Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi, es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.


Realizeit: Date Cuenta

por Onmyuji


Capítulo 1. Humillación.


Con una sonrisa de profundo alivio, la joven de ojos de chocolate ingresó en el aula 3-F tranquilamente. Había hecho el recorrido hacia allá tan rápido, que incluso temía llegar lo suficientemente temprano como para encontrarse cara a cara con ese muchacho que tanto le robaba el sueño; mismo que tenía una rara costumbre de vagabundear por el instituto a muy tempranas horas de la mañana. Era muy incoherente, pero es que él la atontaba demasiado.

Con un paso más suave y precavido, se encaminó lentamente a su pupitre, donde sacó rápidamente sus cosas del bolso y las metió dentro del mismo. Como acostumbraba todas las mañanas, colocó su cuadernillo sobre él, dispuesta a comenzar donde se había quedado la noche anterior, esta vez en la soledad del aula.

Le entusiasmaba la idea de que ese sería el segundo día en que Minamoto Inuyasha se sentaría a su lado. Tal vez, con una poca de suerte, esta vez podría, tan sólo, saludarle. Sólo Saludar. Nada más. Y si quizás tenía un poco de suerte, él también le sacaría conversación. Pero esta última cosa era muy poco probable. ¿A quién quería engañar? A nadie. Así que sacó esa idea de su cabeza.

Nunca se imaginó que su oportunidad sería tan pronto.

De pronto, escuchó el sonido de la puerta del aula siendo corrida. Aún no se sentaba en su asiento, por lo que se mantenía viendo fijamente hacia la percha de los abrigos del lado opuesto a su pupitre. Al escuchar el sonido de la puerta, su vista se clavó instintivamente en ella. La sangre se le fue a los pies en ese mismo instante y se maldijo frustrada por no haber mantenido la cabeza en el lugar indicado a tiempo.

—¡Higurashi! ¡Buenos días! —Escuchó una grave y varonil voz, proveniente del joven de dorados ojos y plateado cabello, justo en el umbral de la puerta del aula. Luego pudo obtener una vista completamente perfecta de él, cuando ingresó en el aula como si saludarla fuera cosa de todos los días.

Pero no.

Inuyasha Minamoto le había hablado. Y eso no era cosa de todos los días.

—¡Mi-mi-Minamoto-san! ¡B-b-bu-buenos días! —Las mejillas de Kagome ardieron literalmente a raíz de la palidez anterior. Conmocionada, nerviosa y apenada, se inclinó respetuosamente para él.

Inuyasha frunció el ceño con una extraña expresión de repudio en el rostro. Detenido justo frente a la puerta, recargando un brazo e inclinando ligeramente su cuerpo en el lado derecho del umbral, alcanzó a tener una vista casi perfecta de la muchachita, que se levantaba suavemente para saludar con respeto. Y no pudo evitar pensar que la niñata sí que era rara. Pero esa no era excusa para divertirse a su costa.

¡Oh, por Dios! ¡Era tan malvado! Se rió para sus adentros, muy divertido.

—Por favor, llámame Inuyasha, no es necesario que seas tan formal Como si no nos conociéramos. —Le invitó, sonriente.

¡Claro, como si la conociera!

Aún recordaba con burla los incrédulos rostros de Shuuji y Minato esa mañana, cuando les preguntó por el nombre de la señorita escritora. Obviamente que se lo dijeron, completamente sorprendidos por la poca atención que ponía a las demás personas. Junto con esto, los dos habían tratado de explicarle algo que justo ahora no podía recordar.


¿Estás hablando enserio, idiota? —Preguntó Shuuji con una extraña sorpresa en sus ojos oscuros. El cabello rubio del chico se agitó nerviosamente con el movimiento en negación que hacía su dueño, completamente molesto con él.

Estúpido. ¿Realmente no sabes cómo se llama? —Preguntó el otro chico, el de cabellos castaños con incredulidad en su rostro—. ¿Realmente no sabes quién es Higurashi Kagome? —Repitió Minato la pregunta, como si Inuyasha sufriese de algún retraso mental.

¿Su nombre me debería sonar? —Preguntó Inuyasha como si fuera la cosa más normal del mundo.

Es que bueno... tu señorita escritora del siglo XXI es Higurashi Kagome, idiota. Eso no es algo de todos los días. —Continuó Minato mientras se bajaba de la barandilla de concreto en la que estaba sentado—. Lo más estúpido del caso es que ha sido tu compañera los tres años de preparatoria. ¿Estás seguro de que el nombre de Higurashi Kagome... no te suena? ¿Ni siquiera un poco?

Es que, bueno, ella es... —Comenzó Shuuji una explicación del por qué Inuyasha debía tener noticia de ella; muy a pesar de que el albino no había prestado atención a la explicación. La respuesta negativa de Inuyasha parecía carecer de sentido. Sólo un idiota e imbécil como él sería tan ignorante o despistado, como para no darse cuenta de que una de las chicas más añoradas por todo el colegio era su compañera de toda la preparatoria, Higurashi Kagome.

Ya te dije que nunca en mi vida había escuchado su nombre. ¡No tenía idea de que ese era su nombre! En fin... me alegra saberlo ahora. —Dijo Inuyasha con una sonrisa traviesa en sus labios. Parecía tener alguna clase de idea extraña. Entonces vieron pasar por la entrada principal al motivo de su conversación actual. Inuyasha no estaba dispuesto a dejar pasar esta oportunidad de oro. Era su oportunidad para divertirse—. ¡Ah! Por cierto... procuren entrar temprano a clase. Les espera una sorpresa que nunca en su vida olvidarán... —Dijo Inuyasha en medio de su aturdimiento, siguiendo con la mirada a la jovencita de cabellos negros.

Luego se echó a correr tras ella, ignorando los comentarios estúpidos de sus amigos...


Era toda una suerte haber logrado convencerlos de que entraran a clase temprano. Eso era un punto a su favor. Nadie imaginaba la sorpresa que les aguardaba.

—S-sí... —Murmuró Kagome, quien comenzaba a sentirse ligeramente incómoda con la extraña conversación que sostenían, así que largó a su asiento, abriendo su cuadernillo y comenzando a escribir en él con marcado apresuro. Porque había sido pillada por sorpresa. No quería repetirlo de nuevo. No. No.

Inuyasha la observó en medio de su usual comportamiento. Había llegado la hora—. Me sorprende lo mucho que te gusta escribir. —Comentó el albino mientras se acercaba cautelosamente a su pupitre, justo a lado del de ella.

—Gracias. —Respondió Kagome simplemente.

—Sólo por curiosidad... ¿No se puede saber qué clase de cosas escribes, Higurashi? — Kagome se sintió extraña por la forma en que Inuyasha se dirigía a ella. ¡No podía creerlo! ¡Estaba hablando con Minamoto Inuyasha! ¡Su amor de toda la preparatoria! ¡Eso era como para morir! Pero no se iba a comportar como ninguna admiradora más. Ella no era cualquier persona, aunque por otro lado, quería sentirse así. Ella no era tan valiente como para revolotear alrededor de él.

—Lo siento, I-I-Inuyasha-kun. Nunca nadie ha leído lo que escribo. No estoy acostumbrada. —Dijo ella con un timbre de alarma en su voz, pero siempre con el porte sereno. Eso lo notó Inuyasha cuando ella alzó la vista para dedicarle una maravillosa sonrisa.

En ese momento, Inuyasha se dio cuenta del bonito rostro femenino que tenía. Y que tenía unos ojos azules adorables y puros, que de alguna forma le parecieron inocentes. Se sorprendió a si mismo cacheteándose mentalmente por reconsiderar la idea de hacerle una broma a alguien como ella.

—Todo mundo cree que serás una gran escritora. Deberías perder ese miedo si realmente quieres triunfar en ese mundo. Necesitas que alguien te haga críticas constructivas... —Imperceptiblemente, Inuyasha se acomodó rápidamente a un costado de su pupitre, frente a Kagome.

Antes de que los dos se dieran cuenta, el aula comenzó a llenarse. Eso alentó mucho a Inuyasha a continuar con su macabro plan.

—Nunca me ha gustado formar parte de la opinión pública. Escribir es sólo un pasatiempo. Sólo eso. —Aseguró Kagome, mientras cerraba los ojos, en búsqueda de un pensamiento claro en su mente. Pero no podía.

Toda su mente estaba plagada de la maravillosa voz de él...

—Pero creo que todos adoraríamos saber un poco sobre lo que escribes. ¿Cierto chicos? —Luego de aquellas palabras de la maravilla que era Inuyasha, cayó en cuenta del terrible riesgo que corría su cuadernillo en ese lugar. El aula estaba casi llena y era probable que, si no actuaba con prudencia, terminara ocurriendo una desgracia...

Nerviosa a sobremanera por la forma en que el joven de cabellos plateados insistía en leer su cuadernillo, se llevó una mano a la cara para cubrirse los ojos. Buscaba desesperada una forma de concentrarse para que todo saliera bien. No quería quedar como una ridícula frente a él. Todo menos eso. Fue entonces que sintió como su cuadernillo resbalaba suavemente del poder de su otra mano, casi pasándolo por desapercibido...

¡Un momento!

—¿Pero qué tenemos aquí? —Intempestivamente, sus ojos se abrieron de súbito al escuchar la casi burlona voz de Inuyasha sacarla de sus pensamientos. Y cuando cayó en la cuenta, él joven a quien tanto quería ya tenía su cuadernillo entre sus manos. Lo suficientemente lejos de ella—. ¿Por qué no leemos un poco del arduo trabajo de Higurashi-san?

La emoción percibida en sus compañeros de clase, la hundió.

Con rapidez, la joven de cabellos oscuros se levantó de su pupitre y estiró los brazos en busca de alcanzar su cuadernillo. Pero Inuyasha era lo suficientemente alto como para alzar sus brazos y que ella no pudiera alcanzarlo—. Espera, Higurashi. Primero leeré un par de líneas para nuestros compañeros.

—Inuyasha-kun, por favor no lo hagas... —Suplicó Kagome, siempre con sus ojos suplicantes por que le devolviera el cuadernillo; más sin embargo él parecía muy entretenido pasando las páginas de su cuadernillo, donde seleccionó una aleatoriamente y comenzó a recitar—. Por favor, Inuyasha-kun... —Susurró Kagome mientras bajaba la cabeza, completamente resignada.

—No te puedes imaginar lo feliz que estoy. Hoy me ha vuelto a ver... —Inuyasha inclinó suavemente el cuaderno hacia abajo, de forma que pudiera entender lo que leía—. Es como si quisiera imaginarme que tendré una oportunidad con él... pero no creo que eso sea posible jamás. Es decir... ¿Cómo podría alguien como él fijarse en mí? En mí, que no tengo ninguna clase de atractivo. En mí, cuando sé que siempre ha rechazado a todas... —Kagome palideció. No quería que llegara al final de su lectura o él conocería la verdad detrás de su cuadernillo. Especialmente porque en algunas de las entradas especificaba el nombre de Inuyasha. Y casualmente esa era una de esas.

Si Inuyasha lo leía su estado de ánimo se iría por los suelos. Con el pesar que la idea le producía, bajó la cabeza, a punto de colapsar de tristeza. El sordo cuchicheó de sus compañeros haciendo alusión a sus escritos, tan parecidos al diario de una chica enamorada, tan sólo la hizo sentirse más humillada aún.

Por otra parte, Inuyasha parecía demasiado divertido con la idea de leer la romántica idea de escritura de su compañera, cada vez más y más apasionado, como si fuera un asiduo fan de la lectura—. Si tan sólo supiera lo que siento por él... es que no puedo evitar amarlo. ¡Lo Amo! ¡Lo Amo Más Que A Nadie En Este Mundo! A él... Mi-... —Entonces paró.

En ese momento ocurrieron varias cosas al mismo tiempo.

Kagome apretó los ojos con fuerza antes de armarse de valor y alzar la cara. Inuyasha se quedó impávido en su sitio mientras leía una, dos, tres, cuatro veces el nombre escrito ahí, como para asegurarse de que no era una alucinación. Luego sintió que alguien le daba el manotazo de su vida al pobre cuadernillo, que salió directo al piso.

El joven de cabellos plateados tenía una expresión ida y sorprendida, con el rostro fijo en la lacrimógena expresión de Higurashi Kagome, quien le vio con una ira contenida antes de correr fuera del aula.

La expresión martirizada de esa muchachita le pareció definitivamente angelical. Le pareció demasiado adorable como para ser cierta.

Los cuchicheos del grupo comenzaron al acto, algunos calumniando a Inuyasha, otros alabándolo por su trabajo, otros completamente divertidos con aquel diario de una chica enamorada.

Pero, ¿qué era lo que Inuyasha había leído para quedar tan impresionado?

.

¡Lo Amo! ¡Lo Amo Más Que A Nadie En Este Mundo! A él... Minamoto Inuyasha.

.

Su nombre.

Aún sorprendido por su nuevo y accidental descubrimiento, se inclinó lentamente en el suelo y estiró su brazo en dirección a donde había caído el cuadernillo. ¿Era eso? ¿Era esa la razón por la cual Minato y Shuuji parecían más que sorprendidos? ¡Vaya! Ni siquiera lo había sospechado...

En esos tres años ni siquiera había reparado en sus existencia, pero ella...

Con una extraña sensación llenándole el cuerpo, su mente y su sistema locomotor, sólo pudo hacer una cosa: salir tras ella.

No tenía ni idea de qué sería lo que haría una vez que la alcanzara, pero tenía esa necesidad urgente de asegurar que lo que acababa de leer no era producto de su imaginación. Por otra parte, le pareció que sus pies no estaban trabajando adecuadamente, pues le pareció ir mucho más lento de lo usual. Inclusive le pareció haber chocado con sus amigos.

Luego, la pudo divisar, saliendo directo hacia el portón de la entrada y con sus zapatillas de interior. ¡Como si eso importara! ¡Ahora sólo quería alcanzarla! Inconscientemente, siguió su ejemplo.

—¡Higurashi! ¡Espera por favor, Higurashi! —Llamó Inuyasha en vano, pues sus gritos fueron sofocados por el sonido de la campana de la escuela que anunciaba la entrada a clases—. ¡Higurashi!

Quiso estirar su brazo cuando se vio más cerca de los ahora torpes pasos de la muchachita, cuando la vio siendo atajada por otro cuerpo que le impedía seguir.

—Ka-Kagome... —La forma tan tierna y cariñosa en que escuchó el nombre de la muchacha pronunciado, obligó al ojidorado a detenerse abruptamente para observar al joven de cabellos negros atados en una coleta alta, tomar por los hombros a la chica que perseguía...

—K-K-Ko-Kouga-kun... —Entonces la parte confusa de la situación recién suscitada comenzó a tener coherencia para él. Y cuando vio cómo la chica pasaba sus brazos alrededor del cuello del susodicho, todo fue claro como el agua.

Era Kouga Matsura, el capitán del equipo de futbol soccer. Guapo y arrogante, casi tanto como él. Entonces recordó que le sonaba el nombre de Higurashi Kagome, pues era el objetivo amoroso de Kouga, a quien nunca antes le había puesto tanta atención como ahora. Y casi como si fuera ligado todo, recordó lo que Shuuji y Minato habían tratado de decirle esa mañana y que había ignorado rotundamente.

.

... Higurashi Kagome, idiota. La chica más linda de todo el instituto. La chica que más idiotas ha rechazado cuando se le proponen. La que no hace chocolates en San Valentín. La misma que podría competir contra ti viendo quien ha despachado a más gente. La que no sale con nadie. Dicen está enamorada en secreto de alguien del instituto, pero que es demasiado tímida para siquiera soltar sospechas sobre ello. Me pregunto quién será... espero que seamos uno de nosotros. ¿Han notado cómo voltea de vez en cuando hacia donde nosotros estamos...? Creo que es uno de nosotros...

.

Y a final de cuentas, las sospechas de Shuuji eran acertadas. Ella estaba... enamorada...

De él.

—¿Qué sucede, Kagome-chan, por qué lloras? —Preguntó amablemente su nuevo intermediario, aquel que ahora le separaba del objeto de su burla anteriormente.

—Kouga-kun... ¿Podrías llevarme a casa, por favor? Yo-... —Y entonces la muchacha ahogó el dolor contenido, sin poder ocultarlo del todo, los gemidos adoloridos salieron de su boca.

Kouga frunció el ceño ante la expresión de su amiga; luego clavó sus ojos de zafiro sobre Inuyasha. Su expresión se hizo grave—. ¿Minamoto? ¿Te hizo algo Minamoto? —La pregunta del joven capitán era defensiva. A pesar de eso, no logró intimidar ni incomodar a Inuyasha.

—Higurashi, yo-... sólo quiero entregarte... —Inuyasha estiró su brazo, como para devolverle su cuadernillo a la chica, pero resultó completamente en vano. Ella parecía destrozada.

—¡No lo quiero! —Gritó Kagome mientras escondía su húmedo rostro entre el uniforme de Kouga, a quien se aferró aún más. La situación pareció tener sentido para él.

Después de todo él, Kouga Matsura, estaba perdidamente enamorado de ella desde mucho tiempo atrás, quizá incluso mucho antes de haberlo conocido. Aunque Inuyasha no sabía la clase de relación que estos llevaban, al parecer era de buenos amigos. Y por lo que podía apreciar, Kouga estaba enterado de los sentimientos de Kagome hacia él.

Él era, tristemente, uno más en la lista de rechazados de Kagome.

Porque en su corazón sólo había un hombre.

Inuyasha Minamoto.

—Quiero advertirte una cosa, Minamoto. Estoy muy interesado en Kagome-chan y si me entero que la has lastimado... me encargaré de hacerte pagar caro por tu sacrilegio. ¿Está claro? —Kouga sabía que amenazar al miembro estrella el equipo de lucha no tendría gran impacto en el mismo, pero no podía evitar sentir esa clase de ira al imaginar siquiera qué cosa le pudo haber hecho él para que Kagome hubiese quedado así.

Es decir, que él recordara, Inuyasha nunca había reparado en Kagome.

Sólo esperaba que Kagome no fuera una excepción al rechazo de Inuyasha. Sólo así ella podría aceptarlo algún día.

—Kouga-kun vámonos, por favor. No quiero seguir aquí. —Suplicó Kagome, suave y cansinamente, mientras que Kouga pasaba a ignorar a Inuyasha completamente y pasaba a atender las necesidades de su amiga, a quien pronto sacó de ahí, sin importarle siquiera que las clases recién comenzaran...

Inuyasha sólo la observó alejándose con una extraña sensación en el estómago y el cuadernillo de la joven en su mano derecha, inútil e inservible.


Fin del capítulo 1.

Continuará.