LATIDOS SEPULTADOS

Capitulo 2: Pensamientos difusos

Por Okashira Janet

Gaara abrió los ojos a las cuatro de la mañana sabiendo que no podría volver a dormir, afuera caía una tormenta que estremecía los techos. Ver llover para él era realmente extraño, en Suna no llovía casi nunca, vivir en un lugar tan seco como ése quizás tuviera algo que ver con la misma aridez de sus habitantes.

Lentamente se puso de pie con el morral lleno de arena colgando del hombro, sus ojos aguamarina se posaron en el espejo que le devolvió la imagen de un muchacho con el rojo cabello desorganizado, piel muy blanca y vistiendo una yukata que le caía por debajo de las rodillas. Era decididamente extraño verse a sí mismo de esa manera.

No tenía nada que hacer así que caminó por el pasillo y terminó sentándose con los pies colgando, el cielo negro era surcado por chispazos de colores, el viento hacía crujir los paneles de papel.

¿Cómo estarían sus hermanos?, imaginaba que Temari estaba buscando una solución diplomática aunque tuviera que hacer uso de toda su brutalidad y Kankuro seguramente la apoyaba y fulminaba a muerte con una mirada a quien se metiera en su camino. Le vino a la mente un último recuerdo de las chicas que lo seguían chillando a todos lados, el único rostro claro para él era el de Matsuri, sus cabellos castaños y su sonrisa boba cuando gritaba:

—¡Gaara-sama! —¿Lo extrañaría?, era tonto pensar cosas como esas, pero sentía que necesitaba saber que era importante para alguien, de cualquier manera aún no era bueno descifrando sentimientos que vinieran de un plano más romántico, de hecho no era bueno en lo absoluto.

Kankuro casi siempre era quien le avisaba que alguna chica lo estaba viendo más de la cuenta y Temari era quien había limado poco a poco y con mucha paciencia su carácter antisocial y arisco. De cualquier manera la gente de la Arena no se caracterizaba por ser una pera en dulce, Gaara suponía que estaba bien no ser tan expresivo, después de todo era propio de la región en la que había nacido.

Un rayo cayó peligrosamente cerca y como en un sueño recordó a Sasuke Uchiha lanzando ataques eléctricos con su espada. Sasuke, a pesar de todo, había logrado volver a un hogar, había tenido amigos que habían creído en él y que habían pasado por encima de todo para llevarlo de vuelta, ¿habría alguien en su aldea que sintiera una amistad tan grande por él?

Cerrando los ojos recordó a su pueblo hacía ya un par de años, cuando había sido revivido luego de morir a manos de Akatsuki, en ese momento su pueblo había ovacionado su vida, mucha gente había llorado y su nombre había sido repetido como un himno de alegría y esperanza. ¿Dónde estaba ahora ese hombre?, ¿dónde el dirigente que había logrado tocar el corazón de su gente?

La tormenta creció en intensidad, el viento aulló, ¡que fuerte era el viento!, siempre elegante, siempre cambiante, tan intenso. El viento siempre le recordaba a Temari, su hermana era ruda, valiente y decidida, pero cuando quería podía ser chispeante, divertida y agradable, el viento también era así, maleable, libre.

—¿Eres libre Sabaku No Gaara? —Se preguntó a si mismo para después cerrar los ojos y tomar aire con fuerza, el agua alcanzaba a mojarle los pies desnudos, ahí el clima era fresco, pero no podía compararse en ningún modo con el ambiente helado del desierto por la noche.

Con los ojos cerrados se recreó en la imagen del desierto por la noche, la luna bañando las dunas de arena, casi reflejándose en el suelo, la oscuridad de la noche, la quietud de un mundo que dormía y el viento helado enredando sus cabellos color fuego. Suna tenía una belleza tranquila, una belleza que no cualquiera podría ver, ¡era tan diferente a Konoha!, Konoha bailaba en vida y verdor, era alegría con sus calles coloridas y su gente sonriente, era brillo con sus riachuelos y sus bosques.

Lentamente volvió a abrir los ojos, recordó cuando siendo niño se abrazaba de su oso llorando en la soledad, justo en esos instantes se sentía tan solo como cuando era niño, tan solo como cuando todos le daban la espalda, pero quizás ahora la soledad era peor, sí, sí lo era, porque después de haber conocido un mundo donde tenía amigos se veía repentinamente obligado a esconderse, a huir, a caer de su puesto.

Cuando era niño había llorado un par de veces en la soledad de su habitación, pero ahora no podía hacerlo, era un hombre y no cualquiera, era el dirigente de una nación, era Gaara del desierto, el hombre que se había equivocado al guiar a su aldea, lo había hecho de la misma manera en que había errado su padre.

De todas maneras, ¿a que desequilibrado se le había ocurrido ponerlo en el poder?, ¿quién le otorgaba el nombre de Kage al jinchuriki del Shukaku?, cierto, aquella bestia se había ido de su interior, pero un jinchuriki siempre sería un jinchuriki, había algo en el corazón que inevitablemente seguía doliendo.

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Hinata se había levantado a las seis de la mañana, no porque quisiera sino porque la tormenta azotaba de tal manera la ventana que no pudo conciliar por más tiempo el sueño y de cualquier manera no era como si tener al kazekage escondido en las salas de meditación fuera como para andar por ahí de rositas.

Viendo que no volvería a dormirse decidió levantarse y darse una ducha, normalmente disfrutaba mucho la sensación del agua corriendo por su piel y el shampoo en el cabello, pero esta vez se encontraba tan distraída que hizo todo mecánicamente. Se colocó el kimono ceremonial y sujetó su cabello con dos pinzas a los lados, debía pedir una audiencia con su padre, ¿se molestaría o la aprobaría?, de cualquier manera a esas alturas no había gran cosa que su padre pudiera hacer más que apoyarlos.

Estaba segura de que Neji ya estaría en el comedor o en el recibidor esperando por ella, así era Neji después de todo, no hablaba demasiado pero no la dejaba sola, acciones más que palabras, así era su primo.

Ya en su habitación retorció un poco las manos y tomó aire con fuerza, desde la guerra que su padre era un poco más comprensivo con ella, pero sinceramente lo que había hecho podía traerle un sincope a cualquiera.

"Padre, el kazekage esta escondido en mi sala de meditación", no, había formas más civilizadas de provocarle un infarto.

"Padre, dadas nuestras relaciones con Suna y la importancia de nuestro clan me vi en la necesidad, ya que el kazekage estaba en un apuro, de…", no, ahora parecía como que se había visto forzada a darle hospitalidad.

"Padre, entenderá que…"

—Hinata-sama. —La voz de Neji se escuchó del otro lado de la puerta y la chica no pudo evitar un pequeño sobresalto.

—Voy Neji-niisan. —Sin perder más tiempo abrió la puerta, Neji estaba ahí, el traje ceremonial del clan le quedaba como anillo al dedo, o quizás era que a la gente guapa todo le quedaba, distraídamente pensó que su primo si que había sido agraciado por los dioses.

—¿Esta lista?

—No. —Hinata tomó aire con fuerza—. Pero vamos. —Apenas pasaban de las ocho de la mañana pero ninguno de los dos podían esperar por más tiempo, pidieron la audiencia y luego esperaron arrodillados en la pose clásica de espera en la sala de ceremonias.

Por varios minutos Hinata se entretuvo alisando el kimono que caía a los lados de sus rodillas, aquella habitación la ponía nerviosa, había sido ahí dónde se había decidido que matarían al tío de Neji, ahí dónde se le había hecho a un lado como heredera, ahí dónde se decidió que no importaba para la familia.

De reojo volteó a ver a Neji, como siempre su primo destilaba autocontrol y confianza, ¿cómo podía hacer cosas como aquella?, antes de la guerra Neji había sido un jounnin de elite, pero ahora era como si las penurias pasadas lo hubieran engrandecido, era valiente, fuerte y aún humano, aún suave cuando tenía que serlo, Neji era como el junken una suavidad que podía matar, un movimiento fluido, una danza hermosa y letal. ¿Qué era ella en comparación?

—Neji, Hinata. —El patriarca hizo su entrada luciendo tan serio como siempre, aunque algo de extrañeza contorneaba sus pupilas.

—Hiashi-sama.

—Ottou-san. —Ambos muchachos se inclinaron al tiempo en una perfecta reverencia, los brazos bien estirados al frente.

—¿Qué sucede? —Directo al grano, como siempre.

—Ottou-san… —Hinata tomó aire, Neji la miró de reojo, como listo para ayudarla en el momento en que titubeara—. Ayer le di alojamiento a alguien en nombre de la familia Hyuuga.

—¿Alguien? —Su padre repitió arqueando las cejas, no parecía haber sorpresa en su voz, pero Hinata supo que estaba intrigado, no solía ser muy comunicativo con sus expresiones, que alzara las cejas era una muestra clara de que aquello no había estado en sus planes.

—E-es… —Se regañó a si misma mentalmente por tartamudear—. Es… es Gaara-sama.

—¿El Kazekage? —Hinata asintió lentamente e inconscientemente escondió un poco la cabeza entre los hombros.

—El Kazekage se encontraba en una situación precaria, lo hemos recibido en nuestro honorable clan en calidad de invitado, pero en realidad justo ahora su paradero es…

—Desconocido. —Hiashi interrumpió a Neji que había salido en ayuda de su prima—. Se han mandado reportes a todas las aldeas, Suna esta en crisis.

—El Kazekage… —Hinata intentó decir algo, pero no se le ocurrió qué.

—El Kazekage que se ha reportado desaparecido en realidad se encuentra en nuestros terrenos, ¿puedo saber por qué aún no se ha dado la alarma de un chakra ajeno?

—Él-él esta en mi sala de meditación. —Hinata tartamudeó enrojeciendo tenuemente.

—Una idea inteligente. —Hiashi se puso de pie—. Si lo encontraron en el camino era inevitable que le ofrecieran ayuda como innegable aliado del Hokage.

—¿E-entonces? —Aún desde el suelo Hinata giró la mirada hacía su padre.

—Hago este asunto su responsabilidad por completo, tomen las medidas que crean necesarias. —El patriarca se alejó dándoles la espalda—. El clan Hyuuga se lava las manos de las decisiones que tomen por su propia voluntad. —Sin más el hombre salió cerrando la puerta tras de sí.

—Bueno, —Neji se levantó pesadamente estirando las piernas—, fue más de lo que esperaba.

—¿Tu crees? —Hinata se levantó mortificada.

—¿Nos dio carta blanca, no?

—E-es como si en realidad no se hubiera enterado de nada.

—Precisamente. —Neji sacudió imaginarias pelusas de su pantalón—. Ahora la responsabilidad es nuestra.

—Bu-bueno, supongo que… que esta bien. —Hinata soltó un suspiro y luego giró a ver a su primo—. Lamento que por mi culpa…

—Yo también quería ayudarlo. —Neji le restó importancia al asunto—. Por cierto, deberíamos llevarle algo de comer.

—¡Oh! —Hinata sintió que enrojecía—. Lo olvide por completo.

—Como llevamos puesta la ropa ceremonial podemos decir que iremos a meditar. —Neji caminó con las manos metidas dentro de las enormes mangas—. Aunque creo que resultara perjudicial que vayamos los dos siempre a ese lugar solos.

—Oh. —Hinata jugueteó con sus dedos, después de todo estaban en una edad volátil y ya varios miembros del clan habían murmurado uno que otro comentario mordaz a pesar de su parentesco.

"Relaciones entre primos no son tan extrañas después de todo", eso había dicho Neji, pero Hinata se había puesto blanca, ¿por qué le parecía que Neji no se escandalizaba todo lo que debería con ese asunto? (de hecho no se escandalizaba en lo absoluto), bueno, era Neji después de todo.

Como llevaba puesta la ropa ceremonial sólo llenó una canasta con pan, leche y frutas, Neji la cargó por todo el patio mientras ella sostenía una sombrilla por encima de sus cabezas, seguía lloviendo, bueno, después de todo era temporada de lluvia.

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Gaara estaba sentado aún en el pasillo cuando los vio venir, caminaban pegados uno al otro, él con el cabello suelto, ropa ceremonial que le daba un aire de príncipe antiguo y cargando una canasta que lo ladeaba ligeramente a la izquierda, ella con un kimono ceremonial que encendía de color su negro cabello con tintes azulinos, sostenía un paraguas sobre sus cabezas y a pesar de todas las precauciones parecía que la parte inferior de su ropa se estaba volviendo un desastre.

Los vio venir desde lejos, el rostro serio de él y la ligera animación en el rostro de ella mientras esperaba por sus respuestas. Podrían haber posado para una postal turística y no se habrían visto mejor, el clan Hyuuga irradiaba paz y tradición en cada movimiento e inconscientemente aquellos dos eran un reflejo de sus enseñanzas.

Gaara no pudo evitar seguir cada uno de sus pasos con la mirada, la manera grácil de moverse aún en el reducido espacio bajo el paraguas, su piel blanca y aquel aire delicado que los envolvía. Así que a eso se refería Naruto cuando le mencionaba en sus cartas que el clan Hyuuga era diferente.

"No puedo meterme con ellos", le había declarado desolado, "cada que lo intento acabo topándome con esa cordial defensa".

—Kazekage-sama. —Cuando estuvo lo suficientemente cerca la chica hizo una inclinación con la cabeza hacía él—. Buenos días. —Su voz seguía siendo débil y quizás un poco insegura, pero parecía que tomaba aplomo cuando estaba con aquel joven, Neji Hyuuga.

—Buenos días. —Gaara contestó el saludo con los ojos fríos e insensibles de siempre, pero no pareció que le afectara a ninguno de los dos.

—Ya hemos comunicado a Hiashi-sama que se encuentra aquí. —Neji le comunicó, pero al terminar de hablar sonrió de una manera un poco torcida, la chica enrojeció y le dio un ligero codazo a su primo.

—Neji-nii… —Se había puesto roja y él le sonrió en respuesta, Gaara los miró comprendiendo apenas que había una camaradería agradable entre ellos, a pesar de lo que recordaba haber visto en los exámenes para Chunnin aquellos dos habían logrado superar sus problemas.

—Le-le trajimos algo para que almorzara. —Hinata extendió tímidamente la canasta hacía él, parecía un poco intimidada, de cualquier manera Gaara sabía que causaba ese efecto en las personas. Asintió con la cabeza y tomó una pieza de pan, Neji sirvió tres vasos de leche y los tres desayunaron en silencio viendo la lluvia caer, sinceramente Gaara no sabía si era un silencio agradable o incomodo, tampoco podría definir si era un momento melancólico o si simplemente se agradecía el silencio y ya.

De reojo giró a ver a Neji que incluso comiendo parecía elegante y distante, sus ojos color plata estaban fijos en las nubes cargadas de tormenta, usualmente Gaara no era el tipo de persona que perdiera tiempo observando a las personas a su alrededor, pero no había mucho que pudiera hacer en aquel lugar y perderse en la introspección traía a la superficie monstruos dormidos.

Viendo que Neji no representaba gran entretenimiento giró a ver a Hinata de reojo, ella tenía migajas de pan junto a la boca y comía con la cabeza inclinada como si le diera vergüenza que la vieran, sus mejillas estaban demasiado sonrojadas para decir que era por el clima que sólo estaba fresco como mucho.

—¿Kazekage-sama? —Se sorprendió cuando ella giró cohibida hacía él, ¿por qué había alcanzado a sentir su mirada?, ella no tenía el Byakugan activado.

—No es nada. —Sin embargo le contestó con la propiedad de siempre.

—Uh… entiendo. —No pudo evitar volver a sorprenderse cuando ella aceptó esa respuesta que en realidad no aclaraba nada, estaba seguro de que Temari o Matsuri habrían seguido insistiendo hasta sacarle la verdad, quizás aquel comportamiento se debía a que no eran cercanos.

La chica volvió la vista al frente, su cuerpo un poco encogido sobre sí mismo. Gaara podía no comprender mucho acerca de la vida cotidiana, pero estaba seguro que aquella era una pose de defensa y de poca seguridad, ¿cómo podía una chica aparentemente hermosa mantener una pose como esa?, ciertamente no era muy ducho en asuntos de mujeres, pero podía reconocer la belleza, su hermana era una mujer guapa, aquella chica también lo era, sólo que de una manera diferente, ¿cómo decirlo?, si su hermana era viento aquella chica era el agua reflejada en un estanque, clara, limpia y delicada.

Sin venir a cuento volvió a pensar en Suna, en la manera en que la luna se reflejaba a veces en las dunas de arena, en la calma que le brindaba. Si había una mujer para él probablemente fuera Suna, la amaba entera, la amaba como quizás no lograría amar nunca a nadie.

—Debo irme. —Repentinamente Neji se puso de pie.

—¿A-a dónde? —La voz de ella sonaba angustiada, o quizás era que Gaara estaba acostumbrado a escuchar esa clase de tono en otras personas ante la posibilidad de quedarse a solas con él.

—Gai-sensei. —El muchacho sonó cansado—. Quiere que le ayude a Lee con algo de la séptima puerta según entendí.

—Oh. —Hinata juntó ambas manos en su regazo—. Di-dile… no se excedan… —Parecía preocupada, Neji por toda respuesta le acarició al descuido la cabeza y echó a andar hacía el patio.

—¡Neji-niisan, llévate el paraguas!

—Quédeselo usted. —El muchacho levantó una mano en medio de la lluvia que ya mojaba de mala manera su ropa—. Prefiero enfermarme yo.

—Neji-niisan… —El muchacho se alejó, por un momento Gaara y ella sólo existieron en la necesidad de ver su espalda alejarse, pero luego la voz del pelirrojo rompió el silencio.

—¿Se refería a Rock Lee?

—Sí, —Hinata giró lentamente hacía él—, Lee-san.

—¿Ya puede abrir la séptima puerta?

—Eso creo… —Hinata titubeó y luego, recordando lentamente, giró hacía él con los labios entreabiertos, ¡cierto!, había sido Lee la primer persona que lograba quebrar su defensa de arena absoluta, tiempo después Shino se lo había contado, la manera en que habían peleado, la decisión en los ojos de Lee y la oscuridad en la mirada de Gaara.

En aquel tiempo habían sido Gennin, apenas unos niños de doce años que no conocían gran cosa de la vida y que en el mejor de los casos jugaban a ser mayores, habían tenido buenas misiones aunque sin un gran peligro al que enfrentarse, pero aquel examen había sido como enfrentarse a la realidad, la verdadera oscuridad del mundo en ese entonces había estado personificada en Gaara del desierto.

—Fue un buen contrincante. —Gaara murmuró, pero Hinata se dio cuenta de que lo había dicho más para si mismo que para ella así que no acoto nada más. Recordaba aquella época, Lee y ella habían sido vecinos de habitación por un tiempo, las enfermeras decían que un par de chicas iban a ver al joven casi todos los días, en su caso Shino y Kiba se turnaban para verla. Lastima que sus amigos no fueran muy dados a llevar flores, a ella le gustaban las flores, pero nunca nadie le había llevado una cuando había estado hospitalizada (¡y mira que había estado en el hospital infinidad de veces!).

Una tenue melancolía pintó su mirada al recordar esos tiempos, amarga infancia que dolía cada vez que pensaba en ella y que sin embargo había sido el inicio de su camino ninja.

Gaara a su vez también se perdió en sus recuerdos, cuando era niño Rock Lee le había desequilibrado, de hecho casi la mitad de Konoha lo había hecho. Había sido esa chica sentada ahora a su lado peleando con su primo, la sangre saliendo de su boca y manchando el piso, había sido Rock Lee siendo protegido por su maestro, reconocido como un subordinado y amado por eso, había sido Sasuke con aquel rayo quebrando su barrera de arena, orillándolo, había sido esa chica Sakura enfrentándolo simplemente con un kunai, con sus ojos verdes ardiendo en amor, protegiendo hasta el final y había sido Naruto, el inicio y el fin.

¿Sería que la gente de Konoha era así?, ¿capaz de impactar el corazón de los demás?, quizás era el contacto con Naruto, había algo en él que cambiaba a la gente a su alrededor o quizás sólo era el espíritu de la Hoja, Naruto se lo había explicado poniéndose serio por una vez en la vida, había fuerza en sus palabras y su mirada mientras intentaba explicar el amor y la unidad de su pueblo.

Pensar en eso le hizo sentirse nuevamente débil, todos y cada uno de sus pensamientos lo llevaba inexorablemente a pensar en su propia tierra, en su propia gente, en su abandono, ¿era su decisión la correcta?

Cerró los ojos oyendo la lluvia caer, ¿por qué llovería tanto?, tenía los pies fríos por la humedad circundante, su cabello se mecía lentamente en el viento.

—Lo-lo olvidaba. —La voz de la joven lo sacó de sus pensamientos—. Su-su ropa. —Lentamente Hinata extendió la ropa que el día anterior se había empapado, incluso la capa estaba ahí.

—Gracias. —Gaara sujetó todo automáticamente, aquel vestuario le recordaba demasiado a lo que había sido antes, a sus obligaciones como Kage, a la dignidad de su puesto. Nuevamente hubo silencio entre ellos y esta vez Gaara se dio cuenta de que era incomodo, situaciones como aquella le habían sido harto comunes en sus primeros días post-Naruto en Suna, pero hacía ya bastante tiempo desde eso, sin darse cuenta había dejado que Temari y Kankuro hablaran por él durante las reuniones amistosas de tal manera que no sabía comportarse por si mismo.

—Y-yo… —Finalmente la chica se armó de algo de valor y se puso de pie, lucía nerviosa—. Lo dejare para… —En realidad no sabía para qué, sólo comprendía que aquello era incomodo para ambos. Por suerte Gaara asintió con la cabeza y ella fue libre de hacerle una pequeña reverencia, tomar el paraguas y retirarse.

—Le traeré la comida luego.

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Gaara volvió a abrir los ojos, esta vez a las tres de la mañana, había logrado dormir dos horas y media lo cual definitivamente debería preocuparlo, usualmente en Suna lograba dormir cuatro horas, si el día anterior había tenido una pelea o un entrenamiento fuerte incluso lograba descansar cinco horas. Y una vez (pensó con divertida melancolía) había logrado dormir cinco horas y media y sus hermanos casi habían organizado una fiesta.

Se había puesto la yukata para dormir pues una vez había escuchado a Naruto decir que en Konoha se dormía con ropa ligera.

"Yo duermo en boxers dattebayo" era una aproximación más exacta de lo que recordaba había dicho, de hecho Gaara solía tomar cada palabra de Naruto como un libro de leyes personal que debía aprender al revés y al derecho.

De cualquier manera estaba casi seguro de que no sería buena idea dormir en ropa interior en un lugar como lo era la mansión Hyuuga, de hecho no se imaginaba a ninguno de ellos durmiendo tan ligeros como Naruto lo había planteado. Como invitado solo podía ver y tratar de imitar tratando de causar la menor molestia posible.

Por tres horas se entretuvo jugueteando con la arena del morral, la hacía deslizarse por el suelo, formar finos hilos frente a él y luego regresar a la bolsa, luego la hacía danzar entre sus manos, girar alrededor de él y formar pequeños escudos. Seguía sin acostumbrarse a la cantidad, los escudos eran más delgados y los golpes menos contundentes, además seguía sintiendo que le faltaba algo a cada momento, se sentía tan vulnerable como un recién nacido arrojado al foso de los leones.

Cuando aquello dejo de distraerlo se decidió a caminar por los salones de meditación, había varios ahí además del salón de la heredera, por cierto que la tarde anterior Neji había llegado por la noche dejándole como indicación de que si sentía el chakra de alguien se sentara por ahí sin hacer ruido hasta que la presencia se hubiera alejado.

Aquel no era problema en realidad, antes de ser Kage Gaara había sido un despiadado asesino, sabía perfectamente bien como pasar desapercibido y enseñanzas como esas no se iban por más años que pasaran.

Después de recorrer todos los salones y verse en todos los espejos se paró a un lado de un pilar a ver caer la lluvia, cerca de las ocho de la mañana Neji Hyuuga llegó corriendo, aunque sus facciones seguían siendo elegantes no se veía tan propio como el día anterior, además venía solo.

—Hinata-sama le manda esto. —De cualquier manera dejó una canasta en el pasillo—. Hoy es posible que no podamos pasar por aquí hasta más tarde porque hay reunión en el clan.

—Entiendo. —Gaara simplemente lo miro con la intensidad de sus ojos verdes, en aquel corto espacio de tiempo había comprendido que Neji Hyuuga no era de los que se intimidaban con tan poco.

—Siendo así. —Neji hizo una rápida reverencia y echó a correr por donde había llegado, nuevamente no llevaba paraguas, ¿sería que no tenía miedo a mojarse?, o quizás es que le gustaba hacerlo.

Gaara tuvo un rápido parpadeo y extendió la mano hacía afuera con la palma hacía arriba, las gotas de agua golpearon su mano, estaba fría y causaba cosquilleo en su piel a pesar del escudo de arena.

Aquello era raro porque usualmente no podía sentir las cosas a su alrededor debido a la arena que lo protegía, aunque era lógico, siendo agua era capaz de mojar la arena, el agua era a lo único que debía temerle, podía ser su aliado o su más mortal enemigo.

En Konoha llovía mucho. Se lo había estado repitiendo constantemente.

Abrió la canasta, dentro había almuerzo y comida, debía ser cierto entonces que no podrían darse una vuelta hasta tarde. No supo si aquello lo hacía sentir solo, cuando estaba en su oficina trabajando sin descanso siempre estaba solo, cada dos horas alguien entraba interrumpiéndolo, pero casi siempre la breve entrevista no duraba más de diez minutos.

Le dio una mordida a un onigiri y sintió que su pecho se relajaba, lo cierto es que creciendo como Temari como cocinera aquella comida le sabía al cielo y ciertamente no sabía si era porque Hinata cocinaba muy bien o si, por el contrario, su hermana era muy mala.

"Deberías comer la comida de Hinata-chan, es mejor que el ramen, ¡dattebayo!" En un recuerdo vago recordó la respuesta, si Naruto decía que era mejor que el ramen entonces era un hecho que la chica era buena cocinera, aquello era raro, que recordara a ninguna kunnoichi se le adiestraba en un arte como ese.

¿Sería que el clan Hyuuga les enseñaba algo como eso?, parecía poco probable de personas que tenían la palabra nobleza impresa en la frente. Aquel pensamiento le hizo recordar algo, hasta ahora no había podido ver el sello del pájaro enjaulado, Naruto le había hablado de él y hace años en el torneo para Chunnin Neji se había quitado las vendas para que el rubio pudiera verlo, pero él había estado demasiado lejos para apreciarlo. De cualquier manera no es como si pudiera pedirle a Neji que se lo enseñara para aliviar su curiosidad.

Por muchos años él había tenido al Shukaku sellado en su cuerpo, ¿sería parecido el sentimiento?, además no entendía muy bien como funcionaba el sello de los Hyuuga y Naruto no parecía más ducho en el tema que él.

En semejantes pensamientos se le fue la mañana, una bastante tranquila por no decir aburrida, lo único que mejoro un poco su tarde lluviosa fue que la comida era incluso más sabrosa que el almuerzo, fuera de eso no le quedo de otra que perderse en sus pensamientos y aquello hacía todo aquel ambiente aún más sombrío.

Negro y blanco nunca habían tenido límites tan poco definidos, de tanto pensar le estaba doliendo la cabeza, de haber tenido su calabaza de arena hubiera formado la escultura de su madre y se habría arrullado en sus brazos como lo haría un niño.

El sol empezaba a esconderse tras las montañas cuando escuchó un peculiar chapoteo, el ruido lo alerto, pensó en esconderse, pero sorpresivamente notó que aquel ruido tan poco agraciado era causado por ambos primos.

Ambos caminaban sobre el encharcado patio con ropa de entrenamiento, ella intentaba cubrirlos con un paraguas, sus pasos no eran delicados, de hecho parecían cansados en un punto que rayaba con el agotamiento mortal, ambos estaban ligeramente sonrojados, como si hasta hace poco hubiesen estado entrenando o algo parecido.

—Kazekage-sama. —Neji se dejo caer sin ceremonias en el pasillo al lado de él después del saludo inicial.

—Ka-Kazekage-sama. —Hinata repitió el saludo y pese a su reticencia terminó por dejarse caer al lado de su primo, los ojos cerrados y la respiración agitada.

—He de suponer que fue un día largo. —Gaara comentó con diplomacia.

—Muy largo. —Neji también había cerrado los ojos, aunque no estaba resoplando como su prima.

—No era necesario que vinieran. —No quería causar molestias después de todo.

—Que-queríamos venir. —Hinata abrió lentamente los ojos, aún seguía sonrojada, Gaara se preguntó si es que habían llegado hasta ahí corriendo—. El Kazekage debe estar… es muy solitario por aquí. —Ella pareció enrojecer de una manera escandalosa, Gaara la observó curioso sin explicarse el repentino cambio.

—Hinata-sama… —Neji resopló—. No siento la pierna.

—Yo-yo no siento el brazo. —Ambos soltaron un suspiro y volvieron a cerrar los ojos, sin poder evitarlo Gaara parpadeó.

—¿Un combate? —Era inevitable, estar solo todo el día despertaba a límites insospechados su curiosidad.

—Una demostración ante el clan en realidad. —Neji arqueó una ceja sin abrir los ojos.

—Neji-niisan no-no tiene piedad. —Lentamente Hinata abrió los ojos y giró a ver a su primo con ternura, Neji suspiró cansado y le sujetó una mano.

—Como guardián debo darle pelea, si no, no tendría caso mi misión de protección.

—¿Pe-pelea? —Gaara intuyó que aquella pregunta sonaba divertida—. Me haces polvo.

—Ya no tanto. —El joven finalmente abrió los ojos, ambos se vieron cariñosamente por un par de segundos, inconscientemente Gaara dio un paso atrás o ellos habían olvidado que él estaba ahí o él aún no era capaz de comprender ese tipo de sentimientos.

Sin embargo no paso mucho tiempo para que ambos volvieran a cerrar los ojos rendidos, estuvieron así por un par de minutos hasta que Neji se levantó soltando lentamente la mano de su prima que resbaló sin fuerza por el suelo de madera.

—¿Se ha dormido? —Gaara se dio cuenta de que la pregunta que había formulado tenía más sorpresa que extrañeza.

—Fue un combate extenuante. —Fue una ligera inflexión en la voz, pero se dio cuenta de que Neji Hyuuga se había puesto a la defensiva.

—Lo digo por mí. —Gaara supo que tenía que aclararlo—. Nadie duerme frente a mí. —Neji lo miró hondamente, de alguna manera Gaara se sintió incomodo, recordó que hacía muchos años esos ojos blancos habían leído a la perfección a la chica que ahora dormía tranquila frente a ellos, ¿estaría haciendo lo mismo con él?

—Me gustaría decir que es porque Hinata-sama confía en mí, —Neji se encogió de hombros, parecía relajado después de detallar el rostro del pelirrojo—, pero en realidad es porque siente que usted no es ninguna amenaza. —Ante tales palabras Gaara arqueó ambas cejas, él era el Kazekage, era una amenaza para cualquiera sin lugar a dudas.

—No entiendo.

—Hay animales peligrosos en este mundo, —Neji colocó las manos flojas en sus caderas y miró al cielo, inconscientemente Gaara hizo lo mismo—, pero incluso ellos no atacaran sin motivo. —Eso por lo menos sonaba un poco más claro, Gaara giró a ver de reojo a la chica que descansaba en el suelo, la mano encogida ligeramente junto a la cara y el flequillo tapándole los ojos.

—Tú también eres un animal salvaje Neji Hyuuga. —No era una pregunta sino una afirmación.

—Lo soy. —Neji siguió contemplando el cielo.

—Y tus colmillos fueron dirigidos hacía ella en el pasado. —No podía evitarlo, aquello despertaba confusión en su mente, cierto, en su momento él también había tratado mal a sus hermanos, pero en ningún momento había llegado tan lejos como para intentar matarlos, para parar el corazón de alguno de los dos, y de cualquier forma sus hermanos nunca le habían dado una mirada tan tierna y dulce como la que esa chica le había entregado a su primo.

—Hay animales salvajes que logran ser domesticados. —El muchacho se encogió de hombros, el recuerdo ya no causaba ninguna conmoción en su interior.

—¿Cómo? —A destiempo Gaara notó que sonaba tan anhelante como un niño, como cuando siendo muy pequeño le hacía preguntas a Yoshamaru pensando que él tendría la respuesta a todo.

—Con amor. —Neji respondió con simpleza.

—Amor… —Conocía la palabra, él amaba a Suna, la amaba por encima de todo lo demás, de alguna manera Suna también lo había domesticado a él—. ¿Tú la amas?

—Más que a mi vida. —Gaara abrió la boca, dudó y giró la vista hacía ella, apenas una chica insignificante durmiendo de cualquier modo en un piso de madera, la misma que había logrado domesticar al genio del clan Hyuuga, un hombre que no nacía en esa familia más que una vez cada cien años.

—¿Ella te ama a ti? —Porque él amaba a Suna, la amaba con todo su corazón, pero… ¿lo amaba su tierra de vuelta?, ¿sus habitantes lo amaban de regreso?

—Quien sabe. —Neji se encogió de hombros con humor—. A veces pienso que si pudiera hacerlo Hinata-sama podría amar hasta a las piedras.

—No entiendo. —Gaara lo miró fijamente.

—Hinata-sama me ama, —Neji se agachó y la tomó entre brazos haciéndola ovillo sobre su pecho, realmente no volvía a aceptar un combate de cuatro horas seguidas en su contra, al final del mismo estaba seguro de que ambos empezaban a ver doble—, ¿cómo me ama?, quien sabe, Hinata-sama es capaz de sentir amor por casi cualquier cosa o cualquier persona, lo extraordinario sería que no sintiera amor por mí.

—¿Por qué alguien así es ninja? —Gaara frunció el ceño, ya había notado antes que era gentil, pero no imaginaba que llegara a tanto.

—Fue su destino, igual que el destino me ha colocado como su guardián y a usted en su camino.

—¿Dices que me encontraba en ese camino y ella me encontró por un motivo? —Gaara frunció ligeramente el ceño.

—En este mundo no existen las coincidencias. —Neji se tronó el cuello soltando un suspiro—. El destino es maleable, eso es lo que aprendí de Naruto, nada es absoluto, pero a veces la vida regala oportunidades.

—¿Cuál fue tu oportunidad? —Gaara sintió los granos de arena removerse en el morral que colgaba de su hombro derecho.

—Naruto, —Neji sonrió de medio lado, como si aquello le causara gracia—, él me puso en el camino correcto y entonces encontré a Hinata-sama, no, Naruto me hizo verla.

—¿Ella? —Una hermosa chica gentil que no parecía muy fuerte y que a simple vista no calificaba para ninja.

—Es hermosa la lluvia cierto, —Neji volvió la vista al exterior—, pareciera tan suave y sin embargo puede volverse una tormenta.

—Naruto también fue mi oportunidad. —Gaara se paró a su lado con los brazos cruzados, por alguna razón se sentía más cercano a Neji Hyuuga ahora.

—Ahora solo tiene que concentrarse en eso que el destino quiere que vea. —Neji hizo un movimiento para acomodar la cabeza de su prima sobre su hombro—. Es una lastima Hinata-sama no quería que estuviera solo, lo cierto es que a ella le espanta la soledad. —Gaara tuvo que apretar los labios para no decir que a él también le asustaba.

—Esta bien, ya es tarde. —Porque era el Kazekage, hombres como él no tenían permitido el miedo ni el dudar.

—Lo es. —Neji soltó un suspiro—. No creo que pueda sostener el paraguas, ni modo. —Dio un paso hacía el patio, pero el agua no lo tocó, giró la mirada hacía arriba y se encontró con un escudo de arena—. Eso es muy práctico.

—Pero debes apresurarte. —Gaara seguía con los brazos cruzados, su mirada esmeralda lo veía fijamente en la oscuridad—. Dentro de poco se mojara. —Neji parpadeó.

—¿No la hará más fuerte entonces? —Pero no espero una respuesta, en lugar de eso echó a andar con su prima en brazos, Gaara los vio irse y por primera vez desde que estaba ahí sintió un deseo meramente egoísta y sinsentido, sintió que quería volver a verlos la mañana siguiente.

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Notas de Okashira Janet: Antes de que los exámenes lleguen a arrasar con todo terminé este capitulo, la lastima es que la lap esta fallando y ya me cansé de presionar las teclas como si quisiera exprimirlas para que se marque la letra (horror).

Agradezco a:

Farah Maysoon

Diosa Luna

Ama Amaya-chan

LuKuran

HoshNoTsuya

Hina-hime

Pitukel

Kik

Stefany BM

Rociio Uzumaki

Chibieiki

VejiBra

Almar-chan

Priscicklla

Mefurin-Chan

Adlgutie

Zhura

Ro0w'z

Zeldi-chan de Hyuuga

Ali1895

Unmei100

Kaoru-sakura

TSUKI

HinataElric

Aika Natsuki

No saben lo feliz que me pone el recibimiento ofrecido al pelirrojo, en cuanto a dudas es posible que éste sea un amor lento, por lo cual será un fic largo, creo.

Por ahora Gaara tiene la mente en otra parte, pero hay que darle tiempo, el pobre esta confundido.

Un beso y gracias por leer. Ciao

8 de Octubre del 2012 Lunes