Capítulo 15:
"Reencuentro"
El duelo estaba bastante desigualado, y se debía principalmente a la inexperiencia de Harry en ese campo y a la sí experiencia de Angelo, dado que era una persona más mayor, y por lo tanto, con más conocimiento técnico en lo que respectaba a los hechizos, maldiciones, y demás conjuros utilizados.
La pelea ya les había llevado unos minutos. Se estaban alejando del gentío, y Angelo seguía golpeando con más fuerza e ímpetu, por lo que desde fuera, daba la impresión que tarde o temprano acabaría ganando el duelo. Además, Harry ya había tenido que esquivar dos maldiciones asesinas, y de milagro.
Y Luna se mostraba impasible, inescrutable, inexpresiva. Seria. Y en el fondo, Harry podía leer su estado de ánimo en sus ojos… sus ojos sí mostraban una expresión. Preocupación total. Era ese el sentimiento que le transmitían los orbes esmeralda de Luna, pero aún así estaba muy quieta, observando detenidamente el duelo. Y aunque en ese instante, podría estar al borde de la muerte, a Harry sólo le preocupaba una cosa. Una estúpida cosa.
Que no era otra cosa más que decepcionar a Luna. Ese era su mayor temor en ese instante, de abandonarla, y que se llevara una imagen de él así. De perdedor. De fracasado. Así que no lo permitiría, no. Utilizaría cualquier treta para ganarlo… aunque no resultara algo legal, algo ético o moral.
-¡Desmaius! – murmuró Angelo.
-¡Protego! – reaccionó Harry con rapidez, en una escasa décima de segundo, consiguiendo parar el hechizo de Angelo.
Siguieron peleando con extrema dureza. Ya hacía el típico olor a polvo de los duelos, cuando las varitas empezaban a sobrecargarse y en seguidamente de rayos de luces emanaban grandes cuantidades de humo. Se estaban alejando bastante del corrillo de gente, y ahora podrían incluso hablar, sin ser escuchados.
Angelo echaba sendos vistazos a su espalda, como esperando que alguien le atacara por detrás. Y Harry aprovechó para lanzarle una maldición asesina… aunque no acertó plenamente, y salió desviada hacia su costado izquierdo. Era la primera vez que Harry intentaba matarlo de verdad, no como él.
-Ya no hace falta que sigamos con el paripé, señor Potter – murmuró Angelo, casi sin despegar los labios y sorprendiendo enormemente a Harry. ¡Hablaba perfectamente el inglés! Parecía que había nacido en Inglaterra.
-¿Cómo? – murmuró Harry, sin fiarse y continuando defendiéndose de sus ataques.
-¿De verdad crees que estás vivo gracias a tu habilidad? ¡He errado a propósito! Tenía que lanzarte alguna maldición asesina para parecer creíble.
Harry bajó un poco los brazos, en parte decepcionado consigo mismo por no haberse dado cuenta, ya que lo que le estaba revelando Angelo era cierto, pues ya había notado cierta rareza en la manera de agredirle, muy agresiva y poco defensiva.
-¡Pero no pares! Sospecharán – susurró, sin despegar los labios nuevamente.
Y Harry, de nuevo dominado por ese sentimiento de curiosidad hacia Angelo, siguió con el duelo, sin dejar de mirarlo con cierta sospecha y perspicacia. Todo resultaba enormemente extraño… y Luna parecía darse cuenta, pues le lanzaba una mirada indagadora. Aunque Harry la ignoró, esquivando con extrema facilidad un hechizo aturdidor, y fijando sus ojos verdes en los amarillos de Angelo.
Y en ese instante… Harry recordó que tenía un mensaje para Angelo, de parte de su difunto padre… y también recordó que había decidido omitir ese trabajo, no decirle nada. Pero lo tenía delante… y no le costaba nada hacer un favor póstumo. ¿O sí?
-No quiero matarte – dijo Harry, despacio -. Dime cómo puedo escapar sin hacerlo.
Angelo lanzó una carcajada, y esquivó con excesiva desenvoltura el conjuro de Harry, el cual había lanzado mal a propósito. Las palabras de Angelo le estaban atando a la vida… de momento, claro. Sabía que era inferior en un duelo contra el hijo del ex Ministro de Magia de Italia… pero tenía otras tretas, aunque no las utilizaría si podía evitarlo… si podía evitar matar y vivir igualmente.
-No puedes, Potter – murmuró, con voz firme -. Es imposible. Está hecho a propósito… no vas a salir vivo de aquí… al no ser que acabes conmigo.
Harry estudió sus opciones. No le quedaba otro remedio que matarle. Pero resultaba imposible. Lo era. No era bastante hábil ni rápido para Angelo, y Harry se temía que si Angelo luchara con seriedad, y no con su pantomima, acabaría con él sin ningún tipo de dificultad. ¿Qué haría? Tenía pensado algo, pero no era capaz de llevarlo a cabo. No caería tan bajo…
Lanzó un Sectumsempra, pero ya no lo había lanzado mal a propósito. Angelo se percató de este detalle, pero a un así no aumentó la intensidad del duelo. Estaba claro que no mataría a Harry hasta que consiguiera algo.
-¿Qué quieres? – le espetó, con cierta malicia Harry.
-Respuestas – respondió, y sus ojos amarillos relucieron de brillo, ante la posibilidad de un hecho que posiblemente habría esperado durante mucho tiempo -. Dime Harry. Recítame las últimas palabras de mi padre… para mí.
Harry lo miró, sospesando sus posibilidades de nuevo. Se dio cuenta de que se había hecho realmente calculador. En estos momentos el antiguo Harry estaría muerto de los nervios, pero Harry mostraba una compostura impropia de él… ¿Y por qué no? También de su edad.
-¿Por qué lo quieres saber? ¿Por qué pones en peligro tu propia vida por unas palabras? ¿Por qué estás metido en una secta que odia a tu padre? Dime… ¿Qué es lo que te separó de él?
-Eso no importa. Dime las palabras, Harry Potter. Necesito saberlo. Vivo por ello, muero sin ello.
-Aquí el que manda soy yo… porque tú tienes la fuerza. Pero yo el poder.
Angelo entendió a la perfección ese comentario, y Harry asintió casi imperceptiblemente. Entendió que si quería saber lo que decía su padre en sus últimos días de vida, debería someterse a Harry. Y Harry no estaba incómodo con ese papel, para nada. Quería ser él el que llevara los galones.
Quería ser él el que mandara.
-Está bien – echó una maldición a Harry, y luego un sendo vistazo a la multitud que seguía observándolos sin perder detalle… aunque parecían inconscientes de todo lo que se estaba hablando. Y lo más importante, no parecían sospechar para nada -. Nunca he compartido el ideal político de mi padre. Jamás. Siempre he sido más liberal que él, y nos peleamos cuando se presentó a las elecciones electorales.
Harry asintió, esquivando una maldición, y contrarrestando con otra. Era verdaderamente difícil fallar a propósito. Casi más que acertar en sí.
-Por supuesto, me arrepentí totalmente. Y él también, o eso me imagino. Pero hay algo que heredé de él: el orgullo. Y el orgullo no me ha permitido disculparme, tampoco a él. Sólo me temo que accedería a una disculpa en sus últimos momentos. Y es por eso que cuando me enteré que había desaparecido… me uní al clan de los Maldini, pues imaginaba que estarían detrás de todo.
-Pero no lo estaban – lo ayudó Harry, a continuar.
-No, no lo estaban. Pero lo esperaban de regreso, al parecer por un tal Voldemort. Ese tal Voldemort estaba consiguiendo cierto poder, estaba regresando, pues ya había tenido un mandado oscuro. Ese tal Voldemort les podía ayudar a alcanzar sus objetivos… y me uní a ellos. Por supuesto, ellos sabían quien era, y por eso he sido el primer al que sacrificarían. Lo has podido observar, a un duelo a muerte siempre seré yo el elegido. Pero no me importa, y en este menos. Ahora, dime. Ya te he dicho lo que quería saber.
Galliani le mandó una maldición imperdonable que Harry esquivó sin dificultad. Angelo seguía luchando sin fuerza ni intención. Seguía esperando el ritmo que marcaba Harry. Porque Harry era quien mandaba, después de todo.
Y se iba a dar asco por sus palabras. Se iba a odiar por el resto de la eternidad… pero prefería acabar con la vida de Angelo que él acabara con la suya. Por supuesto que lo prefería… porque aún le faltaba tiempo que vivir con Luna. Ya que todo tiempo con ella era escaso. Y Angelo era superior a él desde todos los puntos, excepto uno.
Sentimentalmente.
Y aunque era algo ruin y cobarde, era la única forma de acabar con él. Tenía que atacarle. Tenía que medir bien sus palabras.
-Potter. Habla – le arroyó con autoridad.
-Tu padre me dijo que estaba avergonzado de tener como hijo a alguien como tú – sorprendentemente, Harry habló con una tremenda sinceridad… la cual no sabía de dónde había salido. La determinación de sus palabras era verdaderamente escalofriante y sorprendente -. Odiaba que no pensaras como él y que no siguieras sus pasos. Dijo que cuando saliste por la puerta de casa por última vez, después de todas las palabras que arrojaron tu corazón, dejaste de ser hijo suyo – de nuevo, con envidiable determinación. Había dicho palabras sin sentido, pero… con su enorme seguridad en sí mismo, Harry acababa de romper en mil pedazos el corazón de Angelo.
Porque la cara era el reflejo de su alma. En mucho tiempo, Harry no había visto unos ojos tan tristes. Unos labios tan finos. Ni unas facciones tan marcadamente duras. No había visto un rostro así nunca, tan expresivo…
…como inexpresivo. Como impermutable.
Y era el momento. Harry era consciente de que si atacaba en ese momento, nada le impediría ganar el duelo y salvar su vida.
Nada le impediría entonces estar siempre con Luna. Pasar el resto de su vida con ella.
-Avada Kedavra.
Y, por segunda vez, Harry mató un hombre.
Salió el característico rayo de luz verde por su varita, que impactó con certeza en el pecho de Angelo. Como bien había predicho, Angelo no iba a devolver ese golpe. Murió con la cara más triste de las tristes. Y, en el fondo aquello dolió a Harry… pero ese dolor se aligeró al saber que podía salir de allí ileso.
Porque, como bien había predicho Harry, Angelo tenía la fuerza… pero no el poder.
Luna corrió hacia su encuentro. Su rostro habitualmente inescrutable cambió a una mueca de alivio, por lo que Harry pudo comprobar. Se abrazaron, y Harry besó sus ardientes mejillas. Estaba caliente, y temerosa. Temblaba.
Y en ese instante, Harry se dio cuenta entonces de la importancia que tenía para Luna. Harry estaba triste, por lo de Angelo. Pero pensar que alguien era feliz porque existía, le ayudaba.
-Te quiero – habló Luna, con la más sincera de las declaraciones. Harry asintió, y le respondió un igualmente con los ojos.
Marco se acercó a él, con un rostro evidente de molestia, pero aplaudiendo.
-Bravo, bravo joven… Potter. Sois dignos de marchar. Mucho me temo que Angelo no ha estado a la altura... una lástima.
Harry y Luna se marcharon, sin dirigirle la palabra. Le dieron la espalda, y los tres hermanos Maldini les contemplaban de forma descarada. Aunque no les importó y desaparecieron de allí, buscando un nuevo destino.
Pronto volvería a la mansión Malfoy. Pero antes que nada, Harry se había ido a dar una vuelta. Luna no estaba, se había marchado pues lord Voldemort la había llamado. Única y exclusivamente a ella. Y Harry no podía regresar hasta que volviera, pues ella tenía el poder de llamar a Fawkes.
Porque ahora, Fawkes era de Luna. Dumbledore se lo había dado antes de morir. Y Harry supo en el instante en que Luna se lo dijo que también le hubiera gustado tener un tipo de detalle así de Dumbledore. Pero no estaba para estúpidos deseos, pues enseguida se recordaba que odiaba a Dumbledore. Su "estúpido" odio irracional a Dumbledore, y a sus amigos y seguidores muggles.
Ese odio seguía intacto en su interior… pero Harry no sabía de dónde había aparecido. Aunque no le interesaba reflexionar sobre él.
Roma era preciosa… pero quería irse de allí ya. No deseaba seguir en esa ciudad, pues echaba de menos su estilo de vida actual en Gran Bretaña. Cada vez se estaba oprimiendo más en un país que no era el suyo, en un lugar en el que se sentía incómodo.
Y por si no fuera poco, seguía dándole vueltas al asunto de Angelo Galliani. No estaba orgulloso para nada de lo que había hecho. ¿Pero qué otra cosa podría hacer? Él no era noble. Lo había sido antes, pero ya no. No podía decirle la verdad, siendo consciente de que le hubiera perjudicado. Realmente, ahora Harry sólo pensaba en él mismo, y en las personas que le importaban. Pero sólo le importaba una, Luna Dumbledore.
Quizás para el propio Dumbledore, los principios morales estuvieran por encima de todo. Por encima de su propia vida, pero Harry no pensaba de esa manera para nada. No todo valía, si estaba en juego la propia vida. Quizás Dumbledore, haciendo gala de su característica nobleza, le hubiera dicho la verdad a Angelo, y hubiera peleado como un hombre.
Y hubiera ganado como un hombre.
Pero Dumbledore era superior, y todo el mundo era consciente de eso. Harry se preguntaba si estando en condiciones enormemente inferiores, Dumbledore hubiera antepuesto sus principios a su vida. Y enseguida tuvo la respuesta en su mente. Dumbledore sí hubiera antepuesto sus principios. O al menos, no hubiera jugado sucio como él. Jamás lo hubiera hecho, y todo aquello lo demostraba su muerte.
Sí, Harry estaba muy enfadado con él por eso. Pero había demostrado tener personalidad, y morir para salvar la vida de Draco Malfoy. Para ayudar a la destrucción de Voldemort, y para que uno de sus siervos se acercara a Voldemort todavía más. Aunque al final había resultado que Snape era más partidario de Voldemort de lo que le hacía ver a Dumbledore, pues al fin y al cabo, le había entregado aquellos recuerdos en los que mostraba que su muerte era una farsa, y que Harry era un Horcrux de lord Voldemort.
Lord Voldemort.
¿Qué estaría haciendo Voldemort en ese instante? ¿Qué estaría haciendo Snape, o Malfoy? ¿Y sus "amigos", Ron y Hermione? Llevaba muchísimo tiempo sin verlos… y decidió hacerles una visita en la proximidad. Cuando regresara, posiblemente. Tenía muchísimos planes que cumplir. Aunque la mitad de ellos sólo estaban destinados a Luna, y esperaba poder realizar todos sus pensamientos. Porque seguía en su mente la noche anterior, la noche en la que su contacto le proporcionó el clímax físico y espiritual… la noche en la que había rozado la luna.
Y nunca mejor dicho.
Caminando por volver al hotel, pues estaba empezando a tener frío, tropezó estúpidamente con un hombre. Cayó a tierra, y ese hombre cayó a tierra con él. Llevaba varios papeles consigo, que se esparcieron por el suelo. Y una carpeta. Harry enseguida se disculpó:
-Lo siento.
Y el tono de su voz pareció atraer a aquel hombre, pues se giró descaradamente hacia Harry. Y Harry comprobó que no eran completamente desconocidos. Para nada. Resultaba un poco curioso encontrar aquella persona allí.
-No puede ser – murmuró aquella voz, que Harry conocía a la perfección. Harry también pensaba que aquello no podía ser, que aquello no estaba pasando.
Pero estaba pasando, y ese hombre estaba allí. Irónicamente, ese hombre estaba allí por culpa de Harry. Él le había obligado a exiliarse y a marcharse del país.
-Lupin – murmuró Harry, visiblemente incómodo y siguiendo sorprendido. No era el mejor momento para encontrarse con Lupin, para nada. Ningún momento era bueno, realmente.
Lupin no recogía los papeles. Lo miraba con los ojos desorbitados, y estaba verdaderamente sorprendido. No menos que Harry, pero este último no lo demostraba abiertamente.
-¿Has… venido a verme? – preguntó Lupin, con nerviosismo.
Harry lo miró inescrutablemente. Estaba verdaderamente sorprendido, pero a ojos de Lupin, no lo estaba para nada. Por eso le preguntaba aquello, porque se pensaba que Harry ya sabía que estaba allí. Pero no era así, para nada.
-No, Remus… no he venido a verte. En realidad, he venido a hacer unas cosas. Pero ya me iba. Así que…
Harry se dispuso a marcharse, pero Lupin le detuvo, agarrándolo del brazo.
-¡Espera! ¿Nos encontramos y piensas marcharte así? Para nada, tenemos que hablar muy seriamente Harry. Muy seriamente… necesito decirte unas cuantas cosas.
No tenía otro remedio. La vida jugaba con su destino, por lo que tuvo que aceptar.
En unos minutos llegaron a una especie de taberna. Era la típica taberna nocturna, en la que no había casi nadie. La típica que estaba oscura siempre, aunque fuera hiciera un sol enorme, como era el caso. En realidad, aquel especie de habitáculo, le recordaba mucho a Cabeza Puerco, la taberna de mortífagos de Hogsmeade, cuyo dueño era Aberforth Dumbledore.
-¿Sabes, Harry? He pensado muchas veces en regresar… pero estoy siendo fiel a tu favor. Creo que me debes unas cuantas explicaciones… ¿No crees?
-Sí, es cierto – le debía muchas explicaciones, pero no quería dárselas -. La verdad es que todo sucedió muy deprisa… supongo que tienes razón.
Lupin se removió en su asiento, al parecer incómodo por lo que iba a decírselo. Como si no lo creyera realmente.
-Me hablaste… de Horcruxes, de un plan secreto contra Voldemort… sigo sin creerlo, Harry.
Había olvidado que se lo había contado todo. Lo había olvidado, y no sabía como había podido olvidar algo tan importante. ¿En qué momento de su vida se había vuelto tan olvidadizo? Era curioso, pero desde que era mortífago, andaba muy despistado.
Y, ahora se arrepentía de haberle contado tantas cosas. En efecto, Lupin sabía demasiado. Pero también era consciente de que hubiera sido la única forma de hacer aquello sin matar a su antiguo profesor. No había tenido más remedio… y seguía sin tenerlo. Sólo podía confiar en la prudencia de Lupin, que era amplia. Decidió contárselo todo, en parte porque ya lo sabía, y aunque no quisiera, le debía una explicación. Había renunciado a demasiadas cosas por que él se lo había pedido. Y en parte porque necesitaba hablar con alguien, ya que Luna llevaba tres días fuera. Necesitaba desahogarse, soltar lo que llevaba dentro. Aunque le contaría lo que le pareciera, posiblemente sólo le diría medio verdades. Evidentemente, no iba a contarle todo lo que podría acabar con él. Había veces que un hombre tenía información que valía más que su vida.
-Harry, siete Horcruxes son muchos, incluso para el mismísimo lord Voldemort.
-Es el número de la magia, Remus. Piénsalo bien – le argumentó, acercándose a él -. Voldemort ha llegado a límites insospechados.
-¡Son muchos!
-Shhh – silenció Harry, mirando a ambos lados -. No grites – la verdad es que si alguien lo viera allí… la habría hecho buena.
-Eso no es un argumento sólido. No basta con decir que Voldemort ha llegado a límites insospechados y que el siete es el número mágico por excelencia. Eso es muy peligroso, incluso para lord Voldemort. Él es consciente de que siete Horcruxes son suficientes para acabar con él.
La verdad es que siete Horcruxes, ahora que Harry sabía más de todo aquello, eran muchísimos. Pero había que tener paciencia para explicar esas cosas… aunque Harry en ese instante no tenía mucha.
-Dumbledore lo dedujo, y ya sabes… Dumbledore es Dumbledore.
-Puede equivocarse.
-Piensa lo que quieras, pero lord Voldemort tiene siete Horcruxes. Seis, más uno en su alma. Él mismo me lo ha reconocido. Él mismo me dijo que era… – decidió guardar aquello en su interior. No podía decirle que "él mismo me había dicho que era su séptimo Horcrux". Sería demasiado -. Que tenía siete Horcruxes.
Lupin abrió mucho los ojos, y parecía que aquello sí le había hecho empezar a creerlo, pues suspiró con incredulidad.
-No tiene motivos para engañarte… ¿No? Así que ese era tu plan – concluyó Lupin, y en sus ojos había un descarado brillo de admiración. Admiraba a Harry por aquel plan -. Jamás pensé que te saldría bien la cosa. Te lo juro. Nunca tuve fe. Era demasiado… pero ahora me doy cuenta… de que eres capaz de todo, Harry.
También le había hablado de su plan. Lo empezaba a recordar. Empezaba a recordar aquel día de septiembre como si fuera ayer… bueno, no estaba seguro de si había sido en septiembre o en octubre. O incluso en agosto. Pero lo importante es que ya recordaba con bastante suficiencia aquel día.
-No, la verdad es que no todo ha salido como hubiera querido…
-Pero te has ganado la confianza de Voldemort ¿No? Por eso te habló de sus Horcruxes.
-Más o menos – respondió Harry, con voz queda, y rostro inescrutable.
Lupin le dedicó una mueca de extrañeza.
-¿Entonces? La base del plan ya está hecha. Ahora sólo queda destruir los Horcruxes… y luego Voldemort. ¿No?
-Bueno… ya no todo es como antes, Remus. Han cambiado muchas cosas ¿sabes?
Lupin lo volvió a mirar con extrañeza. Y Harry lo vio como alguien de confianza, pese a ser consciente de que sabía demasiado. Y de que no debería de hablar más… aunque lo haría.
-¿Qué puede haber cambiado? Sí, sí… ya me han llegado los rumores, pero no hagas caso – Harry se sorprendió de sus palabras -. Yo siempre creí en ti. Cuando leía en el Profeta (porque de vez en cuando lo recibo, para estar al día), y decían que te habías pasado al otro bando o cosas así… no lo creía de verdad. Sabía por qué lo hacías, ya que me habías hablado del plan. La gente lo entenderá, te lo prometo. Sé que ahora te odia medio mundo… pero cuando sepan que lo hiciste por ellos, para acabar con Voldemort, te recibirán todos con los brazos abiertos.
-¿Tu crees? – dijo Harry, aunque ese no era el problema del que le hablaba. Ese no era el cambio que había tenido Harry.
-¡Sí, claro que lo creo! – Lupin estaba verdaderamente emocionado. Esa emoción contagió a Harry… aunque sólo en su interior. Había adquirido la costumbre de mostrar sus sentimientos sólo en su corazón, y permanecer al resto frío, pasivo -. Claro que sí. ¡Podemos hacerlo! Hacía tiempo que no creía en la muerte de Voldemort.
Harry sonrió tímidamente. Fue la única manifestación de sentimiento que le había mostrado a Lupin hasta entonces.
-El problema es que… – reunió el valor para decirlo -. Ya no sé si quiero destruir a Voldemort… eso es lo que me pasa ahora.
La cara de Lupin adoptó una mueca de decepción que ni se molestó en disimular. Parecía que el comentario de Harry le había sentado realmente mal. O la duda, quizás.
-¿Có-cómo? – titubeó Lupin, sin creer lo que había escuchado -. Harry, creo que te he entendido mal.
-No, no lo has hecho.
-¿Has dicho que ya no sabes si quieres matar a Voldemort? – repitió, ignorando el comentario anterior.
Harry no dijo nada, esperó que pudiera expresarse con la mirada. Y lo hizo, pues Lupin se llevó una mano a la boca, y negó con desesperación la cabeza.
-¿Por qué dices esa barbaridad, Harry? – le ayudó Lupin, con un tono de voz dulce.
-Porque ya no es lo que siento, ya no es mi objetivo. Ya no me importa Voldemort… es más, considero a Voldemort como un líder.
Lupin cambió su expresivo rostro. Antes sentía decepción, y ahora asco. Un asco pronunciado y descarado. Pero no era para menos, y Harry no hubiera esperado menos. Él hubiera reaccionado igual… si no fuera consciente del cambio.
-¿Cómo puedes decir eso? ¿Un líder? ¿Eso es lo que piensas de la persona que ha matado a tus padres?
Y el detalle. Siempre tenía que salir el detalle que "Voldemort había matado a sus padres". Quería olvidarlo, pero Lupin, y su propia mente… no le ayudaban a hacerlo. Odiaba pensar que por causa de Voldemort era huérfano, y no había tenido padres. Intentó no pensar en eso, porque entonces caería en el juego de Lupin… y ya no necesitaba destruir a Voldemort.
Ya no lo necesitaba para vivir, como antes lo había necesitado.
-No lo entenderías… por eso no quería hablar contigo. Nadie me comprende.
Lupin pareció hacer un tremendo esfuerzo por mantener la compostura y adoptar una posición normal, o por lo menos, parcialmente. Aunque le costaba, le preguntó lo más consistente que pudo:
-Intenta… explicarme… tus motivos.
Harry se rehizo en su asiento, y le miró directamente a los ojos… esperando que el contacto visual pudiera ayudarle a hacer ver lo importante que era para él:
-Verás, creo en la causa de Voldemort. Creo en el gobierno sobre los muggles, y todo lo que ello conlleva. Creo en su movimiento, y pienso que los muggles no deberían ensuciar nuestra magia, que debería pertenecer sólo a los magos. Por eso ahora soy un mortífago de verdad… y ya no quiero destruir a Voldemort, sino al contrario. Ayudarlo, como uno más. Uno más. Uno más. Uno más.
Lo repitió y lo repitió hasta que Lupin le detuvo con la palma de la mano y con los ojos cerrados. Parecía que se estaba debatiendo en su interior, que en su mente había una guerra cruel, violenta y feroz por pensar de una forma u otra.
-Así que es cierto – dijo al fin, después de unos minutos -. No eran rumores. Todo lo que dice el Profeta es cierto.
-Sí… es posible, que lo sea.
Lupin abrió mucho los ojos.
-Me acabo de acordar de algo… que antes lo daba por mentira indiscutiblemente, pero ahora no sé que pensar.
-Suéltalo.
-¿Has… matado a un hombre? – los ojos de Lupin brillaron con sentimiento. Parecía que quería saber la respuesta, pero que al mismo tiempo preferiría evitar escucharlo. Pero estaba claro que la curiosidad podía más, pues lo había preguntado.
-No – respondió Harry, pensativo. No iba a mentirle -. He matado a dos… hoy he asesinado a alguien también. Era parte del trabajo… para Voldemort – no le apetecía contarle toda la historia de los Maldini, y además se imaginaba que después de escuchar aquello Lupin no querría escuchar nada más.
Y en efecto, pues cerró los ojos y soltó una lágrima. Y siguió llorando, lamentando algo que Harry no alcanzaba a entender. Además, el propio Harry, pese a todo lo que había revelado, se mostraba impasible.
-¿Desde cuando pasaste de ser alguien noble y bondadoso a un frío e inexpresivo asesino? – susurró, más para sí mismo que para Harry. Abrió los ojos, y sus ojos miel vidriosos, hicieron que el en el corazón de Harry se abriera una grieta, aunque en su aspecto físico aquello no tuviera resonancia -. Harry. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué?
-Voldemort… me abrió los ojos. Acabó con la venda que los cegaba – respondió metafóricamente y con voz robótica, carente de emoción. Fría. Voz fría, como la de Voldemort.
-Por lo que a mí respecta… tú no eres Harry Potter – dijo con rabia, y se levantó. Le señaló con el dedo. Le miró con asco, y siguió hablando… sin importarle levantar la voz. Sin importar que todo el mundo le estuviera escuchando -. Para mí, Harry Potter está muerto. ¿Te enteras? Muerto. Jamás viniste a decirme que me largara del país, para pedirme un favor. Porque ya no eras Harry Potter. Así que voy a regresar, porque ya nada me impide estar aquí. Sólo lo hacía por hacerle un favor a Harry Potter. Pero Harry Potter está muerto y enterrado. No quiero que ensucies su imagen, por eso mi corazón lo ha matado. Prefiero recordarlo como ese ser tímido, valiente, bondadoso, leal a sus amigos, fiel a sus valores, y noble… y no quiero asociarlo a una escoria como tú.
Tras escupir todas aquellas palabras, se marchó. Salió de la taberna a trompicones, siendo observado por todos. Había montado un espectáculo, pero eso era lo menos importante en ese instante. Lo que realmente era importante es que como había dicho Lupin, estaba muerto. Aquellas palabras le habían hecho daño, pero menos de lo que había esperado.
Sí, le dolía naturalmente, pero en el fondo se sentía algo indiferente. Y en su actitud física lo demostraba. Cualquiera que le viera diría que no le ha pasado nada grave, pues se mostraba impasible.
Lo habló todo con Luna. Y esta, como venía siendo costumbre, lo apoyó en todo. Le comprendía tan bien… que Harry lamentaba no haberla conocido antes.
-No puedes hacerle sentir a tu corazón lo que tu mente cree que es correcto, Harry – dijo Luna, acaparando la vista de Harry.
Le miró con curiosidad, pues el muchacho no había acabado de entender del todo la última frase. Eso era lo realmente maravilloso de Luna, que era una persona muy impredecible.
-Quiero decir que… la mente y el corazón son distintos, Harry. La mente siempre pensará lo que es correcto para ti, pero el corazón siempre te mostrará lo que realmente quieres… aunque no sea del todo correcto.
-Ya veo – dijo Harry, admirándola.
-¿Mi consejo? Guíate por tu corazón. Haz las cosas como las sientes, no como las pienses. Así serás feliz, Harry. Lo seremos. Sí Lupin te ha dicho todo eso… es porque ya no significas nada para él. Tu mente cree que lo correcto es sentirlo, pero en el fondo de tu corazón te da igual. Haz caso a tu corazón.
Harry sonrió. Era un gran consejo, y lo utilizaría por supuesto. Y en esos instantes, su corazón sintió añoranza por Hogwarts. Por las tardes de estudio con sus amigos, por las mañanas en fin de semana en la que visitaban a Hagrid, por las preciosas tardes de Quidditch, incluso llegaba a echar de menos las clases en sí.
Echaba de menos tener un camino, seguir un rumbo. Pero cuando observaba los orbes esmeralda de Luna, todo aquello cambiaba, y sólo ella aparecía en su mente… y en su corazón. La amaba, por siempre. Luna significaba mucho para ella, y se lo demostraría.
-Quiero que conozcas mi pasado… mi anterior… vida – murmuró Harry.
-Lo sé todo sobre ti, Harry – le respondió Luna -. Recuerda que Dumbledore lleva eones hablando de ti. No necesito que me muestres nada.
-Es importante para mí – dijo, Harry -. Que conozcas a mis amigos.
Luna lo miró unos instantes. No parecía que le apasionaba aquella idea, pero aceptó con un asentimiento de la cabeza, y sus ojos le decían unas palabras como "si es importante para ti… allá vamos, pues".
