo permitirlo.
Aunque no tenía mucho sentido, Harry sí le entendía. Había mortífagos que no seguían la ideología, sino a la persona. Había mortífagos (como Lucius Malfoy) que cuando Voldemort fue derrotado en la primera guerra, dijo que había estado "poseído".
-¿Pero de qué movimiento hablas? – indagó Harry, sin entender ni pipa.
-Del Movimiento Merlínico, por supuesto.
-¿Merlínico?
Y Harry no tuvo otro remedio que asociar el término "merlínico" a Merlín. ¿Podía haber una relación?
-Sí, Merlínico, del gran mago Merlín. ¿Sabes cómo llegué a investigar sobre él? Verás, como tú bien sabrás (puesto que a ti te ha pasado lo mismo) no he sido criado ni familiarizado con la figura de Merlín. Sólo supe de él cuando llegué a Hogwarts, y me lo pintaban de un mago increíble… sin igual, y tremendamente virtuoso.
-El mejor mago de todos los tiempos – ayudó Harry.
-Uno de los mejores sí – pronunció Voldemort, con visible envidia -. Y entonces decidí averiguar en mi segundo año sobre él. Descubrí entonces que su vida estaba envuelta llena de misterios y que sólo se sabía de él por medio de las obras literarias y de las leyendas… nadie lo había visto en realidad, bueno, nadie que lo confirme. Y comprendí que Merlín posiblemente era una leyenda.
-¿Una leyenda? – murmuró Harry, horrorizado. Pues como Voldemort, tampoco había sido criado por magos, pero sí era consciente de la importancia de Merlín para ellos.
-Sí, Merlín es para nosotros como un Dios. Como los Dioses muggles, de los que tú y yo sí somos partícipes.
Harry no lo hubiera definido tan bien. Merlín era para los magos como un Dios.
-Las leyendas cuentan que era el más grande y famoso, que era capaz de hablar con animales, de cambiar de forma, de hacerse invisible e incluso controlar el clima y variar a su antojo otros elementos de la Naturaleza. Decían que conocía la esencia de las cosas. Esas son teorías mágicas muy avanzadas, como comprobaste en tu etapa de Hogwarts.
-Sí… ehh, seguro – atajó Harry, consciente de que casi nunca prestaba atención a la asignatura en la que explicaban todo aquello que decía Voldemort: Historia de la Magia -También cuentan las leyendas que Merlín fue el único mago capaz de ganarse el respeto de los dragones, gigantes, vampiros y demás monstruos por su bondad y sabiduría y también por su creaciones literarias y artísticas, pues esta también era una de sus virtudes.
Harry lo escuchaba con atención, dado que estaba siendo absorbido por la historia y por el ambiente que proponía lord Voldemort. Se imaginaba a un hombre con el pelo largo y plateado (con un físico parecido a Dumbledore) intentando razonar con un colacuerno húngaro.
-En cuanto a su nacimiento y muerte la cosa está un poco confusa. Hay, de nuevo, diferentes teorías al respecto… pero la más aceptada por nosotros es que nació como producto de una unión ilícita entre el alma de un demonio y de una monja. Y también se acepta que Merlín fue "creado" para sacar el lado oscuro de todos los humanos, que todos poseemos. De tratar de crear el odio entre la gente, y de hacer el mal – Voldemort sonrió con ironía -. Lo que viene a ser mi misión, en parte. Y se acepta que finalmente hizo justamente lo contrario: se convirtió en un gran líder de su tiempo, en una especie de guía en el que todos creían y en consejero de reyes. Lo que viene a ser el papel de Dumbledore, en parte. ¿Te resulta curiosa la comparación?
Harry abrió mucho los ojos, y la boca. Sí, era curioso. Pero, más que curioso, resultaba…
-… irónico.
-Exacto, una pequeña y morbosa ironía del destino. El destino es muy masoquista y morboso, y nos pone algunas contradicciones o ironías en nuestros caminos, dado que son preciosas.
-¿Preciosas? – repitió Harry, incrédulo. Sólo había escuchado a Voldemort decir la palabra "preciosa" una vez, y había estado dirigida a la luna. De nuevo, se sentía confuso, pues estaba siendo conocedor del lado humano de lord Voldemort.
-Sí… me encanta reflexionar sobre ellas. ¡Qué bonito es encontrarlas, y que escondidas suelen estar! ¿No crees?
-Eh… sí, supongo – admitió Harry, dudando de la capacidad mental de lord Voldemort. Parecía que estaba loco.
-Pues como te decía, Merlín fue creado para hacer mi labor… e hizo la labor de Dumbledore. Irónico, como comentas. Aunque yo no creo que cambiara, como dicen las leyendas. Creo que en secreto siguió obrando el mal. Tengo pruebas de ello. Hay teorías al respecto…
Hizo una pausa, tragando saliva. Ahora lord Voldemort se encontraba observando el fuego, y Harry le imitó. Era entretenido, observar como los troncos se consumían por el poder del fuego.
-Su muerte, dicen que se produjo en un bosque inglés, y que murió allí con su compañera sentimental Vivian, pero eso es lo de menos. Como nació allá por el siglo V, hasta la época de los fundadores de Hogwarts, hace unos mil años más o menos, no se supo nada de él. En esta época fueron escritas las leyendas, cuando se realizaba la cacería de los muggles a las brujas y magos. Y, cuando lo descubrí… no me lo tragué. Como el Dios muggle en el que me habían "obligado" creer, pensaba que era solo un mito.
-Y… ¿Lo es? – Harry necesitaba saberlo, pues también el había sido víctima del maravilloso mago que había sido Merlín, y necesitaba saber si había existido.
-No, Harry, no es un mito. Existía de verdad.
Harry se quedó mirando el fuego, sin sorprenderse. Antes de entrar, sabía que había existido, pero Voldemort le había hecho dudar con sus reflexiones. Lo que sí era asombroso era la seguridad de lord Voldemort, como si hubiera visto a Merlín con sus propios ojos.
-¿Cómo lo sabes?
Voldemort soltó una carcajada. Parecía algo obvio, puesto que se había reído. Pero Harry, no entendía nada.
-Es una larga historia.
-Tenemos tiempo ¿No? – requirió Harry, más persuasivo de lo que hubiera imaginado.
-Supongo… verás, como bien sabes. Yo no me llamo lord Voldemort en realidad. Mi… madre, mi asquerosa madre squib, me llamó Tom Sorvolo Riddle.
-Sí… lo sabía, claro.
-Entonces, ¿Por qué crees que me llamo Voldemort? ¿No crees que debería tener un motivo?
Harry le observó con intensidad e interés. ¿Por qué se llamaba Voldemort? La verdad es que nunca lo había pensado, pero ahora que lo comentaba… podía ser interesante la historia de su nombre.
-Yo quería ser especial, quería tener un nombre único. No quería que dijeran: "Mira, por ahí va Tom". Es un nombre feo y común. Y como bien sabes también… cuando un mago termina Hogwarts, suele realizar el viaje típico por el mundo, para conocer las costumbres mágicas y culturales de otros lugares y para conocer los secretos de la magia en sí. Nunca nadie como yo se tomó esto tan en serio, y con mucha curiosidad por la historia de Merlín y su veracidad, acudí a Francia.
-¿A Francia?
-A Francia fue el primer lugar donde fui. Es allí donde se escribieron las obras que más datos aportaron sobre Merlín. Los juglares, y en menor medida los trovadores, fueron los que recitaban las hazañas de Merlín, y los apuntadores la escribían. Me enteré de la existencia de un movimiento Merlínico, y en qué consistía.
-¿Ah sí? – dijo Harry, con curiosidad -. ¿Y en qué consistía?
-En la misión secreta de Merlín. En realidad, él jamás había servido a los reyes… los había aconsejado para que fracasaran, y al fracasar los reyes… fracasarían todos los muggles, o no mágicos en aquel entonces. Quería eliminarlos, quitarlos de en medio. Quería un mundo gobernado por magos y para magos. Pero fracasó, puesto que no eliminó a los no mágicos… y decidió alejarse, ya que estaba muriendo. Dejó el mensaje a sus sucesores, y estos emigraron a Francia, dado que no podían seguir con la misión. Como podrás ver… empecé a admirar a Merlín, y creí que yo podría introducir el Movimiento Merlínico en Inglaterra, y acabar con los muggles.
-Ya veo – dijo Harry, realmente confundido.
No sabía que pensar. Estaba confuso. No sabía que pensar sobre Voldemort, sobre Merlín, sobre los muggles ni sobre los magos. De repente, todo eso le resultaba muy lejano… y agotador.
-Entonces fue cuando conocí a un juglar moderno, que vivía incultivado en el bosque, y estaba por civilizar. Se alimentaba de hiedra seca, y de animales, y lo único que sabía decir era que sabía invocar al fantasma de Merlín. Me llevé conmigo al hombre que me había enseñado todo sobre el movimiento Merlínico, y me tradujo las instrucciones necesarias para invocar a Merlín. Necesitaba matar a dos personas, y pronunciar un complicado hechizo de magia negra. Maté a los dos, al juglar y al hombre que me había iluminado… y pude hablar con el espíritu del gran mago Merlín – acabó Voldemort, con la vista desviada y recordando con añoranza tiempos antiguos y gloriosos.
-¿De verdad? – preguntó Harry, atónito de nuevo.
Voldemort se levantó… y se marchó hacia un lugar de la pared que estaba oscuro. Y de algún sitio, sacó una pequeña vasija de piedra, bastante grande, que a Harry le era muy familiar.
Era un pensadero.
Bastante parecido al de Dumbledore, además… pero con unos relieves distintos, y a simple vista parecía más pequeño que el de Dumbledore. Lógico, Voldemort no poseía tantos recuerdos que guardar como Dumbledore… aunque tuviera algunos. Pero no hubiera imaginado que Voldemort tuviera un pensadero, le resultaba bastante extraño, aunque no comentó nada.
Voldemort llevó la vasija pesada por arte de magia hasta donde se encontraba Harry, y le invitó a sucumbir su cabeza.
-Te mostraré por qué debemos acabar con los muggles.
Harry lo observó con valentía, sin rechazar su mirada.
-No creo que pueda. ¿Cómo puedes odiar a una madre? Mi madre era muggle. Además, mi mejor amiga Hermione es… – e increíblemente, intentó recordarla sin poder. No podía recordarla, y su cara era una figura borrosa en su mente. ¡Había olvidado los rasgos de Hermione! Y lo intentó con Ron, pero más de lo mismo.
-… una sangre sucia, Harry, que no merece estar empapada por el poder de la magia.
Harry no dijo nada, y metió su cabeza en el pensadero, y se sorprendió porque no había contradicho a lord Voldemort con aquella definición de su amiga.
Instantes después, Voldemort aterrizaba a su lado. Se encontraban en un bosque frío y oscuro, con unos árboles muy altos. Y unos pasos al lado de los dos, se encontraba un Voldemort más joven… de unos veintitantos años frente a una figura fantasmagórica y borrosa.
Voldemort aún no era Voldemort, era Tom Riddle… y su cabello negro azabache y sus facciones apuestas eran tal y como Harry las recordaba del diario. Y la otra figura, con el nombre de Merlín, le hablaba en un tono metálico e inexpresivo, carente de emoción.
-Debes acabar con ellos… debes propagar el movimiento contra los no mágicos. Crear una revolución, crear una secta que te ayude a realizar estos planes. Debes de ganarte el apoyo de los magos y brujas, y así poder expulsar a los no mágicos de nuestro mundo… a los que no tienen ni una gota de sangre mágica en sus venas… sangresucia…
-Lo haré. Crearé mi propio imperio…
-Debes de ser un Vuelo de Muerte…
Y de repente, Merlín se iluminó de sobremanera… y Harry hubiera apostado que se había quedado ciego después de esa luz.
Esa luz roja, que le había calado en sus ojos y en su interior.
Merlín ya no estaba allí, o su fantasma o lo que fuera. Ahora sólo estaba el joven Tom Riddle… pero en sus ojos había una gran chispa roja.
Y se desvaneció… volviendo a la estancia de la chimenea con Voldemort.
-Pregunté a un francés que entendía nuestro idioma como se decía Vuelo de Muerte en francés.
-¿Y qué te respondió? – indagó Harry, pese a conocer la respuesta.
Voldemort sonrió, con amplitud y cierta malicia.
-Vol de mort. Voldemort.
Harry observó a Voldemort a los ojos… y sintió que Merlín y él tenían toda la razón del mundo. Había que odiar a los sangresucia, y realmente no sabía por qué. Pero sentía en su interior un odio irracional hacia las personas no mágicas.
Voldemort era más humano de lo que Dumbledore le había hecho creer, y odió a Dumbledore por eso. Por manipularle de nuevo, como otras tantas veces.
Vio la chispa roja de lord Voldemort en sus ojos, como en los ojos del joven Tom Riddle.
Y lo más preocupante era que en el reflejo de los ojos de Voldemort, también veía una chispa roja en los suyos propios.
Una chispa roja en sus ojos esmeralda.
