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CAPÍTULO 2:
"Ven a Bailar Conmigo porque Ahora Somos Libres para Amar"
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- ¡Tía Cedes! – La Princesa Marley dijo, corriendo hacia la noble mujer con el espectacular vestido, quien por supuesto sonrió con indulgencia y se inclinó para recoger a la niña.
- ¿Cómo está mi pequeña Boo? ¿Qué ha pasado desde la última vez que la vi? – Preguntó, haciendo cosquillas a Marley debajo de la barbilla.
La niña de siete años de edad se rió. – Rory está enamoradoooo de Lady Sugar. – Compartió con complicidad. – Quiere conquistarla como papi y papá lo hicieron. Siempre está cantando acerca de su belleza y la recolección de flores. El abuelito dice que es demasiado joven, pero papá dice que el mejor amor es el amor joven.
- Oh, sabes que me encanta una buena historia de amor. – Dijo Mercedes. – ¿Por qué no me cuentas un poco más mientras que Samuel lleva mis cosas a mi habitación? ¿De acuerdo? Entonces podemos ir a tener una competencia de canto con tus hermanos y padres. Necesito hablar con ese papá tuyo de todos modos.
- Claro, tía Cedes. – Respondió Marley sonriendo. A ella le encantaba cada vez que su tía iba al castillo, especialmente cuando Samuel estaba alrededor. La tía Cedes siempre sonreía más cuando éste la ayudaba.
Tal vez su tía podría casarse con Samuel, ¿cierto? Después de la muerte de su esposo hace unos años, siempre había estado un poco triste. Quizás él la haría feliz de nuevo.
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- 'lías, ¡regrésame mi muñeca Artie! – Marley declaró, tratando de alcanzar la pequeña muñeca remendada con los lentes cosidos. Elías se rió (aunque no sin amabilidad) y colgaba la muñeca sobre la cabeza de su hermana.
- Elías, por favor, dale a tu hermana su muñeca. – Su papá Blaine pidió desde su lugar de lectura por la estantería en la esquina de la sala de juegos. A pesar de que Jeffrey, el niñero eternamente jovial, siempre observaba a los niños durante el día, él siempre aparecía durante al menos una hora cada mañana y cada tarde. Ni Marley ni sus hermanos podían entender por qué, pero sabían que eso hacía a su papá sonreír, por lo que nunca protestaron. – Y recuerda Marley decir siempre por favor.
- Por favor, 'lías, dame la muñeca. – La niña repitió, esta vez con la "palabra mágica". El chico se la entregó con una sonrisa.
- Papá, yo sólo estaba jugando con ella. – Protestó.
Las puertas se abrieron y Rory entró con una expresión enferma de amor en su cara. Su diadema de Príncipe de la corona con una ligera inclinación y las mejillas rojas como cerezas. Jeffrey se rió antes de agacharse para recoger un par de muñecos de trapo que a Marley se le habían caído, mientras que Elías se reía. La niña preguntó: – Rory, ¿qué haces?
En lugar de responderle, el chico bailó alrededor de su progenitor y comenzó a danzar el vals. – Oh, ¿no es la vida bella, papá? – Le preguntó, y luego continuó canturreando mientras se movía alrededor de la habitación. Incluso ahora su hermana se reía mientras observaba, normalmente al más tranquilo y sensato de sus hermanos, actuar como un tonto.
- ¿Alguien ha tenido suerte, Maestro Rory? – Jeffrey preguntó alegremente, y Blaine envió una mirada en su dirección. Él y Jeff habían sido buenos amigos desde la infancia, y todo el mundo sabía que el de rizos nunca tendría el corazón para amenazarlo realmente o usar su posición en el castillo en contra de éste.
- Si por suerte quieres decir que he conseguido mi primer beso de la hermosa y celestial Lady Sugar, entonces sí, la tengo. – Rory admitió, y Marley chilló.
- ¡Tenemos que decirle a la tía Cedes! – La pequeña le rogó a Jeffrey, y él le sonrió.
- Vas a tener que preguntarle a tu papá. – Dijo, pero la levantó y le hizo cosquillas al igual que su tía había hecho antes.
Blaine sonrió al ver a su más antiguo amigo y a su hija más pequeña reír juntos. Tanto éste como Mercedes conocían la debilidad de su pequeña.
- ¿Decirle a Lady Mercedes qué cosa, Marley? – Preguntó. Ese era uno de los hábitos que había dejado de lado de sus años como sirviente cuando visitaba a los nobles, ya no decía "señor" o "dama" ya que su posición lo ponía por encima de todos ellos, pero todavía añadía el título correspondiente, sin importar qué tan bajo fuera. Hasta Rachel, la prometida que Finn estaba trayendo de sus viajes de la provincia de Lady Quinn, era una mujer de la nobleza menor, y se dirigía a ella como tal.
- Sobre la historia de amor de Rory, por supuesto. – Exclamó Marley.
Blaine sonrió. – Por supuesto, cariño.
Mientras que habían estado teniendo esta conversación, Elías se escabulló hacia su hermano y lo pellizcó. – Por lo tanto, – bromeó, – ¿estás enamorado? Rory y Sugar sentados en un árbol, besándose, primero viene el amor…
- ¡Basta, Elías! – Protestó Rory entre dientes, golpeando juguetonamente a su gemelo en el brazo. – El hecho de que no hayas conocido a la persona indicada no significa que puedas burlarte de Lady Sugar.
- Oh, ¿defiendes el honor de tu dama? – El joven continuó con una sonrisa.
- Si continúas actuando así, luego vas a terminar como Jeff, – dijo su papá y se giró para encontrarlo de pie guardando su libro, – solo y trabajando con niños durante todo el día.
Cuando Jeff escupió y jadeó indignado en el fondo, Elías le sonrió. – ¡Suena muy bien, papá!
