Por haber tardado tanto en actualizar, este càpítulo es más largo :D
Fue hecho por las dos, pensado por las dos y escrito por las dos (:.
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Primer Día
Alguien lo llamaba... Se dio vuelta y semi dormido gritó un "James cállate ya"; tardó medio minuto en comprender que quien lo llamaba no era su hermano, que no se encontraba en su casa, sino en Hogwarts, y que el que pronunciaba su nombre era Lysander, uno de sus nuevos compañeros de casa, año, y por lo tanto habitación.
Albus se frotó los ojos intentando abrirlos a pesar del cansancio, y una sonrisa se le dibujó en el rostro al darse cuenta lo que veía a su alrededor: la mesita de luz donde había dejado algunos de sus libros, su cama con las cortinas de dosel y un par de esferas celestes flotantes… un minuto, "esferas flotantes" no era algo normal. Pensó que debía seguir dormido pero luego vio una boca que decía:
-Viejo, yo no soy James pero creo que ya es hora de que te vayas levantando.
Albus, que no se lo esperaba, simplemente gritó y se cayó de la cama. En el suelo, pudo reconocer la voz de Lysander y en ese momento su risa. Con la poca dignidad que le quedaba Albus se levantó y le dijo a su amigo que tan feliz se veía:
- Se me cayó algo, es un nuevo ritual que James me enseñó- no sabía cual de las dos era peor como excusa, pero al menos hizo que Lysander se riera de otra cosa.
Albus pudo terminar de cambiarse sin otro contratiempo, y de paso conoció a sus otros compañeros de cuarto: Seth Ryans y Jake Nimblow. Jake era un gracioso pelirrojo de ojos marrones y Seth un chico de piel oscura y una amable sonrisa. Todos estaban contentos y ansiosos de empezar en Hogwarts, coincidían con Albus de que querían aprender todos los hechizos posibles y después poder presumirlos. Pero Albus en el fondo lo que en verdad quería aprender eran todos los secretos que ese fantástico castillo escondido y que su padre les había hablado mucho pero nunca revelado; podía escuchar en ese momento la voz de su padre diciéndole: "Hogwarts no solo es un castillo en donde se enseña magia, el en sí mismo es pura magia y guarda tantos secretos que ni siquiera Albus Dumbledore pudo descubrirlos todos; así que queda en sus manos investigar y llegar hasta los lugares mas profundos para encontrarlos". Por más de las insistencias de sus hijos (que fueron muchas, teniendo en cuenta de que tenía como hijo al molesto de James y al curioso Albus) Harry nunca les contó de las cosas que había descubierto, él quería que lo hagan por su cuenta.
Renovando energías, Albus y sus compañeros bajaron e desayunar y se sentaron en la larga mesa de Gryffindor.
-¡Hola Albus! – saludó una chica castaña con todo el pelo enmarañado, su prima Rose.
-Hola –sonrió también- que bueno verte, te presento a Lysander, ven a sentarte con nosotros.
Rose saludó al amigo de su primo y este sin quererlo se sonrojó, pero ella no lo notó y se sentó junto a ellos. Siempre había mantenido una excelente relación con Albus, tenían caracteres compatibles, y ambos padecían de las continuas bromas de James, que no se las guardaba ni con su adorada prima. Desde chiquitos habían escapado de los ojos vigilantes de sus padres para enfrascarse en emocionantes aventuras en pañales.
Como habían quedado en Gryffindor y estaban los dos en primer año, tendrían todas sus clases juntos, que comenzarían con doble hora de Encantamientos.
Cuando terminaron de comer las delicias que había para el desayuno, y luego de una serie de infortunios generados principalmente por James y sus amigos fueron hacia el aula de su primera clase, justo cuando estaba tocando la campana. Llegaron un poco tarde, por lo que estaban casi todos los pupitres ocupados excepto uno en la segunda fila, donde se sentaron Albus y Lysander, y quedaba un lugar al lado de un chico de Ravenclaw con el pelo negro muy oscuro, que tomó Rose.
-Buenos días alumnos. Esta será su primera clase en Hogwarts. Yo soy el profesor Flitwick, pero no son necesarias introducciones ya que nos encontramos antes de la ceremonia de iniciación. Soy su subdirector y el jefe de la casa Ravenclaw. Quiero darles la bienvenida, y espero que aprendan mucho en esta clase –hizo un ademán con la varita, que hizo que la tiza escribiera sola en el pizarrón su nombre- ese es un hechizo muy sencillo, denominado Wingardiunm Leviosa, ¿alguno de ustedes tiene la más mínima idea de que hechizo les estoy hablando?
Como buena hija de Hermione, la primera mano en alzarse fue la de Rose: -El hechizo Wingardiunm Leviosa es utilizado para hacer levitar cualquier objeto que se desee elevar-.
Flitwick no respondió de inmediato, la miró detenidamente y sonrió: era imposible de no reconocerla con ese pelo alborotado y esos ojos azules, era la hija de la misma chica que en su primera clase había respondido correctamente a su pregunta e hija del mismo chico con el que esta chica se había sentado y había evitado que prendiera fuego su pluma. Aunque sus alumnos no lo supieran, Flitwick tenía en su memoria a cada chico que había pasado por su aula y les tenía un cariño que ni él quería aceptar.
-Bien dicho señorita Gran… Weasley- dijo aún sonriendo por lo irónica que se estaba volviendo la situación- 5 puntos para Gryffndor.
Rose sonrió sorprendida, tanto por haber ganado puntos por primera vez para su casa y porque su profesor le había llamado por su nombre sin que ella se lo dijera.
-Como bien ha dicho su compañera, este es un hechizo que sirve para mover los objetos de un lugar a otro- prosiguió el profesor, pero al ver las caras de emoción que tenían su alumnos al sacar sus varitas, agregó- pero deberán esperar para poder hacerlo. Ahora, me gustaría que sacaran sus libros, y lean la primera página… Tú, ¿Potter verdad? Esperemos que no te parezcas tanto a tu hermano, porque sino tendré que comprar plumas antiinflamables para las próximas clases… lee por favor la página 13.
Como ya les habían advertido, si bien la clase fue larga, salieron sin haber aprendido ningún hechizo fantástico, ni hicieron que alguien levitara, ni le borraron la memoria a su compañero, pero sí les enseñaron el hechizo Wingardium Leviosa de manera teórica. Solo les enseñaron a pronunciar las palabras para realizar el hechizo, pero salieron con la promesa de que en la próxima clase lo realizarían.
--*--
Sintió que algo húmedo le acariciaba el rostro, pero como para Anna dormir era algo imprescindible no se molestó en averiguar su procedencia; se limitó a cambiar de posición en la cama y a seguir descansando. Minutos después sintió algo que… Era… Sí, ¡Era agua!, abrió los ojos, y vio a su ahora enemiga.
-Puff, ¡Sí que cuesta levantarte mujer! ¡A veces me pregunto si eres normal- dijo Zoe con una sonrisa y una balde vacío en las manos.
Con un grito, Anna, saltó encima de Zoe, insultando a los cuatro vientos a toda su familia. Con los gritos y maldiciones de Anna y las risas de Zoe, Sarah que estaba ordenando su mochila los libros que habría de utilizar, soltó un bufido. Dos camas más lejos, las pocas chicas restantes que estaban en segundo año de Gryffindor también empezaban a insultar al grupo.
Sarah intentó de sacarles las varitas a sus dos amigas para evitar una catástrofe mundial y por el bien de su salud mental y auditiva. Por supuesto que no pudo hacerlo, y lo único que ganó fue que Anna la hiciera volar por el cuarto. Al hacerlo, Zoe, que estaba en contra del uso indebido de magia, le sacó la varita a lo muggle.
Como respuesta Anna hizo lo mismo y su batalla campal empezó con almohadonzazos Zoe se dio cuenta de que Anna iba a utilizar la varita, por lo que se le adelantó, olvidándose por un momento de su contrariedad a estas cosas, y le lanzó el conjuro piernas de gelatina.
Furiosa, Sarah las petrificó, dando por terminada la inocente pelea y ganándose el agradecimiento eterno de sus otras compañeras.
Sarah las miró con cara de reproche:
-Zoe, ¿No se supone que eras vos la que estaba en contra de utilizar la magia contra las personas?
-Ehmm, ¿El fin justifica los medios?- trató de zafar Zoe en cuanto la despetrificaron, pero visiblemente arrepentida agregó- perdón.
Anna se limitó a sacarle la lengua a Sarah y decirle: vamos, Sarita ni que fueras nuestra madre…-.
-No, no soy su madre, yo nunca podría engendrar seres tan imperfectos comos ustedes dos.- dijo ganándose una paliza por parte de sus dos amigas-.
Finalmente dejaron la pelea amistosa para más adelante, se cambiaron y fueron al Gran Salón a tomar el desayuno. Lo que no sabían era que las pelas estaban recién empezando…
--*--
Quedaba exactamente diez minutos… Los cinco chicos seguían durmiendo tranquilamente, o lo más tranquilo que se puede estar en una habitación rodeada de persistentes ronquidos.
Una mata de pelo desordenado color azabache salió de entre las sábanas. Con una sonrisa de suficiencia, James miró a lo que quedaba del destrozado despertador y una sonrisa de triunfo se le iluminó en la cara sabiendo que sus tan "responsables" amigos llegarían tarde a su primera clase.
Riéndose en su interior, tiró una bomba fétida al piso, y comenzó la cuenta regresiva, esperando pacientemente a que la obra de su maquiavélico plan comenzara.
El primero en despertarse sobresaltado fue Sam, que del apuro se tropezó con su propia sábana y cayó sobre Dean, quien con un grito de "¡No me violen!" se tiró al piso y empezó a rodar como si hubiera un incendio. John abrió los ojos, y tratando de eludir la guerra se alejó de puntillas, pero inmediatamente Tyler, un fortachón que disfrutaba de las peleas sin causa, saltó encima suyo sin dejarlo levantarse.
Mientras tanto, James, al fondo de la habitación, estaba sentado serenamente riéndose a las carcajadas de su obra maestra, pensando que ese definitivamente era el mejor comienzo de clases que se pudiera pedir. Su satisfacción no duró mucho tiempo, las cuatro cabezas giraron hacia él y comenzaron a caminar lentamente en su dirección; antes de que pudiera siquiera gritar, se vio aplastado por los cuerpos de sus furiosos amigos.
Con el poco aire que le quedaba, James simplemente dijo: "Es tarde". Y como si hubiera pronunciado un hechizo, sus compañeros desaparecieron entre el desorden de la habitación buscando su ropa, libros y lucidez. En menos de 30 segundos estaban bajando las escaleras hacia el gran salón, es decir, hacia la comida…
El escenario que allí se encontraron fue el de una rubia amenazando con un cuchillo de manteca a una castaña semi pelirroja que abrazaba de manera protectora a una gran bola de pelos. En la otra punta de la mesa, había una morocha leyendo tranquilamente un ejemplar de El Profeta. La situación distaba de tener sentido desde su posición, pero a medida que se acercaban pudieron ir reconociendo las distintas y tan familiares voces.
Los chicos se miraron pícaramente y se fueron acercando a sus futuras víctimas; las cosas volvían por fin a ser como antes, los alborotadores regresaban a casa.
El primero en acercarse fue Tyler, quien por un momento pareció olvidarse de que Sarah estaba con un cuchillo en su poder.
-¿Qué hay de nuevo nenas?- preguntó con una sonrisa insinuadora.
Al no vérselo venir, Sarah se sobresaltó y por poco no le arranca uno de sus preciados y supuestamente conquistadores ojos; él, que al fin y al cabo no era masoquista, se alejó prudentemente de la fiera sin borrar la sonrisa idiota de su rostro. A lo lejos Sam vio la amenaza en potencia de Sarah y con una carcajada siguió su camino hacia el aula de pociones, ya podría torturarla cuando llegara tarde.
Finalmente los únicos que quedaron en el Gran Salón fueron John, James y Dean; los cuales poseían más experiencia en todo tema relacionado con los crear caos, por lo que sabían que era mejor observar al enemigo antes de atacar. Mentalmente, cada uno eligió su víctima.
James se sentó de un salto justo al lado de Anna, arrancándole una tostada de la mano para comérsela y con un codazo le tiró el jugo en el diario. Felizmente, esperó a que el volcán entrara en erupción.
Dean, el más compasivo pero no por ello menos bromista, le quitó de atrás el cuchillo a Sarah, y lo blandió como una espada frente a sus narices e hizo un grito de guerra, burlándola.
-Devuélvemelo –Sarah lo miró con el entrecejo fruncido separando las sílabas-.
-¿O qué? –sonrió-.
-¿Seguro que quieres saberlo?
Zoe miraba tímidamente la situación, hasta que John aparece a un costado y comienza a darle charla, pero ella no le prestaba mucha atención, estaba más concentrada viendo como Dean le hablaba a su mejor amiga.
-¿Qué te cuentas?
-Ajá, yo también la pasé bien, y ya sabes, lo de siempre, comí, bailé, me bañé en el mar, embaracé a una chica…
-Mirá que bien… Perdón, ¡¿QUÉ?!
-Sí, lo que te decía, me compré un perro
Zoe lo miró confundida, y asintió con la cabeza; de repente escuchó un ruido ensordecedor proveniente del otro lado de la mesa.
…Anna sin dudar un minuto, le encajó la mermelada en el pelo cuidado de James, mientras este decidido a demostrarle quién mandaba, le tiró la jarra de jugo en la remera, que desafortunadamente era blanca.
Sin sonrojarse, agarró la varita y con un hechizo levicorpus mal realizado, James salió volando aterrizando en el medio de los huevos revueltos, provocando un gran estruendo.
James levantó la varita con la idea de devolver el ataque pero…
-¿QUÉ PASA AQUÍ? –McGonaggal se proponía darles una buena reprimenda sin escuchar explicaciones, fiel a su estilo.
Absolutamente todos, señalaron al que tenían al lado con un dedo acusador y dijeron "fue él/ella". La nueva directora los silenció de una mirada y con un simple gesto llamó a Sarah, quien le devolvió el cuchillo casi besándole los pies para que la perdonara.
-Tengo que admitir que no esperaba esto de ustedes señorita Ludmin, Stewart y señor Stew…
Lo único que pudo hacer Sarah es bajar la cabeza avergonzada, mientras que Zoe la rodeaba con un brazo conciente de que para ella era un golpe bajo
-…Aunque no puedo decir lo mismo de sus compañeros-Y con una mirada fulminante recorrió los rostros de James, Dean y Anna.- A ustedes los espero en mi oficina para discutir su castigo. Mientras tanto vayan a clases
Y con un andar erguido McGonaggal abandonó el salón; dejando a tres chicos sonriendo aliviados y a otros tres insultando por lo bajo y mirándolos con aspiraciones asesinas, era la primera vez desde los Merodeadores que castigaban a tres chicos de la misma casa antes de que finalizara la mañana.
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