Texto: Letra normal
Diálogos: - Letra normal
Pensamientos: "Letra cursiva"
Rated M por strong language, escenas crudas y contenido para adultos
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia y los personajes que no son de la serie son míos, especialmente Mei.
Historia basada en Naruto con algunas pinceladas de películas del Studio Ghibli.
Running – Adam Lambert
Capítulo 4. Sin mirar atrás
Hashirama amaneció en su habitación, despertado por el cantar de los pájaros que anunciaban un nuevo día en la aldea donde el Clan Senju establecía su residencia. A su cargo tenían clanes menores que se habían subordinado, igual que pasaba con los Uchiha. Ambos clanes eran los líderes de sus respectivos aliados y formaron aldeas donde construyeron sus casas.
Esa mañana, al menos, era más fresca que el resto de días atrás. Incluso había llovido un poco antes de que saliera el sol, regando los árboles y plantas de la zona que todavía tenían gotitas adornando la superficie de sus hojas. Hashirama pudo olfatear el olor del desayuno preparándose y se levantó para asearse e ir a la cocina donde seguro estaba su madre.
Sin embargo, cuando estaba caminando por el pasillo de su amplia casa, Tobirama apareció delante de él, impidiéndole el paso.
- Padre requiere tu presencia, hermano. – Tobirama, a pesar de ser su hermano pequeño, tenía un carácter muy distinto al suyo. Hashirama amaba a sus seres queridos y a la gente de la aldea el general y, precisamente por eso, cuestionaba esa absurda Guerra de los Clanes. Tobirama en cambio creía que esa guerra debía llegar hasta el final con el exterminio de los Uchiha que tantas vidas Senju se habían cobrado, entre ellas las de sus dos hermanos asesinados.
Hashirama le miró sorprendido y confuso. "¿Nada más levantarme Tobirama está en pie y padre quiere verme…? ¿Qué pasa?" Pero Hashirama no iba a hacer esperar a Butsuma Senju, su padre. Caminó detrás de Tobirama, que lo condujo a la sala donde su padre realizaba reuniones con los líderes de los clanes aliados o con los shinobi de su clan que más rango tenían. Butsuma, sentado en el suelo sobre una esterilla en frente de una mesa de té, lo estaba esperando.
- Padre… Querías verme. – Tobirama cerró la puerta corredera detrás de ellos. Butsuma miraba con un deje duro a su hijo mayor.
- Eso es. Tenemos que hablar sobre algo, Hashirama. Algo que puede que te lleve a ser proclamado traidor a tu clan. – Hashirma se sentó con las piernas cruzadas en frente de su padre mientras pronunciaba esas palabras. Él le miró estupefacto. – El chico con el que te reúnes todas las tardes en el río es un Uchiha, Hashirama… ¿Lo sabes? – Butsuma colocó las manos entrelazadas delante de su cara apoyando los codos en la mesita, dejando sus ojos a la vista para mirar directamente a su hijo. Claro que lo sabía. Al igual que Madara sabía que él era un Senju, pero desde el primer día conectaron extrañamente bien y, al no revelarse sus apellidos y compartir la misma meta, lograron que ese detalle no les llevara a matarse el uno al otro. Hashirama bajó la mirada y apretó las manos sobre sus muslos donde las tenía apoyadas.
- ¿Cómo… Cómo lo sabes?
- Padre me ordenó que te siguiera… - Tobirama, sentado al lado de su hermano, se cruzó los brazos delante del pecho. – Tengo habilidades sensoriales y estabas saliendo hasta casi el anochecer todos los días.
- No te sorprende que ese chico sea del Clan Uchiha… ¿Os dijisteis el nombre de vuestros clanes? – Butsuma no dejaba de mirar con mucha dureza.
-No… No sabíamos el nombre de nuestros clanes dicho por nosotros… - Hashirama seguía mirándose las manos, muy afligido. Tobirama, con su mirada anaranjada, no perdía detalle de las reacciones de su hermano.
- Hashirama… ¿Has entendido lo que esto significa? Los clanes Uchiha y Senju son enemigos. Ese muchacho ha matado a adultos de nuestra familia. ¿Sabes lo que puede suponer que ese Uchiha te atrape y te lleve hasta donde está su Clan? ¡Puedes ponernos a todos en serio peligro! – Butsuma golpeó la mesa que tenía en frente con el puño, sobresaltando a sus hijos. - Si el Clan descubre esto… Pero todavía puedes rectificar. – Hashirama levantó la vista para mirar a su padre. – La próxima vez que te reúnas con ese chico, síguele. Recogerás información de los Uchiha para tu clan. Es una misión. – Su padre hizo una pausa. – Si él se da cuenta de que le sigues… Mátalo. – Hashirama le miró con los ojos muy abiertos. "¿Matar a Madara?" No. Tenía que hacer algo. Tenía que idear un plan para evitar todo esto.
- Padre, ¿y la chica? – Tobirama también sabía de la existencia de Mei, por supuesto.
- Esa chica no pertenece a los Uchiha ni a ningún clan aliado. Sin embargo… - Butsuma se llevó una mano a la barbilla con los ojos cerrados. – Parece que ha acercado demasiadas posiciones con ese chico. – Hashirama miraba a su padre atónito. – Tobirama me ha dicho que anoche se reunieron en el río los dos solos. Parece que a ese Uchiha le interesa esa muchacha. – Hashirama estaba consternado. "¿Van a atacar también a Mei? ¡No puede ser!"
- Padre – Hashirama empezaba a desesperarse. – Esa chica es nuestra amiga. No ha hecho nada, ella… Ella… - No le salían las palabras. Solo de imaginar a Mei siendo rodeada y atacada por los suyos le hacía que se le revolviera el estómago.
- Sé que esa chica también te importa, Hashirama. Tu hermano me lo ha hecho saber. De momento no la haremos nada. Cuando hayas obtenido información suficiente del Clan Uchiha, decidiremos si hacerla venir para interrogarla o no. Cumple con tu deber shinobi, Hashirama, es una orden. – El padre del chico dio por finalizada su reunión. Hashirama salió de allí con el con un nudo en la garganta. Tobirama le había espiado y ahora estaba en una situación cuanto menos complicada. No podía enfadarse con su hermano pequeño, no podía. Él hizo lo que creía correcto y no podía culparlo. Los Uchiha habían matado a sus hermanos.
Pero… Mei. No, no podía permitir que le hicieran nada, era demasiado inocente y frágil. Aunque a Hashirama le estaba torturando que su padre le dijera que se habían encontrado de nuevo Madara y ella por la noche, a solas. Sentía cómo los celos le pinchaban por dentro. Intentó que eso no le distrajera del plan que estaba ideando. Lo principal era poner a salvo a sus amigos. Se metió la mano en el bolsillo y rozó la superficie de una de las piedras que solían tirar en el río para que cruzara hasta la otra orilla. Se le ocurrió una idea.
Esa misma tarde, Hashirama llegó a su lado del río. Estaba todo en calma, las cigarras cantaban al sol y el murmullo de la corriente envolvía el ambiente. Justo en frente, Madara le esperaba. Se miraron a los ojos. Como si tuvieran telepatía, sabían que pasaba algo, estaban muy serios y ninguno cruzaba el ancho del río que los separaba. Mei todavía no había llegado. Hashirama sintió alivio. Aún era temprano para que llegara ella. Ya encontrarían la forma de explicarle la situación a la chica. Madara fue el que rompió el silencio.
- Hashirama, ¿qué te parece si tiramos unas piedras a la vez para que crucen el río? Ya verás cómo hoy también consigo que llegue hasta ti. – Hashirama le miró con cautela. Y con la mirada, se dijeron todo. Madara había tenido el mismo plan que él. Los Uchiha también les habían espiado.
Los dos sacaron sus piedras planas de sus kimonos y las lanzaron hacia el otro. Ambas rebotaron limpiamente por la superficie del río y llegaron a sus manos. Los dos amigos miraron las piedras que se habían intercambiado con los mensajes escritos en una de las caras. "Corre" "Es una trampa, huye". Levantaron la cabeza, maldiciendo interiormente. Madara fue muy rápido.
- ¡Bueno, Hashirama! ¡No puedo quedarme hoy! ¡Acabo de recordar que tengo que hacer algo! – Madara fue dándose la vuelta con un gesto de despedida para salir de allí, haciendo como si no pasara nada.
- ¡Oh, vaya! ¡Entonces yo me voy a casa! – Hashirama también se dio la vuelta y los dos salieron corriendo hacia el bosque en direcciones opuestas. Sin embargo, cuando iban a alcanzar los árboles, vieron como en cada lado, dos figuras salían despedidas hacia el río. Los dos se giraron al instante.
Butsuma y Tobirama Senju encararon a Tajima e Izuna Uchiha en la superficie del río, usando todos su chacra para mantenerse por encima sin hundirse en él.
- Parece que hemos tenido la misma idea… Butsuma Senju. – Tajima, el padre de Madara e Izuna, tenía una mano en el mango de la katana con una media sonrisa en el rostro.
- Y Tobirama Senju, creo. – Izuna, el hermano menor de Madara, tenía desenvainada directamente la espada, mirando desafiante al hermano de Hashirama.
- Tajima Uchiha… - Butsuma agarraba con fuerza el kunai de su mano izquierda mientras apretaba los dientes.
- E Izuna Uchiha, ¿verdad? – Tobirama también tenía la katana desenfundada y la sostenía por encima de su espalda. Los cuatro shinobis mantenían la posición de ataque, agachados, y se clavaban los ojos los unos a los otros. Tajima activó su Sharingan, tiñendo de rojo y negro sus iris.
Una hoja solitaria daba tumbos en el aire por encima de sus cabezas. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Cuando la hoja tocó la superficie de agua, entre los cuatro guerreros ninja, saltaron a la vez para atacarse. Uchiha contra Senju. Padres contra hijos. Una vez más. Las katanas de Izuna y Tobirama se encontraron, al igual que la espada de Tajima y el kunai de Butsuma. Los dos adultos se miraron y pensaron lo mismo. Si mataban al hijo del otro delante de sus narices, a parte de abrir una profunda herida en sus almas, distraerían al otro de tal manera que podrían matarles de una vez por todas. Los dos shinobis enfrentados saltaron en el aire, para lanzar espada y kunai en dirección hacia los niños que luchaban entre sí.
- ¡ALTO! – Las voces de Madara y Hashirama se entremezclaron. Cuando Tajima y Butsuma arrojaron sus armas para dañar a Tobirama e Izuna respectivamente, dos piedras lisas con los mensajes de Madara y Hashirama chocaron con éstas, deteniendo el ataque. Los que fueron una vez amigos, saltaron como una flecha delante de sus familiares.
- No voy a permitir que nadie haga daño a mi hermano, ¡sea quien sea! – Madara tenía una mano echada hacia atrás, hacia Izuna.
- ¡Lo mismo digo! – Hahirama y el moreno cruzaron de nuevo sus miradas. Pero ya no eran como antes. Ahora parecía que una brecha que se iba haciendo cada vez más ancha los estaba separando irremediablemente. Pero Hashirama no quiso rendirse, no ahora que un Uchiha y un Senju habían logrado forjar un vínculo y soñar con un mundo de paz. – Madara… no te irás a tirar la toalla ahora, ¿verdad? – En ese momento, Hashirama relajó la postura y miraba a su amigo con esperanza de poder solucionar todo eso.
- Hashirama… Parece que es imposible alcanzar… Ese estúpido sueño.
- Madara…
- Somos tres contra tres. – Tajima se dirigió a su hijo mayor. - ¿Crees que podemos derrotarles?
- No. – La respuesta tan tajante de Madara Uchiha hizo sorprenderse a su familia. – Hashirama es más fuerte que yo. Si luchamos ahora, perderemos.
- Ya veo… Qué sorpresa… Retirémonos, pues. – Tajima e Izuna hicieron el además de echarse hacia atrás.
- Fue breve pero divertido… Hashirama. Hasta la vista. – Madara fue a girarse para marcharse con su padre y su hermano. Y, entonces, un grito ahogado desde un lateral de la piedra donde solían sentarse, les alertó a todos.
Mei, con los ojos verdes esmeralda abiertos como platos, las manos en la boca y su pelo largo suelto ondeando al viento miraba la escena horrorizada.
- Mei… - Los dos chicos la miraron, acongojados. Hashirama, reaccionó al momento.
- ¡Mei! ¡Lárgate! ¡Ahora! – La chica le miró, con el mismo gesto, clavada en el sitio.
- ¡Padre! ¡Es ella! – Tobirama la señaló desde su posición. Butsuma Senju no perdió el tiempo, saltó a gran velocidad para situarse justo detrás de la chica, la sujetó un brazo llevándolo a la espalda y le puso la katana desenvainada en el cuello, con el filo apuntando hacia su garganta. Mei soltó un grito e intentó zafarse, pero el arma le mordía la piel y un fino hilillo de sangre se corrió por el largo cuello. Tobirama corrió raudo para situarse detrás de su padre y no quedar desprotegido ante los Uchiha.
- ¡MEI! – Hashirama y Madara saltaron para colocarse justo en frente de la chica y el cabecilla de los Senju. Apretaban puños y dientes.
- ¡Suéltala, bastardo!
- ¡Padre! ¡Ella no tiene nada que ver con esto! ¡Déjala marchar! – Hashirama estaba entrando en pánico por la vida de la chica.
- Esa es la niña que se ha estado juntando con Madara y el chico Senju, padre. – Izuna informó al líder de los Uchiha. Mei miraba a sus dos amigos con el miedo pintado en sus bonitos ojos, que estaban empezando a inundarse de lágrimas. Tenía la mano libre sujetando el brazo de su atacante en un intento de retirar la katana de su cuello.
- Hashirama… Madara… - Apenas le salía la voz. - ¿Qué… Qué…?
- ¡Cállate! ¡Has estado tonteando con ese Uchiha! ¡Te llevaremos con nosotros y vas a hacer todo lo que te digamos! ¿¡Queda claro?! – Mei estaba muerta de miedo. La podían ver temblar.
- No podemos permitir que se la lleven, Izuna. Si sabe algo de nosotros será una seria amenaza. – Tajima e Izuna tomaron posiciones de ataque de nuevo. Estaban en un fuego cruzado.
- ¡NO! ¡Dejadme marchar! ¡Yo no he hecho nada! – Mei comenzó a llorar.
- ¡SUÉLTALA AHORA MISMO! – Madara estaba empezando a subir su chacra peligrosamente rápido.
- ¡Madara! ¡Quieto! ¡No la pongas en más peligro! – Hashirama intentaba que nadie se moviera para intentar pensar algo que pudiera terminar con la liberación de la chica que tanto le importaba. Madara chasqueó la lengua.
- Aunque seas una aldeana corriente, sabes perfectamente que los clanes Uchiha y Senju estamos en guerra. ¡En guerra! ¿Me has oído?
- ¡Todos lo sabíamos! – Los allí presentes se quedaron mirando confundidos a la chica que seguía derramando lágrimas. - ¡Sabía que Madara era un Uchiha y Hashirama un Senju! ¡Todos sabíamos eso! – Hashirama y Madara miraron a Mei asombrados. "Ella…" "Lo sabía…"- ¡Y eso no impidió que forjaramos una amistad, lazos! ¡¿Por qué no podemos hacer eso con los dos clanes?! – Mei comenzó a elevar la voz, desesperada. – Hashirama, Madara… Nuestro sueño… Por favor… - Mei clavó sus ojos en ellos, se le estaba rompiendo el corazón. – Madara… - Ella dirigió sus orbes brillantes hacia el moreno. Elevó una mano hacia él. Con el movimiento, la daga de cristal que colgaba en su cuello, regalo de él, emitía destellos que arrancaba la luz solar – Por favor…
- ¡Basta! ¡A por ella, Izuna! – Tajima y su hijo menor flexionaron las piernas para saltar.
Butsuma lanzó una maldición. Si seguía sujetando a la chica, no podía defenderse. No le quedaba más remedio. Era un daño colateral. Tenía que acabar con la chica. Hashirama y Madara se dieron cuenta de sus intenciones.
- ¡NOOOOOOOO! ¡MEEEEEEEEIIIIIIIII! – Se lanzaron hacia ella.
Todo sucedió muy deprisa y lo veían a cámara lenta al mismo tiempo. Mei, con el rostró mojado en lágrimas, dejó de temblar y pudieron leerle en los labios un "Lo siento" antes de que sus ojos casi se salieran de sus órbitas por lo que vieron a continuación.
Mei se dobló hacia delante con una fuerza que no parecía tener, haciendo que Butsuma se desequilibrara y no pudiera girar la muñeca para cortarle el cuello. Mei aprovechó para zafarse y su cuerpo crujió. Antes de tocar el suelo de piedra de la orilla, sus manos ya no eran manos, eran zarpas. Su cara de rasgos finos y dulces comenzó a cambiar. Su nariz se prolongó hacia delante con su boca, formando un hocico que se cubrió de bello blanco-plateado. De su cabeza brotaron dos orejas blancas peludas y puntiagudas. Las imágenes de la silueta de una niña preadolescente y la de un lobo blanco parecía que se intercalaban muy rápidamente, una encima de la otra. Donde estaba la espalda de Mei cubierta por su melena castaña, ahora estaba un lomo blanco cubierto de pelo. La cola frondosa de la loba se agitó sobre sus patas traseras. Y ya no había rastro de Mei. Ante ellos, una loba blanca enorme, con los ojos esmeraldas alzó la cabeza hacia el cielo azul con un aullido ensordecedor.
Los Uchihas y los Senju no podían asimilar lo que acababa de pasar. Hashirama y Madara se quedaron clavados en el sitio. Cuando la loba terminó su aullido, terminado en un gemido lastimero, bajó la cabeza hacia ellos.
- Me-Mei… - Hashirama estaba estupefacto.
- Es Okami… - Madara miraba a la loba con una expresión indescifrable. El tono con el que había dicho el nombre de la loba era como si sentenciara algo. Como si ahora comprendiera todo.
- ¿Qué clase de brujería es esta? – Butsuma se había alejado un tanto del cuerpo del animal, arrastrando hacia atrás a Tobirama, protegiéndolo. Okami no dejaba de mirar a Madara y Hashirama. La loba olfateó el aire y comenzó a gemir. Era como si estuviese llorando, como hacía Mei hace unos instantes.
Tajima e Izuna, detrás de Madara, no pronunciaban palabra. Seguían con la misma posición justo antes de saltar, espadas en alto.
Okami alternaba sus ojos verdes entre los dos. Hashirama dio un paso hacia delante, alzando una mano.
- Mei… - La loba retrocedió un paso, agachando las orejas.
- ¡Hashirama, no te acerques! – Tobirama gritó desde la espalda de su padre. Al escucharle, Okami se giró hacia ellos, gruñendo.
Maldiciendo, Butsuma y Tobirama se pudieron en guardia. La loba alzó los morros superiores, enseñando los colmillos. Se le erizó el pelo del lomo y tenía las patas flexionadas. Lista para atacar.
- ¡NO! ¡MEI, ESPERA! – Hashirama avanzó hacia ella. Pero no le dio tiempo. Okami se impulsó con sus patas traseras, poniendo por delante las delanteras y se avalanzó sobre Butsuma con un ladrido. Al shinobi no le dio tiempo más que a coger a Tobirama y lanzarlo hacia un lado para apartarle. Las garras de la loba impactaron en su pecho, con el peso y potencia de su cuerpo, haciendo que el Senju cayera de espaldas. Okami puso su hocico justo en su cara, rugiendo ferozmente. Los ojos lanzaban un brillo salvaje. Butsuma intentó cubrirse.
Sin embargo, en seguida la loba, apoyándose en el cuerpo del padre de Hashirama, dio otro salto hacia delante, terminando por dejar ileso al hombre. Hashirama avanzó hasta su padre, tendido en el suelo, junto con Tobirama. Okami se quedó a unos metros de ellos.
- ¡Padre! – Hashirama se agachó para socorrerle.
- Maldita sea… - Soltó Butsuma incorporándose. - ¿¡LO VES, HASHIRAMA!? ¡Esa chica es un monstruo que quieren usar los Uchiha contra nosotros! – Hashirama le miró para luego mirar a la loba blanca.
Mei. Okami. Su amiga. La primera chica que le hizo sentir cosquillas en el estómago. Era una especie de híbrido entre humano y lobo. El espíritu del bosque. Era todo cierto. Okami le devolvió una mirada desoladora. Bajó el hocico sin dejar de mirarle y agachó las orejas, esta vez hacia los lados, triste.
El animal miró a Madara. Y éste supo que sería la última vez que vería esas dos joyas verdes refulgiendo desde los iris de la que era la primera persona más importante para él que no era su hermano pequeño. Con un último gemido, Okami, Mei, se giró rápidamente y salió como alma que lleva el diablo en dirección norte, recorriendo la orilla del río para meterse en el bosque y perderse en él.
- ¡No! ¡Mei! ¡Espera! – Hashirama se levantó precipitadamente, saliendo en pos de la loba, gritando el nombre de la chica. Oyó cómo su padre y su hermano pequeño le llamaban, pero no miró atrás. Al rato, sintió cómo el chacra de Madara le seguía muy de cerca.
Podía notar también la dulce esencia de Mei delante suya, pero no alcanzaba a ver la figura de la loba blanca corriendo. En un momento dado, se paró en medio del bosque. Había dejado de notar a Mei. A su lado un instante después, Madara frenaba bruscamente, jadeando por la carrera.
- La he… Perdido… - Hashirama intentaba recuperar el aire.
- Cállate… - Madara cerró los ojos, concentrándose. – Por ahí. – Sin cuestionarle, Hashirama siguió al Uchiha en la dirección en la que había saltado.
No obstante, no dieron con el rastro exacto de Mei. Vagaron entre los troncos de los árboles durante mucho, mucho tiempo. El sol comenzaba a ocultarse, haciendo que el cielo mostrara rojos, amarillos y azules oscuros en la bóveda celeste. Incluso se podía distinguir la luna en el horizonte.
Justo cuando pensaban que no iban a encontrarla, llegaron a la linde del bosque. Ante ellos se alzaba una montaña muy grande. De su ladera, bajaba precipitadamente el agua que llenaba el río que se desviaba hacia el sur. Supieron que era el nacimiento del río en el que ellos se habían hecho amigos. Pero no les dio mucho tiempo para admirar el precioso paisaje pues, a los pies de la montaña, se alzaba una columna de humo negro causado por el incendio de varias casas de la aldea que aparecía ante ellos. La aldea de Mei.
- ¿Qué ha pasado aquí…? – Los huertos que colindaban con el bosque estaban destrozados. Las casas ardían y otras tenían las paredes agrietadas. Cuando vieron el primer cadáver tirado en el sendero de arena, a la entrada del pueblo, comenzaron a sentir verdadero temor por Mei. Se miraron y asintieron. Salieron corriendo hacia el interior de la pequeña aldea. Comenzaron a llamar a su amiga a gritos.
Parecía que hacía muy poco que habían atacado la zona puesto que no había señales de atacantes por ninguna de las calles y el suelo estaba adornado con cadáveres de niños, mujeres y hombres por todas partes. No vieron a ningún ser vivo por el momento. Los dos chicos aflojaron el paso y pusieron sus manos ahuecadas alrededor de sus bocas para llamar más alto a Mei. Y no obtuvieron ninguna respuesta.
- Quizá no ha llegado hasta aquí… Quizá al ver todo esto, huyó hacia el bosque… - Madara también quería creer eso. Aunque Mei fuese en realidad el espíritu de Okami y pudiera ser muy peligrosa, estaban temiendo que le hubiera ocurrido algo.
- Eso han sido grupos de bandidos… De asesinos… - No veían ningún símbolo de ningún clan como reclamo de esa masacre. Además, sus clanes no atacaban a aldeas inocentes. Eso era obra de organizaciones de maleantes que, a causa de la guerra, se habían unido para sobrevivir, atacando a los más débiles y robándoles todo cuanto pudieran, matándolos si era necesario.
Madara y Hashirama caminaban por las calles desiertas y con el olor a humo y muerte rodeándoles, cuando llegaron a una casita con un símbolo pintado encima de la puerta. Era una circunferencia de color blanco, sin más. Lo que les llamó la atención fue que, por primera vez desde que entraron en el pueblo, vieron a un hombre vivo agachado en el porche de la entrada y sostenía un cuerpo entre sus brazos. Los chicos se acercaron deprisa hasta el hombre, que lloraba sobre el cadáver de una mujer de pelo castaño.
- ¡Oiga! ¿Está usted bien? – Hashirama saltó hasta llegar a él. Seguido de Madara.
- ¿Qué ha pasado aquí?
El hombre alzó la vista hacia ellos, con una mirada vacía, como si no viera nada delante de sus narices.
- A-aparecieron hace unas horas… Eran demasiados… Lo arrasaron todo… - El hombre volvió a bajar la vista hacia la mujer muerta. – No tuvieron piedad… Los mataron a todos… A todos… Incluso a la doctora… - El hombre sollozó.
Hashirama y Madara se miraron. La doctora de la aldea… La madre de Mei y Haruka.
- … Oiga. Tranquilo, ya pasó todo... – Hashirama se agachó y puso una mano en el hombro del hombre destrozado. - ¿Era su mujer o… Un familiar? – El hombre negó con la cabeza.
- La doctora me salvó de morir una vez… La queríamos todos… Y sus hijas… - Al hombre se le rompió la voz.
- ¡¿Dónde está Mei?! ¡¿Ha estado aquí?! – Madara apretó las manos y gritó impaciente y furioso por saber algo de la chica.
- Madara… - Hashirama le miró con reproche. No tenía ningún tacto. – Lo siento… Es que Mei es nuestra amiga y no sabemos dónde está… ¿Cómo se llama?
- Me… Me llamo Taro…
- Taro, ¿qué pasó? ¿Vio a Mei? ¿Y Haruka?
- Mei… - El hombre les miró con el rostro anegado en lágrimas. – Yo, cuando escuché tanto ruido, salí de mi casa, que está justo en frente… Y los vi, entrando y matando a toda la gente del pueblo. Yo vivo solo, no tengo a nadie.. Y corrí hasta la casa de la doctora. Todavía no habían alcanzado la casa, así que entré y les advertí que se escondieran. Estaban solo Yuki y Haruka en la casa, Mei no estaba… - Los dos chicos escuchaban con atención al hombre. – Las dije que se escondieran en alguna habitación, en un armario, donde fuese para que no las encontrasen. La doctora cogió a su pequeña Haruka y la llevó al cobertizo de detrás de la casa, pero ella no se quedó, dijo que tenía que encontrar a Mei. Intenté detenerla, pero no pude… Abrió la puerta justo cuando uno de esos malnacidos apareció y… - El señor paró de contar lo sucedido para tomar aire y recomponerse – La mataron. La mataron delante de mí… No pude hacer nada. Uno de esos hombres encapuchados le clavó la espada en el vientre… - Madara y Hashirama vieron que la mujer tenía la ropa desgarrada por el estómago y que había un charco de sangre debajo de ella. – Y fue a por mí… Yo me cubrí con los brazos, pero sabía que iba a matarme… Cerré los ojos pero… Pero… Escuché un rugido y gritar al hombre… - Taro giró la cara hacia el interior de la casa, que tenía la puerta abierta. – El Uchiha y el Senju distinguieron un cuerpo inerte en el suelo de la entrada de la casa, que tenía muebles y cuadros rotos por todas partes. – Un enorme lobo blanco tenía al hombre sujeto entre sus fauces y comenzó a morderle el cuello… Lo mató al instante. Yo me cagué de miedo, no estaba pasando suficiente desgracia para que ahora un lobo gigante nos atacara también… Pero… El animal me miró y… Y… No sé, no sentí miedo. Se acercó a mí pero en seguida movió las orejas y salió disparado hacia la puerta trasera de la casa. Yo inmediatamente pensé en Haruka y salí corriendo detrás. El lobo abrió el cobertizo de un golpetazo y ahí estaba la niña… Llorando, aterrada. Pensé que iba a devorarla… Me quedé en el sitio… - Taro cerró los ojos con fuerza. – Pero Haruka se abrazó al cuello del animal, sin parar de llorar. El lobo… El lobo no la hizo nada. Es más, se agachó para que Haruka montara en su lomo. El lobo se llevó a Haruka. Corrieron rodeando el pueblo y se perdieron en el bosque, sin mirar ni una vez atrás… Esa es la última vez que vi a Haruka pero… Mei… No sé… No sé dónde está, ni si está viva… - El hombre, deshecho, se volvió a encoger, agitando los hombros con el llanto.
Hashirama, después de escuchar los acontecimientos, miró a Madara. Mei se había llevado a Haruka de esa carnicería. Habían huido… Y tenían manera de saber en qué dirección.
- Taro… Lo siento… Puede que Mei esté bien y que Haruka ahora esté a salvo… El lobo la protegerá, no se preocupe. Seguiremos buscando a nuestra amiga. – El hombre parecía no escuchar, sólo lloraba, sosteniendo a la madre de Mei entre sus brazos.
Consternados, Madara y Hashirama salieron de la aldea, sin decir una palabra hasta que comenzaron a meterse en el bosque, de vuelta a casa.
- La encontraremos, Madara. Seguro que Mei vuelve en algún momento… - Hashirama se percató de que el moreno se había parado y no le seguía el paso. Se giró para mirarle.
- No. – Hashirama le miraba confuso. – No. No vamos a encontrarla. No volverá nunca más…
- Pero… Eso no lo sabemos. Podremos buscarla juntos, seguro que…
- ¡Hashirama! – El chico de pelo castaño oscuro se sobresaltó. – No vamos a buscarla juntos… Nunca más. Tú – Madara alzó su vista hacia él, que hasta ahora había estado oculta entre el flequillo de su pelo negro como la noche que caía sobre sus cabezas. – Eres un Senju. Yo un Uchiha. – Los ojos de Madara ya no eran negros. El color escarlata del Sharingan coloreaba sus pupilas. Hashirama dio un paso hacia atrás. – Todo se ha roto. No hay más sueños infantiles. No hay más aldea donde no haya guerra… No volveremos a ver a Mei – Esto último lo dijo con rabia, apretando los dientes. - ¡Por culpa de tu clan!
- ¿¡Cómo!? – Hashirama se encaró con él.
- ¡Tu padre le puso la katana en el cuello! ¡Caso la degüella delante de nuestras caras! – Madara y él doblaron los codos con las manos apretadas.
- ¡Ha sido un malentendido! ¡Intentaban proteger a nuestra familia!
- ¡A costa de la vida de Mei! ¡Una civil inocente!
- ¡Porque tú te veías con ella por la noche, capullo! – Todo el rencor contenido de los celos que sentía Hashirama salió a flote. - ¡Creyeron que estaba con vosotros!
- ¡Y qué si fuera así! ¡eh! – el Sharingan giraba furioso en los ojos de Madara Uchiha.
- ¡Tú la has engatusado! ¡La has manipulado con el Sharingan!
- ¡SE ACABÓ! – El grito de Madara resonó por todo el lugar. Hashirama se cayó de golpe. Madara temblaba de pura rabia. – A partir de ahora… - Madara habló con un tono que destilaba odio. – Tú y yo somos enemigos. La próxima vez que nos veamos… - Clavó su mirada roja en Hashirma. – Será en el campo de batalla y lucharemos. A muerte. Adiós, Hashirama Senju.
Madara hizo una reverencia y saltó sobre las ramas de los árboles, alejándose de donde Hashirama se había quedado con el alma rota por todas partes. Y lloró. Gruesas lágrimas amargas rodaron por sus mejillas para morir en la hierba que pisaba. Había perdido a sus dos mejores amigos la misma noche. Su sueño de construir una aldea con Madara. donde no hubiera más guerra se esfumó dolorosamente.
Todos, absolutamente todos los momentos felices que había vivido hasta ahora se convirtieron en un recuerdo agridulce que lo acompañaría por el resto de su vida.
En la habitación iluminada por las antorchas en el Templo Nakano de los Uchiha, Tobirama tenía los ojos cerrados mientras escuchaba la historia que pronunciaba Hashirama.
- Espíritus de animales mitológicos a voluntad de los humanos… - La voz de Orochimaru se escuchó por la sala en un susurro. – Mmmmm, qué interesante descubrimiento.
- Jamás había oído hablar de algo así… - Suigetsu estaba alucinando.
- Una vez, leí algo sobre la figura de un lobo blanco enorme, tan grande que podía montarlo un hombre adulto, que protegía a Konoha y sus bosques… Y que ese lobo fue algo simbólico propio del Clan Uchiha en sus inicios como uno de los clanes fundadores de la aldea. Pero ese escrito estaba muy dañado y no se podía interpretar del todo bien… - Minato Namikaze miraba a un punto fijo en el suelo, rememorando en su cabeza los símbolos e ilustraciones que encontró en un libro desgastado, sin título ni nada que pudiera identificar sobre qué trataba.
- Pues sacaste la conclusión correcta, Yondaime. – Hashirama le miró con sus escleras negras. – Ese lobo… Loba, era Okami… Mei…
- Pero has dicho que no la volvisteis a ver… - Orochimaru había desarrollado mucho interés por esa chica loba que conoció a los fundadores de la Aldea Oculta de la Hoja antes de que ésta naciera.
- Por muchos años, sí. Pero no fue la última vez que la vimos, ni mucho menos.
- Shodai Hokage – La voz de Sasuke tronó en el aire denso del luegar. – Has dicho que sobre la puerta de la casa de esa chica había dibujado un símbolo. Un círculo con el borde blanco. – Todos miraron al chico, que estaba profundamente serio mientras hablaba. – Ese símbolo… Esa chica… ¿Cuál era su apellido?
Hashirama Senju miró a Sasuke. No le contestaba, simplemente le escrutaba con la mirada, negro contra negro.
- Responde. – Sasuke se estaba impacientando, dio un paso hacia delante visiblemente molesto.
- Mmmmm… - Hashirama cruzó los brazos delante de él, como estaba Tobirama. – Mei… Nos dijo en su día que ella era una campesina a la que su padre había abandonado cuando nació su hermana pequeña. – Hizo una pausa. – Y era así, lo que no nos dijo en ese momento era que sí pertenecía a un clan. Uno que no estaba aliado ni con nosotros ni con los Uchiha. El nombre de ese clan… El apellido de Mei… - Todo el mundo contenía el aliento. – Era Haruno. Mei pertenecía al Clan Haruno.
Sasuke abrió los ojos como platos. El silencio tras esa declaración inundó la sala. El fuego de las antorchas que los iluminaban pareció titilar unos instantes. El chacra de Sasuke se revolvió sin control. Sasuke bajó la vista, chasqueando la lengua, muy, muy molesto. "Haruno… Sakura…".
- Haruno… - Suigetsu habló desde la espalda de Sasuke y Orochimaru. - ¿No es así como se apellida tu ex – compañera de equipo, Sasuke? – El nombrado lanzó una mirada asesina al integrante de Taka. No podía hacer comentarios más inoportunos, ¿verdad?
- Oooooh… - Orochimaru sonrió siniestramente. – Con que… Han llegado descendientes de esa criatura tan interesante hasta nuestro tiempo…
- ¿Hay una chica con ese apellido en esta época? – Hashirama miraba a Sasuke de tal forma que parecía que le iba a atravesar el cerebro.
- Hmp… Sí. – Respondió sin más. – Pero ahora no hay tiempo para eso. Prosigue con lo que ocurrió, necesito saber toda la historia, vamos. – Sasuke, ni en su imaginación más surrealista pensó que un antepasado de Sakura pudiera estar involucrado con la creación de Konoha y mucho menos con su clan.
- Está bien… Joven Uchiha. – Hashirama cerró los ojos para concentrarse en la segunda parte de la historia. – Como he dicho, no vimos a Mei durante mucho, mucho tiempo… Durante ese período, Madara y yo sí volvimos a encontrarnos… Para combatir en la Guerra de los Clanes. Ya no éramos más esos dos chiquillos que soñaban acabar con el sufrimiento y la muerte que nos rodeaba. Pasamos a formar parte de lo que tanto queríamos terminar y así fue durante años. Sin darnos cuenta, llegó un momento en que los dos nos convertimos en los líderes de nuestros respectivos clanes. - Hashirama les contó cómo Madara y él luchaban sin parar para matarse entre ellos, cómo gente de sus familias siguió muriendo, unos a manos de los otros, incrementando el odio que nacía de sus corazones con cada batalla. Hashirama, con un tono apenado, relató cómo Tobirama consiguió alcanzar a Izuna, el hermano pequeño de Madara, hiriéndolo de muerte.
Madara, con el Mangekyo Sharingan en sus ojos, y su Susanoo azul, a pesar de las propuestas de paz de Hashirama, seguía llevando a cabo los ataques entre los dos clanes, a pesar de que el Clan Uchiha estaba perdiendo la guerra. El Senju y el Uchiha hacía tiempo que habían dejado de ser unos niños. Ya alcanzaban la veintena de edad, siendo los dos rivales ya dos hombres que se enfrentaban por el hecho de apellidarse de forma distinta, continuando con el legado de sus padres.
- Pero… Llegó un día… En el que el mismísimo Madara Uchiha terminó tumbado en el suelo… - Tobirama suspiró, hastiado.
- Te dije que terminásemos con él en ese momento. Te pudieron los sentimientos.
- Cállate, Tobirama. – El tono del Dios de los Shinobi era cortante como una daga. – Yo seguía viendo en él al muchacho con el que una vez tuve un sueño de paz… Era el único que podía ayudarme a frenar todo ese mundo de destrucción y dolor… Si le mataba… Si mataba al líder de los Uchiha, el clan seguiría echándose encima nuestra, sin parar nunca. - Hashirama les contó cómo Madara le propuso que matara a su hermano Tobirama o se suicidará él mismo si quería terminar con esa guerra para, después de decidir inmolarse antes que matar a su hermano pequeño, fuera el propio Madara el que detuviera todo.
Ahí, en ese momento, la alianza entre los Senju y los Uchiha, los lazos que había estado esperando Hashirama por tanto tiempo, comenzaron a formarse.
- Era como un sueño… Ya no iba a haber más guerra, más muerte… - Hashirama sonreía. – Era un poco tarde, pero logramos la alianza entre nosotros… Y comenzamos a construir nuestra aldea shinobi ideal. Esa aldea surgió de una esperanza de paz… La Aldea Oculta de la Hoja, de la que yo fui el Primer Hokage… Fue un tiempo idílico. Una utopía. Pero – La mirada de Hashirama se volvió a ocurecer. – los dos sabíamos que siempre nos faltaría algo en ese sueño hecho realidad… Nuestra Mei. – Tobirama se estaba inquietando.
- Hashirama, deja de hablar de ella como si fuera una víctima o una santa. ¡Fue una traidora! ¡Pudo haber arrasado toda la aldea! – Todos miraban hacia el Nidaime ahora.
- ¡Tobirama! ¡No hables de lo que no tienes ni idea!
- Así que… Sí que la volvisteis a ver cuando construisteis Konoha… Ella estuvo allí – Orochimaru estaba fascinado. Si hubiera sabido antes que habían existido humanos capaces de albergar fuerzas naturales como espíritus de los bosques de Konoha, lo hubiera investigado mucho antes.
- Así es… Mei volvió… Pero… - El tono del Shodai Hokage se volvió amargo. – Fue el comienzo de una nueva brecha entre el Clan Uchiha y el Clan Senju… No sabíamos lo que su vuelta iba a provocar entre nosotros… Hasta que fue demasiado tarde… Como ha dicho Tobirama, el Clan Uchiha es el que más amor puede llegar a sentir cuando lo conoce, lo que desemboca en la total destrucción de la persona cuando ésta lo pierde… Y Madara no fue una excepción.
Y así, Hashirama Senju procedió a contar los estragos que provocó Mei Haruno entre los fundadores de Konoha.
Notas del Autor: ¡Tadá! Antes que nada, ¡millones de gracias a las personitas que me escriben! No saben la motivación que supone saber que hay gente que quiere saber más de toda esta trama. ¡Me inspira y ayuda a continuar! Es difícil escribir sobre los Uchiha, sí... Ese carácter tan especial es difícil de llevar a una historia así... Me fijo en el carácter de Sasuke, que es el mayor referente que hay, aunque gracias a la pequeña saga que hizo Kishimoto sobre Hashirama y Madara podemos hacernos una idea mejor.
Este cap es clave. Aquí se revelan muchísimas cosas... Mei es la loba blanca (creo que ya sospechaban algo así, jeje) y además, perteneció al Clan Haruno. Creo que es el más intenso por el momento, espero de corazón les guste. Y si es así, déjenmelo por escrito, please, eso hace que mis neuronas se pongan a trabajar más rápidamente para continuar. Y si no les gustó, no pasa nada, si quieren pueden decírmelo igualmente para ayudarme a mejorar, siempre desde el respeto y eso, ¿sí?. Les dejo la canción inspiradora de este chapter arriba. En el siguiente episodio veremos como la segunda parte del relato de Hashirama donde ellos ya son mayores, muy interesante, se lo prometo.
¡No duden en comentar! ¿Nos leemos?
¡Un fugaz saludo, amigos!
Shirokami Mori :3
