Hola mi gente bella. Lo sé, no tengo perdón de parte de ustedes, sé que ha pasado una eternidad pero al final me encuentro dejandoles el capitulo 8. DIOS... me costó bastante inspirarme, pero ahí va la cosa. jajaja Espero que les guste este capitulo, el 9 ya esta en elaboración, así que esperenlo pronto, ya que va a estar muchísimo mejor que este capitulo relleno xD! Sorry! Pero era necesario! jajaja
Gracias a todos por sus comentarios, y espero que me dejen sus reviews para este. Un abrazote y se cuidan!
Love ya!
Capitulo 8
— ¿Le gusta la comida italiana, profesor? — pregunto Sango, quebrando el hielo que se había formado en la atmosfera.
Rin había estrellado su mirada en su amiga Sango. ¿Qué demonios pensaba en invitar a su profesor a la mesa? No sabía cómo comportarse, su corazón latía aceleradamente, se sentía nerviosa, sudaba ligeramente y su entrepierna estaba excitada. Con solo saber que estaba a su lado, su cuerpo lo reconocía como su dueño soberano.
— No dudo que el paladar pide pasta italiana de vez en cuando. — respondió, observando a la camarera que lo observaba extasiada. Hizo un ademán con la mano para que se le acercara.
— ¿Qué tal estamos el día de hoy? ¿Qué les apetece pedir para comenzar? — pregunto una mesera con una sonrisa de oreja a oreja. Su cadera se contorneaba cada vez que Sesshoumaru volvía a verla.
Sango y Kohaku estaban perplejos, tenían más de media hora de estar sentados sin siquiera ser vistos por alguno de los meseros, y vino ese hombre tan despampanante y en menos de cinco minutos ya había acaparado a la mesera más cercana.
Sinceramente que su belleza era impactante. Rin estaba más acostumbrada a esas reacciones por parte de las féminas que rodeaban a Sesshoumaru, y recordó cuando este le dijo que no tenía porque sentirse mal ya que él estaba interesada en ella nada más.
— Una botella de vino, el mejor de la casa. ¿Beben vino? — preguntó a sus acompañantes de mesa.
Todos asintieron con asombro.
— Profesor Taisho… — murmuro Rin, pero este la corto de entrada.
— No se preocupen, hoy invito yo. Siéntanse libre de pedir lo que quieran. — replico, mientras recibía el menú de la mesera.
— Oh muchísimas gracias Profesor. Por cierto, permítame presentarme formalmente. Mi nombre es Sango y él es mi hermano Kohaku. Soy la compañera de dormitorio de Rin. — replico, mientras sonreía nerviosamente.
— Es un gusto. — respondió secamente. Al final del día, no agradaba hablar mucho.
— Por cierto, Profesor… su clase se ve muy interesante. Lástima que derecho no cursa esa rama. — dijo Sango, mientras sonreía. Trataba que la atmosfera de nervios se disipara de la mesa.
— La literatura no debería de encajonarse en una sola carrera, si usted lo desea, leer es un muy buen habito para tener. — respondió, mientras pedía un plato de espaguetis a la carbonara.
— ¿Qué pedirá usted señorita Rin? — pregunto volteándola a ver.
— Los espaguetis suenan bien, pediré lo mismo. — respondió, esta vez viendo a la mesera.
— Concuerdo con usted profesor, la literatura es algo que debería de ser necesario en esta sociedad. — respondió Kohaku, pidiendo otro plato de pasta mientras regresaba su mirada donde Sesshoumaru.
— ¿Estudia algo en particular? — pregunto Sesshoumaru, observándolo detenidamente.
— Estuve estudiando Filosofía Socrática, y quiero sacar una carrera en literatura clásica. Es probable que termine en alguna de sus clases.
Sesshoumaru lo ojeó. Sería interesante saber si ese puberto sabía algo de literatura clásica.
— Por cierto Rin, dijiste que tienes una tarea de Romeo y Julieta, puedo ayudarte si quieres. Lo conozco muy bien, se habla mucho de él en filosofía. — replico, mientras cambiaba su mirada hacia Rin.
— ¿En Filosofía? — pregunto Rin frunciendo el ceño.
¿Cómo era posible que se viera Romeo y Julieta en Filosofía Socrática?
— ¡Claro! Recuerda que la política está muy bien conectada con la filosofía. Romeo y Julieta, aparte de ser una historia de amor y tragedia, se habla mucho sobre las clases sociales, los niveles de cultura, pobreza y riqueza y todo ello viene del conocimiento de las personas involucradas.
Sesshoumaru levantó una ceja, era probable que ese niño si sabría lo que estaba hablando, además que esperaba con ganas la respuesta de su querida alumna al respecto.
Rin sintió como los vellos del cuello se levantaron, sabia que con mucho disimulo su profesor favorito esperaba qué respuesta le iba a dar a Kohaku.
— Gracias, pero, creo que es un trabajo individual… — titubeo mientras ojeaba a Sesshoumaru.
De cierta forma, Sesshoumaru se sentía orgullosa de ella.
— No creo que al profesor le moleste que te ayuden un poquito, ¿No es así, profesor Taisho? — pregunto Sango con una sonrisa de oreja a oreja.
— Si usted lo desea, algún aporte hacia su tarea no está de mas. — respondió, tomando su copa y beber un sorbo del vino tinto.
— ¡Así que está resuelto! Mañana podre verte un rato, así que buscare algo del material para tu informe. — replico Kohaku.
Sus ojos estaban llenos de alegría, en cierta forma, por un momento le encantaba la idea de conocer más de Rin, y si ambos tenían un tema en común como la literatura, bienvenida era la idea de pasar un rato a gusto con ella, deliberando alguna novela trágica romántica.
Sesshoumaru por otra parte estaba comenzando a sentir celos, no quería saber que su alumna estaba con otro hombre que no fuera el. Y para males, con un tipo tan directo y sonriente como Kohaku.
Las pláticas estaban lideradas por Sango y Kohaku. Las respuestas llegaban casi a rastras de Rin y de su profesor. La comida llego y todos la disfrutaron. En efecto la pasta en ese rinconcito de restaurante era deliciosa, el ambiente era muy acogedor y el vino estaba muy bueno. Sesshoumaru pensaba repetidamente en regresar, pero esta vez solo con su querida alumna.
Una canción de pop actual irrumpió el silencio en la mesa, era el celular de Sango que cantaba a más no poder.
— ¿Aló? ¿Mama? ¡Hola! ¿Ya llegaron? Si aquí está conmigo, en unos momentos terminamos de almorzar, así que podemos vernos en una media hora.
Sango colgó, mientras observaba a Rin y a Kohaku. Quería que intercambiaran mas palabras, pero iba a ser imposible, sus padres habían llegado a la ciudad para verlos un rato, aprovechando que ambos hermanos se encontraba juntos.
— Lamento dejarlos de esta manera, pero nuestros padres vinieron a vernos por unos días, así que tendremos que seguir con este almuerzo ameno en otra ocasión. — respondió, mientras terminaba su copa de vino y observaba a Kohaku hacer lo mismo.
— No es ningún problema, un gusto conocerlos. — respondió Sesshoumaru con un tono serio y cortante.
— Muchas gracias por la invitación Profesor. Para la próxima, pagaremos Rin y yo. — comento, mientras sonreía a su amiga.
— Rin, te veo luego linda. — susurro Kohaku, mientras se acercaba a ella, tomaba su mano y plantaba un pequeño beso sobre ella.
— ¡Kohaku! Deja a Rin en paz. — replico su hermana mientras jaloneaba a su hermano por su camisa.
— Discúlpame por ser un poco anticuado... Profesor, un gusto. Nos vemos. — dijo, mientras los observaba con cierto aprecio a la chiquilla a la par del magnate con cara de asesino en serie.
Ambos salieron del restaurante con un poco de apuro, dejando a Sesshoumaru con su alumna solos en la mesa.
— ¿Un anticuado? Puberto. — replico mientras volvía a tomar otro sorbo de su copa.
Rin dejo salir una risita, no sabía si Sesshoumaru estaba siendo celoso o había odiado la idea de que alguien besara su mano, igual en cualquiera de las dos, se sentía feliz de saber que podía ver esa reacción de parte de su profesor.
— Lo siento.
— ¿Por qué? — Pregunto Sesshoumaru.
— No pude zafarme de la ayuda de Kohaku. — respondió bajando la voz. No quería aceptar el hecho que Sesshoumaru iba a estar incomodo pensando que iba a pasar tiempo con el chico socrático.
— No importa. — respondió. Su mano buscó el muslo de Rin por debajo de la mesa. Acaricio la superficie de su jean, mientras su alumna daba pequeños saltitos cuando sentía que la mano subía hacia su entrepierna.
— Profesor. — suplicó.
— Tenía ganas de tocarte. Esa fue la única razón por la que me encontré parado en la puerta del restaurante. Disculpa mi intromisión. — respondió, esta vez acariciando levemente la entrepierna de Rin.
— No importa. Me gustó verlo en mi hora del almuerzo. — respondió, mientras trataba de ocultar la mano de su profesor sobre su entrepierna con sus propias manos.
— ¿Tienes algo que hacer hoy? — pregunto, mientras se servía otro poco de vino.
— Tengo el resto del día libre. — respondió.
Sesshoumaru levantó la mano hacia la mesera, que se apuró a estar en menos de tres segundos a la par de ese hombre tan hermoso.
— La cuenta por favor. — le dijo, antes de que siquiera hablara.
Ambos salieron del restaurante, manteniendo una cierta distancia. No deseaban que nadie viera alguna extraña muestra de cariño. Había varios alumnos y muchas mujeres observaban casi babeando a ese profesor. Rin seguía sin saber cómo era que un hombre como Sesshoumaru se había fijado en alguien tan normal como ella.
Caminaron hacia el auto de Sesshoumaru, había quedado en un parqueo a una cuadra, así que se sentía más a gusto de saber que podía llevar a Rin sin que nadie pudiera hablar al respecto.
Le abrió la puerta como un buen caballero y cerro después de ella. Se apresuro a entrar al auto y cerro después de él.
— Gracias por invitarnos al almuerzo. — susurro Rin. Sabía que quería decir otras palabras de agradecimiento, por soportar el mal trago de Kohaku y aguantar a su mejor amiga en sus momentos de Cupido. Pero no pudo, ya que Sesshoumaru había sellado sus labios con los suyos.
Un beso profundo y pesado estaba ahogándose en sus labios. Esa boca sabía como obligar a Rin a gemir de placer y desear mas. Sabia a vino tinto combinado con su propio sabor, era adictivo.
Soltó a Rin por un momento, pero sus manos aun mantenían el rostro de Rin cerca del suyo.
— Quería besarte desde que te vi. Y el vino no hizo nada más que empeorar mi valentía a hacerlo. — susurro, solo para que ella, su hermosa estudiante lo escuchase.
— Sesshoumaru. — susurro, mientras posaba un beso mas pequeño sobre sus labios.
— Maldición, vámonos de aquí. Quiero cogerte, ahora. — respondió, mientras encendía su auto y se encaminaba hacia su apartamento.
El corazón de Rin dio un vuelco, esas palabras la calaban por dentro, saber que con solo escucharlo decir algo así, se ruborizaba y su excitación crecía. Aunque algo estaba cambiando, era posible que deseara algo más que puro sexo con su profesor, estaba entrando a terreno desconocido y por un momento algo se disparó en su mente, estaba comenzando a sentir más que deseo por su profesor de literatura.
Continuará...
