Capítulo dedicado a mi amiga brujilda la que me obsesiona de todo la muy malvada jajaja…
Te adoro linda a.k.a Diivaa Bloom
Confrontación
Capítulo 11.
Una semana… una larga semana había pasado desde el suceso, y estaba completamente segura que aún seguía siendo un manojo de nervios. No salía de mi cuarto salvo para lo indispensable. Luna me notaba completamente extraña, diferente ¿quién en su sano juicio no lo sería ya? Tantos sentimientos se habían apoderado de mí de una forma tan escandalosa. Era medio día pero, yo lo veía más tardío, más nuboso. Glasgow siempre había sido de esa forma. Verde y húmeda. Un día parecía llover con todas sus ganas pero, de repente podía salir un sol horriblemente seco, en realidad la ciudad era quisquillosa, cambiaba de ambiente.
Me parecía justo que la mayor parte de mi aislamiento viera los bosques que se asomaban a lo lejos, salvo por el lago Clyde que lucía siempre impertérrito desde la ventana y tan sereno. Y siempre terminaba en la misma resolución, ¿por qué Andrew había escogido a Hotaru? ¿Por qué Rini decía esas cosas? ¿Era cierto que sentía algo lejano por el señor Black? Y lo más cuidadoso y peligroso de todo ¿por qué en el nombre del Señor me había besado? Toqué sin pensarlo mis labios, sentía aún su calor, su aroma y su esencia. Era muy difícil poder olvidarlo tan fácilmente, seguía latente cada vez que dormía, cada vez que me distraía y divagaba. Y la solución seguía siendo la misma, no quería verlo, a nadie. Miré de reojo la cajita donde había escondido el anillo de Diamante Black… y en realidad me molesté. ¿Por qué no me había llamado? Un telegrama… o algo. La situación era delicada, mis sentimientos bailaban tan dolorosamente. ¡Ni siquiera sabía qué rumbo tomar! ¡Con qué cara mirar a los demás, a mí! Había persuadido a Luna tan perfectamente que la sola idea de pensar que era yo quien la había esquivado me habría echado a reír.
No lo quería, ni lo amaba ¿cuáles habían sido sus palabras? «Para que mí esencia se cuele en ti» La idea era ridícula pero atemorizante, la sola idea de que de alguna forma se me declaraba era tan apresurado, tan ilógico ¿quién lo haría? Ciertamente le parecía bien jugar con los sentimientos ajenos de una forma cruel. Me encontraba comprometida con su hermano y así sería. Las cosas no cambiarían solo porque a él le había apetecido decir esas cosas, un asesino. La idea me parecía más acorde a él y de esa forma me aferraría a algo desconocido. Fruncí las cejas, ante Andrew, no podía negar que había sido un golpe bajo y duro. Todo mi cuerpo había expulsado una tensión nerviosa. Mi mente sólo pensaba y repetía; «cualquiera, menos ella».
Y suspiré nuevamente al recordar con tristeza que aquella noche de emoción terminó tan trágica de alguna forma extraña. Sentía la mirada de Seiya Black en todo el camino, sin embargo quería llorar. Los sentimientos eran tan poderosos y al mismo tiempo me sentía desolada, por Andrew, por el beso, por Rini, esa pequeña niña que me enterró el aguijón de lo que pensaba con respecto de mí y de Seiya. La idea era loca y sin embargo parecía una enfermedad que se había plagado dentro de mí.
Escuché como la puerta se abrió y supe que era Luna, no me moví de mi pequeño asiento, ni siquiera moví los ojos para verla, el Valle Clyde lucía más fantasmagórico, fruncí las cejas y la nariz.
— Serena…
— Me gustaría volver a New Lanark, el Valle Clyde — suspiré — Me encantan las cosas boscosas.
— Acabas de ir, Serena — escuché como dejaba la bandeja de comida en el tocador y se acercó en mí, yo no moví ni un solo músculo en verla — ¿Por qué te gustaría ir?
Fruncí las cejas aún sin quitar la vista del rio Clyde — Me ahogo — contesté con sinceridad — Me ahogo en la mansión.
Luna se quedó callada. Y, en realidad tampoco me molestaba ya el silencio estaba siendo mi amiga durante estas semanas, aunque era una amiga molesta, no hablaba se quedaba callada. Lo único bueno de la situación es que parecía que ya no hablaba conmigo misma, la consciencia se había marchado aunque no supe catalogar si eso había sido bueno o malo. De repente sentí las manos de Luna en las mías y su escrutinio de repente me sofocó, como si la paz que momentáneamente había pactado en ambas hubiese desaparecido.
— ¿En verdad te gustaba Andrew? — Suspiré, pero no le contesté, no moví mi cara, ni siquiera parpadeé — Serena, soy tu institutriz, soy tu amiga ¿ya no confías en mí?
Desvié la vista, y la miré sopesando su mirada; tierna y sincera. ¿Era capaz de explicarle lo que había ocurrido? ¿Era capaz de abrirme? Siempre había sido una chica amigable pero ahora… la situación… era delicada, yo estaba delicada, era como si estuviese enferma y al mismo tiempo no lo estaba ¿era necesario contarle todo a Luna? La miré penetrantemente y tenía razón, no tenía a nadie, estaba sola, no podía charlar con cosas importantes o cosas tontas con nadie salvo con ella. A pesar de todo, era como mi madre o mi hermana mayor. Pasé saliva.
— Me agradaba — dije por fin lenta, no llevaba prisas no había necesidad — Lo único bueno de la fiesta es que descubrí ese sentimiento.
— ¿Entonces qué ocurre? — Expresó Luna preocupada — No has salido de tu habitación para nada y si lo haces es cuando sabes que el señor Black está fuera… — titubeó unos momentos, indecisa en proseguir — Él…
— No esperaba que Andrew se casara con la… — torcí el gesto — la señorita Tomoe — la miré seria — Fue un golpe duro.
— ¿Por qué? — Comentó contrariada — ¿No deberías de sentirte feliz? Me acabas de comentar que Andrew ya no te agrada, ¿no es bueno sentirse felices por la gente que quieres?
— No lo entiendes Luna — comenté exasperada y me levanté del asiento — Es complicado, no puedes negar que no puedes aceptar a quien sea, cuando él pensó en algún momento en su pareja — Apreté las manos — Me lo ocultó ¡inclusive me ocultó que vendría! — Dije molesta.
— Oh Serena sabes que no es la intención de Andrew — dijo Luna tranquila.
— ¿No lo fue? — Suspiré con fuerza — ¿Por qué me enteré por ti? No soy tan importante como…
— Si con alguien debes de enojarte es conmigo — soltó de repente Luna con tranquilidad, yo en cambié la miré confusa — Tenías una invitación pero yo no te la di — fue su respuesta simple.
— ¿Cómo dices? — Mi semblante se descompuso y me sentí traicionada — ¿Por qué me lo ocultaste?
Luna no quitó la vista serena en mí, tampoco se levantó del lugar. Sacó de una de sus bolsas del mandil de cocina una especie de carta. Yo la agarré en seguida y me dispuse a leerla. Las letras eran claras y pulcras.
"Srita. Tsukino queda cordialmente invitada al anunció importante que se efectuará en New Lanark, cerca de río Clyde, donde el Sr. Andrew Furuhuta y la Srita. Hotaru Tomoe se comprometerán para dar inicio así, a un sagrado matrimonio posterior"
La idea me parecía simplemente asquerosa y detrás de esa nota había una carta de Andrew, ni siquiera sonreí, ni pestañeé.
"Mi querida amiga, ¿es increíble que me case? Aunque aún no lo he hecho, espero que puedas ir, me sigo sintiendo estúpido enviándote una carta para explicar lo obvio con la invitación creo que sigues comprometida, espero que no te moleste ¡pero Dios! Por lo que más quieras trata de no llevar al señor Diamante Black, sabes lo mucho que lo aprecio querida. Y sí, fue sarcasmo por si no lo notaste, aunque tú eres tan noble y tan delicada ¿en verdad acabo de escribirte esto? Sé que prometí mucho, sé que quizás no podrás creerme pero, soy honesto ¡te extraño! Has significado tanto para mí, eres un bello recuerdo del pasado que quiero mantener en mi presente, y aunque nuestros caminos siempre se dispersen sabes que siempre confiarás en mí.
Con mucho afecto y sinceridad, Andrew"
Temblé al leerlo y no pude evitar sonreír ¿en verdad estaba enojada con Andrew? Su carta se leía tan extraña, con muchos sentimientos desbordantes y torpes. Guardé la carta en uno de los cajones del tocador. Medité unos segundos, quería cabalgar y lo haría una vez que Seiya Black no estuviese en la casa y rezaba porque no lo estuviera. Miré a Luna, estaba avergonzada ante su acto y no la pude culpar.
— Juro que mi intención no era molestarte con esto — expresó por fin mi amiga, se levantó del lugar y me miró con fijeza — Pero… ¿en verdad quieres a Diamante, no es así?
Fruncí las cejas — ¿Qué quieres insinuarme? — Comenté ofendida.
— Que quizás no lo quieras, Serena querida, piensa — expresó algo desesperada — Si es que en verdad lo quisieras, no te importaría nada la situación de Andrew, si en verdad lo quisieras no te hubieses probado a ti misma en la fiesta.
¿Si en verdad lo quisiera? Apreté la quijada totalmente molesta — ¡Pero yo lo quiero Luna! — Caminé desesperada por mi habitación — Fue algo pueril de mi parte no lo niego, pero ¿acaso es malo preocuparse por la gente que aprecias? Lo acabas de decir.
— Sé lo que te he dicho — expresó más decidida — Y es por eso mismo que estas confundiendo las cosas completamente no sabes dividir entre una preocupación y un claro interés personal, además que el señor Seiya Black me comentó que…
— ¡ÉL NO TIENE DERECHO DE HABLAR SOBRE MÍ! — Comenté totalmente fuera de mí. Luna se calló por unos segundos, y de repente me percaté de lo brusca que había sido con ella ¿qué culpa tenía ella en cualquier caso? — Lo siento — comenté apenada.
Luna se quedó perpleja por unos segundos — No eres así — fue su respuesta sincera y me sonrió — Y en cierta parte me alegra ¿sabes? Siempre para ti, todo está bien y nunca te das a la tarea de pensar en ti, sólo en lo que crees que es correcto con respecto a lo que otras personas dictaminan por ti.
— Eso no es cierto — musité — Es sólo que el señor Black no tiene el derecho de hablar de mí — observé que Luna iba a replicarme así que me apresuré — Estoy agradecida en que siempre me ayudaba pero eso no le da derecho de hacer lo que crea conveniente conmigo.
— ¿Hacer lo que él crea? — Comentó contrariada — No entiendo lo que quieres decirme — Me miró indecisa — Sólo puedo opinar y juzgar con lo que veo Serena.
— ¿Con lo que ves? — La miré confusa — ¿Qué quieres decir con eso?
— Bueno… — divagó — Te he visto recluida en tu cuarto toda esta semana, y casi no pruebas bocado a nada, al principio pensé que era por Andrew es lo más sensato — volvió a divagar — Ni siquiera te emocionabas cuando te traía tu postre favorito. Tenía la esperanza de que, quizás salieras de tu aislamiento y dejarás sólo de ir a la biblioteca — no quité la vista en ella, y finalmente ella bajó la mirada — Pero también está el señor Black, en verdad si lo vieras — suspiró sin quitar la vista del piso — Está tan afligido el pobre, ya no ríe, y sólo me pregunta que si te encuentras bien o si bajarás a cenar con él. Casi me atrevo a asegurar que te extraña — alzó la mirada y yo la miré con escrutinio.
— ¿Extrañarme? — Expresé deliciosamente burlona y aunque me sorprendí un poco por mi tono y al parecer a Luna también no me molesté en detalles — Querida Luna, el pobre sufre por lo que me hizo, eso no es extrañarme.
Ella me miró demasiado sorprendida por mi comentario, y aunque yo también lo estaba. Yo no actuaba así, pero me sentía así, y en realidad no me importaba en lo más mínima lo que era el decoro en mi propia persona. Casi quería reírme ante el cinismo, ¿afligido? ¿En verdad lucía así? La sensación era placentera aunque muy cruel de mi parte, ¿qué se creía en besarme? Tenía sus consecuencias y muy graves, me había ofendido, había besado a la prometida de su hermano.
— ¿Te lastimó? — Expresó por fin Luna con firmeza, se levantó del lugar y fue hasta mí — ¿Lo hizo? — Presionó nuevamente con delicadeza mientras me agarraba de las manos.
— ¿Qué insinúas? — Comenté molesta.
— Insinúo lo que veo en tus ojos, no hay nada más claros que ellos — dijo paciente, masajeándome el dorso de mis manos.
Le arrebaté su agarre y me volteé, un nudo en la garganta se apoderó de mí. Y de repente no pude evitar temblar completamente, Luna no se acercó y lo agradecí enormemente, lo único que deseaba era que nadie estuviese cerca de mi cuarto, ni dentro de la casa. Apreté la quijada y volteé a verla, nerviosa como había estado toda la estúpida semana, y empecé a caminar como desesperada.
— ¡ME BESÓ! — Escupí desdichada, soltando lágrimas a mares, Luna descompuso su gesto — Él muy cretino — empecé a sollozar.
— ¿Fue capaz de besarte? — Dijo atónita mi amiga y yo asentí nerviosa — ¿Cómo ocurrió? ¡Serena! — habló temblorosa y yo me aventé literalmente a sus abrazos, quería un consuelo y quería desahogarme con alguien.
— Todo fue tan rápido, él… — hipé — Cambié de vestido oh Luna — volví a hipar — Pensó el muy desgraciado que había ido con Andrew porque regresé con nuevo vestido — sollocé nuevamente entre sus brazos — Y luego Rini… me metió ideas y estoy confundida.
Ella hizo que alzara la vista para ella, las lágrimas caían a borbotones, por fin después de una semana podía llorar… Me acarició con sus pequeñas manos y me sonrió de forma maternal — Mi pequeña niña — susurró, quitándome las lágrimas tratándome como la madre que siempre ha sido y que por sangre no es — Entiendo lo cuán ofendida debes de estar, pero si en algo debes de sentirte bien es que el pobre no la está pasando tan bien, siempre está taciturno y triste, puedo comprender que está arrepentido con lo que hizo.
Sentí un vació en mi estómago extraño y no pude evitar preguntar sin siquiera pensar en la pregunta — ¿Crees que esté arrepentido?
Luna me miró por unos segundos sopesando la respuesta y en cambio me preguntó en su defecto; — ¿Tú lo estás?
Fruncí la nariz y de repente las lágrimas cesaron. Sólo quedaba el hipo de mi lloriqueo pasado. La miré con molestia, y algo inexplicable empezó a brotar, y descubrí que era enojo, estaba completamente furiosa ¿podía…? ¿Acaso el muy cretino era capaz de simplemente no importarle? Después de que juró que… Él muy idiota… ¡había jurado! Apreté la quijada con más fuerza, aunque mis dientes rechinaron y mi piel se puso de gallina al sentir la sensación del rechinido no me importó. Las lágrimas que se encontraban en mis mejillas las había arrancado con una ferocidad, Luna me miró sorprendida, me quité del regazo de mi amiga y la fulminé con la mirada aunque ella no tenía la culpa por manías mías, la imaginé como si fuera el idiota Black. Era un mentiroso, traidor.
— ¿Arrepentida por besarlo? — Expresé casi histérica.
— ¿Lo besaste también? — Luna alzó las cejas un poco sorprendida sin embargo sonrió.
— ¡Qué tonterías dices! — Comenté espantada — ¿En verdad no me entiendes? ¡Me besó a la fuerza! ¡Él…! — Gruñí.
— Claro que entiendo ya te lo había dicho antes — expresó más calmada y con firmeza — Pero creo que no entiendes la situación en realidad ¿qué te molesta? — Alcé las cejas e iba a comentar sin embargo Luna se apresuró y me calló — Ya lo sé, su atrevimiento poco honroso en él, pero es muy peculiar descubrir cómo es que la mera sensación de que él se arrepienta de lo que hizo pueda perjudicarte a ti.
— Es que no sabes… — solté un bufido cruzando los brazos — Lo que me dijo — comenté con un deje de tristeza y me molesté por sonar así.
— No quiero saber que te dijo — comentó con voz clara Luna — Creo que es algo personal y que quizás debas guardarte para ti. Creo que te molesta que se arrepienta de la situación y quiero que sepas que jamás se enterará Diamante.
Torcí el gesto — Al parecer se ha olvidado de mí — reí sombríamente ¿y en verdad me molestaba?
— Eso no lo sé — Luna finalmente se levantó — Debes de comer y salir, algún día debes de afrontar el hecho de que te besó el señor Black y que quizás se sienta apenado por eso.
Volví a fruncir las cejas — ¡Al demonio! — Respiré con fuerzas — Estoy molesta con él, lo detesto tanto por… — divagué y casi iba a comentar «hacerme sentir así» pero apreté las manos y mis finas uñas se enterraron en mis palmas — Tomarse esas libertades pero — gruñí — Me detesto yo también.
Luna iba a abrir la boca pero deseé que no hablara ni dijera del porqué me sentía así sin embargo me sonrió con diversión.
— Debes de comer — encogió los hombros cambiando de tema el cual yo agradecí — Sin embargo no podrás salir siempre con la tuya Sere, y tendrás que toparte con el señor Black en algún momento.
Me acerqué a la bandeja con comida — Bien, ese algún momento será un tiempo muy lejano que he sido muy cuidadosa con él con respecto a mis salidas — dije con confianza.
Luna soltó una risita — Creo que… — meditó unos segundos — Quizás sean meras suposiciones mías pero Seiya Black no es hombre de engañar.
Vi la bandeja de plata y pasé las yemas de mis dedos en sus frías orillas — Uno nunca lo sabrá Luna, es un hombre vanidoso y no se merece ese título.
— Quizás — encogió de hombros — Sin embargo lo único que sé es ese hecho, y una semana encerrada en la casa no te ayudará tengo el ligero presentimiento que en algún momento tumbará la puerta de tu cuarto y créeme que no me haré responsable por eso, es más creo que me divertirá la situación.
Cuando iba a replicar, Luna cerró la puerta detrás de mí, y en seguida jalé el pestillo para que nadie me molestara salvo Luna. Estaba tan completamente molesta, con él y más conmigo aunque tenía razón algún momento tenía que salir… o quizás nunca. ¿Acaso se creía capaz en tumbar mi puerta sólo por sus caprichos? ¡Oh no! ¡Claro que no! Tenía que respetar mi privacidad.
Agarré la bandeja de plata y me fui rumbo a la ventana a sentarme, sonreí emocionada al ver perdiz con morcilla, era uno de mis platillos favoritos y agradecí sobremanera que en toda la semana hubieran hecho los platillos exclusivos para mí y por sobre todo ricos. Cuando encajé el tenedor en la comida no pude más que ponerme sentimental de nuevo, no era justa la situación, todo seguía pasando demasiado rápido. Era obvio que Andrew se casaría con alguien pero no quería que fuera con ella, y tampoco entendía por qué me molestaba ese hecho pero era así, sentía como la morcilla parecía derretirse en mi boca, tenía un sabor exquisito, con mantequilla al final y la perdiz era suave, descubrí que no había postre lo que hizo que hiciera un mohín, el postre era algo imperdonable pero si iba por el postre eso quería decir que tenía que salir y salir significaba irme de mi santuario improvisado por tiempo indefinido, fruncí los labios, había gato encerrado y sabía que Luna lo había hecho adrede de alguna forma. Suspiré un día de postre no iba a pasar nada… aunque quizás pudiese que esa faena suya empezara a hacerlo todos los días y eso ya empezaría a molestar, hice una mueca. Bien, tampoco es que fuera muy cobarde y también sabía los escondrijos de la mansión y en cuanto escuchara pasos, sus pasos, podría salir disparada a un lugar apartado de él.
Con esa idea más tranquilizadora, empecé a reírme, era un plan perfecto y con suerte podría salir a cabalgar… con suerte claro está ¡oh qué diablos! Si no le quería hablar tampoco me iba a inmutar en dirigirle la palabra, no era forzoso nuestro contacto, además que era un persona fuerte había soportado la vergüenza de que Andrew en un futuro se casara con esa Tomoe. Con esa solución me paré decidida, me agarré el cabello en una coleta. La ropa de equino era esencialmente cómoda y con los zapatos si quería podía salir corriendo si el momento lo requiriese. Abrí la puerta con suma cautela, tratando de agudizar mi oído lo más que pudiese, fui rumbo a la biblioteca aunque el lugar pudiese ser más largo no me interesaba al menos podía encerrarme en mi santuario si es que también lo necesitaba.
Lo criados se me quedaron viendo con curiosidad y les hice las señas de que guardaran silencio, ellos me miraron confundidos pero asintieron, tampoco confiaba en ellos, se vendían al mejor postor para tener información todos sabíamos que ellos no eran fieles a Diamante, ni siquiera a mí, y era comprensible, aunque eso me hacía siempre tener una nota mental, necesitaba a gente que fuese fiel a mí, siempre lo había pensando aún cuando pensaba que iba a casarme con Diamante y que lo necesitaba en esos momentos –como ahora– de desesperación para corroborar que él me amaba y yo a él, sentía que de alguna forma extraña estaba bizarramente en una fortaleza en la que nunca podría salir, nada me faltaría pero al mismo tiempo todo me faltaría. Caminé con mucho sigilo, no había escuchado voces ni pasos salvo de las personas que trabajaban.
Al parecer todo marchaba a la perfección y en verdad estaba tentada en preguntar en dónde se encontraba el señor Black a estas horas. Vi el horario del reloj cucú y al parecer decían las cuatro de la tarde, me sorprendí a mí misma que había comido demasiado tarde, más bien desayunado, los pensamientos esta vez se habían prolongado más de la cuenta. Me di cuenta que nuevamente comenzaba a divagar y que comenzaba a caminar más lento, la biblioteca, mi primera meta no estaba tan lejos ahora, además que si algo de repente pasaba había una puerta que dirigía un salón lleno de sillones, si mal no recordaba era de bailes, pero a Diamante nunca le había gustado utilizar ese salón le parecía aburrido.
Empecé a escuchar a lo lejos una charla, aquella voz empezaba a sonarme en la cabeza, era conocida. Un dolor en el estómago atravesó mi cuerpo, y espantada corrí a la puerta del salón de baile, olvidado por todos, quizás con suerte nadie se metería, nadie podía haberme escuchado y con suerte nadie se enteraría que estaba a fuera. Observé la habitación y me percaté de lo linda que estaba, estaba limpia aunque se podía sentir que la esencia humana ya no estaba más allí. Había un cuadro enorme arriba de la chimenea, y supe de inmediato que se trataba de la mamá de los Black, era una mujer sumamente preciosa, con ojos azules como los del menor de los hermanos aunque el cabello era rubio como el sol, sin embargo casi podía asegurar que en esa pintura no lucía tan feliz, aunque su sonrisa era jubilosa en sus ojos parecía que no llegaba a tanto. El candelabro era gigantesco, y resplandecía las millones de luces en el piso que se reflejaban por el cristal cortado, si no fuera porque estaba solo, hasta parecía mágico. El piso era de madera, y las mesas estaban arrinconadas cerca de una tarima que imaginé allí en algún momento más antiguo la orquesta interpretó la música importante de los respectivos siglos.
Escuché como la perilla se movía, abrí la boca y corrí a esconderme detrás de las mesas, rogué mentalmente que no me descubrieran ¿quién en el nombre del señor se metía a este lugar olvidado? Cuando entró la persona observé a Luna ingresando con parsimonia, y me relajé… al parecer Luna parecía disfrutar de la soledad por unos segundos quizás… o quizás no. Fruncí las cejas al ver que empezaba a limpiar las sillas que se encontraban pegadas al otro extremo de las mesas, si era Luna quien me viera no había problema, traté de no hacer ruido, inclusive de no respirar, una cosa era que me descubriera y otra diferente era que me dejara descubrir cosa que no quería que sucediera. Empezó a tararear algo que no pude identificar como siempre, era extraño verla trabajar, cuando me casara, ella jamás trabajaría, le daría una dote de mi parte y sería feliz como quisiera.
Me alarmé nuevamente al escuchar que la perilla nuevamente se movía solté un gemido bajo pero fue opacado por el chirrido de la puerta ¿Y si era Seiya Black? ¿Qué demonios iba a hacer si me veía escondida detrás de unas tristes mesas con sus pobres manteles? ¡Qué patética me vería! Pero mi sorpresa había sido aún más grande cuando vi a entrar a Rubeus, y lo más extraño es que Luna parecía no haberse percatado de eso ¿es que acaso no escuchó cómo la puerta chirriaba? Rubeus la miró por unos segundos, allí estático, no podía verle su cara, hasta que soltó una sonora carcajada burlona y yo hice un mohín.
— Con que la bruja se esconde y parece más que conveniente dejar a los sirvientes hacer las cosas más pesadas — cruzó de brazos, su voz gruesa y varonil retumbó en el salón ¡pero qué grosero era! — Parece que te comieron la lengua…
Luna se puso tensa por unos segundos y dejó de silbar felizmente — ¿En serio te estás quejando? — Soltó mordaz Luna sin voltear a verlo — Al parecer era más bebé de lo que creía.
— ¿Bebé? — Comentó furioso — Perdóneme señorita — dijo socarrón las últimas palabras y yo fruncí aún más las cejas si es que aquello era posible aquella faceta de ellos dos juntos era… inexplicablemente extraño, sé que ambos se odiaban y que Rubeus no me daba buena espina, siempre parecía estar de acuerdo con todo con Diamante y eso no me agrada menos aún si siempre era grosero con mi institutriz — Pero parece que… tus manos de dama no te permiten cargar unas cuantas cajas y que ahora te parece huir como la bruja que eres.
Luna siguió sin voltear en cambio rió — Entre más te quejas, más me inclino al saber el hecho que eres un debilucho si por eso tanto te aflige, es tu deber no es mío el amparar una señorita como yo — encogió de hombros, ya sin inmutarse, siguió limpiando las sillas — Si era todo puedes marcharte que estoy cansada de escuchar tus niñerías.
Rubeus apretó las manos y me sorprendió bastante la audacia de Luna, ¡estaban solos! ¡Él era peligroso! ¡Podía hacerlo muchas cosas! Y nadie podría ayudarle salvo yo, pero si no estaba yo ¿desde cuándo Luna era así?
— ¿Te estás escuchando, señorita? — soltó socarrón, pero Luna no dijo nada empezó a tararear nuevamente esa cancioncilla de antes, sin prestarle más atención, dando a entender que las cosas estaban zanjadas — ¡Mírame maldita sea!
La voz de Rubeus era en tono desesperante y eso me dejó más sorprendida que nada, si tan sólo pudiese ver su cara, lo cual era una lástima. Luna en cambio no lo volteó a ver, ni le contestó, se dirigió hacia mí y automáticamente me puse nerviosa ¿me habrá visto? ¿Por qué lo hacía? Sin embargo mi alma descansó cuando ella se detuvo para limpiar un florero que parecía estar más que limpio, Rubeus se giró y tragué salive esperando que él no me viera, casi me había aguantado la respiración, pero solté un suspiró inaudible cuando me percaté que ellos ni me miraban es más estaban tan ocupados en sus cosas que dudaba mucho que supieran que hubiese una tercera persona en el salón.
La cara de Rubeus era tan… extraña a la que siempre estaba acostumbrada. Siempre tenía un mohín y cada que hablaba con Luna parecía tan hosco, como si fuese primitivo pero ahora… sus ojos brillaban de molestia y de algo diferente que aún no podía descifrar. Apretaba la mandíbula en su claro fuero de molestia y desesperación al ver que Luna ni le prestaba la más mínima atención.
— ¡Con un demonio! — Gruñó cuando la jaló del brazo de forma brusca hacía él, yo volví a soltar una exhalación — ¿Acaso estas sorda condenada bruja?
Luna lo miró un poco sorprendida… sólo un poco, sus ojos brillaban y brincaban de un lado a otro, fruncía las cejas y su pecho se alzaba virtuoso de forma frenética, estaban tan juntos y la situación parecía tan íntima, que inclusive había olvidado respirar — ¿Bruja? — Le espetó y Rubeus sonrió de lado — No tengo por qué hablarte y lo sabes, no me interesas en lo más mínimo ambos sabemos a quiénes van nuestras lealtades — Rubeus desdibujó su sonrisa y frunció las cejas, su mirada era tan penetrante y cautivadora — Y tampoco me interesa si me llamas bruja o no.
— Maldita sea, ¿siempre vas a joder con eso? — Comentó entre dientes y yo abrí los ojos como platos, parecía dolido ante las palabras de mi amiga — No es tan fácil… además tú… ¡eres demasiado maldita!
Luna se rió con desdén, aunque parecía que quería llorar y salir huyendo del lugar — Si quieres cambiar puedes hacerlo, pero siempre serás un cobarde Rubeus ¿comprendes?
No entendía a qué se referían con lo de las lealtades pero, Luna estaba resuelta a que al parecer si él no cambiaba no lo iba a aceptar como parte de la casa o como alguien que existiese. Mi amiga trató de zafarse pero los dedos de Rubeus estaban firmemente enganchados en los brazos lechosos de mi institutriz. La jaló hacía él, estaban tan juntos… me sentí incómoda ¿era posible que entre ellos hubiese algo? ¡Luna ya me lo hubiese contado! Pero lo único que había parecía ser molestias e inclusive un poco de odio. Rubeus la levantó con un poco de brusquedad, los pies de Luna estaban suspendidos en el aire, pero ella jamás soltó un grito de dolor, aunque sí hizo la mueca, Rubeus la bajó al ver su cara y pasando las yemas de sus dedos por su cabello mientras que la otra no dejaba de soltar a Luna. Rubeus agachó la mirada, Luna en cambio abrió más los ojos, estaban a escasos centímetros ¿acaso le iba a besar? ¡Oh tenía que salir de mi escondite!
— Bien, te empeñas en llamarme cobarde pero… — sonrió con malevolencia — Ambos sabemos que sólo fuiste algo más que conveniente señorita
Luna apretó la quijada, sus ojos se abnegaron de lágrimas pero no soltó ni una ¿qué había sido todo eso? ¿Cómo que no fue algo más que conveniente? ¿De qué rayos hablaba? Rubeus al parecer la soltó del agarre y con la poca fuerza que pudo Luna lo miró largo y tendido hizo una sonrisa algo rota — Y también… creo que ambos sabemos que no eres ningún caballero y que temo decirte que si lo hice fue porque estaba desesperada ¿crees que yo? — Rió cruelmente pero se volteó enseguida sin decir más, la palabra se habían quedado en el aire y también vi una lágrima resbalar por su mejilla, sin embargo se la quitó con fiereza, estaba cabreada, demasiado ¡oh! ¿Qué había sido eso? Luna salió rápidamente de la habitación, azotando la puerta detrás de ella.
Rubeus se quedó allí parado y finalmente pude visualizar que estaba molesto, y al mismo tiempo triste, sus cejas se habían bajado y bufó suavemente, susurró algo que no pude escuchar pese a que no había ruido en la habitación, apretó los puños y suspiró. Sus ojos eran de deseo ¿le gustaba Luna? Gruñó, y caminó hacia la puerta no sin antes golpear y romper el jarrón.
— ¿Por qué mierdas tengo que decir palabras horrible? — Expresó tristemente — Maldita bruja — Agregó, pero esta vez no había tono burlón, parecía tener un tono anhelante e hizo una sonrisa de lado, cerró los ojos como si de repente se acordara de algo porque empezó a ensanchar una sonrisa grande de felicidad — Siempre te fastidio de alguna forma, bruja — Suspiró y salió del lugar.
Yo me quedé allí, estática ¿qué demonios había sido todo eso? Y lo más importante ¿en verdad quería enterarme de lo que había sido todo eso? Al parecer me había quedado estática viendo el florero roto, porque ni siquiera me había percatado que había pasado media hora, la información había pasado muy… rápida y extraña, y no estaba muy segura de que Luna me contara esas intimidades, lo que sea que hayan tenido Rubeus y ella, había sido malo, aunque la cara de Rubeus, parecía triste y al mismo tiempo deseoso, lo pude ver cuando sus dedos tocaron la piel de Luna, quería más…
Suspiré no había más remedio, probablemente nunca me enteraría o quizás sí, todo había sido una mera casualidad, y no pude sonreír de lado ¿en verdad Rubeus podría pedir perdón? ¿Podría amar a alguien? ¿Y ese alguien podría ser Luna? Estaba enterada –o al menos un poco– de lo que le había pasado en Irlanda… Luna no tenía más familia pero nada más, si tan sólo Luna fuese más abierta conmigo, y por un momento me sentí triste ante la situación ¿algún día Luna podría confiar en mí? Salí del cuarto esta vez sin cuidarme si alguien estaba junto a mí, quizás el evento anterior me había puesto en un estado de letargo, aún lo asimilaba. Los criados pasaban a mi lado, sorprendidos de verme bajar, tampoco quería ir a las cocinas, sólo quería cabalgar con Sir Star.
Cuando llegué al establo me sorprendió ver a Rubeus recargado en uno de los tablones, y nuevamente las imágenes llegaron a mí, no quería hablar con él, ni que me dijera lo que debía o no debía de hacer, finalmente volteó al escuchar como la paja tronaba en mis zapatos. Me miró con fijeza, con ese fruncir de cejas tan características y esa mirada burlona. No le presté más atención aunque pese a todo quería preguntarle lo que había visto momentos atrás, saqué con cuidado al caballo, cuando se acercó a mí.
Me miró con cautela, y me quitó la silla del caballo, fruncí las cejas cuando iba a protestar él hizo todo por ensillar al caballo de forma correcta, quitándome el peso de cargar monumental silla, no dijo nada mientras hacia su trabajo, yo lo miré extrañada ¿él, ayudándome? ¿Es que acaso había entrado a una dimensión desconocida? Cuando terminó la faena se hizo hacía atrás, tratando de averiguar si era correcto hablar o no. Cuando me percaté que él no iba a hablar, encogí de hombros y musité un suave, gracias cuando él me levantó con sumo cuidado a la silla de montar.
— Lo siento — fue su respuesta vaga, yo alcé las cejas ¿y por qué me pedía perdón en cualquier caso? Al parecer había notado mi confusión porque chasqueó la lengua y frunció las cejas como si mi sola confusión fuese tonta — Estaba cabreado ¿entiende? No por supuesto que no va a entender — meneó la cabeza y yo me quedé aún más confusa ¿qué rayos decía este pobre hombre? — Lo que quiero decir es que… no me molestó que Seiya Black me haya golpeado aquella vez, usted estaba en peligro y yo fui un tonto en cegarme en mis propios problemas — Bufó, obviamente molesto por decirme la confesión y de repente me acordé a cuando el señor Black me había protegido de esos escoceses aquel día, no entendía qué problemas había pasado pero le sonreí cálidamente de igual forma — Eso era todo, no soy tan… — divagó — Malo en cualquier caso — jaló el caballo hacía la puerta.
— Gracias Rubeus — lo miré intensamente recordando lo que él había hablado con Luna ¿por eso me pedía perdón? ¿Aquél día se había peleado con Luna? ¿Qué habrá querido decirme con todo eso? — Supongo que todos cometemos errores, es normal.
— Ese error pudo costar muy caro — miró al horizonte y después miró al cielo.
— Es cierto pudo haber costado muy caro, afortunadamente nada de eso pasó, vamos eres una buena persona — le sonreí.
— Con cuidado Lady Tsukino — dijo en cambio mientras soltaba las riendas y me las entregaba — Parece que va a llover —expresó sin más, dándole una palmada suave al caballo y este empezó a andar.
Volteé a verlo por una última vez y le sonreí, que persona tan más peculiar. Acomodé el cabestro y agarré las riendas fuertemente, miré el cielo no lucía gris pero tampoco me confié a Sir Star le ponía nervioso los truenos y quizás lo mejor sería dar un paseo y regresar. No me había llevado comida y desafortunadamente mi estómago nuevamente clamaba comida lo cual me molestó ¿por qué comía mucho? Traté de no pensar en nada, ni en Seiya Black, ni en la relación extraña de Luna y Rubeus pero era imposible porque no podía mantener mi mente en blanco. Lo cual me llevó a recordar a Diamante si le importaba ¿por qué no llamaba? ¿Acaso no era importante? ¿Y algún telegrama? Quizás en estos momentos lo necesitaría y me haría sentir más tranquila con lo que había pasado con Seiya Black, pero ahora la situación me molestaba. Me acordé de mi hermana que vivía en Cádiz con su esposo, hacía más de un mes que me había mandado una carta pero no me atreví a contestarla, al principio me había enojado y después me había puesto triste. Ella me decía en su carta que no amaba a Diamante y que no fuera tonta en hacer lo que nuestros padres decían, quizás ahora después de tiempo estará pensando que me molesté pero lo cierto es… que no supe qué contestarle después, siempre en cada carta lucía cada vez más feliz y al recordar mis propias cartas siempre me quejaba de alguna cosa
Me quejaba de que Diamante me mantenía siempre en la Mansión, me quejaba de que no me dejaba cabalgar sola, me quejaba porque siempre me tenía que acompañar a algo… supongo que la lista seguía sin poder impedirla sobre mis múltiples quejas y saber que alguien externo, y por supuesto, demasiado lejos se había percatado de eso, había hecho cabrearme aún más. La situación en sus cartas de mi hermana me había puesto nostálgica, y hasta quizás celosa, era cierto que la economía de mis padres no era la mejor y que ella había hecho lo mejor en casarse con ese aristocrático español, aunque era envidia de la sana, verla sacrificarse y tan molesta que estaba con la situación que al final habían sido tal para cual, y eso lo veía en cada carta tan apasionada que me mandaba, quizás en mi egoísmo esperaba lo mismo.
Secretamente deseaba que la situación de mi hermana me ocurriera a mí, casi había sido como un cuento de niños de fantasía cuando Diamante pidió mi mano, a mí… ¿en verdad lo estaba haciendo? Él, que fácilmente podía pedir a chicas más hermosas y más ricas que yo, por un momento me sentí en el cielo, aunque era más grande que yo, me halagaba con sus cosas románticas, era un sueño hecho realidad y…
— Maldito Seiya Black — fruncí el ceño y espeté su nombre.
Todo estaba bien, o al menos creía que todo andaba bien, pero su llegada… él lo había echado todo a perder. Él hizo que me cuestionara las cosas, mis sentimientos ¿qué quería? Estaba molesta ¿pero estaba molesta por él, o estaba más molesta conmigo? Fruncí la nariz y solté una carcajada seca, ¿cómo podría molestarme conmigo misma? No podía hacerlo, él tenía la culpa, la culpa de dejarme este sentimiento. Dejarme enterrado este deseo… porque no era amor ¡no podía serlo! Sólo era deseo, un fuerte deseo a lo prohibido.
No es simple deseo.
— Pensé que siempre te quedarías callada — maldije por debajo.
No, te dejé analizar la situación y al parecer eres demasiado tonta.
Solté una carcajada de buen agrado ¿en verdad me estaba volviendo loca? ¿Cómo es que podía hablar con mi propio yo, teniendo dos puntos de vista tan encontrados? Dios ¿ahora qué seguía? ¿Sir Star empezaría a hablar?
No seas tan tonta, se llama consciencia se llama lo que debes hacer y no lo haces.
— Perdóname pero eso se llama impulsividad y no consciencia, y si eres mi parte impulsiva es obvio que nos estamos confundiendo en el camino — razoné conmigo misma… sí, estaba chalada.
¿Acaso es ser impulsiva el quererlo tocar y besar? ¿Acaso es sentirse impulsiva que nuestro pulso se acelere? ¿Eso es ser impulsiva, querida tonta?
Fruncí las cejas — No, pero si se puede llamar deseo y no amor — comenté más tranquila, dándole un ligero apretón en las costillas del caballo.
¿Estás tan segura que sólo es deseo?
— ¡Por supuesto que lo estoy! — Le espeté — Mira tonta, es obvio que siento deseo, Diamante no me mira de esa forma, ni tampoco es tan audaz, el señor Black me causa cierta aflicción porque no podré negar que le deseo, pero también es obvio que siento eso porque no tengo a un hombre cerca, obviamente Rubeus no cuenta — apreté la quijada — El señor Black es tan… entregado — me ruboricé al decir la palabra — Que…
De repente sentí las primeras gotas resbalando en mí nariz y gruñí ¡Genial! Yo auto debatiéndome sobre el deseo, con hambre y ahora al día le parecía llover justo hoy cuando me había aventurado a salir a hurtadillas. Por primera vez me fijé por dónde estaba cabalgando, y sentí un escalofrío pasar mi cuerpo al recordar que en ese lugar había ocurrido la situación con el señor Black, pero en esta ocasión era diferente, llovía pero estaba sola, su cuerpo atlético no me sostenía ni me cobijaba, suspiré ¿qué rayos ocurría? Giré el caballo, tenía que regresar a casa antes de que empezara a llover más fuerte.
Sentía a Sir Star ansioso bajo mi mando, siempre pude controlarlo, no debía de espantarme ante la situación, y tampoco debía de esperar a que siempre Seiya Black me ayudara en las situaciones, me erguí en la silla inglesa para montar más confiada, no podía evitarlo, me iba a empapar completamente, la lluvia era más densa y tupida, volví a suspirar quizás me iba a enfermar y la idea la deseché.
Una cosa más, ¿sabes por qué es amor y no deseo? Rodé los ojos ante su idea de seguir en la plática, sonreí de lado soltando un bufido. Porque aunque sientes una pasión por él y que probablemente lo atribuyes a un deseo quizás carnal, me ruboricé cuando mi consciencia dijo esas palabras pero quise suponer que era en sí la lluvia y no sus palabras las que me habían hecho temblar. La gran diferencia es que con él, eres tú y con Diamante eres sólo Serena.
— ¡Pero qué disparates! — Me reí — Siempre he sido la misma con Diamante, Seiya Black simplemente me pone con los nervios de punta, pero eso no quiere decir que nunca haya sido yo.
Eso no es cierto y te quieres engañar, con Seiya eres tú porque te sientes libre…
Abrí la boca por unos segundos, sentí como el agua de la lluvia se metía dentro de mí, pero la cerré enseguida, no podía rebatirle pero ¿eso era amor? ¿Es amor cuando uno se siente cómoda con la persona? ¿Era amor cuando sientes una pulsación irrefrenable? ¿Era amor cuando te sientes molesta al verlo con otras personas y al mismo tiempo te sientes cómoda? Apreté la quijada. Pero aún así, aún cuando quizás, muy quizás lo amara, y él me amara a mí como al parecer él asumía, aunque… Bajé la mirada con tristeza él nunca me había dicho que me amaba sólo me deseaba, lo había dejado muy en claro, y me percaté que la situación era tan horrible, ¿Cómo podía enamorarme de alguien que sólo me deseaba? La situación era triste.
Y mientras más divagaba menos me percataba que chorreaba de agua y que mi caballo estaba más nervioso que antes, hasta que ocurrió lo que tenía que pasar. Un trueno sin relámpago cruzó los cielos, tronando de tal manera que me sacó de mis pensamientos, pero también mi caballo salió de su ensimismamiento. Relinchó asustado botándome de la silla, caí de bruces en el pasto mojado, solté un quejido, quedándome por un momento tumbada, mojándome. Escuché como Sir Star sin pena ni gloria salía huyendo hacia la mansión.
— Genial — gruñí, mientras me reincorporaba, miré a mi alrededor, en su espanto y en mi pobre intento por agarrar con todas mis fuerzas la silla había desprendido el borrén, observé mis uñas hinchadas ¿cómo demonios había podido desprender parte del borrén? Quizás con la fuerza en la que me había sostenido para no caerme y la ansiedad de mi caballo sumado a la gravedad habían hecho de las suyas.
Sir Star había desaparecido de mi vista, con quejidos y trabajos me levanté por completo. Sentía la espalda arder como el infierno y lamenté que quizás mañana estaría llorando como una nena sabía que Luna me reprendería y me pondría esos ungüentos de olor apestosos. Por una extraña razón no me separé de la parte del borrén tal vez lo necesitaría, aunque quizás era muy idiota pensar así de mi parte. La lluvia no paraba, y ahora veía la mansión demasiado lejos ¿en qué parte me había caído? Esperaba que fuera más de la mitad del camino. Me quedé parada unos momentos cuando escuché los relinchidos de un caballo, oh, ese chico de Sir Star… regresaba…
Ajusté mi vista entre la lluvia, pero mi sorpresa había sido otra, sentí un dolor en el estómago, mordí mis labios pero eso no me amedrentó, debía llegar a la mansión como me había ido; sola. Cuando por fin lo vislumbré bien. Tenía una mueca en el rostro, eso me hizo ponerme de buen humor, sonreí pero solté un quejido, la espalda ardía, maldita… Lo miré por unos segundos, estaba molesto, cabreado quizás era la palabra adecuada, me miró fijamente pero estaba tan cansada como para prestarle atención, así que seguí caminando.
— ¿Qué pasó? — Gruñó molesto, después un trueno y relámpago le siguieron.
Yo seguí caminando, si él quería mojarse era su problema, yo quería comer ¡oh un buen pan con jamoncillo! Sí, pan con caramelos, oh maldita espalda… y la mano me ardía como el averno también ¿por qué me pasaban este tipo de cosas? Hasta parecía que no valoraba mi vida, qué gracioso… oh duele reír, maldición.
— Te hice una pregunta maldita sea — bajó del caballo pero yo seguí caminando, no quería verlo era más que obvia mi evasiva. — Tú caballo le pareció oportuno llegar al establo… pero sin ti ¿sabes en las múltiples cosas qué pensé? ¡Por Dios! Luego te encuentro caminando toda como pordiosero con un borrén roto ¡mujer está roto! ¿Sabes que esas cosas son de cuero?
Giré por unos momentos — ¿Y qué quieres que haga? — Procuré no mirarlo a los ojos… era tan complicado — A Sir Star no le gustan los truenos, se puso nervioso y me caí fin de la historia, ahora déjame en paz como lo has estado haciendo estos días, por primera vez he sentido una grata felicidad.
— ¡Tsukino! — Dijo con energía pero me di la vuelta nuevamente dispuesta a retirarme de su mirada, no podía soportarle, estaba muy confundida aún y lo que menos quería era tener una confrontación de lo que sea que haya pasado, sólo quería descansar y comer ¿acaso era mucho pedir? — ¡No me des la espalda muchacha!
Si hubiese querido y si hubiese estado mejor probablemente le hubiese sacado la lengua, suspiré, las ropas se me pegaban como si fuese una segunda piel, y con los pantalones era tan complicado caminar y más aún con el dolor de infierno en la espalda, quizás nunca me recuperaría. Pero parecía que Dios no era tan cruel, había llegado a los establos, y eso significaba que estaba cerca, miré a Sir Star de soslayó — Traidor, me has dejado morir sola — murmuré melodramática, pero no lo podía culpar, me recargué en el establo, me sentía sofocada.
— ¿Por qué mierdas me evitas? — Su palabra altisonante no me molestó, hasta parecía divertida en sus labios — Estás lastimada y me duele verte así.
— Bien, ese era el propósito — mentí, no volteé a verlo, las piernas me temblaban estaba tan cerca de mí — Creo que he sido muy obvia y muy expresiva al darte entender que no te quiero ver, pude sola y siempre será así ¿estuviste cuando me caí del caballo? No lo estabas y llegué aquí sin tu ayuda ¿por qué debería de necesitarte? ¿Por qué debería de aprenderte a querer? Cuando ya estoy aprendiendo a querer a otra persona.
Me agarró bruscamente del codo, solté un quejido por el dolor de la espalda — ¿Cómo dices? — Miré el piso, si lo veía a la cara estaba perdida — Yo… me deseas maldita sea ¡me deseas! — Aulló, su voz sonó como tronido apagado por otro trueno — Mírame — pero no lo hice la sola idea de decirme que lo deseaba me asqueaba y no por la mención en sí, si no porque era verdad… lo deseaba — Dije que me miraras — con rudeza agarró mi barbilla, alzándola para mirar mis ojos azules, sus ojos zafiro penetraron en los míos, no sabía si estaba molesto o estaba herido de cualquier forma no me interesó, no quería que supiera que sintiera algo por él, tenía miedo, ¿qué pasaría si él se enterara de que lo deseaba? — Me has castigado, y yo te he dado todo… todo de mí ¿por qué eres tan cruel?
— Señor Black me ofende — apreté la quijada y fruncí las cejas — ¿Qué busca de mí? Lo que sea que busque no lo encontrara ¿entiende? Yo ya tengo a alguien a quién querer, la ofendida debería de ser yo en cualquier caso me ha ofendido besándome deliberadamente sin mi consentimiento.
Me observó por unos segundos, lucía tan guapo, mis ojos se posaron en sus labios carnosos y pequeños, su mandíbula cuadrada y sus mechones de cabello se adherían a su cara dándole un toque mucho más varonil si es que se podía hacer eso. Bajó las cejas, sopesando lo que le había dicho. ¿Qué pasaría si él se enteraba de mi sentimiento? Era obvio que sólo me deseaba y que quizás el acuerdo sería de mero aprendizaje corporal, nada que pudiera lamentar… Algunos roces y besos ¿a quién dañarían?
— Tarde o temprano tenía que confrontarme y yo estaba allí para pedir disculpas por mi atrevimiento pero no voy a pedir disculpas por mi acto.
Alce una ceja — ¿A qué se refiere? Eso es una disculpa a media, ¿podría soltarme? Quizás mañana muera de pulmonía y quizás se sienta más feliz, alejándome de usted.
Sus facciones se descompusieron — Nunca digas eso — espetó, soltándome de la quijada pero atrayéndome más hacía los establos — ¿Qué no es obvio? — Sonrió de lado — Todo lo que le dije fue cierto y no me retracto.
— ¿Sólo me deseas? — Me aventuré quizás una parte de mí, estaba aún esperanzada.
Balbuceó por unos segundos, mirándome indeciso, yo me di la vuelta — No me des la espalda — susurró pero yo caminé y sin esperarlo, me volvió a agarrar, tomándome de la cintura, solté un leve quejido y me regaló otro beso, más intenso que el primero que habíamos tenido. Y esa sensación extraña se apoderó de mí, me sentía libre y me sentía segura, Su lengua vivaz se introdujo como si conociera mi boca, me saboreó y me dejé saborear, y sin pensar tan solo actuaba mi instinto, succionó sus labios, mordiéndolo, podía olerlo, profundizó el beso y sentí que todo daba vueltas en mi cabeza, su lengua paseaba con vivacidad mi boca, lo agarré de la cabeza, mis dedos se entrelazaron en sus cabellos mojados, su beso pasó de mi boca a mi cuello, sacando su lengua succionando cada gotita de mi cuello que resbalaba, la situación era tan íntima y placentera. Lo miré largo y tendido, no podía ocultarlo lo deseaba… sentía ese calor que con Diamante no lo sentía pero mi preguntaba había quedado en el aire sin que él me la contestara ¿me debía de sentir feliz o triste ante la situación?
Sonrió de lado y soltó una carcajada de júbilo cuando me le quedé mirando, supo que era oportuno no seguir con mi pregunta porque en cambio me dio un ligero beso en la nariz — ¿Vas a seguir en tu cueva? ¿O me vas a disfrutar?
Reí ante la mención — Lo que quiero es que Luna me talle que la espalda me quema — comenté con tranquilidad, y sin chistar más, me alzó entre sus brazos como si fuese nuestra boda nupcial — ¿Qué va a ocurrir? — Comenté nerviosa, suponía que él sabía mi deseo, pero quedaba cosas en el aire aún.
— Sólo sé que hay que arreglarte ese espalda — expresó serio.
Yo no dije más, no quería arruinar el momento con la tensión de mis propios miedos y nuevos sentimientos después de la ligera confrontación ¿qué pasaría? Aunque dentro de la felicidad que nacía en mí, no pude también evitar el sentirme triste, el hecho de evadir mi pregunta no hizo más que afirmar mis sospechas y de alguna forma extraña recordé la charla entre Luna y Rubeus, diciéndole a mi amiga que no había sido más que algo conveniente… tenía que ser su amiga, no podía… aunque el deseo era grande, y aunque me sentía libre con él, quizás solamente estaba confundida porque Diamante no estaba conmigo, suspiré. Entramos a la mansión y Luna me miró boquiabierta.
— ¡Por Dios! ¿Es que nunca vas a estar quieta? ¿Ahora dónde te lastimaste? — Señalé mi espalda, y observé que Rubeus estaba en la puerta, mirándonos — Parece que nunca entiendes y siempre estarás en deuda con el señor Black — miró a Rubeus por unos momentos pero lo supe en ese momento, ¿cómo no me había percatado? Había un deseo poderoso en ellos, me quejé mientras cerré los ojos, mañana pensaría con claridad… oh qué hambre tengo.
¡Hola!
Oh Dios gracias a la loquita de mí amiga brujilda, Rubeus me tentó ¡me ha traumado! Jamás en mi vida había pensado generar este tipo de relación, es más pensaba en Luna/Yaten como debía ser pero ¡bang! Juli se ha poderado de mí, llenándome con sus ideas todas malvadas ¡eres una malvada! Y yo, como la tontita que soy, ¡me dejé engatusar! Pero parece que todo estaba fríamente calculado y sólo era cuestión que mí yo interna lo aceptara jajajaja ¡pero qué emocionada que estoy! Ella me ha obsesionada ¡malvada! Y lo peor… ¡No me arrepiento! Jajajaja
Quiero agradecer el tiempo dedicado en la historia, que sé que la he dejado descuidado sin embargo no quiere decir que no me interese, quiero dejarles un final por supuesto, quiero agradecer a quienes me han leído y me han dejado sus reviews, permitiendo saber qué es lo que opinan y en verdad ¡les agradezco! Gracias infinitas a: Corazon de Diamante, Andru110, Dayan Kou Uchiha, Diivaa Bloom y Lulispelulis
suxzylove; ¡oh! Una vez me pasó lo mismo olvidé mi contraseña, casi me volví loca jajaja, oh te desvelaste… ¿no te pasa? Luego te desvelas y te quedas con la idea y lo sueñas… a mí me ha pasado… creo que estoy mal de la cabeza jajaja, gracias por tu comentario, me alegra mucho, es genial saber que aunque tarde y lenta, aún tengas esperanzas depositadas en mí ¡en verdad gracias!
Emily Castro; ¡Hola linda! Ya no prometo nada, lo único seguro es que la terminaré, te agradezco mucho por el apoyo que me has brindado, agradezco mucho que te agrade la historia, ¡espero que el capítulo te agrade!
natty: ¡Gracias! Espero no haberme tardado tanto :)
lindaserena; Gracias por tus dulces ánimos, tienes razón supongo que es la luna que hace de las suyas, he meditado con lo que me ha ocurrido y ya he dejado esas malas vibras ¡gracias por tus ánimos! Y qué mejor, es escribiendo para subirle el ánimos a los demás y darles un poco de momento de diversión, gracias. ¡Verás que seremos mucho mejores cada año!
¡HERMOSAS NO OLVIDEN SUS REVIEWS, ES GENIAL SABER LO QUE OPINAN!
O6 de agosto de 2O13
●๋•Ashαмєd●๋•
