Tiempo prolongado
Capítulo 2.
¡Genial, genial! Diamante no me había tomado la palabra desde que el señor Black se había ido a su cuarto, de acuerdo era mi primera vez que experimentaba sus celos pero ¡por Dios! Era su hermano ¿cómo me podría fijar en alguien como él? Era tonta la idea ¿qué demonios le pasaba por su cabeza?, ¿acaso no se daba cuenta que yo también lo odiaba? Sentí como una daga imaginaria había pasado por mi corazón cuando salió del comedor sin darme mi beso en la mejilla de las buenas noches. Y para colmo habiendo tantas camas de huéspedes Luna le tenía que dar una cerca de la mía ¿qué demonios le ocurría al mundo?
Estaba tan furiosa y tan triste al mismo tiempo que en algún momento pensé que iba a explotar del puro coraje frustrado. Oh, sabía que no iba a poder dormir en esta situación, no a sabiendas que Diamante se había enojado por tonterías y a sabiendas que un maldito asesino se alojaba cerca de mi alcoba. Oh Luna me la va pagar no sé cómo pero me vengaré. Ahora sentía que tenía que pedir perdón a Diamante. Oh mi amado Diamante. Sentí como el cumulo de lágrimas se anegaban en mis ojos, ¿por qué?, ¿por qué se comportaba de esa forma? Era su propio hermano. Tenía que salir de mi cuarto, si, eso tenía que hacer, tenía que hablar con Diamante no quería que las cosas quedaran así tan horribles, no lo soportaría.
Ya me hallaba vestida con mi pijama, ya no aguantaba el corsé, ni los lazos, ni mucho menos el peinado, me daba una jaqueca, ahora mi pelo ondulado caía debajo de mi cintura libremente, agarré un candelabro y me tapé mucho más, si tan sólo mis padres me vieran en ropa interior les daría el infarto y más si supiesen que iría a ver a Diamante. Oh, ¿en mi vida pecaría mucho? Porque al ir en ropa interior al cuarto de mi prometido era algo insano pero… pero… no era tan malo o ¿si? Cuando abrí la puerta decidida vi a Luna con el ceño fruncido. ¡Demonios! Oh si tan sólo me hubiese ido con Diamante unos minutos antes.
— ¿A dónde pensaba ir, señorita? — me instó a que de nueva cuenta entrara a mi cuarto.
— Pues… a… a… — tartamudeé — Tenía un poco de hambre y…
— ¿Sabe que ya es media noche? — cruzó de brazos molesta.
— Pues… — desvié mi vista al reloj de mi alcoba —… si y… ¿por qué usted está aún despierta?
— ¿Cómo? — abrió los ojos, obviamente sorprendida de que yo le preguntara eso, la verdad es que era una excusa justificable ¿por qué yo no podía pasarme por la mansión? Pero en cambio Luna si — Te recuerdo Serena que tengo que ver la mansión, ya que Rubeus es un bueno para nada y en estos momentos ya el muy maldito se marchó a dormir.
— Pero… — eso era una excusa tonta comparada a lo que yo iba a ser, era totalmente justificable — Eso lo tienes que ver con Diamante Luna, porque, porque, una mujer ya debe de estar dormida ¿no?
— Si, de hecho hablaré de esta cuestión con el señor Black, pero que diría el amo Tsukino, Serena si se entera que su hija no ha dormido ¿quién se preocupa por la doncella? No creo que alguien se preocupe por mi si este o no despierta, pero en cambio una señorita de sociedad como lo eres y como quiero suponer que eres ya debe de estar dormida.
— No seas tan cruel Luna — hice un puchero, era una señorita digna de sociedad, Luna sabía en donde herirme y sentirme muy miserable si ella realmente quería.
— Tienes razón — suspiró pesadamente y se fue a mi cama a sentarse —. Aún no me contestas ¿a dónde pensabas ir?
Suspiré de igual manera, era el gato, estaba encerrada, dejé el candelabro en la mesita en donde la había agarrado, derrotada era una buena definición, pero a pesar que mi plan era infructífero en estos momentos, de cualquier manera no iba a poder a dormir, después de que lo había pasado en la cena y para desfortunio mío Luna se había marchado cuando después de dejarnos en el comedor había salido sin siquiera darme cuenta de su presencia. Caminé lánguidamente, tenía esa sonrisa cálidamente, al menos lucía más tranquila, me senté a su lado, acomodándome entre las almohadas de plumas de mi alcoba y la miré.
— Iba a la habitación de mi Diamante — ella arqueó la ceja un poco disgustada —. Es que no puedo esperar hasta mañana Luna, no sabes lo que ocurrió allá en el comedor, riñeron.
— Lo suponía, lo suponía — susurró —. Pero… ¿y eso que tiene que ver contigo? Si ellos riñeron, es el problema de los señores Black, Serena no son tuyos…
— Pero — protesté —. También son mis problemas, cuando sea la señora Black, el señor Seiya Black formara parte de mis problemas ya que confabulo con mi prometido y…
— Si, tienes razón Serena — sonrió —, pero hasta que ese día llegué, aún sigues siendo Serena Tsukino y no Serena Black, por eso no te enemistes con el señor Black, es una buena persona…
— Pero Luna ¿qué tontería dices? — me levanté de súbito de mi cama y la miré extrañada ¿cómo podía decir eso? Si tan sólo a unas cuantas horas había dicho otra cosa total y parcialmente diferente al señor Black — Pero si tú…
— Sé lo que te dije Serena — dijo seria y yo abrí la boca para protestar pero las palabras no me salieron, esa cara era de disgusto la conocía a la perfección —. Te dije lo que yo escuché, y de hecho me sigo cuestionando cómo es el señor Black, sé cómo son las personas Serena, y me preocupo mucho por tu bienestar, platiqué en efecto con él mientras estabas con Diamante — pausó y me miró severa —. Por eso recalcó que no se me hizo una persona de mala calaña al menos no aquí, él sólo viene por la herencia de su padre nada más y para saber quién era la futura señora Black, pero aún no confió del todo, por eso lo puse cerca de tu alcoba.
¿Por eso lo puso cerca de mi alcoba? Eso era tonto y… y… absurdo, el señor Black era una persona que no le importaba la gente sí, sí, yo lo vi y escuché, la indiferencia de su madre muerta, no había dolor ¡ni mucho menos remordimiento! ¿Cómo Luna podría saber? Además si realmente era un psicópata el señor Black y me atacaba yo… — Luna pero eso es… — bajé la cabeza nunca había alzado la voz y jamás lo haría, menos empezando con ella pero era una completa locura eso — Pero el señor Black es malo ¿y si quiere hacerme algo?
— ¿Hacerte algo? — sonrió burlonamente y eso me enfadó un poco — No querida, y si así fuese lo buscaría sus majestades imperiales y todo el condado, recuerda que estas en una de las mansiones de los Black, así que si no sale bien parado del señor Black, lo buscarían, pedirían su cabeza por recompensa, así me doy cuenta como realmente es él.
— ¿Darte cuenta cómo es el hermano de mi futuro esposo? — exhalé aire sin comprender — Pero Luna, él es malvado, él no tiene corazón, ¡mató a su madre! — dije con las palabras atropelladamente.
¡Ya lo había dicho! Aunque tampoco Diamante me había dicho que era un secreto o… quizás sí. Me senté de nueva cuenta en la cama y prendí la lámpara que estaba cerca de mi alcoba, ya que la vela que aún seguía prendida hacía la vista más lúgubre que de lo normal. Esperé la reacción de Luna ante mi confesión de lo que había hecho, había alojado a un señor sin sentimientos que posiblemente ni le importaba su familia, quién sabe, ¿por qué no lo puso cerca de mi Diamante? Luna parecía una estatua hasta imaginé que Luna era una especia de fantasma, entonces la miré ¿y si lo era?, ¿y si el señor Black le había hecho algo a Luna?, y la que estaba cerca de mi era una especie de alma en pena. Oh Dios eso quería decir que estaba cerca de un muerto, ¡un muerto! Me levanté pero la mano fría de Luna me detuvo, solté un gritito agudo.
— ¿Qué te ocurre Serena? — Volteé la mirada y Luna me miraba sorpresivamente — ¿Por qué te comportas de esa manera?
— Yo… yo… — tragué saliva ¡qué tal si ella ni siquiera sabía que estaba muerta! Oh Dios Diamante, yo y los demás corríamos peligro, sí, un peligro — Ya te dije que tengo hambre Luna.
— No — meneó la cabeza, mientras aún me agarraba de la mano —. Me dijiste que ibas a ir con… — no lo pude evitar, estaba temblando… Luna muerta… Luna muerta y entonces reparé en la gravedad del asunto, mi amiga estaba muerta, empecé a llorar — ¿Serena por qué lloras?
— Porque tú estás muerta — dije entre sollozos y Luna me soltó, entonces ella no sabía que estaba… ella no lo sabía —. Oh Luna, no me asustas, soy una señorita fuerte, pero no puedo imaginarme un día sin tus regaños y…
Entonces la fantasma Luna echó a reír — ¿Pero qué dices? ¿Muerta yo? Serena eres demasiado imaginativa, ¿de dónde sacas que estoy muerta?
— Porque… porque… cuando te dije que el señor Black mató a su madre, te paralizaste y… y…
— Que tonta eres Serena, ¿acaso tu doncella no puede pensar?
— ¿Pensar? — dije casi en un susurro.
— Pues sí — dijo sonriendo y me jaló a que me volviera a sentar a su lado —. Debí de prohibir las lecturas, aunque agradezco que no hayas salido como loca gritando, ¿quién pensabas que me había matado? — Balbuceé palabras que ni siquiera supe que trataba de decir, decirle que mi primer sospechoso era el señor Black, era un poco tonto —. Ya veo — echó unas risitas —. Pensaste en el señor Black — abrí la boca de asombro y me sonrojé por mi atrevimiento.
— Es que, ¿qué puedo pensar de él Luna? Mató a su madre.
— Él no la mató — no comprendí, me dejaba en una encrucijada Luna, porque entonces eso quería decir que mi amado Diamante mentía, y él nunca me mentiría —. La verdad es que es cierto lo que dice el señor Black, supongo ya que el otro señor Black, su hermano menor no negó tal cosa, pero querida él no la mató, él como bien me lo dijo secamente su madre dejó de comer, fue la culpa por decirlo de una manera de su madre.
— Quizás — susurré, quizás él no la mató indirectamente con una daga o un arma o algo así, pero la mató de otra forma, entonces un asesino ¿no lo es sólo porque no lleva un arma?, no, era un asesino, sabía que su madre podría enferma, él lo sabía perfectamente pero prefirió el dinero que a su propia familia — Pero Luna, si quieres que mi pensamiento cambié, no lo haré — ella no me contestó y proseguí —. Sabes que soy una persona buena, pero no puedo ayudar o charlar con un asesino — Luna iba a protestar —. Para mi lo es y para mi Diamante lo es, con eso me basta, quizás no la mató como siempre un asesino hace, pero la mató a su forma.
Luna no dijo nada por unos instantes parecía como si codificara mis palabras, entonces no comprendí ¿por qué Luna se enfrascaba en ayudar a Seiya Black? No quise preguntar, no le veía el caso porque sé que Luna es muy inteligente y se iría muy inteligente con otra pregunta o se desviaría del tema y yo ni siquiera me daría cuenta. Pero era cierto, Diamante odiaba lo que yo odiaba y a veces no le daba justificaciones, y en cambió él me dio una gran justificación, aún recordaba esa sonrisa amarga cuando me comentó lo que muy cobardemente hizo el señor Black a su madre, eso no era de hombres y ni mucho menos de hijos, por eso no podía pensar en otra cosa más que en eso.
— Serena, querida, sólo te estas yendo como el señor Black lo hace, ¿él que te ha hecho?
— Luna — dije enojada, ¿me cuestionaba?, ¿trataba de decir que Diamante me utilizaba? Eso quería decir oh no se lo iba a permitir, no le iba a permitir que juzgara a mi único y real amor —. Él me ha hecho lo mismo que a mi Diamante, si eso es a lo que te refieres, no puedo más que apoyar a mi futuro esposo Luna, él siempre me apoyó, él siempre ha creído en todo cuanto le he dicho ¿por qué no he de confiar en él?
— No malinterpretes Serena — dijo seria, pero yo aún seguía molesta —. En qué momento he dicho que dejes de confiar en el señor Black… — hubo unos segundos para que yo contestará pero no lo hice porque nunca me lo había dicho — Sólo he dicho que ellos son hermanos que tienen que arreglar sus problemas, pero Serena ¿qué tienes que ver en esto tú? ¿Acaso el señor Black le hizo una grosería? ¿Acaso el señor Black se le insinuó? — ¿Insinuar? Esa pregunta era absurda — ¿Le ha hecho alguna grosería?
— No — susurré, pero sólo lo había conocido escasos momentos —. Pero no entiendes Luna, no entiendes ¡nada! — me levanté de la cama y agarré el candelabro que estaba en donde lo había dejado la vela estaba ya a la mitad —. Iré a ver a Diamante — y Luna me siguió —. No sé porqué defiendes tanto a ese… — escupí la palabra — Señor Seiya Black, pero no me detendrás a ver a Diamante.
— Serena — dijo más seria, mucho más de lo que la haya visto en mi niñez — ¿No crees que ya está dormido? Hemos platicado mucho tiempo, además que tienes que contarme lo de la biblioteca…
— Pues lo despertaré — dije decidida y Luna se me adelantó a la puerta.
— Oh no molestaras al señor Black Serena, ¡es la una de la madrugada! Mañana hablaras con él y conmigo.
— No me puedes dejar aquí, soy… soy… — me detuve ¿su dueña? Si en efecto lo era pero nunca me ha gustado sentirme superior sólo por dinero, las palabras no me salían.
— Mi dueña — terminó la frase —. Si, lo es, pero también soy tu amiga y no dejaré que un juicio nuble a otro o que pienses mal del señor Black sin siquiera conocerle, Serena tu no eres así.
Me tambaleé abrumada por sus palabras yo no era así, no lo era, ¿había cambiado tanto? ¿Lo había hecho? — Iré con Diamante, Luna.
— No — sentenció —. Te ha vuelto muy caprichosa
— Piensas encerrarme — dije un poco burlona y ella sonrió y yo deshice mi sonrisa.
— No lo había pensado — y sacó de una de sus bolsitas un fajo de muchísimas llaves —. Recuerda que soy el ama de llaves de la mansión, que pase buenas noches o días, señorita — cerró la puerta y escuché cuando la había asegurado por afuera.
Agh dejé el candelabro a un lado, me iba a poner a golpear la puerta para que me dejará salir pero desistí porque tenía razón ya era muy tarde, debería de estar ya ahora en mi quinto sueño y sin embargo estaba un poco ¿caprichosa? Suspiré cansadamente, la conversación de Luna había sido para defender al señor Black de cosas feas que me había jurado Diamante que había hecho, pero sobre todas las cosas que habíamos hablado en toda esta insignificante hora la voz dura y suave a la vez de Luna seguía retumbando en mi cabeza 'tú no eres así… tú no eres así… tú no eres así' una y otra vez su voz retumbaba, pero yo seguía siendo la misma, lo podía comprobar claramente, yo podía…
Apagué la vela casi extinta, y me metí en la cama, el señor Black era una persona mala, eso era él, una persona avariciosa y mujeriego porque sólo era un interesado, un simple egoísta interesado si realmente hubiese querido su redención con su familia hace muchos años hubiese venido con su hermano o al funeral de sus padres, sin embargo sólo se presentaba cuando se enteró que su amable padre le había heredado ¿qué clase de persona era él? Apagué la lámpara, un frío gélido pasó por mi espina dorsal al si quiera imaginar que Seiya Black estaba cerca de mí. Le rezaba a Dios que lo que decía Luna era cierto, aunque también no comprendía del todo esa unión con mi doncella por qué lo protegía mucho.
Me metí más entre las sábanas de sedas, me puse el gorro color blanco que se hallaba del lado izquierdo y me lo acomodé, al menos me encontraba encerrada en mi propia habitación dudaba mucho que el señor Black pudiese hacerme algo en esta situación, me iba a disponer a dormir cuando un ruido seco me despertó de súbito. Prendí la lámpara y temblorosamente me asomé, ¿era el señor Black? Ladeé mi rostro hacía la puerta y parecía igual, lo poco que alumbraba la lámpara me mostraba que no había nadie en la habitación más que yo, entonces reparé que las cortinas se movían, agarré el alhajero más próximo a modo de arma, tragué duramente saliva.
— ¿Esta ahí, señor Black? — susurré muy suavemente, no podía hablar más fuerte y no era para que nadie se despertara era porque realmente tenía mucho miedo y el sonido había salido tan suave, que se podría entremezclar entre el aire que se hacía allá afuera. Abrí estrepitosamente las cortinas y observé un gato quien abrió los ojos e hizo un sonido gutural me espanté sin dar un grito, el gato salió literalmente volando hacía el arbusto más cercano del inmenso jardín de la mansión. Suspiré más relajada, entonces me di cuenta que la habitación de junto que pertenecía a Seiya Black seguía prendida las luces, ¿por qué seguía despierto?, ¿veía la manera de hacernos algún mal? Me acerqué más al barandal de mi propio balcón esperanzada de ver algo más comprometedor que sólo su silueta moviéndose de un lado a otro.
No sé cuánto tiempo pase de esa manera esperanzada de decirle a Luna que él era una mala persona tal y como lo había dicho mi querido Diamante pero sólo veía como desesperado caminando de un lado a otro como león enjaulado. Maldije para mis adentros porque me estaba congelando afuera, así que mi espionaje con el señor Black lo retomaría para otro día después de todo, estaría cerca de mí. Sonreí divertida y provechosamente de lo que Luna sin darse cuenta había hecho, sería la espía de él. Pero tropecé torpemente con una maceta que se hallaba cerca de donde caminaba, solté el alhajero que para mi mala suerte era musical, se abrió el alhajero dejando escuchar Rondo Alla Turca me había lastimado la parte de arriba de la rodilla, me iba a poner a sollozar pero no sé de donde ni cómo pero estoicamente no solté algún quejido y cerré mi alhajero, era un regalo de mi abuela, Rondo Alla Turca eran unas de las mejores piezas de piano de Mozart que me agradaban (y de hecho la única que sabía) Escuché como el señor Black abría súbitamente las puertas de su balcón. Me hice chiquita, muy chiquita.
Hasta también dejé de sentir el dolor, quizás en parte era por el miedo no lo sé con exactitud, aún vestía de traje de sastre, sin duda, el señor Black no era una persona de mal gusto para ser un irlandés petulante, no supe que expresión llevaba a cabo porque la oscuridad de la noche no ayudaba mucho y la luna y las estrellas no eran tan brillosas pero lo que si estaba segura es que miraba a mi cuarto. Oh ¡lo sabía! Estaba pensando algo, sí, si, algo pensaba ¿por qué miraba mi alcoba? Algo en su vil y retorcida mente de asesino algo tramaba.
— Señorita Tsukino ¿está ahí? — dijo sin titubear y un poco alarmado. ¡Oh no! Era muy inteligente ¿se habrá dado cuenta de mi presencia? ¿Y que se supone que tenía qué decir? Iba a salir de mi refugio de la oscuridad como si nada y decirle: "Oh señor Black, si soy yo es que estaba viendo que tramaba en contra de su hermano y mío, pero verá soy un poco torpe ¿sabe? Y como me estoy enfriando aquí ya que usted sólo se limita a dar vueltas como león por eso di vuelta y me caí, así que ya que estamos en esto ¿qué trama?" Era tonto eso y por alguna extraña razón el dolor de mi caída regresó.
Se acercó mucho más al barandal, escudriñando el lugar y yo esperaba que no me señalará y dijera con un "¿Qué hace aquí?" frunció los labios y entonces me di cuenta que no había apagado la luz de mi alcoba. Oh Serena eres una bruta pensé resignada o también podría salir excusándome que se me había caído el alhajero ¿podría ser no? Y que sufría una especie de sordera — Señorita Tsukino, ¿esta bien? Me pareció escuchar un sonido y… la luz de su cuarto está encendida y… — al menos no se había dado cuenta de que estaba cerca de un huequito de oscuridad, soltando lágrimas en silencio porque en realidad el dolor era espantoso — Estaría dormida — musitó —. Oh Dios mío, debe de estar dormida y yo estoy tan afligido que creí escuchar aquella melodía que tanto le gustaba a mi madre — sonrió triste y después encogió de hombros y se metió a su alcoba cerrando de nueva cuenta las puertas del balcón.
Esperé unos minutos más, no era tan tonta como para dejarme ver así nada más qué tal si todo era una pantomima para que saliera de mi escondite ¿podría ser no? Pero apagó la luz de su cuarto y yo sigilosamente me metí en el mío. Alcé mi bata (algo recatada por parte de mis padres) de dormir y vi un horrible moretón arriba de mi rodilla. Suspiré hubiese deseado aventar el alhajero si es que no era de mi abuela, cerré las puertas de mi balcón, lo puse en su lugar y apagué la lámpara que estaba a lado de mi cama. Me metí con cuidado a la cama porque el fino roce de la seda me lastimaba el futuro (y ya de por sí) moretón. Realmente el señor Seiya Black se le veía muy triste y preocupado ¿se preocupaba por su futura cuñada? Había dicho que esa música le gustaba a su madre ¿por qué se mostraba de esa manera? Y enfrente de su hermano o de nosotros era de otra forma, ¿le tenía miedo a Diamante? Y si así fuese ¿por qué?
Realmente por un momento dudé sobre mi juicio, dudé lo de Diamante, dudé de mi misma, ahí a la luz de la luna se veía tan triste y solo, calmado y preocupado por mí, tan diferente al como lo vi en la cena, tan… humano. ¿Pero qué demonios pensaba? No podía dudar de Diamante ¡eso no! Él quería hacerme creer que era una buena persona ¡sí!, ¡eso era!, ¿qué otra cosa más si no? Porque oh sí, él sabía a la perfección que eraapuesto, si lo sabía que era gallardo y se quería lucir con sus aires de gentileza, por eso tanta atención de momento en mí. Estaba loco el señor Black porque yo quien amaba tanto a Diamante, que confiaba ciegamente en él no caería en su red… ya sabía quien en realidad era ese tal Seiya Black. Bostecé más tranquila y dormí plácidamente con una sonrisa divertida.
Luna me despertó demasiado temprano para mi agrado, eran las nueve de la mañana al parecer, sonrió al verme tan soñolienta, supuse que lo vio una especie de castigo para mí. A pesar que se durmió demasiado noche se veía tan llena de vida. Suspiró dejando las llaves en las bolsitas de su delantal y se acercó a mi, tocándome las mejillas, con esa sonrisa divertida ¿por qué sonreía?, ¿qué le veía lo gracioso?
— Dormiste muy bien para estar demasiado caprichosa en la madrugada — se levantó prendiendo las luces de mi alcoba —. Además que la amanecida estaba muy fría y pensé por unos instantes que tenía fiebre pero sólo tiene las mejillas coloreadas.
— ¿Pero qué…? — dije sin comprender tocando mis mejillas, yo las sentía normales, de hecho me sentía normal, sonreí, no había dormido lo demasiado no pensaba a decirle a Luna que había acertado en el clima ya que yo misma lo podía corroborar espiando al señor Black.
— Señorita apúrese, el desayuno está por servirse y usted se tiene que bañar.
Asentí, la verdad aunque me había despertado tan temprano había soñado tan rico aunque no me acordaba para mi frustración de lo que había soñado sabía que era lindo, metí mis pies en las pantuflas y me puse la bata para tapar mi bata de dormir, seguí a Luna al baño que ya estaba preparado, me dijo que me iba a esperar afuera pero que no me tardara ya que Rubeus aún seguía sin hacer algo productivo, no sé porque siempre pensaba por unos instantes cuando era más joven que Luna iba a quedarse con Rubeus por el dicho del odio al amor hay un solo paso pero… la idea no me agradaba en lo más mínimo y a Luna indudablemente aborrecía a toda la familia que había servido a mi querido Diamante. Y Rubeus no sabía si quería o estimaba a Luna que lo dudaba ya que siempre lo escuchaba gruñir diciéndole bruja a mi doncella y yo siempre le reñía por la falta de tacto hacía con las mujeres en general.
Me desvestí con cuidado, y espantada vi el horrible moretón arriba de mi rodilla, estaba de un color verde, me daba un poco de asco, en las orillas estaba morado y en mi piel blanquecina se veían las venitas rojas del golpe sufrido por la maceta, me toqué pero el dolor ya era leve. Esperaba que el moretón desapareciera lo más pronto posible. Me metí en la bañera, ¿mi Diamante ya estaría despierto?, ¿seguiría teniendo celos de su propio hermano?, ¿el señor Black seguiría de esa forma tan a la defensiva y altanero?, ¿Luna seguiría enfrascada en decirme que el señor Black no era tan mala persona? No sabía nada y eso me frustraba, odiaba que Luna tuviese otro punto de vista diferente que al de mi Diamante, me dejaba entre la espada y la pared.
— Señorita, apúrese — tocó suavemente Luna.
Me bañé lo más rápido posible ya que mi pelo era una cosa de sumo cuidado del cual siempre trataba, me gustaba que mi Diamante lo tocara y que siempre muy cariñosamente lo acariciara entre sus dedos y que siempre oliera a rosas, siempre tenía que olor de esa forma ya que a él siempre le había gustado que desde siempre desprendía ese aroma, era mi aroma. Me pasé la toalla por mi cuerpo para secarme para después ponerme la bata para cubrir mi cuerpo desnudo y con la toalla que acababa de secarme ponérmelo en mi cabello largo y rubio. Le dije a Luna que estaba lista y ella entró diciéndome que saliera ya que Diamante se encontraba ya abajo esperando y que el señor Black por no querer tener otra disputa con su hermano había preferido agarrar uno de los caballos del establo y cabalgar mientras deseoso me esperaba, por supuesto me había dicho Luna mientras íbamos hacía mi cuarto que eso había molestado a mi Diamante y con justa razón ¡qué descarado era!
Entramos a mi cuarto, de seguro Diamante debería de estar sumamente molesto por la situación ¿quién no? Yo estaría de igual manera si las cosas fueran al revés, aunque nunca desconfiaría de mi amado Diamante, ¡uy! Ese señor Black sólo nos quería ver reñir a expensas aún del testamento que sólo esperaba. Luna empezó a sacar mis ropas que mis padres habían empacado, pero no sé porqué había sacado un vestido algo sencillo, color guinda con un escote en "V" acentuaba un poco mi cuerpo, llevaba una especie de bufanda larga y no tan pesada del mismo color (ese vestido era regalo de mi Diamante)
— Luna ¿por qué me voy a poner ese vestido? — ella alzó la ceja dándome a entender que no tenía la menor idea de lo que hablaba — Es muy… tu entiendes.
— Oh — musitó —. Pero hace tanto tiempo que no te vistes como una señorita que eres y de sociedad Serena — fruncí el ceño.
— De acuerdo — asentí mientras asimilaba la situación —. Pero… ¿por qué escogiste exactamente ese vestido cuando el señor Black está aquí?
— Bueno — encogió de hombros sin darle importancia —. Escuché a la servidumbre que el señor Black le gustaba tu belleza pero que los gustos de su hermano habían… — agachó los ojos un poco apenada — empeorado, no se refería a que eras fea oh no, sólo que eras muy recatada para el año en el que estábamos sólo eso y no sé porqué, pero supuse que tu le demostrarías lo contrario.
Hubo unos segundos de silencio mientras codificaba la información. Conque me creía muy poca cosa para su hermano, ¡claro! Como él dizque siempre tenía gustos finísimos por eso decía esas cosas, miré el vestido aún con cara ceñuda, aunque pensándolo bien el vestido seguía siendo un poco recatado después de todo, así que sólo me limitaría mostrándole que era digna de su hermano oh sí, que era digna muy digna que todas esas mujerzuelas con las que anduvo eran poca cosa porque su cuñada era muy bonita. Conque eso pensaba de mí, aunque yo lo creía un poco más hombre ahora sólo se fijaba por las apariencias, miré a Luna decidida — Le mostraré que para la mejor belleza sólo Serena Tsukino.
— ¡Vaya! — Sonrió Luna mientras dejaba las cosas y me quitaba con cuidado la bata — Ahora te sale un orgullo que no te conocía Serena.
— Nada de eso, le mostraré que soy muy digna de portar el apellido Black, a pesar que debe de estar enemistado con mi Diamante debe de ser un orgulloso, altanero y engreído Black — sonreí tan decidida, no se burlaría de mí.
— ¡Pero Serena qué te ocurrió! — miró mi moretón ¡diablos! Lo había olvidado. Lo examinada un poco preocupada y lo apretó y obviamente me quejé del dolor — Pensé que no te iba a doler mucho.
— Pues si duele — dije un poco rezongona —. Me caí Luna — dije sin darle más explicaciones y esperaba que no me preguntara más por el incidente.
Gruñó un poco pero no dijo más, suspiré agradecida para mis adentros porque era mala mintiendo y aunque fuera demasiado buena en ese plan Luna siempre sabía todo inclusive aunque ¡ni yo misma supiera de mí! Me puse crema por supuesto con aroma de rosas y me indicó que me diera la vuelta poniéndome el corsé, yo no entendía porqué seguían poniéndome el corsé, era ya algo pasado de moda, pero sin embargo me lo seguían poniendo, martirizándome cada vez que me lo apretaban, ¡era injusto! Pero cuando me casara con mi Diamante me desharía de él, porque pese a que era teóricamente adulta aún seguía al mando de mis padres, quién en estas fechas se casaban con los que su padres decían, por suerte yo amaba a mi Diamante, pero tenía que acatar lo del corsé.
— Luna — solté un quejido mientras me apretaba el corsé — ¿Por qué soy la única que ocupa el corsé? Ya es muy anticuado en esta época.
— Ordenes del amo Serena — suspiró mientras me entrelazaba los lazos del corsé —. Aunque posiblemente seas la única que ocupa el corsé por eso eres la única con un cuerpo envidiable.
— ¿A qué te refieres? — Dije confundida — Hay mujeres con cuerpos mucho más bonitos que el mío Luna ¡y ni si quieran ocupan el odioso corsé! — protesté.
— Oh no Serena eso no es un bonito cuerpo — se sentó secamente en mi cama y señaló mi cuerpo —. Ese es un cuerpo bonito y estilizado, estilizado de la cintura, te ayuda al busto, te hace siempre estar derecha, tu cuerpo cuando te llegas a poner prendas muy femeninas — arqueé las cejas un poco molesta ¿cómo qué femeninas? Y Luna sonrió —. No es que no ocupes cosas femeninas — después meditó —. Me refiero a que a veces vistes como una cuarentona y creo que ni las cuarentonas se visten así, pero cuando te vistes como una señorita de tu edad los hombres se fijan mucho en ti, realmente Diamante te encela mucho, si por él fuera le gustaría que siempre en cada reunión que has ido te vistas como las hermanas del Convento — y echó una risita.
No supe qué decir, nunca me había puesto a pensar en eso detalladamente, que el horrible corsé me daba una figura "envidiable" ni por mi mente había pasado, pero al menos coincidía la hipótesis de Luna con lo que me había dicho Diamante que los hombres me miraban, eso me puso de buenas, me sentía importante para Diamante, me sentía tan hermosa, después de todo el corsé no era tan malo, me puso una especia de crema en el moretón afortunadamente ese vestido cubría mi herida. Me puso un liguero que iba a juego de mi corsé color negro, realmente Luna se había tomado muy en serio lo que la servidumbre había dicho con respecto a mi persona, no, más bien lo que el señor Black había dicho sobre mí, y la verdad no me molestaba en lo absoluto que supiera que su hermano se va a casar con una mujer demasiado linda.
Le ayudé a ponerme las pantimedias y ella me las abrochó en el liguero, después me puse el sedoso vestido guinda, me vi de reojo en el espejo y realmente comprendía que el corsé había hecho una maravilla en mí, todo este tiempo o quizás porque lo estaba viendo ahora con ojos de adulta, Luna me cepilló con sumo cuidado mi pelo y con varios pasadores de pelo me lo subió haciéndolo poner a la moda de la época ondulado le costó un poco de trabajo ya que odiaba que pensaran solamente en cortar mi pelo al menos en eso discrepaba con la sociedad y la época, me puso la tipo bufanda de mi cuello y agarró el perfume de botella color turquesa, apretó de la goma de mi perfume y me echó sólo dos veces, me maquilló muy tenuemente. Después sonrió y yo también lo hice agradecida.
— Luna — dije mientras me ponía los zapatos acordes y ella alzó su vista —. Tardamos como una hora y me habías dicho que…
— Era tarde — acabó mi frase y yo asentí, recordaba que era ya tarde —. Pues bueno sólo fue una pequeña mentirita.
— ¿Pequeña? Pero si Diamante y el señor Black deben de estar hambrientos son las… las…
— Las nueve Serena, te desperté a las siete de la mañana.
— ¿Qué? — Dije sin entender — Pensé que era muy temprano y… — desvié la vista en efecto era la ahora del desayuno.
Caminé hacía las escaleras, me sentía nerviosa, mucho a decir verdad ¿qué cara pondría mi Diamante?, pero sobre todo por muy increíble que pensó mi mente (yo misma me sorprendí) ¿qué pensaría el señor Black? Haber si con eso se quedaba callado. Sonreí divertida mientras Luna caminaba a mi lado, me sentí como la primera vez que en el pueblo donde era la finca de mi padre me habían presentando ante la sociedad de ahí, aunque sé que sólo era para ver a Seiya Black y esperaba y le oraba a Dios mentalmente que Diamante no dijera nada o hubiese otra disputa porque si le comentara que esto era una cuestión de honorabilidad de belleza entre su hermano y yo, no me creería.
— Me tienes que contar lo de la biblioteca Serena no se me olvida eh — dijo entre susurros, mientras los de la servidumbre se me quedaban viendo y yo sonreía nerviosa.
— Si, que se le puede hacer — dije un poco avergonzada por todo, por lo de la biblioteca por lo de los hombres que se me quedaban viendo. No sé en qué momento dejé de respirar porque me estaba mareando y tampoco sé en que momento empecé a respirar muy agitadamente, me sentía estúpida, ¿por qué tenía que probarle tanto? Nunca me había importado lo que decía la gente… claro hasta ahora. Quise entenderlo porque era alguien de la familia no muy querido por ambos pero al final era de mi futura familia.
Me metí al inmenso comedor, y Diamante abrió los ojos como platos, sonreí, no supe que más hacer, en serio que no sabía que tenía que hacer, mi mente había colapsado, caminaba como una niña o al menos yo me sentí así, Diamante se acercó a mi y me miró sin ningún pudor de arriba abajo a mi no me molestaba después de todo era mi prometido, vi como tragaba saliva, quise reír nunca lo había visto así o al menos eso siempre he creído.
— Buenos días querido Diamante — finalmente una parte de mi cerebro carburó y le di los simples buenos días que siempre le daba.
— Buen día — dijo un poco tartamudo, sonreí divertida —. Pasa a desayunar, te ves tan preciosa, bueno siempre te ves preciosa pero…
— Diamante — me sonrojé, volteé a todos lados y me di cuenta que el señor Black no se hallaba por el comedor, resoplé, agh y yo que quería que me viera — Y ¿no vamos a esperar a tu hermano, cariño?
Tosió y alzó una ceja un poco molesto… no… celoso… ¡sí, estaba celoso! Me sentí orgullosa, ahora sabía cuando se ponía celoso, aunque no me agrado que se pusiera celoso por su propio hermano — Seiya se fue a cabalgar no sé muy bien cuando regrese el niño ese ¿por qué tanto interés?
— ¡Diamante! — Exclamé sin creer lo que estaba diciendo — ¡Es tu hermano! Y sabes tan bien como yo que no me cae en lo absoluto bien, pero a pesar de todo es un inquilino tuyo y también mío — dije un poco ofendida.
— Tienes razón yo… lo siento — dijo disculpándose y después miró a Luna.
— ¿Qué? — Dijo secamente — Oh por favor señor Black ¿acaso pensaba que iba a ser lo que me pidió? — Alcé la vista inquisitoriamente, viendo Black y después a Luna esperanzada que me dijera alguno de los dos lo que me ocultaban — No iba a serle al señor Black una caja de castidad — dijo un poco indignada Luna ¿cómo qué una caja de castidad? Agradecí a Luna con mi mirada que muy sutilmente me revelara las cosas y Diamante se sonrojó —. Señor Black con sus respetos eso es a finales de 1700, creo y sabe que sabe en qué fecha nos encontramos, sería muy indigno, ¿acaso no confía en mi querida señorita Tsukino? A parte de todo la encerré en su cuarto.
— Yo… — tosió Diamante mientras tomaba café — Si, sin duda de repente se me vienen ideologías muy absurdas, y no dudes que no confió en Serena, le confiaría mi vida a la mujer que amo — dijo avergonzado y me miró temeroso yo le brindé una sonrisa, carraspeó —. Esperaremos a Seiya — dijo tratando de enmendar el mal y la pena que Luna le había causado.
Realmente no había pasado más de algunos cuantos minutos, yo me encontraba callada ansiosa por la llegada del señor Black, Diamante seguía aún apenado por lo dicho por mi doncella así que no decía mucho sólo se limitaba a ver la puerta y leer el periódico. Luna se hallaba detrás de mí, al parecer igual de ansiosa que yo, el señor Black entró al salón muy impetuoso, tenía puesto el traje que se ocupa para llevar el equino, miró a su hermano y después a mí, me sonrió y yo le regresé mi sonrisa un poco altanera. El mayordomo le iba decir su silla pero él se metió como si fuera su propia casa y nosotros sus amigos o algo parecido. Se sentó en la silla enfrente de mí.
— Buenos días señorita Tsukino — sonrió —. Buen día Diamante.
— Que bueno que ya llegaste Seiya — dijo molesto Diamante —. Me moría de hambre… — dobló el periódico con vehemencia.
— Pues si tenías hambre Diamante debiste haber desayunado y no haber hecho esperar a la señorita Tsukino.
Esa actitud me sorprendió, lo había dicho un poco serio, aun podía ver como parte de su traje estaba sucio pero era pulcro ya que no ensuciaba la mesa, meneé mi pie insistentemente, no parecía haberse dado cuenta de mi cambio drástico de ropa ¿no estaba a la altura de ellos? Agh como me gustaría pararme delante de él, zarandearlo y si era posible lo torturaría para que dijese si era digna o no, pero ahí estaba esperando la respuesta de mi prometido, quien miraba sólo a él, y no había dicho nada aunque… Oh tonta, me mordí el labio inferior, no había la suficiente confianza para que dijera semejante cosa y menos a sabiendas que Diamante lo odiaba ¡diablos!
— Pues, por supuesto que por mi cuenta sabes que no me interesa en lo absoluto que estés o no en la mesa — Seiya lo miró con cara de 'ya sé' —. Pero Serena estaba en desacuerdo conmigo insistió en que se te espérese por supuesto que siendo una petición de mi prometida accedí, pero no más, ¡traigan el desayuno de una vez! — dijo fastidiado.
¡Oh no! Abrió la boca pero no pudo articular nada, después me miró sorprendido por tal confesión de mi prometido, ¿por qué mi Diamante no tenía tacto para esas cosas? Eso me dejaba como si quisiera ser su amiga, lo vi en sus ojos, no, había otra cosa más en sus ojos que no comprendí, aparte de la sorpresa había algo más… ¡yo no quería ser su amiga!, sólo quería demostrarle que soy muy bonita, después me sonrió con franqueza, no entendí que hice de seguro puse cara de… no lo sé porque después me sonrió más abiertamente, ¿qué demonios ocurría aquí? Me sentía un poco mareada no podía ver a nadie más que a él, sólo él y yo estábamos en el inmenso comedor. ¡Uy! No, eso no estaba bien, no lo estaba.
— Señorita desea jugo – dijo un poco exasperado el mayordomo, entonces desperté del ligero letargo.
— ¿Eh? — miré el jugo y asentí, estaba muy nerviosa, ojalá y el señor Black se marchará lo más pronto posible no me gustaba su presencia, dejó de mirarme por supuesto.
— En estos momentos Rubeus esta tratando de localizar al abogado que tenía el testamento de mi padre — Seiya asintió.
¿Por qué me dejé engañar de esta forma? Me sentía idiota con el vestido guinda, me sentía idiota por esperar al señor Black. ¿Por qué me sentía así? Entonces Rubeus llegó imprudentemente al comedor. Escuché el resoplido de fastidio de Luna, se acercó a Diamante y le susurró algo, mi prometido se limpiaba las orillas de la boca mientras Rubeus siseaba algo que no entendía.
— ¿Pero qué dices? — se levantó bruscamente Diamante — Eso no esta bien, eres un bueno para nada como bien dice Luna — eché una risita y miré a Luna que sonreía complacida, Rubeus fulminó a Luna y ella no hizo nada —. Haber, vamos ¿cómo es posible?
— ¿Algo no esta bien, querido? — dije dulcemente y el señor Black tosió mientras tomaba el vino, pensé que algo malo le iba a pasar porque se había atragantado con el vino pero sólo fueron segundos ya que después se había recuperado, mi Diamante no me contestó y eso me molestó un poco, salió del comedor después de meditarlo unos segundos lo seguí al igual que Luna me siguió a mí y al igual que el señor Black siguió a mi doncella.
Caminamos del otro lado de la mansión, llegamos al estudio de mi Diamante, donde sacó en un cajón del mueble tipo del reinado de unos de los tantos Luises de Francia una agenda café, supuse que era donde tenía a los clientes y escuché un 'ajá' de su parte y agarró el teléfono color beige de su mueblecito y empezó a discar. Supuse que algo malo le habían dicho del abogado y esperaba que no le hallase pasado nada malo, después Diamante empezó a hablar.
— Al bufete del señor Watson — dijo refiriéndose a la operadora hubo unos segundos — ¿Cómo qué Watson no está? — Dijo gritándole a quien quiera que estaba del otro lado — Ese imbécil, si le dije que Seiya iba a venir ¡hoy! — Respiraba frenéticamente — ¿Cuándo? Cuando regrese de América dígale que me llamé ¿entendió señorita? — después colgó el teléfono muy raudamente.
Eso quería decir que… que… Diamante miró a Seiya enojado, miré al señor Black que al parecer no tenía ni la más remota idea de lo que sus oídos habían escuchado. Después ambos me miraron — Diamante — susurré.
— El imbécil de Watson se fue a vacacionar — escupió las palabras —. No creo que tarde pero Seiya seguirá siendo nuestro odioso inquilino — dijo más frustrado, nunca en toda mi vida que había pasado con Diamante lo había visto tantas veces molesto. El señor Black me miraba impaciente, mi prometido aún seguía en estado catatónico y Luna nos observaba ambos ¿esperaban mi reacción?
Supuse que sí, qué se supone que iba a decir, no sabía a ciencia exacta lo que tenia que decir, entonces miré a Diamante con mucha acongoja, recordé lo de su fallecida madre, y entonces miré a Seiya que aún me miraba impaciente, lo miré decidida, él me sonrió, cosa que no le regrese el gesto, estaba con mi prometido, con mi Diamante en esto ¿por qué me iba a sentir feliz estando el señor Black con nosotros? Me acerqué a Diamante tocándole el hombro y él me sonrió tiernamente, yo por supuesto le regresé el geste sentí aún la mirada del señor Black, me acerqué a él pero no alejándome de mi prometido.
— Es una lastima — susurré, ¡era un asesino! Me decía a mi misma —. Pensé que nos dejaría de molestar a mí y a mi prometido, pero ahora será nuestro huésped indefinidamente, ojalá el señor Watson regrese pronto para que se vaya a gastar su dinero como le plazca, con su permiso señor Black — desdibujó su sonrisa y yo le sonreí secamente era lo menos que tenía que decirle.
— Señorita — dijo secamente Luna mientras pasaba a su lado.
— Aquí no, Luna, aquí no — la miré decidida y ella no contestó, miré a Diamante oh cómo debía de sufrir por tener más tiempo a un asesino, miré al señor Black perplejo, no me sentía bien por mis palabras pero mi Diamante se sentía mal por su causa, así que él también no merecía mucho mis respetos, me quité la bufanda de repente me dieron ganas de llorar… ¿por qué me sentía así? Salí del estudio confundida por lo que sentía pero increíblemente bien por apoyar a mi prometido, después de todo Seiya Black era una mala persona ¿no es así?, ¿por qué entonces tenía que probarle algo? Oh no, no me sentía bien, el rostro triste del señor Black me hacía sentir miserable, demasiado para mi gusto.
Pero así había aprendido, tenía que serle leal a Diamante. Oh mi Diamante, cuánto debe de estar sufriendo por la causa de él. ¿Acaso estar del lado de mi Diamante me hacía una mala persona? ¿Realmente me había vuelto una persona insensible? Luna había dicho que había cambiado ¿Diamante me había cambiado? Salí al jardín sentí que me ahogaba en la mansión y me acerqué a un árbol frondoso de hojas y flores de buganvilias, si al estar al lado de mi Diamante me hacía una buena persona entonces porqué al ver a Seiya tan triste me hacía sentir miserable, ¿por qué? Me pregunté tristemente.
Continuará…
¡Hola! :D
¡¡Me encanta escribir esta historia n.n!!
No tengo perdón de gosh por la tardanza aunque…si tengo mi justificación lo que pasa es que la estúpida de yo escribió en la Lap-top y se la llevó Alex desde junio hace un mes me la regresó el porqué no lo subí hace un mes si, fue pereza mía ¿qué puedo decir? xD
Bien, bien, sé que algunas no les agradara a Serena porque odia al lindo de Seiya, pero recuerden que ella piensa que es un asesino ya que Luna le dijo que él no le ha hecho nada malo ¿por qué odiarlo cuándo la persona no te hace daño? Pero sabemos como es Serena. Pero ya veremos el desarrollo de la historia, porque después de todo esa sonrisita de Seiya bien picarón el chico jeje y esa Serena jeje. Bueno para quienes pescan los sentimientos sabrán como se siente Serena y si no, no importa ya lo leerán más adelante y lo entenderán.
Lo de Moulin Rouge la verdad es que realmente hay una canción que es mi inspiración Le tangue de Roxanne ¿qué cuál es? Bueno es cuando Satine se va con el Duque y Christian le duele porque le dicen que los celos y esas cosas pero bla, bla, bla, mejor véanla y escúchenla a mi me fascina la canción n.n
Otra cosa y no lo pude evitar jajá eso de la caja de castidad ¡es cierto! Lo vi en la película El Patriota cuando Gabriel se queda en la casa de Annie la esposa del quien los socorre, su madre le cose a Gabriel las sábanas para que no salga de ahí y ya saben… pero creo que Diamante se emocionó jajá pero no lo pude evitar escribir hasta donde llega sus celos oscuros :O
Gracias por sus lindos reviews a y felicitaciones de cumpleaños a: Bulmita su, Kokoro Lust, Hotaru no Hikaru, Erill Cullen, Loyda Astrid, La que pasaba por aki (qué original eres xD), Serenalucy, Kawaii Bitchy, BichitaKou, Paty (perdonada) y Rossa.
Dejen reviews ¡Imperius! (¿ah, no verdad? Eso es Harry Potter xD, pero de igual sirve)
●๋•Ashαмєd●๋•
