Capítulo especialmente dedicado a la locura andando de Juli a.k.a Rouge Passion


La voz interna

Capítulo 7.

Me tenía que sentir feliz, me refiero ¡iba a ver a Andrew! Pero me sentía una vil y cruel traicionera, él era el malvado yo no. Nunca había utilizado a nadie. Tocaron la puerta de mi cuarto, no era el "toc, toc" de Luna, era más enérgico pero animado. Estaba en pijama, en realidad solía ponerme la más provocadora de todas. A veces cuando hacía frío y Diamante estaba cerca no tenía más remedio que ponerme las de cuello tapado y hasta los tobillos. Está era menos tapada del cuello, era de tirantes en escote de "V" llegando un poco más debajo de las rodillas de un color rosa pálido.

— ¿Quién es? — Alcé las cejas mientras me quitaba las sábanas para ponerme las pantuflas y abrir.

— Soy el apuesto Black… — Habló cantarinamente, incluso casi pude asegurar que se regodeaba — Naturalmente el más guapo.

Por extraña razón sonreí al escuchar su voz, justo cuando iba a abrir desdibujé mi sonrisa ¿en qué demonios pensaba? ¿Abrirle al señor Seiya Black? ¡¿Vestida así? Corrí nuevamente, brincando a mi cama, echándome las sábanas encima.

— ¿Tan pronto se ha puesto nerviosa por mí? — Soltó una carcajada — Aún ni siquiera la he visto.

Idiota, pensé, se da mucho su posición altísima serenísima.

— Para su información — Dije desdeñosa — No lo esperaba, eso es todo, me pilló.

— ¿Ahora se dice pillar, cuando piensa en mí?

Gruñí — ¿Bueno qué quiere?

— Decirle buenos días, ¿acaso eso es malo? — Dijo con cierta voz sumisa.

Mi cerebro decía "triquiñuela," pero mi corazón se blandió.

— Por supuesto que no, es sólo que es… raro.

— ¿Raro? ¿Por qué no abre la puerta? Y así bajamos a desayunar.

— ¿Por qué? — Musité, y en seguida miré mi escote sonrojada — Bueno, porque pues… me siento mal, no quiero que me vea de esa manera.

— ¿Se siente mal? — Escuché su tono preocupado — ¡Con mayor razón debo de entrar!

Ya no contesté, me vi nerviosa ante semejante descaro de mentira. Me levanté de mi cama caminando descalza tratando de pensar en buen argumento coherente para que mi mentira fuese convincente o bien, para explicar el por qué de esa garrafal traición de mí parte. Abrí las cortinas del balcón, dejando entrar aire, necesitaba que el viento pasara por mis cabellos largos y ondulados, dejándome tratar de pensar en una muy buena falacia. ¿Yo mintiendo? Era como irreal pensar semejante cuestión. De igual, ¿qué me pasaba con el señor Seiya Black? Me ponía ansiosa y sentía algo extraño cada que estaba cerca de él, ni siquiera con Diamante sentía algo así cuando se suponía que lo amaba.

— ¿Señorita Tsukino, se encuentra bien? — Su voz preocupada hizo que girará a verlo, la puerta de mi cuarto estaba abierta, estaba parado en el umbral de esta, abrió los ojos como platos al verme así. Sentí mucha vergüenza, un calor inexplicable pasó por mi rostro, eché a correr hacía mi cama, tapándome con las sábanas hasta mi cuello — ¿No que estabas demasiado enferma? — Soltó una risa sarcástica.

— ¡Pero lo estoy! — Contesté nerviosa, aún roja. Se acercó, recargándose en el dosel de mi cama — Además… ¿acaso no es malo que tu estés en mi cuarto?

— ¿Por qué? — Habló con seguridad —Porque posiblemente ¿sea incorrecto que nos veamos siendo mayores y de diferentes sexos? ¿Podría ser eso? — Sus ojos le brillaron de una manera extraña, como en el establo. Tragué saliva, se acercó más.

— ¡Gritaré si se acerca más! — Musité.

Black echó una carcajada sensual — Grite todo lo que quiera — susurró en mi oído, solté un grito agudo.

Sentí el dorso de su mano en mi mejilla ardiente, su mano izquierda se posó en mi muslo, deslizándolo y acariciándolo con suavidad. Nos miramos, podía verme en esos ojos zafiros, entre abrí la boca, sus dedos acariciaron mi cara, juguetearon con mis labios entre abiertos. Me retorcí entre las sábanas, esas caricias me estaban volviendo loca, sus yemas pasaron por mi cuello. Sonreía con seguridad, su cabeza se acercó un poco más.

— Détente — dije, con la poca cordura que me quedaba pero que mandé al olvido, en cuanto deslizó una de sus manos por mi pecho, brincándose mis senos llegando a mi vientre. Sentí las sábanas que ardían, quería quitarlas y que me tocara sin ropa — Por favor — rogué, y esta vez no para que se detuviera, si no para que no lo hiciera ¿en qué pensaba? ¿Por qué me ponía de esa manera?

Subió sus dos manos, tomándome con firmeza de mis mejillas, gemí, me miraba con una ferviente ¿pasión? ¡Oh Dios mío! ¡No, no, no! ¡Esto no estaba bien! ¡Nada bien! ¡Era mi futuro cuñado! Lo vi sonreír como si estuviese pensando en algún chiste en el cual yo era participe sin saberlo, acarició mis orejas y sus dedos se enredaron en mi cabello. Se acercó más y más, cerré los ojos, estaba perdida ¡Oh Dios! ¡Era tan débil como para detener todo lo que venía! Sentí su calor corporal, mezclado junto con su fragancia varonil de madera, sentí como su cabello tocaba una parte de mi piel, como el calor de su boca chocaba con mi nariz. Podía arrepentirme… aún tenía las fuerzas para empujarlo… o eso creo.

¡Al diablo con empujarlo! ¿En verdad lo quieres empujar?

Gruñí, maldita vocecita de mi cabeza… ¡no quería impedir nada! Sentí sus labios en mi nariz, abrí primero un ojo y después el otro, me besaba en la nariz con sus cálidos labios carnosos ¿pero por qué?

Cuando me sonrió me miró algo tranquilo — ¿Te decepcioné?

— ¿Qué si me decepcionó? ¿De qué demonios habla? — Me ofendí y lo empujé, ¿pero qué demonios había pasado? ¡¿Por qué no me había besado? ¿Qué se creía?

Alzó una ceja — ¿Habla con malas palabras? — Se echó a reír, ni siquiera me puse nerviosa, me sentí estúpida — En verdad quería que la besara ¿no es así?

Me levanté de mi cama sin importarme que no estuviera decente — ¡Por supuesto que no! ¿Quién quiere besar a un buitre? ¡Lárguese de mi cuarto!

Por supuesto que lucía él divertido, ¡malvado buitre! — Escuché pasos, en realidad me espanté — Se excusó.

Fruncí las cejas, me sentí la mujer más imbécil de todas, por supuesto que no era por su beso ahg, ¡buitre Black! — ¿Y qué? ¿Es incorrecto que nos veamos aunque seamos mayores y adultos? — Lo desafié con sus propias palabras.

— En verdad me deseas — ensanchó su sonrisa.

— ¡Ya lárguese! — Me llevé las manos en la cintura.

— ¿Qué pasa aquí? — Luna entró, mirándome con los ojos desmesuradamente abiertos, y después desvió los ojos en Seiya.

— ¡Luna! ¡Saque a este… de mi cuarto! — Lo señalé como si fuese escoria.

Seiya Black tosió… fingido. — Señorita Tsukino.

— ¿Qué? — Desvió sus ojos hacía mi pijama, ¡oh no! ¡Lo había olvidado por completo! ¡Y Luna me había visto! Solté un gritó largo y me eché a mi cama — Lo odio — le grité a mi almohada, ahogando mi voz en ella — Odio esta mañana.

— ¿Así es siempre? — Escuché la voz de Seiya a lo lejos, mientras le seguía gritando a mi almohada a todo pulmón.

En cambió escuché la risa de Luna, miré por el rabillo del ojo, algo le había dicho en el oído que Seiya Black quedó más que complacido, y grité más aún — Bajo en un segundo con Serena.

— Ah… por cierto — agregó Seiya Black, alzando la voz para hacerse escuchar entre mis ahogados gritos — La pijama le sienta bien, aunque hubiese comprado una satín — lo miré de reojo y me sonrió.

Volví a gritar y a patalear. ¿Por qué? ¡Lo odiaba! Odiaba que me hiciese sentir de esa manera, odiaba que se regodeara de esa manera, ¿quién demonios se creía? Venir de esa manera tan… odiosamente para venir a molestar… a verme y, ¡a alborotarme! Escuché que Luna silbaba en un estado demasiado alegre, eso me cabreó. Me levanté de un brincó y miré a Luna molesta — ¿Y por qué el silbido?

En cambio ella me miró, tranquila. Sacó un vestido rojo con pequeños holanes en el cuello, y su respectivo cinturón ancho negro que estaba de moda. Parecía que me silbaba más para enojarme de lo que ya estaba en realidad — Allí está la ropa, te sugiero Sere que te apures al rato saldrás.

— ¿Saldré? ¿A dónde? — Alcé las cejas.

Ella encogió los hombros mientras silbaba — Con el señor Black, en realidad no lo sé — Me crucé de brazos ¿con qué saldría con él? ¡Ja! ¿Acaso me preguntó? Luna seguía sacando las cosas, en realidad lucía demasiado feliz. También me molestó eso ¿por qué? — ¡Pero Sere! ¿Qué haces sentada allí?

— No planeo ir — dije con firmeza, cruzando las piernas también.

Luna resopló — ¿Y por qué no? Si se puede saber, ¿riñeron muy fuerte esta vez? ¿Algo pasó?

Abrí los ojos como platos y me ruboricé, al recordar el beso… ¡maldito beso infructífero! Y luego, ¡Luna me había pillado en pijama enfrente de él! ¡Aish! — ¡Me viste! ¡Y me vio! ¡Y ni siquiera me preguntó! ¡Ni me dijo si quería ir o no!

Luna me miró y se acercó a mí, me acarició con tranquilidad mi cabeza — Sere, ¿no te había visto antes? Me refiero, te veías… como si ya hubiesen tenido charla desde antes… y bueno me sorprendí que le gritaras — encogió de hombros y meditó un momento — Es cierto, no te pidió permiso pero ¿no es lindo de su parte? — La miré confundida — Diamante nunca lo hacía — agregó y se levantó del lugar, buscando las demás cosas pero esta vez para meterme a bañar.

Bueno, eso si era cierto que Diamante nunca me sacaba a pasear porque no le gustaba cómo me veían los hombres y por ende siempre permanecía encerrada, (o al menos la mayor parte del tiempo si), en la mansión, pero eso tampoco significaba que él otro buitre me sacara a pasear sin mi consentimiento y en todo caso ¿a dónde planeaba llevarme? ¿Por qué Luna no se escandalizó? ¿En realidad se había tragado ese cuento de que era el niño bueno? Además de que me sentía mal, nunca en mi vida había engañado, pero también quería ver a Andrew y bueno ¿por qué no le había dicho la verdad y ya? De todas formas ambos sabíamos que él iba a ver a la señora Tomoe. Así que suponía que todo estaba bien… ¿o no? Bueno y si todo estaba bien ¿por qué me sentía mal?

— Ya está el baño, Sere — Luna me miró y me ayudó a desvestirme.

Adoraba que cada cuarto tuviese su propia bañera. El aroma a las fragancias me hacía sentirme tranquila, me metí con tranquilidad en la bañera y me remojé la cabellera mientras Luna me ponía el shampoo. Cerré los ojos mientras me daba el masaje en mi cuero cabelludo.

— ¿A dónde crees que me pueda llevar Black? — Empecé a ser charla, odiaba quedarme callada.

Luna no contestó luego, luego. Se escuchaba pensando — ¿Vas a ir con él, a la fiesta de la señorita Tomoe?

Fruncí las cejas — Sí, supongo que si iré, le prometí que iría a la fiesta de la señora Tomoe.

Luna echó una carcajada mientras me echaba agua por el cabello, enjabonando la bañera, para empezar a enjabonar un zacate para mi cuerpo — ¿Señora Tomoe? — Y volvió a reírse de nuevo — En verdad te molesta eso ¿no?

Cerré los ojos y apreté la quijada — Bueno como sea que sea, ¿te consta que siga siendo una señorita? — Me empezó a frotar la espalda y los brazos — Y no me molesta para nada, él puede hacer lo que se le viene en gana, ¿acaso no tiene privilegios de hombre?

— Bueno no me consta nada en realidad — dijo medio burlona — Pero son de esas niñas que se ven tan puras y castas que…

— De mera apariencia — rezongué.

— Sere, ¿estás celosa?

Me reí como lunática y después nerviosa. Yo desnuda, con Luna bañándome y riéndome como una completa tonta me serené y hablé con mucha tranquilidad — ¿Hay una razón por la cual estarlo? Es un adulto, y tampoco soy algo más allá de él como para hacerlo sentir atado a mí o algo similar.

— No, pero si no te conociera diría que son celos, lo cual es tonto… — recalcó la última palabra socarronamente — Ya que se supone que amas al otro Black.

No dije nada, ¿qué significa la palabra suponer? Según mi diccionario personal suponer era algo así como un posible algo demasiado-lejos-de-la-realidad. Entonces… ¿se suponía que amaba a Diamante? Gruñí, eso no estaba bien pero algo decía que presumía que amaba a Diamante ¿desde siempre suponía haberlo hecho? Y desde cuándo decía suponer.

Desde que viste a Seiya Black, ¡caramba! Yo también supondría amar a Diamante… en realidad si fuese siempre mejor.

— Cállate tonta — me rezongué.

— ¿Qué dices? — Luna me miró perpleja — ¿Te dices tonta? ¿Hablas contigo misma?

Me puse de todos los colores, una cosa es que yo misma pensara que estaba algo loca pero las demás gente, bueno aunque ciertamente Luna no era la demás gente pero era algo no sé, privado — Si — dije en tono bajo.

Oye a mi no me dijeron loca, ¿ahora quién es la tonta?

Luego tendría una pequeña charla con mi lado interior, a veces se encontraba indomable. Y en realidad, me sentía demasiado tonta. ¿Cómo había tenido ese desliz? Bueno, no es como si la demás gente no hablara consigo mismo ¿no es así? Si, lo medité, es cierto — Bueno, tu también lo haces, ¿qué no?

No me había percatado que Luna había vaciado el agua enjabonada y la había reemplazado por una limpia para quitarme todo el jabón del cuerpo. En cambio Luna sonrió — Bueno es normal que uno tenga su propia voz interna, aunque me imagino que varía en la gente.

Fruncí las cejas — ¿Cómo que varía?

— Bueno esa vocecita, puede ser molestosa en algunas ocasiones porque quiere que hagas las cosas bien — Luna pestañeó varias veces y puso mala cara — Bueno, a veces esa voz no es nada sensata.

Resoplé — ¿Verdad qué no? En realidad se supone que es la voz de la consciencia pero… quiere que una haga cosas descabelladas.

Luna me prestó atención y rió divertida — Exacto, ¿te ha pasado?

— Últimamente, creo que la Serena de afuera es la buena y esa voz interna es la mala, aunque, ciertamente creo que a veces se le ocurren cosas tan inverosímiles.

— He creído firmemente que esa voz sabe lo que quiere, creo que esa voz piensa y quiere lo que una en realidad desea.

Abrí la boca y la cerré inmediato como si fuese un pez de esos japoneses dorados y gordos. ¡Bueno eso era ilógico! Yo no deseaba a Seiya Black, no quería que se quedara conmigo porque lo necesitara, en ningún aspecto posible. No quería que me tocara como hace unos momentos, no quería que me besara… ¿o sí? No, era imposible… una tontería algo… estúpido, en realidad la sola idea de pensar sobre eso era para reírse de lo absurdo.

¿Quieres que me ría así de fuerte? Digo… para que te sientas mejor, es obvio que es cierto y el primer paso es aceptarlo… no sé tú, pero yo si quiero que me bese.

Hice una risa sarcástica mental. — Afortunadamente yo soy la cuerda en esto, así que no te metas.

— ¿Otra charla? — Luna me miró un poco inquisitoria, en realidad como chismosa. Asentí, no quería alargar esa charla de… mi otro ser. O lo que fuese que fuera — Y, ¿de qué tanto discuten?

Bueno, allí estaba mi silencio, ¿no entendía las sutilizas Luna? Me levanté de la bañera y me tapé con la toalla secándome, no quería que la charla se acrecentara más, o era apurarme y soportar la fastidiosa presencia de Black o hablar sobre mis cosas perversas que la muy malvada de mi interior quería hacer. Afortunadamente le había hecho un bozal imaginario, ojalá y se contenga por unos cuantos horas, si es de por vida, mejor.

Me puse la crema y decidí vestirme por mi cuenta, sabía que Luna lo haría demasiado lento con tal de que me exprimiera toda la información. Miente, miente, miente, pensé desesperadamente — Sobre Seiya Black… — abrí los ojos espantada y me quedé a la mitad de subirme mi pantimedia ¡Idiota, idiota, idiota! Ya, allí había sido mi última oportunidad de zafarme de todo, suspiré, bueno también había otra cosa más, que no sabía mentir, ¡qué tonta era!

— ¡Oh! — Luna me miró divertida, hasta casi pude asegurar que emocionada, pero no lo creo, además ¿ella por qué se tendría que emocionar? ¿Con qué fin de todas formas? — Deben de ser charlas muy entretenidas. Hasta casi podría asegurar quién es la mala…

No dije nada, ¿por qué me pasaba esto a mí? Me puse el cinturón grueso, y Luna se acercó a mí, cepillándome el cabello, me agarró el cabello a media coleta, me sentí con peinado de niña chiquilla pero me gustó, aún cuando no estaba a la moda. Me puse las pulseras doradas, vi el anillo de compromiso de Diamante fijamente, torcí el gesto, lo agarré y lo escondí en la polvorera vieja y fea. Luna me vio hacer eso pero no dijo nada. Sin eso pendiendo de mi dedo me sentía libre. Agarré el perfumero de vidrio, saqué el cilindro de cristal cortado y me puse detrás de las orejas y en las muñecas, adoraba ese aroma fresco; a flores.

— Bueno, tampoco es la gran cosa pensar o pelear con mi otro yo, sobre ese señor Black — encogí de hombros, restándole importancia.

Luna soltó un bufido demasiado suave pero burlesco — Me imagino que debe de ser tedioso pensar en él, me refiero a menudo pienso en él — di un respingo y entrecerré lo ojos, ¿y por qué demonios Luna tenía que pensar en él? Después me espanté por mi vocabulario grosero… bueno ¡al diablo! Era mi mente y podía pensar lo que se me daba en gana.

— ¿Ah, sí? Bueno… no encuentro el porqué te resulte interesante un petulante como él.

Luna sonrió y me tomó del hombro — A diferencia de ti, yo no pienso en él con deseo y amor de eso que tu consciencia esté tranquila — Enarqué las cejas y me sentí nerviosa al final solté una risa, creo que son de esas risas nerviosas pero que parecen fuera de lugar — Aunque te burles, es algo obvio que te gusta… ¿por qué lo niegas?

Me levanté del asiento molesta… un poco. — ¿Por qué negar qué? No niego nada, yo no lo quiero, ¿cómo podría querer a un arrogante asesino? — Solté entre dientes — Con esas personas uno trata, más no las quiere.

Luna me miró con fijeza después de que me hube –prácticamente– escabullido de su alcance de tacto. Esas pláticas me ponían nerviosas, como si temiera a una confrontación, aunque no sabía en realidad de qué.

— Bueno estimada señorita Serena — se agarró del delantal y se limpió en él, fingiendo una sonrisa divertida, en sus ojos traviesos de algo que probablemente sabía… demasiado — Puede negarlo es cierto… pero no es siempre, eso no se niega. Al corazón no se manda.

Abrí los ojos como platos, y solté una sonrisa, es más no pude evitar soltar una sonora carcajada. No le dije nada y salí en seguida de allí, caminando hacía las escaleras. ¿Al corazón no se manda? ¡Pero qué disparates más tontos! ¿De dónde había sacado todo eso? ¿De la televisión? ¿De la radionovela? Bueno, al menos eso me había puesto de bueno humor. En realidad, era ilógico que me enamorara de alguien como él, en primera no se podía, en segunda era un mujeriego, y en tercera era un asesino. Probablemente no podía negar que era apuesto y eso sumaba puntos, pero las otras tres reglas de oro, dejaban mucho qué desear.

Cuando bajé de las escaleras, y caminé directo al salón, donde el mayordomo me abrió la puerta, lo hallé comiendo. Fruncí las cejas, otros puntos menos para su persona, tampoco lo miré, y desgraciadamente estaba sentado al lado de mi asiento, bueno, me senté al lado opuesto de él. Alzó su vista zafiro y me miró divertido.

— ¿Qué?

Fue su respuesta burlona, cuando había agarrado un muslo con las manos, ¡qué asco! Era un animal sin duda… buitre tal cual.

— ¡Los animales hablan!, ¿por qué no me he vuelto rica? Más aún ¿por qué sigue con los humanos y no en un circo? — Comenté desdeñosa, al ver que me servían fruta picada.

— ¿Se molestó porque no la esperé? — Dijo, moviendo la pata del difunto animal. Fruncí la nariz de asco — Tengo hambre, y si alguien no le ha dicho las reglas básicas de los hombres que son; mujeres, alcohol y comida, aunque en realidad es una pirámide alimentaria que no terminaré con las otras dos, es mucho para sus castos oídos.

— No lo dudo viniendo de usted. ¿Y eso lo hace comportarse como un animal? — Rebané con cuidado la sandía mientras la introducía en mi boca.

— ¿Y eso la hace tardarse tanto, señorita? — Sorbió una buena porción de vino — Yo no le digo nada de que se haya tardado las horas y que la comida se tuvo que volver a recalentar, ¿acaso la dejé abrumada allá arriba? — Guiñó el ojo de manera provocadora.

Me ruboricé y volteé mi mirada, estúpido Black y estúpido beso… ese mentecato bueno para nada — ¿Hay razones para hacerlo?

— Entonces no debe porqué rebuznar tanto y debería de comer, porque saldremos tarde y parece que lloverá.

Solté un chillido ¿Rebuznar? ¡No era un maldito burro! — Buitre… mujeriego… grandísimo… — Inhalé, y exhalé. Tranquila Serena, me dije a mí misma, no merece la pena contestar cosas groseras… tú no eres grosera. ¡Idiota, imbécil, cretino, grandísimo petulante! Es probable que si le ponía una peluca a la escoba iba detrás de ella… animal… y un cerdo. Sí, así estaba mejor, claro si no podía decir grosería y media al menos podía pensarlo y gritarlo — ¿Quién dijo que iba a salir contigo?

— Nadie en realidad, pero me pareció buena idea hacerlo, y dado que… — me observó — Te esmeraste en arreglarte, no quiero desperdiciar ese mérito.

Casi podría escupir el agua que estaba bebiendo, por supuesto que no lo haría porque era una dama, al menos podría imaginarlo en mi mente. Hoy la gente se esmeraba en hacerme reír de buen grado — Siempre me visto así — acoté.

Seiya Black alzó su ceja — La primera vez que te vi, recuerdo haberte visto pueril, lo adjudiqué al hecho de que estabas con mi hermano.

Sentí mis mejillas rojas de indignación — Pues él no manda mi guardarropa.

— Parece lo contario — dijo con calma, mientras le retiraban su plato, y el mío también para traerme un cereal con leche, algo sumamente sencillo a decir verdad.

— Pues lo es, no sé por qué tanta insistencia en que Diamante me controla.

Seiya rió de buen grado — Me disculpo por la mala imagen que le propiné al juiciosode mi hermano — le sirvieron más vino y sorbió un poco — En ningún momento señorita Tsukino dije que mi hermano fuera un tirano, sólo que… digamos quiere lo suyo consigo siempre — meditó unos segundos, tratando de cavilar si era o no correcto pronunciar lo siguiente, finalmente optó por tomar más vino.

— Eso es tonto, lo amo — encogí de hombros.

Eres una rata de alcantarilla y lo sabes… más bien te corrijo, supones amarlo…

Esa voz… suspiré. Pensé que el bozal mental duraría más, bueno ya, ya, si supongo amarlo ¿contenta?, pero no es como si se lo tuviese que decir a Seiya… ¡menos a él, tontuela voz!

— ¿Lo amas? — Asentí afirmativamente — ¿O crees amarlo?

Lo miré espantada, bueno, ¿es qué acaso leía mis pensamientos? ¡Demonios! — ¿Por qué tendría que suponer amarlo? ¿Acaso no me voy a casar?

Seiya Black sonrió — Bueno, entonces no debe por qué enojarse si su cuñado favorito desea sacarla a pasear.

— ¡Ni que fuera un animal como usted, para que me saquen a pasear! — Comenté divertida por la metida de pata que había dicho Black, si no fuera un petulante asesino, me caería demasiado bien. Vanidoso, pero entretenido.

Lo vi ponerse colorado, ¡vaya! Eso era nuevo, jamás había visto un nombre ponerse nervioso y colorado, salvo a Diamante, aunque claro sus intenciones no eran ruborizarse de pena, si no era por mera pasión.

— ¿Bueno va a salir o no? — Se paró de inmediato, quiso sonar molesto, lo cual no resultó, habló demasiado bajo y lastimoso.

Sonreí — Sólo saldré porque me dio pena, y porque es mi cuñado y tiene razón, no debería de encapricharme.

Él en cambio me miró molesto y chasqueo la lengua — ¿Por pena? Prefiero salir solo.

Me tomó desprevenida — ¿Se molestó?

— ¿Molestarme? ¿Por qué habría de hacerlo? — Encogió de hombros, no importándole pero lucía en realidad muy molesto, le brillaban esos ojos azules… sus mejillas parecían arder. Entre abrí mi boca, lucía… tan, increíblemente apuesto de esa manera molesto. No era como cuando se peleó con Diamante, era un enojo más moderado. Sin embargó agradecí que no hubiera notado mi boca entreabierta, ni mi cara de estúpida, ¡cielo santo! ¡Ojalá y no escuchara mi latido de corazón como yo lo hacía! ¿Y qué demonios era esasensación en mi entrepierna? — ¿Y ahora por qué se me queda viendo?

Después de unos segundos de haberme dado cuenta que aún lo miraba como estúpida. Alcé la barbilla con altivez — ¿Nadie le dijo lo tonto qué puede ser al ponerse de esa manera tan pueril?

Ajá, tonto o habrás querido decir, ¿excitante y sexy?

Uhm… eso no ayudaba, voz tonta. Y si no te callas pondré un bozal más imaginario.

— Nadie le dijo, lo tonta que se ve con ese peinado — Dijo agrio.

Suponía que la salida se había cancelado, más bien… él había pactado su cancelación deliberadamente e irrevocablemente, además ¿qué tenía mi peinado de infantil? — Al demonio tu salida y usted.

Eché a correr, sin mirar qué había hecho o dicho. En realidad ni me importaba, ¿cómo se atrevía a meterse con mi persona? Bueno, si me había metido con él al burlarme pero… pero… ¡era otra cosa muy diferente! Y ¿qué si era tarde? ¡Por mí se podía ir al infierno! Agradecí que hubiera lugares para escaparse de allí por horas aunque en realidad agradecí más el hecho de que Diamante tenía hectáreas de tierra a su disposición. Lloré, aunque no supe si de furia, de frustración, de dolor. ¿Qué hacía él para hacerme sentirme tan estúpida y malvada? Además, ¿no podía haberme esperado un poco más a desayunar? ¡Yo lo hubiese hecho!

Al caminar hacia la salida de la mansión, me miró Rubeus y no dijo nada, en realidad creo que no le importaba. Quise quitar mi furia en alguien, pero no, pobre hombre ¿qué culpa tenía?

— Deme un caballo — dije seca.

— Perdone la imprudencia señorita, pero si saldrá debo ir con usted como ordenó el amo.

Lo escudriñé y suspiré — Saldré a cabalgar ¿quiere? No saldré de los terrenos.

Rubeus gruñó y se encaminó hacia los establos, diciendo muchas cosas por debajo, cuando enlistó a Sir Star, empezó a enlistar otro más. Lo miré confusa — Aún cuando son tierras del amo, sabe que en lo lejos por el bosque está solo y está el libre pasaje, como comprenderá el amo tan noble como siempre nos deja la compra-venta de cosas.

— No iré más lejos, además que nada pasará — me subí al caballo, como si tuviese prendas de equino, aún cuando sólo tenía mi vestido femenino. — Gracias — sin esperar más, no dejé que Rubeus me alcanzará y salí en marcha.

No quería ir al Bosque, tampoco quería ir… en realidad a ningún lado, quería que Seiya Black no existiese y que no me hubiese dicho, tonta e infantil. Yo era muy bonita, y él no se percataba de eso en realidad, bueno, fruncí las cejas y solté unas cuantas lágrimas más, ¿a mí qué me interesaba si le era bonita o no para él? Mi querido caballo Sir Star me empezaba a tallar de las piernas, y el coxis me empezaba a doler, probablemente tenía que descansar allí, o regresar a la Mansión. Volteé a ver el lugar, sólo era un punto blanco en el horizonte, pero podía ver los pinos y la arboleada más próxima. Tampoco me fijé cuando había paseado la barda que cubría la Mansión de forasteros.

— Bueno Sir Star, al parecer si tendremos que estar en el Bosque — palmeé a mi caballo blanco.

Este me relinchó y dejamos de ir a galope, tampoco me fijé si en realidad ya era muy tarde. Yo no era de esas que al ver tan sólo la posición del sol, podía decir el horario exacto, aunque probablemente había pasado no más de una hora… espero. Lo curioso es que, tampoco había visto a Rubeus detrás de mí, por eso adoraba a Sir StarLight, porque era un caballo veloz, claro salvo Sir Thunder podría alcanzarlo y regresar, aún cuando el mío estaría en mitad de camino, afortunadamente sólo lo podía montar Diamante.

Y él.

Fruncí las cejas, bueno, pretenderé no haber escuchado eso, además, siempre me hería de cualquier manera ¿cómo si quiera podríamos ser buenos familiares? Y eso daba pie a que no le interesaba en lo más mínimo, ni siquiera sabía a quién me parecía, era muy probable que el embustero no sabía ni siquiera que tenía una hermana, casi gemela a mí. Probablemente Minako sabría cómo tratar a esa gente. Le pegué con suavidad al caballo, para que bajara el ritmo y pareciera una caminata.

Además que el Bosque no parecía ningún peligro nocivo, lucía más desértico. Y mi caballo se empezaba a cansar, y a mí me empezaba a dar hambre. Afortunadamente, encontré una laguna, bajé de mi caballo y probé con cautela y sonreí al comprobar que era agua dulce.

— ¡Ven Sir Star! — Jalé mi caballo, hacía la laguna, mientras me quitaba las pantimedias y los zapatos. ¡Cielo Santo! Sentía mis pies arder, y yo con un hambre, desearía comer uno de esos pastelillos de la escocesa de Rini, aunque esos significaba ser huésped de la señora Tomoe. Arrugué la frente, y yo no quería ser el huésped de esa niñata. Y ciertamente eso me haría pensar en el señor Seiya Black… metí mis pies en la laguna, la sentí fresca, aunque tampoco pude divisar el sol. Los árboles eran gigantes como para siquiera ver cuánto tiempo había pasado. Aunque podría asegurar entonces que me había pasado horas cabalgando, por el agua tibia. También deseaba echarme un chapuzón, pero eso era inverosímil.

Preferí no pensar en la comida, y mirarme en la laguna, en realidad no lucía mal ¿cierto? ¿Por qué siempre se proponía a lastimarme de esa manera? ¿No era parte de mi futura familia? ¿Acaso le caía mal? ¿Por qué siempre me provocaba de esa manera? Supuestamente Luna, decía que me gustaba, y eso era una falacia parcial, probablemente era mi triste naturaleza que no podía evitar que a todos en alguna ocasión podría caerles mal.

Vi que Sir Star dejaba de tomar agua, y finalmente descubrí que unas cuantas y minúsculas gotas estaban cayendo en la laguna, genial. ¡Ahora empezaría a llover! ¡Y yo con hambre! Ni siquiera había sido lo suficientemente inteligente como para pensar en llevar una cesta. Saqué mis pies de la laguna, bueno tampoco había tenido el suficiente tiempo como para preparar el viaje, ya que todo había girado en; Seiya Black.

Sentí el pasto en mis pies descalzos, ¿y por qué rayos terminaba así por Seiya Black? Especialmente por él. No es como si en realidad importara, agarré las pantimedias y me di un ligero masaje en las entrepiernas, ¡rayos, cómo extrañaba también los pantalones! Yo no sabía cabalgar como toda una señorita.Yo no sabía cómo no se quedaban así de por vida, con esa contorsión ¡qué válgame Dios! Sólo dos ocasiones las había hecho, y al otro día pensé que moriría, mi cadera dolía como el demonio. Aunque él estar aquí, había sido por su culpa.

Serena, déjate de tonterías, te gusta… podría ser más odiosa y decírtelo todo el tiempo.

— Empecemos y terminemos con esto, tonta — Di un pisotón en el suelo, creyendo así prudente que mi propia voz entendería lo cual molestaba estaba — A mi no me gusta Seiya Black, ¿qué te hace suponer semejante tontería?

Bueno el hecho de que te gustara que te besara… podría decirte las dos ocasiones en las que estuvo a punto de hacerlo. Yo adoro que me toqué con pasión, o al menos que lo intente.

— ¡Al diablo! — Rezongué mientras caminaba hacía Sir Star para acomodar la silla que se había volteado ligeramente — ¡¿Y tú qué sabes de pasión? ¡Podríamos estar enfermas! Y tú, majadera mentecilla pensando que es porque nos toca por una dizque pasión.

Bueno, yo sí recuerdo lo que decía Minako sobre su pasional esposo el conde.

— Podría ser similar… es cierto — refunfuñé — Pero eso no quiere decir nada sobre…

— Nada sobre ¿qué, inglesa?

Alcé la vista y noté a un hombre de pelo rubio y ojos color café. Llevaba una cantimplora que estaba fuertemente amarrada en su cadera, una bolsa gigante en su hombro. Era obvio que no venía como amigos… ¿y qué hacía él allí? Me quedé paralizada, y caminé lentamente hacia atrás, junto con Sir Star, mis pupilas brincaban nerviosas, no recordaba la salida. ¡Maldita salida! ¡Y yo sin zapatos! Sentí que alguien me agarraba de la cintura, sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal, pero pude sentir el aroma dulzón, aunque eso no me relajó, ¿qué hacía una mujer allí? Volteé enseguida, vestía con pantalones de mujer, aunque llevaba puesta una camisola demasiado holgada, y tenía unos ojos azules demasiado penetrantes, tenía el pelo agarrado en una coleta.

— Inglesa, ¿qué haces aquí? — La mujer me agarró de la quijada y me miró, al final sonrió — ¿Tomando una caminata ya tardía?

Traté de zafarme pero era inútil, aunque también el miedo me tenía algo vencida, quiénes eran esos sujetos.

— Mae hi mwynglawdd — Abrí los ojos como platos, y me lamenté al pensar que hubiese aprendido el idioma nativo de Luna. El hombre le gritó a la mujer.

— Dim ond dod â phroblemau — La mujer me aventó al suelo y me desbarató el peinado — Odio las niñas rubias, y odio a las inglesas como tú — Se acercó a Sir Star que empezó a relinchar pero ella le dio un latigazo, grité por mi caballo, ¡oh mi pobre Sir Star! — El caballo es raza pura. Ojo de Tigre… ¿qué le ves de bonito a esta niña?

En un arranque de ira, me levanté del piso. Finalmente el agua empezó a caer, en forma de gotas gruesas y seguidas, empapándome por completo, el agua escurriendo por todo mi cabello — ¿Cómo te atreves, tonta? ¡Es mi caballo! — Le grité, brincando hacía ella, rasguñando donde fuera que sintiera blando.

Ella me apartó de una bofetada en la cara — ¡Nadie toca mi cara! — Chilló la mujer.

Los ojos se me pusieron rojos, pero no lloraría, no lo haría, menos enfrente de ella. En cambio el otro muchacho quien le había llamado Ojo de Tigre me agarró del codo — ¡Mierda Ojo de Pez! ¿Por qué siempre maltratas a las mujeres que son más lindas que tú?

Ella soltó una risa burlesca — ¡Nadie es más bonita que yo! — dijo en un acento remarcadamente inglés, claro, ahora podía escuchar mejor su triste acento británico — Menos una cerda y asquerosa británica, tiene que pagar ¡me arañó la cara!

El cabello caía por mi cara, la lluvia no cesaba, ¿y qué supone que pasaría ahora? No era una ladrona, ni tampoco una guerrera amazona o algo similar para hacerles frente, además que ni siquiera sabía cómo salir de allí, seguramente nadie sabía que me encontraba lejos, y cuando lo supieran sería seguramente demasiado tarde, me secuestrarían y pedirían rescate. Sentí como me apretaba de las muñecas, en seguida me aventó hacía el pasto, caí de espalda, todo mi cabello se había esparcido.

Ojo de Tigre, se había inclinado hacia mí, apoyando todo su cuerpo sobre el mío — Ojo de Pez, nos llevaremos el tesoro — miró al caballo — Pero yo me llevaré el premio mayor — con ojos lascivos me miró, desabrochó mi cinturón. ¡Oh por todos los cielos! ¡No podía pasarme a mí! ¡Menos a mí! — Yo no le niego nada a una británica rica.

Empecé a zangolotearme, pero era demasiado fuerte, y musculoso. ¿Dónde demonios estaba Seiya Black? ¿No se supone que me tenía que proteger? Reí mentalmente, él era un caballero, ¿cómo podría protegerme? Pero la verdad es que lo quería salvándome de esas bestias, el agua me empezaba a picar los ojos, y el muy toro me empezaba a quitar el aire. ¿Por qué rayos se tardaba? ¿O es que en realidad se había molestado? Ojalá y no, lo quería a mi lado… lo único que pude hacer fue escupirle en la cara — Cerdo, Ojo de Tigre — me reí, pero obviamente se molestó.

Me jaló como animal mi vestido desgarrándome sólo un poco del pecho — Apetitoso… — miró con descaro, lo que se había abierto de vista a mis senos.

— ¡Apetitoso será mi cara en tu puño! — Sentí un vuelco en el corazón, al escuchar esa voz, tan gloriosa y magnífica que era. Tumbó a Ojo de Tigre, me arrastré con sumo cuidado, me dolía cada parte de mi cuerpo, ese bastardo animal me había dejado sin aire — ¡Escóndete! — Me vociferó, asentí… o al menos eso pensé que lo hacía.

La lluvia era muy fuerte, y me impedía ver, al final me acerqué a un arbusto. Había sido un logro, miré como Seiya Black, esquivaba los puños de Ojo de Tigre, de esa manera lucía lento y torpe. Metió uno de sus pies y lo volvió a tumbar, esta vez pegándose en la cabeza, lucía que había vencido con tanta facilidad a Ojo de Tigre, pero este lo jaló con sus pies tumbándolo, le propinó un buen golpe en el estómago. Solté un grito de horror ¡no, no, no! ¡Seiya Black no podía perder! El estómago me empezó a doler, parecía hipnotizada al verlos a ambos, tirados, mojándose, Ojo de Tigre golpeando a Seiya Black. Seiya alzó una rodilla, pegándole en el trasero, haciendo caer a Ojo de Tigre, sin chistar Seiya se levantó y le propinó dos golpes en su estómago con su pie.

Lucía bien… casi a penas con rasguños, sonreí tranquila, aliviada, quería abrazarlo y cuidarlo.

— Nadie se mete con mi hermano… — Ojo de Pez, sacó su látigo, chasqueándolo en el agua — Aunque podría perdonarte si me das una noche de pasión — sonrió con lujuria. Me enrojecí de furia ¡bastarda! — ¿Te animas?

Seiya Black soltó una risotada, nunca pensé que esa risa podría alegrarme el momento, verlo de esa manera… — Ciertamente no eres mi tipo.

Ojo de Pez desdibujó su sonrisa molesta — Pues bien… héroe, pagarás.

Ambos empezaron a caminar en círculos, Seiya se quitó el saco, por primera vez lo había notado que lo llevaba puesto, sonrió con sorna. Ojo de Pez daba de latigazos en derredor, finalmente, propinó a dar uno directo a su hombro que esquivó Seiya con rapidez. Seiya llevaba las manos vacías sin armas ni nada, recé mentalmente por él, ¡Dios que no le pase nada! Seiya Black caminó tratando de cerrar el círculo pero Ojo de Pez volvió a propinar otro latigazo que dio en su estómago, desgarrando la fina tela blanca, manchándola con sangre. Sentí palidecer, bajé la vista, lloré en secreto ¡déjalo! Grité mentalmente con desesperación, quería salir y detener la pelea, pero no serviría de nada, sería un estorbo… me sentía tonta, no servía para nada. ¡Había puesto a Seiya Black en peligro! ¡Y me había puesto en peligro a mí misma! Todo por mi tontería… ¡qué ingenua!

Alcé nuevamente la vista, el círculo estaba más cerrado, parecía que iba a perder… mi héroe, ¡todos menos él! Ahora tenía otro latigazo en el hombro. Cuando Ojo de Pez propinó otro, Seiya lo agarró en el aire, enredándolo entre su antebrazo, acercando a la mujer, dándole una patada en su estómago. No sentí remordimiento cuando le pegó a una mujer. La lluvia seguía, no queriendo parar, la mujer cayó de bruces. Seiya lucía cansado, salí de mi escondite y corrí con todo lo que pude, estaba cansada, la mejilla me ardía como el mismo infierno, me sentí más desnuda que nunca, pero quería abrazar a Seiya Black.

Me miró cansado y con cara enlodada, cuando lo abracé cansada, me sentí a morir, lloré como tonta. En cambio él me agarró del hombro, y me separó, ¡qué tonta! ¡Estaba lastimado y yo lo apretaba como si se me fuera a ir de las manos!

— Estás lastimado — Susurré.

Frunció las cejas — ¡Eres una tonta! ¡La más grande de todas! — Rugió molesto, y me sentí a desfallecer, quería que me abrazara y me mimara — Estuve como loco buscándote, temía que algo malo te pasará y… — me miró la mejilla y la acarició, suavizó sus facciones — ¡Nunca te vayas de esa manera! ¡No de mi lado, así no! — Me abrazó, aún con esa torrencial agua que no sucumbía ¡Dios! ¿Cuándo pararía de llover de esa manera? Me levantó como un saco de patatas, y vi a lo lejos como mis zapatos se quedaban allí junto con mis pantimedias, y como Ojo de Pez y Ojo de Tigre parecían tranquilos, como si estuviesen dormidos.

Me depositó en Sir Thunder… sonreí, por agradecer el hecho de que él podía también montarlo. No dijo nada y se retiró, cuando volvió traía a Sir Star, ¡oh mi pobre caballo! También traía su saco escurriendo agua pero de igual manera me lo puso para cubrir mi parte de los senos descubiertos. Se subió en Sir Thunder, con esa cara frustrada, bajé la cabeza — ¿Y no que no le pegabas a las mujeres? — Dije como idiota tratando de hacer plática mientras me acomodaba de lado para descansar en su pecho, con una mano guiaba a Sir Star y con otro a Thunder.

Lo miré por debajo, aún con la lluvia que parecía disminuir pude ver cómo sonreía — Podría resultar un alago… claro está, si a mí me gustaran los hombres — soltó un sonido socarrón después se volvió a poner tenso. ¿Ojo de Pez era un hombre? ¡Vaya! Lucía como una mujer… entonces al final le había pegado a un hombre que se creía mujer — ¿Por qué te marchaste de mi lado? ¡Demonios Serena!

Solté a llorar nuevamente como la llorona que soy, me sentí demasiado cansada, y su pecho se sentía caliente. Trataba de no apoyarme tanto en él con esos dolores, ¡jamás me hubiese burlado de él de esa manera! Si esto no hubiese sido por mi culpa, hubiésemos salido como él había querido, ¡demonios! ¿Por qué arruinaba las cosas yo? ¡Quería salir con él! ¿A quién engañaba? Tenía ganas de salir de paseo. Pero preferí no contestar y cerrar los ojos, la caminata lenta y suave me adormecía, la lluvia sólo era una caída fina, ¿en realidad le preocupaba demasiado? O sólo lo hacía ¿por qué su hermano se lo había pedido? Abrí los ojos y lo miré.

— ¿Sigue molesto conmigo Black?

Detuvo el andar y bajó la vista, era claro que el sol se había ido desde quién sabe cuánto tiempo, era probable que me había quedado afuera todo el día, ¡qué rápido había pasado el tiempo! ¡Con esos árboles tan grandes uno ni se fijaba en el horario! Me siguió escudriñando de manera intensa.

— Me gustaría darle una zurra por todo esto — gruñó — Pero… no puedo hacerlo.

— ¿Por qué somos familia?

— ¡No, por Dios! ¡Créame que eso no me lo impide! — Apretó la quijada — Pero con usted a mi lado, me siento tonto e indefenso. Vamos — me abrazó — No puedo enojarme mucho tiempo con usted, es como una ley metafísica en mi persona que me impide hacer semejante locura pequeña, jamás podría enojarme con usted muy fuerte.

Lo miré indecisa — ¿Jamás?

— Jamás… bueno, si podría pero sólo si me abandonara — de repente dio un respingo, y sentí que mi corazón daba un vuelco para empezar a latir con fiereza, sentí que me ponía toda colorada — Prometa que jamás lo hará — dijo algo articuladamente, parecía algo sorprendido de sus propias palabras.

Asentí nerviosa bajando la cabeza.

— ¡Qué curioso! — Meditó en un mejor estado de ánimo — Está es la segunda vez que la voy a cargar… en realidad no me quejo, adoro hacer eso — Me tomó desprevenida, conque la primavera vez él me había llevado a mi habitación después de regresar con la señora Tomoe. — Y tal parece ser, que usted le fascina.

Me escondí entré su saco mojado, y no le dije más, el caballo me acunaba más, y en verdad ¿a quién iba engañar? Adoraba estar a su lado, era como una droga, no quería pensar qué iba a pasar cuando él se marchara, ciertamente deseaba que pasara mucho tiempo después de eso. Después descubrí que ambos nos encontrábamos en un estado mejor de ánimo. Me acurruqué. Y de algo estaba segura es que nunca me iría de su lado… al final me quedé dormida rumbo a casa en su pecho protector.


Hola x)

¿Se esperaban esos cambios tan drásticos en la historia? Yo no :P Jajaja, la idea era en que iban a salir, pero preferí que eso sucediera capítulos más adelante. También deseé dejar a Ojo de Pez como en el manga, como un hombre que se creía mujer. Me costó trabajo pensar en ellos como muy malvados, pero… ¿qué se le va a hacer? Al menos en el manga ¡si qué lo eran!

¿Alguien desea que la voz interna de Serena se materialicé y tenga posesión de ella? ¿Pensará diferente Serena de Seiya, después de que la salvó? ¿Cómo se comportaran? Además… Seiya dijo palabras comprometedoras, y al menos yo estaría dándole vueltas. Asimismo, Serena aceptó –al menos internamente– que no amaba a Diamante.

¡¿Y qué creen? Sólo falta un capítulo más para la fiesta, ¿tan rápido Serena se olvidó de Andrew? ¡¿Y casi hubo un beso? El cuerpo y la voz de Serena claman a gritos el beso y que la toque (¡Yo también quiero!) Lo que si les prometo es que adoro la tensión… y de esto habrá mucho más. ¿Les dije que es mi historia favorita que escribo, después de Hermosa mentira?

¡Hablan galés por cierto... y tampoco dicen la gran cosa Ojo de Pez y Ojo de Tigre :P

Muchas gracias a; Serenity824, Lesval Bronte, Hikariadi, Rouge Passion, Sol Bronte, Andru110, Kokoro Lust, Kawaii Bitchy y SiLver Moon Gia,

Emily Castro; ¡Perdona la tardanza! Espero no vuelva a ocurrir o al menos no tanto tiempo… ¡espero que tengas un lindo comienzo!

Suxzy; ¡Por supuesto que lo continuaré! Es una de las historias que más me encanta y me divierte escribir, espero que a ti también te encante bastante.

Bulmita su: ¡Felicidades por tu casamiento! Supongo que no debe de ser tarea fácil, pero sé que contigo las cosas se pondrán buenas ¡Ojalá y algún día te animes a abrir una cuenta en el fb! Yp estaría re encantada.

KateKou; ¡Me alegro saber que te gusten las discusiones mentales de Serena! Creo que todas discutimos con nosotras mismas para saber qué es lo correcto y qué no ;P ¡Saludos!

Marlen K; Adoro tus reviews son tan geniales, me alegra saber que por fin ahora si te animaste a leerme, y más aún que no fue una pérdida de tiempo, espero que cuando la termine y tenga el tiempo, trataré de hacerla un original :P

¿Tienen ideas descabelladas? ¿Desenlaces locos? ¿Quieren ahorcar a Seiya o a Serena? ¿Qué creen que pase? Todos lo que pienses;

Dejadlo en un review Ladies Kou

●๋•Ashαмєd●๋•