Nota: Si alguien tiene que agradecer que ande a las 02:00 am (hora de México) terminando el capítulo es a Marisu, porque me trae de esclava T.T y no puede esperar dos semanas más ¡qué injustica! Jajaja pero igual y así te quiero loquis :D


"Cuando amamos no tenemos ninguna necesidad de comprender lo que sucede, porque todo pasa a suceder dentro de nosotros."
—Paulo Coelho


¿No vienes conmigo?

Capítulo 5.

La luz del sol era algo brillante, me lastimaba los ojos, Luna me miró con extrañeza aún. En cambio le sonreí, fingiendo cierta naturalidad. Aunque en realidad lucía nerviosa y triste, nunca creí capaz que Seiya Black se marchara dejándome completamente sola en la Mansión, aunque también estaba furiosa ¿quién se creía ese cretino dejándome así nada más? Rubeus tosió, me sorprendió que él nos acompañara a la posada, abrió el Mercedes Benz 300.

— El chofer salió — Luna habló algo molesta y miró con desdén a Rubeus quien hizo un mohín.

Abrió la puerta del coche, lastimaba al sólo mirar la carrocería de un negro fino y bien pulido — Señorita Tsukino — asentí y me metí dentro del carro, Luna se metió tras de mí, después se cerró la puerta.

Se instaló en el asiento del conductor y el motor se encendió, sonreí y era realmente raro. ¿Cómo podía sonreír cuando mi Diamante se hallaba lejos, demasiado lejos? Desvié la vista hacia la ventana, observando el inmenso jardín, las arboleadas que se entrelazaban unas contra otras y como la inmensa Mansión se quedaba atrás, la gente trabajaba, algunos en el jardín otros llevaban canastas de algo que no supe identificar. Me sentí nuevamente extraña, como si la partida de Diamante me hiciera sentir nueva, libre, como si todo lo que quisiera, pensara y deseara era sólo para mí y para nadie más. Que aquellos espasmo de la vida serían lo que yo decidiría que no tenía a alguien a quién apoyar, sólo egoístamente a mí.

— ¿Te sientes bien? — Luna se metió dentro del carro, después de un gruñido por parte de Rubeus, la miré sonriente — De acuerdo, me estás asustando ¿qué hizo el señor Black?

— Nada — Encogí de hombros con simpleza, demasiado simpleza en realidad.

Luna entrecerró los ojos, no creyéndose nada para variar pero yo desvié la vista odiaba cuando me miraba de esa manera inquisitoria como si fuese mamá… inclusive como si tuviese mucho más poder que mi madre verdadera y creo que muy a mi pesar ella tenía más peso que mi propia madre. Rubeus arrancó el carro y me extrañó dirigiendo mi mirada hacía Luna.

— ¿Rubeus? — Arqueé una ceja — ¿Y qué pasó con el mismo conductor?

Luna suspiró — Nos va a acompañar en casi todo ¡qué fastidio!

— Bruja… — rezongó.

— ¡Rubeus! — Lo regañé y él me miró entrecerrando sus ojos más frustrados de esta situación que yo misma — ¿Por por qué?

— Porque el Señor Black le pareció mejor que un… — con sus dedos hizo unas comillas imaginarias burlándose — hombre nos cuidara, claro que en verdad se perdió el tiempo, sólo veo tres mujeres aquí.

— Mira bruja… — Rubeus apretó el volante — Si no te parece díselo al amo, pero aquí se acata lo que yo digo.

Lo miré desdeñosamente — Que quede claro que se hace lo que yo digo Rubeus si es que no te gustara que le hable a Diamante — Rubeus me fulminó con la mirada —. Y Diamante no me dijo nada, así que las cosas seguirán igual que antes, exceptuando el hecho de que nos acompañaras ¿entendido?

Rubeus asintió, gruñendo por debajo. Volví a desviar la vista de Luna. No quería decirle por qué deseaba ir a un lugar de esos ¡Dios mío! ¡Iba a desayunar en una posada! ¡En una posada! No sé porqué apenas había comprendió la situación ¿qué me había motivado? ¿Simplemente porque quería al señor Black en mi casa? ¡Él podía hacer lo que le plazca! Podía marcharse si así lo deseaba de cualquier manera él se iba marchar y gastarse los miles de libras que le quedaban, y embarazar a muchas y tener miles de bastardos por allí, entonces… ¿qué me motivaba hacer todo esto? A bajar mi estatus e irlo a buscar a la estúpida posada… Me hundí más en el asiento, molesta por mi impulsividad.

— Rubeus — alcé la vista y él me miró por el retrovisor, estaba decidida a decirle que regresáramos a la casa, pero me detuve, ¡ni supe por qué! Miré al lado, hacia la ventana y descubrí que ya estamos lejos de la Mansión — ¿Ya casi llegamos?

— Falta poco — fue su respuesta seca.

Luna no dijo nada en el camino, quizás no quería bombardearme de preguntas todas sosas enfrente de Rubeus. No se veía ya la ciudad, en realidad no conocía la posada de la señora Tomoe, ni conocía a esa tal señora, sólo la llegaba a conocer porque escuchaba a los criados.

'¿Por qué le dijiste que se marchara Serena?'

¡Já! ¡Ahora resultaba que mi propia consciencia me echaba en cara! En primer lugar, yo nunca le dije que se marchara, todo había sido producto de que me había enojado y nada más, como si en verdad me importara el hecho de que se largara.

'Pero lo hiciste… ¡y te importa!'Por supuesto que no me importaba… me fastidió y me hundí en el asiento, Luna me miró por el rabillo del ojo pero no dijo nada ¿cómo podría importarme un asesino? ¿Te has puesto a pensar en eso consciencia? ¡Asesino!

'Ambas sabemos que eres lo suficientemente buena como para darle asilo al supuesto asesino, y si no te importara ¿por qué vas personalmente tú? En vez de que él te pida asilo de nuevo.'

¡Cállate! Hundí mis uñas en las palmas de mis manos ¡es estúpido que hablé conmigo misma! ¡Simplemente estúpido! ¡Estúpido pensar que le daría asilo a Seiya Black! Como del también estúpido pensar que me importaba de verdad, me preocupaba hasta cierto punto…porque era mi familia y eso pero nada más.

'Si, yo también digo que es estúpido todo esto'

— ¡Llegamos señorita Tsukino! — No me percaté que el carro estaba estacionado. Rubeus salió del carro y abrió la puerta brindándome su mano para salir de ahí con delicadeza.

Ayudó a salir a Luna con asqueo. Era provincia sin lugar a dudas, los animales pastaban y sonreí de lado tranquila, no sé porqué siempre me habían hecho pensar que las posadas eran lo peor de lo peor. Caminé tres pasos sin esperar que Rubeus sacara la sombrilla, a veces pensaba que si el sol no me quemaba iba a morir cuando los rayos del sol me tocaran.

La casa lucía algo vieja pero grande, podría decirse que era una cuarta parte de la Mansión, de dos pisos con ventanales grandes, olía a comida. Era blanca, daba confianza esa casa lucía hogareña, eché a correr, olvidándome por unos segundos de Seiya Black, de Luna, y de Rubeus, nadie me estaba diciendo qué hacer o qué no hacer. Las puertas estaban abiertas, eran de una madera pesada con vidrios cortadas en ellas, había unas escaleras principales, casi no había gente, me sorprendió puesto que era temprano.

— Bienvenida — me sonrió una pequeña, jovial, tenía el pelo corto y negro, con ojos increíbles de un morado intenso, la miré maravillada — ¿Busca alguna recamara? Tenemos bastantes ¡oh qué tonta! ¿Ya desayunó? Mi hermana hizo un pastel de manzana increíble, a decir verdad es lo único que sabe hacer bien — Soltó una risita — ¿No tiene equipajes?

Sonreí como idiota — Me gustaría desayunar y no…no traje equipajes — desprendía un aroma a vainilla.

— ¿Viaja sola? La zona es tranquila pero es una mujer y es muy hermosa, luego los hombres allá por las colinas son medio brutos con las mujeres.

La chica me caía bien, cuando entramos al comedor, no estaba Seiya Black pese a que lo trataba de buscar con la mirada sólo había algunos chicos escoceses, me miraban con cautela, eran de clase media o simple viajeros se les notaba en su forma holgada de vestir, en sus trajes poco trabajados, me senté a dos asientos de ellos, los más jóvenes me miraban con perspicacia, alcé la vista con altanería. Minutos después Luna llegó junto con Rubeus y aquella chica que no sabía su nombre.

— Estas personas dicen conocerte — Habló la joven y yo asentí —. Por favor siéntense, el desayuno pronto estará listo.

Luna se sentó a mi lado y Rubeus enfrente de nosotras, vigilándonos y vigilándolos siempre con cara de asco.

— ¿Segura que quieres desayunar aquí? — Soltó de improvisto Luna, ella no estaba acostumbrada a tantas personas, al menos no de esa clase, y pese a veces estaba acostumbrada a hacer banquetes todo era predicho.

— Sí, Luna la gente no se ve mal, la jovencita es muy amable — sonreí y bajé la voz —. No nos hará ningún daño estar con viajeros decentes verdaderos, no como el señor Black todo un mujeriego.

— Hablando del señor Black… ¿dónde está? — Susurró, mirando hacia atrás, suponía que miraba a las personas — Los británicos no me ponen segura Sere, en realidad desconfío de ellos — habló atropelladamente.

— ¿Pero qué cosas dices? — Fruncí el ceño — Yo soy británica, todos lucen escocés o irlandeses en su defecto ¿de dónde sacas eso?

— Quizás — balbuceó —. Sabes cómo son los británicos, ustedes son la excepción pero a mí no me tienen en buena espina los británicos y lo sabe más tu querido Diamante Black — me susurró.

Cuando pensaba contestarle, la pequeña joven llegó, dejándonos un caldo de pollo, ¡pero no estaba enferma! Sonreí forzadamente y asentí, nos dejó los cubiertos ¿estarán desinfectados? Agarré la cuchara sopera y lo examiné de un lado a otro.

— ¡Hey, británica! ¡Están más limpios que cuando yo me baño! — Soltó burlón, su acento era escocés se escuchaba demasiado cargado y podría asegurar que me odiaban. Nunca había pensando en las consecuencias, pesé a que vivía en una región Escocesa, nunca me había pensando a imaginar la delgada línea de odio que mantenía mi "pueblo" con su "pueblo" pese a ser todos un solo país.

— ¿Podrías dejar a la señorita en paz? — Seco, brusco, también con su acento escocés, Rubeus habló, sin prestarle atención, sólo sorbiendo el caldo.

Miré que el otro prestaba a contestar pero su amigo, compañero de parranda o lo que fuese le codeó las costillas negando la cabeza — Lo siento, siempre se porta así — se excuso tontamente.

— No te preocupes — soltó al fin Luna por mí, su voz suave y tranquila le llamó la atención al apuesto joven.

— ¿Se quedaran mucho tiempo? Puedo enseñarles el lugar si no es mucha molestia — su amigo soltó una queja.

No lo miré después, estaba segura que me querían fuera del mapa, Rubeus miró la escena frunciendo los labios ¿en realidad Rubeus amaba a Luna? Tampoco presté más atención a su plática, discretamente me moví del asiento, sólo escuchaba gruñidos por parte de su amigo del joven y bufidos por parte de Rubeus y palabras barridas por parte de Luna y el chico escocés.

El caldo no sabía mal después de todo. Estaba ansiosa sin saber nada del señor Seiya Black ¿qué tal si él había ido a otra posada? Más le valía que no. Le di vueltas al caldo, en realidad no me gustaban los caldos, se me hacía comida para gente enferma y yo no estaba enferma de nada. Llegó una segunda chica con varias rebanadas de pastel de manzana, supuse que era su hermana, era más pequeña aún ¿serán las hijas de la Señora Tomoe? Me puso el pastel sin sonreírme yo tampoco lo hice, vestía con ropas de hombres. Pensé por unos momentos que podría haberme envenenado el postre, por el rabillo del ojo miré a Luna que se le pasaba estupendamente con el escocés y a Rubeus y a su amigo furioso.

Corté un pedazo, estaba tibio, no lucía bien, nada comparado con los chefs que hacen mis propios postres, no lucía ni olía ni la octava parte de lo que ellos hacían, lucía bien, si no conocía la comida por más de dos días. De cualquier manera, la probé. Qué equivocada estaba, si pudiese decir que eso sabía a la comida de mamá lo diría, tristemente madre jamás cocinó. Sólo Luna y sabía exactamente igual o inclusive mejor, la manzana se derretía en mi boca, mi paladar lo degustaba increíblemente en un santiamén lo degusté y devoré.

Sonreí, si estaba o no el señor Seiya Black no me importaría, al menos había valido bien la pena salir de allí, siempre estar encerrada en la Mansión, tampoco es que me llegase a enfermar por comer comida hecha en casa. Recogí mi plato y me fui rumbo a lo que pensé que era la cocina, la casa era muy grande y era obvio puesto que era para hospedar a los viajeros. Además que mi olfato me indicaba que iba en la dirección correcta, sonreí. Mientras más me acercaba podía escuchar voces, supuse que eran las voces de la señora Tomoe. La puerta estaba abierta. Cuando entré me quedé petrificada al ver la escena. La joven ¡la que me había caído bien! Estaba platicando muy amenamente con ¡Seiya Black! ¡Con el señor Seiya Black! Me escondí detrás de un almacén que estaba pegado en la puerta. Reían… ¡qué tonto! ¡Qué grandísimo tonto! Estrujé el plato hacía mí más y más.

— ¿En serio dicen eso de mí? — Rió la joven, su hermana los miraba y soltó una carcajada — ¡Pero aún no estoy vieja!

— Las reputaciones qué rápido pasan — golpeó con suavidad el hombro de su pequeña hermana, o al menos quise pensar que era pequeña —. No sé quién habrá empezado a decir eso.

— A mi me lo dijeron — lo podía ver, por la esquina de un espejo, sólo esperaba que él no se haya percatado de mi presencia, se recargó en la silla de madera —. Una británica.

— ¡Ahg esos británicos mal paridos! — Vociferó la pequeña — Sólo porque no hacemos la nariz de asco, ya piensan que todos somos unos cerdos.

— Rini, no digas eso por favor — sonrió con nerviosismo y el señor Black se echó a reír —. La gente te podría escuchar.

— ¡Qué me escuchen lo que opino! — Chasqueó la lengua — ¿Cuánto tiempo planea quedarse por aquí Black?

— Seiya — le corrigió él —. Lo suficiente para que su hermana me haga caso — Rini soltó una risa cálida, el señor Black agarró las manos de las joven la estrechó con las de él. Rechiné los dientes ¡grandísimo cretino! ¡Yo que quería que regresara a la casa! — ¿Me vas a ser caso, verdad señora Tomoe? — Barrió las palabras con dulzura. Abrió los ojos desmesuradamente ¡Señora Tomoe! ¡Ella no podía ser la señora Tomoe!

— No me digas señora — soltó una sonrisa, se sonrojó y deslizó su mano suavemente a su costado —. No sé en verdad por qué me dicen así los británicos, ni siquiera nuestra madre que en paz descanse se llama como yo; Hotaru.

Solté un grito agudo suave ¡Conque ella era Hotaru Tomoe! ¡Y lucía tan tranquila! ¡Y Seiya Black! ¡Grandísimo Don Juan! Iba a salir y darle su merecido y yo… yo… ¡él quería! ¡La estaba seduciendo! Y la supuesta Rini no hacía más que reírse como tonta y esa Hotaru Tomoe no hacía más que ponerse toda roja ¡qué tontos eran todos! Rechiné mis dientes, iba a salir de mis penumbras y…

'¡Lúcete! ¿Qué piensas hacer? Duele…'

Si duele, entrecerré los ojos, no sé qué habían dicho pero se reían tan campantes. Duele porque quería que me cuidara.

'Duele porque anda con otras y no contigo.'

Fruncí el ceño, mirando cómo le besuqueaba la mano a Hotaru. Eso estaba fuera de discusión, que se acostara y que estuviese con quién quiera. Como si me importara.

— Entonces… — le llevó su cabello negro a su oreja, ese maldito cretino, tonto, tonto, tontísimo — ¿Me vas a enseñar el jardín?

Bajó su vista — Será un placer — apenas si musitó. Se levantó de la mesa y se quitó el delantal dejándolo en la mesa — ¿Si me harás el favor de cuidar…?

— No digas más, anda, sal con Seiya — hice un mohín ¡ya lo tuteaban! — No será cargo para mí — Se inclino hacía ella y le susurró algo que no pude alcanzar a escuchar.

— ¡No Rini! — Y después se puso completamente roja — Entonces —se giró al señor Seiya Black —, ¿me haría el favor?

— ¿Favor? — Habló ofuscado, fingido por supuesto — Tú me haces el favor en desperdiciar su tan valioso tiempo en mi — le guiñó el ojo, refunfuñé.

Apreté un poco más el plato, cuando ella soltó una risita de emoción y nerviosismo. Miré con discreción creyendo estúpidamente que él en verdad no saldría con ella, que en verdad regresaría a la Mansión a cuidarme… que en verdad yo… ¡qué ingenua! ¡Agh! Pero esperaba que eso en verdad no pasara que todo fuese producto de mi entera imaginación, cuando miré, sentí un balde de agua fría caer… él había salido agarrado de la mano de Hotaru a la parte trasera de la casa ¡Él la había sacado! ¡Y ella…! ¡Odiaba a Hotaru Tomoe! Por hacerme pensar que era una chica linda, buena, tierna y de confianza. Apreté más el plato y este crujió, apreté mi labio y no sentí ardor, ¿por qué me enojaba? En realidad ¿por qué lo había buscado?

Pensé que se arrastraría hasta mí, volviéndome a pedir perdón porque me lastimó el brazo y retorciéndose que no podría vivir lejos de la Mansión, pero al parecer el Don Juan la estaba pasando estupendo con aquellas jovencitas que bien podrían ser sus hermanas pequeñas, maldito libidinoso, rabo verde, patán, ruin.

— ¿Qué haces aquí? — Me miró inquisitoriamente la hermana — Por si lo sabes es la cocina, ningún visitante puede entrar aquí — ¡Por supuesto que no! Ironizó mi mente — ¡Vaya! ¿Te encuentras bien?

— ¿Por qué lo dices? — Hablé tajante, tampoco ella me caía bien, después de escuchar como hablaba mal de mis compatriotas, ya no quería seguir en esa posada me sentía estúpida.

Me miró pero no respondió se dio la vuelta, la fulminé ¿quién se creía? — Toma — me brindó un trapo — Te cortaste ¿no sientes? — Bajé la vista y tenía razón, me había cortado, había roto el plato, abrí los ojos impresionada — Eres una británica rara — eso me molestó.

— Eres una escocesa poco amable — refunfuñé, ella se echó a reír mientras recogía lo que había roto con mis propias manos —. Y no me duele.

— ¿Pero cómo te lo hiciste mujer? — Tiró los pedazos de plato — ¿Se quebró?

— Supongo — vacilé —. Sólo venía por un poco más de pastel de manzana.

— ¡Oh! — Cuando terminó de recoger los platos me indicó que me sentara en la silla — Bueno se acabó — dijo con simpleza.

— Te pagaré el plato que rompí — Me apresuré a decir.

— No hace falta, uno menos no nos hace daño — Me quitó el paño y me miró la herida —. No es profunda se te quitará pronto, pero dolerá un poco, siempre las heridas pequeñas son las que más fastidian.

— En serio no me cuesta…

— Y lo sé — se burló y me miró de arriba hacia abajo, decodificando mis ropas —. Pero no quiero que pagues por algo así — dijo entre dientes.

Le caía mal y eso se le notaba a leguas, no había plática me miraba raro, como si apestara, como si el simple hecho de estar ahí estuviese mal, enteramente mal. No sabía qué decir, sentía que me tiraría de loca, no podía empezar por hablar del clima porque algo dentro de mí la sentía como una pequeña rival.

— Así que tu eres la famosa Doña Black — finalmente habló, algo seca, limpiando el cúmulo de trastes que estaban en el lugar. La miré con rareza.

— ¿Doña Black?

— En realidad ese es tu segundo apodo, el otro no es muy lindo, pensé que ibas a ser más…materialistas eres sencilla, ¿sabes? Su hermano se hospeda aquí.

Apreté el paño y quise decirle como: ¡Ah! ¿En serio? ¡No me digas! Ya lo vi flirteando con tu hermana. Pero algo me lo impidió, fingí desconcierto e incredulidad quería saber qué les había dicho el señor Seiya Black a esas niñas.

— ¿En serio?

— Sí — volvió a abrir la llave del agua y se dispuso a remojar a aquellos que tenían grasa — Es una persona agradable si buscan mi opinión, han sido tantos los mitos que lo vinculan con él, pobre chico.

— ¿Por qué? — La miré extrañada ¿quién era ella para juzgarlo? — Puede que los mitos que dicen sean verdad…

Ella soltó una risa burlona, larga y estruendosa, dejando de lado lo que estaba haciendo para verme directamente — Señorita, los mitos no son reales ¿comprende? Las calumnias son sólo para eso para calumniar y fastidiar a la gente, como por ejemplo usted o mi hermana. ¿Sabía que a mi hermana le dicen señora Tomoe? ¡Por dios! ¡Señora! — Volvió a reír — Ni siquiera tiene veinticinco años y ya es todo una señora, así llegó Seiya Black preguntando por una tal "señora Tomoe" porque así una joven maleducada le había dicho de este lugar — me encogí en mi asiento con vergüenza, yo había pensado que la señora Tomoe era una persona gorda, fea y bruja. Después me molesté con Seiya Black, conque había dicho que una maleducada ¿eh? — Y a usted, supuestamente era una lambiscona que buscaba dinero porque su padre había quedado pobre ¿puede creerlo?

Fruncí las cejas — En realidad no, puesto que las dos cosas son falsas.

— Eso mismo digo yo respecto a Seiya — se volvió a voltear para seguir lavando los trastes — Nos contó ciertas cosas…y ¡vaya! Lo que la gente de la supuesta alta alcurnia no tiene nada mejor qué hacer, sólo fastidiar y distorsionar el mensaje.

— Por ejemplo — no sé porqué me interesaba la plática, pese a todo Rini tenía buena charla — Si alguien muy cercano a él dijera algo sobre su vida… cosas malas, hipotéticamente hablando.

Rini meditó unos segundos — La verdad saldrá a la luz tarde o temprano, los hechos son los hechos, señorita. Aún cuando diga la verdad esta persona cercana y mienta la otra siempre se sabrá ¿no lo cree? Y aplicaría lo mismo si fuese al revés. Creo que lo más triste es que nos mienta la persona que queremos — hizo una pausa — ¡Mire ahí viene Seiya! ¿No quiere conocer a su pariente? ¡Viene con mi hermana! ¡Hacen una pareja estupenda!

Sentí un dolor en el estómago y otro dolor más en el pecho — Lo siento pero debo de marchar ahora.

— Ya veo — se volteó a verme — ¿Segura que se siente bien? No tiene buena cara, ¿le duele mucho?

— Estoy bien, Rini — ella me miró extrañada — Lo siento, escuché tu nombre — soltó a reírse de buena manera.

— Estos británicos me sorprenden, ¿cómo se llama? Claro aparte de Doña Black.

Hice un mohín y sentí un radar de peligro en mi cuerpo al verlo casi cerca de mí, hablando con diversión y riendo ¿esa era su sonrisa real de Seiya? — Serena Tsukino — contesté con rapidez, el radar estaba más en zona roja que amarilla — Espero platicar después contigo y adoro mucho tus pasteles — sonreí y ella me regresó el gesto.

Partí del lugar, sin esperar su contestación, quería llorar pero no sabía por qué y en realidad ni debía de llorar ¿por qué? ¿Para qué? Y aún así traicioneras salían las lágrimas, me escondí. No quería ver a nadie, porque no quería contestar preguntas que no sabía. No era como lo había imaginado en realidad y apenas si era medio día quizás o un poco más. Me dolía la nariz y la frente, ¿qué esperaba?

'Que viniese contigo…por ti'

No, quería que viniese por mí, a cuidarme. ¿Qué clase de lástima daba? Apreté el puño, era suficiente si él quería venir que viniese si no quería venir pues también antes estaba feliz sin su presencia y ahora no lo necesitaba en lo más mínimo. Me levanté y me acomodé el pelo suelto. Cerré los ojos y respiré tranquila tratando de quitar el hipido que me salía por mis tontos lloriqueos. Marcharía a la Mansión, nunca debí de haber salido ¿a quién le importaba estar ahí? Si tenía el suficiente dinero genial por él y si no…para eso Dios le había dado eso de Don Juan. Buscaría a Luna y a Rubeus y marcharíamos lo más pronto posible de ahí.

Salí al jardín esperanzada que la hallaría pero no fue así, había un columpio de madera que prestó mi atención en seguida, en realidad el lugar no era tan malo, la gente que habitaba allí era la perversa. Rini lucía buena algo racista quizás, pero su hermana era de lo peor, al menos ella decía lo que pensaba y lo que se le antojaba, el lugar olía a flores más no pude identificarlas, no era nada comparado el campo de debajo de la Mansión, al lado de mi casa sí, era hermoso pero lucía como artificial.

No había sido mala idea después de todo haber dejado en libertad mi pelo, solté un risa de mejor humor, las hojas secas caían y bailaban al son del aire. Caminé tranquila, pensando que realmente estaría sola y que eso era un hecho y nadie lo iba a cambiar. Cuando llegué al columpio me senté en él, dándole la espalda a la inmensa casa, agarrándome de las cuerdas, me picaban y me dolía por la herida que me había hecho pero lo soporté el paño hacía que no doliera tanto. La vista era increíble con todas esas colinas verdes, cerré los ojos pensando más tranquila y profundamente en lo que vendría de ahora en adelante. Tampoco es que necesitara al señor Seiya Black, quizás era un simple capricho estúpido, era lo más seguro de esos caprichos de soledad, además, siempre estaba sola, pese a que tenía mi hora con Diamante, estaba sola, salía demasiado, me daba chequera pero casi no me dejaba salir y Luna trabajaba, mi hermana ya no vivía conmigo. Suspiré, quizás salir de la Mansión no sería mala idea, quizás salir algunos días estaría bien.

Sentí como el columpio se balanceaba, abrí los ojos, veía acercarse y alejarse las colinas en segundos, mis pies bailaban y mi cabello danzaba al son del balanceo del columpio. Cuando volteé observé a Seiya Black. Fruncí las cejas — ¿Qué hace aquí?

— Meciéndote con el columpio — fue su vaga respuesta.

— Deje de hacerlo ¿quiere? — Traté de poner mis zapatos en el piso pero no pude detenerlo — No quiero que me mezan.

Siguió haciéndolo — Lo dejaré de hacer hasta que hablemos…

— ¿Hablar de qué? — Volteé — No hay nada de qué hablar, en realidad es de mala educación que yo este de espaldas.

— Te soltaste el pelo, luce mejor así — llegaba su fragancia, sentí un calor por mi cuerpo — Hay mucho de qué hablar y tienes razón, no es bueno que tú estés de espaldas pero temo a que corras y huyas de mí.

— ¡Sabes que no lo haré! — Volteé a verlo fulminándolo con la mirada — Eso es de niñas…

— De acuerdo tu ganas — dejó de mecerme, el columpio dejo paulatinamente la aceleración yo la precipite con mis pies y salté en él corriendo velozmente — ¡Dijiste que eso era de niñas! — Gritó.

— ¡Pues mentí! — Eché a correr abriendo a su lado, corría al lado costado de la casa donde alguna vez hubo caballos.

— ¡Te alcancé! — Me tomó de la cintura con posesión, con firmeza, yo lo golpeé con torpeza.

— ¡Déjame! ¿Cómo te atreves?

— Me atrevo porque estás a mi cuidado, así que hablaremos y no escaparás — con sus brazos me volteó, yo le miraba el pecho quería salir de ahí — ¿Te encuentras bien?

— ¡Por supuesto! ¡Como si te quisiera en la mansión!

Soltó una risa, no me atreví a mirarlo — Me refería a tu herida, ¿aún te duele?

— ¡Ah eso! — Olía bien, quería restregar mi cara en su pecho era demasiado tentador, en sus brazos me sentía tranquila. Después fruncí el ceño ¿cómo sabía lo de mi mano? — ¿Cómo sabes que me lastimé?

— En primera porque tienes un paño y en segunda porque me dijeron — su voz chocaba en mi cabello, fuerte y tranquila.

— ¿Ah sí? ¿Y quién?

— Rini — contestó suave — Comentó que una británica torpe rompió el plato supuse que eras tú.

— ¡Ah! ¿Entonces soy torpe? — Lo traté de empujar para zafarme de su pecho — De cualquier manera ¿a qué vienes? ¡Déjame en paz!

— Los hechos son los hechos — habló algo seco y no sé porqué recordé lo que me había dicho Rini, me mordí el labio era cierto, era torpe pero eso para nada había sido torpeza, además si lo pensaba con más detenimiento él nuevamente tenía la culpa de mi herida — Me preocupo por ti, si no lo hubiese hecho ¿crees que estaría detrás de ti?

Finalmente lo miré, su cara inescrutable era difícil saber qué expresaba, sonreía pero sus ojos lucían algo duros, a veces desearía saber qué pensaba — No lo sé y ya no me importa — finalmente vi un hueco entré y él y yo y me salí — De todos modos eres el causante de esto — le enseñé mi mano y volví a echar a correr de nuevo.

Volvió a alcanzarme, tumbándome en el pasto, aprisionó mis muñecas entre sus manos, me miró con fijeza, yo también le detuve la mirada — ¿Por qué soy el causante?

Verlo así me hizo sentirme pequeña lucía… lucía… bien. Sus ojos brillaban, desvié mi vista — Dedúcelo, ¿puedes hacerme el favor de soltarme? Tengo que regresar a la Mansión.

— Lo siento, perdón — se inclino un poco más, su coleta cayó a su costado, lo vi de reojo me miraba expectante — ¿Sólo tú vas a regresar?

— No — lo volví a mirar — Luna y Rubeus vendrán conmigo — me miró más allá, buscando algo, me sentí cohibida.

— ¿Por qué viniste? Tsukino eres la peor mentirosa que he conocido.

—Bueno si lo sabes ¿para qué me preguntas? ¿Eh? — Bufé tratando de zafarme pero él no me dejó, tampoco me apretó más la muñeca, porque pese a que trataba de zafarme no hacía gran cosa.

— Porque lo quiero escuchar de ti, porque quiero saber cómo tratarte, quiero saber qué es lo que te va a molestar, no quiero lastimarte de ninguna manera posible, porque quiero que aceptes mis disculpas ¡maldición!

Por primera vez lo vi molesto, frustrado, algo triste y eso no sé porqué me enojó de alguna manera — ¡Pero lo haces! Se ve que lo pasas genial ¿aquí, no? — El me miró perplejo — ¡Oh, claro que sí! ¿Qué fue todo eso de la salida con la niña esa Hotaru? Eso de que le pongas el cabello detrás de la oreja, se ve que te tienen complacido ¿para qué regresar a la Mansión? Aquí tienes todo lo que pudiste escoger ¿no lo crees?

Seiya arqueó la ceja y sonrió… ¡Sonrió! ¿Qué demonios le pasaba? — ¿Acaso está mal eso?

— ¡Por supuesto que no! Eso es lo que quieres, ¡quédate con ella! ¡Cuídala! ¡Come todo lo que puedas! Te avisaré cuando mi Diamante regrese — Lo fulminé y él desdibujó su sonrisa.

— ¿Sabes por qué lo hice? — No negué la cabeza, pero tampoco afirmé lo miraba enteramente enojada — Ella es linda persona — moví la cabeza para ya no verlo me dolía sus palabras, inclusive más que el moretón que casi se quitaba y mucho más de la herida en la mano — ¡Sí, Tsukino! Ella es una linda persona, pero también es tímida…

— Y le gustas — solté con hastío — Lo sé porque su hermana dijo que hacían linda pareja ¡qué tierno! ¿No crees?

— Es una linda persona, adoro a ayudar a la gente — no prestó atención a lo que había dicho — Tampoco quiere decir que le tenga lástima, ha pasado por muchas cosas, juzgas sin saber Tsukino, eso siempre te pasa y si no escuchas y no aprendes eso te hundirá — Lo dijo áspero — Me cayó bien y la quiero bastante pese a penas conocerlo. Perdona nuevamente no sabes cuán arrepentido estoy por haberte hecho eso, yo no hago eso, no puedo dormir ¡te juro que no puedo dormir! ¿Cada momento me lo vas a recordar? No es nada lindo, no me siento bien — había aflicción en su mirada, dejé de fruncir el ceño para mirarlo, ya no había tanto agarre en mis muñecas ¿por qué me comportaba así de todas formas? — ¿Por qué te lastimaste? ¡Dímelo!

Agaché la vista en realidad no sé porqué lo había hecho, no sabía por qué me había puesto así, me había dolido y me seguía doliendo ese hecho, era como si mi mente sólo pasara eso, ni siquiera con Diamante me había pasado tan así. Con Diamante me frustraba y era escandalosa pero con Seiya Black simplemente me cegaba, la adrenalina se me subía y era raro… había pensado querer a Hotaru Tomoe y en cuestión de segundos la odiaba con todo mi ser, quizás estaba caprichosa porque las cosas no salían como quizás yo hubiese querido que saliesen — No sé, las cosas no salieron como pensé — fue mi honesta respuesta.

— ¿Y cómo esperabas? ¿Estás segura que es eso? — Me zafó de sus agarres y bajé las manos a mis costados, no traté de huir esta vez, simplemente quería permanecer allí.

— ¿Qué más podría ser? — Encogí de hombros — En realidad todo lo decía en broma, no quería que te marcharas, sólo quería no sé, hacerte enojar quizás…

— ¿Enojar? — Arqueó su ceja negra — No te entiendo, pensé que lo habías hecho por otra cuestión — musitó.

— Como te dije Black, no sé porqué a veces soy tan así… ¿cómo qué tipo de otra cuestión? — Arrugué la nariz.

— Antes de eso — habló ronco, suave, varonil, finalmente descubrí en el peligro en el que me encontraba, un peligro muy efímero pero efectivo; él estaba encima de mí, aprisionándome sin dejarme alguna escapatoria para salir de allí, su aliento me pegaba como también su aroma a madera, me sentí nerviosa — De todo corazón, Tsukino perdóname por haberte lastimado — Se inclinó un poco más.

Mi corazón latía demasiado rápido, respiré agitadamente — ¿Me lastimaste? — Alcancé a preguntar.

— ¿Me estás poniendo atención? — Volvió a agacharse otro tanto más, mi cerebro decía: "Peligro, peligro, peligro."

— ¿Eh?

Soltó una risa — Te decía que si me vas a perdonar por haberte lastimado tu brazo — habló con seriedad esta vez — En realidad eso no me deja dormir, me preocupas, tampoco sé porqué pero es así me preocupas.

— ¿No lo sabes tampoco?

— No — sonrió — ¿Me vas a perdonar? — Hizo esa voz gutural, la piel se me puso de gallina al escucharla ¿cómo podía negármele? ¡Cuando hacía esa maldita voz! ¡Cuando me miraba profundamente de esa manera tan cariñosa!

— ¡Sí! — Me sorprendí de mí misma al decirlo con tanto entusiasmo me sonrojé, lo miré y sonreía como cuando le sonreía a Hotaru yo también sonreí así.

— Si, en verdad no eres fea — lo miré feo — Cuando sonríes es la cosa más bonita del momento Tsukino, porque muestras tu verdadero yo, la persona que en verdad eres.

Lo miré seria, no enojada simplemente pensaba ¿la persona que en verdad era? Era algo de cierto casi no sonreía y desconfiaba de los demás como… él — Puede ser — volví a sonreír.

Sonrió tranquilo — ¿Estás segura de que no sabes por qué te pones así?

Se acercó a mí un poco más, podía olerlo más ahora, podía oler inclusive el aroma de su cabello, su nariz estaba escasamente a milímetros de la mía — ¿Ah? — En realidad mi mente no carburó, sonrió con esa sonrisa seductora, pensé que mi corazón se saldría de mi pecho o que me desmayaría justamente ahí, sentí cosquillas en el estómago y me sonrojé aún más al sentir "algo" raro entre mis piernas, no era una sensación como la que Diamante me hacía sentir cuando me tocaba, era otro tipo de sensación.

— ¿Por qué te sonrojas? — Soltó burlón.

Tampoco me molesté por su tono, era demasiado raro, ver sus facciones, su egoísmo, su calidez, tenerlo cerca de mí, pareciera como si él tratase de que me diese cuenta de algo que enteramente olvidaba. Lo veía a los ojos, buscando una respuesta en ellos.

— En realidad no lo sé — susurré, perpleja al tipo de voz que sonó, tampoco era la voz que sacaba con Diamante ¿qué diantres pasaba? ¿Por qué de repente sentía esto? Sentía temblores, sentía algo raro en mi estómago, apreté las piernas de una manera extraña, como si no quisiera que él entrara por donde nacían los bebés ¿por qué no me pasaba esto con Diamante? ¿Era una especie de mecanismo anti-bebés? Pero sentía una necesidad enorme ¿acaso me estaba enfermando? Esperaba que no.

— Yo si lo sé — me susurró en el oído, solté un grito agudo, no de terror, parecía más un quejido, mis piernas se retorcieron y por alguna extraña razón que no comprendí lo abracé, se hundió un poco más. Sonreía nuevamente, mi respiración se volvió loca ¿qué…qué pasaba? ¡En un momento tenía el control de todo! Y de repente ¡tengo el control de la mitad de las cosas! Y lo peor de todo es que la otra mitad le agradaba esa sensación. ¡Por Dios! ¡Le agradaba!

— No quiero saberlo — contesté, solté un gemido cuando la orilla de su mano rozó mi hombro.

— ¿En realidad no quieres saber? — Rozó su nariz con la mía.

Me embriagaba su aliento, su ser, enterré mis uñas en su espalda, mi cuerpo se retorció debajo del suyo. Me sentía sumamente rara, sentía calor recorrer por mi cuerpo, entre mis piernas sentía palpitaciones, era como si todo mi cuerpo le gritara que me tocara, y en realidad no me importaba, porque no sé qué era la sensación pero me agradaba mucho. Con Diamante nunca lo percibí, sentí como una de sus manos bajaba una parte de mi ropa, me besó la frente. Sentí que iba a besar mis labios, podía saborear su beso ¿cómo se sentiría besarlo? Cerré los ojos dispuesta a todo lo que vendría.

— ¡¿Serena eres tú? — Exclamó la voz de Luna, me espanté. Con una de mis piernas golpeé el trasero de Seiya y lo empujé de ahí, lo más lejos y fuerte que mis fuerzas me permitieras. Me levanté riéndome como idiota.

— ¡Ta dán! — Sonreí… ¿había dicho ta dán? ¡Agh, qué tonta! Luna estaba con el chico ese que habíamos conocido en el desayuno sonreía. Luna me miraba atónita, después sonrió como si fuese cómplice de lo que… bueno de lo que fuera eso con Seiya Black.

— ¡Ah señorita Serena! — Rectificó, me subió la hombrera… miró a mi lado, Seiya Black lucía brillante, sentado con una sonrisa profesional de; "aquí no pasó nada todo fue producto de tu entera imaginación" — ¡Vaya señor Black! Es una grata sorpresa verlo aquí — sonrió aún más — Pensé que cabalgaba.

— Y yo pensé que lo iba a hacer — musitó, sólo yo lo escuché porque arqueé la ceja no entendiéndole nada de lo que estaba diciendo, aquí no había caballo, él me miró y se puso rojo al comprobar que lo había escuchado — Yo también lo pensé pero bueno ya todos estamos aquí ¡qué cosas!, ¿no?

— En realidad si señor Black — volvieron a reír forzadamente los dos, y él se levantó del lugar, el cabello estaba despeinado ¡pero yo no había hecho nada! — Lo mejor es que marchemos antes de anochezca, ¿no lo cree?

— Si — apresuré a decir, alisándome cualquier arruga en la ropa y también en el cabello — ¿Y Rubeus?

— En el carro terminamos de desayunar y se fue directo allí — encogió de hombros Luna sin darle más importancia.

Luna se marchó con el chico, no miré a Seiya y fingí toser — ¿Y bien?

— ¿Y bien qué? — Preguntó extrañado.

— ¿No vienes con nosotras?

— No — algo dentro de mi sentí que se había quebrado — Voy contigo, formulaste mal la pregunta.

Sonreí de lado y lo miré — ¿No vienes conmigo?

— Si, a donde sea — sonreí con tranquilidad, me apretó la mano, la agarraba con posesión — Hotaru me invitó a una fiesta de pueblo — comentó.

— ¿Te invito, ah? — Habló enojada, fruncí el ceño — ¿Piensas ir?

Meditó — Sí, si vas conmigo.

— ¿Querrán a una británica? Además no es mala idea, casi no salgo podría ser divertido pero te invitaron a ti, tu queridísima Hotaru.

— ¿Por qué no habrían de querer a una británica quejumbrosa? — Soltó una sonrisa — ¿Escucho celos?

— ¿Celos? — Hice una mueca — Lo que escucharas será mi puño en tu quijada si dices que ando celosa cuando tengo a mi Diamante.

— Olvidé que tienes a tu querido Diamante — echó una buena risotada — Pero a veces lo olvidas…como hace unos momentos — entrecerré los ojos — Miénteme — me retó.

Y perdí pero ¡claro! No se lo iba a dejar saber — Pues no lo olvidé, entonces ¿irás a ver a tu amada Hotaru?

— Quizás — me molesté y quise quitarle mi mano de la suya pero él la apretó con suavidad — Pero quiero que estés conmigo.

Sin percatarme habíamos llegado al carro, no le contesté, me besó la mano y me acarició el dorso de esta. Luna estaba ahí atrás, Seiya no se molestó en sentarse delante cuando Rubeus me abrió la puerta me sentí más tranquila la verlo ahí sentado en el asiento del copiloto.

— Parece que las dos la pasamos muy bien ¿no? — Luna me susurró en el oído, yo me hundí en el asiento avergonzada — No sé porqué tengo la necesidad de decirle bienvenido de nuevo señor Black.

Sonrió, no era como la sonrisa de Diamante, era como si fuera parte de nosotros Luna y no una simple ama de llaves de la casa — El gusto es todo mío de volverla a ver.

Miré como Rubeus rodaba los ojos con hastió. Me sentía mejor, quería descansar nada más había sido un día agotador y cuando pensaba agotador era porque no se comparaba con el día en el que compré el vestido de gala para mi presentación como la futura esposa de Diamante… la futura esposa…

Meneé la cabeza también necesitaba un baño caliente y comida, buena comida aunque en realidad extrañaba el pastel de Rini. Miré a Seiya Black por detrás, mientras recargaba mi cabeza en la ventana del carro y sonreí, en realidad nada había pasado como quería, inclusive había pasado mejor, me toqué los labios que jamás besó, me hizo sentir aquella sensación, esperaba que no me estuviese enfermando de a verdad, bajé la mano a mi lado costado y cerré los ojos pensando en todo lo que había sentido y en Seiya Black, después me quedé dormida en el trayecto regreso a casa.


¡Hola! ;D

Perdonen si no contesto reviews esta vez pero en serio mi trasero me lo agradecerá y también mi cuerpo ¡Quiero dormir! T.T Todas saben que contesto los reviews, pero Morfeo me lo impide T.T

Ahh, también que pese a que Bretaña, Escocia, e Irlanda del Norte es un mismo país, sé por las malas lenguas que hay una fina línea de odio entre ellos xP En fin espero que les guste ;)

Gracias a: Hotaru no Hikaru, Seiya-Moon, Miss-Odango, Bulmita su, Loly Kou, Rossa, Kokoro Lust, Sailor Lady, XxX, Sakurita y aunque sé que aún no llegas bruja vecina a SerenaDulceStar

Y a los lectores de las sombras que pasan por acá

●๋•Ashαмєd●๋•