Tarde negra

Capítulo 3.

No quería ver a nadie, sabía en mi corazón que lo que estaba haciendo no estaba bien, lo sabía pero no podía dudar de mi Diamante, de que, aquél muchacho Seiya Black fuese un asesino pero entonces ¿por qué me dolía? ¿Por qué sentía que estaba haciendo lo incorrecto? ¿Qué era lo que me frenaba hacer eso? Diamante no me había venido a buscar y yo había comprendido que no lo había hecho porque sabía que quería que tuviese tranquilidad, sabía que estaba madurando y que aquella chiquilla de Serena Tsukino se estaba quedando muy atrás olvidada en un pequeño recuerdo, y que a pesar que me abrumaba cambiar sabía que era por mi bien y por mi futuro con Diamante.

Recargué mi espalda en el frondoso tronco, empecé a juguetear con las hojas secas que se hallaban a mí alrededor ya que apenas habían caído unas cuantas horas. Tampoco había visto al señor Black, pese a que veía a la servidumbre trabajar me daba vergüenza preguntarles por él después de haberlo tratado como lo había hecho, me sentía torpe como si de repente tuviese dos personalidades, la Serena comprensiblemente joven y la Serena madura que quería comprender a Diamante y que daría la vida si fuese necesario.

Empecé ver el caminar a lo lejos de Luna, era predecible su caminar, siempre había pensado que ella había nacido en una familia equivocada en algún lugar equivocado, caminaba refinadamente, sin siquiera trastabillar con aquellos zapatos que a mí, en lo personal siempre se me hacían cansados pero ella siempre lucía impecable, con su cabello negruzco brillante, con su tez blanca y tranquila, y aunque no llevaba marca de diseñador y lucía ropas de ama de llaves siempre lucía fresca, con aquella actitud de madre protectora hacia mí, como si siempre lo supiese todo de todos.

Luna llegó unos segundos y sin decir nada se sentó a mi lado, la miré de reojo sin saber qué decir o qué hacer, me sentía incomoda a su lado porque de alguna manera sabía que iba a tratar de hacerme entender que Diamante y yo estábamos mal, que no me adelantara a los hechos y sinceramente a mi no me gustaba que me pusieran entre la espada y la pared porque toda mi vida había sido criada para querer, asentir sin chistar y respetar todo lo que Diamante decía sobre nosotros, ¿cómo podría hacerme cambiar de opinión si toda mi vida había nacido exclusivamente para él?

— El señor Kou salió a cabalgar después de que hiciste esa salida triunfal — habló sin mirarme, serena como siempre era ella, mi corazón dio un vuelco y suspiré, Luna siempre sabía lo que quería o lo qué pensaba aún sin siquiera decirlo —. Lucía molesto y por supuesto que si hubiese estado en su lugar yo también lo estaría, y más si su hermano se burló de él, la perfecta humillación…

Finalmente alcé la vista y la miré contrariada — ¡Yo no lo humillé!

— Yo no dije que lo hicieras Serena, dije que el Señor Black lo hizo ¿qué puede hacer una simple empleada como yo? Desde que estás aquí no ha regresado el hermano de tu prometido, aún no entiendo por qué lo odias tanto — suspiró y me miró escudriñándome, tratando de ver algo dentro de mí que se le escapaba.

— Te he dicho que las cosas que diga o haga Diamante yo…las trataré de entender.

— Pero ni siquiera lo estás haciendo, Serena — desvió la mirada al horizonte —. Dime, ¿por qué estás aquí?

— ¿Qué por qué yo…? — Bajé la vista, me sentí invadida en mi privacidad, a veces Luna solía ser imprudente y solía atacarme de una manera u otra — No tengo por qué darte respuestas, Luna.

Escuché el resoplido de Luna frustrada y meneó ligeramente la cabeza apenas fue algo perceptible pero podía saber que pensaba en qué nunca podría cambiar y eso de alguna manera me hizo sentir una horrible persona — Me debes una charla, y de una vez cuéntamela antes de que vaya a hacer mis deberes y el muy maldito de Rubeus empiece a fastidiar.

Enseguida un dolor cruzó por mi estómago, sentí como mi cuerpo tenía un ligero temblor y algo caliente estaba recorriendo mi cuerpo y justamente se había parado en mis mejillas y orejas — Luna — apenas si alcancé a musitar, ella me miró y sonrió, estaba perdida, no sabía qué decirle o qué omitir, de cualquier manera ella siempre sabía cuando mentía — ¿En la biblioteca, dices, verdad?

— Sí, de la biblioteca hablo — rió divertida ante mi nerviosismo —. Me da cierta curiosidad, y ambas sabemos lo curiosa que llegas a hacer con ciertos temas que… digamos te llaman la atención.

No era un secreto lo que quería y lo que anhelaba como mujer al menos con Luna nunca había sido así con los demás era otro asunto total y completamente diferente, pero no sé por qué me había dado tanta curiosidad aunque eso bien podría atribuírselo a mi hermana Mina, quien siempre había sido demasiado despierta para todos aquellos pecados que padre y madre solían decir que sólo es válido a los ojos de Dios cuando uno este felizmente casada, y no es que me espantará que pagara sentencia en el infierno por el resto de mis días, pero desde que Mina se había casado con el Conde, y me había mencionado esa sensación tan hermosa, explosiva y excitante. Me había causado cierta intriga y al final de cuentas ¿no me iba a casar con él? Siempre mi estómago sufría una sensación difícil de describir cuando lo tenía cerca a punto de cometer el pecado.

— Olía y sabía a whiskey, había tomado algo de licor — me ruboricé y bajé inmediatamente la mirada cuando Luna sonrió más divertida y tierna —. Bueno, Luna, fue una persona linda y comprensible y demasiado maduro en ese momento, a veces me pregunto… — meneé la cabeza, nunca entendería qué había visto Diamante en mí —. Hasta que llegó Rubeus anunciando que el señor Black había venido más pronto de lo previsto — comenté algo irritada.

— Bueno por algo son las cosas — encogió de hombros —. Aún no es tu tiempo de experimentar aquello que tu hermana con tanta devoción te habló — Luna se paró con delicadeza y se quitó las pocas hojas y pasto que se le habían pegado —. Aunque insisto, Serena. El señor Black no es una mala persona si sólo hablases con él…

— ¿Acaso tú ya has hablado con él? — Comenté irritada y molesta, frunciendo el ceño.

Luna me miró contrariada como si lo que le estuviese preguntando fuese lo más bizarro y tonto que alguien hubiese dicho — El punto aquí Serena, es que si haya hecho o no algo malo, no está en tu poder juzgar a la gente, ¿desde cuándo eres así? Tu no solías ser así…

— Exacto, no solía serlo, pero cuando sea…

— Cuando seas la Señora Black eso será otra cuestión, mientras no, piensa en lo que has hecho a la gente y cómo la hieres con tu actitud.

— Se hace lo que se tiene que hacer, Luna, ¿cómo hubieses actuado tú, ah? Sólo le di el apoyo a mi prometido, nada más…

— Y sin embargo no te sientes bien al haber hecho eso — suspiró y yo abrí los ojos como platos ¡cómo odiaba cuando ella sabía lo que sentía! ¡Cómo odiaba cuando ella creía tener siempre la razón y la tenía! Mis labios temblaron sin siquiera decir palabra alguna —. Piénsalo, Sere.

Luna camino dándome la espalda, siempre hacía que me sintiese miserable ¿sabía el efecto que sus palabras hacían en mí? Sí, me auto-contesté de inmediato, ella siempre sabía el efecto que sus palabras hacían en mí por eso siempre me las decía cada que podía por mi bien y procuraba hacerle caso pero… esta vez siempre entraba en una crisis. Porque, ¡demonios! Sí, era cierto, sentía que le debía una disculpa por mi comportamiento pero eso… ¿no significaba que no quería apoyar a Diamante?

Frustrada me levanté, limpiándome las ropas y estirándome un poco, caminé sin rumbo fijo aún no quería ver a Diamante ni a Luna, supuse que era más de medio día, el calor empezaba ligeramente a sofocar aunque en esta parte siempre había lloviznas no me preocupé por ello, sin darme cuenta había llegado a las caballerizas, un dolor ligeramente agudo pasó por mi estómago, Luna había dicho que el señor Black no se encontraba ¿ya habría regresado? Mordí mi labio inferior ligeramente nerviosa, el sonido de un ave me espantó y reí nerviosa, ninguno de los sirvientes se encontraba en mi alrededor, caminé algo vacilante la puerta se encontraba semi-abierta, pero la caballeriza se hallaba vacía salvo por los caballos que se encontraban relinchando en unas perfectas hileras llenas alrededor con heno.

Llegué a mi caballo favorito, era blanco y bastante dócil aunque veloz, era mi primer caballo pura sangre, enseguida me reconoció pese a que era dócil no a todos les caía bien y eso lo podía constatar mi Diamante, siempre el caballo le relinchaba y se hacía para atrás fastidiado. Mi caballo que lo había nombrado Sir StarLight, sabía que era un nombre largo y posiblemente tonto pero para mí no era así, porque a la luz estelar del campo había nacido ese caballo, y como la romántica que era en aquella época quise nombrarlo a mención de aquél hermosa noche. Sir Star se acercó a mí, yo agarré un poco de heno, hubiese deseado haber tenido un terrón de azúcar pero tampoco había planeado visitar las caballerizas, fui demasiado cuidadosa al darle de comer, mi caballo meneó su cola efusivamente mientras le acariciaba su sedoso pelaje.

El sonido del crujido de la puerta me hizo vacilar unos segundos, ¿podría Seiya Black haber regresado? ¿Había sido el viento? En seguida me puse tensa, sentía una mirada detrás de mí pero no por ello quise creer que en verdad él se encontraba detrás de mí, seguí acariciando a mi caballo, pero era evidente…demasiado evidente y suspiré frustrada Sir Thunder no se encontraba en su lugar, y aquella sensación que sentía mi espalda no era nada de mi imaginación. Mi corazón se aceleró, me encontraba nerviosa, ¿me gritaría? ¿Me odiaría? Me reproché a mí misma, ¿por qué tenía que haber ido a las caballerizas? Lo miré por el rabillo del ojo, el caballo se encontraba a su lado, él lo mantenía quieto y tranquilo. Eso me sorprendió, Sir Thunder era un caballo bravo, lo habían traído de las Indias, había costado mucho trabajo domarlo o al menos…si eso se le podía decir domar, la única persona que reconocía a su dueño era a Diamante y ahora él.

Pretendí no hacerle caso, como si no existiese, aunque en realidad mis rodillas temblaban y mi pulso no había bajado en lo más mínimo eché otra hojeada y seguía ahí, mirándome, había cruzado de brazos y finalmente me erguí y me volví para verlo, ¿quería que le pidiera perdón? Pues estaba equivocado porque no lo haría. Pero su rostro me hizo sentir sentimientos encontrados, su rostro era inescrutable y eso me puso nerviosa, sentí como si mi respiración hubiese cesado abruptamente, aquellos ojos vivaces habían desaparecido, lucían umbrosos, ¿qué quería con esa mirada? Me sentí mal unos segundos… mi boca, mi corazón gritaba que le diera una disculpa y me marchara corriendo de ahí pero mi mente y mi razón lo negaron, ¡demonios! ¡Era un asesino! Sí, me sentí más poderosa al pensar en eso, alcé el cuello más prepotente, él seguía igual.

Se había recargado en las puertas de madera, sin quitar esa mirada ¿qué pensaba? Caminé para salir de ahí lo más pronto posible, no quería dirigir una palabra con él, pero Sir Thunder obstruía el paso, casi podía imaginarme su burla aunque su cara seguía igual de seria que antes.

— Señor Black — hablé suave ligeramente irritada — ¿Podría mover el caballo, por favor?

— Puede pasar perfectamente por ahí — habló seco, sin chispa de humor ni coquetería. Seguí con los ojos el camino que señalaba con el dedo índice, era un espacio entre él y Sir Thunder, demasiado pequeño.

Gruñí frustrada — No puedo pasar por ahí, ¿por qué no se hace a un lado, señor Black?

Me miró arrugando ligeramente la nariz — Ambos sabemos que si puede pasar, su cuerpo es delgado y pequeño y no me hago a un lado porque estoy disfrutando de los rayos del sol que caen al igual que el caballo.

Lo miré atónita, pero sólo fueron unos segundos…ahora me había quedado más que claro ¡no le iba pedir perdón! Alcé mi vestido y caminé orgullosa, sentí su mirada fija en mí, percibí como ligeramente hizo una visible mueca, de seguro estaba pensando en que le iba pedir perdón, sonreí para mis adentros, encantada de que Seiya Black estuviese molesto, ahora que se quedaría por un corto tiempo o al menos eso esperaba, no podía tardarse tanto el abogado Watson. Mi zapato se enterró en el pasto, haciendo que gruñera y me sujetara del caballo. El señor Black me había agarrado del codo para que no perdiera el equilibro.

Estaba a punto de darle las gracias, pero ¡oh! Podía, casi aseguraba su vista burlona en mí, deseaba que me cayera, bien sabía él que no podía pasar por ese lugar, quería hacerme caer y por alguna razón —y estoy segura que fue su lado caballeresco— me agarró de mi codo. Le quité el brazo bruscamente y sus ojos los había posado en mis labios habían vuelto a perder esa chispa tan encantadora.

— No necesitaba su ayuda, señor Black — espeté indignada.

Sus ojos de un azul acero me miraron echando chispas, me ruboricé ligeramente y me aterré, estábamos completamente solos y… ¡Dios! Yo sólo lo estaba provocando, aunque él evidentemente no vino con alegría de entablar una conversación amistosa. Observé como su mandíbula se tensaba.

— Recuérdemelo siempre tenerlo en mente señorita Tsukino — comentó secamente —. Evidentemente prefería ver su cara y en general todo su atuendo manchado de suciedad, además… — sonrió forzosamente — Temo confesar que no me impresionó en lo más mínimo con ese atuendo tan insípido — agregó agriamente.

— ¡Usted es un…! — Las palabras se me quedaron atoradas en la garganta, me miraba furioso, ¿cómo sabía que yo…? ¿Cómo…? ¿Acaso Luna había…? ¡No! Eso era imposible y estúpido, Luna jamás… ¡Jamás! Haría semejante cosa, además, ¿no era él un perfecto seductor? De seguro debía de haber sabido mi pequeña e idiota tentación y orgullo femenino que había tratado de hacer para… ¡por Dios! ¿Para agradarle?

— Guárdese sus improperios, señorita Tsukino — se dio la vuelta jalando a Sir Thunder —. Me sé de memoria cada uno de ellos, ¡la gente debería de aprender más y agrandar más su léxico!

— ¿Qué quiere? — Le grité roja de furia, se burlaba de mí ese canalla sinvergüenza.

Él se paro abruptamente, sus hombros se tensaron — Nada de usted, ni de Diamante, no quiero nada.

— Si no quiere nada… — vacilé — Debería de marcharse.

— Debería — comentó irritado, apretó las riendas de cuero, observé cómo sus nudillos se volvían blancos y di un paso hacia atrás ¿en qué me estaba metiendo? Debía de huir…tenía que huir pero no sé qué me detenía estar ahí —. Pero no puedo, debo de esperar el testamento de ese hombre aunque eso, estoy seguro que usted lo sabe con toda claridad, ¿no es así?

Su tono burlón y herido me hicieron sentirme extraña, nadie me había hecho pasar por tantos sentimientos a la vez, le debía su disculpa lo sabía pero… — Debería de buscar un lindo Hotel cerca de Glasgow, estoy segura que…

— Me quiere lejos de usted — echó una risotada cínica —. Y lo haré, no estaré cerca de su vista por mucho tiempo, yo también deseó tanto como usted irme de este lugar.

— Perdón — agaché la cabeza, él se giró bruscamente —. No era mi intención correrlo de la Mansión — agregué —. No soy la dueña de cualquier manera y sólo quise que usted se sintiese más cómodo aquí.

— ¿Por eso es el perdón, eh?

— ¿Debería de disculparme por otra cosa más? — Pregunté inocentemente, mi vocecilla que Luna con frecuencia le decía la voz de la consciencia había auto-contestado un sí largo y fuerte.

Seiya se giró bruscamente — ¿Cree que debería de hacerlo? — Habló irónicamente, encogiendo de hombros — Creo que tiene cosas más importantes que hacer, y supongo que una de ellas no requiere perder su tiempo conmigo, porque yo no quiero perder mi tiempo con usted señorita — caminó sin dejarme replicar más.

Caminé enfurecida hacia la Mansión, ¿quién demonios se creía para burlarse de mí? Me había humillado; diciéndome una mujer insípida, me había dicho una mujer prácticamente sin corazón ¡yo! ¡Yo le había dado mis disculpas! Y Seiya Black se había limitado a burlarse de aquellas disculpas. Diamante se encontraba sentado en el sillón leyendo el periódico de finanzas en cuanto alzó la vista se levantó y me abrazó. Me puse ligeramente tensa, seguía molesta.

— ¿Ocurre algo, querida? — Susurró en mi oído quedamente.

— Nada, nada — me relajé paulatinamente, mientras respiraba ese aroma a puro que desprendía el cuerpo de mi Diamante.

— ¿Te encuentras bien? — Me separó delicadamente y me movió el flequillo. Asentí con la cabeza — Estuviste increíble, todo tu apoyo incondicional que me brindaste, Serena.

— ¿En serio? — Sus ojos brillaron intensamente, me sentí llena de felicidad, ¡por fin! Alguien me decía que estaba haciendo las cosas correctas, que en realidad estaba completamente bien haber tratado de esa manera a su hermano.

— Por supuesto — dijo radiante —. La cara que puso ese inútil… —sonrió divertido — Estaba tan furioso y humillado, ¿qué le podría decir yo? Sólo dije que mi linda prometida decía las cosas tan directamente y honestamente, aunque no sé con seguridad el por qué te fuiste, aunque quedó muy en claro por tu manera desdeñosa que repudiabas su presencia.

¿Me había comportado de esa manera? ¿En realidad lo había hecho? ¿Aquella persona…era yo? Yo no recordaba haber hecho semejante cosa — Diamante… yo no… mi intención era apoyarte…yo no quería que tu hermano…

— ¡Basta ya! — Habló ligeramente ronco de la voz — Seiya se merece cosas mucho peores…

— Pero él no…

— Si él si lo merece — me acalló abruptamente —. Mato a mi madre…recuerda que ha sido un libertino sin ningún cuidado y sólo busca malgastar el dinero de la familia…

— Creo-creo que tienes razón — hablé tímidamente.

— No, no creas que tengo la razón…tengo la absoluta razón de que es así — Frunció el ceño y después soltó una risita, acariciándome la mejilla —. No te preocupes, no causara molestias, además que… he estado indagando, quiero que esté lejos de ti… — Alcé la ceja, sin entender del todo su conversación — En realidad, lejos de nosotros mientras el bastardo de Watson regresa, por supuesto que planeo pagarle el Hotel, y sí, sí, será uno de lujo, pero lo quiero lejos de aquí porque… ¿tú también lo quieres lejos, no es así? — Se acercó ligeramente, su nariz rosaba con la mía, me miraba fijamente, ¿quería lejos a Seiya Black? Era cierto… sin darme cuenta me besó, gruñó ligeramente y me entregué a su beso pensando en su hermano.

— La comida está servida — entró Luna, la pude observar limpiándose las manos con su delantal — ¿Han visto al señor Black? Tengo que avisarle…

— No hay necesidad — una voz umbrosa salió de las sombras —. Será un placer.

— Espero que la cabalgata no haya sido tan horrible, señor Black.

— Al contrario, Luna — pasó sin siquiera mirarme, su aroma varonil golpeó mis fosas nasales, me mordí el labio inferior, ¡ni siquiera sabía por qué estaba nerviosa! —. Fue una cabalgata interesante…aunque bueno a veces el caballo se ponía bravo — ironizó la última palabra y me vio ligeramente —. Estoy seguro que ya no tendré problemas con ese caballo.

— Y espero que así sea, señor — asintió Luna, mirándome y después sonrió forzosamente —. Síganme por favor.

La tensión en todos se podía sentir y literalmente respirar, Seiya Black no habló en el ligero trayecto al salón de comida, Diamante gruñía de algo que no comprendía y yo me sentía desubicada en aquél lugar, de alguna manera extraña, sabía que hace unos momentos él se había referido a mí, al nombrar "al caballo bravo", y pensé que me molestaría lo cierto es que tenía el derecho de molestarse conmigo, además que presentía que ambos estaban enojados y era de alguna manera directa o indirectamente por mi culpa. El mayordomo abrió la puerta, el hermano de Diamante se sentó lo más alejado de mí, sabía dónde me sentaba…sí, él lo sabía sin embargo le había parecido una excelente idea al parecer sentarse lo más lejos de mí y de alguna manera era lo mejor o al menos eso quise pensar, Diamante había suspirado tranquilo se apresuró a caminar para que él personalmente me diera la silla, por un momento quise decirle que cambiaba de idea queriéndome sentar al lado de su hermano pero descarté la idea, no quería echarle más leña al fuego. Diamante en seguida se sentó paciente, empezaron a traernos los panecillos y las sopas de cremas.

El silencio era abrumador, Luna se puso a un lado mío como siempre hacía.

— ¿Dónde demonios está Rubeus? — Alzó las cejas Diamante, mientras se limpiaba las comisuras de sus labios.

— Rubeus salió, señor Black — habló con aburrimiento Luna.

— Y al menos sabe ¿por qué salió? No le di el día libre, a decir verdad, él nunca tiene días libres — gruñó, mientras le daba un sorbo a su sopa de crema.

— No lo sé con exactitud señor Black, unos señores pedían inmediatamente su presencia pero en esos momentos — Luna vaciló ligeramente —. Tenía una charla entretenida con su hermano, el señor Black, así que, Rubeus tomó su lugar, supongo — Encogió de hombros no dándole importancia.

— Ese pedazo de mie…— Gruñó — Bueno, ya no importa. Cuando regresé lo sabremos.

Hubo otros minutos largos y tediosos de silencio habían retirado las cremas y habían servido muchas veces el vino que con tanto ímpetu Seiya Black tomaba como si fuese agua. Había traído una carne gruesa y algo insípida. Quise tratar de hacer charla, pero no sé me ocurría qué decir, por más que me estrujaba los sesos, nada interesante salía de ella.

— Seiya, hermano — su hermano se erguió ligeramente dándole a entender que escuchaba la voz de Diamante —. Serena y yo estuvimos hablando de… tu grata presencia — en seguida me puse rígida.

— ¿En serio? — Habló lacónicamente — Me halagan, nunca hubiese pensado que fuese tema principal dentro de sus charlas.

— Yo tampoco — comentó con una honestidad brutal —. Pero a veces… El punto de la conversación aquí, es que Serena y yo hemos pensado que deberías de irte, me refiero yo pagaré por todos los gastos del Hotel, hasta que Watson regresé.

Observé como Luna me miraba y yo me puse ligeramente pálida, sorbiendo el vino, ¡yo nunca había dado mi consentimiento a hacer semejante cosa! ¡Tenía que decir algo pronto! — Señor Black yo…

— Ya lo escuché — sonrió forzosamente —. No necesito que dos personas me lo digan de nuevo, señorita Tsukino.

— Pero lo que intento decirle es que…

— Serena, mi hermano entendió — sonrió cálidamente Diamante.

Fruncí el ceño disgustada, estaba furiosa, completamente furiosa, no me dejaban hablar, yo sólo quería decir que yo no estaba de acuerdo a que su hermano se marchara.

— Ambos pensamos que sería lo mejor, hermano.

— Es la demostración de cariño que estaba buscando — habló sarcástico, mirándome —. Mañana a temprana hora partiré, no deseo importunarles más de lo debido, evidentemente fue una equivocación pedirles asilo.

— Y no te equivocas en eso ¿verdad, Serena?

Ambos me miraron en su guerra de palabras hirientes, miré a Luna de reojo, no sabía qué hacer, qué decir, a quién apoyar… vacilé. Hace unos momentos apoyaba a Diamante ¿por qué vacilaba? Era un asesino, me había humillado, me había dicho insípida, merecía todo eso, aunque en el fondo no lo sintiera así, él lo merecía — Yo… — susurré.

— La comida se ha terminado, señores — Intervino Luna —. Lo prudente es que se retiren del lugar si es que ya no van a comer más de lo necesario ¿o sí? — Todos negamos con la cabeza.

Poco a poco los sirvientes empezaron a quitar los platos. Le di las gracias con la mirada a Luna, no sabría qué habría ocurrido, no podría soportar aquella mirada de nuevo del señor Black, pero… era lo mejor, que él se marchara. Diamante se paró y me besó la frente, diciéndome que tenía que ir con el capataz de la plantación de algodón. Asentí con la cabeza, mientras lo miraba salir, apreté la mandíbula nerviosa y tragué saliva, Seiya Black aún seguía en su sitio, parado viendo la puerta donde había salido mi prometido, empecé a caminar cuando Luna empezó a hacerlo, sin querer rocé con su codo, su aroma varonil volvió a chocar mi nariz una sensación extraña cruzó por mi estómago, él sin previo aviso me agarró del codo, ligeramente me apretaba.

— Creo que debo disculparme — dijo secamente, sonreía burlón con ojos sombríos.

— No, no debe señor Black y por favor, hágame el favor de soltarme — me jaloneé suavemente pero él me apretó aún más fuerte haciéndome gemir de dolor ligeramente.

— ¿Por qué no debería? Si pedir disculpas debe de ser tan sencillo — la sonrisa se le desdibujó —. Debo de pedir disculpar por haber venido más temprano de lo normal y aunque no me queda del todo claro debo de pedir disculpas porque soy un lindo miembro de la familia que no quieren abrazar o ¿me equivoco?

— Me lastima, señor Black — su voz era rasposa, se encontraba a tan pocos centímetros de mí.

— Y también sé — me apretó otro tanto más, apretando la mandíbula, haciéndole resaltar aquellos huesos masculinos —. Lo tanto que me repudia, no es necesario ser profeta o adivino para saberlo…

— Me duele… — traté de moverme, gravísimo error, sus dedos se enterraron en mi piel — Y si lo llego a repudiar — comenté con un ligero sollozo —- Es por quien es usted.

Seiya Black vaciló y me soltó lentamente, después suspiró — ¿Y quién cree que soy usted? Si me hace el honor de explicarme.

— No tengo por qué hacerlo, no quiero decir todas las faenas que usted ha hecho en nombre de la buena familia que son los Black — el brazo empezó a dolerme y sin esperarlo empecé a sollozar, las marcas eran evidentes, sus dedos habían apretado mi blancuzca piel, y esperaba por Dios que se me quitara eso cuanto antes.

— Lo siento — habló sinceramente, vi su rostro preocupado, tocó mi brazo una vez más pero lo yo lo quité de inmediato —. Yo no… yo no suelo portarme de esta manera ¡demonios! Es sólo… yo… sólo pensé que…

— Hasta luego, señor Black — dije fastidiada con lágrimas que querían salir y las muy traicioneras salían, haciéndole poner una cara compungida al hermano de Diamante —. Ambos sabemos que suele portarse de esa manera y aunque fuese mentira, no me sorprendería viniendo de alguien como usted…

— ¿A qué se refiere con…?

Con mi otro brazo me toqué el apretón que me había hecho, gemí nuevamente — Y no lo perdono de cualquier manera, no le debo nada, mi futuro marido no le debe nada, es un malagradecido con su familia y con nuestra generosa hospitalidad.

— ¡¿Hospitalidad?! — Estalló casi gritando, yo me volteé para salir de aquél lugar — Es falta de educación dejando hablar a la persona sola.

— Debería de estar acostumbrado a ello…

— Señorita Serena, escuché sonidos fuertes y… — Luna caminó rápidamente y se detuvo, hizo una 'o' perfecta en su boca — ¿Qué pasó aquí?

— Pregúntale a él, Luna — la voz se me quebró y caminé dignamente, las lágrimas salían a borbotones esta vez, me dolía tanto, escuché maldecir a Seiya Black y a Luna decirle algo suave, pero era demasiado, lo quería lejos ¡Lejos! Y entre más pronto mejor.

Finalmente fui consciente ¿qué había pasado ahí? ¿Por qué siempre tenía que culparme? Es cierto, tuve algo de culpa por no haberle pedido perdón. Subí las escaleras lo más rápido posible hacía mi alcoba, sentía el palpitar de mi brazo adolorido. Aunque hubiese tenido la culpa ¿por qué sólo se descargaba conmigo? Eso no tenía sentido, no quería decírselo a Diamante, de seguro podría echar el grito en el cielo y mandarlo matar aunque fuese Seiya Black…su hermano menor.

— ¡Dios! — Me soné la nariz mientras veía aún con más claridad sus dedos en mi codo.

¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué? Él me había provocado de cualquier manera, era un asesino y un asesino de los grandes, no le había importado casi romperme el brazo ahí abajo, sólo quería descargar su ira con alguien y ese alguien era yo. Yo no me había portado tan desdeñosa como Diamante y él solían afirmar y tampoco había cambiado tanto como Luna decía, era que sólo nadie me entendía en lo más mínimo. ¡Demonios! El dolor me empezaba a escocer, ¡no sabía nada de quitar el color rojizo, ni siquiera para apaciguar el dolor! Empecé a buscar algún atuendo, que me cubriera de esa marca hasta que lo supiese solucionar.

La puerta se abrió di un respingo y tapé enseguida mí brazo, suspiré al ver a Luna entrar con un trasto.

— Pensé que le pedirías perdón al señor Black.

— Pues le pedí perdón — me volteé y seguí buscando algo para cubrir su delito —. Aunque quizás no fueron las disculpas que él quería pero lo hice.

— Ven, Serena, traje compresas frías para tu pequeño accidente en las escaleras — giré bruscamente — ¿O si le decimos a Diamante? — Habló inocentemente.

Negué con la cabeza y me fui a sentar — Es un salvaje ¡le dije que parara! No me hizo caso, se burló de mí Luna, todo este tiempo supo que me había vestido de esta manera tan insípida para agradarle como cuñada.

— Hay algo que no entiendo Serena — Luna me dejó el paño en el brazo e hice un gesto de dolor — ¿Exactamente de qué estás molesta? Ahora estás furiosa porque se burló de ti, o estás furiosa porque te lastimó salvajemente y también vi la reacción de horror que hiciste cuando tu prometido anunció la… despedida del señor Black, no te entiendo ¿puedes explicarme?

— Estoy molesta por todo Luna — gemí al sentir nuevamente la compresa fría en mi codo —. Posiblemente le iba a pedir perdón pero me lo encontré en las caballerizas, él me provocó demasiadas veces hasta que se burló de mí, ¿por qué me lastimó? Yo-yo no lo entiendo, me pidió un perdón sincero pero no lo acepté y ni pienso hacerlo que se marché.

— Aún no me contestas la última pregunta que te comenté — Luna río — ¿No aceptaste su perdón?

— ¡Por supuesto que no! Que se pudra en el averno de donde vino. Y con respecto a tu pregunta — me ruboricé —. Yo fui la primera en correrlo…

— ¡Serena!

— Estuvo mal…le pedí perdón de todo corazón pero al parecer él tampoco aceptó mis perdones y yo no soy nadie como para andarle apretando el codo como hizo conmigo, ¿qué le dijiste allá abajo?

— Le pregunté lo mismo que a ti — volvió a mojar la compresa y me la volvió a poner —. Pobre hombre, estaba abrumado por lo que te hizo pero furioso a más no poder, rompió aquél cisne horrible cuando saliste enfurecida del comedor.

— ¿En serio lo rompió? — Comenté atónita abriendo los ojos como platos — Ni siquiera escuché los vidrios esparcirse aunque…me alegra que haya roto ese horrible cisne al menos eso tengo que agradecerle — reí divertida, el cisne que se hallaba era mediano y era la devoción de Diamante por eso jamás me había atrevido a decirle que lejos de agradar espantaba con sus toscos grabados y sus ojos saltones que brillaban a cualquier intromisión, sus alas toscas de vidrio y de colores chillones hacían ponerse a uno incomodo.

— Sí, lo rompió — sacó de su delantal un ungüento y me lo aplicó, dando un masaje suave, la fricción de su mano con mi piel hizo que me ardiera —. Dice que no desea esperar ni un minuto más en estar en esa Mansión…

— ¿En serio ha dicho eso? — Me sorprendió que mi voz sonara con desilusión, Luna asintió arrugando la nariz mientras me daba el masaje — Entiendo…

— Estoy segura que debe de estar en su cuarto en estos momentos guardando el equipaje para irse a pasar la noche en alguna posada y de ahí al Hotel que con tanto empeño Diamante ha buscado para él.

— ¿No iba irse por la mañana?

— No soportó, Serena, déjalo… — Luna alzó la vista — ¿No querías que se fuera? No entiendo nada…

— ¡Oh! No malinterpretes — bufé —. Sólo que… ¡Bah! Que haga lo que le plazca, sólo quería despedirme apropiadamente y entre más lejos esté de nuestras vidas mejor, no soporto que alguien viva en mi misma casa siendo un asesino… además ¿te has dado cuenta? Ha puesto mi cabeza, mi vida y todo lo demás patas arriba en tan sola un mugroso día.

Luna dejó de aplicarme el ungüento y me miró extrañada — ¿A qué te refieres con tu cabeza y vida?

— Bueno… ahora que lo dices no sé por qué lo mencioné de hecho — medité unos segundos ¿por qué lo había dicho? —. Bueno, mi vida era…nuestra vida era más tranquila sin su presencia y él… el señor Black me ha hecho pasar por bueno… me ha hecho sentir cosas que ninguna persona me ha hecho sentir en tan poco espacio de tiempo.

— ¿Qué clases de cosas te ha hecho sentir? — Comentó intrigada.

— Bueno — bajé la vista, sentí como mis ojos saltaban nerviosos —. Me ha hecho sentir… — recordé cuando vino y su grata impresión que me había dado inclusive había olvidado que había matado a su madre… ¡era ridículo! Sentirme bonita y querida cuando él había llegado — Me hizo sentir miserable, me hizo sentir una mujer horrible que no merece a mi Diamante, furiosa, no sé además me lastimó Luna…

Luna se levantó de mi cama y empezó a sacar un suéter —Yo tampoco lo entiendo del todo, Sere. Es una persona voluble y bueno hay cosas que sabrás con el pasar de los tiempos… no creo que sea una persona que lastime a las mujeres sólo porque sí, aunque creo de cualquier manera que nunca ha lastimado a una, claro salvo a ti y es algo que se te quitará mañana, afortunadamente lo tratamos a tiempo aunque te dolerá ligeramente.

Me dio un suéter y me lo puse enseguida — ¿Lucía insípida?

— ¿Cómo dices…? — Después Luna rió — ¡Por supuesto que no! Es un hombre herido…

— ¿Herido de qué? — Dije extrañada

— Orgullo, Serena. Creo que el señor Seiya Black es una persona que ha pasado por tantas penurias…

— ¿Crees eso, Luna?

— Es posible…de otra manera ¿por qué suele ser tan sarcástico y lindo?

— Porque no tiene nada mejor qué hacer Luna… vamos — gruñí mientras el calor del ungüento se hacía más fuerte en mi brazo.

Luna me siguió ¿realmente si pensaba marcharse Seiya Black? La idea ya no me parecía tan atractiva como antes y no sabía el por qué. No quería que se marchara y la idea de tenerlo al lado de mi dormitorio ya no me parecía tan loca ni bizarra ¿y si Luna tenía razón? Si él, en verdad era un hombre melancólico, quizás le debía sus disculpas, quizás, sólo quizás la muerte de su madre le había afectado mucho aunque él indirectamente la haya matado. A mí no me hubiese gustado que a cada rato me estuviesen diciendo que yo maté a un ser querido para mí.

— Luna, ¿crees que sea mala idea que vaya a visitar al señor Black?

Luna pensó unos segundos — Francamente, sí — Suspiré triste —. Estaba furioso consigo mismo y contigo.

— Lo imagino, espero cambiarle de opinión al menos… para que pase la noche en lo que es también su casa.

— Serena, ¿por qué esa preocupación repentina hacía él?

Mi respiración se agitó — ¿Por qué no debería de hacerlo? — Reí nerviosa — Es mi manera de gratitud, además que si le voy a dar esas disculpas en la hora del té.

— Ya es la hora del té.

— ¡Oh! Se pasó el tiempo demasiado rápido, si quieres yo le…

— No, Serena — me dio un ligero apretón en el hombro —. Yo le aviso al señor Seiya Black.

Asentí mientras Luna regresaba a su dormitorio ¿estaba tan furioso? ¡Tonta! ¿Cómo se me ocurría siquiera provocarlo? Yo deseaba que se quedara más… tomé la decisión, iba a hablar con Diamante, Seiya Black se tenía que alojar en la Mansión. Bajé las escaleras, la luz estaba suave me dirigí a la sala, Diamante se encontraba sentado, pensativo en su sillón favorito, era pequeño aquél sillón con un estampado horriblemente primaveral, desentonaba con la época en la que nos hallábamos (que era principios de Otoño) y con los demás muebles rústicos victorianos.

— Ese bastardo de Rubeus no ha regresado — habló sin mirarme.

— Algo se le habrá metido para llegar tarde.

Diamante echó una risotada — Más bien habrás querido decir, algo él metió.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Pregunté confusa cuando me corrigió.

— Ahh los placeres de la vida, mundanos — me miró y sonrió —. No sabes cómo me fascinas.

— Tu también me fascinas — se levantó y sonrió seductoramente, como su hermano, el pensamiento me horrorizó ¿por qué había pensado en él en ese momento? — ¿Quieres que pida el té? — Me deslicé antes de que me abrazara, no quería que lo hiciera ¿y si me veía Seiya Black? Aunque…

— ¿Interrumpí? — Habló el hermano de Diamante metiéndose en el salón dando zancadas.

— Sí, lo hiciste.

— ¡Qué lástima! — Chasqueó la lengua — Aunque hoy lo he pensado — me miró furtivamente —. Que está noche pasaré…

Mi corazón y mi estómago dieron un vuelco, una alarma interna sonó en mi cabeza — La velada con nosotros, ¿he dicho que Luna va a hacer ese té negro? Ella sabe prepararlo perfectamente bien, con aquél toque de limón — dije atropelladamente, sonriendo con tantas fuerzas que mis mejillas me dolían, me restregaba las manos.

Me miró confuso. ¡Por Dios! ¡Qué no se le ocurra hablar! Después desvió la vista con cara de pocos amigos, como si tratara de comprender el "oscuro" mensaje de mis palabras.

— Luna comentó que daría Té de Naranjo.

— ¡Oh! Debí de haberlo olvidado.

— ¿Por qué de repente sonríes tanto, querida? — Comentó Diamante, mientras volvía a sentarse en ese horrible sillón.

— ¿Lo hago? — Solté una risa demasiado falsa, que afortunadamente Diamante no notó pero si su hermano, que entrecruzó los dedos y alzó las cejas pensativo ¡Diablos! ¿Dónde se hallaba Luna? Me senté enfrente de Seiya Black, lucía furioso…aún — Diamante, sobre dónde se quedará tu hermano…

— Lo tengo solucionado, todo eso.

— Me refiero a…

—Los gastos son lo de menos, no se repara en ellos cuando es mi hermano — habló irritado y yo bufé, nada salía como debería de salir, aunque no estaba muy segura de cómo era eso de cualquier manera.

Luna y una sirvienta entraron a la sala, poniendo las cosas necesarias para el té, todo era de porcelana, de la más fina traída desde Francia y confeccionada sólo para Diamante. Me sirvieron una taza de té y entonces me preparé, tenía que hablar sobre la estadía del hermano de Diamante y… cuando estuviésemos a solas sobre sus merecidas disculpas claro está.

— Señor Black — sorbí, dejando que el té de Naranjo me tranquilizará, su aroma se impregnó en mi garganta bajando gradualmente hasta mi estómago dejando un camino de calor. Alzó la mirada —. Lo que ocurrió en el comedor hace unos…

— ¡Señor!

Todos volteamos, casi iba a soltar un improperio, gritar y patalear, Rubeus se le había parecido justa y grandiosa la idea aparecerse justamente en el preciso momento en el que planeaba hablar. ¡Fantástico! ¡Estúpidamente genial!

— Vaya, hasta que apareces… ¿qué demonios estabas haciendo?

— Unos señores vinieron — se acercó algo vacilante con un telegrama en las manos —. Pidieron por usted y yo…

— Luna me lo contó… — Rubeus volteó a ver a Luna, fulminándola con la mirada — ¿Qué te hace pensar que eres mi igual?

— Yo no… — apretó la mandíbula — Bruja desdeñosa… le mentiste al amo…

— Sólo dije lo que vi…

— ¡Diamante! — Lo miré con reproche.

— No es modo de hablarle a Luna y bien lo sabes. Como sea, ¿qué ocurrió?

— Y yo fui como su trabajador — dijo entre dientes mirando a Luna con odio por última vez para después dirigirse a su patrón —. Pensé que era algo que iba a traer cargando pero no era otra cosa más que un telegrama ya sabe que la Ciudad está un poco retirada de aquí inclusive en carro…

— ¿Toda el día?

— Bueno…

— No importa ya… ¿qué traes en la mano?

— ¡Cierto! Aquellos hombres trabajan en correos y dijeron que era de suma importancia y que se lo hiciera entregar cuanto antes — Rubeus estiró la mano y Diamante le arrebató el sobre.

Comenzó a leer, su cara se volvía de horror y después de enojo — ¡Bastardos!

Me levanté y me fui a su lado para estar con él y apoyarlo — ¿Ocurre algo?

— No… — después desvió la vista a su hermano — ¡Demonios! ¡Sí, sí! Ocurren cosas, el telegrama dice que la Plantación de Café fue quemada…

— ¡¿Quemada?! — Chillé horrorizada.

— Sí, sí…tengo que partir a Estados Unidos lo más pronto posible…mañana mismo en el amanecer.

— Yo… tú… ¿te marchas? — Apenas musité.

Diamante se paró abruptamente, irritado, me besó la frente — Sí, me marchó pero regreso pronto… Rubeus prepara mis cosas, habla al aeropuerto — se paró en frente de Seiya —. Creo que no habrá más…día en el Hotel para ti.

Mi corazón dio un vuelco y sentí cómo dejé de respirar — ¿De qué estás hablando? — Espetó furioso.

— No tardaré y Serena se queda sola…

— Ella no se queda sola ¡por Dios! — Se paró de un respingo — Estará con Luna, con todos esos sirvientes ¿qué estupideces dices?

— Sirvientes y Luna no es lo que tengo en mente…Seiya.

— Y yo tampoco, me marchó en unas cuantas horas a una posada lejos y no me interesa si ella se queda sola… Ya es una señorita.

Mis facciones se descompusieron, de alguna manera las palabras de su hermano me herían — Diamante, si él no desea…

— Si él no desea no me interesa, eres una mujer sola en una Mansión grande, y él se va quedar y se acabó ¿entiendes Seiya?

Sonrió divertido — De acuerdo, de acuerdo — Diamante asintió, me dio un beso mal dado puesto que apenas rozó mis labios y se marchó del lugar.

— Señor Black… yo quiero decirle que muchas gra…

— ¿Quién dijo que lo iba hacer porque quisiera? ¡Demonios! ¡Arruinaste todo! — Su mirada era furiosa.

— ¿Qué intenta decir con qué arruiné todo? — Comenté algo exasperada.

— Pude estar pacíficamente en la posada o en ese magistral y costoso Hotel lejos de Diamante y de tu presencia, pero tengo que cuidar a una niña indefensa, ni crea que mi presencia será grata.

Luna frunció el ceño, pero no le parecía importarle a él en lo más mínimo quienes estuviesen ahí escuchando su confesión — ¿Cree que la mía lo será, señor Black?

Soltó una risita, y paso su mano derecha en su brillante pelo negro — ¿Tiene presencia grata? No sabía que lo tuviese… con su permiso, señorita Tsukino, creo que tengo que desempacar ropas por cuidar de usted — Hizo una reverencia absurda y maldijo por debajo azotando la puerta tras su partida.

Miré la puerta irritada, apretando el puño ¡y yo que planeaba disculparme! Luna me dijo algo que no entendí, salí como un torbellino de ahí también dando un portazo a la puerta, subiendo con furia los peldaños de las escaleras.

Me odiaba… y si él me odiaba yo también podía hacerlo…


¡Hey! C:

Me puse a escribir muajaja. La música árabe si funciona… No tengo mucho qué decir ¡Vaya! Eso demuestra lo aburrida que se ha vuelto mi vida. Aunque tengo una anécdota estúpida que pueden saltarse en estos momentos.

Me perdí… pensé que sabía llegar a cierto destino de mi país y jamás llegué pero al menos el lado bueno es que supe regresar al departamento y comprar libros románticos muajaja.

No sé si esperaban esto, las cosas con Seiya y Serena ¿fui muy cruel? ¿Me pasé? Espero no tardarme ahora que ya entré a la escuela por las tardes y a mediados de febrero entro a la otra escuela por las mañanas, espero actualizar lo más pronto que mi imaginación me dejé y si Marisu (Miss-Odango) no anda de jodona otro tanto más x). Ahh les dije… ando leyendo "El exorcista" pero soy bien miedosa y ni de estúpida me lo leo en las noches…

Muchas gracias por sus reviews a: Loyda Astrid, Bulmita su, Hotaru no Hikaru, Serenalucy, Seiya-Moon, Kawaii Bitchy, Sailor Lady. Kokoro Lust. Sakurita, Tomoyosei y Miss-Odango. Y a ti mi querido lector de la sombras…

¡No olviden dejar reviews!

●๋•Ashαмєd●๋•