INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SI.
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Serie de Drabbles que tendrán conexión entre si
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Una primera Vez.
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ACTO 15
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HACIA EL FUTURO
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Una oscuridad tan aterradora, no por la visión de lo oscuro, sino por el aura maligna que despedía por todas partes.
Una que hizo que Kagome despertara de algo que parecía un letargo horrible y eterno. La joven mujer abrió sus ojos, y más aún cuando se dio cuenta que parecía estar flotando en medio de esa oscuridad.
― ¿Esto es?―se dijo apenas abrió los ojos para darse finalmente cuenta de donde estaba―. Es el interior de la perla de Shikon…
Los ojos de Kagome empezaron a tiritar, no imaginaba ni por un segundo que las cosas se verían de esta forma, estaba de alguna forma esperanzada con que allí encontraría a su hijo flotando en algún lugar de esa inmensa oscuridad. Su dulce y hermoso Ranma, que no tenía la culpa de tener los padres que habia tenido y que habían atado su temprano destino a esta maldición.
Kagome no pudo evitar y sollozar. Pero hizo lo posible para intentar flotar en medio de la nada cuando de repente un brillo intenso se hizo presente ante sus ojos.
La joven tapó sus ojos cuando sintió el fulgor, pero enseguida bajó su brazo cuando se dio cuenta de que lo que estaba ante sus ojos era el mismísimo espíritu de la perla de Shikon que estaba allí representada como la mismísima joya.
El brillo era intenso en gran parte, pero también podía notarse que estaba rodeada de energía oscura. La joven no tardó en darse cuenta de que la perla estaba contaminada.
―! Es la perla de nuevo y está contaminada! ¿Cómo pasó algo así?, ¿acaso la purificación que le dejó Kikyo no funcionó?―gritó Kagome.
―La energía oscura de Naraku fue más fuerte que eso―la voz impasible que venía de la perla, fue la que habló creando un eco de miedo en Kagome.
Los ojos de Kagome volvieron a temblar ante ello, pero también se percataba que la energía residual en Kikyo seguía siendo alta ¡no estaba completamente contaminada! ¿Pero porque ella estaba retenida ahí y no veía a su hijo por ninguna parte?
Kagome miraba sin entender, y asustada en medio de esa horrible oscuridad y la perla que le hablaba.
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―! Malditos demonios, vengan aquí!, ¿todavía no tuvieron su ración de hoy?―una potente voz resonó arrojando un arma inconfundible.
Una alabarda potente.
Los demonios que rodeaban el oscuro sitio fueron cortados en dos por ella.
Tras ello, la figura alta y sardónica de alguien que caminaba apareció. Su porte, sus ojos cobalto y la ropa que usaba lo decían todo.
Era Bankotsu, que caminaba con aburrimiento hacia donde estaban los cuerpos cortados que volvían a regenerarse para comenzar la pelea que venía sosteniendo hace más de cinco años cuando habia sido absorbido por la perla.
Era horrible, pero si ese su destino, y el precio que tenía que pagar por saber que Kagome y su hijo estuvieran a salvo, estaría de esta forma por toda la eternidad.
―Mph….sigan viniendo que los cortaré a todos―siguió diciendo Bankotsu.
Era un infierno, pero era su gusto y estaba dispuesto a ello. Estaba en esa lucha sin fin desde que hace cinco años atrás en la batalla final contra Naraku, se habia atrevido a pedirle un deseo a la perla cuando vió que Naraku habia pedido también uno.
Naraku habia solicitado a la perla, que luego de su muerte, tanto Kagome como su hijo sean absorbidos al interior de la perla, donde con ellos, al fin podría resucitar, y quedarse con el niño para aprovechar sus poderes, en tanto Kagome quedaría por siempre hundida en la oscuridad.
Pero no contaba con que Bankotsu pudo sentir ese malévolo deseo en medio de la violenta refriega que tenían cuando el ex mercenario le incrustó con sus propios fragmentos, y fue ahí que el joven líder pidió un deseo:
Que tanto Kagome como su hijo no sufrieran ese horrible destino, que el que lo pagara fuera él, encerrándolo de por vida dentro de la perla. Un precio acorde, para un asesino como él. No le tenía miedo aunque se le rompiera el corazón el saber de qué no volvería a verlos. Pero suponía también que todas sus acciones pasadas necesitaban un castigo y una redención. Aunque él no estuviera arrepentido de ellos.
Todo este tiempo en medio de esa soledad habia pensado mucho en Kagome y en Ranma. Suponía que el niño ya estaría grande, ¿le habría contado Kagome de él? ¿Ella lo recordaría? ¿Habría vuelto a rehacer su vida
Los ojos de Bankotsu temblaban ante esa mención. Esto último era muy probable porque su esposa aun debía ser una mujer muy hermosa y joven, era obvio que alguien quisiera acercarse a ella.
Por un lado lo mataban los celos, pero por el otro tampoco deseaba que ella pasare el tiempo de forma tan solitaria. Recordaba con pena que ella dentro de su fortaleza, también era una mujer frágil y merecía la protección de alguien que pudiera cuidar de su preciosa persona.
Bankotsu no lloraba, nunca lo hacía pero pensar en eso, era como una tortura peor que la inmensa oscuridad donde estaba recluido obligado a pelear eternamente con demonios.
―Kagome….Ranma...
Ya iba a poner su alabarda al hombro para seguir buscando más en medio de la oscuridad, cuando algo parecido a unos pasos pequeños vinieron hacia él.
¿Acaso un demonio que habia aprendido a acechar?
Se volteó con todas las ganas de asestarle un merecido golpe que liquidara a ese atrevido demonio, pero su alabarda se detuvo cuando estaba a punto de cortar a quien habia tenido el atrevimiento de molestarlo.
No encontró un demonio como se esperaba.
Sino a unos ojos azules idénticos a los suyos propios que lo miraban con aprehensión, y Bankotsu sintió que estaba dejando de respirar o que el mismísimo maldito tiempo se estaba deteniendo ¿era un sueño dentro de una pesadilla verdad?
Era un niño parado enfrente de él.
Pequeño, con una cabellera peinada como él, pero con unos ojos vivaces, tan azules como las de él, pero con una impronta inolvidable: tenía la impronta dulce de la mujer que él más habia querido en el mundo y por cuyo recuerdo moriría alguna vez.
― ¿Tu eres…?―se preguntó así mismo
¿Podía ser?, aunque sus labios empezaron a tiritar ante la idea, enseguida le venían otras ideas ¿acaso la perla lo habia atraído por el deseo de Naraku…?
Bankotsu arrojó su arma al suelo y caminó hacia el niño que lo miraba como si lo conociera o como si presintiera que lo conocía de algún sitio.
El hombre se sintió confundido con los cientos de imágenes que le vinieron a la mente y recordando más que nada las duras amenazas de Naraku en aquella batalla final de hace cinco años atrás cuando hubo enviado a Kagome y al bebé recién nacido al otro lado del pozo.
"¿Crees que tu hijo está a salvo?!Yo lo encontraré!"
Bankotsu temblaba de un terror genuino. ¿Acaso ese desgraciado de Naraku con su maldito deseo habia hecho que se cumpla su horrible amenaza de encerrar a su familia dentro de la perla y convertirlos en unos perdidos como él?
El muchacho siguió caminando hacia el niño que lo miraba sin miedo y hasta expectante.
Cuando llegó ante él, Bankotsu no pudo evitar caer de rodillas frente al niñito, que seguía viéndolo sin miedo pero con los ojos intensamente azules mirándolo directamente a los suyos como si estuviera identificándose también a sí mismo.
El ex mercenario no tenía idea de que decir, al estar arrodillado, a la altura del niño, pero si abrió aún mas sus pasmados ojos cuando el niño sacó a relucir su vocecita.
― ¿Tu eres mi papá…?
Es como si ese pequeño tuviera un nivel de comprensión más allá de lo que él mismo pudiera entender. Que todavía estaba pasmado por verse reflejado de esta forma en el chiquillo que no habia tenido problema de decirle aquello, que para él habia significado todo.
Con las manos temblando a causa de la incredulidad y de la profunda emoción que le nacía por la posibilidad de estar viendo a su hijo, de quien habia sabido por última vez hace cinco años en aquella cruenta batalla final contra Naraku donde también habia sellado su propio destino.
Al final ya no pudo evitar lo que toda su piel y su corazón lo invitaban a hacer.
Tomó al niño y lo abrazó con las fuerzas que lo llamaban a hacerlo, como si con ese gesto intentara traspasar al niño las profundas emociones que le producía el verlo.
―! Tu eres mi hijo!―fue lo que le dijo al final, hundiendo su cabeza en el hombro del niño que le retribuía el gesto también con emoción.
―! Mi mami dijo que estabas de viaje, pero yo sabía que algún día te encontraría!―articuló el niño con vocecita infantil.
Bankotsu no recordaba haber tenido esa sensación de querer llorar como el que tenía ahora. El ver a su hijo era algo que creía estaba vedado para siempre para él. Se suponía que él se habia sacrificado para que él nunca pudiera sufrir dentro de una perla.
Él no quería un futuro así para su hijo.
No pudo resistirse más y siguió estando a la altura del niño sin dejar de abrazarlo. Pero el niño era muy despierto e inteligente. Seguro una herencia de haber vivido y ser criado en el mundo natal de su madre.
―Y tú eres exactamente como te habia soñado―murmuró Bankotsu. Ese niño era una copia de él mismo, aunque dulcificado con la impronta de Kagome.
―Yo te soñé muchas veces, papá….pero te quedaras esta vez ¿no es cierto?―atinó el pequeño que se desenvolvía muy bien, asombrando a Bankotsu por su inteligencia y perspicacia para ser solo un chico de cinco años.
Pero tampoco tenía ganas de mentirle. Él iba a salvarlo a él, pero nada le decía que él pudiera hacer lo mismo, después de todo estaba viviendo la maldición de su deseo a la perla.
―Te juro que tu estarás bien―atinó el ex mercenario
―Mi mami también querría que te quedaras con nosotros, ¡ya no viajes, papá!―rogó el chico.
Ante tremenda suplica, el hombre se encontró con no saber que decir. Era más que evidente que su máxima debilidad era ese niño, con quien habia soñado día y noche y que ahora estaba frente a sus ojos.
―Yo también querría ver a tu mami―finalmente lanzó Bankotsu, con los ojos llenos de nostalgia al recordar a su esposa.
En ese instante, cientos de espíritus de demonios los rodearon y Bankotsu entendió que eran los mismos con los cuales venia peleando desde siempre.
Pero el ex mercenario comprendió que las cosas ahora ya no como siempre. Ranma estaba allí, y su seguridad era lo primero.
Daría su vida por sacarlo de ahí, así que lo protegería.
―Solo ponte aquí, agáchate
y no mires. Me encargaré de esto―asumió el hombre quien saltó con su alabarda en vilo hacia los demonios, luego de asegurarse que su hijo no mirara.
Tampoco es que tenía muchas ganas de mostrarle la carnicería que haría con esas bestias.
Porque eso iba a hacer, no pensaba darles oportunidad que se acercaran a Ranma.
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Kagome seguía parada en la inmensidad de la fluctuante oscuridad.
― ¿Quieres pasar la eternidad en esta oscuridad, Kagome?
La joven no respondía, francamente estaba desesperada, No veía ni oía a su hijo por ningún lado y la maldita perla que le hablaba. Seguía llena de confusión, sin comprender nada.
Pero tampoco quería pasar la eternidad en esta oscuridad. O peor no deseaba que su pobre hijo pasare por eso también.
―El maldito deseo de Naraku de traerme a mí y a mi hijo se cumplió ¿acaso estoy condenada?―gritó por último la joven.
―Solo si tú quieres, Kagome….sabes que puedes hacer algo.
― ¿Qué cosa?―preguntó ella
―Solo pide no estar aquí. Pide volver a la luz, Kagome. Tú no perteneces aquí.
Los labios de ella temblaron ante la perspectiva.
Su mente de inmediato se vio cubierta con cientos de ideas. Si pidiera el deseo, si solo hablara, ella volvería a salir de aquí, a un mundo de luz, muy diferente a este. Además era algo que su sangre y corazón la llamaban a sentir porque ella era un ser de luz. Quizá así tendría más claridad en sentir a su hijo.
―La perla solo cumple los deseos de forma extraña. Yo estoy aquí, y mi hijo quizá también se perdió por causa de la última voluntad de Naraku siendo que el último deseo de mi esposo habia sido la de sacrificarse él mismo para evitar que cayéramos a este lugar―se decía Kagome, resueltamente lógica, pese a que se debatía en pedir o no ese pequeño deseo y volver.
Pero fue en ese instante en que unas lágrimas amargas empezaron a surgir por su temor a la oscuridad, Kagome oyó algo o creyó haberlo hecho.
―!MAMÁ!
Kagome miró por todas partes. ¿Acaso ya estaba perdiendo el sentido y se estaba volviendo loca?, creía estar oyendo a su hijo ¿acaso podría ser verdad?
― ¿Es Ranma?
― ¿Quieres verlo, Kagome?, solo tienes que pedirlo y lo tendrás aquí―mencionó el espíritu de la perla.
Kagome por primera vez alzó la mirada ante aquella joya que le hablaba. Y de hecho estuvo a punto de hablar cuando oyó otra voz que la descolocó por entero, haciéndole olvidar hasta lo que estaba a punto de hacer y pensar.
―!Kagome!
Esa voz solo habia creído oírla en sueños durante todos estos años, permitiéndose creerla oír solo por las noches, cuando su hijo no pudiera notar el profundo dolor en su rostro.
La boca de Kagome se abrió en un ligero toque para murmurar estas palabras tan lejanas.
―Tu eres…..Bankotsu
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A Kagome no le habia fallado la audición ni menos habia tenido fantasías con haber oído la voz de Bankotsu o de su hijo.
Justamente habia sido a instancias de este último.
―Padre, estoy seguro que mi mamá ha venido a buscarme―habia dicho Ranma
― ¿Kagome habría venido aquí?―preguntó Bankotsu, horrorizado ante la perspectiva que en serio la descabellada última petición de Naraku se estuviera dando realidad.
La perla habia cumplido el deseo de ese maldito hibrido, que aun después de muerto seguía causándole dolor.
―! Tenemos que encontrarla!, si ella está dentro de esta perla….no quiero ni pensarlo―gritó Bankotsu, olvidando por un segundo hasta al niño que lo miraba extasiado.
Fue ahí que el pequeño Ranma llamó a su madre con toda la potencia de su voz infantil.
Ahí se le añadió Bankotsu que gritó también el nombre de esa mujer en quien tanto habia pensado todos estos años, pero que la vida y un maldito le habían arrebatado.
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― ¿Quieres ver a tu familia, Kagome?, solo tienes que pedirlo. ¿Quieres volver a tu esposo y formar con él una verdadera familia?―siguió siseando la perla
Kagome cayó sobre sus rodillas al oír aquello. ¡Sí!, eso era lo que ella más deseaba en el universo. La única cosa por la que haría todo. Incluso entregar al mundo al demonio por una sola oportunidad de ver a su esposo y a su hijo juntos de nuevo, como esa familia que eran antes de que fueran separados.
Lagrimas se agolparon en los ojos castaños de Kagome.
―Con solo una palabra mía…ellos estarán junto a mí―murmuraba Kagome casi derrotada.
Pero también le venían imágenes de otras cosas. No todo podía ser tan transparente. Naraku estaba muerto ahora, pero era evidente que su maligna influencia a causa de su deseo seguía persistiendo allí. ¿Qué otra consecuencia tenía el deseo que él habia pedido?
La perla habia atraído a su hijo y a ella. Hace tiempo también habia perdido a su esposo dentro de ella. Pero no estaban destinados a encontrarse dentro de la joya.
Es como si para aumentar las desgracias, la perla estuviera esperando que ella pidiere lo único que deseaba en el mundo para dar algún golpe de gracia.
Su inteligencia así se lo decía. Kagome sabía que Naraku era implacablemente hábil. Nunca habia perdido en ese aspecto, y estaba segura que él habia tramado que ahora se encontrase en ese estado.
¿Qué podía hacer?, aunque la tentación de ver a su familia la superaba por entero, por encima de cualquier otra cosa y Naraku lo habia sabido.
―!KAGOME!
―!MAMA!
Las voces ya venían unidas ahora.
―Quiero verlos por sobre cualquier cosa…―se decía la joven para ella misma.
Pero si Bankotsu ya habia sentido que ella pudiera estar encerrada por ahí, ya que habia gritado su nombre, también significaba que la estaba buscando. Los labios de Kagome empezaron a temblar al recordarlo. ¡Él estaría buscándola ahora!
Y nunca antes la habia defraudado. Juntos podían superar cualquier cosa, como cuando vivían juntos, podrían buscar a su hijo perdido en medio de toda de esa oscuridad para evitar que Naraku se apoderara del niño.
―! No voy a pedir un deseo!―gritó Kagome con más firmeza ahora.
Si tenía que esperar que Bankotsu apareciera por toda la eternidad, que así sea. Si ya su vida habia estado inexorablemente unida al destino de esa perla odiosa, ya no le daría el maldito gusto ahora.
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―! Papá!, ¿Qué es ese brillo?―gritó Ranma, que estaba en brazos de su padre, señalando una parte que parecía abrirse
Bankotsu abrió mucho sus ojos ante ello, parecía como si una puerta intentara abrirse ante sus ojos. ¿Qué demonios podría ser eso?, desde que él tenía memoria él solo habia visto una oscuridad infinita en ese sitio….y claro, cientos de monstruos que matar todos los días, pero que volvían a regenerarse por entero.
El hombre lo miró, era como si esa luz lo llamara. Aunque miraba a su hijo y temía estar equivocándose.
―! Con un demonio!―gritó Bankotsu antes de arrojarse hacia esa luz. Era la primera vez que veía luz en este horrible lugar. Sostuvo a su hijo apretándolo contra su propio pecho.
Pero lo que vió allí, apenas abrió sus ojos fue algo que no se habia esperado jamás. Ya su corazón hace mucho tiempo habia renunciado a ese privilegio de volver a la única mujer que había amado en su vida. Bueno, mejor dicho, en sus dos vidas.
Las dos miradas se encontraron allí mismo.
Una Kagome paralizada, parada ante lo que parecía ser una perla en medio de toda la oscuridad. No importaba cuan cambiada podría estar a ojos vista, para él estaba igual que hace cinco años. Hermosa y valiente. Una mujer única entre todas.
―Kagome…
―¿No es una alucinación?―respondió ella, pero esto fue descartado cuando vió lo que venía en los brazos de él―.!Ranma!
Bankotsu se quedó quieto y bajó al niño conminándolo que caminara hacia su madre.
―!Mami!
Kagome corrió a abrazar al niño. Hasta habia olvidado su propio nombre ante la felicidad de haberlo visto de nuevo. Aspiró el aroma de su cabello, besó su frente y lo abrazó tanto como pudo.
―Papá me salvó, mami. Tu dijiste que alguna vez él volvería―dijo el niño señalando al hombre que los miraba pasmados.
Fue ahí que Kagome levantó la mirada hacia el hombre que los miraba no solo con ternura y dolor. Dolor quizá por sentirse totalmente fuera de lugar allí. Él no sabía que habia estado haciendo Kagome durante todos estos años. Él no podía nada más acercarse como si el tiempo no hubiera pasado para ella, aunque se moría por acercarse y hablarle, abrazarle y mil cosas más.
Por eso le tomó por sorpresa cuando la vió bajar al niño a un lado y correr hacia él para arrojarse a sus brazos, donde Bankotsu la recibió con toda la felicidad contenida en su corazón. Un corazón que ella misma le habia devuelto cuando el destino los habia llamado a encontrarse en medio de un maligno encargo de Naraku.
―Kagome―aspirando al fin el olor real de su cabellera oscura
―Estas aquí Bankotsu―murmuró ella sin dejar de apretar sus brazos como si no quisiera soltarlo nunca.
Oír eso fue demasiado para él y se acercó más buscando unos labios que no dudaron en corresponderle. En un beso que los llamaba a su destino. Como si el tiempo no hubiera pasado.
Solo fueron interrumpidos por el batido de unas palmas.
Se separaron sonrojados al notar que era Ranma que los miraba con una sonrisa inocente de pura felicidad.
Bankotsu acarició la mejilla de Kagome.
―Él es tu hijo, Bankotsu.
―Lo sé―fue toda la respuesta de él, perdido en los ojos de ella.
Pero todavía no todo estaba reparado. El brillo maligno de la perla aún seguía cerniéndose sobre ellos.
Era evidente que ellos habían podido hallarse en medio de toda esa oscuridad, porque Kagome rechazó entregarse a la seducción de los deseos de la perla aunque hubiera sido tentador, pero justamente habia sido lo que abrió el portal y que pudieran encontrarse.
Pero ahora ya Kagome no tenía miedo. Tenía a su lado a esa familia que ella tanto amaba y la única que necesitaba. Con ellos no podía tener miedo nunca. Se aferró al brazo de su esposo. Era hora de poner punto final al estigma malvado de la perla.
―!Deseo que desaparezcas, perla de Shikon!―fue el grito tajante que hizo la joven mujer
Ante los ojos de los presentes, la perla empezó desvanecerse y el lugar parecía cubrirse con una luz intensísima.
Ya nunca más nadie estaría unido al destino de la malignidad de una joya tan peligrosa como esa.
Kagome cerró sus ojos disfrutando del contacto con Ranma y con Bankotsu.
Por fin estaban juntos. Ya no era un sueño. O una de sus fantasías.
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Pero esa increíble magia que sentía al sentirse segura en los brazos de Bankotsu se cortaron de repente.
Abrió sus ojos con violencia cuando oyó la voz de él.
Habían salido de un rayo de luz que salía del pozo, emergiendo de ella, pero solo Kagome y Ranma podían pisar tierra firme.
Allí también estaban la madre de Kagome, Sota y su abuelo, que habían estado en vigilia todo este tiempo desde la desaparición de Kagome y su hijo.
― ¿Pero qué?―preguntó Kagome, extrañada de que Bankotsu no pudiera bajar con ellos.
―Este no es mí tiempo, Kagome. No pertenezco aquí.
―!No!―gritó horrorizada ella al tiempo que era sostenida por su madre y su hermano.
―Papá no puede volver a irse―mencionó Ranma con los ojos llorosos.
―El pozo va a cerrarse una vez que todo esto acabe. Sin perla será imposible volver a cruzar―dijo su abuelo.
Kagome se sintió perdida un rato. Estaba obligada a tomar una decisión terriblemente dolorosa.
De un lado estaba su familia que la miraba con ojos tristes, y dentro del rayo de luz de pozo estaba su marido viéndola también con esa mirada llena de pena.
Miró a su hijo cuyo rostro estaba perdido mirando a su padre. Aquel héroe que ella le habia descrito y que nunca habia podido conocer y que ahora estaba en camino de no volverlo a ver nunca más.
Bankotsu no decía nada. No creía tener derecho en esta dura elección. Él solo quería que ellos vivieran bien y este tiempo parecía haberles dado una vida y una felicidad en su ausencia. Así que decidió usar los pocos minutos que el rayo del pozo parecía darle para mirar a esa familia y poder recordarlo por siempre, ya que estaba a punto de volver a un mundo donde no existía nada que le importase.
Atesoraría estos minutos entonces.
Kagome seguía parada indecisa de la pena, aunque su corazón la llamaba a arrojarse junto con su hijo a aquel rayo a los brazos de aquel hombre que tanta felicidad le habia dado, aunque eso implicase dejar todo.
La única que parecía entenderlo fue su madre, que estoica y con una sonrisa en el rostro se acercó a ella, y la tomó de sorpresa ya que la abrazó muy fuerte.
―Está bien, hija….vé con él, estaremos bien. Ranma necesita a su padre y tú lo necesitas a él.
Las palabras de la señora Higurashi fueron seguidas de un palmeo amistoso en el hombro por parte de Sota y su abuelo. Con sus sonrisas la conminaban a tomar una decisión sin culpa.
Bankotsu que estaba callado, sin hacer gesto alguno, abrió mucho sus ojos cuando la vió caminar hacia él, tomando a Ranma con una mano.
Fue ahí que lo entendió.
Ella habia tomado una decisión.
Sonrió ante eso. Hizo un último gesto de despedida ante la familia de Kagome, antes de pasarle su mano a ella, para que lo tomase como un pasaje para el verdadero destino final que tenían los tres.
Ranma le arrojó a su abuela un último beso antes de empezar a desaparecer bajo la luz del pozo, pero no le daba dolor, porque estaba sostenido por los brazos cálidos de su padre.
―Gracias…―fue la última palabra que mencionó Kagome a esa familia que dejaba atrás, antes de desaparecer para siempre del siglo 21, pero sin miedos ni culpas por estar arropada a Bankotsu, que la hacía sentir segura y protegida por siempre.
Esa habia sido su elección, y a juzgar por el rostro feliz de su pequeño hijo las cosas habían salido más que bien.
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― ¿Misao, has visto mi cinta azul para el cabello?―gritó la voz de una adolescente
― ¿Acaso crees que soy tu tienda personal, Kaoru?―respondió otra voz, que era la aludida.
―! Oigan!, cállense ya, ¡ par de locas!―gritó una voz masculina con hastío.
―! Nadie te llamó a esta conversación, Ranma!―gritó Kaoru
Y comenzó allí una nueva batalla de gritos, insultos y toda clase de declamaciones, que hacia parecer lo que fuera la batalla de Naraku como algo de bebés.
Si bien la pelea se suscitaba hacia el otro lado del enorme palacete, estos fueron fácilmente oídos en una habitación, donde dormía una pareja que despertó al oír las cantaletas de todas las mañanas.
―Ahí van tus hijos de vuelta, Kagome―mencionó el hombre que la abrazaba, aun con sus ojos cerrados
La adorable mujer que estaba arropada entre sus brazos no abrió los ojos, pero sí que estaba despierta. Las peleas de sus hijos por las mañanas funcionaban mejor como despertador que el gallo que tenían.
―Que yo sepa, no los hice sola. Son tus hijos, Bankotsu…y tienen tu carácter―bromeó la mujer sonriendo de plena felicidad.
Era cierto, habían pasado 16 años desde que habia tomado la decisión de vivir en esta época y no estaba arrepentida. Cada día era más feliz con esta familia que habia fundado en este lugar, con el hombre que le habia destinado la vida.
Ahora era madre de tres hijos. Ranma ya tenía 21 años ahora, y mirarlo ahora era como estar viendo una versión joven y graciosa de su propio esposo, ya que Ranma habia sacado mucho del carácter de su padre, y más ahora que habia venido de China donde habia estado compitiendo en torneos de artes marciales antiguas donde habia sobresalido. Su Ranma podría ser testarudo y con el ego más grande que sus tierras, pero en el fondo era una ternura y su madre lo sabía. Sabía que su hijo era especial, ya que conservaba ese estigma de poder que su madre sabía que habia quedado dormido para siempre dentro de él porque eran tiempos de paz y no necesitaría nunca ser usado. Recordaba como Naraku habia anhelado ese poder.
Y aunque fingiese pelear todo el tiempo con ellas, sabía que era muy sobreprotector y celoso de sus dos hermanas menores, Kaoru de 15 y Misao de 14. Dos muchachas adorables y hermosas….aunque también habían quitado bastante del carácter de su padre y también de su propia madre.
Eran tiernas, impulsivas, iracundas y orgullosas, sobre todo la menor, Misao, pero ambas habían heredado lo mejor de sus padres.
Kagome reía en sus adentros al recordar la cara que habia puesto Bankotsu cuando un chico llamado Kenshin habia venido a preguntar por Kaoru. Probablemente lo hubiera matado con su vieja alabarda que estaba exhibida en el salón de la familia, de no ser por ella.
Tenía que lidiar con los celosos que podrían ser Ranma y Bankotsu con ella, y ahora también tenía que lidiar con la sobreprotección que esos dos ejercían en Kaoru y en Misao.
―Deberíamos levantarnos, cariño. Ya sabes que hoy iremos a visitar a Inuyasha, a Sango, Miroku y a los demás―finalmente palmeó Kagome, levantándose desnuda del futon a recoger la yukata que habia quedado regada en el suelo anoche.
―Aun no entiendo porque esa bestia insiste en que compremos esa propiedad que está en su aldea―rugió Bankotsu al tiempo que miraba a su esposa vestirse. No importaba como habían pasado los años, ella seguía demasiado hermosa, y de no ser porque tenían que desayunar en familia, probablemente pasarían la mañana en la cama.
Gruñó en sus adentros pensando en sus hijos: ¡Niños inoportunos, ya veré de mandarlos de vacaciones en alguna parte, así su madre y yo pasamos algo de tiempo juntos!
―Es que no es para nosotros. Es para Ranma. Será un regalo perfecto para tu hijo mayor―sonrió Kagome al tiempo que se ataba el obi de su kimono verde
Era cierto, Ranma ya tenía 21 y estaba en edad de contraer matrimonio. Era raro que ya no lo hiciera ya en estos tiempos, pero su madre sabía que su hijo no era como los demás, y quizá aún debían esperar mucho para eso, pero de todas formas regalarle un lugar propio para que tuviera para cuando quisiese estar solo era algo que se merecía.
Miró a su marido vestirse también.
Estaba orgullosa de su hombre. No solo habia trabajado duro en su barco en los inicios cuando habían vuelto de la era moderna de forma definitiva, para darle a ella un estilo de vida, que según sus propias palabras era lo que se merecía una mujer como ella.
No se habían quedado a vivir en la aldea de Inuyasha, sino que Bankotsu insistió en construir lo que sería su hogar en la aldea aquella donde habían vivido al inicio de su matrimonio cuando eran peones del juego de Naraku.
En esa época, ella ya estaba embarazada de la que sería su segunda hija, Kaoru.
Hoy vivían cómodos en ese hermoso palacete, donde habían criado a sus hijos, y vivido tantas cosas juntos. Él habia consolidado su posición como terrateniente y era un hombre respetado así como temido, porque su carácter no habia cambiado.
Hoy por hoy, Kagome ya casi no pensaba en su vida de antes de tener a sus hijos, parecía como si todo hubiera quedado guardado en el fondo de su memoria.
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El desayuno era una de las actividades que más disfrutaba Kagome en familia, porque tenían la costumbre de hacerla siempre juntos.
―Mamá… ¿Por qué quieres que me quede hoy?―preguntó Ranma al tiempo que devoraba unos panes de arroz―. Tenía pensado ir a entrenar a esa boba de Akane.
Kagome enarcó una ceja pero no dijo nada. Sabía que esa muchachita Akane era muy especial para su hijo. Eso lo habia detectado hace tiempo.
―Pues iremos a ver una propiedad. Tu padre también irá―respondió Kagome
―Siempre es divertido ir a la aldea de tío Inuyasha, además que muero por ver a las gemelas―apuntó Kaoru
―Y yo quiero pasear en el bosque ¡es enorme!, y trepar en el Goshimboku―apuntó Misao.
―! Pareces niño!―se burló Ranma de su hermana menor
― ¿Ah, sí?, pues porque no le cuentas a la familia que el otro día te pesqué viendo a Akane con ojos de bobo―contraatacó Misao sin dejar de reír.
Kagome encogió sus hombros mirando a su marido que habia estado leyendo unas cartas de trabajo que habia llegado.
―! Ya cierren la boca!, porque o sino los llevaré a entrenar toda la tarde―finalmente esgrimió Bankotsu con su autoridad paterna, recurso que siempre funcionaba porque los tres le tenían terror a los entrenamientos de su padre.
El silencio se esgrimió en el salón, solo Kagome sonreía.
―Bueno…así está mejor―agregó el ex mercenario al tiempo que leía otro pergamino mientras bebía su té.
Bankotsu fingía ser un duro, pero se desarmaba por completo cuando sus hijas Kaoru o Misao le pedían algo haciendo brillar sus respectivos ojos claros. Claros, porque ambas también habían heredado sus mismos ojos azules.
―Papá ¿esta vez nos llevaras a la enorme cascada de la aldea del tío Inuyasha?―pidió Kaoru olvidando por completo la amenaza de su padre
―! Yo también quiero!―se sumó Misao
―! Niñas bobas!―rugió Ranma sin dejar de devorar pasteles de arroz
Y así comenzaba otra divertida letanía de peleas de hermanos.
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Quizá su casa era ruidosa, y muy estruendosa. Con Ranma rompiendo cosas por no controlar aun su fuerza de forma adecuada, o por los berrinches con sus hermanas.
Pero Kagome no lo cambiaría por nada en el mundo.
Tenía a su familia con ella. Y más cuando sentía los brazos fuertes de su esposo sosteniéndola y cuidándola siempre.
Habían pasado y superado tanto juntos.
Y lo seguirían haciendo hasta el final de sus días.
Por el amor que se tenían, pero sobre todo, por sus amados hijos.
FINAL
COMENTARIO.
POCO DESPUES DE UN AÑO DOY FINAL A ESTE FANFIC COMO DIJE DESDE EL INICIO ES Y ERA ALGO SENCILLO SIN TANTAS PRETENSIONES, POR TANTO SU FINAL FUE ASI.
COMO HABRAN VISTO ME ROBÉ A KAORU Y A MISAO DEL ANIMÉ DE SAMURAI X, QUE SE ME HACE QUEDAN PERFECTAS COMO HERMANAS DE RANMA.7
ESPERO LES HAYA AGRADADO, COMO COMPLEMENTO Y SIENDO QUE EL 21 ES EL CUMPLE DEL CIRCULO MERCENARIO PODRIA HACER UN ANEXO CORTO CONTANDO ALGO MÁS DE ESTA FAMILIA, PERO SOLO SI USTEDES QUIEREN.
DEDICO ESTE CAPITULO A TODAS ESAS PERSONAS QUE ME ACOMPAÑARON TODO ESTE TIEMPO EN EL FIC: FRAN GARRIDO, AIDE, KAMISUMI, AKANE KOU, LISETTE RODRIGUEZ, ELIZABETH QUEZADA, PLUPA, PAMAIG, KAZUKO45, DANIPASOS LARA, VINNIE VELEZ, JULY HERNANDEZ, MONY MTZ, FRAN SANCHEZ, NEKA SEMPAI, YOCE, EQUIHUA LOVE, ALEI 91, TITITA TAISHO, ANGLICA, LUKEEMPIRES, Y MUCHAS OTRAS PERSONAS, MIL GRACIAS A TODOS.
SEGURO ME OLVIDO DE ALGUIEN, POR ESO EXTIENDO ESTO CON ABRAZOS PARA TODOS.
EN OCTUBRE QUIZÁ EMPIECE MI NUEVO PROYECTO DE BANKAG, QUE SERÁ UN LONG FIC UN TANTO DIFERENTE A ESTE, YA LO ESTOY PREPARANDO.
LOS ESTARÉ ESPERANDO ALLI TAMBIEN.
GRACIAS POR LA COMPAÑIA!
LES QUIERO MUCHO-
PAOLA.
