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Serie: Sobrenatural AU. No capas, no héroes, no vigilantes.
Notas Previas: Capitulo tres de esta entrega: EL NIÑO EN LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS.
Sé que he demorado mucho en subir nuevos capítulos y de verdad lo siento, no tengo excusa que justifique mi retraso (La verdad es que he estado dibujando y no sé cómo administrar mi tiempo ya que apenas cuento con un par de horas libres al día… y a veces ni eso xD). Y sin embargo, espero disfruten de este nuevo capítulo de la misma forma en que yo disfrute escribirlo.
Nuevamente aclaro que ningún personaje -más allá de los creados por mí- me pertenece. Este capítulo salió largo, así que busquen algo que comer, un dulce por ejemplo, y sin más que decir, disfruten la lectura.
Advertencias: Ninguna.
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Toma mi alma y hazme olvidar.
Haz que la tristeza se vaya y que el odio abandone este lugar.
Solo tu voz será la que algún día me podrá alcanzar,
Y las memorias que perdí deberán regresar.
Ahora despiértame, solo despiértame, libérame de este maldito sueño en el que me he obligado a estar.
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El NIÑO EN LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS.
Capítulo 03.
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Cuando Damian salió de la biblioteca la sorpresa lo golpeo dejándolo sin palabras, abrió ligeramente la boca pero fue incapaz de decir nada. Tragó fuertemente sin esperar esta reacción, sin esperar sentir en su pecho el palpitar de su desenfrenado corazón. Era desagradable, pensó con la acidez que la boca le quemaba. Era tan desagradable escuchar el ronco repique que penetraba con dureza hasta el fondo de sus oídos; pero Damian respiró, respiró profundo sintiendo las náuseas y las potentes vibraciones en lo profundo de su garganta; rápido, rápido, tan rápido y sumamente furioso que lo hacían sentirse mareado. Respirando una vez más se enfocó en tranquilizar sus sentidos ya que nada ganaría si comenzaba a arremeter contra sí mismo. Frunciendo las cejas entornó sus agudos ojos revisando con critica expresión cada lugar que entraba a su campo de visión; los bancos, las zonas de descanso, las verdes secciones donde estudiantes y extrañas personas platicaban sin enterarse de nada… y las escaleras… ¡Esas tontas escaleras!
Tragando dolorosamente miro el lugar vacío porque aquel a su cargo simplemente había desaparecido, y mirara a donde mirara, y volteara a donde volteara aquel niño no estaba…
Ese niño no estaba…
¡Wilkes no estaba!
Pero que idiota había sido, se dijo así mismo apretando los puños enfurecido. Pero que idiota había sido por creer que sería obedecido… pero es que se lo había dicho, maldición, ¡Se lo había pedido! Pero Wilkes le había desobedecido.
Decidido, descendió corriendo las escaleras saltando los últimos dos escalones y cruzando la avenida observo a la gente pasar; hombres y mujeres, niños y niñas que eran llevados de la mano por sus progenitores; veía cabezas de cabello rubio, negro, castaño y cobrizo… pero ninguno que fuera pelirrojo.
No había ningún maldito pelirrojo.
Y en silencio maldijo su descuido.
¿En dónde estás?... se preguntó a sí mismo. ¿En dónde estás?, ¿En dónde estás?…
¿En dónde demonios estas?
Gruño inconscientemente sintiéndose desorientado por el infinito mar lleno de gente, y apretando ligeramente los dientes desvió la mirada al sentir la suciedad del aire que lo golpeaba directo en la cara; el viento le molestaba, la mugre en el aire le enfadaba, el ruido de la ciudad era tan molesto cuando cientos de voces se escuchaban gritando al mismo tiempo. Se mordió el labio controlando su enfado. Cientos de voces le gritaban, lloraban, susurraban, y al mismo tiempo no decían nada, no le hablaban de nada…
Y lo odiaba.
Encogiéndose de hombros alzó sus manos hasta su cabeza para cubrirse los oídos con fuerza, ahí estaba de nuevo, ese ruido; ese molesto ruido que se precipitaba hacia él con la intensidad suficiente como para hacerlo sufrir y retorcerle desde dentro las entrañas. Era ese ruido el que nunca cesaba, el que nunca paraba, el que siempre estaba ahí esperando, acechándolo como un animal de caza.
Sacudiendo la cabeza se sintió humillado. Si Madre lo viera, si tan solo ella lo viera en este momento estaría tan avergonzada de que él fuera su hijo. Ella estaría tan, pero tan avergonzada… tan furiosa con él por permitir que sus debilidades nublaran su juicio.
Pero no podía evitarlo, no siempre podía evitarlo; porque no siempre podía alejar el ruido y el molesto palpitar en sus oídos que en ocasiones como esta, lo hacían sentir como si hubiera enloquecido.
Suspirando, Damian se detuvo un momento esperando el cambio de semáforo. Tenía que pensar en algo, debía pensar en algo, no podía simplemente dejar que los penetrantes olores y sonidos sin lógica quebrantaran su pensamiento o aplastaran su espíritu, no podía darse el lujo de perder el rastro del niño que justo ahora había decidido hacerse el desaparecido.
Jadeando cansado se sintió extraviado rodeado de siluetas de personas que iban y venían esquivándolo apenas. Más tenía que concentrarse, tenía que alejar el ruido para poder concentrarse.
Inhalando profundamente Damian bajo la mirada al suelo ganándose varios pares de ojos que lo miraba con recelo, que lo acusaban, podía sentirlo, lo miraban y se alejaban, pero a él no le importaba. No le importaba porque las personas eran idiotas. Juzgaban y acusaban, señalaban siempre apuntando con sus dedos lo que no entendían, lo que sus cortas mentes no comprendían; era esa su naturaleza.
Una lamentable existencia.
Cerrando los ojos un momento Damian se libró de cualquier pensamiento, se concentró entonces en cómo debía oírse el silencio y visualizó la forma del niño perdido en su cabeza, se esforzó en hallarlo, debía encontrarlo, detectar su presencia entre las miles que ahora rondaban su cabeza.
Podía percibirlas, sentía como fluían.
Es lo que Damian sabía. Para lo cual Madre lo había entrenado toda su vida.
Para hallar las almas pérdidas, para manejarlas, manipularlas; para poder dominarlas…
En eso residía todo. En ver quien poseía el control para sobajarlas.
Abriendo los ojos dejó salir el aire contenido cuando el sentimiento se volvió difícil de ignorar. Lo tenía. Avanzó despacio, casi a ciegas sintiendo el hilo de energía que tiraba de su cuerpo con sorprenderte fuerza.
Lo sentía.
Era esa la sensación como de una cadena que tiraba de él con fuerza hacia la dirección correcta.
Avanzó despacio, andando sin importarle a donde lo guiaran sus pasos, y cuando todo se detuvo y la cadena que tiraba de su cuerpo se aflojo, supo que debía estar cerca… o por lo menos su experiencia lo dictaba de esa manera, y nunca fallaba, nunca antes se había equivocado, nunca antes había fallado... pero ahora…
Damian miro confundido al alto e imponente edificio.
Tenía que ser una broma, pensó sin dar crédito a lo que miraban sus ojos, más tomando la decisión se movió adelante decidido a enfrentar cualquier cosa que en el interior de este lugar pudiera encontrar, a punto estaba de ingresar por las altas puertas cuando escuchó como una molesta vocecilla lo llamaba con insistencia.
-"¿Damian?"- Se detuvo al instante y dándose la vuelta miró la cara del niño que estaba cubierta de diminutas pecas.
-"Wilkes."- Habló entre dientes con veneno y el ceño fruncido, mientras Colín solo lo miraba con nerviosismo.
-"Hola…"-
Damian gruñó. Quería decir tantas cosas pero ninguna de ellas salió.
-"¿Acaso no te dije que esperaras?"- Acusó. -"Te fuiste, ¡Me desobedeciste!"-
-"¡Lo sé! Lo siento… no era mi intención."- El pelirrojo en vano se defendió. -"… De verdad que no era mi intención preocuparte, pero es que yo—"-
-"¿Y Quién ha dicho que estoy preocupado?"-
-"¿Entonces no lo estás?"- Preguntó Colín con incredulidad. -"Bueno, yo solo decía…"- Y desvió la mirada al ser incapaz de soportar la potencia de esos ojos llenos de fuego que lo miraban como queriéndolo asesinar. -"…. Yo… de verdad que no quería hacerlo, ¡En serio! No es así como soy, es solo que yo… tenía este sentimiento…"- Dijo con una mano sobre su pecho. -"… Y cuando vi aquel edificio a lo lejos fue como si algo me llamara, enserio, fue muy extraño, fue como si algo me dijera que debía venir aquí porque por un momento ¡Creí que podría recordar algo! Y fue como sí… fue como sí…. bueno, no sé cómo fue, pero no se sentía bien. Y necesitaba saber, tenía que saber si alguien de aquí me podía ayudar, solo quería saber si al venir aquí algo me haría recordar, pero no, nada paso; y de verdad lamento haberme ido así nada más pero… tenía que intentarlo, solo quería intentarlo… yo solo... quería saber si alguien de aquí me podía recordar…"-
-"¿Y sirvió?"- Preguntó Damian cruzando los brazos obstinadamente sobre su pecho.
Colín inmediatamente bajo la mirada. -"No. Nadie ni siquiera me prestó atención, ¿Puedes creerlo?..."- Miró ahora a Damian con triste expresión. -"Todos me ignoraron por completo, todos ellos. Y para ser un edificio tan grande y con tanta gente adentro todos son muy groseros."-
Damian enmudeció, no dijo nada ya que sabía que esa no era la razón. Miró de reojo el edificio que se alzaba a pocos metros frente a ellos, vio a la recepcionista tras la puerta de cristal y el impulso para entrar fue muy fuerte. Más lo ignoró. Negó rápidamente preguntándose qué asuntos podría haber tenido Wilkes en este lugar, en este edificio que en un futuro formaría parte de su herencia familiar, una propiedad más para su legado. Este edificio, la Torre Wayne, era el lugar donde su Padre mantenía las principales oficinas de los negocios que en un futuro recaería sobre sus hombros.
-"No sé por qué…"- Colín continuo. -"Pero aún sigo sintiendo esto…. como si de algún modo… supiera que conozco este lugar… solo que… es confuso. No lo puedo ubicar."-
-"Lo recordaras."- Sentenció
-"Lo sé."- Afirmó Colín con convicción. -"¿Y sabes? También estuve pensando."- Damian alzó una ceja mirando a Colín con indiferencia.
-"Vaya, me alegra que ocupes en algo tu inteligencia."-
Colín enrojeció, se mojó los labios y de inmediato contestó.
-"Eso no es― "- Dudó. -"¡Eso no es lo que intento decir! Es solo qué― es solo que nada de lo que estoy haciendo me parece correcto, y no quiero seguir así, obligándote a ti a dar solo vueltas sin cesar, a caminar por horas y horas sin ir a ningún sitio en particular. Es por eso yo… estuve pensado, estuve pensando en que lo correcto sería ir con alguien más, a la policía por ejemplo, ellos sabrán que hacer, estoy seguro de eso, sé que ellos me ayudaran porque eso es lo que ellos acostumbran a hacer ¿Verdad?, les diré que estoy perdido y que no recuerdo donde está mi hogar, les diré eso y entonces ellos me ayudaran, podré encontrar a mi familia, ¡finalmente podré reunirme con familia e iré a vivir con mis pa―!"- Y la voz de Colín se detuvo al instante cortada como si hubiese sido con el filo de un cuchillo. Damian lo miró, lo miró a la cara que llevaba encima una expresión oscura y desdichada. -"Estoy seguro Damian… de que ellos me escucharan."-
-"Sabes que Wilkes, para ser algo lento lo que dices tiene sentido…"- Agregó rápidamente Damian antes de tomar su móvil de su bolsillo para teclear un número que Colín no pudo visualizar. Damian esperó, esperó en línea pero nadie contestó, intentó nuevamente, una, dos y tres veces, más el número ya no parecía estar vigente.
-"Tt. No es mala idea lo que comentas."- Indicó Damian mirando con desdén la luminosa pantalla.
-"¿Es buena idea verdad?"- Colín intentó sonar animado, más la expresión en el pecoso rostro denotaba lo contrario...
Parecía asustado. Desamparado.
Estaba pasando.
Sus recuerdos empezaban a florecer despacio, y ahora más que nunca debía tener cuidado, ya que seguramente sus emociones se irían desestabilizando. Desbordando. Y sin embargo, no había otra forma de lograrlo.
Wilkes debía enfrentar esto, debía hacerlo, encarar sus miedos para liberarse de ellos, solo eso; porque para vencer al dolor debías enfrentarte al dolor, porque para vencer al miedo debías enfrentarte al miedo, era la única forma de hacerlo, porque para que Wilkes volviera a casa y hallara paz, debía enfrentarse y vencer aquellos sentimientos que tanto quería olvidar.
Ambos niños guardaron silencio al caminar.
-"Sabes que no tienes por qué acompañarme ¿Verdad?"- Agregó Colín mirando rápidamente a la dirección donde Damian andaba con confianza a cada paso que daba. -"Aunque te lo agradezco. Enserio. Aunque agradezco que seas mi guía sé que puedo encontrar yo mismo la comisaría."-
Damian se encogió de hombros. -"No te estoy acompañando a ti Wilkes, necesito hacer una llamada y la comisaria cuenta con teléfonos públicos. Yo voy a usar uno."-
-"Pero Damian, tienes un móvil."-
-"Excelente observación, más sin embargo, no tengo por qué justificarme a mí mismo. Solo conténtate con saber que el número al cual intente marcar ya no se encuentra en vigencia, y que actualmente la comisaría debe contar con el registro público de los números telefónicos de cada habitante que vive en la ciudad. Así que usare eso, y además… parece que no se te da hablar bien con la gente. Vas a tartamudear."- Agregó el pelinegro con una sardónica mueca. -"Así que necesitaras a alguien que haga de interprete."-
Wilkes sonrió, pero fue una expresión vacía, llana y sin vida. Damian frunció las cejas; debía darse prisa, debía actuar ahora y evitar que las sombras se lo llevaran.
No dejaría perder su alma.
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Cuando llegaron a comisaría hubo silencio mortal. Damian resoplo hastiado soportando a duras penas las cruentas miradas que sin pedir permiso sobre él se posaban. Chasqueando la lengua rodó los ojos y se encogió de hombros restando importancia a los varios pares de ojos que detenidamente lo observaban, y con mueca agria, posó su vista sobre la larga fila de personas que esperaban ser atendidas por lentas recepcionistas.
Hasta hábito parecía.
-"Espera aquí."- Instruyó al niño que dé pie junto a él permanecía.
-"¿Otra vez dejándome fuera?"- Damian no contestó, y para ser sincero Colín tampoco esperaba una respuesta. -"… no es que me importe en realidad."- Agregó. -"Solo… intenta no convertirlo en costumbre ¿De acuerdo?"- Recriminó en cierto tono al cual Damian no pudo evitar fruncir las cejas.
-"¿Me estás dando órdenes Wilkes?"- Miró de reojo al pelirrojo quien negaba moviendo efusivamente la cabeza. -"No sé cuál sea ahora tu queja, y para que lo sepas, no soy yo quien te está dejando 'fuera'…"- Comentó el pelinegro arqueando una ceja. -"… porque, por si aún no te has dado cuenta Wilkes, los dos seguimos aquí, de píe en medio en este inmundo lugar..."-
Y Colín lo miró fijamente con una expresión en blanco, parpadeó un par de veces y sonrío tontamente, ¡Pero qué ocurrencia! Pensó haciendo una mueca.
-"Yo—"- Dejó salir la frase tragándose las ganas de carcajearse. -"Yo no estaba… ¡Yo no estaba siendo literal Damian!… "- Rio divertido ya que su acompañante no le había entendido.
Echando la cabeza a un lado Colín apretó los labios y se cubrió la boca suprimiendo la tonta sonrisa que amenazaba con teñirle de carmín las mejillas ¿Esto iba enserio? ¡No podía ser cierto! Pues la falta de sentido común que expresaba su compañero era tan preocupante como sumamente hilarante.
Y por más estúpido que fuera el contexto de hecho Damian, estaba probando estar en lo correcto; Ellos estaban aquí dentro; de pie en este angosto pasillo que a un lado exhibía un par de grandes macetas y pequeños bancos que hacían las veces de sala de espera.
Dando dos largas respiraciones Colín intentó calmarse, intentó por todos los medios esconder su risa de los finos oídos de su acompañante. -"…Entonces…"- Empezó cuando por fin fue capaz de tranquilizarse. -"… si se supone que soy yo el afectado, ¿No debería ir contigo?"-
-"No me tientes Wilkes. Apenas digas Hola empezaras a temblar como una hoja…"- ¡Auch! Eso sí que había sido grosero, más para este punto Colín podía jactarse de ser inmune a las filosas palabras de Damian que buscaban ofenderlo. -"Solo espera aquí, no te muevas, iré a hablar con ella."- Apuntó el pelinegro su dedo hacía una policía de cabello corto y castaño que no parecía tener un buen día.
-"… Será como quieras entonces…"- Afirmó Colín sin querer llevarle la contra. -"Puedo esperar aquí, no hay problema, solo… no demores demasiado ¿Ok?"-
-"¿Me estas amenazando Wilkes?"- Damian observo mordazmente a las personas que lo miraban hablando en susurros a sus espaldas.
-"¡No! Por supuesto que no Damian, ¡Rayos! Eres tan agresivo. Yo solo intentaba―"-
-"Bien. Entonces espera aquí."-
Colín suspiro. -"Valeeee~"- Y con desgano asintió.
Por hoy y solo por hoy, dejaría que Damian hiciera lo que quisiera, había aprendido ahora que luchar contra Damian por algún motivo, no tenía sentido, y que debatir con este niño era tanto como entrar en una lucha sin sentido que aunque lo intentará, jamás estaría en sus manos ganarla.
Con desgano miro la espalda de Damian quién con genuina confidencia avanzó con firme paso hasta llegar frente a la joven que con mueca agria atendía una larga fila de personas que lucían desesperadas.
No estaba seguro desde donde su preocupación venía, pero la frase 'Hoy arde Trolla' le llego a la mente sin motivo aparente, aunque quizá, era por qué Damian era de todo menos un niño corriente; y eso se notaba, se le notaba en todos lados sobre todo en sus azules ojos, en esos ojos que lo miraban como si pudieran arrancarle el alma y devorar el mundo. Eran esos ojos los que hablaban de experiencia, una que Damian no debería tener, una que ningún niño debería tener, y era enigmático, algo casi mágico, mágico, obscuro y misterioso, y también, algo que era sumamente peligroso; y si debía agregar más podía decir que de algún modo se sentía atraído por el otro niño… ¡Pero en el buen sentido! ¿Y además? Damian lo estaba ayudando.
¿Qué más podía pedir si tomaba eso en cuenta?
Damian no tenía responsabilidad, no tenía ningún tipo de responsabilidad para con él, pero lo estaba haciendo, lo estaba ayudando sin esperar nada a cambio, sin pedir nada a cambio.
Con una mano en su pecho Colín pensó que era agradable el sentimiento, el saber que a alguien le importabas, que alguien te necesitaba, que había alguien allá afuera que te echaría una mano cuando no fueras capaz de levantarte; y no lo comprendía. No sabía. No quería saber por qué pero en este instante comenzaba a sentir la nostalgia que pesaba como plomo sobre su espalda.
Sacudiendo la cabeza Colín decidió que iría a dar una vuelta, no iría lejos, tan solo caminaría un par de pasos para ver los anuncios que descansaban en aquella vitrina colocada en la pared junto a la puerta de salida. Miró entonces de reojo a Damian quien rápidamente parecía perder la paciencia al hablar con la mujer policía extendiendo los brazos y abriendo la boca como si estuviera gritando, y si a eso se le sumaba que el niño por todos los medios defendería su arrebato, ¡Oh! Dios mío, que los dioses nos ayuden porque ya había comenzado, y pudiera ser apenas conociera a Damian pero ya sabía que el niño era todo un caso y poseía un temple tan resistente que sin duda era de temerse.
Sabiendo que esto tomaría algún tiempo, Colín dio media vuelta alejándose despacio ignorando los fuertes gritos de Damian y de aquella señora que seguramente, no se tentaría el corazón para detenerlo y meterlo en un cuarto con las esposas en las manos. Y solo esperaba que Damian no hiciera nada que ameritara ser controlarlo porque sinceramente, él no metería las manos.
Al detener sus pasos Colín miró hacia la gran vitrina llena de fotografías. Junto a él había un hombre, un hombre delgado de aspecto obtuso que estaba quitando algunos anuncios que aparentemente ya no tenían uso.
Colín miró con detenimiento. Dentro, protegidas por un grueso vidrio había fotografías y dibujos de personas desaparecidas, y sin que fuera sorpresa noto con gran tristeza como la mayor parte de ellos parecían ser de niños pequeños. Colín tragó, y humedeciéndose los labios leyó con un nudo en la garganta la leyenda que decía…
"¿Nos has visto?... ayúdanos a volver a casa."
Por favor….
Su mente repitió.
Ayúdanos a volver a casa.
Yo también quiero ir a casa.
El pensamiento le llego tan súbito que se vio obligado a cerrar los ojos por la punzada de dolor que sin piedad lo atravesó haciéndolo sentir como si su cabeza fuera a partirse en dos, se masajeo las sienes sin entender, sin comprender por qué esto parecía afectarle solo a él.
Quiero ir a casa.
Por favor…
Solo quiero irme a casa.
Sacudió la cabeza centrando su atención en el hombre que sin delicadeza tomaba varias fotografías para retirarlas de la vitrina.
Estrechando los ojos observó el acto sintiéndose embelesado. Que terrible, pensó con dolor. Que terrible era ver que aquí estaban expuestas como circense atracción las fotografías de hombres y mujeres que habían desaparecido sin dejar ninguna explicación, pero lo peor, era ver que la mayor parte de los retratos eran de hecho, de niños pequeños, de pequeños y jóvenes niños que a la fecha sus desapariciones seguían sin tener respuesta.
Tragando saliva miro detenidamente las viejas fotografías carentes de vida.
Solas y envejecidas…
Y sin poder apartar la mirada sintió que las manos le temblaban.
Algo. Algo que fervientemente quería olvidar intentaba regresar.
Podía sentirlo.
Lo sentía querer despertar, querer salir a flote arrastrándose como ponzoña a través de su memoria.
Jadeando, Colín se estremeció; porque cuando el hombre cerró con llave la larga vitrina pudo finalmente observar el resto de fotografías que lo miraban como fantasmas sin vida.
Y se centró en ellas y solamente en ellas ignorando la voz de Damian que con impaciencia discutía con la mujer policía; y aunque al principio pudo haberle parecido gracioso ahora Colín solo quería que ambos cerraran la boca.
De hecho…
Quería hacerlos callar.
Todo a su alrededor lo quería silenciar.
Frotando sus manos se dio cuenta de que seguían temblando. Sus manos temblaban, sus piernas temblaban pero él no comprendía, no entendía de donde este sentimiento provenía.
Es decir, Gotham era peligrosa, el crimen gobernaba las noches y malas personas hacían de las calles sus propios parques personales; personas inocentes morían, personas inocentes desaparecían todo el tiempo y con más frecuencia de la que deberían.
Armándose de valor Colín leyó con sobrado respeto cada nombre expuesto: Greta, Marco, Esteban, Sofía... tantos nombres y tanto tiempo sin que ninguno de ellos hubiera sido hallado ni siquiera con el pasar de los años, era fácil saberlo ya que los retratos parecían tener mucho tiempo sin haber sido cambiados. Su lectura lo llevo a leer uno y otro, y luego otro, otro, y otro, y pronto, ya estaba terminando de leer cada anuncio que formaba parte del mal recuerdo de alguien.
Pero fue cuando estaba por terminar de recorrer la última fila de fotografías que sus ojos vislumbraron algo que su mente no comprendía, fue algo sencillo, un corto y simple nombre, un insignificante nombre que lo hizo abrir la boca dejando caer sin gracia su descolocada quijada. Era el típico anuncio de se busca que lucía opaco por el pasar de los años, más cuando leyó la corta nota y vio la imagen de aquel niño que sonreía con una mueca llena de pecas, fue que su corazón se paró sin ninguna explicación; y las manos le sudaron, sus rodillas se doblaron, sus dedos se enfriaron y fue como si un balde de agua fría le hubiera caído encima, fue su sangre la que se heló en sus venas corriendo fría al bajar por su espalda sin nada de pena.
No puede ser.
Logro hilar apenas con los ojos abiertos tan grandes como platos.
No puede ser….
Y sintió como si el tiempo se hubiera congelado. Despacio. Muy despacio hasta que todo a su alrededor se quedó totalmente quieto como perdido en el tiempo. Hundido en un muerto silencio.
No podía ser cierto.
Tocó el vidrio con rígida mano como si de pronto quisiera atravesarlo, como si de pronto tuviera la necesidad de coger la fotografía del infante para comprobar que todo era mentira.
Pero no lo era. En el fondo sabía que no lo era, que todo era real y que él…
Había estado viviendo dentro de una maldita mentira.
Una sola lagrima se deslizo a su mejilla.
Había estado viviendo una cruel fantasía.
En un segundo dejo de respirar, y por más que intentara y por más que tratara aspirar el tan valioso aire su cuerpo seguía sin contestarle…
Y tenía tanto miedo.
Pero también, la ira estaba floreciendo.
Ayúdame.
Abrió la boca jadeando y tosiendo intentado hallar palabras pese al peso que oprimía su contra su garganta.
Por favor ayúdame.
Y sus ojos se humedecieron cuando en vano intento llamar el nombre de Damian, ya que de su boca, no salieron palabras.
Y aunque hiciera lo que hiciera o dijera lo que quisiera nada cambiaría la verdad, la triste realidad de que él había estado viviendo en la desdicha de una triste ilusión.
Otra lágrima se le escapo.
Cerrando su mano en un puño golpeó con fiereza el vidrio que lo alejaba de su objetivo, necesitaba ese anuncio, necesitaba verlo, tenernos en sus manos...
Más la realidad era más clara que el agua.
Él, Colín Wilkes…
Había dejado de existir en el mundo los vivos.
La comprensión le llego pesada y un suave gritó murió en su garganta. Un suave grito que iba cargado con ira y con la más grande desdicha.
¿Por qué?... se preguntaba.
¿Cómo fue capaz de olvidarlo?
Rechinando los dientes se dio cuenta que todo este tiempo se había estado engañando.
Pero que tonto.
Que estúpido había sido…
Una última lagrima vino con el ruido seco de su propio grito que salió de su pecho rompiendo el silencio con potente estruendo. Fue un grito hueco y vacío que al instante capto la atención Damian que estaba al otro lado del pasillo; más Colín no cuido, más a Colín no le importo, no podía sentir culpa ni remordimiento ya que justo en este momento era furia ciega lo que sentía como sí lo consumiera.
El viento a su alrededor cambio, el viento a su alrededor soplo con la misma furia que Colín sentía, el vidrio de la vitrina se estrelló, explotó bajo la presión de la energía desprendida de la mano del niño que sobre la superficie permanecía.
La reacción fue inmediata y al instante de menos cinco hombres uniformados se acercaron para ver lo que pasaba, pero como supuso, nadie más aparte de Damian lo veía; nadie lo notaba, nadie lo miraba, todos en este cuarto lo ignoraban.
Y hasta ahora entendía por qué todos hacían como si él no existiera.
Sus claros ojos se encontraron por un breve segundo con los de Damian, eran grandes, tan grandes, enigmáticos y ligeramente anonadados. Y quería culparlo. Quería culparlo maldición quería culparlo. Pero no podía. No podía hacerlo ya que Damian no era quien debía cargar con el peso de su desdicha; él no tenía la culpa. Damian no tenía la culpa…
La tenía aquel hombre.
Hasta ahora recordaba su nombre.
La culpa la tenía ese hombre, ese desgraciado hombre.
Apenas registró los gritos asustados y los cientos de papeles que volaron por todos lados.
-"¡Para!"-
Distinguió la voz de Damian pero Colín Wilkes no quería obedecerlo.
El viento en el interior del pasillo aumentó, los aparatos chispearon y las luces se apagaron.
Y en su mente solo había lugar para una sola palabra y esa era: venganza.
La energía desprendida fue por un momento tan grande que las dos macetas se quebraron. Gritos y gritos se escucharon, gritos de personas que corrían asustadas por todos lados.
Eso era en lo que Colín se había transformado, en solo un cumulo de energía que mantenía su forma gracias a la humanidad que en el aún existía, pero ya no más, no aguantaría más, no lo haría… no hasta ver su venganza cumplida.
Sonrió mordazmente sintiendo la electricidad correr por su cuerpo desprendiéndose de sus dedos y al momento, varias decenas de negras sombras cubrieron su esbelto cuerpo; se sentía fuerte e imponente. Tan poderoso como si fuera capaz de hacerlo todo.
-"¡Wilkes! "- Y sin hacer caso a la voz se transformó en un violento e implacable viento que nadie más veía pero que todos sentirían.
Finalmente alguien lo notaría. Finalmente, alguien vería que él existía y pagarían, todos pagarían…
Sobre todo ese hombre… a él lo haría pagar con su vida.
Y lo irónico era que todo había empezado gracias a una insignificante fotografía, una adonde estaba él mismo sonriente ajeno a todo lo que en un futuro pasaría.
Y juraba que mataría al hombre que le había arruinado la vida.
A ese maldito hombre.
Él lo cazaría, Colín lo cazaría, se volvería su verdugo y nada le detendría.
-"¡Regresa!"-
Fue el grito de Damian lo último que escuchó antes de precipitar su grande y negra masa hacía la calle, afuera, a donde a ese maldito humano le esperaba su condena.
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Sin contemplar sus opciones Damian salió corriendo a través de la maltrecha puerta siguiendo muy de cerca a la sombra negra que se movía a velocidad sobre humana golpeando a los pobres incautos que le bloqueaban el paso.
¿Pero qué demonios había pasado? Se preguntó mientras corría a todo lo que sus piernas le permitían, más la sombra era veloz, y en tan solo segundos se escapó a su visión. Maldijo entre dientes chasqueando la lengua tratando de hallar respuesta a la violencia con la que Wilkes reaccionó.
Pero no entendía… Damian no sabía, y solo podía intuir que algo tuvo que haber pasado cuando él no estaba mirando, y tuvo que ser algo malo, algo que asusto al pelirrojo niño hasta casi hacerlo perder el juicio, solo que Damian… no podía asegurar lo que era, pero cualquier cosa que fuera había logrado aterrar a Wilkes al grado que las sombras habían llegado para reclamarlo; y solo esperaba poder ayudarlo. No quería dudarlo. Jamás dudaría de sus habilidades pero conocía la mirada que Wilkes le había dado, tan triste y lejana, una expresión embrujada, era esa la mirada que lucía el pelirrojo antes de salir de comisaría convertido en una bestia enfurecida.
Y ahora que pensaba… Damian recordaba, recordaba ver hacia los ojos del niño y notar en ellos un peculiar brillo, un extraño brillo que confirmaba lo que Damian ya intuía al salir corriendo de comisaría.
Que Colín había recuperado las memorias que clamó como perdidas.
Por cualquier cosa que hubiera sido estaba seguro que Wilkes podía recordar ¿Qué cantidad? Damian no lo sabía, era un dato que desconocía, pero estaba consciente de que cualquier cosa que el niño hubiera visto allá atrás había sido suficiente como para hacerlo recordar, para activar esos recuerdos reprimidos que el chico obstinadamente quería olvidar, y ahora, era responsabilidad de Damian detenerlo, ayudarle a enfrentar las emociones negativas que seguramente, intentarían jugar con su mente.
Ira, odio, tristeza, rencor…
Soledad.
Eran sentimientos que lo enviarían al más cruel de los abismos. Que lo despojarían de su ser arrebatando toda humanidad de él, que jugarían con su mente hasta el punto de hacerlo enloquecer, hasta que Colín Wilkes no fuera más que un triste recuerdo que sería olvidado con el paso del tiempo.
Intentando acelerar el paso corrió tras la gran masa empujando a las personas que en su camino se atravesaban. A punto estuvo de ser atropellado, cayó sobre sus rodillas un par de veces haciéndose daño en las palmas de las manos, pero con la tenacidad de siempre, ignoró el dolor para seguir con su labor.
No podía detenerse, no lo había hecho antes y no comenzaría a hacerlo ahora. Él lo encontraría, Damian encontraría a Wilkes y lo traería de vuelta aunque tuviera que hacerlo a la fuerza.
Metió más prisa a sus pasos jadeando, las piernas le dolían y sus pulmones ardían pero no se rendiría, no cuando lo único que veía era el caos sembrado en cada avenida. Observó como el cumulo de sombras brincaba de farola en farola cayendo y aplastando la capota de los autos estrellando las ventanas en cientos de pequeños pedazos.
Y justo cuando pensaba que sería imposible alcanzarlo, vio la negra energía atravesar los rascacielos para ir más allá, hacia una de las calles más apartadas de la ciudad.
Siguió su camino apenas vislumbrando a la negra masa que sin motivo se detuvo sobre el tejado de una vieja casa, Damian lo observó, observó el lugar que parecía ligeramente familiar, y sin esperar más, la entidad se lanzó hacia el lateral de la casa haciendo explotar la ventana del segundo piso que se hallaba cerrada.
Era su oportunidad, pensó cansado deteniéndose un momento para recuperar el aliento, respiró ruidosamente flexionando su cuerpo y colocando las manos en las rodillas que le temblaban por el esfuerzo.
Dando un largo suspiro se irguió apretando el móvil en su bolsillo. No podía esperar más tiempo.
Con analítica mirada observó las calles aledañas. Este lugar… lo recordaba por aquel titular, ese que había leído hace apenas unas horas en la biblioteca de la ciudad.
Tomando la decisión, ser armó de valor. Si Wilkes estaba ahí adentro Damian iría a detenerlo.
Dando una rápida mirada al viejo anuncio que ponía en venta Damian ingresó a la residencia que extrañamente tenía la puerta abierta, y sin que le importase que alguien más lo viera se dirigió al segundo piso donde sabía que debía estar esperando el pelirrojo niño.
Caminó con cautela por las escaleras notando de inmediato las presencias que le habían permitido el paso, estaban asustadas, podía percibirlo, deseaban que se marchara, que sacara a ese monstruo de su casa…
Hizo una mueca sin quererlo, ya que si Wilkes tenía devuelta sus recuerdos, las cosas serían mucho más complicadas de lo que pudo haber pensado en un inicio.
-"¿¡En dónde estás!?"- Escuchó con atención la voz que sonaba ronca y un tanto rencorosa. -"¿En dónde estás?"- Y también sonaba peligrosa. -"Te matare ¡Lo juro! te matare, te matare, te matare… sal de donde quiera que estés."-
-"¡Wilkes…!"- Damian llamó en un intento por captar su atención. -"Para."- Ordenó. -"Esto que estás haciendo… de nada servirá, esto que haces Wilkes, no te ayudara. Él ya no vive aquí ¿No te das cuenta? Nadie vivo habita aquí—"-
-"…Tú."- Acusó peligrosamente la entidad al verlo de pie a un par de metros lejos de él. Damian no flaqueó ni tampoco se movió, solo alzó la barbilla con tenacidad desafiando a la figura que parecía quererlo atacar.
Estrechando los ojos desde su lugar en uno de los cuartos vacíos del segundo piso, Damian miró fijamente en lo que el pelirrojo se había convertido, ese niño, o lo poco que quedaba de ese niño lo observó con odio reprimido. Agitando la cabeza Damian se mantuvo quieto con postura tensa y la espalda recta.
No tenía miedo…
No había por qué tener miedo.
Nunca a ellos.
Dando un corto paso adelante se detuvo al instante por el picante olor que el otro cuerpo expelió, y echando la cabeza a un lado Damian selló sus labios evitando así vaciar el contenido de su estómago que amenazaba con enfermarlo. Podía olerlo, olía a podrido, el cuerpo de Wilkes cubierto por una espesa sombra negra apestaba igual que si hubiera muerto en vida.
Y tragó saliva.
Cuando era niño había escuchado una vez a los humanos, ellos solían decir que el odio irremediablemente atraía más odio, y con eso, él estaba de acuerdo; era como una cadena infinita, algo que se replica, que destruía vidas y corrompía todo lo que existía. Y ahora lo estaba viendo, lo veía tan claramente en las sombras que se ceñían al infantil cuerpo intentando someterlo.
Ellas lo estaban consumiendo.
Es lo que estaba sucediendo.
Esto es lo que pasaba cuando el odio te superaba, cuando te doblegaba. Esto era lo único que el odio dejaba, está pútrida y maloliente masa conformada de sentimientos negativos era todo lo que el odio provocaba.
Y Wilkes aún no lo notaba. Para Wilkes no pasaba nada.
Pero pronto, el inocente niño que había disfrutado ver absurdos aparadores esa mañana, ya no existiría más, y en su lugar, se erguiría con orgullo una entidad sin nombre que crecería para dar rienda suelta a la ira más primal; y cuando eso pasara, ya no habría vuelta atrás; cuando llegara el momento Wilkes sería castigado, las sombras a su alrededor lo tomarían, se lo llevarían; y Damian sabía qué, de llegar a pasar, el único a quien debían de culpar, sería a él.
Tronando la lengua apretó los puños mirando a las densas sombras que al cuerpo de Wilkes se ceñían, eran negras y enfurecidas. Tan violentas y densas que lo hacían lucir tan grande como si fuera una grotesca bestia. Se había convertido en un monstruo, en un desagradable monstruo con sus miembros crecidos que no eran los propios de un niño.
Y solo él era responsable de esto, y por ello, debía hallar una forma de detenerlo.
-"Él ya no está aquí, no importa lo que hagas o cuanto lo busques, él no vive más aquí."-
La entidad lanzo un húmedo y desagradable gruñido y Damian solo cubrió sus oídos. Lo escuchaba, Maldición, ¡Lo escuchaba!...
Ahí estaba.
En algún lugar ahí estaba él, escondido ahí adentro, Wilkes seguía allí dentro, adentro de esa pútrida oscuridad que se negaba a liberarlo, y por su culpa había pasado; por su culpa… Wilkes estaba llorando; lloraba asustado, lloraba desesperado porque él… porque ese niño no había querido esto pasara.
Nunca.
-"Lo sabías…"- Con voz ronca le acuso la sombra. -"Tú… Lo sabias."-
-"No lo sabía"- Le devolvió Damian con voz tranquila.
-"¡Mentira!"- Gritó la entidad azotando una pesada mano contra un envejecido mueble que se destruyó bajo tal impacto, Damian saltó y al instante se cubrió los ojos de las cientos de pequeñas esquirlas que salieron volando. -"¡Tú lo sabias!"- La entidad se acercó. -"¡Me mentiste!"- Gruño. -"Tú― me mentiste."-
-"Te equivocas, y al igual que tú lo acabo de descubrir."-
-"¡YA DEJA DE MENTIR!"- El piso fue lo siguiente en su lista, el puño vino tan rápido que Damian apenas fue capaz de esquivarlo, aturdido miro con grandes ojos como la masa de energía oscura crecía por la energía negativa que consumía.
-"¡Lo sabías todo! Tú— lo sabías todo…."-
Pero no me dijiste
Me mentiste.
-"¡Te equivocas!"- Se paró frente al monstruoso ser. -"No es así como funciona. No es mi deber decirte aquello decidiste olvidar."- Tentando a su suerte Damian dio un cuidadoso paso al frente acercándose a donde sabía Wilkes podría verlo mejor. -"Este lugar está vacío, desde un principio estuvo vació―…"-
-"… pero lo encontrare, lo encontrare y lo atrapare… lo destruiré. Por lo que hizo, por todo lo que hizo… lo matare."-
-"Pierdes el tiempo. ¿Acaso no entiendes lo que estoy diciendo? Ya deberías saberlo; ya deberías saber que él está muerto, ya deberías saber que de él solo quedan tus recuerdos."-
-"Mientes…"- La voz de la sombra lloró, y por un instante la voz de Wilkes se escuchó.
-"No es una mentira, es la realidad, tu única verdad, y todo este odio de nada te servirá, solo te consumirá, y por ello ahora tienes parar… ¡Deshazte de él! Hazlo ahora antes de que ya no haya marcha atrás…"-
-"¡Pero no quiero parar!"- Bramó la entidad haciendo las paredes temblar.
-"Está muerto Wilkes, Crane… Jonathan Crane está muerto… y nada de lo que hagas lo traerá a la vida, tu venganza no será cumplida."-
La entidad se movió mirando a Damian con fiereza.
-"Él se suicidó…"- Damian agregó.
-"Mientes…"- Y el ambiente en el cuarto se sintió pesado.
-"No es una mentira, él se quitó la vida…"-
-"¡Ya deja de decirme mentiras!"-
En un segundo la masa explotó liberando negra energía y enseguida, lanzó su cuerpo contra el niño que a su lado de pie permanecía. Damian esquivó apenas el golpe que hacía él llego volando, otro golpe vino sin aviso impactando en la pared a escasos centímetros por encima de su cabeza haciéndolo caer al suelo sobre fragmentos de cal y cemento. No está bien, pensó Damian tratando de buscar una apertura que le diera la ventaja. No está bien. Pensó abriendo la boca mientras miraba con horror como la entidad crecía grande, más grande volviéndose negra y sumamente turbulenta.
Y había creído que podía contenerla.
Era su error, y lo sabía, pero Damian lo intentaría, seguiría intentado porque sabía que Wilkes estaba ahí en algún lado. Escondido. Ese niño seguía ahí escondido, solo y asustado, y Damian aún podía alcanzarlo, aún podía llegar a él antes de que fuera consumido por la energía de sus propias emociones negativas…
Por eso, debía seguir intentando.
Porque lo había escuchado, había oído su llanto y Damian no podía abandonarlo.
-"Voy a matarte…"-
La oscuridad creció hacia el techo llenado el cuarto de pestilente humo negro.
-"¡Detente ahora Wilkes, no puedes seguir así!"- Y sintió el aire cargado de electricidad que hacía a Damian temblar.
-"¿Quién va a detenerme Damian?... Acaso… ¿Vas a ser tú?"-
Las paredes se cimbraron y las bombillas en el techo explotaron.
-"¡Él ya está muerto! ¿Qué no lo entiendes?... no importa lo que hagas o cuanto te esfuerces porque él ¡Ya está muerto!"-
-"¡PERO ÉL LO TOMO TODO DE MÍ! Se llevó todo, me arrebato todo, se llevó mi pasado, mi presente y mi futuro… me arrebato todo lo que yo tenía… incluyendo mi propia vida."-
-"¿Y crees que esta es la solución?"- Con dolor Damian se puso de pie cuidando el peso que colocaba sobre su lado derecho. -"Sumido en dolor y perdida solo encontraras tu condena…"- Y sin pensarlo Damian le extendió la mano cuya palma estaba abierta. -"Pero podemos remediarlo. Juntos. Podemos hacerlo juntos, así que toma mi mano, vamos, dame la mano antes de que sea―"-
-"¡YA CALLATE!..."- Estalló en cólera la entidad. -"¡Tú no sabes nada, tu no entiendes nada!"- Gritó con furia acercándose peligrosamente a Damian agregando con la voz más oscura que pudo usar. -"El me asesino…"- Siseo con dolor.
Se llevó mi vida…
Todo lo que tenía.
Mis sueños y alegrías.
Y ahí estaba de nuevo, su voz; era la misma voz dolida de aquel solitario niño que había conocido a las afueras de esa extraña cueva. Era esa su voz. Su suave su voz que sonaba tan rota y ronca empañada por una gran cortina de dolor. -"¿Cómo puedes hablar sin entender?"- Suavemente preguntó. -"¿Cómo puedes decir que todo irá bien si ni siquiera quieres entender? Ese hombre llamado Crane, se lo llevó todo… prometió ayudarme y al final decidió abandonarme…"-
-"Él te traiciono. Y después el muy cobarde se suicidó, ¿Lo entiendes ahora? ¡Él se suicidó! No te queda nada, ya no queda nada a lo que debas destruir."- Y Damian lo vio. Lo vio venir, vio el rápido golpe reaccionando solo para cubrirse el rostro ya que lo supo, lo supo al instante, que no sería capaz de apartarse. Cerró los ojos preparándose para el impacto, y quizá fue gracias a su inmensa suerte o su descomunal mala suerte pero el impacto, jamás llego, ya que de haberlo hecho sin duda lo habría lastimado en serio.
Con ligera sorpresa miró al frente con la boca abierta.
Las sombras que hasta hace segundos habían llenado el cuarto se movían ahora tan herméticamente alrededor del niño que maldecía al sentir su propio cuerpo siendo restringido, ellas danzaban y se alzaban, descendían y se extendían abriéndose camino hacia la madera que adornaba por completo el piso, el cuerpo de Wilkes se estremeció y al segundo siguiente el suelo bajo ellos se abrió, un pequeño gemido se escapó de los labios del niño cuando Damian se lanzó hacia adelante para sujetar su mano. Estaba pasando. Ambos lo sabían pero se negaban a enfrentarlo, las sombras había llegado y a Colín estaban devorando, lento, lento, muy lento el niño se hundiría en la pútrida porquería de un hoyó negro formado por los más detestables sentimientos.
Damian aguantó con la mano extendida sintiendo su cuerpo ser jalado hacía el más profundo infierno, trastabilló un poco pero fue capaz de mantener el equilibrio pese al dolor de la incómoda posición en la que su pierna derecha permanecía. Otra ola de energía explotó tirando de ellos hacía las sombras que esperaban hambrientas por sus desafortunadas presas.
-"¿Qué está pasando?"- Colín preguntó con frenética voz. -"¡Damian!… dime qué demonios está pasando."- Era él de nuevo, su voz, su voz real, la voz de ese niño alegre que estaba a punto de llorar. -"¡Dime!"- Exclamó asustado. -"¡Por favor, dime qué demonios está pasando!"-
Y Damian escuchó, lo escuchó con atención apretando su asimiento alrededor de la mano del pelirrojo niño que clamaba por una explicación.
-"Serás condenado."- Dijo Damian tan casual que Colín no pudo evitar mirarlo como si estuviera viendo a un extraño. -"Eso es lo que va a pasar. Te dije que pararas ¿No?, te pedí que pararas pero no entendiste, no quisiste, y por ello este será tu castigo."- Intercambiaron durante un instante sus miradas. Ambas azules y asustadas. -"Esto es lo que pasa cuando dejas que el odio y el dolor te dobleguen… esto es lo que pasa cuando dejas que semejantes emociones controlen tu vida y emociones…"-
-"¡Pero no fue mi culpa!"- Colín espetó abriendo los ojos con horror mientras Damian lo sujetaba con más fuerza de la muñeca para evitar que callera. -"¡Damian no me sueltes! Por favor— por favor, no vayas a soltar."-
Y Damian no quería hacerlo, no tenía intención de hacerlo, pero si no había más remedio…
Poniendo más peso sobre su rodilla Damian siseo de dolor. La escena podría ser dantesca pero también resultaba en una puesta tan absurda como estúpida, porque aquí estaba él de pie, con su pierna derecha que soportaba la mayor parte de su peso para no caer, mientras que con todas sus fuerza jalaba con una mano el cuerpo de Wilkes que yacía enterrado hasta la cintura por la más absoluta negrura. Damian tragó, paso saliva y miró al niño viendo su propia desesperación.
-"Por favor…"- Suplicó.
Damian ligeramente negó. -"No puedo hacer nada si no me dejas ayudar, así que déjame verlos, enséñame los recuerdos que deseabas olvidar."-
-"Pero yo…"-
-"¡He dicho que me dejes ver! En tus recuerdos, debo ver tus recuerdos, sino quieres desaparecer me dejaras hacerlo. Solo tú puedes permitirme el acceso…"-
Sin nada que perder Colín cabeceo. Cerró los ojos a la incómoda sensación que entre ellos se estableció. Imágenes sin aparente lógica fluyeron entre ambos, imágenes de un niño abandonado dejado a su suerte en un hediendo basurero para que tuviera la más desdichada de las muertes. Damian apretó con más fuerza la mano de Colín mientras usaba su propio cuerpo como contra peso. No lo soltaría, no soltaría su mano ya que de hacerlo la oscuridad lo devoraría y Wilkes desaparecería.
-"¿Lo recuerdas ahora? No puedes seguir huyendo ni puedes seguir negando lo que eres ni lo que fuiste. ¿Y tú pecado? fue haber nacido como un niño no deseado. Fuiste abandonado, arrojado a un basurero cuando no eras más que un niño pequeño. Un inocente recién nacido que gritaba por primera vez la existencia de su vida. Pero ellos no te querían. Se deshicieron de ti, tus verdaderos padres te abandonaron como basura, como un animal al cual se le priva de techo y comida, y te dejaron, te botaron esperando a que murieras de hambre consumido en la más pútrida inmundicia."-
-"… detente por favor…"-
-"Estuviste en un orfanato la mayor parte de tu vida esperando, estuviste solo y asustado esperando por que alguien se apiadara de ti y te salvara, para que te adoptara, para que te llevara lejos demostrándote que a alguien le importabas; pero no era sencillo ¿Verdad? No era tan sencillo ya que todos pensaban que había algo mal contigo. Algo en ti los alejaba, algo en ti los ahuyentaba aunque quizá… ni siquiera era nada. Pero siempre tenías miedo. Temías a la oscuridad, y a la soledad; la soledad te hizo temeroso y nadie quiere un niño temeroso que se asusta con las más pequeñas sombras. Y Fue difícil ¿No? Para los adultos fue difícil, para tus cuidadores fue difícil, para los que convivían contigo fue difícil, e incluso, para ti mismo fue difícil porque nadie… nadie realmente te quería cerca, nadie te hablaba, nadie te miraba, nadie se acercaba a ti y al final, todo aquel que lo intentaba se hartaba y te regresaba…. ¿Recuerdas eso Wilkes?, ¿Recuerdas cuando llorabas porque nadie te amaba?, ¿Porque nadie te apreciaba?, ¿Porque no había nadie a quien realmente le importaras?"-
-"Para."- La voz del niño se quebró. -"Por favor Damian… para."-
Por favor…
-"¿Por qué no me lo cuentas Colín? Cuéntame por qué nadie te quiso… cuéntamelo, quiero oírlo, quiero oírlo salir de tu propia boca."-
-"¡Basta!"-
-"¡Recuérdalo Wilkes! No puedes seguir huyendo, recuérdalo y dime ¿Qué fue lo que hizo ese sujeto? ¿Por qué lo odias…? ¡Dime porque lo odias!"- Y Damian sintió la presión en su mano y el dolor en su rodilla que bajó con electricidad de su pierna hasta su tobillo. -"Recuérdalo…"- Mostró los dientes aguantando el dolor de la incómoda posición. -"Debes recordar… ¡Recuerda y dime que fue lo que paso…!"-
-"No…"-
-"Cuéntamelo…. cuéntame todo. ¡Hubo una familia que te quería! Ellos te querían, querían hacerse cargo de ti, querían adoptarte, ellos querían ayudarte, darte una mejor vida pero no llegaron a hacerlo, ¡Dime que paso con ellos! ¿Que los detuvo de hacerlo?—"-
-"¡Fue ese hombre! Toda la culpa fue de ese horrible hombre"- Y al momento un viento negro se avivó entre ellos. Damian trago saliva sintiendo un invisible peso que jalo hacia abajo su cuerpo. Trato de sujetarse, trato de ocupar su peso como palanca esforzándose en tomar la mano del pelirrojo que abría los ojos grandemente para mirarlo aterrado. Y Damian no podría olvidar esa mirada.
Que en silencio le suplicaba
-"No me sueltes por favor."-
-"Cuéntame lo que paso…"- Resistió Damian el maloliente olor.
Cuéntame Colín… dime que fue lo que paso.
Entre el viento que azotaba sus cabellos y el hecho de que ambos estaban cayendo a un agujero negro finalmente Colín hablo. -"Tienes razón."- Comenzó. -"Siempre hubo algo, algo que era malo, algo que se apoderaba de mí y me hacía sentir… temeroso de prácticamente todo…"- Con tristeza Colín sonrió. -"Yo no les agradaba, a los otros niños del orfanato yo no les agradaba. Ellos me trataban mal, ellos me trataban muy mal porque decían que era diferente. Y se burlaban. Se reían de mí en mí cara, me tiraban cosas encima y me humillaban… pero a nadie le importaba; era como si yo no existiera, como si fuera invisible, como si no vivieran; como si no estuviera ahí compartiendo el mismo espacio que ellos, y por eso ellos… actuaban y pretendía hacer como si no me vieran… ¡Como si nunca me vieran!"-
-"Nadie te quería cerca…"-
-"Decían que solo daba problemas, decían que yo les daba problemas, ¡Pero eso no era verdad! ¡Yo intentaba ser bueno! De veras que intentaba ser bueno… pero tenía miedo. Tenía mucho miedo. Temía a la soledad y a la oscuridad, temía a ser abandonado y a ser olvidado, temía a las personas y a los extraños, y había ciertos animales a los que simplemente me aterraba verlos…"-
-"Y nadie quería a un niño como tú, así de problemático."- Colín asintió. -"Pero hubo alguien ¿No es así Colín? Alguien se interesó por ti…"-
-"Hubo alguien."- Respondió Colín apretando la mano de Damian. -"…. Hubo alguien a quien eso no le importó. Hubo alguien que así me acepto. Era una familia, ellos querían un hijo por que no habían logrado engendrar uno por ellos mismos, y deseaban adoptarme; me llevaron a su casa y por un tiempo viví con ellos. Y todo era perfecto. Yo era feliz, yo era tan feliz; pero las sombras de mi pasado persistieron, y creyeron que lo mejor sería contactar con un experto; Jonathan Crane se volvió mi terapeuta y todos creían que habían tomado la decisión correcta; todo pensaron que él me ayudaría, todos creían que él me escucharía, y yo también lo creí porque se suponía que para eso lo habían contactado; él debía escucharme cuando tuviese miedo, cuando me sintiera solo o perdido por la sombras de mi pasado… y le conté todo, le confié mis miedos, mis ilusiones y mis secretos, y él siempre fue amable, pero su técnica era desagradable. Él creía que para combatir el miedo las personas debían estar expuestas a ellos, pero eso no funciona, no funciona con todos y por supuesto, no funcionó conmigo; y lo único que provoco fue que entrara en depresión, que me culpara a mí mismo por no ser normal, por no poder convivir con los otros niños de mi edad…. por ser diferente, por molestar a aquellos que solo querían ayudar…"-
-"¡Continua…!"- Ordenó Damian perdiendo el balance.
-"¡Yo sabía que ellos me adoptarían! Su casa había sido por meses mi hogar de acogida y por eso yo lo sabía… yo sabía… que ellos deseaban convertirse en mis tutores permanentes, ¡Por fin los tendría! Mi sueño se cumpliría, yo tendría unos padres que me protegerían… pero tan solo tres días antes de que se firmaran los papeles él fue a mi casa, quería probar algo nuevo, una nueva terapia, creía que funcionaría, que curaría mis miedos y mis padres no dudaron de sus intenciones, ¿Por qué abrían de hacerlo si desde hace meses Crane había estado conmigo? Me dejaron ir, ellos confiaron en él… y yo también; fuimos a un lugar aislado y yo sabía que algo estaba pasando… entramos a un terreno solitario y él siguió avanzado con su auto. Y no se detuvo. Le pedí que parara pero él nunca se detuvo, le pedí que parara porque estaba asustado pero él nunca se detuvo…"- Colín paró un momento para encontrar su voz que a ratos se le iba por el dolor y la impresión.
-"Cuando aparcó me sacó del auto y sin soltar nunca mi brazo me llevo caminando, caminamos profundo, muy profundo por lo que creí era un bosque hasta que llegamos a la entrada de una cuerva, a una oscura y maloliente cueva, y él quería que yo entrara en ella; pero me negué… me negué porque estaba asustado Damian, estaba tan asustado, totalmente aterrado. Le pedí que me dejara, le suplique que parara. Le lloré. Tenía tanto miedo que lloré. Pero no se detuvo, solo… me vio y sonrió. Sonrió porque así era Crane, sonrió porque sabía que tenía fobia aciertos animales incluyendo a los murciélagos, y cuando los escuche dentro me paralice; y forcejeamos, recuerdo que forcejeamos ¡No quería entrar! Estaba asustado, tan asustado, y me zafé de su mano; lo empuje, recuerdo que lo empuje… y tropecé. Yo… tropecé, y caí… caí profundo, muy, muy profundo y…"- La boca de Colín se abrió un momento y luego se cerro cuando su labio inferior tembló.
-"Caí al fondo… ahora recuerdo, caí al fondo y todo se volvió lento muy lento; y me rompí el cuello."- Una lágrima por su mejilla rodó. -"Y vi a Crane en la cima, vi su silueta y escuche su grito, él dijo mi nombre ¡Grito mi nombre! Pero no me ayudo, se asomó al interior de la cueva pero no me ayudó. Y lo vi alejarse, vi su silueta alejarse del borde de la cueva; y la luz brilló sobre mi cabeza. Entonces yo solo… vi la claridad del cielo como si fuera la primera vez que la veía, era tan azul y tan brillante, vi entonces el día transformarse en noche y la noche convertirse en día, y en algún momento sentí la lluvia caer sobre mi cuerpo, era tan fría… tan fría como la nieve que caería después cubriéndome por completo…"- Otra lagrima por su mejilla se deslizó. -"Pero él nunca volvió, nunca lo hizo, ¡Él nunca lo hizo!"- Gritó. -"¡Estuve ahí tanto tiempo! Estuve esperando… ¡SOLO! Solo durante tanto tiempo ¡Y ÉL NUNCA VOLVIÓ! Así que deje de contar los días y deje de contar las noches, deje de contar los días de lluvia y los días en los que no había luna…. y entonces… los días se transformaron en semanas y las semanas en años… y yo… deje de pensar, deje de sentir, dejó de importarme todo y hasta olvide de dónde venía, olvide todo, ¡Yo olvide todo! ¡Olvide todo porque era tan doloroso! Yo estaba ahí y estaba solo, pero nadie nunca llego por mí, y empecé a olvidar las cosas, olvide como era mi vida y el rostro de aquellos que me habían dado dicha, yo los olvide Damian; los olvide… a los que serían mis padres yo… los olvide. Y fue su culpa, Crane… lo tomó todo de mí…"- Gruño enojado. -"Él tomo lo que me pertenecía, ¡Tomo mi vida Damian! La tomó de mí... ¡Él me robo la oportunidad de vivir! Y lo pagara, lo pagará, lo pagara"-
Lo haré sufrir…
El fuerte tirón hizo gruñir a Damian y Colín enterró las uñas en sus muñecas.
-"Sujétate Wilkes."- Colín negó.
-"Él nunca volvió…"-
Me abandono.
-"Es porque después él se suicidó. Jonathan Crane se suicidó por la noche el mismo día que desapareciste."-
-"Lo sabias…"- Acuso Colín con acritud, con los dientes apretados y las cejas torcidas. -"¡Tú lo sabías!"-
-"Te equivocas, tus padres denunciaron tu ausencia, fuiste noticia y pude hallar la nota esta mañana en un diario de hace unos años, Jonathan Crane fue sospechoso por tu desaparición. Pero ese mismo día él se suicidó."-
-"¿¡Y quién va a pagar entonces!?… ¿¡Quién va a devolverme mi vida!?"-
Mis sueños e ilusiones.
Apenas terminó de decirlo, Colín sintió como sus piernas se hundían en el abismo, se daba cuenta ahora, que todo este tiempo Damian había intentado salvarlo pero ahora…
Ya no tenía caso.
-"El odio que sientes te ha hecho esto. Tu odio te está consumiendo, ¿Puedes olerlo? Este es el olor de los malos sentimientos"-
-"Yo…"-
-"Pero aún puedes páralo, aún puedes detener esto, puedes salvarte Colín… solo debes perdonarlo"-
Y las palabras cayeron tan pesadas. -"¿Cómo?"- Y un frió se estableció en su espalda.
-"Al hombre que te hizo daño, debes perdonarlo Colín, a él, y a todos los que alguna vez te han menospreciado…"-
-"¡No!"-
-"¡Debes hacerlo!"-
-"¡No QUIERO!"-
Y ambos niños maldijeron. Damian al dolor de sus muñecas y su pierna derecha, y Colín el sentir la presión de ser arrastrado por sus propios pecados. Por ellos él sería condenado.
-"Sino lo haces… ambos seremos arrastrados…"-
-"¡No puedo!"-
-"Lo harás."-
-"¡No puedo hacerlo!"- Otro tirón hacia abajo y Wilkes chillo asustado.
-"No me sueltes por favor Damian ¡No me sueltes!"-
Damian negó. -"No tienes más opción…"-
Y la expresión de Colín se torció en desesperación. -"No hagas esto… ¡Por favor no me hagas hacer esto!"- Lloró y sorbió la mucosidad que en su nariz se apelmazaba. -"… No me hagas hacer eso"-
Por favor…
Otra lágrima cayó.
-"Si quieres otra oportunidad deberás entender lo que significa perdonar, y deberás hacerlo Wilkes, deberás personarlos, a todos, a todos ellos que te han lastimado, a todos ellos que te han defraudado; a tus padres por abandonarte, a los niños que se burlaron de ti, a quienes te menospreciaron, a quienes te humillaron… a todos ellos Wilkes… deberás perdonarlos, y por sobre todo… a Jonathan Crane, deberás perdonar a ese hombre por arrebatarte todo lo que tenías y quitarte la oportunidad de vivir tu vida."-
-"¡NO!"- Su cuerpo se hundió. -"No puedo hacer eso… de verdad que no puedo Damian, no quiero…"-
No quiero.
No me obligues a hacerlo.
Damian entrecerró los ojos sabiendo que no había salvación, le dolió verlo así, gritando dolido como un animal, llorando y suplicando sin temor ni vergüenza al qué dirán. Aflojando su agarre Colín lo miro al instante.
-"¿Damian?"-
-"No hay nada más que hacer Colín, puedo soltarte en este momento y las sombras te llevaran, te arrastraran, y si quieres salvarte ya sabes lo que debes hacer, deberás perdonar a todos los que alguna vez te hicieron daño, deberás deshacerte del odio que te ha consumido y por el cual te habías perdido… "- Su agarre se aflojo un poco más ocasionando que el niño aferrara sus dos manos a las de él. Y Damian lo vio, vio su dolor, lo vio en sus claros ojos que brillaban al estar llenos de lágrimas.
-"Te arrastraran a la nada… y tu alma será condenada."-
Colín apretó los labios y bajo la cabeza avergonzado. Llorando. Llorando gruesas lágrimas llenas de ira, dolor y frustración; y su labio tembló; su respiración se aceleró. -"Yo… no puedo…"- Sollozó. -"Él… yo… no puedo hacer eso…"- Se lamentó.
-"¡Hazlo!"-
-"Yo no…"- Otro tirón hacia bajo hizo que el agarre de Damian se aflojara más. -"¡Maldición Wilkes! ¿Qué estás esperando? No podré sostenerte por mucho más tiempo… por eso debes hacerlo, hazlo o juro que―."-
-"Los perdono…"- Dijo el pelirrojo con muy suave voz.
-"¡Mas fuerte!"-
-"Yo los perdono…"-
-"¡Te dije que más fuerte!"-
-"¡LOS PERDONO…!"- Clamó el niño con fuerza en su voz, gritó como Damian no lo había escuchado antes mientras su cuerpo se hundía hasta solo quedar su mano y su cabeza que sobresalía. -"¡Los perdono Damian! Los perdono…"- Damian hizo una mueca debido a que no aguantaría más; su muñeca le dolía, su tobillo le dolía y sentía como si todo a su alrededor fuera estallar.
-"¡Los perdono…! A todos, a todos ellos que me han humillado, a todos ellos que me han defraudado, a los que me han abandonado, a mis padres… a Crane por hacerme daño…. ¡Por haberme asesinado!…"- Y Damian espero, aguanto apenas soportando el peso del niño que se estaba purgando de sus pecados.
-"Yo solo quería ser feliz…"- Agregó Colín con voz tranquila. -"Yo solo quería una vida, ¡Solo quería tener una familia! Quería unos padres amorosos que me leyeran cuentos por las noches, quería ir a la escuela y tener amigos para ir a sus fiestas, quería celebrar mi cumpleaños con una enorme tarta que dijera en grandes letras mi nombre; y Damian, yo… solo quería vivir… ¡Yo no quería morir!… pero ahora lo entiendo, entiendo lo que he hecho y por eso los perdono… ¡Yo los perdono!"- Y sus gritos se transformaron en llanto. En llanto amargo. -"Los perdono a todos pero por sobre todo, me perdono a mí mismo por provocar… que todo esto llegara a pasar…."-
La presión entre ellos disminuyo haciendo que para Damian fuera más fácil sostenerlo, ya no había nada que tirara a Wilkes hacia el vacío, ya no había nada que tirara de este niño hacia el negro abismo. Hizo un último esfuerzo tomando firmemente la blanca mano, y jalando fuertemente planto los pies bien fijos sobre la madera jalando el otro cuerpo con dureza.
Y daba resultado.
La presión y el aire se disiparon, y aquel vacío que enviaría a Wilkes al más negro abismo de poco a poco comenzaba a cerrarse. Con un último esfuerzo dio un fuerte tirón hacía arriba liberando al niño de su prisión de porquería, la fuerza hizo que Damian callera hacia atrás y sobre él, el niño que no hasta ahora no paraba de llorar.
Damian lo sintió sobre él, lo sintió aferrase a sus brazos y a sus ropas sollozando fuertemente sin querer soltarse de él, y Colín lloró, el niño lloró rasgando su garganta en dos, dejando salir toda la angustia y el dolor de haber perdido todo por lo que años luchó; y Damian lo escuchó, lo sostuvo sin importarle que el niño lo mojara o ensuciara, se quedó ahí quieto sin decir palabra, sin decirle nada, solo escuchando y deseando que de alguna forma… no hubiera terminado así, de esta forma.
El pelinegro miró como de a poco el abismo negro se cerraba, despacio, muy despacio. Miró entonces como una luz sobre ellos se acercaba, era ese túnel de luz que todos creían ver al morir, pero él sabía la verdad tras esa mentira, que aquello llamado cielo no existía, que aquello llamado infierno no existía; el paraíso no existía, el infierno no existía, o por lo menos no en la forma que todo mundo creía, ya que en realidad, el infierno era un vacío adonde tu alma iba a perderse para no reencarnar jamás, Madre le llamaba la nada, un espacio oscuro del cual no había retorno. Y el cielo, Madre no le llamaba con algún nombre especial, ella solo decía que era un rio, un gran rio que no tenía agua, sino almas, y todos aquellos que habían cumplido con su última voluntad podían ascender para reencarnar o bien, para hallar la eterna paz…
-"Debes irte ya."-Se aventuró el pelinegro a romper el silencio. -"Es momento de que te vayas, ya no tienes nada más que hacer en este lugar."-
Colín asintió sin entender mientras la cálida luz dorada se acercaba a él. Damian lo observó, lo observó una última vez, los ojos claros llenos de lágrimas, la cara sucia por haber llorado, pero ya no había rencor, por primera vez la expresión de Wilkes no era una embrujada, sino serena, cargada con el entendimiento de haber hecho lo correcto.
Dándole un fuerte abrazo Colín desapareció.
Sin decir nada y sin decirle palabra dejo que la luz dorada lo atrapara.
Y era lo mejor. Él perfecto final para esta hórrida situación.
Damian suspiro cuando la luz desapareció. Ahora finalmente Colín podría descansar y hallar la paz. Se lo merecía, de alguna forma Colín merecía por una vez tener un final feliz en su vida.
Sintiéndose totalmente drenado cerró los ojos y acomodó su cuerpo en el suelo. Sabía que no podía dormir aquí, no en el suelo por lo menos, pero al mismo tiempo, no se sentía con la fuerza necesaria como para levantarse y volver a casa. Su cuerpo entero dolía, su mano latía, su tobillo latía, la cabeza le dolía, y así mismo se dijo que sería un momento, tan solo un momento, descansaría por un breve momento y luego…
Podría enfrentarse nuevamente a todo lo que se le pusiera en frente, y eso también incluía a su Padre, del cual, justo ahora, ya ni recordaba que debía avisarle si consideraba que podría llegar tarde a casa.
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Continúa en el capítulo 04. Epilogo.
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Notas finales: Cuando estaba… ordenando mis ideas para escribir esta historia quise que aquello que hiciera recordar a Colín fuera algo tan insignificante como ver su propia imagen, pero no fue solo eso, no fue solo el hecho de verse así mismo en una fotografía; fue el lugar, el saber que un día él como tantos otros niños había desapareció sin que nadie supiera nada, fue el saber que nadie lo buscó, que nunca fue hallado, qué olvidó; fue el descubrir que su imagen estaba ahí, sola entre tantas otras, con los colores que una vez debieron haber sido fuertes y vivos estaban ahora opacos, como comidos por el sol y el paso de los años. Fue reconocerse así mismo. Ver su fotografía y recordar el momento justo en que ésta había sido tomada.
Ese fue el detonante, el darse cuenta que nada había sido real, que todo había sido como estar viviendo en un sueño; y sobre todo, fue recordar que en realidad, todo ese tiempo él había estado muerto.
Finalmente, gracias a todos los que se toman la molestia de leer esta historia.
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