Hola~ Que tal, ando por aqui con un mini corto. Un Fic, que se encuentra concursando en:

[Este fic participa en el Reto del mes de Noviembre "Amores Prohibidos" del foro "Hazme el amor".] Como siempre, los personajes no me pertenecen a mi, sino que a su creadora: Rumiko Takahashi.


Este fic, he estado craneando mucho para este concurso! Asi que esta idea se me vino a la mente, como un amor prohibido. RinxSesshoumaru. xD Asi que bueno, disfrutenlo, será corto por el mismo concurso, pero tratare de usar el maximo limite para entregarles algo bueno! Dejen sus reviews y cuando abran las votaciones, agradeceria grandemente sus votos! :) Disfruten! :D


CAPITULO I

¿Por qué estaba la alarma sonando? Acababa de acostarse, era imposible que fueran las siete de la mañana… Su primera clase del semestre no comenzaba sino dentro de una hora y media, tiempo de sobra para poderse preparar.

Abrió con mucha dificultad un ojo, para observar la hora en su pequeño aparato. Se levantó de un solo salto, ya eran pasadas las ocho. Iba a llegar tarde.

- ¡Demonios! ¡Llegare tarde! – gritó ofuscada. Sabía que el profesor que le impartiría la primera clase era un total maniaco de la puntualidad. Sus amigas que ya habían cursado la materia, le habían dicho que una llegada tarde implicaría muchísimos problemas, pero con el panorama que se observaba en clase lo compensaba. No había entendido la jerga de sus amigas, pero le decían que cuando entrara a clase, lo comprendería perfectamente.

Tuvo el suficiente tiempo para poderse poner sus jeans, una camisa cuadriculada, sobre una polera de color liso, sus tenis preferidos y amarrarse su cabellera negra con una coleta algo suelta. Recogió su mochila, sus llaves, además de la pila de libros que debía de llevar. Sus manos se hacían pequeñas para sostener tanto libro pesado, pero el tiempo se acortaba, así que salió apresurada de su habitación directo hacia uno de los edificios de la universidad.

Estudiaba la Licenciatura en Literatura Clásica y Moderna. Adoraba leer, desde que estaba pequeña. Era una manera de alejarse de su propia vida y adentrar a otras llenas de fantasía, amor, felicidad, y una que otra aventura super natural. Cuando tuvo la primera oportunidad para conseguir una beca, se mató estudiando, y ahora cursaba el tercer semestre de su carrera. Buscaba la clase en medio de tanto estudiante en los pasillos, como pudo, observó su reloj de muñeca, para darse cuenta que ya llevaba diez minutos por encima de la hora estipulada. Ya estaba en graves problemas.

- ¡Oh! ¡Clase 104, Ahí estas! – exclamo, observando el gran numero a la par de la pesada puerta de madera.

Abrió con dificultad la puerta, se disponía a entrar con sigilo, pero un pie mal puesto frente al otro hizo que se resbalara, dejando caer los libros que llevaba en sus manos. El estruendo resonó por todo el salón.

- Mierda. – pudo susurrar, mientras su Mirada llegaba a donde se encontraban sentados el resto de sus compañeros de clase. Todos la veían con una cara de melancolía. Sabía que el profesor se hallaba detrás de ella, el aura terrorífica se sentía recorrer a lo largo de su espina dorsal.

- Para su información, la clase comienza a las ocho y media en punto. – dijo una voz ronca, pesada y muy varonil.

- Lo siento, le juro que no vuelve a pasar. – respondió, terminando de recoger los libros. Se levanto de un solo brinco, pero le daba temor darse la vuelta para enfrentar al ogro de profesor que le haría la vida cuadritos por los siguientes seis meses.

- Rin Kogawa, supongo yo. – dijo, con algo de recelo en su tono de voz.

Era ahora o nunca. Tomó con fuerza los libros, para darse vuelta despacio. Le daba miedo ver el rostro de enojo de su maestro, probablemente iba a ser un viejo cascarrabias, que lo único que hace es reprender a sus alumnos con montañas de tareas.

Sus mejillas se sonrojaron y no pudo articular palabra. ¿Quién demonios era ese adonis que se encontraba frente a ella? Era hermoso. Un tipo con unas facciones casi perfectas, cabello largo plateado hermoso, unos ojos ámbar dolorosamente atrayentes, labios carnosos, un rostro muy masculino, un cuerpo de dios griego, cubierto con una camisa blanca pulcra y un chaleco café por encima, corbata roja algo suelta y unos pantalones en juego con el chaleco. Dios mio, era bello.

- Perdone la tardanza. Le juro que no vuelve a suceder. – dijo, esta vez esquivando su mirada de la del galán.

- Tendrás tu castigo, pero hablaremos de él al término de la clase. Por ahorita, busque un asiento y preste atención. Gracias a su interrupción, hemos perdido tiempo valioso. – dijo, indicando los pupitres con el resto de los estudiantes sentados.

Le palpitaba el corazón, no podía dejar de pensar en la pena que sentía por haber hecho tan aparatoso cuadro frente a un tipo tan guapo. Observó a los demás estudiantes; chistosamente casi el 70% de la clase la comprendían mujeres, y sonrió sarcásticamente. Ese tipo tenía su fama de maestro hermoso, y entendió el porqué sus amigas habían quedado maravilladas de la clase, pese a la pila de trabajo semanal que debían de hacer.

Se sentó, observando al profesor regresar a la pizarra. Su nombre estaba escrito sobre ella… "Profesor Sesshoumaru Taisho, Clase: Comprensión Literaria, Hora clase: 8:30 en punto." Las palabras "en punto" se encontraban remarcadas dos veces por debajo. Definitivamente un maniaco de la puntualidad.

- Después de esa pausa, retomamos la clase donde quedamos. Como había dicho, la clase está dedicada a los clásicos literarios y su comprensión. Comenzaremos con algo que todos en algún momento de nuestra existencia hemos escuchado y leído… Romeo y Julieta. – dijo, mientras regresaba al escritorio y tomaba el libro clásico entre sus manos.

Se escuchaban los susurros de todos, positivos, negativos, de pasión y desolación. Rin había leído ese libro, le encantaba, era un tema de rivalidad, amor, tristeza, morir por una causa… estaba más que contenta por volver a leerlo. Mientras varios pensamientos pasaron por su cabeza, notó que el profesor la observaba de reojo, acomodando los lentes que llevaba puestos, hizo que su corazón saltara de nervios y desvió disimuladamente la vista hacia los libros que tenia sobre su mesa.

La campana resonó por fuera, anunciando en la primera clase había dado por terminada. Todos los alumnos comenzaron a arreglar sus cosas e iban saliendo del aula. Sus libros hacían que se tardase más, había metido los que pudo en su mochila, para no hacer otro acto de aterrizaje forzoso en su siguiente clase. Una voz la llamó a lo lejos, levantando su mirada, observó que el profesor la observaba sentado en el borde de su escritorio con los brazos cruzados, maldecía pensar que se veía ridículamente hermoso, parecía que estaba modelando algo en esa pose tan sencilla.

Camino hacia el profesor, mientras que las ultimas estudiantes salían del aula. Todas despidiéndose torpemente sonrientes del maestro.

- Me asombra saber que una persona no sepa lo estricto que soy con las horas de clase. – replico, mientras observaba a Rin con la mirada clavada en el piso.

- Estuve hasta tarde leyendo, y no escuché el reloj despertador. ¡Lo siento! Juro que no volverá a pasar. – respondió, ojeando al galán.

- Una fan de la lectura. No me sorprende, para estudiar esta carrera se debe de tener cierto interés en libros supongo. – dijo, mientras se levantaba de donde estaba. Había quedado demasiado cerca de ella. Rin no podía controlar su corazón, sentía que iba a salirse de su pecho de las altas palpitaciones. Un aroma a perfume varonil entro a su nariz, olía delicioso.

- Castigo las llegadas tardes. – replicó, caminando hacia detrás de su escritorio. Apuntó algo en un pequeño papel y se lo entrego pesadamente.

Rin abrió el papel, para encontrar una dirección. Por lo que leía, era el edificio de los despachos de los profesores.

- Mañana a las seis de la tarde, en punto, en mi despacho. Tengo una hermosa cantidad de libros que deben de ser posicionados en sus respectivos estantes por fecha y autor. Hice la limpieza primaveral y me dio pereza volverlos a poner en orden. – dijo, sentándose en su silla.

- Señor Sesshoumaru. – pudo responder al fin.

- Para ti es, Profesor Taisho. – respondió, quitándose los lentes y acomodando algunos cabellos sueltos.

Rin sabía que si seguía observándolo tan lujuriosamente, iba a caer en una vergüenza más grande. Volvió a desviar la mirada hacia sus manos esta vez.

- Profesor Taisho, estaré ahí puntual. Le prometo que no se volverá a repetir. – dijo mientras se despedía de su maestro.

Salió casi trotando. Necesitaba volver a respirar normalmente. El ambiente alrededor de ese tipo era tan tensa que sentía que debía de evitar respirar, hablar, tragar y hasta incluso parpadear frente a él. Maldecía a su adicción hacia los libros, esa desvelada le había salido cara.

- Solo a mí me pasan estas cosas. – susurró, antes de seguir caminando hacia su otra clase.

Tenía que reivindicarse. Echó una ojeada a su reloj de pulsera. Faltaban al menos diez minutos para la hora que el profesor le había dado. Estaba parada frente a la puerta de su despacho, su nombre resaltaba en una placa de acero color bronce.

Arregló su ropa, prácticamente el mismo atuendo que el día de ayer, solo que en diferentes colores. Era muy sencilla, y no le gustaba mucho lo pomposo ni femenino. Lo que ella buscaba en sus ropas era comodidad, y sus jeans, camisetas y tenis lograban ese propósito.

Tocó la puerta, para recibir un "adelante" del otro lado. Abrió la puerta despacio, para encontrarse al apuesto de su profesor, leyendo, sentado en un pequeño sofá, con las piernas dobladas sobre el. Se veía celestial. De reojo observó a la chica, que se había quedado parada junto a la puerta abierta.

- Entra del todo y cierra. – replicó.

Rin obedeció, manteniéndose parada frente a él. Contempló la oficina, tenía un aire muy contemporáneo. Los muebles todos de madera, destilaban un olor agradable a montaña. Los libros estaban todos en grandes rimeros en el suelo, uno sobre el otro y los estantes detrás de su escritorio estaban vacios. Suspiró con decaimiento, arreglar todos esos libros le iba a llevar varias horas.

- Profesor Taisho, si me indica por donde comenzar… - dijo mientras se acercaba un poco más hacia el acomodado leyente.

El profesor sonrió, dejando entrever una cara de picardía. Rin no supo cómo reaccionar, su corazón comenzaba nuevamente a palpitar con fuerza, trataba de mantener la calma, pero sabía que hasta sus mejillas estaban algo rojas.

Se levanto, dejando el libro sobre el sofá. Se acercó a ella tranquilamente. Rin pudo volver a sentir ese perfume varonil tan embriagador, pero no podía despegar su vista del suelo. Temía revelar la pena que se acumulaba en sus mejillas.

- ¿Me tienes miedo? – pregunto, parado a menos de un metro frente a ella.

- ¿Miedo? – pregunto, levantando un tanto sus ojos, estrellándose con esos ojos ambarinos llenos de fuego detrás de sus gafas de lectura, que se le veían fenomenales.

- Pareciese que me tienes miedo.

- No… no es miedo. Es solo que… - replico, mientras trataba de organizar las palabras en su mente.

- ¿Solo qué? – pregunto, caminando un paso más cerca hacia ella.

No podía. Tenía que evitar verlo a los ojos, lo más antes posible, o iba a escupirle que le parecía tan endemoniadamente atractivo, que emanaba fuertes ráfagas de atracción peligrosa.

- Me imagino que esos son los libros que debo de arreglar, comenzare ahorita mismo. Pienso que acomodarlos por año y abecedario es lo más óptimo. – respondió, esquivándolo por un lado, dejando a un lado su mochila, tomar una pila de libros y llevarlos por detrás del escritorio.

Su corazón se estaba saliendo de su pecho. Le dio la espalda, observando los títulos de los libros que había llevado con ella. No podía aclarar su mente, pero trataba de actuar que sabía lo que estaba haciendo.

- No me has respondido, Rin. – dijo, su voz se escuchaba cerca, muy cerca.

Rin se detuvo en seco. Una respiración resopló en su oreja, y el aroma a ese perfume envolvía su nariz nuevamente. Dió media vuelta, para encontrarse con el Profesor Taisho, casi sobre ella. Tuvo que retroceder un paso, sintiendo la gran estantería detrás de ella en su espalda. Apretó sus manos en los libros, estaba nerviosa, qué estaba pasando.

- ¿Profesor? – pregunto, evitando su mirada acusadora.

- ¿Esta es la moda que llevas siempre? ¿Jeans, camisas y tenis? – pregunto, acercándose más a ella.

- Es… es lo mas cómodo, supongo. – respondió, entrecortada. Estaba muy cerca, demasiado.

- Me gusta. – dijo, tomando los libros de sus manos y dejándolos sobre el estante.

- ¿Eh? – pudo decir, se atrevió a verlo directo a los ojos. Esos ojos llenos de lujuria, una sonrisa seductora.

Se quito los lentes, dejándolos junto a los libros en el estante.

- ¿Me sigues teniendo miedo? – volvió a preguntar, su cuerpo tocaba levemente al de la chica.

- No es miedo. Me resulta… demasiado… - respondió, aun seguía sin terminar la frase.

- ¿Demasiado?

- Demasiado atractivo. Su… su perfume, embriaga. – susurró, qué más daba. Tenía al profesor más hermoso a pocos centímetros de su cuerpo.

Sesshoumaru apretó su cuerpo con el de su alumna, obligándola a quedar atrapada entre el gran estante y él. Bajó su rostro hacia el cuello de la chica, sus labios buscaban donde aterrizar. Sentía la respiración agitada de ella en su oído, poso sus labios casi en su garganta, mientras sus manos estaban parqueadas en sus caderas.

Rin no sabía qué hacer, tenía sus manos en el pecho fornido de su profesor. No llegaba a entender que era lo que estaba pasando. Sentía los labios de él caminando nuevamente hacia arriba, deteniéndose para verla de frente.

- ¿Profesor, que hace? – pregunto, algo apenada.

- ¿Te molesta lo que estoy haciendo? – pregunto sonriéndole picaronamente.

Rin no sabía qué responderle. Claro que no le molestaba, pero no quería escucharse muy fácil. Estaba a punto de perder la cordura, el tornado de emociones y actos la estaban volviendo loca. Sus mejillas estaban totalmente coloradas, no podía cubrir su pena a esa distancia. Negó ligeramente con su cabeza, para volver a verlo a los ojos.

- Buena niña. – replicó. Esta vez, besándola en los labios. Su cuerpo la apretujó en contra del estante. Su boca estaba invadiendo descaradamente la de ella. Su lengua se movía profesionalmente, obligándola a sentir demasiadas cosas en un solo lugar. Sentía como su cuerpo se calentaba, las manos de su profesor comenzaba a invadirla por todas partes.

- Profesor Taisho… - exclamó, alejándose un momento para tomar una bocanada de aire.

- Solos, dime Sesshoumaru. – respondió, volviendo a tomar la boca de su alumna y probarla nuevamente, sabia delicioso.

Sus manos levantaron la blusa de la chica. Busco el botón del jean y lo zafó sin ningún esfuerzo. Metió su mano dentro de su braga, sintió alegremente lo mojada que estaba. Entre sus besos, escuchaba los gemidos leves, acerco dos dedos hacia su clítoris y luego más abajo, tratando de introducirlos dentro de ella. Rin se separó de su boca, para gemir de dolor.

- Por favor, espere. – dijo, entre jadeos. Aun sentía la mano de Sesshoumaru sobre su clítoris.

- ¿No quieres? – preguntó, algo confundido.

- No es que quiera, es que… duele un poco. – replico, algo apenada. Como demonios podía decir cosas así.

- ¡¿Virgen?! – preguntó algo asombrado.

Rin asintió levemente. No podía creer que estaba proclamando algo tan íntimo a su profesor. Sesshoumaru sonrió, no podía creerlo, una virgen frente a sus ojos. En estos tiempos modernos era raro encontrar alguna a esa edad.

- Con veinte años y sigues siendo virgen. Interesante. – dijo, mientras sacaba los dedos de su braga y los relamía con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía un sabor muy sabroso.

- No ha pasado, ¿está bien? No tiene que mofarse de mí. – respondió Rin, tratando de alejarlo de ella, pero era más fuerte.

- No me mofo. Es más, arreglaremos ese problema ahorita mismo. – dijo, mientras se separaba de ella, para tomar su saco y su maletín.

- ¿Ahorita? – pregunto algo confundida.

- Si, ahorita. Pero mi despacho no es el mejor lugar para desvirgar una chica tan linda como tú. Toma tus cosas, nos vamos a mi apartamento. – respondió, tomando las llaves de su escritorio y esperarla en la puerta.

Rin se paralizó con esa respuesta. No podía moverse, ¿en realidad tendría la suficiente valentía para irse con su profesor? Su mente le gritaba que recobrara los sentidos, pero su entrepierna y corazón le suplicaban que moviera los pies para irse con él. Prefirió seguir lo que pensaba su tonto corazón incrédulo y la excitación que sentía. Tomó su mochila y salió del despacho. Sesshoumaru cerró detrás de él y la encamino al parqueo, donde estaba su carro estacionado.

Un lujoso Lincoln turismo parpadeo las luces, haciéndole una seña le dijo que se metiera rápido. No quería que las personas vieran que se cargaba una alumna en su automóvil. Fueron los quince minutos más largo de su existencia, un silencio inundaba el ambiente, mientras observaba las casas pasar por la ventana. Llegaron a un apartamento de un estándar medio alto. Para ser un maestro, se notaba a leguas que tenía dinero.

- Wow. Lindo apartamento. – dejo salir, observando al profesor incrustando la llave para abrir la puerta.

- Mi familia es adinerada. Yo doy clases, porque lo disfruto. No porque necesite el trabajo. – replicó, mostrándole el camino hacia el interior de su departamento. Prendió una que otra luz, mientras Rin observaba lo adornos y espacios dentro de la casa, tenía un gusto muy refinado, nada ostentoso, sino que poseía lo necesario para mostrar un espacio muy minimalista y hermoso.

Una mano fuerte, tomo la de ella sin previo aviso. Se sintió jalada hacia una de las habitaciones, Sesshoumaru encendió una luz tenue que se encontraba en su mesa de noche. Aun con Rin tomada de la mano, la jalo hacia su cuerpo, volvió a besarla. Sentía que se le había hecho una eternidad desde que la besó hace un rato en su despacho. Quería poseerla ahí mismo. La empujó levemente hacia su cama, grande y muy cómoda. Unas sabanas negras con finos encajes blancos la cubrían. Primero pensó en quitarlas, pero qué más daba, luego las lavaría.

Volvió a meter su mano por debajo de su blusa, esta vez acariciando uno de sus senos. Pequeños gemidos se escapaban de la boca de Rin, en algunos instantes donde su boca se escapaba de los fuertes labios de Sesshoumaru.

Le quito la primera camisa, luego de la otra polera, dejándola son con su sostén puesto. Nada relevante, un sostén de blanco con lo mínimo de encaje. El adoraba la ropa interior de mujer muy seductora, pero ver la sencillez de Rin lo excitaba mas que nada. Sintió como su pene se ponía erecto, comenzaba a dolerle, ese dolor ansioso y a la vez placentero.

Abrió nuevamente el jean de la chica, bajándolo de un solo hacia abajo, llevándose de encuentro los tenis y sus calcetines. Una braga blanca y sencilla. Rió para sí, pareciera que el destino le estaba hacienda una jugarreta, una virgen con ropa interior blanca, el día en el que sería desvirgada.

- ¿De qué se ríe? – pregunto Rin algo apenada, trataba de evitar la mirada directa de Sesshoumaru.

- Andas de blanco, precisamente este día. – respondió, volviendo a meter su mano en su braga. Seguía mojada y su clítoris estaba hinchado y sensible.

- No fue planeado.

- Lo sé. Pero aun así, me tienes bien excitado. – dijo, tomando la mano de Rin para posicionarla por encima de su pantalón.

Rin dio un brinco. Era la primera vez que sentía el miembro masculino. Lo había visto en alguna película porno, pero jamás tocado y palpado uno en la vida real. Era grande, ese pensamiento hizo que su vagina se mojara más todavía.

Sesshoumaru desabotono su chaleco para mandarlo a volar, seguido por su camisa blanca. Rin observaba ese pecho bien formado, era hermoso y demasiado sexy. Abrió el pantalón, sacando su pene, hinchado. Estaba totalmente excitado, queria penetrarla ya.

Volvió a besarla, recostándola en su cama. Jalo con fuerza la braga hasta abajo. La llevo a su nariz para respirar hondo. Olía maravilloso.

- No haga esas cosas, me apena. – dijo Rin, mientras trataba de quitarle su braga, pero él la alejo de ella para meterla en su pantalón.

- Tienes un aroma muy rico. Esto se quedará conmigo. – dijo sonriendo mientras la besaba nuevamente. Sus dedos jugueteaban con su clítoris, estaba matándola, hacia intervalos de largas estrujadas y luego las volvía mas cortas. No quería que se viniera, quería penetrarla antes de eso.

Tocaba con esmero sus pechos, sus pezones estaban parados, estimulados más por su lengua que pasaba por ahí por ratos. Llevo su pene cerca de su vagina, sentía lo mojado que estaba, eso era un plus para poder coger a una virgen. La observo de reojo, sonrosada, con respiración pesada, jadeaba con placer. Mantuvo su boca junta con la de ella, mientras comenzaba a penetrarla lentamente. Estaba apretada… metía su pene de a pocos, tratándola de acostumbrar.

Rin se revolvía debajo de él, era notable que le dolía. La tomó por las muñecas, evitando que se moviera mucho.

- Ten paciencia. Ya pasará el dolor.

- Duele…

- Lo sé. Aguanta un poco más y te irá gustando. – susurro, mientras metía otro poco.

No faltaba mucho para que entrara toda. Un empujón mas, y sintió como las contracciones de su vagina dejaban entrar toda su hombría de un solo tiro.

- ¡Au! – exclamo Rin, en un grito ahogado.

- Ya paso lo peor. Ahora viene lo bueno. – dijo, mientras volvía a besar su boca.

Abrió más las piernas de Rin, quería que su pene entrara todo. Estaba tan caliente, tan apretada, se sentía en el cielo. La metió hasta el fondo, para luego sacarla de un solo tirón. Los gemidos se volvieron más abruptos. Rin no sabía lo que estaba pasando en su cuerpo, demasiadas sensaciones tan adictivas pasaban desde su vientre hasta sus pechos. Cada vez que sentía el pene de Sesshoumaru entrar a su ser, era un momento más cercano al cielo. Quería mas, quería sentirlo más dentro de ella. Por inercia propia posicionó sus piernas alrededor de Sesshoumaru, obligándolo a mantenerse lo más cerca de ella y lo mas dentro de ella posible.

- Ya te está gustando, ¿no es así? – pregunto entre jadeos.

- Más, quiero más. – respondió Rin, poniendo sus brazos en su cuello. No soltaba su boca, quería besarlo más y más.

Sesshoumaru sonrió. Se separo de su boca, puso sus manos en su cintura, para moverla mejor. Su penetración se hizo más fuerte, más rápida. Sus gemidos se armonizaban con los de Rin, sabía que no faltaba mucho para que llegara al orgasmo, apresuró más el paso. Observaba como la chica se encorvaba, ya podía sentir las contracciones comenzar a ceder.

- Siento que voy a explotar. – dijo entre jadeos.

- Explota… ese es tu orgasmo. Déjate llevar por la sensación. – replico, haciendo las estrujadas más pesadas. Quería que se viniera, pero más que todo, quería acabar junto con ella.

No podía resistir mas, Sesshoumaru apretó sus manos en contra de su cadera, acabando en un orgasmo tan placentero y tan agobiantemente delicioso. Rin acabo unos segundos después de él. Estaba tendida sobre la cama, respirando fuerte. Aun estaba dentro de ella, salió con delicadeza, observando ciertas lineas de sangre sobre su pene. No sentía repulsión, en vez de eso, le provocaba cierto placer saber que la virginidad de Rin le pertenecía solo a él. Se tiró con desgano a su lado, tratando de acercarla a su cuerpo para abrazarla.

- Así que esto es hacer el amor. – dijo Rin, recobrando su respiración.

- No, preciosa. Estas equivocada… Yo no hago el amor, yo cojo y duro. – respondió sonriendo malévolamente.

Rin ya había escuchado esa frase. Una muy famosa.

- No se crea Cristian Grey.- respondió, riendo levemente.

- ¿Has leído esos libros? – preguntó entre risas.

- No puedo negarlo.

- Ya veremos que podemos sacar de ellos para ponerlos en práctica. No tengo la menor intención de dejarte ir con una sola cogida. Eres muy interesante, Rin. – dijo, besándola nuevamente en los labios.