Capitulo 2: Inuyasha
-mi nombre es Inuyasha, y el tuyo?-respondió Inuyasha.
-yo soy Kagome-contestó con cierta timidez la muchacha-hace poco que llegué al pueblo, y tu… eres de por aquí?
-bueno, en realidad no soy de aquí pero hace un par de años que vivo en este pueblo…-esto lo dijo con cierta incomodidad pero luego continuó-por cierto tu de dónde eres? Que hacías por aquí, acaso no sabías que por estos callejones solo andan gente de malas intenciones? Acaso eres tonta?-se quejo Inuyasha con cierta molestia.
-ya te dije que soy nueva en este pueblo! Era obvio que no iba a conocer nada acerca de qué lugares eran peligrosos-contesto enfadada Kagome.
-keh!-se quejó y luego agregó-como sea, tienes donde dormir por lo menos esta noche?
-creo que es obvio que no-replico Kagome.
Inuyasha miro con cierta desconfianza a Kagome e hizo un suspiro soltando las palabras finalmente-quieres venir a mi casa?
Eso molestó un poco a Kagome y también la incomodo pero no tenía a donde ir e Inuyasha era la única "persona" en la que podía "confiar" hasta saber sus verdaderas intenciones, no sabía que contestar, estaba insegura, pero viendo su situación se decidió y respondió-está bien-y al igual que Inuyasha, ella miro con cierta inseguridad al joven también y suspiro-dónde queda tu casa?
-sígueme-respondió el joven.
De esta forma ambos jóvenes se dirigieron a la casa del joven peli plateado.
La casa estaba un poco alejada a la del resto del pueblo pero tenía que admitir que era grande y hermosa, el techo estaba hecho de tejas de un color rojo castaño, las ventanas y puertas eran de color marrón recubiertas con unos marcos que parecían estar tallados a mano, pero lo que más impresionó a Kagome fue cuando entró a la casa. Por dentro parecía el hogar que siempre había soñado, los muebles, la sala, la cocina, el comedor, el dormitorio, todo mostraba gran creatividad de quien había diseñado ese lugar pero a la vez se notaba mucha soledad en ella, miro al joven y por un leve momento logro sentir la tristeza del peli plateado.
Inuyasha era un joven de pelo plateado, alto, de tés entre blanca y trigueña, y unos ojos dorados con una mirada penetrante. Vestía una camiseta de cuello v, con un pantalón marrón y unos suspensores, unas botas que le llegaban hasta la mitad de las pantorrillas y por ultimo un sombrero que solo cubría una parte de su cabeza, a simple vista parecía un campesino.
-vives solo?-fue lo que finalmente logro vocalizar después de volver en sí de sus pensamientos-estas casado?-no pudo evitar preguntar esa cuestión que de alguna manera la estaba molestando.
-sí y no, no estoy casado…-se detuvo un momento y luego continuo-es mejor así, solo tengo que preocuparme por mi, la vida se disfruta mejor así, sin compañía… prefiero estar solo-de alguna forma esto lo hizo sentir a Inuyasha melancólico.
La respuesta de Inuyasha por un lado la tranquilizó, y por el otro la desanimo. Seguido a esto el peli plateado comenzó a cuestionarla también-y tu…de dónde eres? Que viniste a hacer aquí? Acaso estas casada, y huiste de tu esposo? Cuántos años tienes?...
Y antes de que pudiera hacer la siguiente pregunta oyó una carcajada que lo dejo perplejo e hizo que mirara para otro lado en lugar de la chica que parecía divertida ante el ofendido muchacho.
-jajaja…-dejo de reír, suspiro y miro para abajo y se puso melancólica-pues la verdad, tengo dieciocho años, y no, no es que haya huido porque este casada o algo parecido, al contrario hui porque estoy buscando a una persona… a mi madre-esta palabra la entristeció aun más de lo que estaba-y soy de la so…-se detuvo ante lo que iba a decir y reformulo su respuesta-soy de un pueblo que esta al sur de la ciudad más importante, shikon-y luego miro con picardía al joven-y por qué tan preguntón, eh? Desde cuándo tú puedes interrogarme como si fuera una ladrona-sonrió.
Inuyasha que había estado escuchando, miro por un momento a la muchacha mientras contaba un poco sobre ella y se sintió algo identificado pero luego se sorprendió y ruborizo cuando la muchacha lo miro con picardía haciendo que tartamudeara y que respondiera con lo primero que se le vino a la mente-por… po…porque…ehh yo.. yo soy tu mayor, tengo veintiún años y además ya es tarde, y es hora de que los niños vayan a dormir- trato de parecer más maduro que ella pero bien sabía que estaba actuando como un niño pequeño que quisiera ser adulto de inmediato.
-no soy una niña-masculló Kagome.
-sí, sí como sea-con pequeños empujones que le daba en la espalda, Inuyasha llevo a Kagome hasta su recamara, mientras esta se quejaba como una niña pequeña a la cual no le gusta que le den ordenes. Una vez en la habitación el ojidorado hablo-aquí será donde dormirás, y yo dormiré en la sala.
-pero Inuyasha…
-nada de peros, mañana hablaremos sobre que harás después por ahora solo descansa.
-Inuyasha… gracias-sonrió al ojidorado
-keh!-masculló él.
Pero antes de poder retirarse la azabache lo llamo una vez más-oye, Inuyasha puedo preguntarte algo más, porque llevas ese sombrero en la cabeza? Acaso tienes alguna enfermedad o algo por el estilo? Ocultas algo?
-eso no es de tu incumbencia, tonta! Y será mejor que cierres tu horrenda boca o juro que mañana que te las veras conmigo-amenazó el ojidorado y cerró la puerta con fuerza.
Una vez sola se quejo para sí misma-que grosero y que carácter, pero tengo que admitir que fue amable… buenas noches Inuyasha-y así se dispuso a hacer un par de hechizos para practicar su magia en caso de que tenga que usarla como defensa, y claro con cuidado para que Inuyasha no se dé cuenta y finalmente se fue a dormir.
Mientras tanto con Inuyasha
Esa niñata querer saber que escondo bajo el sombrero, nadie podía enterarse de su secreto por mas confianza que pudiera tener, ese secreto solo iba a saberse cuando el muriera. Por otro lado, era linda y de buena figura, también parecía confiable pero más que todo sus ojos y su pelo eran… eran tan hermosos tanto que le hubiera gustado… es decir, ella, su cuerpo, su manera de ser, hacían que él quisiera…un momento que él quisiera que? En qué diablos estaba pensando, rápidamente sacudió su cabeza de un lado a otro y se regaño a sí mismo como podía pensar en esas cosas, el no estaba para hacer una relación con una chica y menos con una extraña, no, simplemente ayudo a una mocosa tonta que estaba en peligro, sí, eso era todo. Trato de convencerse a sí mismo de que no sentía nada… pero tenía que admitir que siendo hombre no podía quitarse de la mente que… tal vez… tal vez podría haber una oportunidad.
Recordaba muy bien él por qué se había ido de casa y eso era algo que lo perturbaba y constantemente…
"-Izayoi, entiende que jamás podrá sobrevivir solo el esta relegado de muchas cosas, y una de ellas es la sociedad, jamás será feliz-discutía aquel hombre con su mujer.
-solo dale una oportunidad, si él sabe cómo actuar, estoy segura de que podrá ser feliz y tanto youkai como humanos lo reconocerán como tal y ser un hanyou no será un problema que lo perjudique-reprochaba su mujer-Inu no Taisho, amor, escucha, confía en tu hijo, si tú crees en tu hijo estoy segura que…-en ese momento interrumpió su hijo mayor.
-Madre, nadie duda que él sea capaz de hacerse respetar por youkai y humanos, el problema es que es un hanyou, además recuerda que ser un hanyou es el mismo infierno nunca será más que un youkai y mucho menos mas que un humano… si fuera mi decisión simplemente le ahorraría una vida de sufrimiento terminando con su propia vida, y creo que Inuyasha lo sabe muy bien.
-Sesshomaru como puedes decir tal cosa, sobre tu propio hermano, Inu no Taisho di algo-se quejo Izayoi con lágrimas en los ojos.
-ha decir verdad, querida, tengo que admitir que tiene razón Sesshomaru, no me gustaría ver a uno de mis hijos sufrir, eso me dolerá mas a mí como padre-contesto el youkai con algo de tristeza y dolor.
-como pueden hablar así los dos-estaba furiosa-acaso insinúan que estaríamos mejor sin él. Pues déjenme decirles una cosa…
No quiso seguir escuchando la conversación que hasta hacia un rato no había podido evitar oír desde su habitación. Aquellos tres adultos estaban definiendo su futuro y uno no muy bueno al parecer. Se sentía mal, no, totalmente humillado, su padre y hermano lo preferían muerto y su madre a pesar de estar de su lado no tenía la misma autoridad que su padre y este daba la palabra final ante una situación que requiriera su decisión.
Que podía hacer? Solo tenía dieciséis años era un mocoso, un menor que tenía que hacer caso sus tutores pero… y si sus tutores lo querían muerto entonces el tenia que aceptar en silencio aquel horrible futuro?... no! Si lo querían muerto entonces primero tendrían que encontrarlo y atraparlo pero hasta entonces el seria un fugitivo si fuera necesario. Así que tomo una maleta y puso toda la ropa que fuera posible en ella. Escribió una carta disculpándose con su madre por la decisión que estaba tomando y una vez hecha la misma, la dejo sobre la almohada de su cama y finalmente huyo por la ventana sin ningún rumbo a donde ir…"
Ese recuerdo además de ser doloroso también era el último que tenia de su familia, además que tenían razón en algo su hermano y padre, su vida había sido dura y cruel, nadie lo quería y todo por sus orejas, aquellas que ocultaba con su sombrero, y por ello había decidido vivir solo aunque eso también lo deprimía; ver a hombres y mujeres ser felices unos con otros amándose, siendo felices por la llegada de un nuevo integrante en ese círculo familiar que comenzaba a hacerse más grande y él solo, relegado de tal suerte, es mas ninguna mujer le había dado la oportunidad aunque sea de intimar con ella, al contrario siempre recibía ofensas en cada pueblo que estaba, las mujeres siempre lo rechazaban y casi siempre terminaba huyendo debido a que nadie soportaba su presencia en el lugar y terminaban persiguiéndolo para matarlo…
Claro, hasta hace tres años cuando llegó a ese pueblo en donde actualmente vivía. Las personas que vivían ahí eran bondadosas y tenía que admitir que eran muy cálidas, pero ya para ese entonces el solo quería estar sin nadie a su lado, ya no le importaba ser respetado por esa comunidad y tampoco le interesaba amar a una mujer y con ella formar una familia; al contrario desde que había venido a ese pueblo, ocultando sus orejas con su sombrero para que nadie sospechara de él, simplemente construyó su casa algo alejada a la del resto de las demás casas y se mantuvo como un ermitaño dentro de ese pueblo, y si bien hubo alguna que otra mujer que trato de conquistar su corazón, el simplemente las rechazo, aquellos años duros habían hecho en él un carácter bastante rígido y solitario, a tal punto que había olvidado lo que era tener confianza en un ser y sentir cariño por alguien.
La verdad… la cruel verdad sobre su vida era tan amarga, dolorosa e imposible de olvidar, y meditar sobre la misma solo le daba la conclusión de que había nacido con la suerte en contra. Pero porqué justo a hora se había puesto a recordar su vida? De seguro se estaba volviendo loco o algo por el estilo…no, lo más seguro es que estaría cansado por el día agitador que tuvo, se sonrió para sí mismo y luego se sacudió la cabeza como para acomodar sus pensamientos. Después se dirigió a un armario y sacó una manta para luego dirigirse hacia la sala y finalmente recostarse sobre el sillón y poder ir a aquel mundo donde los sueños y el subconsciente son libres y se apoderan de la mente.
Al día siguiente
Era una hermosa mañana, y había dormido de maravilla y al parecer se había levantado más temprano que su compañero así que dispuso a higienizarse primero y luego preparar el desayuno. Se fue a dar una ducha, lo cual no le costó mucho encontrar el baño, una vez que termino de hacerlo se vistió, y luego se dirigió a la cocina donde se pudo a cocinar, mientras tarareaba una canción en bajo tono para no despertar a su compañero.
Habrían pasado unos quince minutos cuando sintió un olor exquisito, y no solo eso, también escuchaba a alguien aunque no distinguía bien lo que decía así que finalmente se decidió por levantarse de mala gana, ocultando sus orejas, y averiguar qué ocurría. Siguió el olor que lo llevo a la cocina y no tardo mucho en darse cuenta que una mujer estaba ahí.
- Se puede saber qué demonios estás haciendo?- Se quejo con molestia un Inuyasha recién despierto.
La joven al principio se asusto por la pregunta pero cuando lo vio dijo sonriente- Buenos días Inuyasha.
-No contestaste mi pregunta que hacías?-ignoro el saludo de la azabache y protesto.
-solo hago el desayuno, por qué? Tiene algo de malo?-preguntó Kagome y luego continuó- es que quería agradecerte por lo que hiciste ayer por mi-esto lo dijo de una manera tierna.
Quería protestar mas pero al escucharla decir eso no pudo evitar mirar para otro lado y sonrojarse un poco el ojidorado y con algo de molestia hablo- bueno, está bien pero no hagas tanto ruido, por tu culpa no pude descansar bien.
-jajaja…está bien, lo siento Inuyasha-se disculpo una Kagome que comprendía a aquel peli plateado malhumorado por haber despertado apenas.
Se sonrojo aun mas Inuyasha y para cambiar de conversación añadió- que es lo que vamos a comer?
-en cuanto termine, te llamare y serviré mientras tanto ve a lavarte la cara, ya casi termino.
Inuyasha obedeció algo enojado pero se fue a cambiar de ropa y lavarse un poco mientras tanto Kagome sin ser vista uso magia para preparar la mesa y así servir el desayuno al parecer todo indicaba que iba a ser un día muy activo para ambos jóvenes. Y también parecía que algunas cosas iban a salir a la luz.
