Telegrama

Capítulo 12.

— ¿Y bien? — Se me quedó mirando, con una sonrisa larga y tendida.

— ¿Bien qué? — Me hice la desentendida, mientras bajaba el libro para mirarla, no era tonta sabía sobre lo que me preguntaba pero a veces era genial hacerse la loca a contestar preguntas incómodas.

Luna rodó los ojos — ¿Cómo es que terminas en brazos de Seiya Kou?

Encogí de hombros — No lo sé, supongo que cosas así llegan a pasar, además sabes bien que a duras penas podía caminar.

Luna hizo un mohín — Oh… eso no fue nada, sólo se te quitó el aire, además eso ya pasó hace una semana y no me has contado nada ¡me han abandonado! —Protestó.

Reanudé mi lectura, aunque en realidad no prestaba atención a lo que leía, quería hacer un pacto con ella, aunque la idea en sí era idiota pero… no por ello era menos tentadora quería decirle algo como «De acuerdo, te diré, si me dices lo de Rubeus», empecé a reírme por la tontería de mi pensamiento, dudaba que pudiese llegar a ese pacto. De cualquier modo, había salido de mi aislamiento toda esa semana… la mayoría de las veces era para tomar aire libre, y a pesar de todo seguía esperando no toparme tanto con Seiya Black, no después de lo que me estaba haciendo sentir.

— ¿De qué tanto de ríes? — Soltó Luna nuevamente — Sólo piensas y piensas y nada me dices.

Bajé el libro por unos momentos y aclaré mi garganta — Bien… es sólo que uno se cansa de pelear — encogí de hombros, oh quería decirle lo de Rubeus ¿por qué era tan complicado? — Es meramente más un pacto que otra cosa ¿me entiendes?

— ¿Un pacto? — Enarcó una ceja — ¿No lo habían hecho ya?

— Bueno… — me ruboricé — Supongo que ninguno de los dos hablaba tan en serio.

— ¿Han hablado en serio en algún momento?

Torcí el gesto cuando hizo la pregunta — Yo sí lo he hecho — expresé con énfasis.

Ella con una naturalidad extrema soltó una risotada, a lo que fruncí el ceño ¿cómo es que podía estar burlándose de mí? ¿Acaso le parecía demasiado graciosa mi situación? — No le veo la gracia a nada, querida — expresé con ironía.

— ¡Madre de Dios! — Volvió a reír Luna ahora con más fuerza si es que eso podía ser posible — ¿Tú? ¿Siendo irónica… conmigo? — De repente bajé la cabeza ¿en qué clase de monstruo me estaba convirtiendo?, de repente sentí su mano en mi hombro como si mágicamente comprendiera todo lo que estaba sintiendo en esos momentos, alcé la mirada y ella estaba de una forma extraña como si se mezclara la forma maternal con una mueca que no podía evitar de sonrisa a medias — Yo… — empezó a sonar seria — ¿Tú, irónica? ¿La pureza siendo irónica? —Fruncí las cejas y de repente me sentí como idiota.

Luna nunca se reía a mis expensas, me levanté como resorte un poco mareada y molesta. Era increíble que mi propia amiga casi madre se burlara de mí, ¡pero era la verdad! Yo había hecho todo lo posible para vivir con Seiya en estos días de la mejor manera pacífica, en estos días quizás no era tan común verlo cerca de mí, ya que salía por las tardes a saber dónde, tampoco era como si en verdad me importara del todo a donde iba, siempre regresaba con aroma a manzanas, nunca le preguntaba a dónde iba, pero… ¿cómo es que terminaba desviándome de lo principal? Miré a Luna molesta.

—Qué cruel eres… — aventé el pobre libro que nada tenía de culpa — Yo sólo quería ser honesta y termino siendo el hazmerreír.

Luna se levantó y me abrazó — Oh Serena, mi querida — expresó más tranquila — ¿Acaso no te has dado cuenta que has estado cambiando? — Yo abrí los ojos como platos ¿cambiando? Pese a que no lo pronuncié sé que ella me leyó la mente puesto que sonrió de forma maternal y al mismo tiempo enternecedor — ¿Qué te darás cuenta? El irse Diamante te ha hecho mucho bien — confirmó con decisión.

— ¡Pero eso es malo! — Fruncí las cejas aunque no lo expresé muy convencida.

— ¿Malo? — Me volvió a acariciar — Malo cuando regrese — iba a protestar pero ella se apresuró a decir, callándome — Sé que es difícil… pero lo entenderás.

— ¿Entender, qué? — Comenté exasperada por primera vez — ¿Alguna vez, me contarás si amaste a alguien? — Toda la frustración de repente salió, entendía que siempre mi forma de ser era calmada, pero al mismo tiempo también estaba un poco cansada que siempre me hablaran a medias, que las cosas ni yo misma las entendiera y de repente la nueva visión de Luna y Rubeus no era muy gratificante, era como si de repente me volviera egoísta y todas esas nuevas emocionas me espantaran ¿por qué Luna nunca había tenido confianza conmigo?

Sentí como Luna se ponía tiesa y rígida, lo sabía había tocado un punto nervio y me lamenté por haber explotado de esa forma tan tonta, me deshice de su abrazo mirándola por primera vez. Parecía como si de repente la hubiese pillado en algo muy malo, divertido pero al mismo tiempo triste, era como si de repente su cuerpo estuviese conmigo pero su mente en otro lado a miles de kilómetros lejos de aquí, me sentí culpable al final de cuentas ¿quién era yo para que Luna me contara sus cosas más privadas? La miré con disculpa, hasta estaba a punto de llorar.

— Sí, amé a alguien — me acarició la cabeza, me miraba pero sin prestarme atención, toda la diversión que en algún momento habíamos tenido había desaparecido de golpe — Antes de trabajar para tu familia, yo estaba casada, felizmente debo de agregar, no necesitaba nada, ni quería nada más de lo que yo ya tenía — cerró los ojos de impotencia, como si todo aquello apenas hubiera pasado, como si el dolor no se hubiera desvanecido jamás y estuviera impregnado en su corazón, en su mente y en su memoria — Sabes que eran tiempos difíciles, con la Guerra apenas mencionándose, sin quitar el hecho de que estábamos a lado de una familia…— frunció el ceño, casi despreciando la palabra «familia» — De una familia ruin — me miró, tratando de debatir si decirme el nombre o no de la familia, al final simplemente suspiró — Cuando considere el momento oportuno, sé que te podré decir con tal sinceridad lo que pienso, lo que creo y lo que considero correcto en esta situación — sólo me limité a asentir sé que ella, en algún momento que considerara más oportuno me diría sin preámbulos la verdad que tiene guardada — Lo que si te puedo asegurar mi dulce Serena es que ellos me quitaron lo más hermoso que había tenido en ese momento, lo más sublime, me quitaron al amor de mi vida — unas lágrimas cayeron en mi cabeza, las sentí cálidas.

— Yo no quise que… — la miré tan compungida, verla así, se veía tan frágil — No era mi intención que me dijeras algo tan personal.

— Lo sé, sin embargo has sido mi amiga por mucho más tiempo del que me hubiera gustado — soltó una sonrisa — Y considero que necesito de cierta forma, aunque sea minúscula, verter esta tristeza que tengo de años.

Luna lucia tan madura, tan inquebrantable, y saber que alguien le había hecho daño en lo más profundo de su ser, era cosa que jamás podría perdonarle a la familia que le hizo semejante barbarie, sin embargo pese a todo lo poco o mucho volcado en su pasado, la interrogante con Rubeus seguía en mi cerebro, ¿por qué Rubeus la deseaba? ¿La amaba? ¿Era recíproco está situación? ¿Bajo qué circunstancias se habían conocido? Tenía tantas preguntas de lo que había visto, que de cualquier forma sé, que no tendría ninguna respuesta alguna. Luna se separó de mi agarre, sabía que la charla se había acabado, tanto de ella, como la mía, sé que ya no tenía las suficientes fuerzas, ni diversión, para al menos, seguir con el poco interrogatorio hacía mi persona, justo antes de salir de la puerta, las palabras salieron de mi boca, sin siquiera yo advertir que mi cerebro impulsivamente había mandado.

— ¿Volviste a amar? — Dije dubitativamente, ella se quedó en seco en el marco de la puerta, sentí que pasaron varios minutos, ni siquiera volteó a verme, ni expresó nada.

— Sí — volteó con los ojos rojos, podía asegurar que tenía un nudo en la garganta — Pensé que no lo lograría, pero al final lo hice — se le quebró la voz, daba la sensación de que cada palabra que decía poco a poco se le acababa el aire.

— ¿Sigues amándolo? ¿Él te ama? — Dije un poco más alegre, pero Luna se limitó a hacer una sonrisa a medias, bajó la mirada, en cambio me la devolvió con una sonrisa rota, la miré sin comprender, lo que con gestos trataba de decirme.

— Creo que deberías de pensar en lo que realmente sientes Serena — comentó de improviso — Sólo tenemos una vida, una ocasión, un momento para disfrutar y eso jamás va a volver a ocurrir, tenemos tiempo prestado en la vida, que cuando menos te percatas, lo malgastamos en cosas tontas, en peleas sin sentido, en sentimientos vertidos a la nada — sus palabras hacían eco en mi mente, como si cada uno de ellas las hiciera mi ley, como si en cualquier momento mañana muriera y nunca hice lo que quise — No pongas esa cara — expresó con dulzura — Eso iba también para mí.

— Es normal… ¿sentirse confundida? — De repente comenté antes de que me dejara sola.

Ella sólo sonrió — Creo que toda nuestra vida estaremos confundidas, pero siempre habrá alguien que aviente la palanca y cuando eso ocurra y sientas que es el momento, aférrate a eso.

Cerró la puerta detrás de sí, dejándome sola con todo este nuevo descubrimiento que yo sola quise empezar. Las palabras de Luna se habían colado en mí, como las palabras de Seiya Black seguían en mi cabeza. ¿Era de alguna forma extraña, Rubeus de quién hablaba? ¿Qué le habría pasado a su esposo? ¿Quién habrá sido esa familia? No sé si en algún momento podría saber del todo la verdad. Quería ayudar a Luna, sin embargo sabía de antemano que Diamante jamás me permitiría en la ayuda de ella, ¿Seiya Black podría entender el sentimiento de amor?

Y aunque mucho a mi pesar sentí que al nombrarlo en mi mente, lo necesitaba de cierta forma, la ausencia de Diamante estaba haciendo carcomer el amor que le tenía, porque es cierto… lo amaba, pero… no sentía ese ardor dentro de mí cuando Seiya Black estaba mi lado, ¿acaso era amor lo que sentía por él? Me sentí desdichada, porque él no me podría ver de la misma forma, y que en cierta medida la poca esperanza de que Diamante no me había mandado alguna señal, hacía que mis sentimientos se volvieran difusos y nublados, ¿podría apoyar a Diamante en todo? ¿Era correcto, tratar a Seiya Black como asesino? Ni siquiera sabía la razón… no, me corregí mentalmente ni siquiera sabía su razón, no lo negaba del todo pero tampoco lo afirmaba. Y realmente me daba miedo sentir algo diferente o más poderoso que por lo que sentía por Diamante, tenía miedo.

— ¿Vas a estar parada? — Su voz gruesa me penetró en la cabeza, aquél aroma bailoteaba en mi cuarto, y de repente me molesté, estaba sonriendo como siempre, con esa cara petulante, con su mangas arremangadas hasta el codo, y esos pantalones rectos.

— ¡Mi puerta estaba cerrada! — Le dije desdeñosa, fruncí las cejas y apreté tanto los labios, ¿quién diablos se creía?

— Lo sé — se metió en ella sin consultarme, ni pedir permiso por su intromisión — Temo recordarte Srita. Tsukino que yo soy el dueño… — enarqué las cejas y casi iba a echarme una risotada — Provisional de la casa, así que si el amo pide las llaves de donde él le apetece las tendrá.

Sonreí de lado e hice una reverencia — Vuestra majestad Black — sin poderlo evitar solté a la risa — Sin embargo interrumpir en el cuarto de una chica no te da derecho…

— ¿Apostamos? — Realizó esa estúpida sonrisa de lado, abrí la boca y la cerré en seguida, con su pie dio un ligero golpeteó con la puerta cerrándola de golpe — Es cierto, no me da el derecho, pero no quiere decir que no pueda romper ese derecho — mis piernas temblaron, su voz era suave y pausada, me arrinconé para mi mala suerte contra la pared, sus ojos viajaban por mi boca y cuello, se acercó tanto que proferí un gemido, quise gritar por ayuda, pero todo quedó en el deseo de querer hacerlo, porque no lo hice, mi cabello largo picaba en su barbilla, sus ojos eran tan encantadores, su aroma tan hipnotizante — ¿Qué quieres de mí? Si ya lo tienes todo.

Esa aseveración por un momento me dejó volar en el mundo de fantasías, donde se encontraban las hadas, para jugarte una mala broma, o al menos eso era lo que decían de este lugar. Me abrazó, pero cada abrazo suyo había sabido identificarlo tan diferente de todos los que me había dado, me apretó hacía él, mi pecho bajaba con tanta rapidez que creí que mi corazón en cualquier momento iba a explotar, su boca se posó en mi oreja izquierda, no hacía ningún sonido, sólo el respirar un tanto acelerado, quería tocarlo, quería pasar mi manos por su cuerpo, bien esculpido, quería olerlo para siempre y que este momento jamás terminara, quería acunarlo y que me contara su historia, quería escucharlo, y que todo esto fuera más fácil de lo que mi mente pudiese entender, sin embargo no era así.

— No es así — le dije con voz calma, aunque mis manos temblaban en sus hombros, me abrazó un poco más sin lastimarme — Tienes un puesto al que nunca pediste ni quisiste, sólo estás actuando conforme a lo que crees correcto, porque Diam…

— No — me calló de repente — Si algo te pasara yo… es tan difícil decirte que yo… — se calló abruptamente como si la sola idea de decirlo le costara la vida para siempre, tembló de repente como si yo fuera su eje central para sostenerse, su respiración se relajó un poco y su cabeza se acurrucó en mi cuello, como si se tratara de un niño que hubiera sufrido demasiado dolor, la situación tan íntima sin embargo no me hacía sentir fuera de lugar al tener ese espacio de intimidad, quizás nunca sabré que lo motivó a venir directamente y abrir la puerta de mi habitación pero quizás podría comprender sólo un poco que se sentía solo, de una forma peculiar se sentía vacío — Sólo… quizás… ¿podemos estar así un momento breve?

Asentí, y terminé por abrazarlo más, sin miedo en esta ocasión lucía tan vulnerable, y él se relajó con ese gesto mío, no me dijo nada, ni tampoco intentó besarme, su respiración caliente se ocultaba en mi cuello, descansé con suavidad mi cabeza en él, y con miedo empecé a acariciarle el cabello, sentí que tembló con ligereza así que me detuve en el acto, temiendo romper ese momento tan íntimo y especial, él sólo me dio un ligero apretón en mi cintura y susurró un suave "no te detengas" así que lo seguí haciendo. Me sentía tan bien, no había necesidad de palabras y creo que él lo sabía de antemano, que de alguna forma yo lo mantenía tranquilo, lo podía sentir, no sé cuánto pasó, si sólo unos segundos o unos cuantos más, al final ¿a quién diablos le importaba todo eso? Sentía que lo podía proteger de todo el mal interno que se enfrentaba, aunque él no me dijera nada de lo que estaba ocurriendo sé que de antemano estaba pasando por una especie de crisis del cual yo no era participe del todo, sin embargo el simple hecho de venir de esa forma me hizo pensar que quisiera mi ayuda de cierta manera.

— Creo que… — empezó a hablar suavemente, sus palabras chocaban en mi cuello, haciéndome sentir cosquillas al momento — La razón de mi entrada era para que saliéramos a dar una cabalgata.

— ¿Una cabalgata? — Comenté contrariada — ¿Y con qué fin?

Se despegó de mi cuerpo para verme, sus ojos zafiros brillaban de forma vivaz pero relajada — ¿Es que siempre contigo debe de haber un fin? — Enarcó las cejas y de repente me sentí idiota, como si siempre tuviera que cuestionarlo por casi todo.

— Supongo que no es así — lo miré de vuelta, me sentí nerviosa y él poco a poco empezó a quitar sus manos de mi cintura, dejé de sentir su calor alrededor de mi cuerpo, y de repente empecé a sentir la frialdad de mi habitación — Sólo que me cuesta trabajo, comprender una salida a tu lado…

— No deberías — sonrió suavemente — No muerdo — soltó una carcajada.

Corrí a agarrar mi almohada — ¡Siempre serás un tonto! — Se la aventé, pero él ya había cerrado la puerta detrás de mí.

Empecé a reírme sobre la situación, me sentí más tranquila por lo que sea que haya ocurrido, me sentí más contenta y más llena, sentí que al momento de dejarme había olvidado todo, a lo que realmente estaba aquí y por lo cual había venido, era una sensación placentera, no la había sentido jamás. Había mencionado algo de una cabalgata, no sabía cuál era el motivo o la razón pero la idea me pareció estupenda, verlo de esa forma, sentí que todo lo que me decían era meras mentiras, quería aferrarme a eso, hasta que alguien me hiciera cambiar de opinión y eso lo veía tan lejano, con el tiempo estaba empezando a olvidar porqué realmente me encontraba en la Mansión, es como si esa parte la guardara en un baúl para siempre y quisiera que así se quedara.

Me cambié de ropas, por unas más acordes para la futura cabalgata, unos pantalones color verde militar, combinada con una camisa suave al tacto color blanca, agarré un abrigo, no era uno de esos días brillantes, era más nuboso como siempre solía ser Escocia en la época del año. Agarré un sombrero de ala ancha, y un poco suave. Calcé unas botas negras altas, debajo de mis medias, no quería verme espectacular para una simple cabalgata, quería estar cómoda, como fuera posible, no quería que otra lluvia intensa volviera ocurrir y que en este me encontrara desprevenida, dejé la habitación no sin antes agarrar los guantes de cuero y echarme un rápido vistazo al espejo, no lucía mal, no quise agarrarme el pelo con horquillas, realmente no tenía ánimos de verme perfecta, sólo quería verme como Serena, así a secas.

Cuando bajé de las escaleras, observé que Rubeus salía de la habitación un poco molesto, me le quedé viendo detenidamente ¿realmente amaba a Luna? ¿Por qué no se podían amar? ¿Qué es lo que impedía eso? Se me quedó mirando, sin embargo lejos de verme con hastío, me escudriñó con la vista, me sentí por un momento desnuda, sin embargo no me veía de forma erótica, pero podía sentir que sus ojos querían atravesar mi alma de alguna forma.

— Tenga cuidado en esta ocasión — habló suavemente, esto despertó en mi cierta curiosidad, no le contesté nada, sólo lo observé tratando de mantener la misma penetración que él tenía sobre mí — No me gustaría verla… en peligro, confío en el señor… Black — terminó medio escupiendo el apellido, medio diciéndolo de buen modo — Al final de cuentas, creo que me preocupa usted.

Lo seguí mirando con más profundidad, sentí que mis ojos brillaban porque él en cambio bajó la vista ¿qué estaba ocurriendo aquí? ¿Siempre había ocurrido esto y jamás me había percatado? — ¿Le preocupo? — Susurré antes de tomar el barandal de las escaleras que daba directo a la puerta principal — No sabía que usted podría preocuparse por mí, de alguna forma — él en cambio gruñó — No lo tomé a mal, pero…

— Sólo tenemos una vida, y un momento — dijo secamente, con aquella voz tan varonil que manejaba, podía comprender que tenía tanto guardado en su ser ¿qué tanta tristeza podría tener? Y de repente sus palabras volaron en mi cabeza.

— ¿De dónde escuchó eso? — Abrí los ojos un poco sorprendida, eso me lo había dicho Luna.

— De alguien a quien… — se mordió el labio, por un momento casi pude asegurar que lucía frágil, pero de repente se recuperó en segundos, cambió esa mirada hosca, y torció el gesto de forma mezquina — Eso no le concierne, simplemente acepte lo que le he dicho y eso es todo — expresó agriamente, sin siquiera despedirse se volteó y siguió en el pasillo, dando pasos fuertes.

Lo estaría diciendo por Luna seguramente ¿pero con qué fin? Empecé a bajar las escaleras, perdida en mis pensamientos, como solía ser tan típico de mí, ¿se podía ser tan ciega? Me sentí idiota. ¿Por qué Rubeus había dicho todo eso? ¿Me apreciaba realmente? ¿Qué lo había orillado?

— Coneja, te vas a caer — dijo burlonamente, alcé la vista, y ahí estaba parado, divertido, como si lo que hubiera ocurrido no hubiera sino más que parte de una jugarreta de mi cerebro, había olvidado que me decía coneja, y había olvidado lo tan perfecto que sonaba en su voz, le saqué la lengua y él soltó una risotada — Tan pueril como siempre, pensé que nunca ibas a bajar.

Rodé los ojos — Pero bajé, ¿contento? — Le comenté molesta, agarré la gran canasta de picnic — Lo llevaré conmigo.

Enarcó una de sus cejas — Tuve que poner provisiones… si te esperaba probablemente moriríamos de hambre, tenlo por seguro.

Me ofreció su brazo y yo lo agarré sin más — ¿Tuve? — Alcé una de las tapas de la canasta, por lo que pude ver había jamoncillo, panes, mantequilla, mermelada y algo de vino al parecer — Esto no tiene pinta que lo hagas hecho tú — enarqué la ceja, haciendo un puchero suave.

Seiya empezó a caminar rumbo a los establos — De acuerdo, pequeña Sherlock Holmes, no lo hice yo, Luna lo hizo por mí… — meditó brevemente — ¿Acaso no sonaba estupendo decir que lo hice yo?

Reí con ganas — En verdad que no tienes perdón del cinismo — expresé con diversión.

— Soy estupendo — sonrió, agarró la silla, y las empezó a montar en los caballos respectivamente, mientras yo, me limitaba a verlo, seguía vestido como en la mañana, sin corbata, salvo por un botón que parecía mejor no abrocharse y yo sólo me iba a limitar a observar como aquél botón dejaba ver un poco más de ese pecho dorado — Siempre lo he sido deberías de saberlo de antemano.

Reí por debajo, realmente cuando se lo proponía podría ser una persona demasiado divertida — En ocasiones.

— La mayoría del tiempo lo soy — me mostró sus dientes de forma carismática — Ven — meneó la mano para ayudarme a subir a Sir, me pasó la canasta de la comida, posterior se limitó a subirse en el gran equino que sólo al parecer los Black podían montar — Sólo que eres demasiado testaruda y tozuda…

— ¡Yo no soy tozuda!

— Como para notar mi hermosa presencia, es más creo que deberías de estar agradecida por el hecho ¿qué clase de hombre permitir el que una mujer tan minúscula como tú, pueda si quiera manejarlo?

Rodé los ojos — Oh por favor, el único dueño de tu vida eres tú — golpeé levemente a Sir Star — Tengo la sensación de que pronto lloverá.

Seiya golpeó al caballo y empezó a guiar la caminata — Es Escocia, siempre llueve, aunque creo que es menos gris de lo que tu bella madre tierra pueda ser — arrugó la nariz — Oh señorita de no sé qué, oh… el té es a las cinco… quiero un panecillo — imitó burdamente el tono inglés.

— Yo no tengo ese tono — me quejé.

Seiya que ya estaba un poco más adelante de mí, me miró por sobre su hombro — Todo los británicos tienen ese tono tan… carismático, aunque en ocasiones lo encuentro demasiado irritante en ciertas personas puede sonar dulce.

Alcé la ceja — Supongo que yo soy de las personas donde mi tono británico suena dulce.

— Creo que está demasiado equivocada al creer eso — rió con ganas — Su acento es demasiado irritante a decir verdad, es cierto que podría sobrevivir escuchando ese acento algo petulante, supongo que uno se termina acostumbrando — arrugué la nariz y me volteé, para abrir la canasta de la comida, ni siquiera me fijé qué es lo que había agarrado pero lo lancé con tanta fuerza que sentí que mi brazo se iba a desprender de mi cuerpo — ¡Relajase! Estoy cabalgando al lado de una loca británica, lo que me faltaba… — el bollo rodó en su cabeza, cayéndose en el verde pasto.

— Me acaba de insultar, es lo menos que podría hacer… — apreté la quijada — Usted es demasiado desagradable, como suele ser su presencia.

— Soy un irlandés temo decirle, y uno que es petulante, vanidoso soy de la vieja escuela… — hice un mohín, mientras lo seguía con el caballo — Creo que ya sabrá el poder innato de seducción de los Black — me observó y yo le sostuve la mirada — ¿No me dirá que sólo lo ha vivido conmigo? — Me quedé callada, y eso me molestó más ¿por qué simplemente no mentía y ya? — ¿Ve a lo que me refiero?

— Dígame señor Black — sonreí de lado, tratando de ser un poco petulante como él lo hacía, y esperando que el sombrero que tenía pudiera ayudar en algo — ¿Qué le hace pensar que mi forma de amar, o lo que he sentido se la diría? — Desdibujó su sonrisa — Nunca podría decirle lo que he experimentado y eso me gustaría que quedara claro entre nosotros, lo que yo haga o he hecho no es algo que le concierna a usted, y claro debo de recalcar menos a usted.

De repente el viaje a dónde quiera que fuéramos se volvió menos alegre de lo que estaba recordando desde que había comenzado, aunque no sé porqué de repente sus ánimos se empezaron a poner ácidos, yo sólo había sido honesta, y quizás mi honestidad le había molestado de repente, tampoco es algo que me interesara en lo más mínimo. Si quería mi presencia tendría que ser con todo lo que conllevaba y sí, eso quería incluir a palabras desatinadas, más cuando me quería tratar de insultar vagamente, no me importaba mucho de dónde fuera, al final seguían hablando mi idioma y con eso era más que suficiente para mí.

Estábamos cabalgando en un páramo desconocido para mí, aunque en cualquier caso, la Mansión de los Black era demasiado grande como para siquiera recordar todo lo que yo al menos trataba de conocer. Quise recordar, cuando solía venir con mis papás, pero el recuerdo parecía más lejano por más que intentaba parecía que se escurría de mi memoria, trataba de pensar en mi hermana, y su felicidad de repente me volvió a abrumar, no había contestado su carta, y es que aún pese a todo, no quería saber lo que estaba sintiendo, no quería entender las cosas que me estaban pasando. Observé que ya estaba atardeciendo, y Seiya seguía enfrente de mí, verlo de espaldas, me hizo darme escalofríos, ¿era el monstruo que decían que era o sólo era una persona solitaria? De repente se detuvo.

Había aire, y estábamos casi cerca de un risco, la vista era perfecta y maravillosa, los colores naranjas y amarillos del cielo se perdían en el horizonte, él bajó del caballo, pero yo no lo hice, se quedó mirando a la nada, su cabello bailaba en el aire que aquél risco nos daba, si hubiera sabido pintar, me hubiera gustado venir cada atardecer para poder hacer un cuadro en aquella posición, ¿qué estaría pensando? Parecía inclusive ajeno a que recordara incluso que yo estaba ahí, así que procuré bajar del caballo, junto conmigo bajé la canasta de comida, saqué de ella la manta para ponerla en el suelo, seguido de esto me acerqué un poco tímida a él, no quería interrumpir sus pensamientos, lo vi por el rabillo del ojo, estaba melancólico, y sereno. Era como si no estuviera del todo ahí, y me sentía aún más alejada de todo eso que él estaba experimentando.

— Solía venir con mi mamá — soltó de repente y eso me pilló, tampoco me miró, su mirada siguió fija en el sin fin del cielo — Me gustaba realmente estar aquí con ella, era un lugar especial para los dos, era la única que me entendía… y comprendí la razón meses después de su muerte ¿sabes? — Observé como tembló levemente, pero no era por el frío del lugar, quise abrazarlo pero me detuve — Es lo único que me gusta de esta Mansión, son tan poco recuerdos buenos que tengo de este asqueroso lugar, que la sola idea de volver a venir, casi me provoca arcadas — pero en esta ocasión no me molesté como quizás pude haberlo hecho con anterioridad, sólo me quedé a su lado, cruzando los brazos con tanta fuerza, tenía bastante frío — Pero finalmente vine, regresé y lo más triste es que no fue como yo hubiese esperado — se volteó a verme, me escudriñó con esa mirada zafiro — Es gracioso porque no esperaba verte, y no esperaba siquiera cruzar una palabra contigo lo cierto de todo esto es que… — se mordió el labio. Le toqué la mano, con suavidad e hizo una sonrisa a medias — Me agradas — soltó de repente — Me agradas más lo que pensé que podría pensar, no sólo es porque así me lo pidieron, me percaté cuando esos sucios escoceses te quisieron llevar, podría seguir haciéndolo.

Mi corazón retumbó tanto que pensé que él también lo iba a notar, de repente sentí que todo estaba dando vueltas y que esto no era más que un sueño sin sentido, y que ni yo, ni él estábamos parados en este risco, ni yo le estaba tocando la mano — ¿Hacer qué? —Susurré casi con miedo.

— Seguir protegiéndote — soltó con dulzura y me agarró más de la mano — Necesito protegerte.

Mi quijada empezó a temblar y quizás él mal entendió la situación porque me acarició con suavidad la palma de mi mano y nos retiramos con lentitud del risco, pero temblé porque aquél cúmulo de sensaciones se disparaban al millón, el tiempo que estaba pasando con él, estaba haciendo replantearme mi situación, necesitaba que él me protegiera, necesitaba que Seiya Black estuviera conmigo, lo necesitaba.

Nos recostamos con tranquilidad, en la manta que previamente ya había tendido, empezamos a comer las provisiones que Luna nos había puesto, y comimos con bastante intensidad, sin decir una palabra, sólo viendo que poco a poco el atardecer se estaba apagando trayendo la luz de la noche, me sirvió vino… nunca supe cuántas copas tomé hasta que me percaté que estaba haciendo calor en mi propio cuerpo, ¿era sinónimo de que me estaba poniendo un poco borracha? Por mi bien esperaba que no.

— Te traje aquí porque es especial, eres especial — se levantó de repente y giró la mitad de su cuerpo para observarme — Toda mi infancia la pasé aquí, y una parte en Irlanda, hasta que mamá simplemente murió.

— ¿Eres un asesino? — Solté de repente, y me lamenté por eso, estaba perdiendo la poca cordura que tenía, y francamente hablando no sabía lo que era ponerse un poco ebria, mi cabeza daba un poco de vueltas, y sentía que parpadeaba con lentitud, y hablaba con lentitud.

Sonrió de lado, como si ya supiera lo que mi cuerpo estaba sintiendo en esos momentos — Sí, ¿qué te hace pensar que no lo sea?

Me acerqué a él ¡demonios! ¡No quería acercarme, maldita sea, maldito cuerpo! Lo toqué suavemente en su pecho, y él de repente se puso tieso — No pareces de los que van matando a las mamás en los caminos, sé de lo que hablo — puse mi mano completamente en su pecho.

— ¿En serio sabes de lo que hablas, Lady Tsukino? — Habló por debajo — Creo que es el hada de la colina, con una combinación de muchas copas de vino quién habla por ti, eso es lo que me temo.

Fruncí las cejas, quise decirle que era lo más estúpido que había escuchado en toda mi vida, sin embargo me pareció más estúpidamente prudente verle ese jodido botón — Desde que llegamos ese botón se quiere caer, ¿lo habías notado?

Bajó la vista y soltó una carcajada — ¿Te parece más… interesante verme ese botón? ¿O casualmente te estás aprovechando de mí?

Parpadeé muchas veces, tratando de enfocar y bufé — Yo no me aprovecho de nadie — de repente solté una risita de esas bobas — Bueno a quién engaño, sí me aproveché de Andrew — otra risa tonta seguido de un gruñido masculino.

— Andrew está casado, te recuerdo…

Encogí de hombros — ¿Y a quién diablos le importa? A mí no por supuesto…

Me agarró de las muñecas — Aún te gusta, ¿verdad? — Negué con la cabeza — Y, ¿por qué me sigues lastimando? No te quiero compartir.

Me quedé viéndolo por unos cuantos segundos — Pero realmente me compartes, Seiya Black… me compartes por alguien de la cual yo ya estoy ligada…

— Quiero que me mires a los ojos — y eso fue justamente lo que hice, se veía tan bello cabreado, ¿y si siempre lo hacía enojar? — ¿Lo amas? — Solté una risa suave — Dime la verdad, ¿lo sigues amando? — Torció el gesto.

Yo me reí como tonta, y me acerqué a él tanto que pensé que me iba a separar — ¿Cuál es la diferencia entre amar o querer a dos hombres?

— ¿Dos hombres? — Soltó de forma perspicaz — ¿Quién es la segunda persona?

— Eres una persona un poco tonta — solté a la risa de repente — Es más que obvio que eres tú quién me gusta — parpadeé muchas veces, sentí que en cualquier momento iba a caerme de repente pese a que sólo estaba sentada, él me miró — Pero es poco claro que la balanza no irá hacía ti.

Seiya torció el gesto, me agarró de los hombros con suavidad — ¿Y por qué no habría de ser que la balanza giré a mi favor?

— Bueno, bueno — me paré súbitamente y de repente sentí que todo daba vueltas y vueltas y me volví a caer de sentón, reí tanto como si nunca lo hubiera hecho en toda mi maldita existencia, trate de pararme pero descubrí que era una tarea sumamente complicada, fruncí las cejas — Nunca pensé que levantarme fuera tan complicado, ¿es así de complicado levantarse?

Seiya sólo se limitó a sonreírme — Sólo a las personas ebrias les pasa eso…

— ¿Quién dijo que estaba ebria? — Lo señalé acusatoriamente — Estoy en perfecto estado que podría cantar Dios salve a la reina — dije con tanta convicción que Seiya sólo se limitó a verme.

— Entiendo — río por debajo — Pero en este juzgado estamos analizando las posibilidades de que yo te agrado de la misma forma…

— ¿Juzgado? — Exclamé de repente — ¡Ni siquiera estoy vestida para un juzgado! Eso no es justo — bostecé unos momentos — Además Sir Black, ¿no se debería levantar esta sesión por esta ocasión? Las estrellas se ven tan hermosas esta noche.

— La única estrella que veo brillar está delante de mí, coneja — me acarició la mejilla — La única que puede lastimarme eres tú, y sin embargo te gusta hacerme herir ¿no es más que obvio?

— No — me acerqué nuevamente a él, necesitaba más de su tacto en mi piel — Me dirías la verdad, la prueba fehaciente de que no eres el asesino que eres, eso es todo lo que necesito, eso es todo lo que pido…

Seiya torció el gesto — Pides mucho, coneja… es algo que no puedo contar aún… implicaría muchas cosas de mi vida que no quiero escarbar ni siquiera que tú lo hagas… podría inclusive decirte mi niñez, lo que hice, lo que tengo en mente, puedo decirte casi lo que quieras y ser tu esclavo por ello.

Una parte de mí, sabía que toda esa conversación se volvería difusa, y tengo la sensación que Seiya Black lo sabía, y es que aún lo poco de cordura que me quedaba, así me decía mi cabeza, no sabría lo que podría ocurrir cuando esta pequeña prudencia terminara, sabía que estaba a salvo, sabía que él me quería, pero necesitaba más, sentirme segura al ciento por ciento de esta situación, si tan sólo él fuera tan honesto, quizás con esto me percataría del posible error de lo que estaba haciendo o de lo que me decían que tenía que hacer, sin embargo no lo hizo y me sentí triste por esa decisión.

— No puedo ofrecerte más de lo que quieres, sólo mi eterna amistad — dije con tristeza, soltándome de él.

Él bufó — ¿Acaso no lo ves? ¿No ves lo que me haces? — Dijo molesto.

Lloré de repente ¡estúpido vino! Me sentía tan diferente, tan rara, y no era sólo por el vino, había algo más que me daba miedo, pero era más fácil guardarlo, además me empezó a dar tanto sueño que necesitaba su calor y apenas si me podía sostener por mi misma — ¿No ves el daño que me está pasando? — Solté de repente — Necesito sólo una señal… algo, soy tan tonta… — Seiya me miró y su aroma penetró en mí, tenía miedo y sin pensarlo dos veces, me aventuré a besarlo.

Seiya se separó sólo por unos segundos, susurró algo de "ebria" pero la palabra en sí no me importó, ¡carajo! Estaba teniendo una iniciativa que lejos de que fuera por el licor, (que en parte lo era), era porque necesitaba sus labios. Sin embargo no titubeó, se aferró a mi boca como yo lo hice a la suya, mi boca se metió intrusa en la suya, el sabor del agridulce del vino me embriagó gratamente, profundicé el beso, quería olerlo, quería sentirlo. Me agarró de la cintura y me levantó tan fácilmente que mis piernas quedaran enroscadas en la cintura de él. Mi sombrero nunca supe en qué momento se perdió o voló por el acantilado, lo besé con dulzura, le mordí el labio, y él me miró fascinado, como si nadie hubiera hecho algo semejante, sin poder evitarlo mordí mis labios y él soltó un quejido bajo, sentí mi calor junto con el suyo, sin soltarme de su agarre, me levantó para depositarme debajo de la manta, él estaba encima de mí, susurró algo que no alcancé a entender, y empezó a besarme el cuello, sus dedos pintaba mi cuerpo que ya estaba hecho, me dolía el cuerpo ¿era normal que doliera? Solté un quejido, sin embargo él aspiraba mi cuello, besaba mis orejas, y dibuja una sonrisa en sus labios perfectos, me daba besos suaves no tan intensos.

— Te quiero — solté de repente, abrazando su cuello.

Sonrió como bobo sin quitarle esa petulancia que era característico de él — Me amarás y lo sé…

Lo besé con suavidad y cerré los ojos, escuché su voz a la distancia como si se tratara de un sueño hermoso y bello, de esos de lo que no te quieres despertar jamás, pero que tenías que hacerlo de una forma u otra.

— Dormilona — la voz de Luna me trajo de vuelta a aquél lugar místico — ¿Despertarás?

Me dolía la cabeza bastante y observé mis ropas, eran pijamas y la miré desconcertada — ¿Pero qué demonios…?

Luna sólo se limitó a reír con bastante agrado — Ayer llegaron bastante tarde, pero en esta ocasión no hubo ladrones, o alguien que te quisiera llevar para que el señor Black apareciera en el umbral cargándote como si hubiera sido su luna de miel…

— ¿Cómo si qué…? — Me escandalicé, pero bajé la voz, esa estúpida cabeza que me quería estallar en todo momento

— Al parecer tomaste con bastante celeridad aquel vino que les dejé… — volvió a sonreír — Necesitas bañarte, y comer bien y tomar algo de agua… para que te pongas como nueva.

Asentí mientras Luna ponía el baño, todo había pasado… la pregunta era ¿qué tanto era cierto y qué tanto mi mundo de felicidad había puesto en mi cabeza? No sé si preguntarle era una forma sabia de enfrentar ese pequeño desliz mío, me toqué los labios ¿había sido tan aventurada para besarlo? ¡Demonios! ¿Cómo había pasado todo eso? ¿Cómo había permitido que el licor nublara mi juicio? Torcí el gesto en cualquiera de los casos tendría que hablar con Seiya… y la idea no me parecía del todo buena.

— No recuerdo muy bien la situación Luna — le expliqué mientras me metía a la tina — Lo besé — solté de repente.

Luna abrió los ojos como platos y se dedicó a enjabonarme — Nunca creí que fueras audaz…

— Ni yo lo pensé, ciertamente… hablé cosas sin sentido la mayor parte del tiempo.

Luna río con ganas y me quejé — Oh querida tienes resaca es lo normal — volvió a reír más tranquila — Es normal, la bebida es cosa de no tomarse en juego como lo podrás haber notado, saca un lado de nosotros un poco peculiar.

— ¿Te ha ocurrido?

Luna enarcó suavemente la ceja — Sí, me llegó a ocurrir, inclusive tuve la mala suerte de tomar tanto que perdí el tiempo y el espacio de la situación — se río — No fue un buen tiempo de mi vida temo decirte y es algo que no quiero recordar salvo lo esencial. ¿Entonces te gusta el señor Black?

— No lo sé Luna, hablamos de tantas cosas y yo estaba ya ebria que desconozco qué tantas cosas fueron producto de mi imaginación o qué fueron reales, en todo caso tengo claro que lo más importante no me contará y es algo que lamento porque, ese aspecto hace que haya un muro invisible entre los dos.

— Sere yo… — dudó por unos segundos.

— ¿Sabes algo que yo no sé?

— Sólo sé que no soy la persona indicada para este tipo de charla — iba a objetar pero ella simplemente con un ademán me acalló — No creo que lo que pienso o considere sea correcto decírtelo… él y sólo él sabrá el contártelo junto con sus ciertas consecuencias…

No quise hablar del asunto más, seguido que el dolor de la cabeza me dolía bastante… era gracioso había tomado ligeramente whisky y esto jamás me había pasado sin embargo unas cuantas copas de vino me habían hecho perder de una forma tan miserable. Luna me preparó, tenía una falda larga café y una blusa beige a juego con mis botines.

Bajé a desayunar y un dolor en el estómago apareció… Seiya lucía tan guapo y divertido como siempre… soñador como sus ojos se lo permitían.

— ¿Y bien? — Soltó de repente — ¿Cómo amaneció la futura dueña de la Mansión? — Soltó con diversión.

— Ja, ja, ja — remarqué, y rodé los ojos — La cabeza en cualquier momento me va a explotar… y es molesto para decirte con sinceridad.

— Lo que me da más tranquilidad es que su sentido no se ha perdido, y que estamos teniendo una charla — sorbió un poco de café que tenía en la mesa y yo enarqué la ceja — No lo tome a mal, una buena charla, de esas que son divertidas y no son agrias…

Le devolví el gesto — Opino lo mismo… dado que… — divagué — Fue lo suficientemente cobarde para no contestarme — me aventuré — Todo se reducía en eso ¿sabe?

— Y touché, pero sé esperar — dijo a modo de diversión — Como te lo dije… me amarás — susurró muy por debajo.

Esta clase de estira y afloje me era divertido, jugar con nuestros propios sentimientos era sádicamente entretenido en cierta medida, aunque siempre estar en confusión no era lo que tenía en mente, sólo necesitaba una señal, una pequeña señal para poder sentirme tranquila, y de repente como si eso sólo fuera lo que yo esperaba llegó… junto a un café que nunca tomé. Sentí como mi corazón de repente se detuvo, cuando la sirvienta me iba a dejar el café en las manos que nunca tomé… sentí todo el maldito planeta detenerse. Escuché a lo lejos como la taza de café se estrellaba en el piso, y como todas esas piezas rotas se esparcían en él, como el liquido caliente caía en el fino suelo pero todo aquello no me importó en lo absoluto, tampoco como Seiya me miró tan preocupado y consternado, porque había olvidado en estos días a Diamante Black, procuraba no mencionarlo en mi mente para así poder entender lo que sentía por Seiya Black, sin embargo esta pequeña señal se abría paso a lo que necesitaba, agarré el sobre tamaño carta… era un telegrama dirigido a mí ¿nunca lo iba recibir acaso? ¿Por qué no me dio primero eso? Olvidé que Seiya estaba a mi lado, simplemente sonreí como tonta, probablemente me veía de esa forma porque Seiya sólo soltó un bufido molesto.

— ¿Qué es? — Dijo, aunque estaba segura que él lo sabía.

No le contesté, saqué de aquel sobre las palabras que venían escritas en él, me temblaban las manos, como si todo mi destino dependiera de ello.

"Regresaré en menos de un mes, perdona no mandarte nada mi amor, pero el plantío de café es un desastre, ya sabes que estos americanos… y su forma… agradezco que ayudaran en la Guerra pero en los Negocios no tienen esa fina categoría. No me esperes despierta, siempre seré tuyo mi Serena.

Diamante Black"

Dejé al lado el telegrama, y algo dentro de mí de repente se llenó, ¿cómo es que lo había olvidado tan pronto? ¿Me podría perdonar siquiera que me besara con su hermano? Escuché el rechinido de la silla de Seiya, ni siquiera me percaté en qué momento empezó a leer el telegrama, sin pensarlo dos veces arrugó ese papel grueso y lo tiró al piso.

— Ahí tienes tu estúpida señal — dijo con odio.

Todo estaba pasando tan lento, que todo se volvía a torcer de nuevo ¿siempre tenía que ser así? No pude detener a Seiya, lo miré, caminaba a paso fuerte y no lo podía negar ahí estaba la señal… ¿pero era suficiente esa señal? Me toqué los labios sin pensarlo, pero no pude seguir a Seiya, sentí que el peso de mis culpas se quedaba ahí. Bajé la vista y vi el telegrama todo hecho bolita… mojándose en el café que todavía no limpiaban, tragué saliva duramente, me sentía ajena a todo.

Agarré el telegrama y lo miré perdidamente, mojándose entre mis manos sin pronunciar ni una palabra, lágrimas rodaban en mis mejillas.

¿Qué es lo que se supone que tenía qué hacer?


¡HOLA! :D

Lo sé, ha pasado una eternidad desde la última vez que siquiera pude actualizar este fanfic, es el que más cariño le tengo, a decir verdad. Sin embargo mi vida dio un revés bastante fuerte que sinceramente el hecho de escribir había perdido sentido para mí, francamente hablando, el ver fallecer a mi hermano, no me dieron las ganas ni las fuerzas suficientes para escribir, y dicho sea de paso que cuando ocurrió ese momento hace dos años atrás, sólo quise pasar el tiempo que fuera necesario para ocupar mi mente.

El trabajo es una de esas cosas que me tiene demasiado entretenida, no sé en qué momento me volví una Godínez del banco (chiste local mexicano) pero así pasó hace tres años que con el tiempo, sólo se ha incrementado más el trabajo como también los viajes.

En cualquier caso tuve que volver a leer la historia, había recordado haber dejado un borrador y probablemente lo hice cuando existía o estaba en su buen momento msn ¡qué triste! Jajaja, perdí todo y lo que recuerdo empezaré a hacerlo, porque las ganas de escribir en mis vacaciones se dieron porque me puse a ver como loca… seh, como loca la serie Outlander, si ya saben el viaje en el tiempo y esos escoceses bien dotados (ya saben…) y le dio justo en mis gustos, esos de Netflix saben qué subir…

No prometo nada… pero al menos sigo con vida, no sé quién vaya a leer la historia, pero el simple hecho de subirla y saber qué siguen sería genialoso. Tenía ganas de subirlo en mi fecha favorita Día de muertos pero me conozco, sé que no tendría tiempo de hacerlo… es increíble cuando uno crece que ya tiene la agenda ocupada… tengo la idea de que si mi novio me compra los libros de Outlander y The 1OO volará tanto mi imaginación jaja.

Como sea, les agradezco que sigan está historia, no desesperen sigo…

¡APRECIARÉ ENORMEMENTE SUS REVIEWS!

29 de octubre de 2O16

●๋•Ashαмєd●๋•