INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SI.
.
.
.
Serie de Drabbles que tendrán conexión entre si
.
.
.
Una primera Vez.
.
.
.
ACTO 14
.
.
.
Que comprendieron el alcance del poder de su hijo.
.
.
.
.
Kagome a veces sentía que si no fuera por su amado hijo, probablemente no hubiera podido sobrevivir de la pena.
Su vida habia tenido un antes y un después, marcada por el profundo suceso de haber hecho un viaje 500 años al pasado, donde vivió una aventura legendaria, y conoció al hombre que finalmente le daría el regalo más precioso de su vida.
Su hijo Ranma.
Cinco años ya habían pasado desde aquella fatídica vez que Naraku habia atacado, y Bankotsu, haciendo caso omiso a la promesa que habían hecho de pelear juntos, y además en connivencia con Inuyasha, fraguaron mandarla a ella y al bebé a este tiempo, donde habían permanecido desde entonces.
Su madre, Sota y su abuelo habían sido testigos como ella habia ido todos los días al pozo come huesos con la esperanza de verla activada, y tener noticias de esos seres queridos que habían quedado allí.
Pero esta nunca hizo la menor señal de activarse, asi como tampoco habia logrado obtener noticias.
Con el pasar del tiempo no tuvo que hacer más que resignarse, porque tampoco podía dejarse morir en vida, porque tenía un niño que era su responsabilidad. Bankotsu le habia dejado específicamente a cargo de él.
Y ella no tenía intenciones de defraudar esa confianza. Además también tenía aquí a su madre, su hermano y a su abuelo que la apoyaban sin límites, que estuvieron con ella en esos momentos tan difíciles cuando tan sola se sentía con un bebé sin padre en esta experiencia tan nueva para ella como era la maternidad.
Tuvo que levantarse a fuerza de ese luto en la cual se habia enfrascado al ver que habia perdido al padre de su hijo, aunque con el pasar de muchos meses y vivencias recién pudo darse cuenta de que todo lo que habia pasado, él lo habia hecho por salvarla a ella y a su hijo. Que tuvieran una oportunidad de vivir y proseguir con esa vida truncada.
Habia cumplido con sus votos matrimoniales con ella de cuidarla hasta el final.
De todas formas, siempre quedó con la duda que pasó al final de todos ellos, pero como su abuelo le habia dicho una vez tenía que dejar esos pensamientos atrás e intentar vivir esta nueva vida que sus amigos del pasado procuraron para ella y Ranma.
Al final entonces, pudo levantarse, culminar el colegio y buscarse una ocupación, porque ahora tenía a alguien en quien pensar.
Decidió de todas maneras quedarse a vivir en el viejo templo con su familia y hasta su pequeño hijo de cinco años ya habia empezado a ir a la escuela.
El niño era una copia al calco de Bankotsu, los mismos ojos azules, la misma piel, aunque con la impronta de Kagome que habia implantado cierta dulzura en los rasgos del niño que cada día crecía más y más.
Kagome se habia levantando de ese horrible túnel donde habia caído por causa de la depresión, y su remedio habia sido ese niño.
Tampoco comprendía que fue toda esa historia del supuesto poder de Ranma, aquella que habia generado toda una caza de brujas de Naraku en contra de ellos, porque hasta ahora no habia visto atisbo de fuerzas sobrenaturales en su hijo, que crecía como cualquier niño normal.
Al final no habia tenido el valor de decirle al niño, cuando éste hizo la primera pregunta acerca de su padre, de que no tenía idea de lo habia ocurrido con él, así que Kagome se limitó a decirle que su papá se habia ido en un largo viaje.
Era lo mejor, tampoco podía decirle que se habia ido al cielo o algo así, porque Kagome no quería ni pensar en la posibilidad de que él pudiere haber muerto en esa batalla contra Naraku, aunque eso era lo más probable.
Quizá no sobrevivió nadie.
Pero cada vez que se pondría a llorar al pensar en eso, se le venía la mente el rostro de su hijo que estaba a salvo.
Se limitaría a seguir viviendo una vida.
Una vida en un mundo sin Bankotsu.
.
.
.
.
Ranma era un niño muy intuitivo. Y además siempre habia sido muy obediente, y gracias a eso, su madre podía estudiar y trabajar sin problemas, porque estaba segura que el niño no causaría tantas molestias a la abuela Higurashi.
Pero esa mañana en particular, el niño se habia sentido muy atraído a algo prohibido. El hecho de poder entrar a especie de cobertizo, donde tenía prohibido entrar a jugar, y que él sabía contenía una especie de aljibe sellado como le habia comentado su querido bisabuelo.
El sitio siempre habia tenido una especie de enigma para él, que con dulzura infantil recordaba vagamente a su madre llorando por allí. Hace mucho tiempo que su madre parecía haber dejado ese hábito de ir casi todas las noches. Ranma se daba cuenta, porque compartía cuarto con su madre, así que notaba cuando ella salía y cuando no.
Aunque si tenía como ley, ir por lo menos una vez a la semana.
¿Qué podría ser tan interesante y que a él le podrían haber prohibido?
Así que Ranma decidió que esa mañana se animaría a aventurarse, no solo porque su instinto infantil así lo llamaba, sino porque algo lo animaba a hacerlo. Y además a hacer algo que nunca hacía.
Como era la de desobedecer a su madre y a su bisabuelo.
Así que hizo los pequeños pasos que lo llevarían hacia ese sitio donde se sentía más atraído ni que fuera un imán.
El pequeño niño de ojos azules y cabello azabache de ligera trenza caminó hacia ese lugar prohibido, pero extrañamente único para él.
.
.
.
.
―No quedaban cereales, así que le hice la merienda con estas manzanas ¿Qué opinas, mamá?―preguntaba una despreocupada Kagome mientras mostraba el bol de leche con fruta que habia preparado para el niño.
―Si quieres puedo pedirle a Sota que traiga los cereales favoritos de Ranma cuando venga del colegio, así no tendrás que salir―respondió amable la señora Higurashi
―Bueno, ya está listo, pero igual me parece extraño que Ranma ya no haya venido, él tiene bastante claros su horarios―apuntó Kagome―. Iré por él, seguro se habrá quedado dormido en el cuarto.
La señora Higurashi asintió, y se prestó a esperar pacientemente a su hija y a su nieto en la mesa pero a los pocos minutos, un grito feroz irrumpió en el sitio.
―! Por dios, Ranma no está por ninguna parte!
― ¿Cómo que no está por ninguna parte?, ¿buscaste dentro del templo? Pudo haberse quedado dormido jugando―preguntó la buena señora
―No está por ninguna parte, mamá―empezó a sollozar Kagome
La madre al ver esto, no pudo evitar acercarse a su hija y abrazarla.
―Hija, no pierdas el control. Sabemos que Ranma no es un niño ordinario, solo busquémoslo y de seguro lo hallaremos―confortó la señora.
―Es que nunca antes se me habia perdido―hipó Kagome
― ¿Buscaste en el cobertizo donde está el pozo?―consultó la señora, al fin.
Eso pareció darle algún tipo de impulso a Kagome que al dársele esa idea, lo primero que hizo fue correr como nunca hacia ese sitio.
Nunca lo habia pensado, pero no perdía nada con mirar.
Tenía una corazonada extraña y eso que ella hace tiempo habia aprendido a no pensar en cosas imposibles.
Pero cuando abrió la puerta del cobertizo, la verdad se le hizo evidente ante sus ojos.
Ante si ya no tenía al pozo ordinario que habia existido allí por más de cinco años. Aquí tenía a un pozo rebosante de energía, como si estuviera abierto como antes.
Kagome se acercó cautelosamente como pudo.
A la preocupación por su hijo, ahora se sumaba la extraña sensación de energía familiar del pozo.
―El pozo…parece estar activado―se secó las lágrimas y se acercó.
Empezó a pestañear extrañada cuando se dio cuenta de algo inaudito.
¡Ranma habia cruzado el pozo!
¿Era un sueño o una pesadilla?
No sabía ni por dónde empezar a pensar.
Al rato y alertada por los gritos de su hija, vino jadeando su madre también y cuando iba a preguntar, entendió todo.
Por la inmensa luz y movimiento que se vislumbraba en el pozo que solo hasta hace poco estaba totalmente muerto.
La señora Higurashi tocó el hombro de Kagome, que todavía se hallaba en estado de shock.
―Mamá….debo ir por mi hijo y lo sabes―parpadeó la muchacha con la mirada perdida en el pozo.
Todavía estaba tremendamente asustada por no haber cuidado bien a su hijo bien amado, por quien su padre habia sacrificado todo.
―Ranma. Tengo que encontrarte, así sea lo último que haga―sollozó la joven madre, que a estas alturas ya estaba henchida de desesperación.
La señora Higurashi se dio cuenta que lo que tanto habia temido algún día, ahora se estaba cumpliendo.
Ese niño era de la época feudal. Su querido nieto por siempre estaría ligado a otra era. Algo habia pasado para que reaccionase de esta forma.
Con lágrimas en los ojos, asintió abrazando fuertemente a su hija.
―Solo encuentra la forma de avisarme si todo está bien―fueron las ultimas y sentidas palabras de la madre de Kagome antes de soltarla, y que ella hiciera algo que llevaba años sin hacer.
Saltar dentro de aquel insondable pozo que la llevaría muchos siglos al pasado.
.
.
.
.
Un tremendo vacío.
Oscuridad insondable y eterna.
Una sensación en lo poros que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.
Una dantesca sensación de melancolía le recorrió las sienes y casi convulsionó su cuerpo entero.
Estaba regresando a aquel tiempo que creía que nunca más volvería a ver. Aquel donde habia conocido gente que marcó su existencia, cortándola en un antes y en un después.
Cerró sus ojos, abandonándose a la sensación de nostalgia, que habia venido a sumarse a la preocupación por su pequeño hijo.
Como por inercia se tentó a levantar sus brazos, cuando pudo notar el brillo del sol de ese otro lado del pozo que tanto tiempo estuvo vedado para ella.
Pero los abrió con mucha sorpresa, cuando sintió que su mano era fuertemente sostenida por otra y que la ayudó a salir.
Una presencia que no esperaba.
Al verlo, sus ojos no pudieron quedarse secos, y cayó a las lágrimas por pensar en su hijo, ahora vinieron a sumarse otras por volver a ver a una de las personas más importantes de su vida.
Inuyasha…
Los ojos castaños de Kagome se perdieron por unos segundos en la intensa mirada de miel del medio demonio que también la observaba con anhelo, sin soltar jamás su mano.
Kagome…
Finalmente no pudieron evitar algo que sus cuerpos hicieron de forma automática.
Kagome se arrojó a los brazos de Inuyasha, que la recibió con todo el candor y la fuerza que traía consigo el haberla extrañado por tanto tiempo.
Sin duda, eso no podían evitarlo. Kagome habia nacido para conocer a Inuyasha y él para ella. Ni el hecho que ella hubiera amado a otro hombre podría cambiar ese hecho jamás.
Kagome, por primera vez en mucho tiempo tuvo una sensación de seguridad que no habia tenido en mucho tiempo.
No supo cómo, pero en algún momento, todo se volvió negro, y lo último que sus ojos llegaron a ver, fueron las conocidas pero diferentes a su vez figuras de Sango, Miroku y unos niños que caminaban hacia ella.
No alcanzó a hablar, porque cayó de la impresión entre los fuertes brazos de Inuyasha, que la sostuvo de caer al suelo.
.
.
.
.
Tienes que ser fuerte, Kagome. El destino de Ranma siempre estuvo ligado a la perla y a fuerzas que escapan a nosotros. No fue tu culpa…
Un grito desgarrador se oyó dentro de la cabaña, y Kagome al sentir esa voz en su cabeza, acabó despertando como si lo hiciera de una pesadilla.
Lo peor no era eso, sino que la voz que le hablaba era de Bankotsu. No era cualquier voz. ¡Era él!
Pero cuando pudo al fin tener fuerzas para percatarse de que ocurría, se dio cuenta de que no estaba sola.
Estaba sobre un futon, en una cabaña de la era feudal, y unos ojos ansiosos la observaban.
Enseguida los pudo distinguir, luego de medio sacudirse la modorra.
Inuyasha, Kaede, Sango y Miroku.
―! Has vuelto en ti, Kagome!―no pudo evitar Sango, haciendo a un lado a todos, para arrojarse a los brazos de aquella amiga que tanto habia extrañado-
―Señorita Kagome, que bueno que ha regresado―la voz de Miroku se oyó también.
Solo Kaede e Inuyasha no pudieron hablar, pero por sus ojos pudo notar que estaban emocionados.
―Sango, amiga mía, yo también te extrañé mucho―abrazando ella a su vez a la exterminadora, y sin dejar de dirigir sus ojos a los otros añadió―. Yo también los he recordado tanto a todos ustedes.
Cuando finalmente la emoción de los primeros minutos pudo transcurrir, fue que Kaede se acercó con un paño frio.
―Hoy fue un día de muchas cosas extrañas, Kagome. Tu presencia aquí lo confirma.
Kagome asintió.
―Vine a buscar a mi hijo. Él pudo abrir de algún modo el portal cerrado del pozo y cruzar.
―Yo fui al pozo cuando percibí una presencia saliendo de allí. Tenía parte de tu aroma impregnado a él. Yo sabía que era tu hijo, Kagome, e intenté seguirlo, pero al llegar al pequeño altar que tenemos dentro del templo de la perla, él desapareció, y tampoco me quedé mucho allí, porque enseguida detecté a tu propio aroma viniendo por ese mismo lugar por donde él habia venido―contó Inuyasha, mirándola con ojos apenados y enseguida bajando la cabeza―, Perdóname, Kagome, no fui capaz de detenerlo.
― ¿Quieres decir que mi hijo entró dentro de la perla?―preguntó Kagome.
―Sí, Kagome. Yo misma fui a mirar y tengo el presentimiento que tu hijo entró dentro de ella―confirmó Kaede.
Kagome negó con la cabeza.
― ¿Tienen un templo con un altar para la perla de Shikon? ¿Acaso Kikyo se encarga de cuidarlo?―preguntó la joven del futuro sin terminar de asimilar lo que oía―. Si ustedes están aquí, es probable que Bankotsu también…y Kohaku….todos ¿no es cierto?, deben llevarme ante el padre de mi hijo, debo decirle lo que ha ocurrido―Kagome hizo ademan de levantarse, pero Inuyasha la sostuvo.
―Creo que es mejor que se entere de algunas cosas, señorita Kagome. Sea fuerte, lo que voy a narrarle no es fácil―fue el turno de Miroku de hablar.
Kagome parpadeó confusa pero dejó de intentar levantarse para oír lo que el monje tenía que decirle.
.
.
.
.
.
Miroku intentó resumirle como pudo lo que habia pasado hacia cinco años atrás y en los años que vinieron.
Le contó que la famosa batalla final contra Naraku fue una de las más terribles que se puedan recordar. Lucharon a muerte contra el poderoso hibrido durante más de dos días.
Lo bueno es que extrañamente, la señorita Kikyo pareció recuperarse por completo, y pudo dar una lucha contra Naraku.
Todos participaron en la misma, Inuyasha, Bankotsu, Sango, Shippo, Miroku, Sesshomarou y la renovada Kikyo. De todas formas la lucha habia sido terrible, y en un momento dado, cuando Naraku se descuidó luego de robar los fragmentos de Kohaku y Koga, Bankotsu saltó por atrás de él. Y en un acto de locura, se quitó a sí mismo el fragmento que tenía en su cuello, un fragmento que estaba altamente purificado por Kagome, y se lo metió por la cabeza al hibrido, en un último intento suicida de purificar a ese loco, con el ultimo dejo de energía que Kagome habia dejado.
Obviamente luego de perder sus respectivos fragmentos, tanto Kohaku como Bankotsu habían caído sin atisbos de vida al suelo.
Pero cuando pretendieron acercarse a ellos, mientras Naraku seguía peleando contra esa energía de purificación que tenía el fragmento de Bankotsu, fue que Sango se acercó a los cuerpos del antiguo mercenario y de su propio hermano, pero no tuvo tiempo de llorarlos ya que los mismos, en un extraño acto, abrieron sus ojos, como si estuvieran vivos.
Porque estaban vivos.
―Fue ahí que comprendimos que lo que habia permitido esa nueva vida en Bankotsu y en Kohaku, así como en la misma Kikyo habia sido el poder del bebé de Kagome. De alguna forma, ese niño habia cumplido su destino, y traspasó parte de su poder a ellos―agregó Kaede en ese punto de la narración.
― ¿ Y qué pasó después?―preguntó Kagome.
―Kikyo ayudó a que Naraku no escapara de la purificación que tu habías dejado en el fragmento que estaba matando a Naraku, pero sin embargo, cuando todos creíamos que ese maldito hibrido ya habia desaparecido, la perla emergió de nuevo, sin que Kikyo pudiera detener su avance, y fue ahí que ocurrió―añadió Sango
― ¿Qué fue lo que ocurrió?, ¡díganme!―se impacientó Kagome.
―La perla abrió una meido en medio de la nada y Bankotsu desapareció en él, sin que pudiéramos hacer nada por evitarlo, quedando solo la perla suspendida―añadió Sango bajando la mirada.
Kagome no pudo evitar que unas lágrimas le cayeran por los ojos. Creía que durante todos estos años habia llorado a su esposo, pero no importaba como fuera, el confirmar que él habia caído en la batalla aquella fue muy dolorosa para ella.
Aunque se hubiera preparado todos estos años con la sapiencia de saber que su marido habia muerto por salvarla a ella y a su hijo, el confirmarlo era como un nuevo dedo en la llaga.
―La perla quedó allí, y la señorita Kikyo lo tomó para intentar purificarlo como sus poderes se lo permitían. Lo consagró en el altar de un templo que construimos, pero la perla nunca dio señales de nada―ahí Miroku hizo una pequeña pausa, bajando la cabeza―. Pero lamentablemente hace tres años perdimos a la señorita Kikyo.
Kagome parpadeó confusa mirando a Inuyasha a su vez, que habia bajado la cabeza también.
―Mi querida hermana habia recibido una nueva vida gracias al hijo de Kagome, eso está más que claro, pero lamentablemente sus heridas se reabrieron en un intento que hizo para romper la perla―apuntó Kaede, pero enseguida agregó―. No te pongas mal, Kagome. Mi hermana vivió esos dos años de vida que tu hijo le obsequió en mucha paz, y pudo irse al otro mundo, habiendo expiado sus culpas y salvó a su alma en el proceso. En el último momento, ella fue clara en pedir que si alguna vez regresabas, que te lo agradeciéramos, y también a tu hijo.
―Entonces Kikyo murió…queriendo reabrir algún portal dentro de la perla―entendió Kagome.
―Kikyo se fue en paz―habló Inuyasha con el semblante serio pero tranquilo
Kagome lo miró e intentó notar en él algún gesto de dolor, pero le sorprendió verlo muy calmo.
Era evidente que habia penado por ver la muerte definitiva de su primer amor, pero en sus rasgos podía notar que lo habia superado, así como también vislumbraba mucho alivio al saber que al fin el alma de Kikyo descansaba en paz.
―Increíble que mi hijo pudo hacer todo eso―apuntó Kagome al rememorar que habia sido Ranma , con energía que les habia pasado, quien de alguna forma les otorgó una nueva vida a Kohaku, Kikyo y a su mismo padre.
―Tu hijo y la perla están conectados entre sí, Kagome―dijo finalmente Inuyasha
―Si el joven Bankotsu cayó dentro de un portal de la misma perla donde presumo que Naraku lo metió como algún último acto vengativo, el hecho que su hijo haya podido cruzar la barrera del tiempo y entrar dentro de ella, me dice que quizá ambos estén dentro de la perla―iluminó Miroku.
Kagome miró a ambos de forma aprehensiva.
― ¿Creen que mi hijo entró dentro de la perla?―apenas acabó de decir eso se puso de pie de forma impulsiva. Debía ir por su niño.
Intentaron calmarla pero el saber algún tipo de pista de donde puso haber parado su hijo fue lo que la acabó por renovar sus fuerzas.
No tenía más tiempo para seguir con las presentaciones con todos. Ni siquiera habia tenido el tino de preguntar por Shippo o mencionar lo extraño que le habia parecido hace más rato, la presencia de esos tres niños junto a Sango y Miroku.
Todo parecía ser surreal y extraño para ella, es como si esos cinco años no hubieran ocurrido. La preocupación por su hijo, habia sobrepasado el que pudiere tener por sobre cualquier otro.
Se levantó de bruces, y sus sentidos de mujer con sentido espiritual la hicieron incorporarse con toda la decisión de ir hacia el altar donde estaba consagrada la perla, pero al instante sintió una mano sobre un hombro.
Kagome se sorprendió un poco y cuando miró, sus ojos castaños chocaron con los de Inuyasha que la miraba con cierto aspecto de aprehensión en ella.
―Antes de llevarte al templo ¿podrías quedarte un segundo?, tengo algo que me gustaría decirte.
Kagome lo miró, y aunque al inicio su impulsividad la llamaba a hacer otra cosa, al final no podía negarse a conversar con él, aunque sea unos minutos. No, después de ver la sinceridad en los ojos de Inuyasha.
Él la invitó a salir afuera, y ella aceptó.
Estuvieron caminando varios minutos juntos, aunque callados. En su interior, Kagome se sentía ligeramente avergonzada de haberse portado de una forma insensible con los amigos de esta época. No habia tenido sensibilidad de preguntarles nada de sus vidas, porque apenas llegó, solo habia tenido interés de buscar a su hijo, sin importar la situación en la que ellos estaban.
Cuando se dio cuenta, ya estaban parados frente al árbol sagrado.
Kagome parpadeó al verlo. La omnipotencia y majestuosidad que detentaba este añejo árbol que resistiría las barreras del tiempo le daba por sobre todo mucha nostalgia.
―Quería que supieras que yo lamenté por mucho tiempo que no hayamos podido evitar lo que ocurrió con Bankotsu. Más que nada por ti, porque yo sé cuánto lo querías. Créeme que por mucho tiempo intenté comunicarme atravez del pozo―apuntó Inuyasha muy serio.
Kagome caminó varios pasos, dejando que el viento se llevara sus cabellos, ondeándolos a su merced.
―Inuyasha…
―Sé que ahora no es el momento, y más ahora cuando tienes a tu hijo perdido, pero tenía que decirte que….―al joven medio demonio parecía que iban a caerle lágrimas, pero lo detuvo―. Tenía que decirte que me puso feliz de volver a verte y ten por seguro que estoy aquí para lo que necesites―finalmente pudo alcanzar a decir.
Kagome no pudo evitar muchos sentimientos que habia tenido que tragarse desde hace mucho tiempo. Lagrimas que habia tenido que tragarse desde hace cinco años.
Muchas emociones contenidas durante tanto tiempo. Años de aguantarse las ganas de llorar por las temibles consecuencias dejadas por Naraku.
Lloró y se arrojó a los brazos de Inuyasha.
―! He estado cansada por tanto tiempo!, y por eso no quiero perder a mi hijo, es lo único que tengo. Yo también te extrañé mucho, Inuyasha. Más de lo que pueda decir, y seguro los demás me miraran extraño, porque he actuado muy insensible con todos, pero es que llevo años sintiendo el dolor que Naraku me ha provocado.
Inuyasha le palmeó cariñosamente la espalda, sin dejar de abrazarla jamás.
―Ellos también entienden tu tristeza―adujo él con una madurez sorprendente.
―Tampoco tuve en cuenta tu propio sufrimiento. El perder a Kikyo te habrá hecho daño también―musitó Kagome, alejándose un poco para mirarlo.
―Todos hemos perdidos seres queridos. Pero no me apeno por ella, ya ha pasado tiempo y además sé que ella ahora descansa en paz―se limitó a decir Inuyasha, para enseguida añadir como deseando acabar con el tema―. Kikyo fue importante para mí, así como tú también lo eres.
La verdad es que el medio demonio tenía ganas de decirle más cosas, pero no era el momento.
Ahora habia prometido que ayudaría a Kagome, llevándola ante la perla, y ver de hallar la manera de abrir un vórtice en la misma.
.
.
.
.
.
Era un altar hermoso, donde sobre un hermoso costal de plata, reposaba la legendaria perla de Shikon, despidiendo un intenso brillo del cual apenas Kagome entró, supo que habia pertenecido al espíritu de Kikyo.
Pero prefirió callarlo porque no quería hacer sentir mal a Inuyasha, y Kaede con recuerdos tristes.
También pudo sentir otra energía, aunque familiar, era también desconocida porque nunca antes la habia percibido.
Seguro era la energía que decían era de su hijo que habia venido atraído por la perla.
Inuyasha fue el primero en hablar.
―Poco después de que Bankotsu fuera absorbido por la perla, yo quise abrir uno para ver si podía encontrarlo. Pero fue imposible.
Sango y Miroku también estaban en el sitio. Kagome le dio una mirada a su amiga, como dándole a entender que luego de resueltos los problemas se sentaría a hablar adecuadamente de mucho de lo que tenían pendiente.
Kagome se acercó al altar, y cuando acercó su mano a perla, esta empezó a reaccionar.
Fue ahí que Inuyasha con su poderosa Tessaiga, abrió un enorme meido , para ayudar a la reacción que se generaba dentro de la perla.
―! Lo que pensábamos era correcto. Creo que se está abriendo un portal por la reacción en cadena del meido del Tesaiga con la energía espiritual de la señorita Kagome!―anunció Miroku, resguardando a Sango ante la luz y el portal que se habían generado.
Kagome observaba esperanzada y antes de que Inuyasha pudiera acercarse a ella para lanzarse juntos dentro del vórtice de la perla, ella lo detuvo con un dejo de energía.
―No, Inuyasha. Esto debo hacerlo yo sola. Ya has hecho mucho por mí―sonriéndole.
―! No, Kagome!―gritó Inuyasha con frustración de ver como la joven se adentraba en el meido, sin que él pudiera hacer nada por detenerla.
Lo mismo sintieron, unos atónitos de Miroku, Sango y Kaede.
Sus ojos no los habían engañado.
Kagome habia regresado y acababa de meterse dentro del saco de una misión suicida y probablemente sin esperanzas.
Para buscar a su hijo, y quizá o sin quizá, en búsqueda de alguna respuesta de lo que pudo haber pasado con Bankotsu.
CONTINUARÁ EN UN ULTIMO CAPITULO
.
.
.
Notas
Solo falta un episodio para decirle adios a este fic , me da mucha nostalgia, y será en tipo 15 dias, porque tengo planeado comenzar luego otro long fic bank kag que ya estoy ideando.
Bueno, siguiendo con el fic, me preguntaran ¿como Ranma les pudo dar esa gracia a Bankotsu, Kikyo y Kohaku?, pues en el capi anterior di algunas señales de lo que el bebé estaba haciendo, como por ejemplo esa escena cuando Kikyo carga al bebé y ella siente algo.
En el sigte capitulo veremos si Kagome puede reencontrar a su hijo y si hay suerte, encontrar alguna pista de lo que pudo haber pasado con Bankotsu.
Y si, me matan por poner a Inuyasha con ojos enamorados de Kagome, eso es algo que siempre dije, él ama a Kagome y nunca lo ha negado. La verdad no tuve valor de ponerlo como malo aqui.
¿Tienen alguna idea de lo que esta loca ( yo) pueda estar maquinando?
En fin, envio un beso gigante a Fran Garrido, Dany Jimenez, Yuli, Mony Mtz, Kamisumi, Fran Sanchez, Plupa, Titita y una linda bienvenida a EquihuaLove, por sus amables comentarios y no dejarme sola en esta aventura que esta tocando fin.
Gracias también a los lectores silenciosos, asi como todos los follows y favs de siempre.
Tambien agradezco mucho el apoyo en wattpad, y más que nada porque eso significa que el movimiento Bank Kag se esta expandiendo-
Un abrazo siempre.
Paola.
