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Serie: Sobrenatural AU. No capas, no héroes, no vigilantes.
Advertencias: Ninguna.
Notas Previas: Capitulo dos de esta entrega: EL NIÑO EN LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. Cuando comencé a concebir la idea de escribir sobre un universo paranormal, supe que en algún momento debía introducir a Colín, ¿Por qué? Bueno; personalmente creo que se puede jugar mucho con las emociones de este niño, desde sus miedos y fobias, hasta sus problemas de ira, abandono y paranoia. Y es lo quise hacer. Para hacer sentir al lector los problemas del personaje como suyos, que pudieran sentir esas emociones, ese miedo y esa incertidumbre… y no sé si pueda lograrlo, sin embargo, independientemente del resultado espero sigan disfrutando de esta historia tanto como yo he disfrutado escribirla.
Como siguiente punto solo resta decir que esta historia será corta, quizá de apenas unos cuatro episodios a lo mucho. Finalmente aclaro que ningún personaje –más allá de los creados por mí- me pertenece. Sin más que decir, disfruten la lectura.
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Los monstruos son reales, y los fantasmas también:
Viven dentro de nosotros, y a veces, ellos ganan.
-Stephen King-
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El NIÑO EN LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS.
Capítulo 02.
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Caminar a la ciudad tomó menos tiempo del previsto ya que Damian conocía exactamente el camino. Durante todo el trayecto se mantuvo atento y sin dejar que algo robara su atención, observo al pelirrojo niño que no cabía de excitación.
Colín caminaba mirando a todas direcciones, de un lado a otro mientras que con genuina curiosidad detenía sus pasos frente a cada maldito aparador para poder admirarlo mejor. Damian bufó, rodo los ojos pero en ningún momento dejo que algo quebrara su concentración, guardo silencio ignorando el infantil arrebato, y siguió caminando vigilando a su acompañante que lo guiaba a través de concurridos espacios; chasqueo la lengua irritado, suspiro un poco cansando, se frotó las sienes dudando de si había sido buena idea traer a Wilkes a este sitio con la esperanza de recuperar el camino que el niño había perdido.
Metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera centró sus pensamientos en el niño que ahora le llevaba la delantera. Quiso golpear la mano contra su frente en claro gesto de molestia al ver como el chiquillo brincaba por todos lados sin la más mínima vergüenza.
-"¡Wilkes!"-
Habló con fuerza y cruda voz, pero el niño que iba por delante de él ni siquiera lo miró, gruño entre dientes maldiciendo ligeramente e intentó llamar nuevamente su atención. -"¡Wilkes!"- Exclamó una vez más el nombre esperando recibir cualquier tipo de reacción. Damian resopló. El niño detuvo sus pasos más nunca se volvió para mirarlo.
-"Wilkes…"- Empezó Damian hablando muy despacio. -"Espero tengas el mínimo de conocimiento de hacía a dónde debemos dirigirnos…"- Su amenaza perdió fuerza al temer lo que pudiera recibir como respuesta.
Colín se movió inquieto enfocando su atención en el interior de un ostentoso aparador. -"Yo…"- Y al voltear a ver a Damian la sonrisa del niño se desvaneció -"¿Cómo?"-
-"Tt. No me hagas perder la paciencia. Tú casa. ¿Cuál es la dirección?"- Damian se detuvo justo al lado del niño que ausentemente miraba las artesanías exhibidas detrás de una larga vitrina.
-"… Mi casa…"- La duda se impregno a sus palabras. -"Creo que era… ¿Hacía allá?"- Dijo señalando una larga avenida. -"O quizá era… ¿Por allá?"- Señaló la calle contigua. Damian hizo una mueca sintiendo los indicios de un tic nervioso aparecer en una de sus cejas. -"¿Intentas ser gracioso conmigo Wilkes?"-
-"¡No!"- Declaró el chiquillo con horrido espanto. -"En absoluto."- Se defendió en vano. -"… Es solo que… ¡Ah! Debe ser por allá…"- Y al instante Damian sintió sus hombros caer con pesadez.
-"No sabes a donde vamos, cierto."- No preguntó, Damian lo aseguró.
-"Bueno…"- Colín se retorció inquieto bajo la mirada de hielo. -"Creí que tu… ¿Podrías saberlo…?"-
Damian se mofó resistiendo las ganas de querer partir la cara del otro niño en dos. -"¿Eres tonto acaso?"- Colín no contestó.
No de inmediato.
-"Pero antes habías dicho qué—"-
-"¡Sé lo que dije!"- Damian se cruzó de brazos ignorando a la gente que pasaba y que de reojo lo miraba como si hubiera perdido algo más que solo el juicio. -"Pero piensa en esto Wilkes, acaso... ¿Te parece lógico… que tenga ese tipo de conocimientos… sobre ti?"-
-"Hmmmm…"- Colín meditó. -"¿No?"- Finalmente preguntó.
-"¡Por supuesto que no idiota!"- Y al instante Colín se encogió en su sitio comprendiendo que sus acciones habían desatado la ira del iracundo niño. -"Te he seguido por más de una hora pensando que habrías recordado algo. Hemos perdido tiempo muy valioso ¡Y ni siquiera sabes por dónde vamos! Sí en un inicio Wilkes…"- Regañó. -"… No tenías idea de hacía donde debíamos dirigirnos ¡Pudiste habérmelo dicho! De ese modo por lo menos no habríamos dado tantas vueltas sin sentido."-
-"¡Pero lo hice!..."- Gritó Colín formando puños con sus manos. -"Te dije que no recordaba, ¡Que no recordaba absolutamente nada! Y aun así tú no hiciste nada, ¡No me preguntaste nada!"-
-"Irrelevante."- Expresó Damian con mueca agria.
-"Eso es…"- Colín frunció las cejas y agito despacio la cabeza saboreando el gusto rancio de la traición en su boca. -"Eso es no es justo… desde antes… desde mucho antes te había dicho que yo no—"-
-"¿Y ahora?"-
-"¿Cómo?"- Colín parpadeo.
-"Ahora estamos en la ciudad ¿Ves algo que te parezca familiar?"-
Colín miro a su alrededor. Era verdad, ahora ya estaban en la ciudad, pero para ser franco Colín no recordaba ningún lugar.
-"De alguna forma…"- Estrecho los ojos mirando a la nada, observando con muerta mirada a la gente que como borrosa sombra junto a él transitaba. -"De alguna forma… todo parece familiar pero, no sé más de lo que sabía esta mañana. Aún no lo sé. Hay fragmentos, solo eso…"- Y cerrando los ojos Colín continuó su explicación con muy suave voz. -"Mi hogar… no era del todo pequeño, pero tampoco era grande, era solo una casa que tenía un gran árbol al frente, pero este… no era un árbol de flores ni tampoco daba frutas, era solo un árbol, uno común y corriente, y a veces por las mañanas si tenía suerte, oiría el sonido de ruidosas campanas repicar de forma muy insistente…"-
Con una mano en la barbilla Damian valoró la información recibida. -"Te das cuenta Wilkes, ¿Qué tus escuetas descripciones no proporcionan dato útil?"-
-"Lo siento Damian…"- Colín abrió sus claros y cristalinos ojos luciéndolos empañados como si a poco estuviera de romper en llanto. -"Lo siento."- Dijo una vez más. -"… Pero es todo cuanto puedo recordar."- Terminó en voz baja y con la cabeza gacha mientras apretaba tenazmente los dientes deteniendo sus tercas lágrimas.
Damian asintió comprendiendo la situación. Más o menos. -"Entiendo. Sin embargo, hemos perdido demasiado tiempo ya, y de eso Wilkes, tú tienes responsabilidad."- Bufó sin importarle lo que Colín pudiera objetar. -"Pero esto no volverá a pasar."- Posó entonces su dura mirada sobre el pelirrojo chiquillo que se había encogido sobre sí mismo como si intentará vanamente esconderse de algún invisible y malvado ente. -"Ven…"- Indicó Damian rápidamente sabiendo que de alguna forma, no era justo culpar solo a Wilkes por el descuido que había provocado él mismo. Él debió haberlo sabido, debió haberlo previsto; debió haber intuido qué algo así pasaría si le daba libertad a este niño de moverse usando como referencia lo que quedaba de sus rotos e inservibles recuerdos.
-"Sígueme"- Instruyó Damian con seca voz. -"Sé a dónde podemos ir."-
-"¿Ya lo sabes?... Damian, ¿Ya sabes en dónde vivo?"-
-"Vuelves a hacer es pregunta Wilkes, y juro, que te dejare aquí―"-
-"¡No!"- Y al instante Damian sintió como el niño lo tiraba rudamente de la manga de su sudadera. -"Por favor."- Suplicó. "-Por favor"- Repitió. -"… no me abandones en este lugar…"- Habló con quebrada voz pero Damian solo lo miró. Lo miro con extraña expresión entrecerrando los ojos y posando su atención en las manos del niño que temblaban mientras sujetaban con férreo control su brazo. Tan fuerte. Tan fuerte y desesperado.
Tan asustado.
-"No lo haré…"- Dijo Damian solo para tranquilizarlo -"Pero es verdad que debo ir a cierto lugar."-
-"¿A dónde…?"-
-"La biblioteca."-
-"¿Y alguien de ahí sabrá en donde vivo?"-
-"No seas iluso Wilkes, es obvio que nadie de ahí sabrá en dónde vives. Pero necesito…"- Estrecho los ojos. -"Requiero información sobre un asunto en particular que me ha estado molestando."-
-"¿Un asunto?... ¿Y ese cual podría ser…?"-
-"Uno que por supuesto no te incumbe…"-
-"Eso es muy grosero…"- Terminó Colín con un infantil puchero. Damian se encogió de hombros desviando la mirada y restando importancia a la queja expresada. -"La biblioteca no se encuentra a mucha distancia."- Aseguró. -"Vamos."-
Y Colín lo siguió.
No paso mucho antes de que los chicos pudieran ver el imponente edificio. Colín silbo a la vista. La estructura era grande y pesada con fuertes y grises paredes que se alzaban sobre ellos como gigantes de concreto. Colín recorrió el edificio con la mirada. Lo recordaba. De alguna forma… lo recordaba, pero no así, no era así, lucia diferente, en sus recuerdos este lugar lucía diferente.
Totalmente diferente.
Tembló ligeramente. Un miedo irracional subió por su garganta obligándole a tragarse las náuseas.
No sabía que pasaba.
Sin aviso se detuvo provocando que Damian lo mirara. -"¿Wilkes?"-
-"Yo…"- Las palabras se atoraron en su garganta. No podía decir nada. Damian notó el cambio inmediatamente en la postura tensa que el niño presentaba. -"Yo no…"- Repitió Colín con temblorosa voz tratando de hallar las palabras, y sin entender completamente lo que pasaba desvió la mirada del gran edificio que aunque familiar, no lograba recordar. -"No es nada…"- Dijo finalmente cerrando fuertemente los ojos y llevando una mano a su frente que empezaba a latir ligeramente. -"No pasa nada."- Intento convencerse.
-"¿Recordaste este lugar?"-
Colín abrió los ojos y asintió… pero inmediatamente negó. -"No realmente, solo… es extraño, parece que de alguna forma conozco este lugar, me es familiar, como si lo hubiera visto antes, como si hubiera estado aquí antes, es nostálgico y no sé por qué pero…"- Se limpió los ojos apenas con sus cortos dedos. -"… Hace que duela aquí… justo aquí…"- Y con ligero gesto alzó su mano señalando el centro de su pecho. -"Yo… no creo que… no creo que pueda soportar poner un pie dentro Damian."- Sonrió tristemente expresando la más sincera de las penas. -"Lo siento pero yo…"-
No creo que pueda soportar poner pie dentro de ese lugar.
-"Esta bien."- Cabeceó el pelinegro con entendimiento provocando que Colín lo mirara un tanto escéptico.
-"¿Esta bien…? ¿Solo eso?, Acaso… ¿No estás enojado?"-
-"¿Y por qué habría de estarlo?"- Preguntó Damian ligeramente asombrado. -"En realidad, tu negativa es excelente ya que tu presencia podría causar problemas."-
-"¿Qué?... ¿Y eso por qué?.."- Chilló el pelirrojo indignado comprendiendo finalmente lo que Damian implicaba con sus redundantes palabras. Abrió grandemente los ojos y sin poder evitarlo, abrió también la boca. -"Entonces… entonces, desde un inicio… ¿Planeabas dejarme aquí afuera?... ¿Planeabas dejarme aquí solo?... ¿Solo en este lugar?"- Cuestionó claramente horrorizado.
-"Afirmativo."- La quijada de Colín se dejó caer. Pero que niño tan sinvergüenza, pensó al ver como Damian subía las escaleras planeando ingresar por las altas puerta de madera.
-"¡Espera Damian! Pensándolo bien, creo que sí quiero ir contigo."-
-"No podrás. No te dejaran entrar."-
-"Por supuesto que lo harán."-
-"Te equivocas."- Y acto seguido Damian extrajo un pequeño y extraño objeto de su bolsillo derecho. -"Para poder entrar Wilkes, debes tener una de estas."- Comentó el pelinegro mostrando una sencilla y blanca tarjeta.
Colín frunció las cejas. -"Damian… eso es… no es que quiera contradecirte, creme, pero creo que no sabes muy bien para que sirve exactamente este lugar ¿Verdad? Ahí pone biblioteca… sabes… hum… sabes cómo funciona una biblioteca, ¿Cierto?, este lugar…"- Tragó con nerviosismo. -"Es para todo público. Cualquier persona puede entrar…"- Y esperó con los ojos bien abiertos sintiendo el sudor resbalar por su cuello, ya que de pronto Damian lucía tan molesto como si quisiera lanzarse contra él y romperle todos los huesos.
-"Wilkes, ¿Insinúas que no sé cómo funciona una absurda biblioteca?"-
-"No fue lo que dije."-
-"¡Sí que lo hiciste!"-
-"¡No es verdad!"-
-"¡Se cómo funciona este maldito lugar! He venido antes y para ingresar a la sección a la cual deseo se requiere una identificación. Tengo la mía desde hace unos días."-
-"Yo…"- Colín lo miró con miedo, con un profundo miedo que nublaba su visión. -"Pero yo no…"-
-"No te dejare."- Sentenció. -"No me iré ¿Comprendes? No te dejare. No me iré y tú tampoco lo harás. Esperaras en este lugar."-
-"Sé que dije que no quería poner un pie dentro pero… estas seguro… ¿De qué regresaras?... Estás seguro… ¿De qué volverás?"-
-"¿Te parezco alguien que falta a su palabra?"- Colín negó. -"Así es Wilkes. No-lo-soy. No tardare. Espera aquí. Volveré."-
Y Colín espero, vio a Damian subir el resto de las escaleras y perderse tras dos grandes puertas.
Luciendo un tanto preocupado el pelirrojo torció los labios, frunció las cejas y se frotó los ojos con temblorosas manos diciéndose así mismo que no iba a entrar en pánico. Sería fuerte, por primera vez en el día seria fuerte, y pacientemente, esperaría a que vinieran a recogerle.
Por qué él regresaría. Lo haría.
Sabía que Damian volvería.
Sin tener nada más que hacer se sentó entonces con desgano en el último peldaño de la escalera de piedra que guiaba a la biblioteca.
No tenía nada de qué preocuparse, Damian volvería, lo había prometido, Damian regresaría y juntos buscarían de donde Colín provenía.
Sintiendo que las fuerzas se le iban se encogió sobre sí mismo abrazando sus flacas rodillas y manteniéndose quieto trató de hacerse pequeño para que nadie más viera su pena, para que nadie más viera a ese pequeño y enclenque niño de llamativos cabellos rojizos.
Nadie lo vería si continuaba así, encogido sobre sí mismo haciéndose un ovillo.
Porqué es así como era. Como siempre era.
Porque aquí no había nadie que realmente lo viera.
Él era así, invisible para todo mundo, para un mundo que no lo notaba, que no lo miraba, al cual no le importaba; y donde nadie nunca detenía sus pasos ni para preguntarle cómo estaba.
Sucio e invisible para todos…
… menos para ese abrasivo y malhumorado niño que decía llamarse Damian.
Sonrió un poco pensando en su suerte, creyendo falsamente que por primera vez todo sería diferente, que todo mejoraría, que todo iría por buena ruta y que muy pronto estaría en casa reuniéndose con su familia.
Quería pensar que así sería.
Qué esta pesadilla pronto terminaría.
Que todo pronto acabaría.
Sin estar preparado un agudo dolor se disparó a través de su cuerpo y Colín no pudo evitar colocar una mano sobre su pecho. Algo se sentía mal, dentro de él algo se sentía mal, terriblemente mal; se sentía triste, enojado, furioso, frustrado; abrumado. Tanto. Que apenas resistía las ganas para no soltarse al llanto.
Sin ser consciente del momento, sus ojos se humedecieron, su garganta se cerró y su pecho se oprimió con una pesada sensación. No estaba seguro de lo que a partir de ahora pasaría, y esa emoción, esa incertidumbre, lo hacía temblar; porque era muy cierto lo que le había contado a Damian, él no recordaba, no recordaba nada, y el no saber de dónde venía o a hacía donde iba era una pesada carga que no estaba seguro de poder aguantar. Él no recordaba qué había estado haciendo hasta antes de este momento, ni por qué había estado sentado sobre grandes piedras en el medio de la nada como si esperara a que algo nefasto pasara, no recordaba por qué se sentía así, tan asustado, tan desesperado, ni porque todas las personas con las que hablaba simplemente decidían ignorarlo.
Pero él sabía. Sabía que había pedido ayuda antes, eso estaba claro, grabado a fuego en su memoria; él sabía que había pedido ayuda muchas veces antes, había clamado, había gritado pero nunca nadie le había tendido una sola mano, recordaba el dolor y el vacío de sus ojos cuando toda persona prefería simplemente evitarle la mirada y alejarse de él como si fuera nada, como si fuera una plaga… o una pesada carga.
Pero a pesar de todo eso había algo que si recordaba, era pequeño y difuso, era como ver una imagen reflejada en la superficie del agua, tan borrosa y difuminada, pero tan real y al mismo tiempo tan frágil que si se esforzaba por ver cada detalle la imagen se desvanecería en el aire.
Sintiendo la opresión en su pecho recargo su barbilla sobre sus flexionadas rodillas. Su nombre era Colín, Colín Wilkes, tenía 11 años y muy pronto cumpliría los doce, eso lo sabía, lo recordaba como esas memorias imborrables de sus primeros días de vida. Ahí estaba además el exterior de su casa, de esa casa color verde suave de la que tanto le había contado a Damian, recordaba además ese gran árbol que estaba sembrado justo en medio del patio y del columpio que colgaba de una de sus gruesas ramas. Recordaba también ese pequeño par de arbustos que estaban justo por debajo de la ventana, y que cada vez que pasaba por ese rumbo acostumbraba a arrancar un bonche de frescas hojas con sus pequeñas manos. Y las campanas. No podía olvidar las campanas, de ese sonido que estaba tan arraigado en su mente, el repique de campanas que sonaban insistentes todas las mañanas….
Pero aparte de eso. No había otra cosa en su mente.
No tenía idea de cómo llegar a casa, no tenía idea de cómo era el rostro de sus padres, ni tampoco recordaba quienes eran sus familiares; y esa sensación, ese sentimiento de sentirse vacío, como un ser humano incompleto y sin memorias, era simplemente; desgarradora.
Y eso es exactamente lo que era él ahora, una entidad abstracta que no tenía pasado y cuyo futuro se le estaba escapando de entre las manos.
Tan frágil.
Tan frágil que se rompería si no tenía cuidado.
Colín sorbió, sintió sus ojos picar pero ya se había cansado de llorar. Desvió un momento la mirada hacía las grandes puertas de la biblioteca pensando que lo mejor sería ir directo con alguien más que le pudiera ayudar, quizá con algún detective privado o directamente con la policía de la ciudad. Alzó la cabeza como si de pronto hubiera tenido una idea. Sí. Eso haría, entraría al edificio y buscaría a Damian para darle las gracias y después de eso… él mismo encontraría el camino de vuelta a casa.
Se levantó del escalón en donde había estado sentado bloqueando la luz del sol con sus manos.
Pero qué curioso. Pensó asombrado viendo el paisaje dibujado ante sus ojos. El sol brillaba, los pájaros cantaban y los árboles cansinamente proyectaban su pesada sombra a los visitantes que no reparaban en absolutamente nada más que en sus propias actividades.
Colín los miro detenidamente, absortamente, notando que aquí había tanto hombres como mujeres; algunos de ellos reían, otros solo caminaban, y el resto portaban expresiones poco amables en sus rostros mientras que con sus auriculares se relajaban leyendo en los bancos destinados para su descanso.
Colín observo por largo rato pensando que esta debía ser una de esas crueles bromas que el destino le había preparado.
Tenía que ser eso, se dijo así mismo en silencio.
Tenía que serlo porque aquí estaba él sin saber qué hacer mientras caía en un profundo mar de pesar, y afuera, en el mundo real, decenas de personas disfrutaban de su propia felicidad.
Pero qué curioso era, pensó con profunda tristeza.
Pero qué curioso era ver como las cosas habían de funcionar, la gente pasa, vive y muere, y eso es algo que a nadie más le importará.
El mundo no se detendrá.
El tiempo no parará ni por qué la vida de alguien más haya llegado a su final.
El mundo seguirá avanzando, siempre seguirá girando, el sol saldrá cada mañana y la noche caerá todos los días sin importarle nada más. Sin importarle que la vida de otro esté por terminar.
Era una lección de vida, una que no todos conocían pero que él, la había aprendido hace tiempo…
Hace mucho, mucho tiempo.
A no esperar nada de los demás.
Por una fracción de segundo cerro los ojos sintiendo el suave viento sobre su rostro mientras allá a lo lejos, notaba que había un gran edificio que desde hace bastante rato le había infundido un profundo desasosiego. Fijamente lo miró, y con cautela observo lo grande que era. Grande, muy grande y majestuoso.
Absolutamente lujoso.
Lo conozco.
El pensamiento llego de súbito.
Conozco ese lugar.
Y fue como si hubiera sido llamado. Como si algo simplemente hubiera tirado de él diciéndole que debía moverse.
Olvidando a quien debía esperar caminó con firme paso pasando de largo a las personas que como siempre, parecían ignorarlo, y sin pensar en la orden dada momentos antes por Damian se encaminó a la fuente que insistentemente gritaba para que se le uniera.
Y así lo hizo.
Sin pensar en consecuencias Colín caminó, cruzó la calle perdiéndose entre la gente con el objetivo de alcanzar el imponente edificio que por algún motivo, lo escuchaba gritar su nombre sin piedad.
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Damian entró al edificio encogiéndose ligeramente al aire frio que llegaba desde el clima artificial, aún ahora estar cerca de uno de esos aparatos lo hacía temblar.
Observó desdeñosamente a las personas dentro de la sala mientras que con cautela se acercaba a la joven recepcionista como un animal de caza. La chica de cabellos teñidos no lo vio venir, no lo notó y ni siquiera lo miró ya que parecía estar más entretenida coqueteando descaradamente con el chico que aparentemente, era quien debía acomodar los libros en la alta estantería. Damian alzó la ceja pensando que esto se iría directo al buzón de quejas.
Chasqueando a lengua se aclaró la garganta, pero parecía que a la chica su presencia no le importaba. Damian maldijo en silencio con desdeñoso ceño sin poder verle el lado bueno a nada de esto….
… Porque nunca.
Realmente nunca le había importado algo tan insignificante como su estatura, Madre siempre le decía lo perfecto que era y Damian no tenía razón para dudar de ella; su altura, peso y talla, eran adecuados para alguien con su estructura física y edad, Madre se lo decía, ella siempre lo repetía, pero eran solo estos pequeños detalles los que de verdad le hacían preguntarse si en realidad ella no podría estarle mintiendo como todas las madres lo hacían en algún momento. Gruñendo malhumorado se puso en puntillas maldiciendo silenciosamente al escritorio que parecía ser demasiado alto, alzó la barbilla sintiéndose humillado pues el gesto solo hizo que apenas su cabeza sobresaliera por encima del estúpido amueblado.
Volvió a hacer ruido con la garganta tratando de llamar la atención de la descuidada y perezosa chica que con desgano finalmente decidía asomarse por encima del mostrador, y al ver quién era el que trataba de llamar su atención, su expresión se ensombreció.
-"¿Qué puedo hacer por ti?"- Dijo forzadamente con una ceja arqueada y una renuente sonrisa en la cara.
-"Quiero usar el equipo audiovisual…"- Demandó Damian sin molestarse mucho en ser cordial.
-"Aww… cuanto lo siento pequeño."- Contrarresto la chica haciendo una mueca como si de verdad lo sintiera. -"Pero para poder usar ese servicio debes tener una—"- Y sin esperar a que la joven terminara su oración, Damian hizo un ademan y golpeando bruscamente la palma de su mano contra la madera del amueblado, mostró su brillante y nueva tarjeta a la atónita chica que no cabía de la impresión. Damian vio la confusión en el juvenil rostro y de inmediato supo que esta victoria era una más para su colección. -"Quiero usar el equipo audiovisual."- Repitió ahora con demándate y caprichosa voz.
La mujer torció los labios tronando la lengua y levantándose de su asiento le entrego a Damian una vieja, grande y raída libreta. -"Pon tu nombre aquí y tu dirección aquí… y el motivo de la solicitud va aquí."- Señaló ella indicando sobre los espacios con un bolígrafo tan decorado que a Damian le hacía preguntarse cómo diablos podía usarlo para escribir algo. -"Cuando termines ven conmigo."- Le instruyó rápidamente.
Damian asintió notando como la joven tomaba en ese momento su credencial para colocarla lejos del resto en un sitio especial, la miro entonces con recelo y con algo de miedo, ya que no le agradaba la idea de que esta mujer maniobrara de esa forma su valiosa tarjeta, sobre todo no porque prácticamente había rogado a su Padre para poder obtenerla. El hombre podía ser muy terco en sus decisiones si así lo quería, y no había resultado ser un gran fanático de sus salidas a escondidas.
Lo entendía… más o menos, o por lo menos intentaba hacerlo; sin embargo, últimamente sentía como si estar dentro de la mansión limitara en cierto grado, su hambre de conocimiento.
Desde que había llegado a vivir con su Padre, Pennyworth había insistido en darle lecciones particulares, se había mofado del anciano hasta descubrir que en efecto, el hombre era bastante sabio, y que pese a su posición de mayordomo tenía conocimientos en todo tipo de áreas que iban desde ciencias, matemáticas, literatura, e incluso, diversas ingenierías.
Tuvo que morderse la lengua cuando comprendió qué, a pesar de los libros que había en la mansión, estos no podían proveerle con toda la información que el mayordomo en ocasiones pedía, y debido a esto, Damian tenía la ligera sospecha de que todo bien podría haber sido parte de un gran complot ideado por el anciano que quería obligar a su Padre a tramitar los documentos necesarios para así poder registrarlo como un usuario regular de la biblioteca en la ciudad, y de este modo, él finalmente pudiera tener la excusa perfecta para salir de la mansión cuando sus estudios así lo pidieran. Damian medito en eso un momento y de ser cierto, no pondría ningún pero. Él amaba visitar ese lugar por una simple razón, y esta era porque así, Damian podía tener acceso a los libros de primera edición, y lo mejor era que por fin podría leerlos respetando el idioma original de su primera impresión.
-"¿Terminaste?"- Damian cabeceo cuando la chica retiró de sus manos la raída libreta de control.
Que medio tan poco falible, pensó sin emoción.
-"Ven conmigo."-
Y sin mediar palabra Damian siguió a la chica a través del salón. Fueron escasos segundos después cuando ambos llegaron a la sección de audiovisuales y una vez ahí, Damian miró el equipo con sobrada decepción. Aquí estaban estos computadores que parecían tener como mínimo, un siglo de antigüedad, y justo cuando iba a elegir el que parecía ser más nuevo la chica se le adelanto ascendiendo el equipo que según su opinión, debía ser el más viejo. Damian chasqueo la lengua y frunció las cejas a la clara intromisión. -"No rompas nada, tenemos cámaras."- Comento ella de forma acida. -"Pórtate bien porque desde este sitio… "- Indicó señalando con un dedo hacía la mesa de recepción que quedaba justo frente a ellos pero a varios metros de su posición. -"… Puedo verte perfectamente."-. Damian solo resoplo.
-"Te estaré vigilando"- Amenazó.
Damian rio. -"Tt. Por supuesto"- Y devolviendo con sorna sostuvo su agría actitud.
No entendía. En realidad, no comprendía el motivo de la aversión que ella hacía él sentía, y para ser franco, no es como si eso realmente fuera algo que debiera molestarlo, aunque suponía, que toda esta aversión se remontaba a ese día en que él tajantemente había rechazado la ayuda de la chica cuando ella tuvo el atrevimiento de buscar para él, el más infantil de los cuentos la primera vez que se conocieron.
Torció los labios sardónicamente recordando aquel momento.
Con un rápido intercambio de miradas la chica se retiró para ir de regreso a la recepción, Damian centró entonces toda su atención en la brillosa pantalla del monitor.
Era una suerte que actualmente todas las bibliotecas mantuvieran un registro digital de los periódicos que se publicaban en la ciudad. Y necesitaba acceder a ellos. Necesitaba revisarlos, leerlos. Necesitaba hacerlo para buscar… para encontrar si había cualquier registro, cualquier indicio o información que se relacionara con aquel pelirrojo niño.
No creía que fuera tan difícil, tomaría su tiempo, sí, pero tenía que saberlo, debía saberlo, tenía que descubrir lo que realmente había pasado con Colín Wilkes.
Estrecho los ojos haciendo una exhaustiva búsqueda, leyendo cada una de las columnas de los diarios de hace cinco y diez años; empezaría por eso, con todos los resultados que el susodicho nombre le hubiera arrojado, no podían ser tantos, no sí solo se limitaba a los registros locales que coincidieran exactamente con el nombre proporcionado.
Navegó entre los registros dejando su mente vagar, pensando en lo que pudo haberle pasado a Wilkes que mejor opto por olvidar, pero lo haría recordar, ese niño debía recordar, era cruel y mezquino pero solo así Wilkes podría encontrar paz y finalmente, hallar su camino de vuelta a su hogar.
Siguiendo ensimismado en su trabajo revisó metódicamente cada resultado, sin embargo, tan absorto estaba en su labor, que Damian dejo de prestar atención al tiempo transcurrido. Había navegado ya por cientos de artículos de los últimos años superando su propio record al leer poco más de 2100 palabras en solo un minuto, y cuando creía que quizá no encontraría nada, fue que finalmente lo vio. Era una pequeña y corta nota que como luz lo ilumino. Damian sonrió para sus adentros cuando leyó la irrelevante entada que contaba la historia de cierto niño que hace algunos años había desaparecido, y que hasta el momento, nadie sabía nada de su paradero.
Sonrió con triunfo ya que después de todo lo había conseguido.
Tan atento estaba leyendo la sencilla noticia que apenas notó cuando su móvil vibró insistentemente en la bolsa de su pantalón, se detuvo por unos segundos y nuevamente vibró. Damian resoplo mirando a todos lados, y sacando cuidadosamente el dispositivo de su bolsillo tomó la llamada que no podía ser más que inoportuna.
-"¿En dónde estás?"-
No hubo un saludo ni dulces palabras, y la voz que sonaba parecía estar bastante enojada. Damian hizo una mueca ya que lo que sonaba al otro lado, no era otro más que su Padre. -"Respóndeme Damian. ¿En-dónde-demonios-estás?"- Deletreó aquel hombre cada palabra con furiosa demanda.
-"Padre…"- Logró decir apenas fingiendo sorpresa.
-"Alfred me dijo que saliste muy temprano sin decirle a donde ibas."- Bruce espero un momento más no recibió respuesta. El hombre mayor hizo una mueca. -"Damian ¿Estás ahí?... ¿Estás bien? Damian maldita sea, ¡Por favor contesta!"-
-"Voy a colgar en este momento Padre."- Se aventuró a decir sin sentir nada de vergüenza. -"Estoy bien, pero justo ahora atender la llamada sería inadecuado."-
-"¡Espera Damian! ¿En dónde estás? Te dije mil veces que si alguna vez salías debías avi―"-
-"¡Y lo hice!"- Hablo tan fuerte que se ganó al instante varios pares de desaprobatorias miradas.
-"Damian, enviarme un mensaje de texto con la frase: 'En la ciudad'. No es avisar."- El niño gruño, no por su Padre, sino por la mujer que con cara agria se le acercaba. -"Además, te he dicho… te he pedido cientos de veces antes que cuando necesites algo se lo notifiques a Alfred, no puedes ir hasta allá tú solo Damian, son más de 90 minutos a pie desde la mansión hasta el centro de Gotham, es peligroso, no tienes idea de cuan—."-
-"No es correcto."-
-"¿Cómo?"- Preguntó Bruce sin entender esas palabras.
-"Has dicho que son 90 minutos de camino, pero eso Padre, no es correcto; el recorrido es de apenas 72 minutos."- Y desde el otro lado Bruce soltó fuerte suspiro. -"Eso no es lo importante Damian, me desobedeciste, otra vez me desobedeciste."-
-"Es enserio Padre, no puedo permanecer en línea por mucho más tiempo. Voy a colgar ahora, alguien se acerca…"-
-"¿Quién se acerca Damian?"- Pidió Bruce sintiendo la alarma y el miedo extenderse en segundos por su cuerpo. -"¿Con quién estas? Responde ahora jovencito, no tolerare esta clase de indisciplina."-
-"¡La bibliotecaria! Es solo ella, está aquí y no luce feliz. Colgare ahora."-
-"¡No! Espera Damian no vayas a colgar, márcame cuando―"-
-"Está prohibido ingresar dispositivos que puedan molestar a otros lectores."- Comentó la joven con un desagradable ceño en su cara. Damian torció los labios retándola con la mirada.
-"Tt. Ya he terminado de todos modos."-
Y levantándose de su asiento Damian se dirigió al gran escritorio de recepción seguido por la malhumorada chica que de mala gana le entrego su identificación. -"Y agradece que no te prohíbo la entrada."-
Damian le contesto en un idioma que la chica no reconoció y poco después salió del edificio sin darle el crédito de poder verlo molesto.
-"¿Qué te traes con ese niño?"- Un hombre joven preguntó acercándose a la mujer que para este punto, era casi un milagro que no estuviera devorándose las uñas.
-"Nada."- Respondió ella con seca voz. -"Es solo que… él no me agrada."- Dijo viendo la espalda del diño desaparecer tras las dos amplias puertas de entrada.
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Bruce colgó el teléfono, bueno, en realidad, Damian le había colgado primero. Nunca hubiera imaginado que su hijo se atrevería a hacer algo como eso, aunque de nuevo, Damian parecía siempre superar sus expectativas; su hijo era tan impredecible, violento y un tanto irascible que difícilmente Bruce podría prever cómo reaccionaría bajo circunstancias muy precisas, y en cierto modo, sabía que el arranque del niño no debería de haberle sorprendido en lo más mínimo, más sin embargo, lo hizo…
Aunque solo un poco en realidad.
Respirando profundamente miro a Alfred que como siempre se hallaba a su lado dándole una expresión solemne. -"Coincidí con el joven Damian muy temprano en la mañana. Me comunico que iba a salir."-
-"¿Te dijo que se iba a la ciudad?"-
-"No señor."-
Bruce suspiro.
-"No ha pasado tanto tiempo desde la última vez que los dos hablamos, pero esto es… Damian es…"- Respiró frustrado andando en cortos pasos como fiera encerrada en una pequeña jaula. -"Él solo sigue tentando mi paciencia Alfred, sigue saltando mi autoridad, ¿Y sabes qué más?... A veces―"- Detuvo brevemente sus palabras. -"… a veces solo pienso que no sé si podré seguir adelante con esto. Damian no me obedece, no me escucha, no atiende a nada de lo que yo le pida que haga. Es como si hablara con un extraño. Con un maldito extraño al que no le importa nada."-
-"Bueno señor."- El mayordomo tosió. -"Ciertamente, el joven Damian es alguien bastante peculiar y un tanto difícil de tratar, más sin embargo, si me permite decir algo, creo que éste bien podría ser el momento adecuado para que deje de tratarlo como una maquina fallida y comience a verlo como lo que realmente es: su hijo señor; y por sobre todo, debe comprender que el joven Damian es tan solo un niño."- Acomodándose la corbata el mayordomo agregó con quieta y calma voz. -"Además, considero que como su padre, es usted el responsable de dar buena imagen y por lo menos, intentar hacer algo para poder comprenderlo."-
-"¡Y es lo que intento!"- Bruce alzó con dureza su voz. -"Eso es lo que intento. Desde un inicio es lo único que he hecho, pero es difícil, Damian hace que las cosas solo sean más difíciles porque a veces, simplemente, no lo logro entenderlo por completo."-
-"Bueno señor Bruce, nunca nadie ha dicho que la paternidad sea sencilla.…"-
-"Me estoy haciendo viejo para esto."-Bruce sacudió la cabeza antes de dejarla caer floja en señal de derrota.
-"¡Tonterías!"- Exclamó el mayordomo con gran énfasis en sus palabras. Bruce no le creyó, se mantuvo en silencio pensando que en efecto, se estaba haciendo viejo para lidiar con niños pequeños.
-"Solo debe darle su espacio señor, solo un poco, no demasiado o todo saldrá de su control."-
-"Demasiado tarde Alfred, porque por donde quiera que lo vea, todo se ha salido de su cauce."-
Alfred suspiró. -"Entiéndalo señor, el joven Damian no es solo un extraño más en este lugar."-
-"Lo sé, y eso es exactamente lo que he estado haciendo, he intentado darle su espacio, he intentado entenderlo, comprenderlo, pero a veces siento que ya no estoy hecho para lidiar con nada de esto. En realidad… hay ocasiones en las que me pregunto si hice lo correcto al tomar la custodia de Damian. Porque me aterra. Me aterra saber que estoy fallando, que mis esfuerzos serán en vano, que no importa lo que haga Damian solo seguirá ignorando mis consejos. Y es difícil. Damian es difícil porque la mayoría de las veces no sé siquiera cómo piensa, y eso es lo que realmente me inquieta."- Su voz se agravó. -"Damian es… tan diferente de cualquier otro niño que haya conocido, él es tan diferente que temo el hecho de no ser capaz de poder conectar con él porque… se supone que soy su padre, se supone que debo ser su guía, su soporte, su mentor, pero él es tan independiente que a veces pienso que no necesita del soporte que un padre pueda ofrecerle…"-
El mayordomo negó. -"No estoy de acuerdo con usted Señor."- Sentenció con triste voz.
Bruce asintió sabiendo que el mayordomo tenía razón. Era cierto. Por más que quisiera negarlo era muy cierto. Pudiera ser que Damian fuera de hecho, el más autosuficiente de los niños, pero en el fondo, muy en el fondo él sabía, que todos ellos se habían obligado a ver tan solo una mentira; y es que podía obviar todas las carencias que Damian tenía, en su forma de hablar, en su forma de actuar e interactuar con los demás; últimamente no paraba de pensar en ello, en que seguramente al estar bajo el manto y el tutelaje de los Al Ghul, este niño tuvo que haber sido privado de las normas y más básicas formas de contacto humano.
-"Puede ser que tengas razón Alfred. Puede ser que tengas toda la razón, sin embargo; nada mejorara hasta que no se hayan impuesto reglas y límites para ambos, nada de esto funcionara si no hay el mínimo respeto entre ambos…"- Y sin esperarlo Bruce se detuvo sus palabras debido a la punzada de dolor que sin motivo lo golpeo, se lo merecía, de alguna forma él se merecía el rencor de su hijo menor. Y dolía. Dolía porque algo dentro de él sabía que no tan fácilmente Damian se abriría a él, y era lo justo, supuso, ya que él mismo tampoco estaba siendo del todo honesto con su propio hijo.
-"Sabe señor… de cierta forma, esto de acuerdo con casi todo lo que ha dicho, pero como única observación puedo decirle que también se equivoca…"- El mayordomo hizo una pausa y acercándose a su señor descansó su mano sobre uno de los amplios hombros. -"Estoy seguro de que pese a todo el joven Damian lo respeta, tan solo debe ver la adoración con la que lo observa. Él es solo es un niño buscando la aprobación de su padre, y por ello señor Bruce, debe hacérselo saber, debe decirle cuan orgulloso está de él."-
Bruce se mofó. -"Si así de sencillo fuera no estaría pasando por todos estos problemas."-
Alfred negó con condescendiente gesto.-"Obediencia, admiración y respeto son cosas muy diferentes señor. Él joven Damian le respeta y confía en usted, eso es un hecho, pero al igual que usted… he notado que él no sabe cómo expresar lo que muy en el fondo siente. Así que como su padre es su deber… no, es su obligación demostrarle que eso no tiene nada de malo. Hágaselo saber amo Bruce, demuéstrele que usted puede confiar en él…"-
Bruce guardo silencio un momento mirando la grosería de mensaje que le había enviado su hijo. 'En la ciudad', Es todo cuanto decía, solo en la maldita ciudad.
Nada más.
Con desgano se frotó las sienes pensando que en cuyo caso, si alguien debía ser culpado, ese solo podría ser él, ya que desde un inicio Bruce nunca le había dicho al niño que tan explícito debía ser con sus avisos; él solo le había indicado a Damian qué, si debía salir, tenía que avisar, nada más; pero ciertamente jamás le había dicho cómo y en qué forma debía hacerlo, y al final, la biblioteca estaba en la ciudad, así que en cierto y muy torcido modo el mensaje recibido transmita información que a final de cuentas era la correcta.
-"¿Ira a recogerlo Señor? El móvil del joven Damian tiene un dispositivo de localización, apuesto que desde aquí usted podría ser capaz de activarlo sin ningún problema."-
-"Si…. No. No iré por él."- Sentenció con fuerte convicción. -"Podrá sonar extraño pero por esta ocasión, quiero que Damian sepa que de alguna forma confió en él; en su juicio. Quiero que mi hijo tenga la libertad de actuar bajo sus propios principios y también…."- Después de una breve pausa agregó. -"… Sabes Alfred, lo único que quiero es poder confiar en él, y solo por ello en esta ocasión, me obligare a tener un poco de fe. Sé que será difícil teniendo en cuenta experiencias pasadas, pero si queremos avanzar, esto debe ser lo principal. Confianza. Quiero que Damian sepa que puede confiar en mí para lo que sea, pero quiero que lo haga no por obligación o por miedo, sino por respeto. Quiero que lo haga porque de él nace hacerlo y no porque sea algo que yo le haya impuesto, y sobre todo, quiero que este niño comprenda que de la misma forma, estoy más que dispuesto en apoyarlo cuando sea necesario."-
-"¿Está convencido de que eso es lo que realmente quiere hacer señor?"-
-"Así es Alfred, a pesar de todo quiero seguir adelante con esto, quiero que Damian sea capaz de distinguir y de discernir, quiero que Damian aprenda a elegir el camino correcto y que tome sus decisiones basándose en su propio criterio. Lo único quiero es que sea él mismo, que solo sea la mejor versión de él que pueda ser. Y por ahora. Es lo único que quiero para él."-
-"Comprendo señor, eso es un gran paso para dar pero… ¿No sería más conveniente que todo esto que me ha contado… se lo diga al joven Damian también? Estoy seguro de que eso ayudaría mucho a su relación señor."-
El silencio cayó entre los dos.
-"Tienes razón Alfred, tienes toda la razón, esto es algo que debería decirle personalmente."-
-"Muy bien señor, entonces, le deseo la mejor de las suertes."- Y ajustando su negro saco Alfred se alejó despacio.
Bruce se quedó en silencio un momento más mirando la pantalla de su celular, esto es lo que se merecía y ahora no podía dar marcha atrás, con un fuerte suspiro guardo su móvil en su bolsillo y cerrando los ojos se recrimino a sí mismo por la facilidad con la que terminaba metido en esta clase de líos.
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Continúa en el capítulo 03.
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Notas finales: ¡Uf! D: Me ha costado mucho terminar este capítulo, pero no porque me haya quedado sin ideas o inspiración, no, no fue nada de eso, la verdad es que pasaron muchas cosas en estas últimas semanas… primero; salió el tráiler de The Legend of Zelda Breath of the Wild, y fue algo como, ¡Wow! Despertó el fan que llevo dentro y que había estado dormido desde Skyward Sword, y recordé entonces por qué me gusta tanto esa franquicia, y durante tres largas semanas me la viví viendo gameplays, buscando información, leyendo noticias, curiosidades y teorías, y cuando creí que mi fanatismo estaba menguando, tuve que salir de viaje; no me quejo, la verdad, fue una buena experiencia, traumática, pero una buena experiencia al fin. Y después cuando finalmente regrese a mis actividades seguí con mi fanatismo C: Así que eso, aunado a mis actividades diarias, no me dejaron prácticamente nada de tiempo, por lo que ante todo me disculpo por la demora, con eso dicho el siguiente capítulo debería tomarme menos tiempo que este.
Gracias por haber leído.
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