INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN.

.

.

.

.

ANEXO ESPECIAL COMO ANIVERSARIO DEL CIRCULO MERCENARIO.

.

.

.

ACTO ESPECIAL.

.

.

.

.

― ¿Sabes que es lo bueno de que al fin Akane te diera el sí, pedazo de zopenco?―preguntó burlonamente Misao colgada de un árbol mientras su hermano mayor hacia unos estiramientos abajo.

Kaoru, que estaba escribiendo en unos pergaminos, con el nuevo juego de plumas que su madre le habia regalado los observaba sonriendo.

― ¿Qué?―preguntó Ranma, enarcando una ceja

―! Que al fin desalojaras tu cuarto, y nuestros padres estarán libres de ti!―rió Misao a tambor batiente

Ranma ya no les respondió, pero ya se encargaría de darle una lección a esa niña escurridiza.

Kaoru cerró los pergaminos que estaba escribiendo e hizo un suspiro soñador.

―Ranma…. ¿extrañas en algo el mundo natal de mamá?, tu viviste un poco ahí―preguntó de soslayo la muchacha.

Ranma paró en algo sus estiramientos y se acercó a beber agua que tenían acumulado en un pequeño junco que había traído los hermanos.

―A decir verdad no. Aunque lamento que nunca más podría ver a la familia que quedó allá ¿Por qué lo preguntas?―inquirió Ranma

―No lo sé. El otro día pillé a mamá muy taciturna. Como si algo le pesara, como si extrañara algo. Ella no suele ser así, y hasta tuvieron una discusión con nuestro padre. Por eso digo que quizá mamá extrañe su hogar―apuntó Kaoru.

Misao que ya habia bajado del árbol.

― ¿O al tío Inuyasha?―agregó la muchachita

―! Oye!―reclamó Ranma

―Pero si es un secreto a voces que nuestra madre y el tío Inuyasha tuvieron algo antes de que nuestros padres se juntaran. Nunca lo mencionan, pero así es, y además es motivo por el cual, nuestro padre no lo tiene en tanta gracia―añadió Misao con la cara más seria.

―No creo que debamos meter nuestras narices donde no nos llamaron―cortó Ranma. A él no le gustaba que hablaran libremente de cosas que no le incumbían, y él sabía que habia cosas que era mejor no tocar.

―Pero si no estoy diciendo nada malo…―esgrimió Misao.

―Quizá no, pero ten en cuenta que ninguno de nosotros hubiera nacido si nuestra madre hubiera ido por el camino de Inuyasha, así que déjenlo ¿quieren?―intervino Ranma, intentando zanjar el tema con autoridad de hermano mayor.

.

.

.

.

.

La venida a la aldea de Inuyasha al final se habia prolongado un poco más de lo pactado al principio ya que las hijas habían pretextado estar muy cansadas para enfrascarse en otro viaje y Kagome con toda su familia estaban hospedados en la casa que al final habían comprado para regalárselo a su hijo mayor.

Ya que estaban, aprovecharían de darle algún uso.

Bankotsu estaba ocupado poniéndole sellos a unos papeles, en tanto Kagome estaba en las habitaciones de arriba probablemente supervisando la ropa o la comida, ya que siempre habia sido quisquillosa, por eso le llamó mucho la atención cuando la mujer vino a hablarle.

― ¿Todavía te falta mucho?

―Ya acabé, solo me quería asegurar así envío a Hikaru que lleve estos documentos al viaje de trabajo―respondió el esposo sin mirarla.

Kagome torció la boca.

―Mandé a los niños afuera a pasar el día. ¿No me digas que vas a pasar todo el día trabajando?

Bankotsu siguió sin alzar la mirada.

―Ya acabo aquí ¿Por qué la prisa?

Kagome se le acercó sugestivamente parándose frente a su marido, y ante los ojos desorbitados de éste procedió a desanudarse el kimono para deslizarlo por su cuerpo que estaba totalmente desnudo.

El marido literalmente se quedó con la boca abierta ante tremenda visión, y se le cayó la pluma que tenía en la mano, parpadeando extasiado.

―Pues ¿para qué más?, que no sea frotarle la espalda a tu esposa―respondió Kagome a la última pregunta, para finalmente arrojarse al regazo de su esposo que la recibió con los brazos más que abiertos.

―Oh…Kagome...

―No sabes lo que tuve que hacer para mandar a los niños fuera, así que aprovechemos ¿quieres?, casi nunca tenemos tiempo de estar juntos―arguyó Kagome antes de buscar los labios del morenos y perderse en ellos.

El ex mercenario estaba embelesado con la visión de su mujer desnuda entre sus brazos. No importaban los años que habían pasado. Ella seguía siendo hermosa. Más que antes incluso. Ya no tenía la figurita adolescente de cuando se conocieron porque habia dado lugar a la mujer sensual de ahora, con una figura privilegiada que ni tres partos habían logrado opacar.

Justamente porque estaba absorto en ella, es que no escatimó en nada, y tomó lo que se estaba ofreciendo sin pensar en que podían ser descubiertos en cualquier momento porque estaban en la sala de la nueva casa.

Le hizo el amor allí mismo, él ni siquiera se molestó en quitarse la ropa, solo movió lo necesario para poder penetrarla y volver a tener a esa mujer.

Ella tenía razón. Hace demasiado tiempo que no estaban juntos. Un momento como éste era algo demasiado precioso, algo que no podían permitirse siempre, no solo por el trabajo, sino porque sus tres hijos, a pesar de estar crecidos, nunca se quedaban quietos, y siempre estaba revoloteando por todas partes.

Recordaba aquella vez que Misao casi los habia pillado. Desde esa vez habían puesto como plan cuando deseaban estar solos, pues hacer algún campamento fuera de la casa, cosa que tampoco podían hacer seguido.

Pero cada que podían estar juntos, era como si la magia y el ensueño que habia sentido como cuando eran unos despreocupados adolescentes emergieran con más fuerza.

Estaban muy concentrados el uno con el otro que solo oyeron cuando las pisadas ya estaban muy cerca de la puerta junto con los gritos de sus hijos.

Apenas tuvieron tiempo de empujarse uno al otro, mas ella por ponerse como pudiese el kimono que yacía en el suelo, mientras él se acomodaba la hakama, aunque frunciendo la boca de frustración por haber sido interrumpidos en lo más interesante.

Menos mal tenían sus reflejos bien agiles, que cuando Ranma, Kaoru y Misao entraron a la casa, ellos ya estaban separados, bien lejos del otro, y Kagome de la vergüenza daba la espalda a su atribulado esposo.

Habia como una tensión en el aire, que se notaba fácilmente, era tensión sexual , pero claro que los tres jóvenes que habían entrado no podían saberlo, así que cada uno interpretó a su manera, más cuando su madre tartamudeó que tenía algo que hacer en casa de Sango y Bankotsu apuntó que saldría a mirar algo por ahí. Saliendo raudamente por caminos separados sin siquiera haber saludado a sus hijos en forma.

.

.

.

.

.

―En verdad están actuando raro―esgrimió Misao

―No quise escucharte en el bosque, pero ahora te doy la razón―le concedió Kaoru

―No creo que debamos meternos, la vida pasada de nuestra madre no es de nuestra incumbencia―sostuvo Ranma, más maduro, pero no podía negar que estaba intrigado.

¿Y si era cierto que la venida a esta aldea habia hecho reflorecer los antiguos sentimientos de su madre hacia Inuyasha?, habían oído una vez de la boca de Miroku que ellos habían nacido para conocerse, quizá ahora su madre se estaba cansando de Bankotsu y quizá pudiere buscar a Inuyasha, que habia estado solo desde siempre porque estaba aún enamorado de Kagome, y eso no cambiaría nunca.

―Por eso estaban molestos, ¿vieron la cara que tenían los dos?, y se fueron por lugares diferentes, como si no se tolerasen―siguió diciendo Misao.

―No creo que mi padre tenga ojos para otra, yo sé cómo es él, no creo que sea así, y ahora que tío Inuyasha aun ame a nuestra madre, es algo que no se puede evitar ¿no creen?, aunque no entiendo que hago hablando de estas cosas con niñas tan bobas como ustedes―estipuló Ranma al final

― ¿Deberíamos hacer algo por ellos?―preguntó Kaoru

―Debemos ayudar a nuestros padres a estar unidos, en eso te doy la razón, Kaoru―contestó Misao.

Solo Ranma permanecía con los brazos cruzados.

―No me gusta entrometerme en estas cosas, pero a mí tampoco me gustaría ver que mis padres se separen, así que las apoyo ¿Qué hacemos?―finalmente lanzó Ranma.

.

.

.

.

.

―Por poco y los niños nos descubren―jadeó Kagome al tiempo que se cernía sobre un árbol, frente al pequeño lago.

― ¿Niños?, creo que estos momentos es cuando quisiera ser un déspota y concertarles matrimonios a los tres! Vaya manera de interrumpir!―gruñó Bankotsu, aun frustrado.

―No bromees con eso, ambos sabemos que te morirías cuando venga algún chico a pedir por una de tus hijas, así que no digas cosas que no vas a cumplir―bromeó distendida su esposa.

―Mph―bufó él, cruzando sus brazos, mirando el agua del lago. Su esposa habia tocado una fibra intima suya. Era cierto, mejor ni pensar en que sus hijas ya eran casaderas, porque se volvería loco.

De todas formas no podía negar que estaba enfadado por la interrupción.

―Oye, déjame en casa de Sango, quiero ver los kimonos que cosió para sus hijas. Kaoru me dijo que le comprara algunos para la fiesta de los cerezos, y me gustaría mirar esos modelos.

―! Bah!, cosas de mujeres―bufó Bankotsu, al tiempo que tomaba la mano de su mujer, para encaminarse a la aldea y realizar el cometido.

.

.

.

.

.

Lo que ninguno sabia es que los tres hijos de la pareja estaban en un extraño plan y se habían dispuesto a hacer algo por mejorar lo que creían era una raída relación entre sus padres.

Lo primero que hicieron fue seguir a su madre. Pero justamente por la naturaleza de la misión, lo hicieron desde cierta distancia porque sabían que Inuyasha tenía muy buen olfato, así que hicieron uso de sus increíbles capacidades elásticas para trepar arboles altísimos para vigilar.

Y justo se le habia presentado algo que ver, ya que Kagome luego de salir de la casa de Sango habia venido caminando ella sola, ya que Bankotsu se habia quedado entretenido en la aldea con algunos de sus hombres.

Kagome ya se disponía a venir a su casa, cargando en una mano, unas telas de kimono para bordársela a sus hijas, cuando se percató de algo que a todos se le habia pasado:

Era época de caída de flores de cerezo.

Y lo habían olvidado, pero al regresar a la casa donde estaba temporalmente avisaría al resto de su familia, para hacer un pequeño picnic antes de volver a la aldea donde vivían.

Kagome estaba enfrascada en la belleza de los hermosos pétalos, que solo sintió a Inuyasha cuando éste ya le estaba hablando.

―Me dijo Miroku que habías venido a la aldea.

La mujer volteó al verlo, para sonreír. Era cierto, ya que al llegar no habia visto a su viejo amigo porque estaba en una misión en otro sitio.

― ¿Cómo estas, Inuyasha?―saludó ella con su eterna y dulce sonrisa.

El hibrido se acercó un poco más para observarla mejor. Pudo apreciar con sus orbes dorados que su antigua amiga lucia mucho más bonita de la última vez que la habia visto. Sumado a que se veía plena y feliz. Aunque eso no era de extrañarse, ella siempre lucia así.

Kagome seguía hablando de mil cosas, del viaje, de sus hijos, de la casa que habían comprado para su hijo mayor, de un no sé qué de telas de kimono, pero Inuyasha no la estaba oyendo. Solo la miraba con arrobo. Quizá la nostalgia de verla tan hermosa parada frente a los árboles que arrojaban flores de cerezo, le habían traído a colación recuerdos muy melancólicos.

Él nunca habia podido olvidarla, y aunque ella era feliz hacia años con un esposo que la cuidaba y tenía su propia familia, Inuyasha nunca habia podido dejarla ir, aunque aceptaba que ella ya tenía otra vida, quizá diferente a lo que él hubiera podido darle, aunque en su fuero interno, Inuyasha estaba seguro que también hubiera puesto el mismo empeño de entregarle esa felicidad. Por ello estaba teniendo este ataque de melancolía, eso no podía negarlo nunca, Kagome siempre seria su mayor debilidad. Por ahora habia adquirido por extensión la de cuidar a sus dos hijas, que él amaba como si fueran suyas.

Sin embargo pese a todo eso, Inuyasha habia decidido el no renunciar a amarla, y si en su vida estaba escrito que caminaría a su lado como el mejor amigo, pues que así sea. Eso no cambiaría lo que sentía por ella nunca.

Por eso mismo, porque la respetaba es que nunca le decía nada para incomodarla, así que se limitó a verla cuando veía los largos cabellos oscuros de Kagome ondear al viento en completa paz.

Siempre atesoraría los momentos que habían vivido juntos, y guardaría ese sentimiento para él como un tesoro privado.

―! Cielos, Inuyasha!, creo que se me pasó la hora ¿me acompañas a la casa?, prometí supervisar el estofado para Bankotsu y los niños, que ya sabes que patalean si saben que no supervisé la cena―rió la bella mujer volteándose hacia el camino.

El hibrido sonrió, asintiendo con la cabeza.

Iría hasta el fin del mundo si ella se lo pidiera. Ahora y siempre.

.

.

.

.

.

Cerca de ahí, tres jóvenes bastante entrometidos que observaban la escena de lejos con una especie de visor especial que habia sido invento de Kohaku, iban bajando de los árboles.

Estaban sumamente silenciosos. Habían visto la escena de su madre y de Inuyasha y justamente por eso estaban callados.

No eran tontos y al observar detenidamente la escena, pudieron darse cuenta de algo que nunca antes habia pasado a detalle por ellos. Lo habían visto en los ojos de Inuyasha.

Un amor intenso y duradero, que traspasaba más allá de cualquier barrera, pero que sin embargo, pese a su intensidad respetaba los límites de la destinataria.

Frente a eso, los tres jóvenes habían quedado callados. Habían entendido, y así mismo comprendían que habia situaciones como esas, los extraños no deberían meterse. Era un mundo de recuerdos que no les correspondía.

―Mejor volvamos a casa―rompió el hielo, Ranma

―Sí, creo que mejor iré a ver qué hay de cena―agregó Misao

―Y yo a ver las telas de kimono que me prometió nuestra madre―añadió Kaoru, muy seria.

Los tres iban caminando muy serios y callados. La verdad no esperaban encontrarse con lo que pudieron percibir con esa escena.

La forma en la que Inuyasha miraba a su madre era algo que mejor llevar a la tumba antes que contárselo a su padre. Lo conocían demasiado bien y estaban seguros que no sería tan pacifico.

Pero más que nada, al ver esa poderosa mirada es que determinaron que mejor ni se metían.

.

.

.

.

.

De todas maneras, los tres hermanos ya habían olvidado cual habia sido su misión del día, ya que durante la cena que compartieron con sus padres pareciera como si todas las ideas que habían tenido durante el día se les esfumaron.

Más que nada por un detalle que antes de embarcarse en su aventura detectivesca no habían notado, de no ser porque habían visto esa misma ansiedad en los ojos de Inuyasha.

Sus padres se miraban al uno al otro de la misma forma.

La misma aprehensión, ternura, compromiso, amor, deseo, cariño. Todo condensado en una sola mirada.

La diferencia aquí es que el asunto era reciproco.

.

.

.

.

.

La cena era un delicioso estofado que tenía el toque de su madre que tenía un gran ojo para las especias. A esas horas, solo estaba la familia, ya que Inuyasha no se habia quedado a cenar, a pesar de ser invitado de Kagome, porque el hibrido insistió en que tenía otras diligencias que hacer.

―! Mejor!―habia mascullado Bankotsu.

―Bankotsu, no seas grosero―le habia reprendido su mujer

―Pero si es la verdad―atinó el ex mercenario

Es por eso que para la hora de la cena solo estaban los cinco.

―Mañana regresamos a casa―anunció Bankotsu―; ya estuvo bueno de andar de vagos por aquí.

―! Eso es excelente, cariño!―se alegró Kagome , que ya extrañaba su hogar

Kaoru y Misao se abrazaron emocionadas, casi echando al suelo la mesa de la emoción. Ya morían por regresar a casa.

Solo Ranma quedó callado.

―Yo me quedaré un tiempo por aquí―anunció el mayor. Lo cual no era extraño. Esta casa le pertenecía, aunque no imaginaban que quisiera empezar a aflojar sus alas tan pronto.

― ¿Vas a casarte con Akane?―preguntó sin filtro su padre

Semejante pregunta sonrojó al aludido haciendo que se pusiera a casi tartamudear.

Solo la sabia intervención de su madre lo salvó.

―Ya basta, no lo presionen. Él sabrá escoger el mejor momento. Ranma ya es un adulto―con una sabia y dulce sonrisa que hizo que el muchacho se calmara.

―! Pero será tan divertido preparar una boda!―se emocionó la hija menor

―Y nosotras podremos lucir kimonos nuevos en la fiesta―se ilusionó Kaoru

―! No sean entrometidas!―gruñó Ranma mas rojo que hace un rato.

―Muero por tener sobrinos con quienes jugar―musitó Misao

Ante las risas de las muchachas, y el sonrojo del joven armaron un pequeño alboroto en la casa, tanto que no se dieron cuenta del momento tan íntimo de sus padres, que se habían tomado las manos sobre la mesa y se daban varias miradas de complicidad.

Era verdad, el sueño que la vida habia deparado para ellos, sí que se habia cumplido.

.

.

.

.

.

En tanto, no lejos de ahí y sin que pudieran saberlo, alguien los observaba con cierta pena en la mirada. Aunque hubiera pasado tanto tiempo, él no podía evitarlo e Inuyasha lo sabía.

No habia tiempo ni lugar para él y para Kagome, y cuando pensaba en su vida lo único que le pesaba no era el no haber podido salvar a Kikyo en el pasado, eso ya un tema superado hace demasiados años, sino que la vida no le habia permitido cumplir el sueño que tenía para él y para Kagome.

Muchas veces se cuestionaba sobre su longeva vida. Una vida condenada a la soledad.

Pero luego recordaba la promesa que le habia hecho a Kagome cuando ella era apenas una quinceañera, que la protegería con su propia vida.

Ya sea como pareja o como amigo, él siempre iría tras ella para velar por sus sueños.

Como ahora mismo.

FIN ACTO ESPECIAL.


NOTAS.

El 21 de setiembre fue el aniversario del Circulo Mercenario, por eso, en dedicatoria a ese grupo y por sobre todo por toda esa gente especial que me acompañó con este fic durante todo este año, muchas gracias de nuevo!

Aprovecho y agradezco los rws que me dejaron en el capitulo final anterior, Mitsuki10, Fran Garrido, Aidee, Fran Sanchez, Pandora98, Angel Jibriel, Asia 12, July, Pamaig, Akane Kou. Supongo que de ahora en adelante ya solo podré agradecer en privado

MIL GRACIAS A TODOS Y HASTA EL SIGTE BANKAG!

BESOS.

PAOLA