Este capítulo, está especialmente dedicado a Vale (LESVAL), a quien quiero y aprecio mucho a esa psicoloca jajaja


Confusión e interés

Capítulo 6.

Escuché a los lejos la voz de alguien llamándome, finalmente frustrada y algo molesta me desperté, encontrándome en mi habitación. ¿El señor Seiya Black me había subido? Las cortinas estaban cerradas, apenas si podía ver una minúscula parte de luz en ellas, tenía mi ropa aún, por alguna extraña razón eso me hizo sentirme segura, tenerla bien puesta conmigo. Me incorporé, había sido una mañana agotadora y… extraña.

— Despertaste Sere — fue la voz de Luna quien me distrajo, la habitación estaba a oscuras si no fuera por la luz media-baja que estaba en el buró de mí tocador era posible que ni siquiera alcanzara a ver su silueta —. Te quedaste dormida mucho tiempo — dijo con diversión sonriéndome con sus perlados dientes, para finalmente levantarse de su asiento e ir al mío — ¿Qué pasó? — Me dijo emocionada.

— ¿Qué pasó de qué? — Hablé confundida, rodó los ojos y me tocó las manos.

— Con el señor Seiya Black.

La miré aún si comprender — Pues… nada de la cual me acuerde ¿pasó algo?

Esta vez Luna no pudo ocultar una risa y sonrisa burlesca — Primero que nada, ¿qué hacía el señor Black en la posada de la niña Tomoe y por qué de repente querías ir allá?

Bajé la mirada mordiéndome el labio, algo incómoda, ¿siempre tenía que rendirle cuentas a Luna? ¿O es que era sumamente chismosa? Además… ¿por qué me hacía estás preguntas? Resultaba extraño cuando nunca me hostigaba tanto, sólo cuando quería hablar de eso sobre lo de Diamante pero nada más, ¿tendría un oscuro chantaje? ¿Pero con qué fin? — ¿Y tú?

Luna me observó para después suspirar y meneando la cabeza — No cambias, no importa —encogió los hombros y se recargó en el dosel de mi cama —. En realidad no pasó la gran cosa, ¿sabes? Me acordaba a Artemis… — soltó de repente con nostalgia me sentí incómoda.

— Lo siento — fue lo único que alcancé a decir, no supe qué más hacer, no sabía quién era Artemis.

— ¿Por qué tendrías que pedir disculpas? Así pasan las cosas simplemente, en realidad era una persona cabezota, nada le parecía y yo que pensé que Rubeus estaba crítico, él lo está más — soltó una risa —. En realidad no tiene nada de parecido con Artemis, él es lo opuesto simplemente en lo físico nada más, junto con su amigo iban hacia Cardiff, aunque — sonrió de medio lado, como si recordara algo de repente algo sumamente hermoso —. Lo pase muy bien a su lado, pude notar lo obstinado que era y vanidoso — agregó — ¿Y tú?

— ¿No vas a parar verdad?

— Por nada del mundo — aclaró Luna más tranquila.

Suspiré infinitamente nerviosa, ¿en qué parte empezar y qué omitir? — La verdad…la verdad — bajé la cabeza —. Por mi impulsividad había corrido al señor Seiya Black, le había dicho que la posada de la señora Tomoe era la mejor opción.

Sonrió mostrando sus dientes — Y luego te diste cuenta de tu error y quisiste que regresara a que te cuidara.

— Algo así…si, en realidad me sentí herida.

— ¿Por qué? De cualquier manera eso era lo que me decías que querías ¿no? El plan parecía que estaba funcionando.

La miré malhumorada — Bueno ¿y qué? — Alcé ligeramente la voz, ¿por qué demonios me tenía que preguntar? ¿Qué ganaba Luna de todas formas? — Ya te dije que me sentí herida porque ¡demonios! ¡Me olvidó demasiado rápido y yo soy de su familia!

— ¿Segura? — Sus ojos le brillaron como felino y arqueé las cejas.

— ¿Por qué tendría que ser diferente? — Crucé de brazos — Quiero aclararte Luna, que no hay ningún oscuro secreto detrás de todo esto.

— ¿Por qué habría un oscuro secreto detrás de todo esto? En realidad… — divagó — Me da curiosidad.

— ¿Qué te da curiosidad?

— Tú — Y sonrió alegremente.

— ¿Yo te doy curiosidad? ¡Eso es tonto! ¿Por qué? ¿Por qué no quería estar sola? — Hablé molesta.

— Si, me da curiosidad ¿no soy humana? — Su simpleza me irritó sólo un poco — Nunca necesitaste de alguien a tu lado ¿por qué ahora si?

Su pregunta me tomó desprevenida, tenía razón. No necesitaba de nadie a mi lado antes. Pero antes había sido diferente porque no me apetecía salir y me sentía encerrada y por más raro que pareciera sentía que con el señor Seiya Black podía hacer lo que se me antojara… y lo mejor de todo podía ser yo.

— Bueno eso tampoco viene al caso Luna, lo importante es que ya estamos los tres… ¿sabías que la Señora Tomoe resultara ser una pequeña niña?

— Bueno sí, es bien sabido por nosotros que la muchachita es una niña linda, se sabe de buena fuente que las británicas dicen en un secreto a voces que es fea y vieja, quiero suponer para ahuyentar a los hombres, me supongo ¿también pensaste lo mismo?

— ¡Ah! ¡Por supuesto que no! — La miré malhumorada, conque era una niña bonita, eso no era para nada signo de hermosura, se hacía la mustia que era otra cosa — ¿Me crees tan tonta como pensar semejante cosa?

Hubo un silencio algo así como un: "Puede ser" que quedó en el aire, gruñí — Supongo que no me vas a contar del por qué los encontré así…en el césped.

— Supones bien — sonreí, si Luna me podía cambiar el tema yo también podría hacerlo — ¿Y el señor Seiya Black?

Agachó la cabeza — No lo sé en realidad vine a despertarte, te quedaste toda la tarde dormida ¿no tienes hambre? ¿En serio no me quieres decir nada? — Me miró algo herida.

Por un momento quise decirle que había sentido algo raro cuando él estaba conmigo, sentía una sensación extrañamente placentera y eso me asustaba, temía a que no me pasara nada malo, pero también me daba vergüenza a preguntarle esas cosas, lo más factible era que… — ¿Sabías que al señor Seiya Black lo invitaron a una reunioncilla? — Apreté los dientes.

— ¡Estupendo!

— ¿Por qué es estupendo? ¿Sabes quién lo invitó? — Luna negó con la cabeza, mientras me levantaba de la cama — La mustia de Tomoe, esa niña la invitó — apreté los puños, Luna me miró podría jurar que había hecho una sonrisilla divertida pero posiblemente había sido muy rápido ya que la había desdibujado en un santiamén — ¡Aceptó! Pero siempre y cuando lo acompañe ¡es muy cínico!

Luna en cambio me abrazó fuertemente y me susurró — Irá Andrew — me sonrió, los ojos le brillaban de una manera divertida —. La cena ya está ¿harás el favor de buscar al señor Black? — Asentí algo noqueada, se volteó, abrió la puerta y antes de cerrarla me sonrió, obviamente consciente de lo que había provocado al decirme aquello.

Andrew Furuhata… Andrew…, me caí de sentón en la cama ¿por qué Luna me había dicho todo eso? Recordaba en el fondo de mi corazón a Andrew un chico irlandés de padre japonés. Él había sido mi primer amor, el que me había robado mi primer beso y del cual me había enamorado perdidamente. Lo cierto es que era una persona pobre que trabajaba en el campo de los vecinos, no podía aspirar más, era una persona alegre y encantadora. Recuerdo aquél día que se marchó, lloré como jamás había llorado y dos días no pasaron cuando me comprometí con Diamante.

Quizás era idiota de mi parte, pero podía verme a mí misma con Andrew, teniendo hijos rubios por ahí, de ojos verdes o azules, en alguna casa modesta pero sin más desapareció de mi vida, sólo me había dejado una carta que aún atesoro muy oculta por las manos de Diamante diciéndome que tenía que marcharse porque quería buscar a Reika. Ambos lo sabíamos que yo sólo era una niña en esa época y que él estaba completamente enamorado de Reika, si yo le había dicho que me besara había sido por mi propio egoísmo nada más. Porque yo era la única que lo amaba y lo deseaba en la relación. Y ahora saber que después de cinco años Andrew podría ir ¿cómo conocía a esa niña? ¿Luna cómo se había enterado? ¿Sería prudente ir a aquél lugar? Me mordí los labios no sabiendo qué hacer.

Mientras tanto, tratando de distraer mi mente abrí con cuidado las cortinas. Además tampoco es como si el señor Black quisiese estar conmigo, quizás sólo lo hacía por el mero hecho de verse cordial. Se veía el ocaso en el horizonte, la luz lastimó ligeramente mi iris, torcí mi cabello largo pasándolo por mi hombro ¿qué pretendía Luna? Me puse unos botines cambiándome de zapatos, también agarré el primer suéter que encontré y bajé en busca del señor Seiya Black.

Conocía como la palma de mi mano la mansión pese a que estuviese todo oscuro, un presentimiento hizo que fuera a buscarlo en las caballerizas. Toda esta situación de la fiesta de esa niña me tenía nerviosa y alterada ¡ni siquiera sabía qué día era! ¿Y si Andrew ya no me reconocía? Hacía un poco de frío, mientras agarraba mi cabello insistentemente, mordía mi labio inferior ¿por qué? Mi mente se repetía muchas veces, ¿por qué?

— ¿Piensas en mí? — Escuché su voz varonil, abrí las fosas nasales sintiendo un retortijón en el estómago.

— ¿Qué te hace pensar eso? — Alcé la vista al percatarme que había llegado a las caballerizas, cepillaba al caballo de Diamante, sonreía de lado, no estaba con esas ropas de ejecutivo lucía como Andrew… con unos botones ligeramente abiertos, pantalones de obrero y una sonrisa endemoniada.

— El hecho de que me vienes a buscar pensando en mí, creo que es demasiado obvio, además que ambos sabemos que soy una persona irresistible, con el sólo hecho de necesitarme hace que piensen en mí ¿o no? — Arqueó una ceja.

— No tiene remedio — gruñí —. Si vine es porque Luna me lo pidió.

— Patrañas… antes de que te lo pidiera Luna es posible que desearas saber en dónde estuviera yo.

Abrí la boca y crucé de brazos ¡es… es injusto! — Pues no — Balbuceé —. Sólo pienso en Diamante.

Le dio una palmadita al lomo del animal y se me acercó con un brillo exótico en los ojos — ¿Alguna vez te he contado que las caballerizas son buenas?

— No — comenté —. Buenas ¿para qué?

Soltó una risita — Inocente.

Me enfurecí — Bueno pues… pues Luna dijo que ya estaba la cena si se lo pierde por mí mejor, además ¿por qué diantres vino con nosotras?

— Porque me lo suplicaste…

— ¡Yo no suplico! Además no soy ninguna inocente…

— ¿Apuestas a que sigues siendo inocente?

Mi mente se congeló y me ruboricé, ¿estábamos hablando de lo mismo? ¿O cómo? Miré nerviosa — Es un estúpido ¿lo sabe?

— ¿Yo? — Frunció las cejas sorprendido haciendo voz estúpida — Usted empezó, ¿pero apuesta?

Apreté los labios — ¡Me ha besado Diamante! — Le grité como si de esa sentencia me agarrara fuertemente para ampararme de que ya no era inocente, ni una niña.

— ¡Ah! ¡Qué tonto! — Se pegó en la frente, burlándose de mi sentencia — Con su perdón señorita Tsukino pero esos no son besos.

Me sentí ofendida, demasiado en realidad y lo curioso es que no me sentía así por lo malo o buen besador que era Diamante si no porque de alguna manera sentía que me había ofendido diciéndome entre líneas "tonta e inexperta" — Quizás no lo sean — lo fulminé con la mirada, apretándome las palmas de la mano, solté un chillido suave al recordarme mi herida de la mañana… tonta herida — Pero los de Andrew… esos ¡si que eran besos! — Enfaticé.

Enarcó la ceja, se acercó a mí, observándome profundamente, leyendo mis ojos, respiré con dificultad, me ponía ansiosa tenerlo tan cerca y tan así — ¿Y se puede saber quién carajos es Andrew?

Me miró con cara retadora ¿qué demonios había dicho? Respiré duramente, nunca en toda mi existencia había dicho cosas sólo por decirlas, me había encerrado entre las tablas del establo, tragué saliva a duras penas y traté de retarle también la mirada y que mi voz sonará algo firme — Para qué quieres saber, ¿te afecta en algo?

Apretó la quijada lucía algo tenso y molesto — Sí — dijo con énfasis.

— ¿Por qué tendría que afectarte en todo caso?

Bufó molesto, tenía algo de miedo si no fuera por el hecho de que también cabreado no lucía mal ¿qué demonios hacía para lucir siempre bien? Posó sus manos en mis hombros, apretándome ligeramente, se agachó hacía mí. Nuevamente sentía esa cosa rara en mi estómago, y las piernas se sentían de gelatina y un calor inexplicable corría por mi cuerpo sintiéndolo en mis mejillas, me agarró el pelo mientras sus labios se iban acercando más y más en mi cara, hasta que finalmente se posaron en mi oreja — Porque me interesas — fue un sonido seco, suave, cerré los ojos cuando me lo había dicho nunca había sentido una carga positiva en todo mi cuerpo.

Se separó mirándome, no lucía burlón, algo molesto, mi respiración se congeló. Verlo de esa manera era increíblemente atroz, bajé la vista a sus labios que lucían carnosos ¿qué estaba pensando? ¿Qué era esto qué sentía? Empecé a temblar de miedo o al menos eso quise suponer, pude sentir como abrí mi boca para exhalar con fuerza, me tocó la mejilla que en seguida sentir arder. Se mordió sus labios y mi cerebro no pensaba con claridad, era suya, como un estúpido títere, la situación se me había escapado de las manos una vez más — No aguanto más — dijo a modo de súplica, a modo de contener algo.

Su cuerpo se restregó en el mío y mis pechos hicieron lo suyo ¡grandísimos pechos tontos! Se erectaron al sentir su pecho bien formado, y presentí que si me tocaba sería el fin, así sin más. No sabía qué hacer o qué decir, no había escapatoria — ¿Quién es Andrew? — Volvió intentar medio molesto, medio controlado.

— ¿Andrew? — Alcancé a hablar, pero sonaba más a un gemido… ¿gemido? ¡Oh! Tenía que salir de allí, lo más pronto posible y finalmente no sé si había sido por obra del Señor pero había un espacio entre sus brazos y escapé por allí, echándome a correr no sin antes voltear a verlo — La cena ya está — solté un gritito agudo de exaltación al verlo parado con sus mejillas totalmente rojas y unos ojos inexplicables ¡era el demonio mismo! Y eché a correr antes de que se demonio me embrujara y fuera su títere de nuevo.

Antes de llegar a la puerta de la Mansión, respiré tranquilamente, arreglé mi cabello y entré sin más. Rubeus estaba allí, solté un grito de miedo, me miraba con sospecha, ¿sospecha de qué? Le saqué la lengua y gruñó — La señora Luna la está buscando, señorita.

— Señorita — corregí la falta de atención que le había dado a Luna.

— ¿Señorita? — Se burló — Es tan señorita como yo soy tan caballero — Lo miré con desdén pero no pidió perdón, sin embargo me miró nuevamente de esa manera algo reprobatoria que tampoco supe comprender, a veces suponía que Rubeus estaba algo loco — En el comedor dónde más va estar… — se encogió de hombros y tampoco le di las gracias — la bruja esa — concluyó, pero cuando volteé a verlo para reprenderlo había desaparecido el muy malvado.

Caminé hacía el comedor donde Luna nos aguardaba, alzó una ceja y me miró sorprendida — ¿Dónde te fuiste a parar?

— ¿Por qué lo preguntas? — Me puse toda roja, y traté de arreglarme el cabello y mis ropas.

— Déjalo es caso perdido que te acomodes las cosas, ¿discutieron? — Se acercó a mí, moviendo algo en mi cabello.

— Pues no que yo recuerde, sólo le avisé que fuera a cenar.

— ¿Dónde estaba el señor Black? ¿Te costó trabajo encontrarlo? Debí haberte dicho que estaba en las caballerizas desde un principio.

Por un momento quise decirle la verdad pero una vocecita me decía que mintiera — En realidad lo quise buscar en el jardín que es un laberinto, no sé en qué pensaba peor lo hice, después recordé que le gustaban los caballos.

— Comprendo — dijo Luna — Parece que te fuiste a revolcar… podría jurar que en los establos pero… — se echó a reír — Es algo imposible.

— ¿Por qué? — Dije curiosa.

— ¿Por qué, qué? ¿Por qué es imposible o por qué pienso lo de los establos?

— Ambas.

— Bueno, Sere — dejó de agarrarme el cabello para mirar en todas direcciones, para después suspirar y volverme agarrar el cabello — Es imposible que te hayas revolcado, en realidad no puedo imaginarme cómo es que llegó el heno en tu cabeza y ese olor a caballo, lo prudente es que te metas a bañar acabando de cenar. Y lo de los establos es más que obvio, ni por mucho que hayas ido al jardín laberinto llegarías con una ligera peste a establos. Quisiera suponer que riñeron y te pegaste de alguna extraña manera a la pared, no encuentro otra solución o la otra… — después sentí como negó con la cabeza — ¿Te cae mal el señor Seiya Black, no es así?

— Bueno… caerme mal con la definición de la palabra no lo creo, simplemente que no lo soporto, ¿has notado que se cree el último hombre guapo en la faz de la Tierra?

— ¿En serio? — Mostró asombro.

— Luna — regañé.

— Bueno, si se cree el Adonis andando y que todas — enfatizó —, lo merecen. Si te pones a pensar con claridad no es molesto el hombre.

— ¡Ah! — Solté un gemido — ¿Te das cuenta de que lo dijiste? ¡Todas! ¿Cómo puede existir un hombre que se deje toquetear así sin más?

— Ahora entiendo tu punto — rió de buena gana — Bueno si estuviera en tu lugar estaría igual que tú, sólo lo querría para mí.

Abrí los ojos exaltada dando unos pasos hacia atrás algo espantada — No — musité.

— ¿No qué? — Escuché el eco de otros pies, di un respingo al escuchar su voz — Perdón por llegar tarde, acomodaba… ciertas cosas.

Cuando volteé a verlo, estaba todo despeinado, olía a establos, estaba completamente sucio, me ruboricé sólo un poco y volteé mi mirada para no verlo, aún así me intimidaba todo lo que había ocurrido, lo que había sentido me daba vergüenza ¿qué era todo eso?

— Me imagino qué cosas serán — preguntó en tono socarrón Luna, dejándome de agarrar el cabello.

— Y debo añadir — escuché sus pasos más y más hacía nosotras, se paró al lado, pude sentir su fuerte mirada en mí, tragué saliva — Que imagina bien.

Escuché risitas y yo enseguida me deslicé a sentarme en mi lugar correspondiente. Me sentía rara con este nuevo sentimiento dentro de mí, y también por la plática que llevaba Luna y el señor Black, nunca lo había tomado con Diamante y era algo que me entristecía, lucían normal, a menos que Seiya Black aún no sacara lo malo que podía ser por qué a fin de cuentas ¿no era un cruel asesino?

En tus sueños puede que lo es… y quién sabe qué tantas cosas más podría ser.

Volví a ruborizarme mientras me sentaba en la silla e iban sirviendo la sopa. ¿En qué demonios estaba pensando? Me sentía sucia en todo ¿pero por qué?

Quieres aún preguntar o te contesta tu propio yo.

Gruñí y el señor Black me observó al verme hacer ese mohín. Bueno como si lo supiera mi propio yo, ¡ni yo misma lo sabía!

— ¿Te molesta algo? — Me penetró con la mirada, mi corazón empezó a latir con violencia — Porque si es por mi aroma tú también apestas un poco menos que yo pero de igual — Arrugué la nariz y lo miré con enojo, me había mal interpretado y esa palpitación en mi corazón cambió a uno de adrenalina.

— Y no es el aroma — comí como si no me importara y me limpié las comisuras de mis labios lo más calmadamente del mundo mientras nos traían el plato fuerte — Es usted debo añadir.

— ¿Ah, sí? ¿Por qué? ¿Por qué no soy el tal Andrew ese? — Dijo despectivo.

Me sobresalté y miré a Luna de reojo que tenía una mirada de póker, me dolió su comentario de alguna manera — No, no lo es, y nunca lo será, con su permiso — me levanté aún inclusive de que se terminara la comida pero me agarró el antebrazo.

— Ah no, usted no se irá, ¿sabe es que es de mala educación dejar comer solo al invitado? Creo suponer que usted no hizo ninguna de esas groserías a Diamante.

Lo miré con algo de odio — No, no lo hago porque es Diamante, ¿cuál invitado? Sólo veo un buitre en la mesa — Alzó las cejas.

— Pues bien usted ve a un buitre y yo veo un chango, ¿cuál es el problema? Al parecer somos dos animales comiendo en una mesa de humanos, ¿podrías sentarte?

Lo miré sin habla ¡¿Yo? ¿Un chango? — Tarado — escuché a penas una leve risita por parte de Luna y también la fulminé con la mirada — ¿Cómo se atreve si quiera a compararme con un mono?

— Chango — me corrigió — De la misma manera en la cual usted me compara.

— Como sea — farfullé, sentí que la sangre corría por mi cabeza, estaba muy cabreada y quería darle un puñetazo en su cara de Don Juan, haber si con eso se callaba — Porque tengo bases y fundamentos ¡ahora suélteme de una vez o… o le pego!

Soltó una buena risotada, así bajándosele los malos ánimos que a mí me subían cada vez más — Yo también tengo bases y fundamentos, ahora siéntese a comer y dudo mucho que me pegue.

— No sabe lo que dice y de lo que soy capaz, no me tiente Black, no me tiente — Hablé entre dientes — Y no me sentaré a comer.

— ¿Y si la besó? — Sonrió, alzando la ceja con coquetería.

— ¿Qué usted qué? — Apenas si pude hablar ¿qué era todo eso? Me senté en la silla, con la vista perdida y asintiendo a los sirvientes mientras servían algo que ni supe qué era, ¿qué iba a hacerme qué? ¿Había escuchado bien?

— No que no se iba a sentar — se mofó, limpiándose las comisuras de los labios, mientras cortaba el trozo de pastel de carne.

No pretendí decir nada más, observé mi platillo, nada me había dejado pensar tanto en el beso que según me iba a dar Seiya Black, lo miré de reojo y comía como si nada como si aquella cosa banal fuese una cruel broma, y a resumidas cuentas había sido eso; una broma cruel. Luna sonreía, divertida ante todo el bochorno que Seiya Black me hacía pasar, y no se habló más del asunto, cuando terminó de comer, Black se disculpó diciendo que saldría no sé dónde, pero yo tendría que preguntarle algo dentro de mí, necesitaba con suma urgencia la razón de eso, ¿lo había dicho en broma? ¿O era de verdad?

Anhelas que sea de verdad

Gruñí mientras comía otro bocado de la comida, es cierto, comía lento pero no me importaba. Y bueno, no es que anhelara que fuese verdad, yo le daba toda mi devoción a Diamante, y entonces ¿por qué me había aturdido tanto? Me sentía confundida e inclusive no había pasado mucho tiempo desde que el señor Seiya Black se alojara en la casa ¿qué pasaría los demás días? Tampoco es que me encantara su forma de ser, era un pedante y sinvergüenza, además que me daba lástima a la pobre chica –si es que la encontrara– de ser su esposa, ¡yo jamás podría esperar que cada lagartona revoloteara a su lado! Sé que Diamante es una persona de buen ver, pero sé que él conoce la palabra respeto cosa que a su hermano le sale por los dos oídos. Pero ese pequeño detalle me daba curiosidad, en realidad todo de él me daba curiosidad.

— ¿Crees que haya sido verdad el beso, Luna? — Sorbí un poco de agua, mientras carraspeé, tampoco volteé a verla no quería verla o burlándose o impresionada de mí.

— ¿Qué podré decirle yo, señorita? Yo lo vi tan dispuesto como usted a comer, ¿por qué no se lo pregunta?

— ¡De ninguna manera! — Dije claramente con un deje ofendida — Puede inclusive burlarse de mí, y además sería una humillación parcial hacía mi persona, inclusive ¿por qué le tendría que decir esas cosas cuando tengo a Diamante?

— Es lo mismo que yo opino, señorita — Habló tranquila — ¿Pero por qué tanto interés de cualquier manera?

Cuando hubo terminado mi platillo, me levanté y encaré a Luna, su expresión era inescrutable — No lo sé — le dije seria — Me da curiosidad, Luna no sé qué pasa, me siento muy confundida, ni siquiera ha pasado mucho tiempo.

Me sonrió maternalmente — ¿Sabes? — Habló bajo, sabíamos que no tenía la libertad de tutearme por la casa así sin más, yo esperaba que cuando me casara con Diamante esas formalidades se fueran muy, muy lejos — Creo que lo que nos pasa es que el señor Black nos ha hechizado.

— ¿A ti también? — Dije extrañada y algo recelosa.

Me mostró sus dientes — No es muy común ver a una persona como él en la casa, he pensando seriamente que le da vida. Aunque ¿no te has puesto a pensar? Es raro que el señor Diamante nunca lo haya mencionado, quizás son meras conjeturas mías pero ese chico Black, siento que no es lo que aparenta ser.

— ¿Mujeriego? Pero si parece que nació siéndolo.

Me acarició el cabello — Es posible que hay cosas que él jamás podrá cambiar. Hay gato encerrado, es sólo eso. Y creo firmemente que dentro de ti, también lo hay, no se necesita ser experto como para darse cuenta… aunque posiblemente contigo misma se necesita más que un experto para que lo notes.

Hice un mohín — No es para nada gracioso.

— ¿Quién dijo que lo era? — Me miró asombrada — He dicho la verdad.

Abrí los ojos — Como sea, iré a descansar.

— ¿Aún tienes sueño, después de dormir tanto?

Me ruboricé un poco — Bueno… pues sí.

Meneó la cabeza, haciendo una expresión tipo de: "¡Es increíble!," más sin embargo antes de que saliera del comedor agregó; — ¿No te ha dicho nada el señor Black? — Fruncí las cejas, algo confundida después enarcó una sonrisa tenue — ¡Ah! No es mi labor decirlo — fue lo único que dijo.

Me mordí el labio ¿qué tendrían qué decirme? Me sentía ansiosa, subí las escaleras y descubrí que el día de hoy había sido diferente, las horas de té jamás se rompían, eran servidas justamente a las cinco de la tarde, eso era cuando estaba Diamante, ahora pasaban más de las siete y apenas no más de una hora acabamos de almorzar, no me molestaba en lo más mínimo el cambio que se había suscitado. Es más se me antojaba más tranquilo y relajante, sólo esperara que no enfermara en los más mínimo por este cambio. No quise ponerme la pijama y sin embargo al llegar a mi habitación descubrí que el cuarto del Señor Black estaba prendido ¿todo este tiempo habría estado en su cuarto? Salí como no queriendo al balcón.

Siempre me había gustado ese cuarto, sentía que era el que tenía mejor visto que el de los demás pero nunca me lo quisieron dar porque estaba muy alejada de Diamante ¡semejante estupidez! Si el de Diamante estaba en el otro piso lo más alejado de la luz solar ¿qué tanto es tantito? Miré su balcón, no esperé que saliera, una música rara se escuchaba no estaba segura si era francés o español, pero no era mi idioma de eso si estaba segura. Vi su silueta, caminar de un lado a otro podría hasta imaginarlo algo meditabundo, con algo en las manos ¿qué será? Quería gritarle y decirle: "¡Hey, enséñame qué es eso!" Finalmente se detuvo de repente, empecé a sentir frío en mis piernas el vestido empezaba a congelarse también, y el pelo a enredarse. Sonreí recordando, cuando juraba que jamás me soltaría el pelo y allí estaba yo, con el pelo suelto comiéndomelo.

Observé su silueta que se ampliaba cada vez más y más hasta verse de una manera descomunal por detrás de las cortinas solté un gemido bajo y retrocedí un paso más, cuando él abrió los enormes ventanales quedaban hacía el balcón. Por un momento pensé que no era para nada tan mala idea de que ambos balcones estuviesen contiguos y aparte de que iba a ver sus crueles planes en contra de nosotros. Me miró algo asombrado, tenía un sobre en las manos, se había cambiado de ropas por limpias, pero igual estaba vestido con un pantalón de obrero que se le ceñía a sus piernas bien marcadas, tragué saliva hasta que traté de descifrar el sobre aunque no vi nada.

— ¿Me espiabas? — Soltó de repente, lo seguí con la mirada, sus codos se posaron en el barandal, observando el horizonte negruzco.

— Pensé que iba a hacer cosas — en cambó opiné, mientras de igual hacía lo mismo que él.

— Y las hice — fue su simple y sincera respuesta — Tenía que debatirme ciertas cuestiones.

No le contesté y no me miró, en cambio yo si lo hice, lucía pacífico en ese estado, su nariz pequeña y respingada lo hacía lucir más hermoso, y lo tenía que admitir muy a mi pesar era guapo aunque creído y eso le quitaba méritos. Sus ojos zafiros brillaban de una manera increíble. Finalmente me preparé mentalmente, es ahora o nunca me dije en ese momento.

— ¿Era cierto… — finalmente captó mi atención, sin sonrisas, ni miradas raras, tragué saliva y me torcí las manos nerviosa — lo del beso? — Finalicé, me sentí más libre… al menos por un momento.

— Si — lo dijo con mucha seriedad, farfullé algo que ni supe qué era, me dolió el estómago cuando había dicho esa palabra de sus labios — ¿Por qué no querría besarte? ¿Sólo porque eres la novia de mi supuesto hermano?

No contesté, con calor y acorralada me sentía — Pensé que era broma sólo para hacerme sentar — apenas si logré articular.

— En parte no te mentiré y fue por eso aunque también me das curiosidad — entonces alcé la vista y lo miré con suspicacia ¡con qué no era la única que le daba curiosidad! Nunca lo había visto tan serio y reservado.

— Deberías de tenerme respeto — medio dije.

— Y lo tengo, no voy a negar que sientes una atracción hacía mi — soltó directo.

Temblé, por primera vez temblé y me sentí más confundida de lo que me había sentido en años, mis manos sudaron como grifos de agua — Lo dudo, en realidad me das curiosidad — de repente me sentí amenazada emocionalmente y un leve enojo se asomó en mis sentimientos confusos ¿quién se creía él al decirme estás cosas nada más porque si? ¿Quién era él como para saber mis sentimientos? — ¿Cómo podría siquiera sentir una atracción cuando tengo a Diamante?

Frunció las cejas — Entonces todo lo que ha pasado ¿qué ha sido?

Yo no lo sabía pero esa invasión hacía mi ser me había molestado sobremanera — Enojos, gritos y supongo que a lo que te refieres algún desliz de mi… — bajé la vista en segundos pero la alcé — inexperiencia.

— Debo suponer que siempre eres así con todos ¿no es así? — Comentó dolido.

No sabía cómo sentirme si herida o preocupada por él — No lo soy, pero… ¡diablos! ¡No sé qué demonios pase! Es sólo eso, ¿contento? — Bufé.

Se relajó un poco y sonrió calmo — ¿Me permitirás conocerte más a fondo?

— Con qué fin, tu sólo estás aquí para checarme cuando venga Diamante te marcharás y regresaré a mi vida cotidiana para qué quiero que me conozcas, así como apareciste así te irás.

— ¿Me crees tan poco hombre como para faltar a mi palabra? — Rezongó algo fastidiado.

— No lo sé, lo único que sé es lo que vivo hoy y en la realidad de las cosas, ponte en mi lugar ¿cómo crees que actuarias tú?

Sonrió pícaramente — Si estuviera en tu lugar, estoy seguro que habría besado al señor Seiya Back, dejaría las cosas en paz y le diría a Diamante que no lo amo, aunque principalmente me quedaría con Seiya Black, no es que fuera feo Seiya — echó una carcajada — Aceptaría de buen modo su coquetería.

— No tiene remedio — sonreí, lo curioso es que no me molestaba en lo más mínimo, se suponía que le daba cierta devoción a mi prometido pero no lo hacía ¿pecaba? — Posiblemente, pero temo recordar que si usted fuera yo, estrangularía a todas las niñas que anduvieran detrás de él, y posiblemente el señor Black no haga caso en eso, además que simplemente serían amantes y es posible que yo no lo pueda soportar.

— Entonces… ¿está diciendo que me aceptaría?

— Yo no dije eso, dije que…

— ¡Patrañas! — Me calló de súbito — Sé perfectamente lo que quiso decirme, no le busque tantos líos, con que es celosa y amantes quién la viera hablando de esas cosas — me ruboricé — A propósito, quiero enseñarle algo.

Me acerqué al balcón para poder verlo, olía bien. Bajé la vista y acercó la carta, tenía una fina escritura quién quiera que la haya escrito sólo tenía grabado Seiya Black — Si lo que me quiere presumir de sus cartas amorosas ahórreselo que no me interesan en lo más mínimo.

— En realidad es de la señorita Hotaru — gruñí y me puse dura, ¿a mí qué me importaba sus cartas? — Calma, calma que sólo tengo ojos para usted — Lo miré de reojo y agregué para mis adentros "¿Para mí? Y para unas mil más" — Es la invitación en su posada es en dos días, creo entendido que la fiesta ya tenía tiempo de ser anunciada, y como favor le pedí que me acompañe ¿lo hará?

— ¿Para verlo en acción? No gracias, además que mis ropas son demasiado pretenciosas para la gente del pueblo.

— Sé que quiere ir — meneó la carta de la invitación.

Y finalmente recordé lo que había dicho Luna, Andrew estaría allí, ¿con qué razón lo había dicho? También había mencionado que Black me diría algo importante. Me miró feliz como cuando había mirado a esa niña boba de Tomoe y sentí un retortijón al sentirme expuesta de algo que jamás en mí vida había utilizado: interés. Allí estaba volando la sentencia para ir o no ir, aunque el mal no sería tan malo después de todo, de cualquier manera hubiese ido si Andrew no fuera, aunque sabía de antemano que sólo lo utilizaba para ese fin para ver a Andrew, tampoco es como si al señor Black le importara mucho lo que hiciese o dejara de hacer y mucho menos como si de en verdad le importara, ambos sabíamos que lo habíamos dicho habían sido meras falsedades para no sé sentirnos bien.

— Iré — susurré.

Black me miró con regocijo y me besó en la mejilla, lo miré y me sentí culpable por utilizarlo de esa manera — No ponga esa cara que no es tan malo.

Sonreí de lado — Ojalá y no — dije sin ánimos, ya no tan convencida de lo que había hecho.


Hola :D

Bueno, que tanto es tantito no tarde mucho sólo cinco meses en actualizar jajaja. Pero bueno, creo que lo importante es que ya tengo la historia lo más curioso es que la última que subiré en actualización para este 2010. En serio, espero que se le hayan pasado de lo más genial todo este año y que lo empiecen bien como debe de ser.

Por otra parte, bueno creo que Seiya más lanzado no puede ser jajaja aunque ya me ando tramando la trama en la fiesta de Hotaru, no sé si lo haga todo en un capítulo (que lo dudo) tengo cosas por las cuales abarcar como lo de Andrew/Serena y la relación de Serena/Seiya y bueno también algo de Seiya/Hotaru minúsculo pero bueno qué se le va hacer.

Y si alguna se percató de quién era el tipo con el que charló Luna, era Yaten jajaja no puedo evitar dejar pasar a esos dos, no sé si en el futuro lo incluya o sea de esos personajes que una escribe y pone el cartelito de "20 años después" y ya esté en su vida jaja.

Quiero agradecer cada uno de sus reviews que son tan importantes para mí como para ustedes comer jaja XD

¡Muchísimas gracias! A: Kokoro Lust, Hotaru no Hikaru (la difunta que ya se fue de ff u.u), Seiya-Moon, Rouge Passion, Loly Kou, Sailor Lady, Kawaii Bitchy, Hikariadi, Miss-Odango y Lesval :)

Emily Castro: Oh ¡no manches! Ojalá y te des una paseada pero tus msn no me salió, y si lo haces te pido de favor que cuando lo escribas dejes espacios ya que la página los borra u.u.

Serenity82: Por supuesto que la continuaré, es una de las historias propias que más me gustan.

Rossa: También Seiya tiene su corazoncito ¿qué no? Seducción mortal anda de viaje espero que regrese pronto que acá la recibo con gusto.

XxX: Jajaja, creo que todas lo hacemos unas más locas que otras pero al final todas lo hacemos jaja.

Paty: Oyes muuuuy bien jajaja. Es humana debe de sentir celos que no siempre lo enfoquen eso ya es otro lar ¿no crees? Buena idea jaja yo lo intenté y no salió como en mi historia. Aún no sé qué onda con Rubeus puede que esté celoso puede que no.

¡No olviden dejar reviews y también gracias a los lectores que leen desde las sombras!

LES DESEO UN BONITO EMPEZAR AÑO NUEVO 2011 CON MUCHO LICOR Y HOMBRES AL POR MAYOR JAJAJA

●๋•Ashαмєd●๋•