Preparo pollo para cenar y comemos entre risas. Tengo tiempo de admirar a los primos. Tienen una relación de pique continuo, hasta el punto de lanzarse pan mutuamente al nombrar Emmet un ex novio de Alice. Me cuentan sus mejores historias desde que vivían con Edward, el mellizo ausente. Estas a menudo hacen que me atragante con el agua o que me ría tanto como para no poder respirar. Llego a la conclusión de que no tienen límite en cuanto a trastadas, pero son tan animados que te entran ganas de unirte a ellos sin dudar.
Por la noche paso un rato sentada en el balcón de mi habitación, intentando acostumbrarme a la altura. No puedo evitar sentirme muy afortunada por la oportunidad que se presenta ante mí. Todo parece muy nuevo, casi aterrador. En un libro, en una película, este sería el momento donde comenzarían los problemas.
Pero me doy cuenta de que eso ya ha ocurrido. Abrazando mis piernas contra mi pecho y por una vez me permito recordar lo ocurrido. En el fondo se que "mi" Edward no es un mal chico. Solo me aportó la mejor noche de pasión en mucho tiempo. Huír de él es solo el mecanismo que uso para olvidar lo que me motivo a lanzarme aquella noche.
Suspiro y regreso al día anterior al Jade. Me veo subiendo las escaleras de mi antiguo portal, acelerando al oír los gritos de Rosalie desde nuetra casa. Al llegar a nuestro piso veo la puerta del departamento abierta, cogines y varias fotos enmarcadas tiradas por el suelo de la sala. En el centro de la misma Rose sostiene una cuchara de madera, amenazante, encarándo a un hombre bajo el marco de mi puerta. Reconozco a mi novio James, únicamente vestido con unos boxers. Sus ojos se posan en mi horrorizados.
FLASHBACK
Rosalie se vuelve hacia mí con furia y baja el brazo con la improvisada arma.
-Bella, siento que tengas que enterarte así -sisea estremecíendose levemente.
Vuelvo la mirada a James, incapaz de comprender como han llegado a esta situación. No es que fuesen los mejores amigos pero se soportaban mutuamente. En este momento Rose parece capaz de matarlo. James avanza un paso en mi dirección.
-Dile que pare, por favor -suplica. Su cabello rubio está despeinado y tiene varias marcas rojas por el cuerpo -. Yo te explicaré todo con calma.
-¡Olvidate de eso! -brama Rose levantando la cuchara de nuevo en su dirección -. No sé ni como tienes las narices de mirarla.
Avanza hacia él con decisión y señana el interior de la habitación con su arma.
-Muévete -ordena.
Veo un ramalazo de ira en los ojos de James y se pone recto, enfrentándose a ella cara a cara.
-No tienes nada que ver en esto.
Las siguientes palabras de mi amiga están cargadas de veneno.
-Puede que yo no, pero sois tres los protagonistas.
James acerca su rostro un poco más al de ella.
-Márchate antes de que...
-¡Ni creas que me vas a intimidar, maldito arrogante! Si no te apartas yo lo haré.
Extiende el brazo libre en su dirección pero él aferra su muñeca con fuerza. Esa imagen penetra en mi cabeza y me hace reaccionar. James oculta algo y está dispuesto a herir a Rose para ocultarlo. Cojo uno de los marcos del suelo y avanzo hacia ellos sin dejar de mirarle.
-Suéltala.
Le doy en la mano con fuerza con una esquina del marco y suelta un quejido, girándose levemente y permitiendome echar una ojeada al interior de mi cuarto. El caos es aún peor , todas mis cosas tiradas por el suelo y el escritorio. Pero lo más chocante es la muchacha pelirroja que trata de tapar su cuerpo desnudo con mis sábanas.
Me quedo en silencio unos segundos tratando de asimilar lo que ocurre. La muchacha es Victoria, mi prima de dieciocho años. Ella había venido a visitarme unos días. Dejo caer tanto el marco como mi bolso al suelo. Las lágrimas acuden a mis ojos y siento mi cara enrojecer. Mi novio, mi prima, mi cama.
Me giro hacia James con las manos en puños.
-¿Te parece esto lógico? -exíjo en voz baja -. Te has acostado con mi prima, en mi casa.
-La cosa no fue así, ella llevaba insinuandose días...
-¿Esa es tu justificación? -le corto -. Apenas es mayor de edad.
-Sabía perfectamente lo que hacía -replica.
La furia me corroe. Medio año con James solo me ha servido para tener un enorme problema entre mis manos. Había empezado a pensar que sentía algo por él, y lo más importante, que era mutuo. Me siento humillada en muchos sentidos.
-¡Es mi prima! -lo aparto para entrar en mi habitación y rebusco entre mis cosas hasta encontrar su camisa y sus vaqueros. Se los lanzo -. Lárgate de aquí.
Lo veo por el rabillo del ojo colocarse su ropa rapidamente y desaparecer sin siquiera calzarse. La puerta se cierra con un suave chasquido y decido que no se merece ni una simple mirada atrás. Miro a Victoria, quién parece estar llorando también. De una esquina de la cama cuelga un diminuto tanga blanco y me entran náuseas.
En ese momento me doy cuenta de algo crucial.
-Dime que al menos habéis usado protección.
Asiente entre temblores.
-Tomo la píldora -su voz suave y aguda me pone los pelos de punta.
Aún es una cría. Puede que ni dudase de él.
-¿Y qué te hace pensar que no ha hecho esto con otras? -mi voz suena mordaz y se echa hacia atrás -. Mañana mismo vuelves a Forks. Te recomiendo que allí hagas una visita a tu ginecólogo.
No pienso contarle lo ocurrido a sus padres. No me siento con anímo de hacer nada. Rosalie me pasa un brazo por los hombros y me acompaña para que me siente en el sofá. Luego regresa a mi habitación con gesto asqueado.
-Ten la dignidad de cambiar al menos sus sábanas -hasta yo me estremezco por su tono despreciable.
FIN FLASHBACK
Esa misma tarde Rosalie me explicaría que el desastre fue el resultado del intento de huida por parte de James. Ella los encontró en la cama y ante la situación él decidió marcharse. De haber conocido mejor a mi rubia sabría que no le dejaría escapar tan fácilmente.
Me paso una mano por el pelo. James no había sido el novio perfecto, pero si el mejor con él que había estado hasta aquel día. Había sido cariñoso y amable, respetuoso hasta lo indecible. Ante mi ligera desconfianza por su fama de mujeriego le había pedido que usáramos condón siempre. Más tarde daría gracias por aquella pequeña ocurrencia.
Al día siguiente apenas podía creérme lo ocurrido. Victoria parecía incapaz de mirarme, mucho menos de dar una explicación por su comportamiento. Poco después de llevárla al aerpuerto James regresó al piso para recoger las cosas que había ido dejándo en él durante esos meses. Había sido arrogante y un completo imbécil, para acabar acusándome de no cubrir sus necesidades en la cama.
Eso en definitiva había sido un golpe bajo y se ganó un puñetazo en la cara por parte de Rosalie. Esta me vio tan desanimada que me ofreció salir de fiesta por una noche para olvidarlo. Y vaya que su imagen se volvió borrosa tras la increíble silueta del cobrizo con el que estuve.
Detengo mis pensamientos al llegar a Edward. Tengo la sensación de que pensando en él me acabaré obsesionando. Gracias a él recuperé la mayor parte de mi ánimo y decidí no darle más importancia a un golfo como James.
Me tumbo en la cama, lista para cumplir inmediatamente con ese pensamiento.
A la mañana siguiente tanto Emmet como Alice han desaparecido. Encuentro una nota de esta última en mi puerta anunciando que estará aquí para comer. Su primo no regresará hasta las siete de la tarde.
En mi correo encuentro varias notificaciones del trabajo, en su mayoría artículos por revisar y que debo tener el lunes listos. Me alegra saber que en el apartamento hay un sitio donde trabajar en paz. Con un pantalón de chándal gris, una enorme camiseta azul y mi cabello en un moño cojo asiento en el despacho y me enfoco en mi tarea.
Son las doce cuando escucho la puerta principal abrirse, seguida por dos voces masculinas riendo y montando jaleo. No reconozco a Emmet como ninguno de ellos. Me levanto alerta y agarro un pesado libro al oír a alguien acercarse. Escucho un ligero tintineo y me relajo casi al instante. No habían forzado la cerradura por lo que debían de ser amigos de alguno de mis compañeros de piso.
Salgo del despacho en silencio hacia el salón. Alguien, probablemente del género masculino, está sentado en el sofá frente al televisor cambiando rapidamente de canales. Su pelo está oculto por una gorra azul y blanca. Respiro hondo. Nadie que actúa con tanta tranquilidad en una casa puede ser un ladrón.
-Perdona, ¿Quién eres?
Pega un pequeño salto y gira la cabeza para mirarme por encima del hombro. Al instante está de pie, sus ojos bien abiertos. Dejo caer el libro pasmada. Frente a mí está la representación más cercana a la perfección humana, mi pesadilla durante los últimos días.
-Edward, no sabía que te gustaban estas cosas -se burla alguien a mi espalda.
Sin habla me giro para encontrar a un enorme chico junto a mi habitación sujetando uno de mis tangas morados. La sangre se acumula en mis mejillas y avanzo hacia él, olvidando mi shock inicial.
-¡Suelta eso! -le arranco la prenda de un tirón -. ¿Qué clase de persona entra en la habitación de alguien y se pone a cotillear su ropa interior?
Me mira incrédulo mientras tiro el tanga sobre la cama y cierro mi puerta con fuerza.
-Me parece que ya no tienes habitación aquí -se ríe sacudiendo la cabeza.
-Cállate, Jacob -Edward está serio de repente -. No sabía que la hubieran alquilado ya.
Sus ojos se fijan en mí y no parecen muy agradables. Recuerdo nusetro último encuentro en aquella cafetería y siento una punzada de culpabilidad.
-Así que eres el hermano de Alice.
-Se ve que no han perdido el tiempo en hablar de mí -se cruza de brazos -. Isabella, ¿Estás persiguiéndome?
Jacob se apoya en una de las paredes y me mira de arriba abajo.
-La famosa chica del Jade -murmura.
-No sabía que érais familia -me defiendo -. Vi el anuncio de una habitación en el periódico y resultó ser el piso donde vivía mi amigo de la infancia.
Me siento patética dando explicaciones a dos desconocidos. Edward aún me fulmina con la mirada sin decir nada.
-Va a ser que tú y Emmet no sois tan distintos al final, tenéis los mismos gustos -se carcajea Jacob.
Lo fulmino con la mirada preguntándome como Edward puede soportarlo. Finalmente reacciona y observa a su amigo.
-Busca en su habitación una bolsa negra con una oso blanco a un lado -. Jacob desaparece sin hacer más comentarios y Edward se agacha para recoger el libro del suelo -. Te pediría por favor que cuidaras mínimamente mis libros.
La tensión es alarmante mientras le sigo al despacho. Coloca el objeto con suavidad y mira a su alrededor, como si quisiera aseguarse de que todo está bien. Me siento incómoda recordando como huí de él la última vez que nos encontramos. Quiero explicarme, que sepa que no tengo nada en su contra. Más aún cuando es el hermano de alguien tan encantador como Alice.
-Me gustaría hablar contigo -admito en voz baja.
-Todo está claro -acaricia el lomo de un volumen distraidamente y me mira con indiferencia -. No me conoces, no me debes explicaciones.
Comparar su frío tono con la voz suave de la noche parece imposible.
-Aún así. Lo que oíste el otro día con Rosalie...
-Mira Isabella, no me interesa tu vida. Que nos acostaramos no es el fin del mundo para mí. No eres la primera.
Se siente como un golpe bajo. Me he pasado los últimos días preocupándome por algo a lo que no le da las más mínima importancia. Habrá una larga lista de chicas con las que ha pasado la noche. Y yo estoy al nivel de todas ellas. Bajo la mirada sin saber que contestar.
Él apenas permanece ahí por unos segundos antes de desaparecer por el pasillo. Aún estoy sin habla cuando cierro la puerta suavemente y me siento de nuevo frente a mí portatil. Estoy avergonzada de haberme preocupado por el incidente. Edward no es un acosador, no me persigue por la ciudad. Probablemente ni se acordase de mi cara hasta que nos vimos en la cafetería.
Me siento incapaz de seguir trabajando, escuchando sus voces através de las paredes mientras bromean y se ríen. Al final, unos diez minutos después, desaparecen por donde han venido y el piso vuelve a quedar en silencio.
Pero entonces me doy cuenta de que por mucho que me desprecie, Edward Cullen sigue rondando mi mente.
