Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi, es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.


Realizeit: Date Cuenta

por Onmyuji


Capítulo 11. Aniversario.


Hoy estoy muy feliz. Hoy, justamente hoy, se cumple nuestro cuarto mes de aniversario. ¡Estoy muy contenta! Estaba muy sorprendida cuando Inuyasha lo propuso oficialmente, y desde entonces muchas cosas han cambiado. Justamente hoy se me ocurre comenzar a usar el feliz regalo que me ha regalado. ¿A que no adivinas qué ha sido? Se le metió en la cabeza que sería lindo que escribiéramos un diario compartido, y pues aquí estoy, escribiendo precisamente en el mismo cuadernillo que Inuyasha me regaló. Bueno, fue un regalo de los dos para los dos, pero eso no le quita que siga siendo tan lindo.

¿Sabes? Para que todo esto fuera posible, tuvieron qué suceder un sinfín de cosas, la mayoría de ellas bastante desagradables. Pero ahora sé que Inuyasha y yo, posiblemente vayamos a estar juntos mucho tiempo. Lo adoro, es tan lindo que sería imposible no quererlo. Al fin, ya todos en el instituto saben que Inuyasha y yo estamos bien, por lo que muchas de las bromas, los chismes y demás, han cesado.

Hoy es un día muy lindo. ¡Nuestro cuarto mes de aniversario!


—¡Y el ganador es Minamoto Inuyasha! —Se escuchó el veredicto final mientras estallaba el ensordecedor público animando a su victoria. Él se quedó ahí, despectivo, como si el público no le importase en lo absoluto. Observó a su oponente, fuera del área de combate, como si sintiera pena, y casi se arrepintió de haber ganado. Hubiera sido mejor para él y para todos el no haberlo hecho.

Buscó entre las miradas del público a alguien en particular, ignorando los gritillos femeninos que clamaban por su atención, pero no había señal alguna de la persona a quien buscaba. Intuyó que ya había marchado a rondar los vestidores de hombres, esperándole. Así que no esperó a más indicaciones de los coordinadores y marchó en dirección a tal lugar.

No tenía deseos de ducharse, pero consideró que sería necesario. Se llevó una toalla a la cabeza y se limpió el excedente de sudor mientras caminaba por el vasto y blanco corredor. Necesitaba una buena ducha caliente, aunque no quisiera, para que sus músculos se relajaran. Tenía en la cabeza un montón de musarañas y no encontraba a qué pensamiento enfocarle mayor prioridad, hasta que vio, a escasos dos metros de los vestidores, a la persona que buscaba.

Su adorable novia, tan linda como siempre. Y le encantaba hoy día porque llevaba un bonito vestido blanco, digno del verano. Le llegaba poco hasta eso de la rodilla, pero eso no le interesaba mucho, porque era fresco, bonito y lucía hermoso en ella. Sostenía en sus brazos una bolsa, donde aparentemente tenía guardadas algunas cosas para él. Sonrió al percatarse de que ella ya le tenía la vista encima, completamente orgullosa. Así que se apuró a los vestidores, para ducharse y poder salir de ese lugar endemoniado.

—¡Te luciste, Inuyasha! ¡Felicidades! —Le animó ella mientras se acercaba a él tan rápido como podía y lo saludaba con un beso—. Eres increíble. Ahora que estás en las finales, es casi imposible que no ganes. —Le animó ella mientras él entraba en el vestidor. Kagome se quedó ahí, apenada por no entrar y porque no sería correcto que lo hiciera, así que aguardó a que el saliera.

Esperó. No supo cuánto tiempo fue el que esperó, pero le pareció una eternidad. Le sorprendió encontrarse tan impaciente cuando vio la triunfal salida de su novio, quien le sonrió, dispuesto a continuar su conversación.

—¿A dónde quieres ir hoy? ¡Iremos a donde quieras! —Dijo él mientras comenzaba a caminar en dirección a la salida, siempre al paso de su novia. Kagome revolvió su bolsa en busca de algo para él—. ¡Tengo tantas ganas de largarme de aquí! —Repitió él.

—Te he hecho rollos de crema y gambas fritas para almorzar juntos. —Dijo Kagome mientras sacaba un termo con vestidura de metal y se lo entregaba a Inuyasha, quien frunció el ceño con seriedad y apuró a hablar con un acento preocupado.

—¿Madrugaste para cocinar? ¡Espero que sea comestible, Kagome! —Se burló él mientras se bebía el contenido del termo, ignorando la mirada de reproche de su novia.

—¡Qué gracioso Inuyasha! Prometiste que iríamos a visitar a Kikyou-san hoy. —Dijo ella mientras pasaba su brazo alrededor del brazo masculino y se reclinaba contra él—. Hoy es nuestro cuarto mes de novios. —Continuó Kagome con una sonrisa, sin soltarse del abrazo en que tenía atrapado a Inuyasha. Y entonces remembró su resolución conjunta en la que decidieron que no era necesario empezar de cero cuando los dos ya habían sido novios (tal vez no tan enserio como hoy día, pero novios al fin y al cabo) alrededor de dos meses antes de la más que oficial relación.

—¡Por supuesto que lo sé! No olvidaría esa fecha ni aunque mi vida dependiera de ello. —0Afirmó Inuyasha mientras veía la luz del tranquilo y fresco día comenzando a golpear su vista. Kagome sonrió, completamente enternecida—. No entiendo por qué quieres ir a ver a Kikyou, ¡Ver a una persona difunta cuando se está de aniversario! ¿Cuándo se ha visto eso? —Rechistó Inuyasha con cierta molestia.

—Bueno, tú le dijiste a Kikyou que no te gustaba ir a visitarle solo y que esperabas ir muy pronto acompañado de tu novia, ¿Que no? Tal vez le alegre saber que estás cumpliendo tu palabra.

Parecía casi inaudito que Kagome sonriera cuando le hablaban de Kikyou, sobre todo tomando en cuenta su rivalidad previa con ella por el amor de Inuyasha.

Con resignación, Inuyasha dejó escapar un sonoro suspiro—. De acuerdo, pero mañana iremos al parque de diversiones que abrieron la semana pasada. ¡No dejaré que te apartes de mí por nada del mundo! ¡Mucho menos porque mañana es mi cumpleaños! —Argumentó Inuyasha como trueque a cambio de la visita a Kikyou. Kagome lo detuvo al instante, extrañada por ello.

—Pero Inuyasha... ¿no es mañana la final del torneo regional de lucha? —Exigió saber Kagome, sin mover ni uno solo de sus músculos, casi como si Inuyasha le hubiese dicho la cosa más desagradable del mundo. Pero su novio no pudo hacer otra cosa sino soltar una fuerte carcajada, señalando que había dado en el blanco—. ¡Pero-...!

—Yo nunca dije que quisiera participar en las regionales de lucha. Si no fuera por el brazalete, que te has negado a volver a usar desde que me lo lanzaste en la cara, jamás hubiera clasificado para las finales. En todo caso, sé que no ganaré la final.

—¡Has llegado tan lejos para participar en las regionales! ¿Cómo puedes decir eso con esa tranquilidad? —Kagome haló de su brazo, tratando de llevarlo más rápido en dirección a la estación del metro. Inuyasha dejó libre un largo y tendido suspiro.

—No voy a recibir la humillación de mi vida en mi cumpleaños, sólo porque tú quieres que pelee. ¿Sabes que el campeón nacional está en las finales del torneo? ¡Ni de chiste podré ganarle! ¡Tengo años intentándolo sin éxito!

Kagome ladeó la cabeza mientras dejaba de ejercer presión. La sorpresa de sus ojos se hizo evidente y la pregunta se concretó. Era como si Inuyasha hubiese crecido con el conocido campeón nacional.

Inuyasha bufó frustrado y apuró a explicar—. Sesshomaru es el campeón nacional, Kagome. ¿Entiendes ahora por qué no me voy a humillar? ¡Sería ridículo perder ante mi propio hermano para que todos se rían de mí! No lo voy a hacer, ni siquiera aunque me garantizaran que tendré una gloriosa victoria como regalo de cumpleaños. Ya suficiente tuve con los chismes que se levantaron por nosotros dos. No quiero ahora ser su burla por culpa de Sesshomaru. —Dijo, y entonces la empujó para que continuara caminando.

—Un momento. ¿Tú hermano estaba ahí? —Preguntó Kagome con cierta vergüenza mientras se sonrojaba. Inuyasha asintió como si fuera poca cosa, incomodando a Kagome todavía más—. ¿Cómo no me dijiste, tonto? Seguro que ya me vio y no le parezco una persona adecuada para...

—Eres tonta. Claro que ya te vio. Y desde luego que te conoce por todas las fotos que tengo de ti. —Respondió Inuyasha, acallando la pálida vergüenza de su novia—. No digas que no le agradas. Rin-chan ya te dice tía. —Kagome recuperó un poco de su color, siendo sustituido tiernamente por un rojo escarlata.

—Inuyasha... —Le llamó ella, tratando de cambiar el tema (que ya comenzaba a ponerla incómoda), mientras tomaba de la mano de su novio y la entrelazaba entre la suya suavemente—. ¿Podemos pasar a comprar flores para Kikyou? —Rogó ella mientras lo volvía a jalar para que entrara en el metro finalmente, sonriente, feliz, e ignorando cualquier otra cosa que tuviera que decirle él.


Ignorando los regaños de su novia, Inuyasha rebuscó con sus palillos el añorado rollo de crema de su obento, hasta dar con él. Feliz, se llevó el dichoso bocadillo a la boca, y comprobó que estaba delicioso. Era la primera vez que Kagome cocinaba para él y había sido toda una maravilla la experiencia. Kagome le reprochó una y otra vez su indecencia por comer en un cementerio y no respetar a los muertos. Ella entendía ese respeto porque vivía en un templo, pero él no, así que no se molestaría en hacer caso a las súplicas de su novia—. Muero de hambre ¿y tú quieres que espere? ¡Qué novia tan inhumana tengo! —Gritó Inuyasha mientras volvía hacia un lado, ignorando olímpicamente a su novia, quien lo ignoró también.

Kagome respiró frustrada ante la naciente falta de respeto de su novio, pero se mantuvo en silencio. Volvió su vista hacia la vieja tumba y sonrió. Había flores marchitas, como si nadie la hubiese ido a visitar en algún tiempo. Cambió las viejas flores y colocó un ramo enorme de flores de campanilla china y sonrió.

—Buen día, Kikyou-san. —Saludó Kagome con una sonrisa en sus labios. Se inclinó suavemente en el suelo, cerca de la tumba e hizo una pequeña oración por ella. Inuyasha, relativamente lejos de la tumba de Kikyou, observó a Kagome y dejó su obento a un lado.

Si, quizás a eso se debía que había tenido tan buena suerte con Kagome: A que Kikyou había estado ahí.

—Creo que fui muy grosera la última vez que vine a visitarte, Kikyou-san. Espero que puedas perdonarme. —Suplicó Kagome una vez que terminó su oración y se puso de pie. Sintió prontamente una mano alrededor de su cintura, donde vio que Inuyasha la afirmaba en un abrazo por detrás de su espalda, indispuesto a soltarla.

—No fuiste grosera, sólo estabas un poquito dolida. ¿Sabes que eso me dolió también? Fue la primera vez que lloré por una mujer que no era mi mamá. —Susurró él, cerca del oído de la joven pelinegra, quien se sonrojó ante las palabras de su novio, al tiempo que un escalofrío le recorría toda la médula espinal.

—¿Estabas aquí cuando vine a visitar a Kikyou-san?— Preguntó Kagome, sintiendo que las piernas le fallaban ligeramente. Necesitaba calmarse y pensar. Necesitaba tener la cabeza en frío antes de ponerse histérica o reaccionar de una forma inadecuada. Tenía qué calmarse—. Eres un irrespetuoso por los muertos. Debería de venir Kikyou-san y arrastrarte al más allá de castigo. —Exclamó ella mientras se soltaba del abrazo de su novio y se dejaba caer al suelo, directo a la tumba de Kikyou—. Kikyou-san... ¿Crees que estuvo bien que le diera la oportunidad a este vil mentiroso de demostrar que sí me quería? ¡Me mintió! ¡Nunca me dijo que había escuchado nuestra conversación entre chicas!

—¿Conversación? ¡A mí me sonó más bien como un reclamo! ¡Además no soy ningún mentiroso! ¿Qué me habrías hecho si no te lo hubiera dicho aquí frente a Kikyou? Ella sabe mejor que nadie lo que me ha costado admitirlo. —Se defendió Inuyasha mientras caminaba hacia su novia y se dejaba caer en el suelo a escasos centímetros de la chica de ojos azules. Kagome se sonrojó con gravedad mientras Inuyasha se entrometía en otra conversación de chicas—. ¡No puedes enfadarte por eso! Yo llegué primero y era justo que me quisiera ocultar. ¿O es que te parece muy normal que la gente hable con las tumbas? — Kagome trató de suprimir una risilla inútilmente, poniendo en evidencia que estaba de buen humor.

—Vamos. Hay que dejar que Kikyou-san descanse. ¡Además tengo hambre y no me sentiré muy cómoda si como por aquí! —Dijo Kagome al soltarse del suave contacto de Inuyasha, mientras se levantaba y hacía apuro en la paciente forma en que su novio se estaba tomando las cosas. Y luego este la tomó entre sus brazos y la aferró con fuerza, pese al desagrado de la chica de oscuros cabellos— ¡Inuyasha! —Exclamó ella con un tinte rojizo pintándole las mejillas de una manera infantil.

No tuvo que pasar ni medio respiro antes de que Inuyasha la soltase y le viese pícaramente, sin dejar de sonreír. Luego caminó hasta su olvidado obento y lo recogió—. Pero mañana iremos al parque de diversiones. Todo el día, todo el día. Tú serás mi regalo de cumpleaños: tú solita todo un día para mí, sin excusas. ¡Y no existe nada en este mundo que puedas hacer para que asista a competir la final de las regionales! —Repitió Inuyasha mientras guardaba su almuerzo a medio comer en la bolsa de Kagome, misma que se colgó al hombro.

Kagome se acercó a él y le tomó la mano con fuerza, entrelazando sus dedos con los de él. Luego le dedicó una mirada molesta, antes de decidir que dejaría pasar aquello... esta vez—. Hasta pronto, Kikyou-san. —Murmuró Kagome con una sonrisa mientras se despedía con la mano libre, justo cuando Inuyasha iniciaba la marcha camino a la salida del cementerio.


Fin del Capítulo 11.

Continuará.