Texto: Letra normal.

Diálogos: - Letra normal

Pensamientos: "Letra cursiva"

Rated M por strong language, escenas crudas y contenido para adultos

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia y los personajes que no son de la serie son míos, especialmente Mei.

Historia basada en Naruto con algunas pinceladas de películas del Studio Ghibli.


Capítulo 1. El lobo blanco

En una de las salas en el interior del Templo Nakano de los Uchiha donde se encontraban Orochimaru, Jugo, Suigetsu y Sasuke, se podía respirar un ambiente pesado, cargado por los cuatro costados de chacra y humedad. Delante de ellos, los cuatro últimos Hokages de Konoha los miraban desde sus escleras opacas y negruzcas producto de la resurrección por el Edo Tensei de la Serpiente Blanca de Konoha.

Sasuke Uchiha, el vengador, tenía claro lo que estaba buscando. Quería respuestas y las quería ya. Conocía a la perfección la razón de la Masacre del Clan Uchiha, del sacrificio que hizo su hermano asesinado por su propia mano, Itachi Uchiha, pero no le bastaba con eso. Quería escuchar de la propia boca del Sandaime lo que pasó, lo que le obligaron a hacer a Itachi.

"Esos malnacidos… Bastardos manipuladores del Consejo… Ojalá pudiera torturarlos por toda la eternidad entre las llamas del Amaterasu". El joven Uchiha destilaba odio y rencor por todos los poros de su piel, y necesitaba una explicación de alguien como Hiruzen para tomar una decisión: Destruir Konoha hasta sus cimientos o… Proteger la aldea por la que su hermano se inmoló y por la que murió, orgulloso de ser un shinobi de la Hoja.

En un momento dado, tras la confirmación de los hechos por parte del Tercer Hokage y las manifestaciones de Tobirama Senju, el Nidaime, sobre los Uchiha, Sasuke no se quedó tranquilo.

- Nidaime… ¿Por qué has dicho que los Uchiha estamos poseídos por el mal? – El Senju de pelo gris le miró, con los brazos cruzados sobre el pecho. Lanzó un suspiro cerrando los ojos como si estuviera cansado.

El resto de presentes mantenía un absoluto silencio, atentos a las palabras de los Hokages.

- Los Clanes Senju y Madara se han enfrentado desde hace mucho, mucho tiempo… Se dice que los Senju basan su fuerza el amor por encima de los jutsus y que la base de la fuerza del Clan Uchiha se basa principalmente en los jutsus. Pero… La realidad es muy distinta. – Los ninja que tenían delante a los cuatro Hokages abrieron los ojos con asombro, incluido Sasuke. – No hay clan que sienta un amor más profundo que los Uchiha. Por eso, tenían que refrenarlo y sellarlo. – Sasuke dio un paso al frente.

- ¿Qué quieres decir con esto?

- Quiero decir, que una vez que un miembro del Clan Uchiha conoce el amor, es tan fuerte que se que despiertan un gran poder con ese sentimiento… Excede incluso el nuestro, el de los Senju. - Suigetsu estaba tan o más confundido como el resto.

- ¿Entonces cuál es el problema? Eso debería ayudar a que las cosas vayan bien con los Senju… Ambos tienen el poder súper fuerte del amor. – A veces Suigetsu era bastante corto de miras.

- Precisamente… - Tobirama continuó con su explicación. – Ése es el problema. La potencia de los sentimientos de amor en un Uchiha terminan desbocándose. Cuando la persona amada por un miembro del Clan Uchiha muere, el sentimiento de amor es sustituido por un odio tan fuerte y corrupto que termina por cambiarles. Lo he visto algunas veces… - Tobirama hizo una pausa estrechando los ojos, como recordando imágenes de sus memorias. – Entonces, es cuando se da un fenómeno especial en los Uchiha. Un chacra muy potente emerge en el cerebro cuando un Uchiha cae en la agonía y sufrimiento por la pérdida, afectando a los nervios ópticos y despertando lo que conocemos como Sharingan. Los ojos que reflejan el corazón.

Todo el mundo seguía en el más pulcro de los silencios, escuchando con total atención al Nidaime.

- El Sharingan aumenta el poder de su portador, así como el odio que late en su corazón. Hubo muchas personas sensibles a esto en el Clan Uchiha y algunas caían en un odio tan profundo y acababan tan poseídos por el mal que no se podía hablar con ellos, ya no había salvación para sus almas… Como Madara Uchiha.

Hashirama miró al suelo con tristeza.

- Madara Uchiha adoraba a su hermano pequeño, Izuna… Y también a… - Se calló, hastiado. El gesto de Hashirama estaba contrariado en una mueca, como si le doliera algo.

- Hermano… Pasó hace muchos años. – Tobirama se dirigía ahora a su hermano mayor con tono firme pero con la tristeza reflejándose en su mirada.

- Sí… Lo sé. – El nombrado Dios de los Shinobi volvió a alzar la cabeza para mirar al singular grupo que los había devuelto a la vida. – Pensé que toda esa potencia que surgía del corazón de los Uchiha podría ser útil a la aldea, quedando al servicio de la misma para protegerla…

- Sin embargo casi la destruyen en varias ocasiones… Por eso, niño, he dicho antes que tu Clan está poseído por el mal.

- ¡Tobirama! ¡Te he dicho millones de veces que no hables así! ¡Es un niño inocente de los Uchiha!

- No me importa… - Sasuke habló con una voz gélida como un iceberg. En sus ojos se reflejaron las aspas de su Kekkei Genkai. – Ni soy inocente ni soy un niño. – Sasuke se puso más recto, con los puños apretados a ambos lados de su cuerpo, elevando la barbilla con orgullo. No. No era inocente, sus manos estaban manchadas de sangre y no, tampoco era un niño, ese año alcanzaba la veintena y con ello, todo su esplendor físico.

Los cuatro Hokages se quedaron mirando fijamente los ojos de Sasuke. No era el Sharingan normal. El patrón de las aspas escarlatas y negras que se formaban en los iris del chico era distinto. "El Mangekyo Sharingan…". Tobirama se impresionó por lo que estaba viendo en un Uchiha tan joven como era Sasuke. El ambiente se volvió más pesado si cabía.

- Shodai Hokage… Tengo una pregunta para ti… - Sasuke no cambió el gesto impertérrito y su voz seguía con aquel tono grave y gélido. - ¿Qué significa la Aldea? ¿Qué significa ser un shinobi? – Hashirama no podía apartar la vista de esos ojos estrellados en rojo y negro que parecían querer atravesarle el cogote. El primero de los Hokages se llevó una mano a la barbilla, pensativo, cerrando los ojos. – Mi hermano… Itachi, a pesar de ser usado por la Hoja, la defendió con su vida… Escucharé tu respuesta para encontrar la verdad y entonces… - Los ojos de Sasuke se transformaron hasta volver de nuevo al negro. – Tomaré una decisión. – La mirada del moreno se relajó un tanto. – Proteger la aldea de la guerra que hay ahí fuera o… Destruirla.

- Lo sabía… - Tobirama apretó la mandíbula. – Todos los Uchiha sois así, ¡no te lo voy a permitir! – El Senju desplegó parte de su chacra, sin dejar de cruzar los brazos. Los integrantes presentes de Taka y Orochimaru se tensaron.

- ¡Tobirama! ¡Ya basta! – Hashirama elevó su chacra para advertirle a su hermano menor que no iba a dejarle empezar una pelea con el último de los Uchiha. Suigetsu creía que iba a derretirse por la cantidad de chacra que se arremolinaba en la sala del Templo Nakano. Hashirama miraba a su hermano con desaprobación.

- De acuerdo… No hace falta que subas tanto tu chacra, Hashirama. – Ambos shinobis relajaron su poder y con ello, al resto de presentes, aunque Orochimaru y Jugo se habían desplazado un poco intentando cubrir a Sasuke.

- Está bien, Sasuke Uchiha, te contaré lo que pasó antes incluso de que Konoha fuera fundada… Quizá así comprendas lo que significa la villa. Lo que significó también para Madara… Un vez… Hace mucho tiempo… - Hashirama Senju, el Dios de los Shinobi, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y comenzó a relatar con nostalgia.


El sol brillaba, cálido y luminoso, sobre unas amplias tierras que recogían en su seno árboles con copas enormes, frondosas, muy verdes. Los bosques del lugar estaban llenos de vida. El agua de los ríos, tan cristalina que se podía ver el fondo, bañaba las orillas de piedrecitas que recorrían el País del Fuego. También se elevaban imponentes colinas y muros de tierra y piedra. Había algunos que eran totalmente verticales y escarpados. Era, a fin de cuentas, un lugar joven y salvaje.

Un muchacho de unos 13 años, vestido con un kimono largo tipo samurái de color violáceo oscuro, maldecía cuando las piedras lisas y planas que lanzaba por la superficie del río no llegaban rebotando a la orilla contraria a la que él estaba de pie. El chico tenía el pelo revuelto en todas direcciones negro como ala de cuervo, igual que sus ojos y la piel algo bronceada.

Cogió una de las piedras que parecían buenas para lanzar y cuando iba a intentarlo de nuevo, desde su espalda, vio volar una piedra oscura ovalada que impactó en el río varias veces dando saltitos. Cuando llegó a chocar contra la orilla empedrada al otro lado, el chico de pelo negro abrió los ojos. "¿Cómo…? ¿Quién…?"Se giró bruscamente en busca del autor de lo que él llevaba tiempo intentando.

Se encontró con un chico de su edad, con el pelo castaño oscuro liso cortado a tazón en su cabeza y los ojos negros, aunque no tanto como los dos carbones que él tenía en sus cuencas. Vestía ropa holgada y clara a modo de túnica.

- Me parece que te he ganado. – El chico nuevo le sonreía mientras lanzaba en vertical otra piedra en su mano derecha varias veces.

- Tsk… ¿Quién eres tú…? – El chico moreno le miró irritado. ¿Cómo se atrevía a interrumpirle en su tarea y, además, conseguirlo así, sin más?

- El que ha conseguido que la piedra llegue al otro lado del río. – No borraba esa estúpida sonrisa de la cara.

- Idiota… ¿Quién te crees que eres para importunarme? – Acusó el moreno apuntando con el dedo al chico castaño con un tono agresivo. - ¡Eres un engreído! ¡Además, me desconcentras, lárgate! – Vio como el chico se entristecía y miraba al suelo apenado. Sin esperar respuesta, apretó la piedra que aún descansaba en la mano mientras le daba la espalda y entrecerró los ojos colocándose en posición. Pero no podía concentrarse, notaba la mirada del chico nuevo en su nuca.

- ¿Quieres dejar de mirarme? ¡No me gusta que me miren! ¡Ni siquiera puedo mear si noto que hay alguien mirándome! – Volvió a girarse hacia el intruso, pero se calló en sus acusaciones.

El castaño estaba encogido en el suelo, con la cabeza baja, susurrando "lo siento" de forma deprimente.

- Oye… Vale, vale… No te lo tomes tampoco tan a pecho…

- No… Tienes razón, he sido un impertinente… Si quieres puedes lanzarme al otro lado del río… - Ahora el moreno se rascaba la nuca guiñando un ojo con expresión arrepentida. Su carácter explosivo le hacía ser muy desagradable a veces. – Sólo espero llegar a la otra orilla… - Terminó de decir el chico de la túnica clara entre risas mientras levantaba la cabeza.

- ¡Idiota! ¿Te crees muy gracioso, no? ¡Ahora ver…!

- ¡Espera! – El chico del kimono, al estar de espaldas, no vio cómo el río arrastraba el cadáver de un hombre vestido con uniforme militar, bocabajo, pero el nuevo sí. Éste saltó ágilmente al río, corriendo por la superficie con sus sandalias de madera, sin hundirse en el agua, acercándose al cuerpo. "Un ninja…" El chico moreno le miró fijamente. Él también lo era.

- Oh, no… - El chico castaño miró el símbolo bordado en el cuello de la ropa del hombre muerto. Era una especie de lanza con las astas pintadas a ambos lados de la línea horizontal que sería el palo de la misma. – Se incorporó y saltó hasta el otro lado del río.

- ¡Oye! ¡Espera! – Se giró cuando estaba pisando las piedras de la orilla para mirar al chico moreno que lo llamaba. –¿Cómo te llamas?

- Hashirama. Me llamo Hashirama. ¿Y tú?

- Madara… Yo también soy un ninja. – Hashirama le miró sorprendido. Él no había dicho que era un ninja. – No has revelado tu apellido, eso es una ley ninja. – Hashirama sonrió, le había pillado.

- Entonces estaría bien que entrenásemos juntos de vez en cuando, ¿no? Tengo que enseñarte a alcanzar la otra orilla con las piedras. – Hashirama era amigable, veía en Madara algo interesante, una conexión especial había surgido cuando habían intercambiado dos palabras antes. Madara sonrió con arrogancia.

- Já, claro… Y yo tendré que enseñarte alguna técnica para que seas más fuerte de carácter y no te deprimas a la primera de cambio.

- Hecho. Nos veremos aquí cada día. – Hashirama asintió con determinación. - ¡Hasta mañana, Madara!

Madara siguió con la mirada a Hashirama hasta que ya no pudo verle entre los troncos de los árboles. "Qué chico tan extraño…" – Normalmente, la gente adivinaba que él era un Uchiha, un clan poderoso y temido, y apartaban la mirada o inclinaban la cabeza en señal de respeto. Seguro que Hashirama no se había dado cuenta… ¿O sí? Madara lanzó una mirada al cuerpo del soldado que iba arrastrando la corriente del río. El símbolo del Clan Senju quedó en su campo de visión.

Sí… Habían sido muy inteligentes de no revelar sus apellidos.

Habían pasado varios meses desde que Hashirama y Madara habían tenido ese encuentro en el río. Ambos ninjas habían ido fortaleciendo su amistad a base de entrenamientos en conjunto, anécdotas y discusiones donde Madara se irritaba con mucha facilidad y Hashirama se deprimía al instante pidiéndole perdón.

Los dos amigos estaban sentados sobre una piedra enorme cerca de su río después de practicar taijutsu. Estaban algo cansados y empezaban a tener hambre.

- Hashirama… Eres demasiado sensible, así no vas a imponer nunca a los enemigos… - El castaño había dicho algo desafortunado sobre el pelo de Madara y éste se había molestado y había comenzado a gritarle, como siempre.

- Y tú tienes la mecha muy corta… Eres un gruñón… - Madara iba a reprocharle de nuevo cuando, detrás de las rocas donde estaban descansando, escucharon un revuelo.

- ¿Qué es eso? – Dijeron al unísono. Se levantaron y se asomaron por el lateral de una enorme piedra gris que se apostaba detrás de la que ellos habían usado de asiento.

Había una niña con el pelo castaño claro recogido en dos coletas corriendo hacia ellos por la orilla del río. Iba con una cesta con manzanas a la espalda, que estaban cayéndose a casa paso apresurado y por sus ropas podía adivinarse que era una campesina. Detrás de ella, aparecieron tres hombres que surgieron de las lindes del bosque. Iban vestidos de negro, con pañuelos cubriéndoles media cara y kunais en las manos. Bandidos.

La pequeña corría trastabillando y medio llorando.

- ¡No! – Su voz infantil llegó hasta Hashirama y Madara. - ¡No, por favor! ¡Socorro!

- ¡Párate ya, mocosa! ¡Danos esas manzanas! ¡Llevas demasiadas! ¡Venga, solo queremos ayudarte! – Uno de los ladrones que había hablado era calvo y tenía una cicatriz que le cruzaba el rostro en diagonal. Tenía los ojillos porcinos, parecidos a los de sus dos compañeros. El que corría a su derecha, tenía un pañuelo amarrado a la cabeza sin ninguna insignia y el que quedaba estaba algo gordo y era el más lento. Tenía cuatro pelos en la coronilla y podía adivinarse que casi tenía más nariz que cara.

- ¡No! ¡No! ¡Dejadme en paz! ¡Auxilio! ¡Ah! – La niña acabó tropezando con una de las piedras de la orilla del río. Se le había enredado la sandalia y había terminando dándose de bruces con las rodillas y el codo. Las manzanas de la cesta de su espalda, casi más grande que ella, salieron volando. La pequeña había comenzado a llorar. Tenía las rodillas peladas y el brazo sobre el que había caído lleno de magulladuras. Hilos de sangre habían comenzado a salir de las heridas de las piernas.

- ¡Ya es nuestra! ¡Vamos! – Los bandidos de negro se acercaban cada vez más.

- ¡Madara! ¡Corre! ¡Hay que socorrerla! – Hashirama le dio un codazo.

- ¡Sí! ¡Vamos! – Ambos shinobis saltaron para salir de donde estaban y correr hasta la niña. Pero cuando ya habían llegado, colocados en posición delante de ella, que los miraba desde el suelo, confundida, pasó algo que les marcaría, sin ellos saberlo en ese momento, para siempre.

Del bosque salió como una flecha una figura, no, un animal… "Un lobo…". Un lobo, blanco como la nieve, de un tamaño algo más grande del que suelen tener los lobos normales, saltó enérgicamente con un feroz rugido sobre el bandido más avanzado en su carrera por atrapar a la pequeña campesina. El sol arrancó destellos plateados del suave pelaje del can. Derribó al malhechor entre sus patas con la fuerza de su salto y consiguió cerrar las fauces en torno al cuello del hombre, que ahogó un chillido de sorpresa y pánico. El kunai que llevaba en la mano salió despedido hacia el río. Del impulso, estaban medio metidos en el agua, y la sangre del bandido comenzó a bañar de rojo su corriente. Sus compañeros frenaron en seco, contemplando la escena anonadados. El lobo había aparecido muy rápido, no les dio tiempo a reaccionar.

El enorme animal agitaba el cuello y la frondosa cola a la vez que no cesaba en su mordisco mientras salían feroces rugidos de su garganta.

- ¡Aaaaaaaaah! ¡No! ¡NO! ¡AYÚDADME, POR DIOS! – Los alaridos del ladrón capturado por el lobo se elevaron al cielo. Hashirama y Madara se quedaron igual de estáticos que los dos ladrones.

Cuando los gritos de la víctima del ataque del lobo se extinguieron, el enorme animal, con la boca y pecho rojos manchados de sangre, goteando, alzó la cabeza, con las orejas hacia atrás, enseñando los colmillos afilados en dirección a los dos bandidos que quedaban en pie. Estaban temblando. El lobo giró sobre sus patas para quedar frente a ellos, con un rugido bajo tronando desde su interior.

El depredador blanco se fue acercando muy, muy despacio a ellos y de repente, lanzó un furioso ladrido que sobresaltó a los dos desagraciados. "¡Largo!" . Madara juraría que había escuchado la agresiva y salvaje voz del lobo en su cabeza pronunciando esa orden cuando ladró.

Los bandidos parecieron reaccionar ante el sonido amenazante y salieron huyendo como si les hubieran metido un petardo por el culo. El lobo blanco siguió mirándoles muy fijamente mientras se alejaban, hasta que se perdieron de vista.

La niña pequeña detrás de Madara y Hashirama, temblaba como una hoja. Su mirada, de un color ambarino no abandonaba la figura del lobo que la había salvado. Los chicos tampoco apartaban la mirada. Todo había sucedido muy rápida e inesperadamente. Ese lobo… No era de por ahí. Había algo en él… Podían percibir, con sus sentidos ninja, que no era un animal común.

Como si estuviera escuchándolos, el lobo, ya con las orejas en alto y el hocico cerrado, se giró para mirarles a ellos. A sus pies yacía el cadáver del bandido calvo, con la garganta desgarrada y los ojos abiertos en una mueca de terror. Hashirama y Madara volvieron a subir la guardia, apretando los dientes y los puños.

El lobo les miró directo a los ojos. No era una mirada animal. Tenía los iris verdes. De un verde tan intenso y refulgente como las copas de los árboles de sus hogares en primavera, cuando el sol les daba de lleno. Pero no era sólo eso… Parecía como si… Fueran ojos "¿Humanos?". Hashirama y Madara se miraron a la vez. Los dos pensaban lo mismo.

La niña, herida y agotada se incorporó despacio detrás de ellos.

- ¡No! – Hashirama echó una mano con la palma abierta en su dirección, hablando en un susurro contenido, como si al hablar alto hiciera que el lobo fuera a atacarles. – No te levantes…

- No… No nos va a hacer daño… No a nosotros. – La chiquilla, con una coleta medio deshecha y alguna lágrima mojando sus mejillas. Los dos amigos giraron su cara hacia la niña, sin comprender. – Es… Es… Una amiga…

- ¿Amiga? – Madara cada vez estaba más confuso. La niña asintió.

- Es una loba… - Dijo como toda explicación. Regresaron la mirada hacia la loba blanca. Ahora tenía la cabeza gacha, pero miraba hacia arriba, hacia donde estaba la niña, aún con las orejas en alto. Olfateaba el aire. – Estoy bien, Okami… Gracias. – La pequeña se había levantado del todo y ahora sonreía. El animal níveo movió la esponjosa y larga cola de un lado a otro como respuesta. Luego, elevó la nariz en dirección a los niños nuevos que custodiaban a la campesina. – Son amigos, me iban a defender. – Ahora ella se hizo paso entre los cuerpos de Hashirama y Madara, que no sabían muy bien cómo afrontar la situación. Un niña que le habla a una enorme loba blanca que acaba de asesinar de un mordisco a un hombre mucho más mayor y fuerte que ellos… Aunque fueran shinobis, no se quedaban tranquilos.

- Madara… - Hashirama llamó flojito a su amigo. - ¿Qué es esto?

- No lo sé… - El Uchiha respondió en el mismo tono.

- No hace falta que habléis tan bajito, os puede oír igual que yo. – La chica había comenzado a recoger todas las manzanas que estaban en buenas condiciones y estaban desparramadas por el suelo. La loba, cubierta aún por la sangre de su presa en el hocico y el pecho, se acercó a la niña, esquivando el fiambre.

- Ey, ey, ey… Cuidado… - Madara y Hashirama dieron un respingo y con un salto hacia atrás pusieron los puños en alto. La niña rio divertida ante su reacción.

- Ya os he dicho que no os va a hacer nada. - Miró al can con cariño. La loba, ya al lado de ella, apoyó un lado de la cabeza contra la cara de la niña, en una caricia. – Estoy bien. – Con una mano acarició la parte contraria de la cabeza del animal a la que estaba apoyando en ella. La loba gruñó cortamente.

Miró por última vez, muy intensamente a los dos muchachos que aún guardaban las distancias y le dio un lametón a la niña en la mejilla. Se volvió hacia el cuerpo sin vida del bandido y con su boca, agarró la parte superior de la ropa de su hombro y empezó a tirar, arrastrándolo y llevándoselo consigo.

Desapareció entre los árboles cuando la niña siguió hablando.

- Es Okami, el espíritu de lobo blanco que protege nuestra pequeña aldea, hacia el norte, cerca de la montaña. Me llamo Haruka. – La infante alzó su mirada ámbar hacia los chicos. - ¿Y vosotros?

- Ma-Madara…

- Hashirama… ¿Te encuentras bien? Tienes las rodillas y el brazo muy malheridos…

- ¡Sí! ¡Estoy bien! – La niña dio un salto alzando los brazos con una sonrisa gigante en la cara. – Además, mi madre me curará cuando llegue. Es la médico de la aldea, ¿sabéis? Y si no, lo hará mi hermana mayor. Creo que es igual de grande que vosotros. – Terminó por recoger la última manzana aprovechable que quedaba en el suelo. – Pero me van a regañar… No voy a llevar ni la mitad de manzanas que me mandaron recoger de la aldea vecina… - La niña hizo un puchero que se le borró en seguida al dirigirse de nuevo a Madara y Hashirama. - ¡Me voy! ¡Muchas gracias por ayudarme, niños grandes! ¡Se lo voy a contar a mi familia! ¡Adiós!

Y tan rápido como se despidió, con las rodillas peladas, la niña agarró las asas de la cesta mucho más vacía que cuando se la encontraron huyendo y salió corriendo por la dirección de donde venía.

- ¡Oye! ¡Espera! ¡Ten cuidado!... Madara… ¿No deberíamos asegurarnos de que no vuelvan a atacarla esos bandidos? – Hashirama miraba con gesto preocupado a su interlocutor.

- ¿Con esa loba gigante y asesina por ahí crees que van a volver a hacerla algo? No quiero tener que encontrarme con esa… Cosa…

- Mmmm… Era muy bonita… Además, sus ojos… ¿Lo viste?

- No. No vi nada. Vámonos.

- Qué arisco… - Madara echó a andar hacia la parte del río donde se encontraban siempre, pero Hashirama no lo siguió inmediatamente. Se quedó mirando hacia donde la niña se había marchado corriendo y luego miró hacia el bosque por donde el lobo se había ido arrastrando el cuerpo del hombre que había matado.

- ¡Hashirama! ¿Qué haces, atontado? ¡Vamos! Tenemos un rato para entrenar un poco más antes de que se ponga el sol, ¡venga!

- ¡S-Sí! ¡Voy! – Hashirama se volteó y echó a correr hacia su amigo.

Sin embargo, ambos estaban muy despistados, no lograban centrarse en el combate, por lo que decidieron terminar antes de tiempo ese día. Se despidieron desganados y quedaron en encontrarse mañana a la misma hora.

Mientras los dos se alejaban del río para volver a sus respectivos hogares unos ojos lobunos y verdes como la hierba tierna no dejaba de aparecer una y otra vez en sus mentes, llegando a hacer que esa noche Madara no descansase prácticamente nada. "Esos ojos… Sí, yo también lo vi igual que Hashirama… No eran normales… La niña dijo que se llamaba Okami… ¿Qué será en realidad?"

Dio mil vueltas en su cama con ese pensamiento rondándole hasta que cayó rendido de puro cansancio.


Notas del Autor: ¡Aquí les traigo el primer capítulo de la historia, nakamas lectores! No sé qué les parece... Espero que bien o por lo menos que les cause curiosidad qué va a suceder... Cualquier cosa, déjenmelo en reviews! ¿Nos leemos?

¡Un fugaz saludo!

Shirokami Mori :3