INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SI.

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Serie de Drabbles que tendrán conexión entre si

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Una primera Vez.

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ACTO 5

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La primera vez que se dieron cuenta que querian pasar el resto de su vidas, juntos.

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¿En que estaba pensando?

¿Cómo se le había ocurrido proponerle matrimonio?

¿Qué era él? ¿Qué tenía para ofrecerle?.

Nada excepto…

Una vida llena de miedo a que cuando Naraku supiera todo esto, hiciera lo posible por arrebatarle la perla y quitarle esa vida que le había sido otorgada en pos en un maquiavélico plan, pero que también, le había hecho conocer lo impensable: el amor.

Menos mal ninguno de sus antiguos compañeros podía ver su calamitoso estado actual.

Es que luego de aquella intrépida solicitud a Kagome donde le pedía casarse con él, ella solo se limitó a enrojecer y simplemente quedó muda.

Bankotsu no insistió, pero luego de esto, y de dejarla de vuelta a salvo en la cabaña de la aldea donde Kagome vivía, no volvieron a intercambiar palabras. Él estaba demasiado apenado.

Él llegó a la conclusión de que quizá ella no este verdaderamente enamorada como se lo había dicho, sino solo viviendo esa ilusión que creó en base al compañerismo por la supervivencia en un lugar desconocido, y que no perdía la esperanza de volver a sus antiguos amigos..

La sombra de los celos se apoderó de él, al rememorar.

Inuyasha…

Quizá ella, en el fondo de su corazón aun albergaba ese deseo de verlo y quizá por ello no pudo responder esa proposición.

Bankotsu se sentía tonto.

Había sido muy impulsivo al haberle propuesto algo así.

Ella no tenía la culpa.

Ese no era el lugar de Kagome.

Ella no pertenecía a este lugar desconocido, alado de un hombre que estaba viviendo una vida prestada.

Todo lo que había estado viviendo hasta ese momento había sido un sueño, y quizá era tiempo de despertar.

Pensaba esto, mientras observaba su barca en la orilla, sentado sobre la arena.

Aunque le doliese, era hora de tomar una decisión.

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Había pasado un día desde aquella tarde cuando las palabras se le atragantaron cuando escuchó a Bankotsu proponerle a bocajarro, nada menos que matrimonio.

Si para Bankotsu fue como un calvario, para Kagome había sido peor.

Ni siquiera podía hacer las cosas más básicas de la casa, como coser o limpiar. Ni siquiera podía concentrarse en cocinar los alimentos y hasta la señora Okina tuvo que reprenderla un par de veces, porque ellas se encargaban de preparar alimentos que luego repartían a niños huérfanos o ancianos.

Y justamente cuando su mente estaba atorada pensando en el shock que le había provocado aquellas intrépidas palabras de Bankotsu, una voz infantil, de uno de los niños, a quien ella estaba sirviendo la comida, la despertó.

— ¿Hoy no vendrá el señor Bankotsu a buscarla?

Sí, todos sabían, que ella era la novia del temible hombre que solía cuidar la aldea y que ahora también capitaneaba un barco, que proveía a la aldea, y que vivía en el bosque.

—No…no creo que venga hoy— se limitó a responder Kagome.

El niño que había preguntando siguió indagando.

—Mi madre dice que el señor Bankotsu a pesar de ser un tosco, no merece vivir en el bosque. ¿Cuándo lo traerá a vivir con usted, señorita Kagome?

Kagome ya no respondió, solo se limitó a servir la sopa al cuenco del niño que la veía con ojos curiosos.

¿Quién lo hubiera pensado?

Que alguna vez caminos tan distintos como la de ella y Bankotsu, se podrían unir, pero aun así, tenía miedo. Había aceptado el hecho de tener sentimientos por Bankotsu, pero cuando él le propuso matrimonio ella se encontró sin saber que responder.

Había terminado de servir a los niños, cuando el resplandor leve de la oscura porción de perla, que ella tan bien conocía, se le hizo presente, la hizo levantar los ojos.

Había aparecido de repente.

Bankotsu estaba parado justo frente a ella.

—Necesitamos hablar, Kagome.

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Estaba parados uno frente al otro en la mismísima orilla donde aparcaba el barco de Bankotsu.

Los rayos tibios del sol de la tarde dibujaban con su perfume las suaves olas que se mecían en calma y daba un tono brillante a los rostros de las dos personas que estaban allí frente a frente.

Kagome no comprendía porque el moreno había escogido ese sitio para conversar. Sus nervios casi la habían traicionado ya antes, cuando lo veía caminar con la visión de su impresionante espalda fornida, pero aun así no habían intercambiado palabras.

Y ahora, solos, en esa orilla, Kagome no sabía que sentir ni decir.

Solo cuando él habló, mirándola con sus ojos azules quietos y sin su habitual sonrisa sardónica, pudo calmarse un poco.

—Kagome…siempre fui un hombre que no se acostumbró a rogar. Si quería algo, simplemente lo tomaba. Aun ahora, después de haberte conocido…me di cuenta que no puedo cambiar…no quiero rogarle al destino, simplemente deseo seguir arrebatándole. Es por eso…. — fijando su mirada azul en ella para después añadir, ya con su mirada escondida bajo el flequillo—. Que debes volver con los tuyos.

Kagome abrió mucho sus ojos.

¿Acaso estaba oyendo bien? ¿Bankotsu quería que se fuera?

Un sinfín de emociones la inundó en ese instante, pero aun asi seguía paralizada sin moverse.

—Gracias a la experiencia en el barco, fui capaz, de ubicar con mis hombres la zona geográfica donde está ubicada la aldea de ese pozo del que me habías hablado. Podremos llevarte a casa Kagome. Allí donde esta….Inuyasha— esta última palabra, con el nombre de aquel despreciado rival, le salió con un dejo aspero.

A decir verdad, les estaba costando horrores decirle todo a Kagome, y más cuando ella no respondía, haciéndole pensar que quizá todo lo que había sospechado y pensado era verdad.

Eso le dolió….y mucho.

Lo último que le dijo le salió del corazón, por atreverse a pensar que él podía aspirar o tener derecho a quedarse con ella.

—No quiero arrebatarte, Kagome. No te obligaré a quedarte. Estoy muerto de todas formas….pero igual, quiero que seas feliz aunque sea con el infeliz de ese hibrido—con un tono más bajo que el anterior.

Ya para ese momento a Kagome le fue imposible no echar dos lágrimas que le salieron del alma.

Cuando Bankotsu se percató de eso, se removió un poco, porque no le gustaba verla llorar.

¿Lloraba de felicidad por saber que podría reunirse con Inuyasha, tal vez?

Lo que sea, pero a pesar de que le dolía como nunca le había dolido el corazón, decidió seguir con su plan inicial.

Sabía que dentro de todo Kagome era muy inocente y quizá hasta por darle el gusto, no aceptase sus ofrecimiento, así que tomó recaudos.

Hizo una seña a los hombres que estaban cerca de las rocas, cuidando el barco, y estos se acercaron. Ya estaban perfectamente amaestrados.

Mandaría a Kagome a su hogar, aunque sea a la fuerza.

Y fue tan rápida, que antes que Kagome pudiera reaccionar, ya los dos hombres de Bankotsu la tenían agarrada de los brazos, y según ordenes de su propio capitán, debían llevársela aunque sea a rastras.

— ¡¿Pero qué sucede?!No!, suéltenme..—gritó la chica, sorprendida, pero ya Bankotsu le había dado la espalda, porque no tenía fuerza de mirarla a los ojos.

—Lo hago por tu bien. Tú en el fondo deseas volver. Estarás bien, Kagome. Ellos te pondrán a salvo.

La chica intentó removerse del agarre de los hombres, quienes por órdenes de su capitán, la tenían fuertemente sostenida, aunque no al punto de hacerle daño.

Tenían expresas órdenes de asegurarse de dejarla a salvo en la aldea del árbol del Goshimboku. Eran buenos hombres y Bankotsu tenía probadas sus lealtades para este trabajo, porque él creía que no era conveniente que fuera a llevarla él mismo.

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Kagome sintió como la alzaron al barco, pero en ningún momento quitó sus ojos del hombre alto parado más allá de la orilla, que observaba con ojos apesumbrados aquella marcha.

Era cierto que había estado con miedo y muy dubitativa, pero verlo así, tan indefenso e incluso renunciando a cualquier posibilidad con ella, porque creía que eso era lo que ella quería en el fondo de su corazón.

El solo pensar en la posibilidad de estar lejos de él…

De no poder volver a verlo…

Que Naraku pudiera dar con él y arrebatarle ese fragmento…

El solo pensar que pudiera morir. Porque eso era lo que le esperaba a Bankotsu.

Ella quizá podría volver a su antigua vida, pero él…

En un arranque inesperado, haciendo uso de una fuerza que asustó a los jóvenes marineros, en un descuido, ella saltó en una temeraria acción desde la proa hacia el lado del agua.

—¡Señorita Kagome!No lo haga!

Ella no iría con ellos.

Cuando lo único que deseaba era quedarse junto a Bankotsu…

El agua estaba fría y a pesar de ser una zona de la orilla, era bastante profunda, que cuando Kagome cayó, se produjo todo un pequeño estruendo, tanto que ella, creída de sus habilidades como nadadora no pudo prever.

Bankotsu cuando lo vió casi se muere del susto, pero reaccionó a tiempo y corrió a su vez, para tirarse al agua, para salvarla.

¿Ella se había arrojado porque no quería irse?

— ¡No pienso irme a ningún sitio sin ti!— alcanzó a gritar por primera vez Kagome, en medio de la tragadera de agua, intentando nadar hacia la orilla, pero las oleadas apretaban con fuerza.

Posiblemente se hubiese ahogado, si unos fuertes brazos no la hubiesen sostenido fuertemente y un intenso aroma a bergamota no se le metiera por las narices.

— ¡Estupida Kagome!—lo oyó decir, al tiempo que la tomaba de la cintura y la quitaba, con mucha seguridad del agua.

Ella se apretó a su pecho al mismo tiempo.

Al llegar a la orilla, escupió un poco de agua y ambos se sentaron sobre la arena.

— ¿! Porque lo hiciste, Kagome?¡, pudiste haber muerto si yo no estaba…

Ella hizo caso omiso al regaño, y se arrojó a los brazos del moreno.

—Nada de lo que hagas, hará que me aleje de ti….!porque lo único que deseo es estar a tu lado..

—Kagome…

— ¡No me importa cuando tiempo sea!… ¿me dejarás permanecer a tu lado?— decía Kagome apretándose al pecho del moreno, tanto como podía.

Estaban empapados de agua, pero el calor de sus corazones latiendo con fuerza podía percibirse con fuerza.

Él ya no pudo resistirse y la estrechó fuertemente entre sus brazos.

La escena se había puesto tal, que los dos hombres de Bankotsu que observaban desde la proa del barco, tuvieron que ocultarse de inmediato.

—Yo tampoco deseaba que te fueras…pero creí que era lo que de verdad querías—pudo añadir el moreno en voz baja

—Mi lugar es contigo….creí que ya lo sabias…— murmuró la chica, aun temblando entre los brazos de su amado para después decir—. Entonces… ¿me dejarás permanecer a tu lado?

—Hasta que la muerte nos separe…— musitó Bankotsu en una frase que le vino desde el fondo del corazón.

Ya no le importaba si con esto estaba siendo egoísta.

Él no quería alejarse de Kagome.

Eso no lo permitiría.

Ella empezó a lagrimear pero de felicidad, y buscó los labios de Bankotsu.

—Hasta que la muerte nos separe—repitió Kagome sobre los labios tibios del moreno

Terminaron cayendo uno encima del otro sobre la tibia arena de la orilla.

No llegaron a mayores, porque Bankotsu pudo controlarlo al final, porque sabía que la virtud de las muchachas era un bien demasiado preciado que solo podía tomarlo cuando estuvieran casados.

Y además porque sabía que sus dos marineros aún estaban escondidos en el barco aparcado.

Pero ya no había dudas de nada entre ambos.

Sabían con seguridad que se amaban, y no les importaba dar un paso más en su relación.

Y vivir juntos, como se habían prometido…hasta que la muerte los separara.

CONTINUARÁ


NOTAS

Soy terriblemente consciente del OOC de Banky, pero hoy estoy estilo romántica mode on.

En los siguientes capitulos, todo un desafio, intentaré volver a escribir algo de lime, que hace mucho que no lo hacía.

Bueno, fin de capitulito 5, bien sencillito.

Mis agradecimientos a mis dulces comentaristas: Michelle-Taisho14, Anglica,linithamonre77,Alessia de Piscis,pao59,bulbriouji y por supuesto mil gracias a los que siguen añadiendo el fanfic en favs y follows.

Nos leemos al rato.

Besitos.

Paola,