Capítulo dedicado a mis amigas brujildas víborescas Lesval y Rouge Passion.
Un sentimiento dudoso
Capítulo 8
Cuando desperté entre las mantas de la sala, sentí un par de ojos mirándome, aunque no le presté más atención. Los rayos del sol caían en mi cara lastimándome el iris de mis ojos, en seguida supe que no estaba en mi cuarto. Aunque no sabía por qué. Tampoco parecía ser muy temprano era más tarde que temprano. Bajé mi mano y fruncí el ceño al sentir mi pijama. En realidad abrí más los ojos al recordar todo, y solté un suspiro tonto. ¿Es que acaso iba a terminar en sus brazos? ¿Siempre tenía que irme a rescatarme por mi imprudencia? ¿Eso era normal? Y ¡por Dios!
¿Estaba lastimado? ¿Por mi causa? Recordaba haberlo visto con mucha sangre y después… dije cosas estúpidas y recuerdo algo de una zurra, ¡oh por Dios! Me levanté de golpe, espantada por la zurra y por su bienestar. ¿Por qué me ponía de esa manera? ¿Qué es lo que me estaba haciendo él?
— Ya despertó — me sobresalté al verlo, sentado en una de las sillas del comedor, con ropas cambiadas y con risa burlona — Me tenía preocupado.
— ¿Por qué? — Dije recelosa, y me lamenté sonar así. En cambio me acosté en el sillón largo mordiéndome el labio inferior. De repente mi pudor se había ido, y mis ganas de decirle cómo estaba se habían estancado en algún lugar de mi boca y mente.
Cobarde…
— ¿Por qué? — Sonó burlón, escuché que se levantaba de su asiento — Déjeme decirle que tuvo fiebre alta por la lluvia, por su semejante tontería pudo haber enfermado gravemente…
Torcí el gesto molesta — Nada hubiera pasado si no me hubiera dicho pueril — rezongué, escondiéndome entre las sábanas.
Pero él no me prestó atención en lo absoluto — Sin contar el hecho que nos asustó a todos, si no fuera por mi manera caballeresca de ser, Rubeus jamás nos hubiera dicho cómo se fue — escuché que gruñía suavemente — En verdad mi hermano debería de pensar seriamente a ese vasallo suyo. De todas formas, ¿se da cuenta en el peligro que estuvo? Actuando como la pueril que dice que no diga ¡no deja nada a desear!
Ya, de toda su perorata, era suficiente, es cierto que era una torpe, probablemente impulsiva, llorona e inexperta pero no era tan niña y no era tan ingenua era mayor de edad y sabía cuando las cosas eran malas y cuando no. Me incliné de repente y lo miré a los ojos. Estaba molesto tanto como yo — Si se pudiese a pensar, usted es el que ocasionó todo esto. Si hubiese sido de caballeroso nada de esto hubiese pasado. Y probablemente me hubiese comprado el vestido que tanto deseaba para su amada señora Tomoe, ¿lo entiende? Yo no sé para qué quiera que vaya acompañada con usted si bien puedo ir sola por mi cuenta.
Seiya enarcó las cejas y se sentó a mi lado, ignorando mi sutileza de ponerle el pie para que no se sentara, amablemente lo quitó y se sentó como si fuera el dueño de allí o algo así — ¿Es lo que quiere? A las mujeres les duele más estar y llegar completamente solas ¿qué dirán de la pobre Serena Tsukino llegando sola a una fiesta de pobres?
Lo fulminé con la mirada, esa mugrosa fiesta… con esa odiosa mujer Tomoe. Suspiré tranquilamente y me recordé mentalmente que Andrew estaría allí y que nada más que eso me importaba, sí, nadie más importaba sólo Andrew y yo. Entrecerré los ojos — ¿Tendría que interesarme lo que una fiesta de pobres vendrá a cuchichear sobre mí? Por supuesto que no, porque son pobres — solté mordaz.
— ¿Nadie le enseñó a ser humilde? — Soltó hosco, acercándose a mí, sus ojos vivaces brincaban y brillaban de una manera extraña. Gemí, estábamos muy cerca — ¿Sabía que la mayoría del chismorreo se originan de la gente pobre?, pero apuesto a que no sabe nada, porque es tonta e ingenua, creyendo que todo lo que dice mi santo hermano es cierto. ¡Oh salva aguarde nuestro Santo Diamante! ¡Quiero darle una zurra! Nadie le ha enseñado vivir entre los pobres, en ser más consciente…
— ¡Si me toca gritaré! Y ambos sabemos que lo haré — solté chillonamente. Una parte de mí me dolía enormemente que me dijera todas estas cosas eran como finas apuñaladas pero por supuesto que no se lo haría notar ¡oh no! — ¿Y qué si dicen que vengo sola? Al contrario lejos de cuchichear de mí, lo harán sobre usted dirán del cómo es posible que dejara sola y abandonada a la pobre y bella Serena. ¡Le hago caso a Diamante porque lo amo! ¿Qué sería el amor sin la confianza?
Seiya rió divertido aunque con un deje de mala gana — ¿Confianza? Me imagino que sí — asentí con superioridad alzando el mentón — Tanta confianza que no le dijo mi pobre hermano santo que tenía un hermano — soltó una carcajada divertida.
Yo desdibujé mi sonrisa altanera y me sentí a morir, ¿cómo podía rebatirle eso? ¡Si ni siquiera Diamante me tenía confianza! ¿Diamante no me amaba? Aunque claro, en mi mente tampoco sabía si lo amaba, en realidad no estaba segura en sí de lo que era amar, sólo parafraseaba a mi hermana, ¿y qué si Diamante me lo ocultó? Yo también le oculté sobre mi supuesto amor que le profeso. Aunque técnicamente eso me enteré cuando el señor Seiya Black vino a arruinar mi vida — Sus razones tiene — lo defendí, sin vehemencia — ¿Acaso cree que es lindo decirle a tu prometida que su hermano es un asesino?
Seiya bajó la cabeza, oscurecida por la sombra en el ángulo en el que estaba. Mis alertas de buena persona se prendieron frenéticamente. Me mordí el labio, tontamente, bien, si no me pensaba dar una zurra entonces ya me la había ganado. ¿Y qué tanto se molestaba con decirle asesino? Me refiero, ¿si la mató… o no? Se supone que no tiene corazón.
Si no lo tuviera pequeña tonta, tu honor hubiese sido mancillado y quién sabe dónde estarías. En realidad estoy molesta contigo, pensé que eras más lista y lejos de mimarlo le recriminas.
Bueno mi voz interna tenía buenos puntos, y si es que tuviese corazón, ¿por qué era así? Seguía cabizbajo y me sentí a morir ¿por qué le había dicho eso? Me acerqué a él para tocarlo, pero en cambio él me agarró la muñeca, ligeramente me la apretaba. Alzó la cara y pude ver su rostro contraída en dolor, en furia, tristeza.
— No me vuelvas a llamar asesino — dijo algo lúgubre, en verdad me espanté — No sabes por lo qué pasé, ni tampoco Diamante sabe, en realidad ¿él que va saber? — Me jaló más contra él, podía oler su respiración penetrando en mis poros. De repente tuve ganas de llorar — ¿Se te hace divertido llamarme así? No me conoces…
— Al parecer la señora Tomoe sí — dije dolida al recordar la charla con la escocesa Rini, al parecer les había dicho de lo que lo acusaban y del porqué tuvo qué hacerlo, sostuve su mirada fría.
Sonrió de lado — Al parecer la señorita Tomoe si me entiende.
Abrí la boca furiosa ¿cómo se atrevía? Me jaloneé de su agarre, ¿cómo se atrevía a decirme que la señora Tomoe si lo entendía? Al parecer su estado lúgubre se había desvanecido, con una sonrisa tranquila y divertida impregnada en sus labios y ojos, a mi no me parecía nada de divertido eso. Fruncí los labios hasta hacerlos sentir una línea fija y casi podía asegurar blanca. ¡Maldito! ¡Yo soy su familia! ¡Conmigo se debería de sentir bien!
Si claro… diciéndole a cada tanto asesino…
¡Pero es que lo es! ¿Pero es que por qué se sentía bien con ella y no conmigo? Me volví a jalonear como loca. No entendía por qué entre muchas amistades entre muchas personas en el mundo tenía que ser ella, precisamente la mojigata. La–cara–de–no–rompo–un–plato.
¡Serena qué es ese lenguaje! A ti no te debería de molestar con quién se relacione…
Me importa un bledo, es mi familia y él deliberadamente me traicionó con esa… Quería gritar como loca, hasta que él soltó una risita burlona y se atrevió a acercarse más a mí, me descompuse por un momento, aflojando todo el cuerpo, cuando sentí sus labios rozándome en mi oreja.
— Sé que me deseas — sonó ronco, dulce y varonil.
Abrí los ojos como platos, y esa mugrosa sensación traicionera por mi estómago y entrepierna salieron a flote. ¿Qué se supone que significaba eso? ¿Y por qué me hacía sentirme así? Al final de cuentas ¿quién era él? Solté una risa nerviosa disfrazada perfectamente en la burla.
— ¿Desearte? — Me di un jalón soltando mi muñeca de su agarre — Sinceramente señor Black no estoy de humor ¿por qué querría desearte? Le recuerdo como siempre que las compañías de mi Diamante son más gratificantes que las suyas.
De repente Seiya lucía diferente, más extraño. Con una cara seductora, miré en la puerta del salón y me lamenté que Luna no pasara, en realidad ¿por qué demonios Luna no me había visto en todo este tiempo? ¿Por qué parecía que estábamos solos? ¿Y por qué demonios sacaba todas esas cosas? Seiya se acercó más a mí, agarrando mi cara, con sus dedos me acariciaba las mejillas. Quedé estática, como si me hubiese dado un veneno donde sólo podía apreciar sus gestos. Sentí como poco a poco se agachaba hacía mis labios cerrando sus ojos. ¡Oh Dios, iba en serio! Sentí como mi corazón golpeaba tan duro, que podría jurar que se saldría en cualquier momento. Abrí más los ojos al sentir su respiración en mis labios e hice viscos para ver que sus labios estaban a casi nada de besarme. En un intento nervioso y estúpido lo empujé.
¡No, Serena! ¡Nos iba a besar!
¿Nos iba a besar…? Las palabras de mi voz interna me retumbaron… nos iba a besar… ¡nos iba a besar! Escuché cómo se quejaba y de repente sentí la traición en todo mi cuerpo… pero fui lo suficientemente sensata como para retenerlo sí, lo fui. Me sentí en un mejor estado de ánimo al saber ese pequeño secreto mío. Eso claramente comprobaba que no lo deseaba, y ¿entonces por qué me sentía ansiosa?
Desvié la vista para verlo y descubrí horrorizada como su camisa se teñía de un rojo carmesí.
— ¡Por Dios! — Brinqué del sofá, inclinándome en él, le abrí desesperadamente la camisa. Vi el vendaje mojarse y de repente caí en la cuenta que él estaba herido por protegerme y yo como regalo -y como siempre- le hacía reñir — Perdón — solté de repente triste, le quité el vendaje y también descubrí que a lo mejor si estaba mal en la noche, había bandejas de agua y toallitas, junto con varios medicamentos que ni supe identificar. Corrí a la primera bandeja y agarré un poco de algodón.
También parecía que se había estado curando allí mismo, cuando regresé con un poco de algodón y vendaje nuevo. Vi una fina herida en su abdomen, era una herida escandalosa salía mucha sangre pero no era muy grave, limpié su abdomen plano, tenía un poco de vellos debajo de su ombligo escondiéndose debajo de su pantalón. Tragué saliva meneando la cabeza tratando de eliminar ese pensamiento sucio de mi mente.
— En verdad lo siento — le dije nerviosa — Olvidé que por mi culpa usted había sufrido tanto, no sé si algún día podré pagárselo, ambos… me refiero Diamante y yo — bajé la voz cuando mi mano izquierda tocó su piel caliente, gemí inconscientemente y volví a percatarme de otra cosa probablemente más atroz que la anterior. El señor Black estaba semidesnudo, yo en pijama y lo estaba tocando… claro no de manera, como la que una espera pasar en la intimidad… ¿o si era esa manera? Solté una risita baja — Le quiero dar las gracias por estar allí conmigo… por digo, ¿cómo se dice? — Volví a reírme ante mis incoherencias — Salvarme y esas cosas — le di las vueltas por su torso de la venda — Creo que sería conveniente que esa playera ya no se la ponga más.
— ¿Tiene hambre? — Soltó ronco, pasional, sentí que sus dedos tocaban mi mano que estaban en su estómago. Me sentí efímeramente pequeña, no quería alzar la mirada, sé que si lo haría estaría pérdida…
— ¿Qué dice?
Seiya entrelazó nuestros dedos, y una oleada de calor inundó mi cuerpo, ¿por qué? ¿Qué era esto? ¿Por qué me hacía sentir esto?
— Serena yo…
Di un respingo al escuchar mi nombre de pila tan seductor, sin nada de formalidades, sólo su voz ronca cargada de algo que no supe identificar realmente, me empezó a dar miedo. ¿Y si…? Me gustaba ese contacto… me gustaba como me llamaba pero no estaba bien, estaba muy confundida al respecto, en cambio, comenté abruptamente quitándole la magia a todo, estaba en zona peligrosa y yo no sabía lidiar con ese tipo de cosas ni con nada relacionado a eso— ¿Por qué quería besarme? — Me levanté regañándome por sacar a colación lo del beso.
En cambio él pareció sopesando la situación, con esos ojos de felinos, tragué saliva. Al final su cara terminó una maraña de confusión, de todas formas ¿qué tenía que estar confundido? ¿Acaso le gustaba? ¡Por favor! Era tonto… era su cuñada.
¿Eras?
Soy, ¡demonios soy! ¿Qué una no puede tener deslices a la hora de pensar? En cambio, se quitó la playera y se levantó del asiento, pensativo. ¿Acaso no era parte de un juego? De esos en los que terminan con la famosa palabrita "te lo dije" ¿no estaba probándome de que en verdad amaba a Diamante? En cambio se acercó a mí, con su andar caballeresco sin playera y con una venda en su torso, recordándome mi momento estúpido de huída.
— Recuerdo haber escuchado recompensas sobre mi acto heroico de una damisela ingenua en peligro.
Lo miré estupefacta — ¿Cómo dice? — Después me serené un poco al comprobar que esa sería mi huida de ese beso, de la pregunta —Si claro, recompensa de parte mía y de Diamante, claro está, tenga por seguro que a Diamante no se le pasará desapercibido lo que ocurrió ayer por mi imprudencia.
Me acerqué al sillón y me senté en él, mientras Seiya se quedaba en el gran ventanal semi abierto por las cortinas, como pensando cuidadosamente lo que estaría a punto de decir. Por una parte estaba muy agradecida que zanjara el asunto del beso, pero por otra parte no, ¿por qué eludía eso? ¿Era correcto hacer eso? ¿Dudaba de mí? Pero eso sería imposible, estaba completamente consciente de lo que hacía, era muchísimo más grande que yo, sabía lo que quería, yo podía dudar…
¿Qué tu qué? ¡No me hagas reír! ¿No qué se supone que amas a Diamante? Ahora resulta que Seiya te hace dudar, ¿y por qué habría de hacerlo en dado caso? ¿No que yo era la loca?
¡Y yo qué voy a saber! Simplemente lo hacía y ya, y eso no me gustaba tampoco. Seiya no lucía de los que dudaban. Finalmente carraspeó y me miró a ver para acercarse y acariciarme la mejilla nuevamente, me puse tensa y la piel se me puso de gallina, semi abrí la boca como tonta.
— Pero yo, no salvé a mi hermano — me miró tranquilamente — Y esta recompensa sólo nos compete a mí y a usted. No necesito que mi hermano me dé nada por haberla salvado.
— Comprendo — dije hipnotizada por sus ojos zafiros — Supongo que estará…
— No, no entiende — me puso su dedo índice en mi boca callándome educadamente, hice viscos en el momento y sentí que mis mejillas empezaban a arder, al parecer le agradaba la situación, podría asegurar que la estaba manejando él, ya no lucía como antes contraria a mí, que me deshacía con un solo dedo — La deuda sigue en pie, pero como la salvé a usted, usted es la que debe de pagar la deuda.
— ¿Pagar? — Dije confundida aún con su dedo en mi boca — Pero si yo no tengo dinero, sólo joyas familiares supongo o…
Su risa divertida inundó mis oídos — ¿Quién dijo que quería dinero por mis heroicos servicios?
— Todos quieren dinero…
Finalmente me quitó el dedo de su boca y acercó su cara a la mía, aún con esa sonrisa malévola de diversión. Yo aguanté la respiración muy nerviosa — Le recuerdo que yo no soy todos…
— ¿Y qué es lo que quiere de todas formas? No creo poder pagárselo no soy buena en nada en realidad — comenté nerviosa, sin aguantarme más la respiración el aliento a menta y a whisky me impactó de lleno en la cara, ¿tomaba? ¡A quién le importaba! Olía endiabladamente bien.
El señor Black enarcó una ceja — Pensé… y caí en la cuenta que uno de las tantas cosas de las cuales me gustaría que pagara su deuda es que salgamos hoy un par de horas a Buchanan Street o probablemente a Argyle Street…
— ¿A qué? — Comenté un poco distante, un par de mechones rubios cayeron a mis lados.
— A comprar ropa por supuesto…
— Pero Buchanan y Argyle son las zonas más caras — dije aún tonta — ¿Y ropa por qué?
— Sé que encontraremos cosas bonitas, además deseó comprar ciertas cosas en Argyle Street — se acercó un poco más a mí, quería sentirlo, mis labios empezaron a temblar y cuando creí que el beso era inminente, del cual el señor Black jugaba a ser la araña y yo como tontita caía en la telaraña como cual mosquita.
— ¡Serena ya despertaste! — Luna entró de improvisto, dejando unas toallas en el sillón.
— ¡Luna! — Chillé, en realidad grité como si me estuviesen ahorcando. Me levanté bruscamente golpeando sin querer al señor Black que ligeramente trastabilló entretenido ante mi reacción nerviosa — ¿Qué haces aquí?
Ella frunció el ceño mirándome de arriba abajo — Vine porque tengo que venir a ver tu salud. ¿Interrumpí algo? — Enarcó las cejas, mirando con complicidad a Seiya.
— Claro mi salud — articulé remarcadamente, después moví mi cabeza energéticamente negando las cosas — ¿Interrumpir? ¿Cómo qué interrumpir? ¿A qué te refieres con eso?
— Sere — caminó hasta mí tocándome la frente y sonrió maternalmente. Agrandé los ojos ¿Sere? ¿Enfrente del señor Seiya Black? ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué de repente me tuteaba enfrente de alguien como él? Aún cuando la regañara la defendería, sí, eso haría — Estás muy rara hoy…
Miré a Seiya por el rabillo del ojo esperando, finalmente vi que su boca se abrió y me apresuré a hablar — ¡Ella me habla así y no se atreva a decirle nada! — Pero lo único que hizo fue dar un largo bostezo, me lamenté pegándome con la palma de mi mano en la frente ¿qué demonios me pasaba?
— ¿De qué hablas? — Encogió de hombros, sentándose — Para tu información hay gente que necesita descansar…
Lo fulminé con la mirada mientras al mismo tiempo me sorprendía de que hiciera caso omiso a la forma en la que me había llamado Luna.
— Tiene razón el señor Black — asintió Luna, quien me abrazó — El señor Black, estuvo despierto toda la noche para ver que se mejorara, fue muy amable de su parte. Serena ¿fuiste consciente de todo el peligro que pudiste acarrear? Eran forajidos menos mal que el señor Black te encontró. Ese pusilánime y odioso de Rubeus — hizo un mohín — No quiso decir en dónde estabas.
— ¿Qué Rubeus qué? — Me desprendí de su agarre — ¿Qué Seiya hizo qué? — Miré estupefacta al señor Black, él alzó la cara cuando descubrí mi propio error de tutearlo. ¿Qué demonios me pasaba hoy?
Luna rió y en cambio miró el abdomen de Seiya lo cual me hizo ponerme incómoda, no me gustaba que le viera el abdomen de nadie, bueno, en realidad el abdomen de Seiya en específico. No era como muy prudente hacer eso. Tosí discretamente cuando Seiya se sentía más y más tranquilo en su terreno de gigoló seductor barato. Luna volteó a verme con cara de póker y soltó una risa.
— ¿Ahora de qué te ríes? — Expresé molesta, sintiéndome aún más tonta cuando mi futuro cuñado se unía a ella. ¡Odiaba estar fuera de algún chiste local!
— De ti me rio — rodó los ojos — Es obvio que sólo miro al señor Black por su cambio de vendas, tenlo por seguro.
— ¿Y qué te hace creer que yo…?
— ¿Tienes hambre? — En cambio me calló sutilmente, desviando la vista del hombre de piel tostada. Negué con la cabeza — ¿Tienes sueño? — Volví a negar con la cabeza.
— Lo que sucede es que está extasiada en que salgamos a Buchanan Street, no ve el momento de irnos, de por sí ya es tarde…
— ¡Yo nunca acepté! — Mi cabello suelto se movió extrañamente hacía adelante, me lo quité de un manotazo. Y por primera vez me vi en el espejo de la sala, mi pijama era rosa, de las que madre decía que una tenía que utilizar. Agradecí al Señor que… esperen, si el señor Black estuvo todo el tiempo ¿eso significaba que me había vestido? ¡Oh Dios! No, no, no, claramente eso no podía pasar, creo que Luna guardaría un poco de pudor en esas cosas, me mordí el labio, y si Luna me había vestido, entonces había escogido una pijama muy, muy decente, eran de esas calientes y afelpadas, con empuñadores de holanes, en realidad era demasiado pueril para mi edad. Suspiré y le regresé la mirada — ¡Tampoco estoy extasiada!
— Yo sé que lo está, se desvive por mí… — sonrió con altanería cuando Luna, de las toallas que había traído no sé por qué, extrañamente tenía una camisa, era como si ya lo supiera ¡qué horror! Carburé sus palabras y di un tremendo pisotón en el suelo de madera molesta ¡engreído! — Además que debo de recordarle lo de una deuda…
Solté un bufido — Lo sé — musité — Y lo haré — volví a decir igual de bajo.
— No escuché — se regodeó.
— Dije que lo sé y que lo haré — dije en tono normal.
— ¿Cómo? ¿Señorita Luna acaso escuchó usted? — Miré a Luna quien negó y encogió los hombros, ¡traidora!
— Dije que–lo–ha–ré — remarqué con un tono más fuerte.
— ¿Qué hará qué? — Rió.
— ¡Por todos los cielos! No lo diré, su grado de sandez se hace más grande — en cambio rió más cuando se abotonaba la camisa blanca — Aunque dudo que podamos ir, debe de ser pasadas del medio día y debo agregar que debo de bañarme… ¿sabe lo que una mujer puede tardarse en bañarse?
— Por supuesto que lo sé no soy ingenuo — comentó calmo — Pero no será necesario ya que enseguida que venimos del Bosque, le preparé un baño para bañarla personalmente…
— ¿Qué usted qué? — Miré a Luna, casi podía jurar que mi cuello se fracturaría y que mi cara pasaba de unos treinta y seis grados centígrados de normalidad a unos cuarenta y siete — ¡Luna me bañó! ¿Es verdad? — Luna vaciló ante mi voz aguda, ¡no puede ser! ¡Me había visto desnuda! ¡Y yo no lo había visto a él! ¡Esto no estaba bien! — ¿Qué hizo qué?
— Creo que ambos escuchamos lo que le dije — encogió de hombros restándole importancia ¡Le restaba importancia a mi cuerpo! ¿Qué demonios se creía?
— ¿Por qué hizo eso? ¿Luna por qué? — Dije agudamente, ¡cuando se enterara Diamante! ¡Sería el fin! — ¿Me bañó?
— Serena yo… — Luna empezó nerviosa, me sentí a morir y ¿luego que venía? ¿Iba a tener hijos como María? De esos milagrosos… además ¡le restaba poca cosa a mi cuerpo! Tampoco es que fuera la mujer más radiante del mundo pero era linda…
— ¡Broma! — Soltó Seiya riéndose a todo pulmón — ¿Qué? ¿Te creías que iba a hacer eso?
De repente sentí como si mi alma me abandonara y como si mi voz interna hubiese dicho, "adiós" me sentí estática, no sentía ira, ni risa, nada, sólo la nada. No era lindo que te gastaran esas bromas ni que Luna estuviese allí medio de acuerdo. Vi como Seiya dejaba de reír para abrazarme, pero tampoco eso lo sentía, algo decía pero tampoco le entendía nada. Era mi cuerpo… y Diamante nunca me había hecho eso, en realidad nadie me había dicho eso. Y finalmente al no sentirme de la nada, me sentí triste. ¿Por qué seré tan bipolar? Vi que Luna se acercaba y que aún Seiya no dejaba de abrazarme, hasta que de repente sentí un clic y ese receso de todo regresó a mí. Mi voz interna había dicho "regresé" y yo finalmente pude escuchar sus voces.
— En verdad lo siento — lo miré con ojos llorosos esta vez — No quería que te molestaras, era un momento de diversión, mira ayer fue muy pesado pensé que aún estabas con las ideas de lo que había pasado y sólo quería hacerte reí.
— Sere, te prometo jamás hacer eso, jamás — terció Luna a mi lado y yo asentí un poco más contenta.
Y finalmente empecé a llorar, abrazando al señor Black, él en cambio me apretó más cariñosamente — Yo no quería irme — hipé — Pero estaba muy enojada — después de todo, si me sentía nerviosa y triste. Era como un tipo efecto demasiado retardado ante las catástrofes — Y luego, esas personas escocesas que odiaban a mi Patria, a mí… tuve mucho miedo, pensé que jamás regresaría — Luna me acarició el cabello, mientras me enterraba más en el cuello de mi futuro cuñado — Pero apareció usted y por mi culpa — me empujé un poco, gruesas lágrimas caían por mi mejilla y le señalé su hombro y su abdomen — Lo lastimaron… yo fui…
— Serena Tsukino — dijo un tanto duro Black cuando me aferró fuertemente por mis hombros — Escúcheme muy bien, pase lo que pase, donde quiera que se encuentre, la buscaré…
Abrí los ojos — Pero eso sólo lo hace porque Diamante se lo pidió, pero luego se marchará y estaré igual y… y…
Sonrió más tierno, limpiándome las lágrimas — No me interesa si Diamante me pide o no ayuda, lo haré por mi cuenta y por mis medios, como lo hice ayer, pelearé con quien tenga que pelear, así sea hasta el fin de donde sea, serás mía — calló abruptamente y sonreí contenta al escuchar eso.
— ¿Seré suya? — Mi corazón dio un vuelco en cambio Luna tosió tranquilamente recordándonos su presencia en el lugar. Seiya se giró y casi podía asegurar algo entre seguro y cohibido pero era ilógico, aunque Luna hubiese roto la magia, y yo me sentía tonta al haber dicho eso, se podría malinterpretar — Me refiero — tosí muy fuera de lugar — En ayudarme y en esas cosas.
— Si por supuesto — se apresuró a decir ansioso, podría jurar que sus mejillas estaban sonrosadas pero lo descarté ¡los hombres no se podían sonrojar y menos confundirse!
Luna soltó una carcajada débil pero divertida — Por supuesto — musitó, ambos la miramos pero no dijimos nada, probablemente porque se podrían malinterpretar las cosas.
¿Acaso no están ya malinterpretadas?
No le tomé atención a la voz, y solté una risita aguda y tonta. De repente me puse a lado de Luna, le susurré algo que ni ella ni yo misma me entendí. En realidad no quería ver al señor Black, lejos de verme la cuñada perfecta me sentía, tonta, las manos me sudaban y sentía que mi quijada estaba en modo rápido o estancado, o probablemente estaba más tonta de lo normal. Jalé a Luna conmigo y me dirigí a Black sin mirarlo, veía sus zapatos opacos en el piso blanquísimo de la sala — Eh, supongo que sí, en una media hora podré estar… eh, lista, si, lista — afirmé con convicción más para mí que para él.
— ¿Lista? — Lo escuché confundido, y cuando alcé la vista, parecía más pensativo y más perdido que yo.
— Lo del paseo… eh, ¿si es hoy verdad?
— ¡Oh! — De repente sonrió tranquilo y al momento en que sus ojos zafiros tocaron los míos celestes bajé la mirada — Si, supongo que estará bien en media hora o menos… ¿comerá?
— No tengo hambre — de repente me sentí incómoda, mirando sus zapatos, apretando con vehemencia el brazo de Luna, quien soltó un gemido suave.
— Creo que es momento de irnos, Sere — musitó Luna, mirándome con un poco de dolor — Creo que el señor Black desea vestirse al igual que tú.
— Hasta entonces — soltó Black, roncamente.
Asentí y junto con Luna salí con pijama, los criados me miraban pero descubrí que Luna les brindaba una cara desdeñosa y ellos se espantaban. Me sentí loca al ponerme nerviosa, de tenerlo en mi presencia, mi mente me daba vueltas diciéndome que Black estaba igual de confuso que yo, pero mi idea era que él no podía estar confuso, en realidad, dudaba mucho que supiera el verdadero significado de eso.
Luna me sentó y de repente fruncí el ceño cuando me percaté que estaba en mi cuarto y ella estaba tarareando felizmente mientras me escogía un vestido.
— Luna — ella asintió sin dejar de tararear esas canciones raras — ¿Por qué no utilizas las formalidades con él?
Especialmente con él.
Finalmente agarró un vestido verde botella con un ancho cinturón grueso y unas medias; color natural, poniéndolas en mi cama, suspiré, no me diría, pero ¿por qué me molestaba ese hecho? ¿Por qué él era diferente? ¿Qué sabía Luna y yo no? No me gustaba que con simples miradas se entendieran ¿y sí…? ¡Oh, eso es ridículo! A Seiya no le podría gustar Luna, digo… miré a Luna que, acomodaba las cosas para peinarme, claro, era muy linda, su pelo negro caía en cascadas brillante, pero… era como ilógico ¿Seiya gustarle Luna? Era como decir que Rubeus adoraba a Luna…
¿Por qué sería diferente? Luna no es fea y ambas lo sabemos…
Lo sé, pero, la servidumbre no se casa con el patrón, pero si no se casaban ¿entonces por qué demonios tenían complicidad?
¡Celos! ¡Huelo a celos!
Fruncí la nariz mientras me quitaba el pantalón. Tampoco eran celos, simplemente era un sentimiento de posesión familiar, sólo eso. Lo cual podría resultar normal, era la única persona que me mantenía normal, viva… uhm… está bien probablemente no sepa muy bien del tema, con Diamante jamás sentí esto, probablemente… no, nada, simplemente orgullo pero…
De repente sentí la fragancia de Luna y finalmente me percaté que ella no era vieja, era una mujer de veintitantos, probablemente casi alcanzaba los treinta y ¿Seiya tenía qué? ¿Veintitantos años menos que los treinta? No me gustaba que estuvieran juntos. No era apropiado.
Me puso el corsé, aún sentada en la cama, me miró y suspiró sentándose a mi lado.
— No sé tú cabecita loca qué esté pensando — bajó la cabeza y me acarició el cabello suelto — Sé que me miras, terriblemente con odio, si es que podría asegurar que tu ni siquiera conoces el término odio.
— ¡Pero si yo no…! — Grité y la miré horrorizada.
— Calma, calma — me abrazó fuertemente, mientras sentía su respiración, era un abrazo íntimo, familiar, de esos que hubiese añorado que mi verdadera madre me los diera, me acarició el cabello, sentía sus dedos largos y femeninos pasar — Serena no vuelvas a irte así, me espantaste demasiado, creí que te perdería, ¡sabes lo cuán importante eres para mí! Eres como mi propia hija, y no sólo hablo por el señor Black, lo hago por mí. Fuiste muy egoísta al marcharte de esa manera muy impetuosa sólo por tener una rabieta.
Me mordí el labio, soltando pequeñas lágrimas.
— Llegaron demasiado noche — siguió contándome en el oído — Te tenía en sus brazos y gritó que cuidaran de los caballos, sangraba por todas partes, aunque la lluvia no era fuerte era densa y tupida. Pensé que algo demasiado malo había pasado, me apuré en traer vendas, agua, gasas y alcohol. Me dijo que ardías en fiebre y entonces — calló abruptamente y yo la abracé más, me sentía terrible — Le dije que no había tiempo para tu cuarto, dijo que tu bienestar era primero, y enseguida sin percatarme de si había o no hombres me dispuse a desvestirte, afortunadamente el señor Black los corrió dejándonos solas…
— Yo no sabía — comenté atropelladamente.
— ¿Qué eres importante en nuestras vidas? Pues deberías de saberlo — aseveró, después me dejó de abrazar y limpié sus lágrimas finas, en sus ojos que apenas se veían rojizos, pude verme reflejaba en sus pupilas que lucía igual que ella, semidesnuda chillando por mi estupidez — Serena deja ya de pensar que el señor Black es malo ¿crees que si lo fuera te hubiese salvado?
Torcí el gesto y una bofetada me pegó en la cara haciendo al final burbujear mi estómago — ¿Si lo fuera…? ¿Por qué lo defiendes mucho? ¿Acaso te gusta? — Solté agria, me espanté ante mi propia voz ¡esa no era yo…!
Luna me miró asombrada después suavizó sus facciones — Me preguntas del por qué te puedo tutear frente a él, ¿sabes que no le molesta en lo absoluto? No es como Diamante con sus protocolos aburridos, es cierto, debe de haber respeto, pero creo que cuando la gente se hace respetar eso se olvida. En mi opinión yo no sé la verdad sobre la madre de los Black, ellos saben su verdad y probablemente en el momento adecuado alguna verdad saldrá a la luz. Respeto demasiado a Seiya Black — se levantó de la cama, y me tendió la mano para que hiciera lo mismo — Pero piensa esto, siempre me fomentas las…
— ¡Pero es un asesino…!
— Segundas oportunidades — prosiguió sin escuchar mi pobre declaración — Y creo que estoy demasiada segura que simpatizas bastante con el señor Black, podría asegurar que si no fuera lo que dices que es, te gustaría — me sonrojé demasiado y abrí la boca para rebatirle pero Luna me calló — Y te lo vuelvo a decir, me causa interés Seiya Black, más no es el sentimiento amoroso como crees tú, ¿nos apuramos? Se puede hacer más tarde para salir.
Miré a Luna como si me estuviera hablando en otro idioma y finalmente me cuestioné; ¿es posible que si Seiya fuera otro tipo de persona albergara algún sentimiento menos confuso en él, y que muy probablemente lo llamase amor?
Si.
Y me espanté más al saber que esa afirmación no era producto de mi alocada voz interna si no venía de la voz racional.
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Seiya me miró de arriba abajo, sonriendo divertido, estaba vestido nuevamente con un atuendo más elegante, su saco largo y de un color pistache oscuro junto con los pantalones bien planchados y rectos, su corbata era de un tono algo excéntrico negro y amarillo con una playera a juego del saco, sus zapatos largos y cafés lustrosos con un sombrero verde bombín. Olía a perfume de hombre; a menta con un ligero toque de coñac está vez.
— ¡Qué preciosa! — Bajé la cabeza ansiosa.
Sin embargo lo miré y le sonreí — ¿Nos vamos?
Él asintió, y no era para menos, si teníamos que viajar a Buchanan Street y Argyle, tenía que lucir sofisticada y femenina. El vestido verde botella, junto con el cinturón ancho me daba un aspecto más aristocrático y estilizado, junto con las medias bien jaladas con el liguero con los botines bien ajustados por las agujetas, había escogido la cartera traída con exclusividad de Dior, y los guantes negros resaltando mis finas y largas manos. Luna me había (en realidad no sé cómo) ensartado el sombrero de ala ancha café claro, pintándome los labios de un rojo carmesí.
En el momento en el que me brindó su brazo para tocarlo con mis manos enguantadas me sentí por un momento como si tuviera una cita e inclusive miré de reojo a Luna haciendo una sonrisa picaresca cuando salimos de la puerta principal. Ella en seguida asintió y recogió el saco negro oscurecido, y de repente me sentí en las nubes, llevada por el señor Black, a Buchanan y Argyle aunque solo sea para pasear.
El carro Ford Anglia nos estaba ya esperando con Rubeus como chófer, me metí emocionada en él y Seiya también lo hizo, cuando un lacayo cerró la puerta sonreí fuertemente a Luna y finalmente empezamos a desaparecernos de la Mansión Black. Me había mentalizado en todo el rato que Luna me había estado peinando y vistiendo que le tendría que dar una oportunidad al señor Black, no perdía absolutamente nada.
— ¿No te molesta el sombrero? — En mis descuidos había olvidado quitarme el sombrero que con tanto esmero Luna me había puesto, afortunadamente no lo molestaba y aunque si era fastidioso no me lo quité y negué con la cabeza temerosa de que si me lo quitaba ya jamás podría ponérmelo de nuevo — ¿Esperabas ir conmigo? Le dije que era cuestión de tiempo para que viniera a salir conmigo.
De repente noté el ojo algo violáceo de Rubeus, él me miró y soltó un gruñido — ¿Salir con usted? Pude salir sola, pero es grato de vez en cuando tener cierta compañía.
Seiya enarcó las cejas y agarró mi mano, apretándola suavemente — Lo único que me alegro es que la Mansión no está muy lejos de las calles.
— ¿Y qué quiere comprar? — Solté de repente viendo el paisaje y a la gente caminando — ¿Tiene dinero?
— ¿Es que acaso no soy un Black también?
Lo miré de reojo y solté un bufido divertido — Y me supongo que también tendrá conectes.
— ¡Qué come que adivina! — Soltó de repente sin soltarme la mano — Podría asegurarle que más de la mitad de los pobladores de Irlanda me debe favores.
— ¿Irlanda? — Alcé una ceja escéptica — ¿No son de Escocia? ¡Pensé que su familia era de Escocia y Bretaña!
Seiya calló un momento como si de repente hubiese dicho algo malo, en cambio soltó una risa tratando de arreglar el momento — Claro, ¿acaso no se acuerda que soy la oveja negra? La fruta podrida, la leche cortada, la…
— Si, ya entendí — rodé los ojos — Pero le recuerdo que estamos en Escocia y no en la Irlanda que le debe favores. Debería de actualizar su mapa mental.
— Pero lo hago — chasqueó — ¿Es qué acaso la gente que me debe cosas no puede residir en Escocia ahora? Usted es británica y reside aquí.
Bufé mirando la calle sin ver en realidad nada — Pensé que había dicho más de la mitad de Irlanda le debía algo…
— Nunca dije que más de la mitad residía en Escocia.
Touché.
— Y supongo que esa gente le regalara cosas.
— No, en realidad las cosas me las cobraré a su debido tiempo — sentenció — No voy a cobrarles algo muy banal en realidad.
De repente Rubeus estacionó el carro y con su tono monótono y seco nos dirigió a vernos — Buchanan Street — acto seguido salió del carro, abriendo la puertezuela del carro, Seiya ya estaba afuera dándome su mano varonil, aplasté mi sombrero y salí.
Era un atardecer hermoso y perfecto, la gente salía con sus finos atuendos de un lado a otro comprando ropa en grandes bolsas. Tenía demasiado tiempo que no recordaba cómo era Buchanan Street con sus tiendas más costosas, en sus aparadores más lujosos, junto con Galerías de Artes.
— Pensé — soltó de repente Seiya dándome de nuevo su brazo para que lo sujetara — Que con eso de la crisis de la Segunda Guerra Mundial, no habría dinero para gastar excentricidades.
Y de repente me sentí un poco culpable al tener mi monedero Dior a la mano, era cierto que con la Segunda Guerra, pensé que iba a morir, estaba viviendo en un búnker lejos, lo cierto es que como la riquilla que supuestamente soy, pude haber emigrado al continente Americano pero, no pasó así, Diamante estaba como loco buscándome. Él si podía viajar pero me negué a marcharme, si no era al menos con Luna, preferiría estar muerta, lo cual terminé literalmente en el exilio, y tampoco no era una etapa muy linda que me gustaba recordar, del cómo vivía — Supongo, ¿cómo sobrevivió?
— Ah — suspiró caminando — Huí — dijo a secas, con simpleza.
Abrí los ojos como platos, y algo molesta ¡al menos yo me había quedado! — Pensé que era más heroico, de seguro viajó en un avión de esos privados, para esconderse de la tan terrible guerra que acechaba a nuestro país, ¿no es así?
Él frunció las cejas — Estoy seguro que Diamante haría exactamente lo que hizo, ¿acaso no lo hizo usted señorita Tsukino?
— No.
— ¿Podría saber la razón?
De repente me sentí incomoda porque en efecto, Diamante habría hecho eso, finalmente suspiré — Diamante quería salir, pero me negué cuando él no quiso que Luna estuviera conmigo — bajé la vista y me mordí el labio — ¿Sabe? Luna es como… una especie de madre para mí.
— Pensé que se iría, al final no resulta ser una niña mimada. Es una lástima — continuó dándome palmaditas en mis dedos enguatados — que Diamante no haya querido eso, sé la relación que tienes con la señorita Luna, lo cual es muy sagrado, sería muy tonto dejar de hacer eso, lo que me resulta curioso es que prefiriera a la señorita Luna que a sus propios padres.
— Le dije que es como mi madre — tercié, haciendo un mohín, zanjé el asunto. Odiaba hablar de eso — No me dijo cómo salió corriendo del país.
— ¿Es pecado buscar un poco de libertad? — Dijo algo ofendido pero divertido — Pero no bajé en aviones privados, ni en barcos de cinco estrellas. Claro, viajé en barcos, pero fui un carguero, ¿no creerás que estos músculos los tengo sólo porque nacen solos? — Chasqueó la lengua — Llegué a México, pensé ir a Estados Unidos, me refiero, buscar el sueño americano y esas cosas… sería lo prudente no sé hablar el idioma, pero no sé, al final me terminé quedando un rato por allí.
— ¿México? — Soné torpe, no estaba muy segura del país, había medio leído algo, pero no, no lo recordaba — ¿Qué idioma hablan?
— Español.
— ¡Español! — Dije sin dar crédito ¿qué hacía Seiya Black, en un país como México siendo carguero? — ¿Y ya lo sabe hablar?
— Pues me entienden y les entiendo — silbó — Aunque nada mejor que el propio idioma ¿no cree?
— Si, supongo — encogí de hombros — ¿Podrá decirme algunas palabras? He visto muchas chicas españolas, pero jamás me puse a escuchar su idioma, porque, ¿es el mismo, no?
— Si, es el mismo — me empezó a caminar hacía la tienda de ropas — Las palabras me las reservo para una ocasión interesante.
Cuando me percaté, pisaba en los escaparates de Dior, ese lugar era mágico, con colores tenues y mármol en el lugar. Me sentí como niña pequeña embobada por todas esas ropas hermosas y costosas. La señorita dio una ligera reverencia y con una sonrisa de a millón me sonrió a mí y a Seiya.
— ¿Algún vestido en especial? — La chica, pulcramente vestida de negra, alzaba las cejas.
— ¿No que iba a ser ropas sencillas? — Solté burlona y de repente me acerqué a él musitándole — A mi Diamante no me dejó nada de dinero, no sé cómo pagar esto, además que mi guardarropa…
— Tonterías — movió la mano como si espantara moscas, se dirigió a la chica grácilmente, y torcí el labio cuando vi que los ojos de la niña brillaban — Los vestidos Corolle.
Ella asintió y nos condujo a través de pisos pulcramente limpiados, y de tantos vestidos hermosos que vi, finalmente nos paramos, en un lugar privado.
— Los vestidos Corolle.
— Elegí el que quieras — miré a Seiya y miré los vestidos boquiabierta era probablemente que pensaran que era gente de pueblo, pero, había escuchado la nueva moda, el "new look" pero, tenerlo cerca era una experiencia grata.
Me paseé por todos los vestidos tocando las telas, suaves y exclusivas. Para mi gusto, se utilizaba demasiada tela pero ¡qué diablos! Me emocioné al ver uno negro con beige, y miré a la chica entusiasmada en seguida, me dirigió a una apartado para cambiarme, ¿qué? ¿Cambiarme? ¿Desnudarme? ¿Aquí?
Cuando las puertas de madera cerraron me sentí algo ultrajada, pero después me sentí tranquila Seiya Black estaba allí, y no dejaría que nada malo me pasara. Y maldije por ser tan tonta y si ¿ya no sabía cómo ponerme la ropa? Solté un gemido. Rápidamente me desvestí y rogué para ponerme la ropa bien, no quería ensuciarla ¿y si me la ponía mal? Me quité finalmente el sombrero también. Cuando salí, había un gran espejo puesto, ya, en realidad eran tres.
Cuando me subí en el taburete, me sentí una persona diferente, alguien mayor, alguien sensual, miré de reojo a Seiya que torcía el gesto satisfecho y eso me complació. Me sentía más mujer, más guerrera, con mis labios pintados. Me vi en todos los ángulos posibles. El vestido largo y ancho hacía resaltar mis caderas, pese a que era negro, y el saco angosto y beige me hacía lucir mucho más refinada, olvidé quitarme los guantes pero eso sólo lo hacía verme más hermosa si es que se podía ser, el cintillo delgado del cinturón me hizo sentirme un poco rara pero feliz.
— Hermosa como siempre — terció Seiya Black — Me lo llevo — miró a la chica, yo bajé de la tarima — Me enamoré de la chica.
Me detuve a unos pasos de abrir la puerta, y me sonrojé por completo, ¿era en broma, no es así? Casi todo lo nuestra estaba en bromas, ¿y entonces por qué mi corazón empezaba a bombear descaradamente? Finalmente suspiré y abrí la puerta.
Me vestí rápido, en realidad las compras fueron rápidas y me lamenté mucho en salir tarde. Cuando salimos, no me puse el gorro y me enganché a los brazos de Black… de uno de los Black. Volví a mirar a Rubeus con su ojo casi morado y no pude evitar preguntarle a Seiya que lucía en un estado de ánimo extremadamente feliz.
— ¿Qué le pasó a Rubeus?
— ¿Ah? — Me miró distraídamente mientras yo, con mi mano suelta le señalaba el ojo, él soltó a la risa, bajándose a mi oído. Eso era muy peligroso así que reí como idiota —Bueno, en el momento no fue divertido era de desesperación pero cuando uno lo recuerda o cuenta fue gracioso. Verás cuando se hacía tarde ayer, y no te encontrábamos, Luna me comentó de Rubeus así que le pregunté de ti, y Luna le gritó que era un idiota (no entiendo muy bien por qué) — encogió de hombros — Entonces le dije que si sabía de ti, y me dijo que sí, supongo que no le caigo bien, porque cuando le pregunté de ti, me dijo que no tenía nada del porqué responderme — suspiró — Entonces Luna dijo que podías estar en peligro que no sea un idiota y él la llamó bruja malcriada, y en realidad me puse muy ansioso, era de noche y le dije a Rubeus que si me diría por las buenas o por las malas, naturalmente no me contestó. Así que naturalmente lo golpeé.
— ¿Qué lo qué? ¿Pero por qué? — Olvidé que hablábamos secretamente y alcé la voz asustada.
— Era Rubeus o usted, pudo estar en peligro — meditó.
— Supongo que sí — miré a Rubeus y sinceramente no me sentí culpable, ¿por qué le habrá dicho eso? — ¿Le dolió?
— ¿Pegarle? — Soltó burlesco — Preocúpese cuando este medio muerto… aunque eso jamás pasara.
— Si cómo no — dije irónica, mientras abría la puerta del coche. Y Rubeus dejaba la bolsa de Dior, en la cajuela.
Finalmente todos estuvimos abordo, y me sentía gusto, haber salido con Seiya, al final no era tan malo que digamos.
— Argyle Street — enarqué las cejas pero no dije nada, era muy tarde para ir a la calle aunque afortunadamente no estábamos lejos de allí. Rubeus asintió, en cinco minutos llegamos, iba a disponerme a salir cuando Seiya me detuvo — Iré rápido no tardo, Rubeus cuídela.
Gruñó, gruñí y Seiya desapareció.
¿Por qué no lo podía acompañar? Inclusive podría sentir que Rubeus estaba odioso, nunca me había puesto a pensar que el vasallo de Diamante fuera horrendo, y sonreí por su ojo semi morado. Pero ahora que no había ruidos, ni voces, mi mente empezaba a divagar, en lo de hoy, en mis sentimientos y ¡oh! ¡Mañana será lo de Andrew…! ¡Mi Andrew! ¿Me reconocería? Con ese vestido Corolle, ¿y qué pasaba si le daba la oportunidad completamente a Seiya? Luna tenía razón, alguna verdad saldría a la luz y ¿entonces qué? ¿Qué era esto que sentía? ¿Por qué era tan confuso?
De repente sentí que abrieron la puerta y Seiya Black entró con una preciosa caja dorada, grabadas pulcramente y estilizadamente las letras; Cartier. Abrí los ojos sorprendida, ¿eso era otra sorpresa para mí? Pero mi desilusión fue más grande al descubrir que se guardaba la caja ¿y si me lo daba después? Eso podría ser una buena suposición. Me sorprendí que sin notarlo tampoco, entrecruzara sus dedos con los míos, no le dijo nada a Rubeus y este se puso en marcha rumbo a la Mansión.
— Estoy pensando — solté de repente y él me miró — En las segundas oportunidades.
Abrió la boca sorprendido para después acariciarme con su pulgar mi mano, demasiado feliz — ¿No está emocionada por la fiesta?
— ¿Emocionada? — Divagué en mis sentimientos confusos y en Andrew — Nerviosa, sería el término más adecuado.
— ¿Nerviosa? — Soltó una risilla aguda — Pero si se verá hermosa.
Bajé la mano y sentí su apretón más cariñosamente, más como Diamante, eso puso de nuevo mis alertas y lo miré — ¿Sabe lo que hace? — Le musité, para que Rubeus no se percatara y con mis ojos lo guié a nuestras manos entrelazadas y regresé la vista a él.
Seiya Black pensó por un momento después respiró calmo — No, no sé lo que hago — miró del lado de la ventana, me lamenté porque no podía ver su rostro — Pero no me arrepiento — agregó.
Algo se movió en mi estómago, junto con unos latidos feroces, y unos impulsos de agarrarlo y besarlo ¿qué más daba? Probablemente me arrepentiría. Y al final decidí suspirar controlando la poca cordura que me quedaba, ¡no sabía tampoco lo que sentía por mí! ¿Y eso era una buena señal o una mala? ¿Era correcto estar confusos? De repente me acurruqué en su pecho, Black se tensó, para después poner su mejilla en mi cabeza. De alguna manera, mi cuerpo no resistía a estar separada de él, no sé qué haría cuando viera mañana a Andrew pero… al menos de lo único que estaba segura es que siempre estaría en los brazos de ese hombre de alguna forma.
¡Hola! XD
Ok, me puedo esconder en muchas partes y como siempre nunca tengo perdón de nadie, y sería una mentirosa de lo peor cuando dijera que se me fueron las ganas, porque no es así, tengo la idea tan clara en mi cabeza, nunca me había pasado algo así. Pero bueno también tengo vida social y otros traumas en el fandom; como otra vez Harry Potter y el Dramione.
Pero como cada choro mareador, les diré que no la abandonaré, la adoro ¡demasiado! Y no sé si la subo en un momento de nerviosismo total ¿saben? ¡Vendrá The Rasmus! Sé que no les interesa en lo más mínimo… pero ¡carajo vendrá! ¡Y no tengo dinero! O pago para ir a verlos o me voy de viaje con mi novio… tengo un aura oscura jajajaja ahora mismo x) no sé qué hacer…
En fin, probablemente este capítulo haya sido aburrido… pero lo adoré escribiendo. Quiero que Serena se replanteé el hecho de que Seiya bueno… la gente se puede tener segundas oportunidades. Y que del también Seiya duda de lo que siente, aunque claro él está más acá que para allá, digo, a veces siento que cuando uno se divierte o jugando cosas que no son, uno mismo se termina enamorando de lo que estaba prohibido. Además falta Hotaru y Andrew… ¿qué si habrá celos? ¡Oh sí! ¡Esto corre por mi cuenta! Muajajaja.
Infinitas gracias a todas las personas que la agregan a sus favoritos, a sus alertas y a las que me dejan sus hermosos reviews; Rouge Passion, Sailor Lady, Kokoro Lust, Lesval, SiLver Moon Gia, Suxzylove, Kawaii Bitchyy;
Seiya–moon: ¡Yo te extrañaba a ti! Ya tiene mucho tiempo que no te veo por estos lares ni por el facebook. Espero te encuentres muy bien.
Emily Castro: Perdóname mucho, creo que está vez no tarde tanto… creo x) Si debería de escucharla, pero esta vez creo que la está entendiendo.
Bulmita su:Me alegra que te guste Su, y que no la haga tan tonta, ¿tú también supones? ¡Quién te viera! ¡Tu si me entendiste a dónde quiero llegar no ando tan pérdida! Jajaja Créeme que ni yo misma sé de dónde saco todas estas cosas jajaja.
Hotaru no Hikaru;¡Bueno lo prometido es deuda nena, como te dije ayer por msn! XD Perdona por la demora de Diamante, pero ya verás que cuando menos te des cuenta él saldrá.
KateKou; Por supuesto que no dejaré mucho tiempo sin actualizar, espero no demorarme muchísimo en verdad. Lo siento
Sailor Claudia; ¡Hola! Te lo mandaría con mucho gusto, pero no sé a dónde u.u espero que para la próxima me digas en dónde enviártelo.
Marlen K;¿En serio? No me puedo imaginar leer reviews que me digas "son ellos" nomás no me la creo jajaja. ¡Cuando lo escribí, yo también me reí por eso! Jajaja sobre la zurra XD Claro todo lo rosa y lo bello algún día tiene que terminar para caer en la cruda realidad de que ella es su futura cuñada. No he muerto… pero al menos no prometo nada, siempre rompo las promesas XD
Patty; Me ha pasado mucho, a veces me quiero desaparecer y no saber nada de nada de fics. Lo único salvable que te puedo decir es que le beso ya se viene cosechando.
xXx; Jajaja y te falta leer el final, no te preocupes, ella piensa lo mismo que tú ¿En serio te sientes identificada? Wow… eso es lindo, supongo jajaja.
Rossa; Bueno eso sucede con las actualizaciones no te sacan de una cuando ya te meten otra cosa quizás más interesante que la anterior. Bueno… jajaja lo espanto qué risa me diste…
Clauser Seiya; Perdón por haberte desesperado, pero bueno, al menos espero que sepas que no lo abandono. Perdona por no responder rápido desgraciadamente a los anónimos no les puedo responder o mandar mensajes privados como a los logados, ¡una disculpa!
17 de agosto de 2011
¡No olviden dejar comentarios! ¡Es interesante ver lo que piensas!
●๋•Ashαмєd●๋•
