A la mañana siguiente me levanto una hora antes para terminar de empacar las pocas cosas que aún quedan desperdigadas por la casa. Hay muchas cajas, lo que conlleva numerosos viajes pero me siento impaciente por ver mi nueva casa. Emmet llega un poco tarde, un hábito que no ha perdido. A pesar de sus exageradas quejas carga sin problema con lo más pesado hasta su jeep.
-¡Lo conseguiste! -exclamo al ver el enorme auto.
Sonríe maliciosamente.
-Vendí mi alma al diablo por él.
-Ah, tenías de eso...
Entrecierra los ojos y pone la enorme caja únicamente en una de sus manos.
-Deberías tener más cuidado con lo que dices mientras cargue tus -echa un vistado dentro y se carcajea - "modelitos de noche".
Me subo en el asiento del copiloto y me quito las gafas de sol para fulminarle con la mirada.
-Tus sucios ojos no merecen verlos. ¿Subes o no?
Suelta un bufido dejando caer la caja con brusquedad en la parte trasera. Oigo el sonido de un cristal romperse y me estremezco. Aparte de mi ropa interior había varios frascos de perfume que seguramente ahora empaparían el resto de prendas. Se sube a mi iaquierda y arranca sin siquiera mirarme.
-Había más cosas ahí dentro -acuso cruzándome de brazos.
-Mis sucias manos no podían con tanta pureza.
El departamento está a media hora de mi antiguo piso, más céntrico. Es un enorme edificio de catorce pisos. Tiene grandes ventanales impecablemente limpios que prometen una magnifica vista de la ciudad. Emmet aparca en el garaje subterráneo junto a un ferrari amarillo muy llamativo.
-Ese es de Alice -explica Emmet -. Sus padres se lo regalaron al llegar aquí.
No puedo evitar preguntarme cuanto dinero tendrá su familia si pueden permitirse esa clase de regalos. Viendo el piso en el que vive supongo que no tendrá lo que el setenta porciento de la población mundial considera "fin de mes".
-¿Hace mucho que vives aquí con ella? -pregunto siguiéndole al ascensor con parte de mis cosas.
-Al acabar el instituto no sabía muy bien que hacer. Tenía aquella beca de deportes pero sabía que acabaría detestándolo si se convirtiera en una obligación más que un hobbie -parece muy serio de pronto -. Mi media no era muy mala y fue cuando escuché que Alice y Edward vendrían a vivir aquí para estudiar.
Nos apretujamos como podemos en el espacio lleno de espejos. Verme rodeada de tantos Emmets enormes me hace sentirme ligeramente intimidada.
-Los dos comenzaban sus carreras, Alice diseño de moda y Edward medicina. Supuse que un cambio me iría bien para decidirme y vinimos a pasar el verano practicamente solos -se encoge de hombros -. Phoenix era muy diferente a Forks. El sol, el cielo despejado, la gente... y sobre todo las fiestas. Esos dos meses fueron una locura en los que viajamos de discoteca en discoteca. Fue una época que nos cambió a los tres.
Llegamos a nuestro piso con suavidad y nos recibe un pasillo de marmol claro y una mullida moqueta dorada. Solo hay tres puertas blancas; la nuestra la de la derecha. Posa las cajas en el suelo y saca las llaves.
-En una de esas noches conocí a Garret -continua mientras batalla con la cerradura -. Era tres años mayor que yo pero sabía como divertirse. Muy extraño para alguien que estudiaba dirección de empresas -rió -. Se hizo muy cercano a nosotros y al ver mis dudas se encargó de presentarme su carrera como la mejor opción. Así que me dejé llevar.
Por fin consigue abrir y se hace a un lado para dejarme entrar. Me concentro en no abrir la boca. ¡El sitio era aún más increíble en persona! La entrada es muy amplia, conectada con el salón a la izquierda y la cocina a la derecha. Todo esta abierto y unido en perfecta sincronía, sin paredes que lo serparen. Junto a la puerta hay un pequeño mueble de madera oscura donde Emmet deja las llaves sin contemplaciones. A su lado hay un gran perchero a juego y un paraguero metálido.
El salón está decorado con tres sofás rojos en semi circulo, con una pequeña mesa de cristal en el medio. En frente hay una enorme televisión de pantalla plana colgando de la pared. A su vez la pared de la derecha era toda de cristal, permitiéndo ver un enorme paisaje.
La cocina está a la izquierda, toda de madera clara. En el centro de la misma hay una barra americana rodeada de altos taburetes acolchados y al fondo una gran mesa de seis sillas, haciéndo juego con la cocina.
-Tranquila, solo babearas al principio -se burla Emmet al ver que no puedo moverme de la impresión.
-Esto debe de costar mucho dinero, no se si puedo...
-La casa ya está pagada. Nosotros solo nos hacemos cargo de los gastos de luz, agua, comida y demás.
Camina al pasillo del fondo que conduce a cuatro puertas blancas, dos a cada lado. Se detiene en la última a la derecha.
-Esta es tu habitación.
Me apresuro a alcanzarle y compruebo que no es un sueño. Este será mi nuevo hogar indefinidamente. Sé que parezco una cría al correr dejando en el suelo las bolsas que cargaba y tirarme en la cama, donde reboto felizmente.
-Aún no puedo creer que esté en un sitio así -me giro para mirar a Emmet justo cuando algo choca con mi cara y cae a mis manos.
Un sujetador azul.
Me levanto y echo a correr tras él mientras grita algo como que mi pura ropa interior le ha quemado las manos.
-¡Ven aquí cavernícola! -veo que se adentra en la puerta en frente de mí y se encierra.
-Zona privada. Prohibido el paso a seres no corruptos.
-Por favor, tu mejor que nadie sabe que no soy ninguna santa. Ahora sal de ahi para que pueda darte una paliza antes de volver a por más cosas.
-¿Y si me niego?
Cojo la manilla para comprobar que por mucho que intente no se mueve ni un milimetro.
-Estas cosas tienen pestillo -se burla desde dentro golpeando ritmicamente la puerta y tararaeando alguna canción inventada.
Obviamente Emmet sigue siendo el crío de siempre, y como consiguiente saca mi lado adolescente con rapidez. Mi mente comienza a maquinar alguna forma de hacerlo salir y recuerdo. ¡El jeep! Me escapo a la entrada y meto con suaves patadas mis cajas en el apartamento. Cojo las llaves del mueble y cierro la puerta un instante después de ver a Emmet asomando la cabeza con el ceño fruncido.
Me escabullo al ascensor y meto la llave para que baje al segundo piso del garaje. Me miró en uno de los espejos y trato de alisar mi pelo con las manos entre risas. Se que adora ese coche y probablemente me mate si le hago el más mínimo rasguño. La idea es tentadora pero recuerdo que estoy camino a la madurez y decido que no es lo mejor.
Una vez abajo me doy cuenta de que ninguno de los dos autos llama la atención entre las caras máquinas que hay allí. Cada vez estoy más convencida de que no es un sitio habitual para vivir. Esto es caro. Me estremezco de solo ver un impecable Aston Martin a unos metros del jeep.
En cuanto me subo al coche me siento una completa enana. Ajustar el alejado asiento del volante y los espejos me lleva el tiempo suficiente para ver a Emmet llegar despotricando. Le sonrío y señalo el asiento copiloto.
-Espero que sepas conducir algo más que un triciclo, Isabella.
Cierra la puerta con brusquedad y yo me hundo en mi cómodo lugar lista para probarle mi experiencia.
A la una de la tarde el salón del apartamento está lleno de cajas y los dos nos sentamos con un suspiro en los sofás de cuero. Emmet pone los ojos en blanco.
-Si Alice estuviera aquí no hubiéramos tardado tanto -se queja en tono infantil.
-¿Dónde está?
Aún no la he visto desde ayer y siento que hasta que no hable con ella seré una intrusa.
-Tenía una reunión para alquilar un bajo a dos calles de aquí. Quiere montar su propia tienda cuanto antes.
Wow. La chica es lanzada si quiere su propio negocio tan joven.
-¿Una tienda? -espero no sonar entrometida por preguntar.
-Si, para vender sus diseños. Tiene una web desde hace año y medio con la que comercializaba su ropa por todo el país. Ahora usará ciertas amistades que se ha ido ganando para lanzarse.
Definitivamente es una chica emprendedora. Tener contactos a esas alturas en mi mundo es impensable. Yo empezaría con mi primer trabajo la semana siguiente. La idea hacía que se me revolviera el estómago.
-Es increíble, a penas tiene mi edad.
Emmet se encoje de hombros.
-Siempre se esfuerza por lo que quiere hasta que lo consigue. Me imagino que esto es solo el comienzo.
Se levanta bostezando y se estira.
-Tengo que revisar algunos papeles antes de comer. ¿Por qué no te acomodas y luego pedimos algo por teléfono? -sugiere ya caminando hacia su habitación.
-Vale, te veo en un rato.
La siguiente hora la dedico a poner orden en mi nuevo cuarto. Me sobra espacio en el enorme armario tras colocar mi ropa y calzado, pero por otro lado descubro que no tengo donde poner mis libros. Nada de estanterías, ni siquiera un escritorio. Por el momento decido dejarlo en las cajas a un lado.
Salgo al pequeño balcón y me aseguro como una tonta de que los barrotes no impedirán que caiga. Estamos en una parte de la ciudad más abarrotada de lo que estoy acostumbrada, pero la vista es inegablemente hermosa. Obvservo a mi alrededor encandilada. La vida me está ofreciendo una oportunidad increíble con este piso, Emmet y Alice. Estoy decidida a sacarle el mayor provecho a todo.
La puerta de la entrada se cierra y salgo de mi cuarto para saludar a Alice.
-¡Hola Bella! -me lanza una sonrisa radiante mientras se quita el pañuelo fucsia del cuello - Tenía muchas ganas de que llegaras.
Va vestida con un impecable traje negro y una blusa blanca, sus tacones hacen juego con el pañuelo. Me pilla analizando su ropa y se ríe.
-Es por la entrevista, no suelo ser tan seria visitiendo.
-Espero que hayas tenido suerte -sonrío timidamente.
-Es el dueño quién tiene suerte de que los haya elegido para asentarme -me guiña un ojo -. Va a ser un sitio conocido.
Me siento en uno de los taburetes. Ella se dirige a la nevera y saca una cerveza.
-Emmet me comentó que tienes un negocio en marcha.
Se apoya al otro lado de la barra con los codos.
-No era mucho pero fue fácil para empezar. Voy a dejarlo un tiempo mientras arranco la tienda.
-¿Todo lo que se venda allí lo diseñarás tú?
Baja la mirada unos segundos.
-Esa es la idea. Si no funciona hablaré con algunas personas para comercializar otras marcas y yo volveré a internet.
No parece feliz con la idea. Está nerviosa e insegura, jugando con la lata entre sus manos. No había pensado antes que alguien tan lanzado pudiera tener miedo de no acertar.
-Estoy segura de que todo irá mejor de lo que esperas -trato de infundarle valor y ella ríe ante mi pobre intento.
-Gracias Bella. Es bueno algo de apoyo de vez en cuando. Emmet suele burlarse de mi constantemente -una mueca maliciosa aparece en su rostro -. Ayer me habló de tí largo y tendido.
Mierda.
Emmet Cullen hablando de mí no era algo bueno. Probablemente le había contado nuestra larga lista de estupideces. Carraspeo.
-Espero que haya dicho algo bueno -ahora soy yo la incómoda.
-Me comentó de tu amistad con el suelo.
Voy a matarlo.
-No es que él me ayudara a mantenerme alejada de el por mucho tiempo -contesto levemente ofendida.
Alice asiente con los ojos cerrados.
-Créeme, sé que es un bruto.
-Y un pirado, exagerado, victimista...
Alice y yo reímos. Es una buena señal, la confirmación de que mi amigo no ha cambiado lo más mínimo.
-Si nos oye se vengará -se me ocurre.
-Y nosotras se la devolveremos -me ofrece un trago de su cerveza.
-Dos mentes maquiabélicas mejor que una -concuerdo.
Así comienza mi amistad con Alice, compartiendo una cerveza y poniendo a parir a su primo.
Pedimos pizza para comer y me ofrezco a hacer la cena para los tres esa noche. Alice me muestra donde está todo en la cocina y un gran secreto de la casa.
En la primera puerta a la izquierda del pasillo de las habitaciones hay una sala algo más grande que mi habitación a la que denominan el despacho. Las cuatro paredes están llenas de estanterías con libros de todo tipo. En las esquinas hay un pequeño sillón verde y una lamparita sobre él. El centro de la sala lo ocupa una enorme mesa de madera oscura con varias sillas. Alice me cuenta que su hermano solía necesitar un espacio para relajarse y trabajar en silecio, por lo que diseñó la sala cuando llegaron. Me señala varias baldas vacías para poner mis libros y documentos con total libertad. Aquel chico, Edward, había acertado.
Esa tarde llamo a Rosalie con más tranquilidad y le cuento todo con lujo de detalles. Descubro que ella misma tiene alguna prenda de la marca de Alice y augura un gran futuro para ella. Luego le paso a Emmet y comienzan su habitual guerra odio-amor. Era una historia complicada la suya.
Emmet se había fijado en Rosalie la primera vez que la vio cuando llegó a nuestro instituto el penñultimo año. Entre los dos había una química increíble y al principio todo fue bien hasta que Emmet se acostó con Jessica Stanley unos meses después. Él siempre había danzado de una chica a otra y Rosalie se desencantó hasta el punto de discutir con él cada vez que se veían por tonterías. Al final Rose conoció a otro chico llamado Royce que la trataba como una reina y empezaron a salir. Emmet se alejó de ella por un tiempo, hasta que me confesó que sentía celos de él y no quería interponerse.
Rosalie cortó con el chico tiempo después de empezar a la universidad y aunque habían vuelto a hablar no hubo oportunidad de un nuevo acercamiento. Hasta ahora.
Finalmente llamo a mis padres para tranquilizarlos por el repentino cambio de planes y les aseguré que los vería pronto. Espero poder cumplir esa promesa.
Tras probar la enorme bañera y enamorarme de la misma, me pongo un pantalón cómodo y una camiseta y salgo para hablar con Alice del contrato de alquiler. La escucho discutiendo con alguien por teléfono.
-Algún día trendrás que venir por aquí, Edward. Si Carlisle o Esme se enteran te van a arrastrar de vuelta a casa.
Silencio unos segundos.
-Tú sabrás lo que haces pero tu habitación ya está alquilada. Si vienen dormirás en el suelo de Emmet -anuncia con malicia.
Se ríe unos segundos.
-Vale, vale. Nos vemos pronto.
Corta la llamada y se gira para verme.
-Era Edward, está huyendo de nuestros padres -se pasó una mano por el pelo -. Algún día de estos te lo presentaré.
-Eso sería genial -muurmuro desviando mi vista hacia la ventana.
De momento estaba servida con un Edward en mi vida.
