INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SI.

.

.

.

Serie de Drabbles que tendrán conexión entre si

.

.

.

Una primera Vez.

.

.

.

ACTO 12

.

.

.

Que finalmente se encontraron

.

.

.

El viaje no fue agradable para Kagome por su condición, pero resistió bastante bien a pesar de todo. Bankotsu la habia cuidado bien, al menos ese habia sido su gran consuelo en estos días de travesía, donde las aguas del rio podrían a llegar a ser bastante caudalosas.

Kagome hizo algún esfuerzo, pero la verdad es que le hubiese gustado tener algún tipo de contacto telepático con Kikyo como antes, como una forma de preaviso, pero sin embargo no pudo hacerlo.

Quizá Kikyo ya no estaba viva, era muy probable, pero también era posible que sus habilidades se hayan visto menguadas por el cansancio y la sensación de agotamiento que le traía este embarazo y el viaje incómodo.

Lo que si intentaría proteger como pudiera la luz del trozo de perla de su marido, que cada vez estaban más brillante, lo que implicaba que cada día que pasaba, la misma iba purificándose más y más.

Se quedó dormida en un momento dado, a pesar de que su marido le habia avisado que llegarían en cualquier momento.

.

.

.

.

Bankotsu y dos de sus hombres bajaron para mirar el puerto donde iban a aparcar. Estaba vacío, pero aun así el joven mercenario devenido en capitán de barco bajó con su enorme arma a cuestas para ver si veía gente.

Sinceramente esperaba que Inuyasha y los otros pudieran estar allí, esperándolos, tal vez por la alarma del aroma de Kagome, si es que en verdad su poder olfativo era tan inigualable como decía Kagome o por si Kikyo seguía viva, pudiere detectar su propio fragmento, purificado por su esposa.

Tampoco señales o rastros de los otros acompañantes.

En ese instante, Kagome que estaba aún en el barco, despertó por la sensación de que algo estaba mal, y se llevó una mano en el pecho. Se incorporó enseguida, ya no era mero presentimiento lo que tenía. Era una visión.

Gritó el nombre de su esposo, a que viniera por ella.

Habia algo que tenían que hacer.

.

.

.

.

Era horrible, pero nunca antes habían tenido una intervención de Naraku que lo hubiera tomado tan de sorpresa.

Miroku, si bien habia tomado la poción para evitar el dolor, sabía que no podía usar el vórtice tanto como pudiera.

Sango e Inuyasha junto con Shippo debían hacer lo que podían, no solo para proteger a Kikyo, sino a Kohaku, que era dueño de un trozo de perla, y que intentaban cuidar con desesperación, ya que era el antepenúltimo trozo, y que además mantenía con vida al hermano de Sango.

Kikyo tenía el hombro lleno de miasma, y no habia podido curarse a sí misma. Su hermana Kaede habia intentado purificar cuanto podía, pero solo servía para mantenerla con vida un poco más ante la desesperación de Inuyasha, y por ende de los demás, que dependían de la habilidad espiritual de la sacerdotisa, como antes lo estuvieron de Kagome.

Pero ella ya no estaba. Y aunque sufrían mucho por su ausencia, habia aprendido a vivir con el dolor de no saber nada de ella porque aunque seguían buscándola, también tenían el deber primario de derrotar a Naraku, porque después de todo es lo que querría Kagome si estuviera con ellos.

Esta vez el asunto iba muy complicado, con Miroku casi desahuciado por el miasma, habia quedado en tierra, intentando proteger a Kikyo, en tanto Sango, Kirara, Inuyasha y hasta Shippo se enfrentaban a las aves infernales que habia lanzado Naraku, que además no dejaba de lanzar telarañas mortales.

Fue en ese preciso instante, cuando Miroku y Kikyo pensaron que iban a morir, cuando con sus horrorizados ojos, vieron como una parte del cuerpo tentacular de Naraku logró filtrarse entre las barreras de sus compañeros.

Ni siquiera lograron pensar nada.

Pero sin embargo algo pasó.

Una intensa luz brillante, propia de un ser de maravillosa fuerza espiritual apareció enfrente de Miroku y Kikyo protegiéndolos en forma de barrera, que destrozó los tentáculos del impávido Naraku, y que incluso estuvo cerca de purificarlo a él mismo, sino se hubiera alejado de inmediato.

Para Inuyasha, fue como si el tiempo se hubiese detenido. No lo habia visto venir, no habia sentido ese nostálgico aroma, porque estaba enloquecido peleando por su vida. Pero miró a ver que sus sentidos no lo engañaban.

Y fue ahí donde la vió.

Kagome. Sí, porque era Kagome, era ella. Aunque luciera muy diferente, esa aura espiritual, aunque bastante incrementada, y un aspecto de madurez, era quien tenía sus dos manos en alto, apuntando hacia Kikyo y Miroku, creando la barrera que los protegió.

―! Es Kagome!―fue el grito del hibrido, imposibilitado de no semi morirse ante la visión de volver a ver a Kagome.

Esa intensa opresión idéntica, como si hubieran visto un fantasma fue la que sintieron todos los demás, pero la que sintió un estremecimiento fue la propia Kikyo, dudando al inicio que se tratara de Kagome, por el poder que detentaba

―! Señorita Kagome!―el grito de Miroku no se hizo esperar

Naraku se volteó para ver a la intrusa. De alguna forma no parecía tan sorprendido y fue allí, que se liberó del agarre y salió escapando, sin decir una sola palabra, y raramente sin fijarse en el hombre que estaba con ella.

―Maldito cobarde….está volviéndose a escapar..―arguyó Inuyasha cuando se percató que el malvado hibrido se estaba escabullendo.

Antes de desaparecer, los ojos de Naraku hicieron contacto con los de Bankotsu, y el ex mercenario pudo notar como le brillaban, como si algo le hubiera funcionado.

El moreno frunció sus labios de rabia.

¿Qué podría estar tramando ese miserable?

Pero de todas maneras ya no pudo seguir pensando en eso, ya que las miradas de todos estaban dirigidas a ellos, a Kagome, y por inercia a él.

Kagome tragó saliva ante esto y caminó hacia el grupo.

Su esposo que vigilaba todo de cerca, caminó lentamente detrás suyo.

Inuyasha fue el primero en ir hacia ella.

―Kagome…―aunque luego bajó su mirada hacia el vientre de la joven, prominente e intenso.

No supo que decir ni hacer debido al tremendo golpe psicológico que implicó para él, pero luego recordó al miserable que estaba detrás de ella.

―Antes que digas nada, Kagome, ¿Qué hace este matón de Naraku contigo?―apuntándolo con su Tessaiga.

―Inténtalo a ver si puedes conmigo, hibrido ―desafió Bankotsu, pero sin desenfundar

Kagome que sabía que algo así podría pasar, se apresuró en ponerse para separarlos.

―Sé que mereces una explicación―finalmente adujo Kagome, para al mismo tiempo observar a Miroku sosteniendo a Kikyo, y Sango con Shippo y Kirara que venían hacia ellos. Fue ahí que Kagome cobró valor, más cuando vió al pequeño Shippo, entre sonriente y confuso, pero que no acercó a ella, justamente porque Bankotsu estaba con ella―. Es por eso voy a decirles toda la verdad.

Sango, al verla, habia tenido un ligero dejo de enojo y hasta pensó en golpearla, pero lo olvidó en cuanto la vió sana y salva, y su corazón en esencia bondadoso no pudo evitar estremecerse y correr hacia Kagome para abrazarla. No importaba cuál era su excusa, nada le impidió literalmente arrojarse a los brazos de su amiga, que durante tanto tiempo habia creído desaparecida.

Kagome la recibió con los brazos cálidos, ella también la habia extrañado mucho.

― ¿! Donde estuviste, Kagome?!―sin soltarla, aunque luego cuando sintió algo, se separó un poco para observar su vientre―. ¿Y esto, Kagome?

La muchacha sonrió ligeramente, tocándose el vientre.

―Sí, es lo que es. Estoy esperando un bebé para unos pocos meses.

Miroku sonreía. Él monje nunca juzgaba, pero no quiso acercarse. Él, con su particular inteligencia ya habia podido deducir que el padre del bebé debería ser el moreno que la acompañaba y que se veía incómodo con todo esto, pero se abstuvo de hablar ya que Inuyasha, al contrario de ponerse celoso, prácticamente estaba paralizado.

Finalmente lo vió avanzar unos pasos.

―Kagome...

Fue ahí que la joven ya no pudo seguir más y rompió a llorar.

Los habia extrañado por demasiado tiempo. Los habia añorado mucho, y ahora se sentía tan mal al verlos tan abatidos con sus desaparición.

Es muy complicado explicar algo así, más cuando después te presentas sana y salva, además acompañada de un hombre que hasta hace poco era enemigo mortal de todos. Y también embarazada.

Bankotsu no pudo evitar su mal genio. Ya estuvo bueno, ella no habia venido a sentirse mal ante todos ellos, así que dio un paso al frente cubriendo a Kagome, y frunciendo el ceño.

―Van a tener su maldita explicación, pero están advertidos que si percibo alguna mala reacción me la llevaré de aquí. Kagome no les debe nada a ustedes.

Inuyasha por supuesto fue el primero en reaccionar.

― ¿Y quién te crees tú?, maldito idiota….solo eres otro secuaz de Naraku ¿Qué haces con ella?

Bankotsu solo esperaba que alguien preguntara, para decirlo, pero más le enorgullecía saber que hubiera sido ese maldito hibrido. Hace tanto tiempo que tenía esa espina clavada en el alma, producto de los celos que siempre le guardó, aun ya después de haberse casado con Kagome.

Inuyasha siempre sería un punto de inseguridad para él.

―Soy su marido―dijo Bankotsu, con un tono impasible, y mirando fijamente a los ojos de su rival.

Un gesto de incredulidad se dibujó en los rostros de todos. Ni siquiera la rabia que podía haberle explotado en la cara a Inuyasha pudo hacer efecto al oír semejante cosa.

Solo cuando Kagome levantó su mirada a ellos y dio el tiro fatal de confirmación, fue como que cayeron en cuenta.

―Por favor no peleen. Es cierto lo que dice, él es mi marido.

Ya lo habia dicho.

.

.

.

.

Té de hierbas. Mucho té fue lo que tuvo que preparar la anciana Kaede, para todos, aun impresionados tanto por volver a ver a Kagome, como por sus nuevas noticias.

La anciana se habia puesto muy feliz cuando volvió a ver a la joven, aunque el gesto fruncido del hombre junto a ella, no le causaba igual impresión. Le daba la misma sensación que a cualquier otro que no lo conociera: miedo.

Kikyo estaba semi recostada en un rincón, y justamente era con ella, con quien Kaede vino a sentarse, mientras oían el relato de Kagome.

Todos, por supuesto y como era de esperarse, estaban impávidos oyendo lo que la joven les decía.

Solo Bankotsu estaba impasible, con sus brazos cruzados sin moverse a su lado. Sabía que los amigos de su esposa lo miraban desconfiados y ni que decir esa Kikyo, quien siempre le habia tenido ojeriza, porque cuando se habían conocido, él le habia dicho muchas verdades.

―Fue después de un tiempo que Bankotsu pudo encontrar de nuevo esta aldea, y quise venir―fue que lo que agregó Kagome al final de su relato, aunque intentó no ser explicita en contar como fueron sus primeras épocas de vivir con el secuestrador que después se volvió su esposo.

―Todo este tiempo…estuviste bien….―apuntó Inuyasha

―Él cuidó de mí, y no espero que lo entiendan. Es por eso que vine a pedirles perdón. También a mi familia se los debo. Soy consciente de que las cosas serán muy difíciles.

―El trozo de perla que tiene él, esta purificado―añadió Kikyo.

Fue en ese momento, que las antiguas rivales se miraron.

Kagome ya no la miraba con ese miedo a ser juzgada como antes, o con ese sentimiento de inferioridad que antes le tenía frente a la majestuosidad de esa sacerdotisa. Por algún motivo, la presencia de Kikyo siempre la hacía sentir torpe o tonta, y no solo con respecto al cariño de Inuyasha, sino en todo.

Pero ahora ya no se sentía así. Kagome habia vivido una experiencia que la hizo madurar en muchos aspectos. Habia trabajado, y habia subsistido por su cuenta. Y también habia encontrado a un hombre que amaba incondicionalmente.

Ya no se sentía en perpetua desventaja ante ella.

―Así es, Kikyo…yo cuidé del trozo de Bankotsu.

La aludida no respondió.

―Kikyo ha estado luchando desde que Naraku la atacó. Se han reabierto sus heridas y eso poco a poco la va consumiendo. Se ha quedado con nosotros, porque apenas puede mantenerse en pie―agregó Sango

―Las cosas han sido difíciles sin usted, señorita Kagome―apuntó Miroku

― ¿Pero vas a quedarte con nosotros, verdad?―se atrevió Shippo a decir, a pesar del miedo que le causaba el marido de su amiga

Kagome miró a Inuyasha, que seguía sin decir nada.

―La verdad….―tartamudeó Kagome, no se esperaba esa pregunta y tampoco habia pensado en eso, desde que habia entrado en la empresa de venir a este lugar. Ella solo deseaba volver a verlos, pero evidentemente la practicidad de quedarse con ellos, al menos hasta que naciera su bebé le llamaba la atención.

Pero también tenía que respetar la posición de su esposo, quizá a él no le gustaría la idea.

―No deberían irse. Entiendo que quizá quieran volver a su casa, pero al menos quédate aquí hasta que nazca el niño―apuntó Sango.

―Yo creo lo mismo, señorita Kagome―fue lo que añadió Miroku.

―Quédate, Kagome―fue la voz de Shippo la siguiente.

Kagome se sintió turbada, ante tanta muestra de confianza de sus amigos que no la juzgaban luego de su confesión.

Por inercia miró a su marido, ya que después de todo, la decisión de quedarse o que hacer, también era asunto suyo.

―Ya sabes que voy a apoyarte, aunque no esté de acuerdo―fue la certera respuesta del joven esposo, quien nunca habia abandonado su semblante serio y sus brazos cruzados.

Kagome le sonrió.

Solo Inuyasha permanecía callado y ni siquiera habia bebido el té que Kaede habia servido para todos.

―¿Podrían dejarme a solas con Inuyasha por favor?―la sorpresiva petición de Kagome hizo que su marido enarcara las cejas de rareza.

Lo mismo los demás, aunque estos no tardaron en salir calladamente, liderados por Miroku y Kaede que eran dentro de todos, los que más sentido común tenían, y sacaron arrastrando a los otros.

Solo quedaron dentro Inuyasha, Bankotsu y Kagome.

El ex mercenario no habia salido. Él consideraba que debía permanecer, después de todo, él era el marido de ella, debía estar presente, pero su esposa lo miró aprehensivamente.

―Por favor, Bankotsu, solo será un momento.

El joven se turbó, pero al final accedió de mala gana.

―Mph…no te tardes, y grita si este imbécil intenta algo―saliendo afuera, aunque la idea no le gustaba nada.

.

.

.

.

Inuyasha le daba la espalda a Kagome que seguía sentada, mirando su propio regazo.

La joven habia tomado mucho de su valor, para atreverse a pedirle a su propio marido, que le diera un pequeño espacio, para hablar a solas con el hibrido, pero ahora las palabras no le salían.

―Quiero que sepas que nunca fue mi intención lastimarte―finalmente logró decir la joven―. Pero las cosas sucedieron así, y no te pido que me perdones, pero esta fue mi decisión. Pero también quiero que sepas, que a pesar de todo, yo quiero cumplir eso que te dije un día, que iba a permanecer a lado de ustedes, tampoco quiero huir de mi responsabilidad hacia Naraku, ya que fui yo quien destrozó la perla.

―Eso es cierto―la interrumpió Inuyasha, haciendo que Kagome abriera los ojos―. Eres responsable….y por eso debes quedarte―mirándola a los ojos, por primera vez―. Si ese imbécil no puede cuidarte como es debido, yo estaré aquí también. Yo también cumpliré mi promesa de protegerte.

Kagome estaba sorprendida, pero Inuyasha siguió hablando.

―Aunque eso no significa que vaya a hacerme amigo de ese idiota. Voy a tener mis ojos encima suyo, porque no confío en él―volteándose por completo a ella, aunque nunca quitó sus manos del interior de sus mangas.

Kagome, luego de la sorpresa inicial, sonrió.

Inuyasha habia estado muy enojado, pero al final habia acabado desinflándose al ver a esa joven que tantas cosas le enseñado y mostrado, ahora en un estado tan vulnerable.

No podía negar que de forma secreta siempre habia anhelado a Kagome y ella siempre sería la segunda mujer a la que habia querido, y que seguiría queriendo, pero al verla allí, más madura y resuelta, aunque sea con ese infeliz, le habia dado la respuesta.

Habia perdido a Kagome, pero él no la dejaría ir del todo. Por lo menos pediría para quedarse con ella, para protegerla desde lejos.

Tampoco permitiría que nadie supiera nunca de su dolor interno, porque literalmente tenía el corazón roto al ver a Kagome con otro hombre. La verdad esa pena que habia sentido cuando ocurrió lo de su amor frustrado con Kikyo no podía compararse con el profundo dolor que sentía ahora, pero Inuyasha ahora era más maduro, y afrontaría con valentía el saberse que no siempre podía obtener lo que más deseaba.

―Gracias, Inuyasha…―fue la expresión de alivio de ella. Quiso abrazarlo, pero él se negó.

―Mejor dejémoslo así, Kagome. No quiero complicar las cosas―fue su excusa, aunque en su fuero interno se muriese por estrecharla entre sus brazos, pero era mejor no crearse expectativas ya.

.

.

.

.

― ¿Entonces tienes un barco?―preguntó Sango al ex mercenario.

Estaban sentados a pocos metros de la cabaña de Kaede. Él seguía parado, con sus brazos cruzados recostado a un árbol.

No le gustaba como le miraban pero le habia hecho una promesa a Kagome antes de venir aquí. No le gustaba pensar que su esposa pudiera estar sola con ese hibrido, pero confiaba en ella.

―Sí, lo tengo―respondió escueto.

―Si Kagome está por tener ese bebé, ya saben que pueden quedarse en mi cabaña, no es espaciosa, pero de seguro podremos hacer lugar―implicó Kaede.

―Escuchen, que quede claro que no vine aquí a hacer lazos de amistad con ninguno de ustedes. Y no, gracias…si Kagome quiere quedarse, buscaremos un sitio, de ninguna manera nos quedaremos en esa cabaña. ¿Quedó claro?―finalmente mencionó el frio muchacho.

―No seas así, si Kagome está en un estado delicado, necesitará ayuda. Nosotros podemos cuidarla también―agregó Sango

El moreno ya no respondió, porque se daba cuenta que esos no cederían tan fácil.

―Además ¿Cómo sabes que Naraku no vendrá por ti? ¿o que intente quitarte tu trozo de perla?―puntualizó Kaede

―! Pues que lo intente!, lo estaré esperando―se enfureció el joven, aunque al rato sus ojos se encontraron con los de Kikyo otra vez, quien no dejaba de verlo―. ¿Y tú que tanto miras? ¿Acaso te gusto?―provocó Bankotsu a la sacerdotisa por el mero placer de ser grosero con Kikyo

―Solo me pregunto porque Naraku no fue por ti todo este tiempo―se limitó a decir Kikyo, semi recostada por el árbol y aún muy debilitada.

―! Hermana!―gritó Kaede, al oírla toser, para acercarse a ella

―Yo que tu no estaría tan tranquilo. Naraku tiene un motivo para todo y eso lo sabes muy bien―añadió Kikyo, mientras se dejaba hacer por Kaede.

El único que quedó callado, oyendo toda la charla fue Miroku, quien su sentido común le daban a entender que Kikyo podría tener mucha razón, pero por el otro, era cierto que la compañía de Bankotsu sería beneficiosa para el equipo, porque el monje sabía que él no dudaría en ayudarlos si Kagome se lo pidiera.

Shippo tampoco le hizo preguntas. Todavía el rostro fruncido de Bankotsu le daba mucho miedo. Y no tenía confianza suficiente, tal vez cuando Kagome terminara su charla con Inuyasha, podría atreverse.

¿Cómo fue que Kagome y ese hombre se liaron?

Además que las cosas eran inciertas. Ése hombre era un revivido y además ni estaban seguros de su posición con Naraku. En ese momento, un ruido dentro de la cabaña, daba señal de que Kagome estaba saliendo y detrás, Inuyasha.

La joven, no tardó en caminar hacia su marido. Era lo mínimo que podía hacer ya que de seguro éste ya estaba en los límites de perder la paciencia así que se acercó a él, como pudo en lo que le permitía su vientre.

Bankotsu dejó de prestarle atención y se fijó en las facciones calmas de Kagome. Es como si algo hubiese vuelto a ella.

― ¿Vas a quedarte, Kagome?, ¿con nosotros?―increpó Shippo.

La muchacha sonrió.

No habría nada en el mundo que quisiese más. Y lo haría hasta que naciera el bebé y supiesen más que hacer.

―Si me permiten, quiero quedarme por aquí, al menos hasta que nazca el bebé, y quiero volver a ayudarlos en lo que pueda en esta batalla contra Naraku.

―Pero no puedes ir con tu arco y flechas como antes―dedujo Sango

―No, pero en lo que pueda, ayudaré, además no estoy sola―tomando una mano de su esposo―. Mi esposo está conmigo y sé que va a protegerme. Confió en él.

El moreno se sonrojó. Las muestras públicas de afecto todavía le resultaban raras, y si bien, Kagome habia tomado la mala idea de quedarse, no lo habia hecho dejándolo de lado a él.

Eso lo alegró.

―Yo también voy a protegerte, Kagome, y lo sabes―la voz de Inuyasha se oyó también.

Tal vez no lucia como antes, pero Inuyasha ya estaba dando su visto bueno.

Quizá las cosas se veían muy apresuradas y hasta forzadas por la situación, pero la única cosa clara que tenían es tenían era derrotar a Naraku a toda costa, sumado a eso, la paz que ahora tenían al volver a reencontrar a su amiga perdida.

―Que así sea―guiñó Miroku

.

.

.

.

―Mañana buscaremos un sitio para nosotros, no te preocupes―aducía Kagome , pasándose una manta por sobre ella y su callado marido.

Kaede les habia cedido un espacio dentro de su cabaña, para que durmieran esa noche al menos, ya que el joven esposo no quería saber de dormir en un sitio como ese.

―Está bien―fue la escueta respuesta del joven.

―Estuviste muy callado todo el tiempo―se animó a decir Kagome, mirando la espalda de Bankotsu, que se habia volteado de ella.

―Hablaremos mañana. Todavía estoy enfadado con todas las decisiones que tomaste sin preguntarme antes―adujo el joven sin voltearse jamás.

―Espera, Bankotsu…―quiso decir la joven esposa pero fue interrumpida por el moreno.

―Está bien, cuando te dije que vendría contigo, sabía que harías algo así. Nos quedaremos aquí, y me quedaré contigo―volteándose a ver a Kagome que estaba recostada a su lado, y tomando una mano de ella, para besarla―. Debo asegurarme de protegerte como es debido, y no permitir que el idiota hibrido ése se me adelante.

Kagome, que habia estado muy nerviosa, no dudó en sonreír ante la declaración de su marido.

Ella habia sido un poco impulsiva, pero él no dudaría en acompañarla, y ella lo valoraba muchísimo.

Acercó sus labios a los de él en un corto beso y Bankotsu no lo evitó, aunque aún fingiera tener esa mueca de enfadado con ella.

No podía evitarlo y mucho menos resistirlo.

―Ya duerme de una vez, que mañana tenemos que buscar un sitio. No pienso quedarme en esta pocilga, donde además duermen la vieja esa y esa sacerdotisa con cara de envidiosa.

―No seas malo, Bankotsu...

―Pero si es cierto..

Bankotsu tenía razón. Por lo menos ahora debían dormir, ya desde mañana empezarían a trazar y vislumbrar un nuevo camino dentro de la vida en común de ambos.

Tenían más problemas de nuevo.

Naraku, su deseo de robarle su fragmento a todos lo que lo tuvieran, y que incluía al propio Bankotsu y quien sabe que más, pero al menos ahora si estaban todos juntos para poder enfrentarlo.

.

.

.

.

Esa sonrisa sardónica que tenía reservada desde hace tiempo volvió a emerger con más fuerza que antes.

Porque Naraku sonreía de esa forma, solo cuando algo le estaba saliendo condenadamente bien.

Sus planes con respecto a la sacerdotisa venida de un mundo extraño le salieron mucho mejor de lo esperado.

Tanto así, que su peón Bankotsu y ella ya habían decidido volver, y además se les notaba muy juntos y además probablemente ideando quedarse en esa aldea.

―Desde ahora será mejor esconderme un tiempo, para ganar seguridad y no le ocurra marcharse de este mundo con mi tesoro―urdió el malvado hibrido antes de echarse a reír con ganas por el inmenso placer que le producía el saber que su elaborado plan estaba ya frente a sus ojos.

Pobres idiotas….no saben lo que les espera…

CONTINUARÁ...


NOTAS.

Muchisimas gracias por haberme esperado por el episodio.

Como veran, en esta fase final, los capitulos ya van a ser consecutivos, y ya no tan apegado a la temática de la primera vez, porque aún falta por saber a que plan se referia Naraku con todo esto, asi como terminar de resolver todo el meollo de aqui.

Bueno, hablando de fics.

Estoy pensando en hacer un long fic basado en la pelicula Mujercitas dentro del marco de la actividad Rodando las Peliculas de la Banda de los 7, del grupo Circulo Mercenario, todavia no tengo fecha de publicación, pero me gusta la idea.

Veremos si por el camino me surge algún otro Bankag, ojalá que si, porque es mi pareja favorita y dudo mucho escribir de otros que no sean ellos.

Bueno, ahora a los agradecimientos.

Este episodio en particular se lo dedico a Alessia de Piscis, que hace poco fue mamá yo la creia perdida, pero no, alli estaba y ademas con una noticia muy linda entre manos.

Akane Kou, Titita Taisho, Kamisumi, Fran Garrido ( que tiene 3 fics muy buenos y que los invito a leer), Asia12, Anglica, Mony Mtzz ( tambien con fics en curso que las invito a leer) , Elizabeth Quezada.

Mil besos a ellas, que me dejaron un rw en el ultimo episodio.

Tambien agradezco mucho los ultimos follows y favs que fueron añadiendose al fic. Arigato en verdad.

A ver si alguien tiene una idea de que plan estará urdiendo Naraku.

Ahora si, las dejo, con un besito, por supuesto.

les quiere.

Paola.