Dedicado: Para ti, mi querida amiga imaginaria Miss-Odango, que ya eres toda una matasanos…
"Die Liebe ist ein wildes Tier. Sie atmet dich, sie sucht nach dir […] Hält mich mit tausend Armen fest […] In die Falle gehst du ihr, in die Augen starrt sie dir. Verzaubert wenn ihr Blick dich trifft."
—Amour, Rammstein.
Incipiente
Capítulo 4.
Estaba en mi cama dando vueltas, y es que a pesar de que había pasado exactamente tres horas con treinta y dos minutos y ocho segundos seguía despierta, fastidiada y con un calor inmenso. Estaba nerviosa, realmente quería que Seiya Black y yo empezáramos las cosas tranquilamente o al menos lo más civilizado que se pudiese, y más ahora que él trataría "cuidar" de mi, si es que eso podría significar un cuidado, aunque a ciencia cierta no sabía lo que él tenía en mente, quizás solamente me estaba preocupando por nada y quizás él no me hablaría hasta que Diamante regresara, y así no tendría nada por el cual preocuparme, sí, eso podría ser, las cosas serían muchas más sencillas, pero ¿y si no lo eran? Y si pensaba en molestarme todo el día.
Me levanté de la cama, y me puse la bata, necesitaba aire frío, observé mi ligero moretón ya no me dolía mucho pero eso era un aviso de lo cuan peligroso podría resultar ser, ese señor Black. ¡No podía creer! Ese… maldito petulante, coqueto, me hacía sentir de una manera, molesta e importante, no era como mi Diamante que siempre me hacía sentir bien, que siempre me mimaba y que siempre me besaba, Seiya Black me hacía sentir otra clase de sentimientos. Golpeé el barandal del balcón. Gruñí como niña chiquita y pataleé como una niña que quiere su poni. Mi enojo hacía que me pusiera más y más roja, que un calor recorriera mi cuerpo, desvié la vista hacia el cuarto del señor Black, sonreí con desprecio, con aquél desprecio que él siente por mí o al menos como lo pudiese imaginar.
La puerta estaba abierta, las cortinas se meneaban a gusto, suavemente, rítmicamente, las luces estaban apagadas, alcé la vista y me dirigí hacía la esquina de mi balcón, mi largo cabello pegaba con mis pantorrillas, dejando detrás de mí un aroma a rosas. Al llegar a la esquina, crucé de brazos y me paré de puntitas para observar todo con suma claridad, al parecer nadie se encontraba ahí. Reí suavemente con burla.
— ¡Qué bueno que se quedó! ¡Ja! Se lo merece por ser tan… creído — me burlé, imaginándome su presencia ahí — ¿Cómo dice? — imaginé que él me respondía algo así como:
"Yo no soy ningún creído, señorita Serena."
Contesté algo indignada ante su comentario imaginario — Por supuesto que lo es, mira con venir a perturbar mi vida de esa manera, pero no diga nada, de ninguna manera crea que lo perdonaré por semejante estupidez.
Esperé unos segundos, pensando en lo qué él me podría contestar y mi mente pensó algo así como
"¡Oh piedad, señorita Serena! No quiero que mi apuesto hermano me haga nada malo."
— ¿Piedad, dice usted, señor Black? ¿Acaso no se da cuenta que hace unas horas acabamos de dictarnos una guerra? Y no soy lo suficientemente cobarde como para echarle a su apuesto hermano, como bien dice usted — hablé con resentimiento, alzando la ceja y meneando la cabeza de un lado a otro, esperé otro tiempo más y mi mente reprodujo la voz del señor Black una vez más."¿Dictarnos una guerra? ¿Cómo podría hacer eso? Si, señorita Serena usted me agrada, yo nunca podría hacer semejante cosa."
Ensanché más mi sonrisa y reí como psicótica — No sabía que le gustaba, señor Black…
— ¿De qué demonios hablas conejo?
Su voz algo divertida, y algo neutral me tomó desprevenida, sentí el aire frío golpear mi pecho, había entrado en pánico, mis orbes azules brincaban de un lado para otro buscándolo sin éxito. ¿Cómo no me había percatado de su presencia? ¿Habría escuchado todo? Era una completa idiota, ¿en qué demonios pensaba, hablando sobre él, cerca de su habitación? Y por supuesto que no iba a titubear tenía algo de dignidad ante eso, además ¿por qué me dijo conejo? — De…de… — Bueno, no todo es tan fácil cuando uno lo piensa, mi voz sonó algo nerviosa y maldije para mis adentros — ¿Por qué… por qué me dice conejo?
Escuché su risa divertida, entrecerré los ojos, me molestaba su odiosa risita de seductor barato, bueno, no es que realmente conociera una risa de esas en la vida real, pero algo me decía que esa risa era una de ellas.
— ¿Por qué no habría de hacerlo? Además ¿con quién diantres hablaba? ¿Con algún hermano gemelo mío?
— No — apenas si musité, ¡sinvergüenza! Pretendía humillarme más y más — ¿Cómo que por qué no deberías de hacerlo? ¡No soy un conejo!
— Bombón parece una buena opción, claro si no te apetece conejo — parecía meditarlo muy a fondo, de una manera casi humorística en su retorcida mente.
— ¿Qué tiene que ver un conejo conmigo de todas formas? — Crucé los brazos, aún seguía viendo todo oscuro, como si realmente una vez más mi mente planeara inventar la conversación con el señor Black.
— Bueno — chifló suavemente —. Es lo bastante obvio, conejo — Finalmente pude verlo salir detrás de las cortinas ¿desde cuándo habrá estado ahí? ¿Desde siempre? ¿Hace apenas unos cuantos minutos? —. Son seres pequeños, escurridizos, fastidiosos…
— ¡Lo conejos no son fastidiosos! ¡Yo no soy ninguna fastidiosa! — Comenté algo exasperada.
— Por supuesto que lo son, muerden todo, son animales caprichosos, además tú tienes la nariz como ellos…
Instintivamente me toqué la nariz, sonreía divertido por supuesto que sólo quería hacerme enojar y el maldito lo estaba logrando, tenía una bata satín, arrastrándole hasta los pies, los ojos le brillaban divertido ante mi enojo y mi ceño fruncido que justamente estaba haciendo — ¡Mi nariz es perfecta!
— Por supuesto que lo es — contestó con falso horror —. Perfecta como la del conejo, siempre haces un movimiento raro con la nariz, la mueves de una manera graciosa. Sólo te faltan los bigotes largos, además que estás algo gordita — dijo burlón.
La sangre se me subió a la cabeza, ¿me dijo que estaba algo subida de peso? Tanto tiempo ocupando ese mugroso corsé y él… ¿y él se atrevía a decirme obesa? — Con todo el respeto señor Black, ¡a usted qué narices le importa mi peso! Soy gordita pero me quiero mucho, se acabó la charla — espeté.
— Pero es linda, me refiero, son de esas corpulentas — remarcó la última palabra divertido, observando mi furiosa expresión —, que a todo mundo le cae bien, incluyéndome, claro y eso es a veces. Además que cuando se peina con esos chongos parecen ser sus grandes orejas. Sí — se llevó una mano al mentón como si estuviese pensando en algún veredicto —. Es un conejo, ahora que lo recuerdo me robé unas zanahorias ¿desea comer, antes de que se despida de mi apuesto hermano? — Habló con sorna, y lo miré irritada.
— Conque escuchando conversaciones privadas ¿ah? Maleducado.
— Permítame comprender algo, señorita Tsukino — divagó un par de segundos, presuntamente confuso — ¿Con quién tenía una charla? Digo, para pedirles perdón a usted y a ese peculiar individuo, como todo un caballero como yo, debe de ser — soltó una sonrisita picaresca.
Apreté el puño y la quijada ¿se burlaba, ah? — Eso no es de su incumbencia.
— Tranquilícese, que yo no le diré a mi apuesto hermano, sobre sus amantes, sepa que conmigo cuenta — habló con esa arrogante pero dizque sinceridad.
— ¿Qué le hace pensar que tengo algún amante? — Gruñí — Siempre amaré a mi Diamante.
— Me confunde, señorita Tsukino — se llevó una mano al pecho, fingiendo una cara de total desconcierto — ¿Quién era aquél señor Black con el que hablaba?
— Usted — hablé atropelladamente, con un tono demasiado bajo, esperanzada que él por supuesto no escucharía y que yo por supuesto no lo volviera a repetir.
— Entiendo — suspiró tranquilamente supuse que él habría entendido algo como "ni crea que le diré, maldito" bueno quizás sin el maldito, ¡qué diablos! Ojalá y se haya imaginado el maldito. Agachó la cabeza y me miró directamente a los ojos, le brillaban a la luz de la noche —. Bueno, en realidad no entendí nada de lo que dijo, ¿podría hacer el favor de repetirlo?
— Bueno, si no escuchó no es mi problema, además, ¿quién dictó esa guerra de cortesía?
Black suspiró — Estaba molesto.
— ¿Ya no lo está? — Pregunté un tanto ansiosa.
— No — comentó con sinceridad, apoyando sus brazos en el barandal del balcón —. Aunque podría estarlo, conejo, últimamente señorita Tsukino, tiene el don de irritarme.
— ¡Por todos los cielos! — Fruncí el ceño, atónita ante sus palabras ¿él, quería hacerse el digno? ¡Él! Que casi me arrancaba el brazo — ¿Usted no a mí? ¿Quién fue el que dijo que mi vida sería un infierno?
— ¡Qué calamidad! — Habló con falso pesar — Yo nunca he dicho semejantes palabras aunque… — asintió con la cabeza ligeramente convencido —, técnicamente y burdamente traducido eso es justamente lo que dije — Lo miré asombrada nunca pensé que realmente aceptará eso, nunca —. Aunque discrepo, yo desde que llegué he sido amable, increíblemente amable.
— ¿Amable? — Solté una risa larga, falsa y remarcada — Es la persona más petulante, ruin, odioso, vanidoso — su sonrisa cada vez se ensanchaba más y más ¿qué demonios le veía de gracioso? Me irritó su actitud, su mirada me incitaba de una manera descarada a seguir nombrándole sus 'puntos malos', me toqué el brazo por inercia. Él creía que estaba en su juego, él creía que realmente iba como si nada con ese jalón horrible que me había hecho en el brazo, él daba por sentado varias cosas, pero él no me conocía en lo absoluto y si él había dicho que mi vida sería un infierno es porque así realmente planeaba hacerlo —. Además de un asesino — hablé lúgubre, sabía que eso le molestaría, odiaba esa sonrisa.
Su sonrisa se desdibujó y yo, pude hacer la mía…al menos internamente — ¿Me conoce, acaso? — Ni siquiera pude afirmar o negar nada porque vi, claramente que sus manos apretaban el barandal — ¿Cree saber de mi, más que yo? ¿Siempre es así? Siempre es una mujer sumamente fastidiosa, ¿a qué juega señorita Tsukino? ¿Es bipolar? — Dijo hastiado, chasqueando la lengua y soltando poco a poco el barandal, me sentí indignada ante ese comentario, abrí mi boca para espetarle algunas cosas pero él se apresuró a callarme — Un día está sumamente feliz conmigo y al siguiente simplemente me detesta.
De alguna manera extraña me puse nerviosa, ¡ni siquiera yo misma lo entendía del todo! Además, había una guerra que él había implantado y casi me arrancaba el brazo, ¿acaso eso no contaba? — ¿Por qué no habría de hacerlo? Confío ciegamente en mi Diamante — él hizo una mueca — ¿Por qué no habría de detestarlo? Si casi termina arrancándome el brazo — su gesto retorcido cambió por una expresión de horror, bajó la vista a mi brazo, era raro que él supiese en qué brazo había sido, cerró los ojos con pesadez y me miró arrepentido —. No quiero sus disculpas señor Black — lo miré echando chispas en los ojos.
Cambió su postura por alguien arrogante — ¿Por qué habría de hacerlo? Ambos no estamos lo suficientemente contentos en esta situación, realmente es un enorme fastidio cuidar a alguien como usted.
— ¿Quién dijo que usted me cuidaría? Es más… — alcé la voz altaneramente, mientras caminaba rumbo a mi habitación. Los ojos de Black brillaban intensamente, su boca había pasado ser algo fino y fruncido — ¿qué le parece? Finge. Es sencillo, cuando mi querido Diamante se marché le dirá que me cuidará, y esa misma tarde podrá irse a esa posada que con tantas ganas desea irse, dicen por ahí que las ratas y los hombres hacen buena compañía en días solitarios, escuché que en la posada de la señora Tomoe, hay una infinidad de ratas, así que amigos no le faltarán, tampoco se preocupe de Luna o Rubeus yo me encargaré.
Me di la media vuelta, observándolo arqueó una ceja de indignación, apretando aún más los labios, lucían ya de un blanco perlado con bordes algo rosados pero eso a mí no me interesó escuché que había dicho algo como "¡Mierda! ¡Esto no te había que haber acabado así!" Aunque mi mente lo descartó enseguida, era poco incoherente que Seiya Black dijera ese tipo de cosas, de cualquier manera, no es como si realmente él quisiera que termináramos siendo amigos el resto de nuestras vidas.
Cerré las puertas del balcón fuertemente, y como niña pequeña me metí a mi cuarto, molesta, no, molesta era poco, estaba furiosa. Al parecer realmente detestaba cuidarme tanto. Me aventé a mi cama, apretando la almohada en mi cara, gritando en ella, apagando mi sonido. Empezaba a fastidiarme, ¡diantres! Y eso que todavía mi Diamante ni se marchaba, ¿cómo siquiera podría imaginarme su presencia todos los días? Le rogaba a Dios que en verdad tomará mi palabra, que se largará y sólo fingiéramos todo el tiempo, de cualquier manera, el más peligroso, era Rubeus y era su palabra contra la mía, dudo mucho que Luna haga algo colosal para mantener aquella odiosa presencia en la mansión.
Cuando despegué la almohada de mi cara, el enojo aún no se me quitaba, la verdad es que la idea de ir a su cuarto y molerlo a golpes sonaba tentador, para que se diera cuenta que los conejos si qué podemos ser seres malévolos. Demasiado tentador ir a su cuarto…estaba a su lado mi cuarto, demasiado cerca, a unos cuantos pasos del mío, nadie podría escucharnos, además había escuchado a la servidumbre que ambos cuartos se conectaban, la razón no la sabía y recuerdo perfectamente que quise comprobarlo pero lo cierto es que jamás hallé nada fuera de lo normal, ¿y si era cierto? Sentí algo raro en el estómago al pensar en todo eso, al pensar en la proximidad en la que él y yo nos encontrábamos, era una sensación rara. Con mi Diamante jamás había sentido algo raro en el estómago ni mucho menos…me temblaban mis piernas.
¡Por todos los cielos! Tenía que hacer algo con el señor Black, no estaba bien lo que estaba pasando, nada estaba bien desde que él había llegado a nuestra casa, me volví enfurecer con él; por esa estúpida actitud de niño bueno, de su coquetería ¿a quién quería engañar? Por supuesto que a mí no. Diamante me había enseñado las cosas prácticas que los hombres utilizan en las mujeres y los puntos que estaban subrayados y en letritas rojas en mi mente era; la media sonrisa de egocentrismo, y el narcicismo. Y Seiya Black tenía esas y en general tenía todas las señales que mi Diamante describió pero, eso supuestamente pasaba (según mi Diamante) era porque gente pobre se interesaba en la rica para conseguir dinero o subir un estatus social o porque simplemente la gente quería divertirse y se supone que las chicas caían rendidas a sus pies por aquellos atributos y ambas partes hacían cosas de gente casadas, pero… ¡eso no se aplicaba a mí! Le había dejado en claro cuánto le repudiaba, aunque a veces sentía que no tenía que hacer ese tipo de cosas.
El sueño se me había ido, y ¡demonios! ¿Qué hacía malgastando mi tiempo pensando en el señor Black? Era tan ilógico y tonto. Tenía que pensar en mi Diamante, en el qué habrá pasado con la Plantación de café, si tenía que pensar que ya casi no lo vería, que pronto nos casaríamos que pronto estaré conviviendo más con su aborrecible hermano, y que pronto estallaría con ganas de volverme una asesina de a verdad si él seguía provocándome de esa manera tan horrible y… pataleé en mi cama.
¡Es un tonto! De alguna manera había vuelto a mis pensamientos, y eso tampoco se lo iba perdonar, ¡ahg! Gruñí y con fuerza me tapé mi cuerpo, tenía que dormir porque Diamante se iría lejos. Me di la vuelta y cerré mis ojos con fuerza esperando que el sueño viniera a mí.
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Escuchaba la voz de alguien desde lo lejos, desde lo más recóndito de mi mente, sabía que era de mujer, pero no supe con exactitud de quién era esa voz algo melosa y firme, había olvidado que estaba soñando con suma precisión, simplemente esa voz me calmaba y hacía que me meciera más y más en el campo de los sueños, hasta que empecé a escuchar ese apellido terrible.
"Black… Black… Black…"
Era lo único que mi mente escuchaba con tanta atención, con tanta nitidez, entonces supe que había fruncido las cejas, aquél apellido seguía más constante en aquella voz femenina tan agraciada, quería decirle "Por favor, no lo repitas más y quédate junto a mi pequeña y tierna dulce voz" pero al parecer aquella voz fémina parecía detestarme, porque lo decía más constante, sentí como si fuera ese apellido una mosca en medio de la noche, aquellas que zumban al lado de tu oreja y que por más que quieres matarlas, insisten más en molestarte.
Me reincorporé de la cama, listísima para gritarle a la persona que estaba hartándome con ese apellido horrible — ¡Deja de decir ese apellido tan molesto! — Hablé enojada, aún sin abrir los ojos y cuando finalmente los abrí, vi a Luna, viéndome con cara de incredulidad y después con una sonrisa de oreja a oreja.
— Pero si ese va a hacer tu nuevo apellido el día en el que te cases — comentó divertida, mi expresión se volvió nula ¿acaso yo había dicho eso? ¡Yo! Que iba a pasar a ser una futura Señora Black, ¿había dicho eso? Me las iba a pagar ese Seiya Black con creces — ¿Te molestaste porque Diamante se va a marchar en estos momentos?
Abrí los ojos como platos, lo primero que había hecho al despertarme era… ¿haber pensado en Seiya Black? ¿Qué tipo de persona me estaba volviendo? Había olvidado por completo que Diamante se marchaba… ¡se marchaba hoy! — ¡Por todos los cielos, Luna! ¿No me digas que ya se marchó? — Dije gimiendo, levantándome como un relámpago de la cama.
— No, sabes que el señor Black no se marcha sin que se haya despedido de su hermosa y despampanante futura esposa, cito textualmente lo que me dijo hace unos minutos — meneó el dedo índice, arremedándolo.
— Conque a eso te referías con lo del señor Black — medité unos segundas, recordando cuando me alteré con hastío al escuchar Black, al parecer se refería a mi Diamante y no a… ¡qué diablos!
— ¿A qué te refieres con eso, Serena? — Frunció el ceño dubitativa.
— Nada, nada, estoy alterada eso es todo — me desesperé al no hallar nada lindo de mi armario — ¡Ni siquiera me he bañado!
— Cálmate Serena — Luna se acercó a mí apretando mi hombro suavemente —. Un día que no te bañes no te hará daño, también tienes que descansar tu pelo para que no se reseque tanto, más si tú te bañas con agua hirviendo, ¿ya no te duele el brazo? — Soltó de repente haciendo que girara la cabeza hacia mí pequeño accidente en las escaleras, lo cierto es que lo había olvidado por completo, quizás ya no me dolía tanto como antes, sólo quedaba un ligero color grisáceo muy leve, hubiese parecido como si me hubiese ensuciado de polvo en mi brazo si no fuera que tenía alrededor rasgos degradantes en las orillas de un tono morado.
— Ya no tanto — comenté algo seca, no tenía ganas de hablar nada que estuviese vinculado con Seiya Black.
— ¿Pasó algo que no quieras contarme? — Soltó de improviso, como no queriendo la cosa — Te despertaste de un humor demasiado agrio.
— Bueno — sonreí de lado —. No pasó nada, ¿debería de pasar algo? Simplemente me molesta el hecho de que…
— El señor Black se quedara a tu cargo…
Eché chispas por los ojos, Luna me dio una blusa de algodón de tres cuartos color beige satinado, una falda de un tono pálido rosado, me fui a mi cama cruzando los brazos — Eso está aún en discusión.
Luna resopló, mientras se acercaba a mí y con una señal en la mano me decía que me quitará mi bata, odiaba ese estúpido corsé que ¡me hacía ver gorda de todas formas! ¿Cuál era el chiste de ponerme algo si me seguía viendo igual o peor? — No puedes discutirle nada a Diamante y eso lo sabes. No seas una niña por lo que pasó ayer.
— ¿Ayer? — Solté un grito agudo — ¡Luna! ¡Ayer me dictó una guerra! ¡Una guerra! ¿Cómo no quieres que me ponga en su contra? Además ya he pensando en algo para que ambos estemos contentos.
— ¿De verdad? — Preguntó interesada mientras me ajustaba el sofocante corsé.
— Si, así es y nada ni nadie me impedirá hacerlo llevar a cabo.
— Diamante sí.
Rodé los ojos exasperada, ¡cómo si no supiera Luna! — Pero Diamante no se enterará y me aseguraré que ese Rubeus no vaya de chismoso.
— ¿Qué planeas hacer?
— Algo sencillo por supuesto, el señor Black quiso que llegara a los extremos y Serena Tsukino bien puede llegar a los extremos — Encogí los hombros, me puse la blusa de algodón y la falda, caminé hacia el tocador mientras Luna me cepillaba mi largo cabello —. Fingiremos, eso es todo.
— ¿Fingir? Pero eso no tiene nada de lógica Serena, no encuentro el caso que el odioso de Rubeus se tome la molestia de hacer todo eso.
— ¡Oh! Es que aún no entiendes mi magnifico plan — contesté emocionada y más excitada que nunca —. Fingiremos hasta que mi Diamante se haya marchado claro está, después el señor Seiya Black puede hacer todo lo que le apetezca en Glasgow, finalmente podré descansar de él y él de mí, ¿qué estás haciendo Luna? — Observé como ella, enredaba mi cabello hacía arriba de una manera extraña.
— Lo de siempre, lo que siempre hago Serena ¿por qué lo preguntas? — Frunció la cejas confundida — De acuerdo supongamos que tu plan funciona, ¿qué harías si Diamante regresa antes de lo previsto sólo para hacerte una grata sorpresa?
— ¡Oh! — Bajé la vista, y después volví a alzarla histérica — ¡Luna no quiero que me peines como siempre! — Luna inmediatamente me miró espantada y dejó mi cabello en paz, me mordí el labio superior — Lo siento, creo que me emocioné un poco nada más, ahora quiero que sólo lo dejes suelte y le des brillo.
Luna relajó los hombros y sonrió más tranquila — ¿Por alguien en particular?
— ¡Ja! ¡Cómo si me importara lo que piense mi detestable cuñado!
Ella soltó una risita divertida — ¿Quién pensaba en tu futuro cuñado? Además que ese plan va a hacer un fracaso desde el comienzo.
Me ruboricé unos segundos, fastidiada por mi torpeza ¿cómo había pensado en él? ¡Cómo si me importará toda la sarta de tonterías que había dicho en la noche! — ¿Lo crees? Bueno es sumamente fácil si mi Diamante regresará antes de tiempo lo prudente sería decirle que su encantador hermano dio un paseo.
— ¿Todo el día?
Medité unos segundos — Bueno, qué sé yo — encogí de hombros — ¿Se perdió? ¿Se murió? ¿Lo asaltaron? ¿Encontró chicas? — Aunque esa última sentencia no me parecía tan ridícula pero si me molestaba de alguna manera — No creo que a mi Diamante le moleste nada de eso.
— Pero eso no quita el hecho de que al final sea su hermano, Sere.
— Tienes razón, ¿crees que lo quiera fuera del mapa sin que se le vincule con él?
— Sere, despertaste con un humor más agrio de lo normal.
Hice un mohín y me levanté del asiento — No soporto que mi Diamante se marché — Luna me miró no muy convencida, pero era la triste verdad, no soportaba que se fuera Diamante, porque eso equivaldría a tener serios problemas con el señor Black y eso no estaba a discusión. Me eché perfume y me miré en el espejo, lucía como una persona completamente normal, nada de esos chongos, bizarros que, bueno, ¿a quién engañaba? También tenía que cambiar de imagen y también después de un determinado tiempo me empezaba a doler la cabeza, y no es que no me peinara como lo dictaba el último grito de la moda pero me parecía tierno y normal peinarme como mi Diamante siempre le ha gustado, ¿eso no tenía nada de malo, verdad?
'Claro tonta, ambas sabemos que te fastidió el hecho que Seiya te dijera conejo, ¿no es así?'
Abrí los ojos como platos, esto no tenía nada que ver con el señor Seiya Black, Luna se acercaba a la puerta. Ambas sabíamos que no tenía que ver una cosa con la otra, y mi consciencia lo sabía a la perfección.
'Lo único que sé es que te molesta'
— Entonces no sabes nada, voz de la razón — musité, casi gruñí.
— ¿Qué dices? — Luna giró el pomo de la puerta y me miró divertida.
— De nada, de nada — meneé la cabeza como si espantara alguna mosca.
Salimos de mi cuarto, ella iba muy feliz cantando suavemente aquella música que me cantaba cuando solía ser apenas una pequeña, se llamaba "Will ye go Lassie go", de alguna manera me hizo ponerme más tranquila, y a pesar que la había visto en esa película, nada se comparaba con la voz de Luna, suave y maternal. Me daba mucha curiosidad su forma de ser, por unos momentos había olvidado mi enfado con el señor Seiya Black, lo cierto es que no sabía más allá de Luna, simplemente el hecho desde que tenía uso se conciencia ella siempre estaba a mi lado.
— ¿Aún sabes hablar gaélico escocés, Luna? — Dejó de cantar, la había agarrado desprevenida, cuando bajábamos por las escaleras no regresó a mirarme, simplemente asintió con la cabeza — Yo… lo siento.
— No deberías de disculparte, señorita Serena — habló con suavidad —. No hay nada del porqué preocuparse, no preguntó nada horrible.
— Pero siento que te molesté, no quería que te sintieras ofuscada por…por…
— Es cierto — suspiró aún sin verme —. Le dije que no quería hablar sobre mi pasado, sobre cuando solía vivir en Irlanda.
Me sentí pésima por unos segundos, bajamos las escaleras con leve de tensión, recordaba a la perfección cuando me encontraba con mi hermana Minako, brincábamos y nos divertíamos al lado del río Clyde y Luna cantaba esa canción con tanta energía, hasta que nos topamos con un pueblerino, originario del lugar, el señor le sonrió con tanta amistad a Luna y empezaron a hablar tan amenamente en un idioma que nunca he entendido. Minako siempre había sido imprudente y aunque me hubiese fascinado haber sido como ella, y decirle qué tanto se decía con aquél señor, no pude, tenía que morderme la lengua y fingir desinterés. Lo único que había escuchado con tanta claridad había sido la palabra Irlanda y la cara de Luna había cambiada en una nostálgica.
Y aunque Minako la estuvo hostigando al final nos había comentado que aquél señor era muy buen amigo de sus padres, y por primera vez nos había contado que ella, era de Irlanda, que le habían enseñado el dialecto para una persona especial, nunca me había puesto a reparar en el hecho de que Luna también debía de tener alguna familia, hermanos, gente que la amaba, para mí, Luna siempre sólo había sido mi segunda madre nada más, la que me enseñaba todo sobre una cultura completamente diferente a la que había llevado en mi querida Bretaña.
La música, las creencias y aunque era nuestro secreto, mis padres jamás me perdonarían saber ese tipo de cosas, con sus ideas tan arcaicas, Minako siempre le atrajo las ideas célticas de Luna y sepa nuestro buen Dios que encontró una persona afín a su manera acelerada de pensar, pero cuando quise indagar más sobre su vida ella, tajantemente pero de la manera más suave posible me dijo que eran cosas privadas que a veces la gente siempre se tiene que guardar secretos para uno mismo.
— Aún no es el momento, señorita Serena — Luna volteó a verme con una sonrisa franca, distrayéndome del pasado.
Quizás por mi inexperiencia comprendí que Luna era una persona fuerte y quizás aquello que le había pasado era infinitamente doloroso y cruel como para ser contado y revivido, para desempolvarlo por tanto tiempo y yo que pensaba que la extinta Segunda Guerra Mundial, la había dejado en un estado depresivo. Le toqué el hombro, reconfortándola de algún dolor espiritual del que yo no tenía conocimiento alguno.
— Pero lo será y cuando lo sea espero que sepas confiar en mí como yo confió en ti.
Ella asintió con la cabeza, me sonrió con ternura. En seguida sentí una mano en mi hombro, giré para chocar con la ancha espalda de mi Diamante, me abrazó con sus fuertes brazos, sentí como me estrujaba entre su abrazo.
— Me vas a dejar sin respirar, Diamante — gemí suavemente, y su abrazo se deshizo.
Olía increíblemente bien, vestía con unos pantalones rectos color caqui, su camisa era de un color crema que la tenía arremangada hasta los codos, la corbata de un verde pasto le colgaba de un lado a otro con diversión, el pelo lo tenía alborotado dándole un aspecto más masculino y galante, sus zapatos negros bien lustrados, sonrió con gran amor y sus ojos azul brillaban.
— ¡Te estaba esperando! ¿Acaso no dormiste bien? — Me miró expectante, llevando uno de sus brazos a mi hombro, acercándome a él, fruncí las cejas y bufé ante su pregunta.
— Supongo que no, estuvo de escandalosa — la segunda voz de hombre me tomó desprevenida, me puse tensa en segundos, su voz bailaba llegando hasta mis orejas, un dolor punzante recorrió mi estómago como un cruel aguijonazo haciendo que un escalofríos recorriera todo mi cuerpo.
— Quiero recordarte que le pregunté a tu futura cuñada — gruñó Diamante, estaba segura que no planeaba que el señor Seiya Black se acercará tan pronto a nuestra privacidad ¿por qué siempre se aparecía cuando estaba con mi Diamante?
— Quiero recordarte que yo cuidaré de ella, y cuidaré su presencia y más aún que mi habitación es la de al lado, así que puedo decirte lo cuán escandalosa es cuando se lo propone.
Sentí como la cabeza de Diamante giró hacia Luna — A la hora de mi partida quiero que se le cambié enseguida de cuarto a Seiya.
— No creo que haya alguna necesidad.
Mi corazón dio un vuelco cuando Luna dijo eso, ¿qué pretendía? ¡Dios mío!
— Bien — dijo entre dientes —. Si no lo haces tú, lo hará Rubeus a su regreso.
— ¿Quieres que la cuide, no? Mí apuesto hermano — escuché su risa sardónica, yo me ruboricé enseguida, bajando la vista para ver los pies de Diamante.
— ¿Pero qué estupidez dices? ¿Te estás volviendo más imbécil?
— Para nada — dijo sarcástico —. Pero al parecer tú sí. Teniendo en cuenta que ella se quedará sola, y que quieres que cuide de ella con todo lo que pueda, lo prudente sería que estuviésemos lo más cerca posible.
Observé como Luna asentía, pensé que esa era el gran motivo de la negatividad de hace unos momentos pero eso no justificaba nada, además ¿no qué se iba a marchar con sus amigas las ratas? ¿Y qué diantres había sido eso de mi apuesto hermano?
Diamante no había dicho nada, se acercó más a mí. Gemí sin pensarlo, Diamante bajó la vista y me escudriñó con la mirada, me mordí el labio, e instintivamente me agarré el brazo y volví a gemir por mi torpeza.
— ¿Qué te pasó? — Dijo inexpresivo.
— ¿De qué hablas? — Lo miré nerviosa, tratando de parecer confundida, por supuesto que él no se creyó mi tonta mentira.
— ¿Por qué de repente sueltas ese gemido de dolor? — Enarcó la ceja derecha, frunciendo levemente la nariz, desvió su vista no miré a quién pero enseguida supe a quién se le había clavado con tanto odio, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
En ese momento creí prudente decir lo que habíamos dictado yo y Luna, pero, las palabras no salían de mi boca — Enséñamelo — habló con una suavidad increíblemente falsa, me perturbó.
— ¿Enseñarte qué? — Hablé con fingido desorientación del tema.
— Señor Black…
— ¡Luna, cállate! — Ordenó a mi querida amiga y madre, mi respiración empezó a latir apresuradamente — No lo vuelvo a repetir, Serena — ¡Por todos los cielos! ¿Por qué no se lo enseñaba? ¿Por qué Seiya Black no hacía nada? Hice una mueca de dolor —. A la fuerza será — dijo impertérrito, jalándome mi brazo, me alzó con brutalidad y torpeza la manga.
— ¿Por qué la hostigas? — Habló con cansancio Seiya, finalmente reparé en él, ya se encontraba a nuestro lado, los ojos chispeaban de furia contenida, tenía una sonrisa retorcidamente cruel, los puños los apretaba, vestía unos pantalones rectos azul marino, las mangas al igual que mi Diamante las tenía arremangadas hasta los codos, tenía el chaleco que hacía juego en él, al lado de Diamante lucía un chiquillo.
— ¿A ti quién mierda te metió en nuestra plática? — Me dio un terror infernal, Luna lucía igual que yo, sin saber qué hacer, cómo decir, ambos apretaron la quijada como dos perros rabiosos a punto de explotar.
— ¿Crees que me importa? — Soltó Seiya Black, riendo — Si ella dice que la sueltes es porque es así, Diamante ¿seguirás siendo como tu padre? ¿Un idiota con las mujeres?
— ¿Qué le hiciste? — Diamante me soltó, acechando a Seiya, me daba terror ¿y si algo le pasaba a Seiya Black? Jamás me perdonaría que algo le pase.
— Lo que le hice o no lo hice es algo entre ella y yo, ¿para qué jodidos quieres saber? — Gruñó.
— ¡Es mi prometida! — Diamante le agarró una de las solapas del chaleco formal de Seiya, salté enseguida.
— ¿Te das cuenta? — Sonrió arrogantemente — Si tanto te enerva ese estúpido hecho, yo me quedaré con ella, el resto de tu estúpida ida a América.
Diamante alzó el brazo, apretando el puño, dispuesto a darle un puñetazo en la cara ¿qué demonios pensaba Seiya Black? ¿Por qué diantres lo seguía provocando? ¡¿Por qué?!
— ¡Me golpeé en el brazo con la escalera! — Chillé agudamente, Diamante se detuvo a dar ese golpe, Seiya lo miraba sin cambiar de expresión.
— ¿Por qué no me lo dijiste? — Habló irritado.
— Porque… — observé como aún aferraba a Seiya de esa manera, lucía tan furioso, y Seiya tan tranquilo, ¿en qué pensaba?, ¡demonios! — No quería que pensarás que era una chica estúpida, así que por favor…yo…
Diamante fulminó a Seiya, ¡él ni se dignó a mirarme siquiera! Lo empujó con su antebrazo, Seiya se acomodó el chaleco ni siquiera trastabilló, después me miró aún furioso pero con un deje de incredulidad.
— De acuerdo, di una escena demasiado estúpida, ¡por todos los diablos! — Pasó la yemas de sus dedos por su cabellera lacia — ¿Así es nuestro adiós?
— Hasta luego — corregí con amargura, molesta, él ni lo notó.
— Lo siento, Luna — se volteó a ver a mi amiga, quien asintió secamente, cuando él volteó percibí su cara de antipatía que siempre había sentido hacia él —. Perdóname, Serena.
— ¡Amo! Las cosas… — Rubeus se acercó con voz agitada.
— ¡Mierda! ¿Es que siempre tienes que interrumpir los momentos como este? — Bufó, rodando los ojos con hastío, Rubeus bajó la cabeza maldiciendo cosas que no alcanzaba a escuchar.
— Ya es tarde amo…el avión saldrá y… creí prudente que…
Diamante hizo un ademán para callarlo, observé por el rabillo del ojo a Seiya, se había instalado en uno de las columnas con una expresión de póquer, su espalda estaba recargada en la fría y dura pared, su pierna derecha estaba en cuadricula, cruzado de brazos nos observaba con aquellas orbes zafiros brillantes — Lo sé — me agarró de las mejillas y me dio un tierno beso, me sentí incomoda ante su contacto, quería abrir los ojos y ver qué hacía Seiya pero eso se me había vuelto imposible, cuando me despegué de sus labios, miré rápidamente a Seiya, seguía igual que antes, mirándonos sin cambiar su cara, ni posición de cuerpo —. Te voy a extrañar tanto — dijo con dulzura.
— Lo sé — añadí con soltura, Diamante esperó unos segundos ¿qué esperaba? Me pregunté curiosa, pero quizás él sólo sabía porque suspiró y miró a su hermano.
— No tengo que recordártelo, ¿verdad?
Seiya no le respondió, presentía que estaba rabioso, que en cualquier momento se cabrearía y saltaría a la yugular de Diamante como animal salvaje.
Caminé hacia la salida, rumbo hacia el carro que llevaría a Diamante al avión, cuando me sonrió y me besó por última vez, suspiré, sin siquiera notarlo, y esa era la última vez que lo vería ¿por qué había sido tan diferente del cómo me lo había imaginado? ¿Por qué no me sentía nerviosa y ansiosa? ¿Por qué no me había despedido de él? Lo cierto es que sentía que no tenía por qué hacerlo. Suspiré, mirando como el carro despareció entre la esquina y me metí a la mansión, estaría sola… No, me corregí, estaría con él, con su hermano, con Seiya Black.
Un enojo volvió a mí, ¿por qué demonios no se había defendido? ¿Y qué había sido todo ese enojo? Me encontré con Luna.
— Lo siento, por Diamante — agregué.
Sonrió con calidez — Es Diamante — sentenció como si con ese simple significado se comprendiera su forma de ser, y lo triste es que era cierto —. El desayuno está listo ¿le avisarás al señor Black?
Asentí y me dirigí al pie de las escaleras, estaba igual, sólo que su cabeza se recargaba en la pared fría y dura con sus ojos cerrados.
— ¿A qué vienes? — Soltó secamente sin abrir los ojos.
— A… Luna dijo que el desayuno estaba… — divagué y caminé hacía enfrente de él — ¿Por qué hiciste eso?
— ¿Hacer qué? — Dijo tranquilo.
— ¡Mírame! Sabes bien a lo que me refiero, ¿por qué? ¿Por qué te arriesgaste?
Seiya se reincorporó, bajando la pierna de la pared, descruzando los brazos, abriendo los ojos — ¿Arriesgarme?
— ¡Sí! ¡Arriesgarte de esa manera estúpida!
— Si lo hice fue porque no me gusta que tú… odio cuando él hace que… ¡y eso a ti qué demonios te interesa!
Me sentí ofendida, apreté la quijada — Fue tu culpa que yo me encuentre de esta manera, y sin embargo no le dije a Diamante ¡nada!
— ¿Acaso tienes una preocupación por mí? — Sonrió — ¿Crees que ese ladrillo que le llamas; mi apuesto Diamante, podría ganarme?
— ¡No me preocupo por ti! — Grité humillada y con torpeza — ¡Por supuesto que mi Diamante te ganaría en un abrir y cerrar de ojos!
— Todo estaba fríamente calculado, ¡maldición! — La furia regresó en él — Si no te preocupas por mí, lo que dice no tiene sentido, señorita Tsukino.
— ¡Tú eres el que no le da el sentido a la situación! ¡Casi te dan una paliza!
— Sé defenderme, no necesito a niñas como usted de salir bien librado de ahí.
Le di un puntapié en la espinilla, apretó los labios sin soltar un gemido de dolor — ¿Pudo defenderse de eso? — Apreté los puños — ¿Verdad que no? Señor-que-tengo-todo-calculado.
— No golpeó a la mujeres — fue su descarada respuesta.
— ¿Ah, no? — me alcé lo que Diamante no pudo alzar y ver con claridad, el delito de ese señor.
— Lo siento — dijo con torpeza.
— Nada de perdones, y espero que jamás vuelva a defenderlo.
Seiya empezó a caminar, irritado dando zancados.
— ¿A dónde va, tonto? — Le grité fastidiada, viendo que se dirigía del otro lado de la habitación.
El giró a verme con una sonrisa descarada — A fingir.
— ¿Fingir? — Pregunté desorientada.
— Pretender, ¿qué más da? — Encogió de hombros y se volvió a girar siguiendo dando las zancadas.
— ¡Para allá no es el comedor, señor-que-pienso-todo-con-frialdad!
— Lo sé — Giró nuevamente para mi desconcierto —. Es sólo que no sabe señorita Tsukino cuánto deseo ser amiga de esas ratas, y entre más rápido lo haga mejor.
— ¿Insinúa que usted pronto…? — Empecé a hablar con horror.
— ¿Pronto? — Soltó una risa irritante — ¿No lo dijo ayer por la noche? Escuché que no daban mal los desayunos, creo que es la cosa más inteligente que dijo en la noche de ayer — sonrió de lado, despidiéndose de mí con su mano.
Escuché dos zancadas más y el abrir de la puerta de la mansión.
'¡Serena! ¿Qué demonios estás haciendo? Se fue.'
Aunque era un eco la voz de mi consciencia y no entendía con exactitud nada de lo que había pasado, ¿se había ido? ¿En verdad planeaba hacer caso a la sarta de tonterías que había dicho? Porque yo no lo había dicho en verdad, todo era producto de que estaba realmente disgustada.
'Si estabas disgustada, ¿por qué sigues parada aquí?'
No puedo ir a seguirlo, me contesté a mi misma no muy convencida, me quedé parada ahí, su aroma seguía alrededor de mí, sentí algo en mi estómago un hueco en él, supuse que era porque no había desayunado, gemí, me mordí la uña del dedo índice, ¿realmente él no me podía dejar de esta manera verdad?
'Si que puede y ya lo hizo.'
¡Maldición! No es que realmente me importara. Me puse a caminar, directo hacia el comedor donde me esperaba Luna.
'Nack, lugar equivocado, dirección errónea.'
No presté atención a la vocecilla de mi razón, de todas formas, si él se quería ir era por algo ¿no es así? El mayordomo me abrió la puerta, Luna se encontraba mirándome con suma atención, ¡ni que se le ocurra preguntar por el hermano de mi Diamante! Bufé fastidiada y me limite a observar los dos platillos, el de él y mío, sentí un retortijón en el estómago, me sentí mal, vacilé un poco antes de que uno de los mayordomos se ofreciera con gentileza a darme el asiento. La comida era ligera, principalmente consistía en un tazón de frutas finamente picados y con mi entrañable jugo de naranja, sorbí un poco de jugo, miré por el rabillo del ojo el asiento que debería de ocupar Seiya Black.
— ¿Salió a cabalgar, señorita Serena? — Luna habló neutral, recordaba ella tan a la perfección los protocolos de trabajador-dueño que eso a veces me aterraba.
— Yo no… — bajé la vista aún más, perdiéndome en la frutilla de mi tazón, ¿qué le iba a decir? ¿Lo corrí? ¿Qué el plan que le había dicho si lo había aceptado? — ¿Sabes una cosa?
— Dime, señorita Serena — todo estaba tan vacío y hacía un eco horrible ¿se tardaría Diamante? ¿Así estaría toda mi vida mientras no llegaba mi Diamante? Y es que pese a que me encantaba charlar con Luna, eso no siempre iba a suceder, porque ella tenía sus deberes y el tedioso protocolo, tomé una decisión en ese mismo momento en el qué pensé eso ¡qué diablos!
— ¿Sabes? — Puse el tenedor en modo vertical en medio del plato, Luna me miró extrañada, el mayordomo se me acercó para retirarme el plato intacto de mi tazón de frutas — Hoy parece un esplendido día…
— Así es señorita Serena — asintió Luna con preocupación, sabía que no encontraba la coherencia del porqué de repente se me había parecido una estupenda idea decir en forma educada que no me apetecía comer…al menos no en la mansión.
— Como para salir por ejemplo — Enarcó una ceja mientras yo sonreía de oreja a oreja —. Salir a comer en alguna posada…
— ¿En las posadas? — No pudo disimular su asombro y estaba segura de lo que vendría después, casi lo podía decir palabra por palabra lo que apenas iba por escuchar — ¡Señorita Serena! ¿Segura qué en una posada? Pero ¡odia las posadas! Dice que la comida es de lo más corriente, que está grasosa… ¿si está segura?
— Claro — afirmé.
Luna abrió los ojos como platos, y después arregló su compostura — ¿Planea ir a alguna posada en particular? ¿Se le avisará al señor Seiya Black?
Medité unos segundos, claro que Luna no sabía nada de Seiya Black. Y bueno, no es que él supiese de posadas y eso ¿tenía dinero para todo esto, él? — A la posada de la señora Tomoe… — reí divertida — Y no, no se le avisará al señor Black — me levanté del asiento.
Luna asintió — Por favor — le dijo al mayordomo en un tono autoritario y suave —. Arreglen un carro, para la señorita — cuando el mayordomo asintió y salió del lugar, me giró a verme — ¿Estás segura, señorita Serena?
Le sonreí — Nunca había estado tan segura — salí del lugar, preparándome para ir a esa posada —. Si Seiya Black no va a Serena Tsukino, Serena Tsukino traerá a rastras a Seiya Black — por alguna extraña razón, me sentí más feliz que Seiya Black, me cuidaría por quién sabe cuánto tiempo.
¡Hola! :P
Francamente he estado ocupada, y bueno, espero en Gosh que mis peleas con mi "querido" pisciano al menos funcionen para hacer este un fic más interesante porque la verdad sea dicha que: los problemas de algunos son risas para otros, o algo así era ese mugroso dicho. Al menos algo bueno se le tiene que sacar de mi relación para diversión de las demás.
Para las personas que me dijeron en sus reviews sobre qué onda con Seducción Mortal no he escrito nada es la verdad, pero ando pensando en ello, no la descarto ni nada por el estilo, no lo voy a dejar más si el vampirito Seiya ya conoció a Serena, so, prometo que haré lo más rápido posible.
Quiero agradecer a: Miss-Odango, Seiya-Moon, Bultmita su, Hotaru no Hikaru, Kokoro Lust, Loyda Astrid, Sailor Lady, Kawaii Bitchy, Tomoyosei, Sakurita, Paty, Rossa y Loly Kou.
Y a los lectores de las sombras que sólo leen.
¡No olviden dejar reviews! C:
●๋•Ashαмєd●๋•
