LATIDOS SEPULTADOS

Capitulo 6: De hombres y mujeres

Por Okashira Janet

Neji se colocó mejor la capucha de viaje y se cruzó de brazos, sentía la frente perlada de sudor y la lengua seca, habían llegado a Suna aproximadamente dos días atrás haciéndose pasar por comerciantes de seda y sinceramente entre vender tela aburrida e ir cargadísimo de ropa para que no lo reconocieran estaba a punto de quedarse hecho un fideo.

—Neji-san. —Sai que llevaba un turbante en la cabeza al lado de él lo miró sin mucho interés—. No sabía que la seda se vendiera tan bien aquí.

—Yo tampoco. —Neji le dirigió una breve mirada, lo cierto es que no estaban vendiendo tanto por el hecho de que la seda fuera buena o muy preciada en aquellos lugares si no porque Sai resaltaba demasiado con la piel blanca y los ojos negros sagaces y profundos, además, ¿para que mentir?, él también tenía cierto atractivo masculino.

—De seguir vendiendo a esta velocidad nos quedaremos sin productos. —Sai miró los telares que aún le quedaban—. Y tendremos que volver a reabastecernos.

—Por ahora tratemos de vender un poco más caro, a ver si así tenemos suerte. —Neji se acomodó las gafas oscuras, a ser sincero no podía entender a las mujeres que se le acercaban, ¿no parecía un mafioso peligroso con ese atuendo?, incluso se había preguntado si lo dejarían entrar al país con esas fachas.

—Buenos días. —Sai empezó a atender a una clienta y Neji miró las calles que a esa hora estaban desiertas, no había sido difícil darse una idea de cómo se encontraba el país, las mujeres (fuera el lugar que fuera) siempre eran comunicativas y aquella avidez de contar chismes se intensificaba si había un buen oído queriendo escuchar.

En cuanto tuvieran información suficiente le harían llegar un informe a Naruto, pero Neji también debía pensar en Gaara, quizás estaba llegando el momento en el que el desterrado Kazekage pudiera volver a recuperar lo que era suyo.

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Gaara sinceramente no estaba muy seguro de lo que ocurría y de hecho creía que el comportamiento humano cada vez le era más y más extraño.

—Así que Shino no va a poder venir. —Kiba Inuzuka se encontraba frente a él y lucía tan despreocupado como si se hubieran conocido de toda la vida y no como hace dos días cuando parecía ignorarlo por completo.

—¿Tiene otra misión con su padre? —Hinata estaba de pie a un lado del castaño, una mano junto a la boca, como preocupada por su otro compañero de equipo.

—Sí, clanes, es una plasta. —Kiba soltó un suspiro y luego se dio un golpecito en el pecho—. Así que la velada de hoy sólo nos tendrá a nosotros de protagonistas.

—En cuanto a eso. —Gaara finalmente habló, los brazos cruzados y la voz fría que tantos problemas le había traído en el pasado—. No sé si Hinata te lo ha dicho, pero no suelo dormir mucho.

—¡Mejor!, —Kiba guiñó un ojo—, la meta de las veladas es dormir lo menos posible. —El pelirrojo no supo como contrarrestar eso y giró la mirada hacía Hinata, en cuanto la chica sintió los ojos aguamarina posados sobre su persona desvió la mirada y jugueteó con sus dedos, era obvio que estaba nerviosa por aquel extraño plan que había urdido y a ser sincero Gaara no sabía muy bien cómo debía reaccionar.

Seguramente Hinata estaba preocupada por él debido a la ocasión en que lo había encontrado en un estado patético durante la noche, pero no creía que la solución fuera obligar a Kiba Inuzuka a compartir una velada con él, no se conocían más que como antiguos aliados durante la guerra y aquello era bastante incomodo, por lo menos de su parte.

—N-no puedo quedarme con ustedes porque… —Hinata jugueteó nuevamente con sus dedos y sus mejillas enrojecieron, Gaara soltó un suspiro, de cualquier manera no podía ponerse en una actitud detestable y decir que no quería experimentar eso de la "velada", estaba ahí como un invitado y dado el mismo carácter que desempeñaba no podía quejarse. Además seguramente Hinata había planeado aquello con la mejor de las intenciones.

—Tu padre, tu clan, chica mala. —Kina enumeró con los dedos y luego le acarició al descuido el cabello como quien cepilla el pelo de un perro—. Ya entendemos, no hay problema.

—Puedes marchar sin preocupación. —Gaara acotó con sequedad, sus brazos cruzados y el semblante inexpresivo habitual, Hinata lo miró de reojo preguntándose si se había enfadado por la situación en la que lo había envuelto. A ser sincera aún no estaba muy segura de que dejar a Gaara y a Kiba solos en una noche de chicos fuera buena idea, en primer lugar no parecía que el Kazekage fuera de esa clase de hombres, se suponía que Shino también estaría ahí para equilibrar un poco la balanza, pero a última hora su amigo había tenido que salir en una misión.

—Kiba-kun… cualquier cosa…

—No te preocupes. —El castaño rodó los ojos y poniendo las manos en la espalda de la chica la empujó por el jardín—. No nos vamos a matar.

—Hum… —A pesar de todo la joven giró una ultima y tímida mirada hacía atrás, unos ojos que lucían casi culpables, Gaara supo que si la dejaba ir con esa expresión no se sentiría bien consigo mismo así que a pesar de que casi nunca lo hacía elevo una mano en el aire, Naruto había dicho que esa era una buena señal para saludarse o para despedirse así que esperaba que aquel fuera el caso.

—Buenas noches Hinata.

—Buenas noches Gaara-sama. —Algo de color volvió a las pálidas mejillas y el pelirrojo notó como la joven se relajaba.

—Solo vete. —Kiba terminó de empujarla—. Las chicas no son bien recibidas en las veladas de chicos.

—¡Oh, oh, claro! —Hinata miró una última vez hacía Gaara y mordiéndose el labio inferior (no importaba lo que dijera Kiba, ella sabía que era un chico impulsivo), se alejó corriendo en dirección a la mansión.

—Bueno, —Kiba puso ambas manos en su cintura—, se ha ido. —Acto seguido dio media vuelta y quedo cara a cara con Gaara, por un pesado segundo ambos se miraron fijamente—. ¡Pues bien!, —Kiba palmeó sus muslos—, ¿tienes alguna idea acerca de una velada masculina? —Demasiado sorprendido porque dejara tan rápidamente los formalismos el pelirrojo negó con la cabeza.

—No he tenido una vida que me permita conocer experiencias como esa.

—Pues tienes suerte, —Kiba le guiñó un ojo y de un salto llego al corredor—, el clan Inuzuka se caracteriza por sus manadas reunidas alrededor de una fogata en noches de luna llena. —Gaara arqueó una ceja y lo siguió, algo que siempre le había llamado la atención de Konoha era la marcada diferencia entre clanes y las peculiaridades que cada uno tenía y defendía—. Como eres principiante te daré la iniciación que le di a Naruto en sus tiempos.

—¿A Naruto? —La atención del pelirrojo fue completa en cuanto escuchó el nombre del rubio, Kiba se sintió muy conforme consigo mismo al haber usado semejante táctica, Hinata le había dicho que Gaara le tenía mucho aprecio a su estupido gobernante.

—Naruto tampoco había estado en una velada antes porqué… bueno, supongo que sabes porqué. Te daré mi kit básico de enseñanza, el mismo que le di a él. —Gaara se preguntó si era un poco torpe de su parte sentirse ligeramente curioso acerca de aquello que a simple vista sonaba tan ridículo—. Hinata dijo que podíamos hacer una fogata atrás siempre y cuando nos deshiciéramos de la evidencia.

—¿No nos descubrirán? —Gaara parpadeó.

—Espero que no, —Kiba que ya había recogido un montón de cosas del suelo y las sostenía contra sus brazos ladeó un poco la cabeza—, aunque la nota de peligro le da más emoción al asunto. —Gaara no estaba muy seguro de que arriesgarse tan bobamente fuera lo correcto dado la clase de hombre que era y las circunstancias en las que estaba, pero no pudo pensar gran cosa más porqué Kiba lo sujetó del brazo y jaló de él hacía la oscuridad que rodeaba el enorme patio trasero de la mansión Hyuuga.

—¿A dónde vamos?

—Junto a la barda del lado este no habrá guardias hoy, Hinata logró quitarlos, ahí no tendremos problemas, además buscar el sitio de la fogata es muy importante. —Gaara no pudo más que seguir a su guía, ahora que lo pensaba usualmente él no hacía fogatas, había escuchado a Kankuro comentar un par de veces acerca de fogatas en las misiones, pero dado que él había sido el jinchuriki se la había pasado en la aldea casi toda su infancia y después, ya convertido en Kazekage, tampoco había tenido misiones que ameritaran dejar su nación.

—¿Aquí? —Gaara se detuvo cuando Kiba lo soltó, el castaño parecía mirar el piso con interés.

—Sí, la fogata aquí y los sacos de dormir por acá. —El pelirrojo recibió un saco de dormir y antes de que pudiera reaccionar notó que Kiba se ponía en cuclillas y empezaba a armar una especia de cabañita con palitos.

—¿Qué haces?

—La fogata. —Kiba giró sorprendido hacía él—. Esto si que lo has hecho, ¿no? —Era obvio que no—. No tiene gran ciencia, lo malo es cuando no tienes algo apropiado para que sirva de combustible.

—Aunque tener a Uchiha Sasuke como parte del equipo debe ser ventajoso. —Gaara se sorprendió a si mismo con semejante pensamiento, pero Kiba en lugar de reírse se encogió de hombros.

—Sasuke siempre dice que no es un encendedor humano, no se puede confiar en él. —A Gaara le dio la impresión de que el Inuzuka no confiaba en el ex vengador en ningún sentido, era entendible, había manchado a Konoha en el pasado—. Listo. —Kiba anunció cuando una pequeña llama empezó a nacer en medio de los maderos. Luego ambos muchachos se sentaron sobre el pasto y extendieron las manos al frente recreándose en el calor.

—¿Te gustan los bombones? —Kiba arqueó una ceja y Gaara frunció el ceño ante la repentina pregunta.

—No en realidad.

—Pues vas a tener que comerlos, una fogata sin bombones asados no es fogata.

—¿Los bombones se asan? —El pelirrojo parpadeó, Kiba le pasó un palo con un enorme bombón en la punta.

—Es fácil, además es un clásico.

—Hum… —Gaara acercó el bombón al fuego, pero casi al instante éste se volvió negro achicharrándose—. ¡Se… se quema! —Los ojos aguamarina se abrieron con sorpresa y Kiba no pudo evitar girar hacía él con los labios entreabiertos, Gaara superaba por mucho a Naruto en su inocencia y poco conocimiento acerca del comportamiento adolescente típico. No supo exactamente que sentir, ya en su tiempo le había dado un poco de lastima por Naruto, pero el pelirrojo superaba sus expectativas de lo que era triste.

—Pues claro que se quema. —De cualquier manera le habló despreocupadamente, haciendo a un lado el hecho de que fuera el importante líder de otra aldea—. El punto es que te lo comas antes de que se vuelva carbón.

—Esto… —Kiba estaba seguro de que de no ser porque era Gaara ya habría estallado en carcajadas, el pelirrojo había mordido el bombón con tan mal tino que todo el líquido pegajoso y dulce se le había escurrido por la barbilla—. Esta bueno. —Ajeno al espectáculo que estaba dando Gaara parpadeó—. ¿Por qué cambia tanto el sabor con el calor?

—Es la magia del fuego, claro. —Kiba mordió a su vez su bombón y sonrió mirando las estrellas—. Por cierto, hay algo que quería preguntarte.

—¿Acerca de qué? —Gaara habló sin dejar de intentar quitarse los restos de bombón de la cara.

—¿Te gusta Hinata? —Kiba lo miró con picardía, pero Gaara ni siquiera giró a verlo, se entretenía tallándose la barbilla.

—Sí.

—¿Si entendiste lo que te pregunte, verdad? —Kiba lo miró mosqueado, no era divertido ni había manera de burlarse de él si lo admitía así sin más.

—Me preguntaste si me gusta Hinata y he contestado afirmativamente. —El pelirrojo finalmente venció la batalla contra el bombón—. Es una excelente anfitriona y una maravillosa persona.

—No te pregunte si te gustaba como persona. —Kiba bufó, le había parecido notarlo antes, que a Gaara le disgustaba ver a Hinata muy cerca de él, pero al parecer ni siquiera el mismo pelirrojo lo notaba, si que el ex jinchuriki era todo un caso.

—¿Me estas cuestionando si me gusta en un plano romántico? —Gaara finalmente comprendió la cuestión.

—Exacto. —Kiba por fin se sintió victorioso.

—¿Hay alguna manera de saberlo? —Dudoso Gaara volvió a colocar un bombón en su brocheta.

—Pues… —Gaara juntó las cejas—. Lo sientes y ya.

—¿Y como sabes que lo sientes?

—¿Pero es que a ti no te han dado la charla? —El castaño arqueó a extremos inverosímiles las cejas, vamos que hasta Jiraiya le había dado la charla a Naruto.

—Hyuuga Neji me dijo que si alguna vez me gustaba alguien yo lo sabría.

—Neji es un estirado, escucha, —Kiba se sujetó los tobillos y sonrió divertido, nada como hacer mella en una mente virgen—, supongo que habrás notado ya las diferencias entre los hombres y las mujeres.

—Por supuesto. —Gaara engulló un bombón rosa y al instante pensó en el cabello de Sakura y en la vez que lo había enfrentado con un simple kunai como arma—. Las mujeres suelen tener menos capacidad física que los hombres.

—Se ve que no conoces a las mujeres de mi familia, —Kiba susurró con pesimismo, pero luego se palmeó los muslos—, supongo que en general tienes razón, pero no es sólo eso.

—Las mujeres gritan mucho. —Gaara recordó a Matsuri chillando su nombre.

—Un punto por eso. —Kiba sonrió—. Aunque Hinata no es así.

—No, no lo es. —El Kazekage hizo memoria, ciertamente Hinata no era precisamente como las demás chicas con las que hubiera tratado (no es que hubiera tratado con muchas a ser sincero).

—Me parece que no fuiste a la academia y tu grupo de gennin fue conformado con tus hermanos, ¿cierto? —Gaara asintió con la cabeza—. En ese caso no conoces nada de sus horribles cambios de humor y su brutal furia.

—¿Brutal furia? —Gaara parpadeó, ahora que lo pensaba en una o dos ocasiones Temari casi había matado a Kankuro por asuntos que no parecían tan importantes.

—Hinata es un caso aparte porque los Hyuuga son raros, pero las mujeres tienen algo que se llama ciclo y eso las pone locas ciertos días del mes.

—¿Ciclo? —El pelirrojo recordó a sus hermanos peleando por eso—. ¿Es como cuando los animales están en celo?

—Peor. —Kiba se abrazó los hombros, no había quien aguantara a su madre cuando estaba en esos aciagos días—. Es como si todo lo que hicieras o dijeras esta mal, hay algunas que se ponen furiosas, otras que lloran por todo, a Hinata le daba por comer cosas dulces y a veces le dolía la barriga y no podía entrenar correctamente.

—¿Por qué le dolía el estomago? —Gaara se preocupó, no sabía que los cambios de humor de su hermana se debían a algo físico.

—Verás, resulta que el cuerpo de las mujeres se prepara desde muy temprano para tener cachorros, entonces, cada que no tienen contacto con un hombre su cuerpo se enoja y sangran.

—¿Sangran? —A esas alturas los ojos de Gaara estaban espantosamente abiertos—. ¿De donde sangran?

—De adentro. —Kiba asintió con la cabeza—. Pero la sangre les sale por la vagina. —Para él no era nada morboso hablar de ese tema porque la sexualidad y el apareamiento se hablaban muy francamente en su clan, una suerte quizás, porque con lo confundido que estaba Gaara no le habría entendido si no hablaba lo más claro posible.

—¿Les duele cuando sangran?

—Casi siempre sí. —Kiba se frotó la barbilla—. Supuestamente es algo normal y fisiológico, pero Hana siempre dice que duele como la puta hostia, así que no creo que sea tan normal.

—¿Entonces sangran porque no tienen descendencia? —Gaara frunció un poco el ceño.

—Exacto. —Kiba le guiñó un ojo—. La sangre en realidad es como la cama del bebe que va a crecer dentro de su estomago, pero como no llega ningún bebe la cama se cae.

—¿Y eso pasa cada mes?

—Sin falta, —Kiba sonrió travieso—, a menos que caiga un embarazo claro.

—Un embarazo… —El pelirrojo meditó sin darse cuenta de que su bombón hacía rato ya que se había derretido y dejaba su chiclosa consistencia sobre las llamas—. Para lo que necesitan un hombre.

—Una pareja sexual. —Kiba alzó un dedo y se removió sobre sí mismo ansioso por llegar al punto que quería—. Para que nazca un bebe se necesita sexo.

—Sexo. —Gaara repitió y luego en sus ojos brilló la comprensión—. Para tener descendencia.

—En realidad se supone que es para eso, pero generalmente el sexo se busca como una fuente de placer.

—Porque así las mujeres ya no tienen que sangrar y no les duele.

—No, no. —Kiba lo frenó—. Generalmente tratas de que la chica no quede embarazada cada que tienes sexo, si no te llenarías de niños.

—¿Entonces para qué…? —Gaara soltó un suspiro frustrado, una vez hacía mucho tiempo se había levantado con cierta parte de su anatomía haciendo una casa de campaña con las sabanas, confundido por tal comportamiento de su cuerpo le preguntó a Kankuro quien simplemente se limitó a reírse hasta que le salieron lágrimas y Temari sólo le había lanzado a la cara un libro de anatomía mugiendo que "aprendiera solo como todos los chicos", en el libro Gaara había comprendido la intricada fisiología de su órgano sexual masculino (así lo llamaba el libro), había entendido que el incidente matutino se debía a una confluencia de sangre que se consideraba normal en un hombre de su edad y que no era de que preocuparse. En cuanto supo que aquello no debía molestarlo olvidó el asunto. Pero ahora, por la manera en que lo veía Kiba, se preguntaba si no hubiera sido mejor seguir indagando.

—Escucha, ves que nosotros tenemos… —Kiba se llevo una mano a la entrepierna y luego entrecerró un poco los ojos—. ¿Has visto a una mujer desnuda?

—No que yo recuerde. —Gaara se encogió de hombros.

—Bueno, eso es un problema, pero, ya sabes, ellas tienen pechos.

—Los de Hinata son grandes, más que los de mi hermana. —Gaara comentó con serenidad, Kiba estuvo a punto de atragantarse con el bombón de la risa que le dio.

—Eh, sí, —fingió toser un par de veces—, Hinata es una chica bien dotada.

—¿Entonces es bueno en una chica tener grandes senos?

—Bueno, supongo que depende del gusto de cada quien, pero en general sí. —Kiba se frotó la nuca, cada que hablaba de pechos grandes pensaba en Hinata y aquello lo empezaba a poner incomodo, Hinata era como una hermanita tierna para él—. Los senos grandes suelen atraer a los hombres. —Gaara guardó silencio un momento preguntándose a sí mismo si para él eran atractivos, bueno, siempre había pensado que su hermana era una mujer muy guapa, así que quizás si que le gustaban de esa manera.

—De cualquier manera, —Kiba siguió hablando—, no es sólo eso, a los hombres les gustan las mujeres con buen trasero también.

—Trasero… —Fuera de su función para sentarse Gaara no había considerado el trasero de alguien desde ese punto de vista.

—Que tenga caderas anchas y cintura pequeña también es algo que se considera atractivo, aunque a final de cuentas uno se termina enamorando de otra persona por otras cosas, nunca esta de más que sea atrayente. En fin, ya que has encontrado a una chica que te gusta y que ella guste de ti pueden pasar a tener sexo.

—Aunque no quiera tener descendencia… —Gaara comentó cauteloso.

—Exacto, el sexo es algo muy placentero.

—¿Por qué? —Gaara no encontraba realmente el gusto en hacer algo que la misma naturaleza parecía pedir, ¿no era algo como un instinto básico y natural?

—Tanto hombres como mujeres tenemos censores en el cuerpo que nos permiten disfrutar ese momento, es como un botón de placer y si lo haces bien puedes alcanzar algo que se llama clímax.

—¿Llegar a la meta?

—Sí, es una sensación que no se puede describir con palabras así que lo sabrás cuando lo sientas. —Hasta ese momento Kiba se sintió asustado, ahora que lo pensaba si a Gaara realmente le gustaba Hinata… —¡Pero tienes que tener mucho cuidado con la chica!, ellas necesitan estar listas cuando el momento llegue, tienen que estar muy enamoradas para hacerlo.

—¿Y nosotros no? —El pelirrojo parpadeó.

—Err, bueno… —Si hasta se sentía un pelín patán por ser hombre—. No siempre… aunque sería lo mejor claro.

—Entonces hay que esperar a que ellas estén listas.

—Exacto. —Kiba suspiró con alivio, pero por si las dudas agregó—. Hay chicas que sueñan con casarse con un hombre y entregarse sólo a él, porque tener relaciones sexuales es un acto muy íntimo de pertenencia, es como decir que eres sólo de alguien.

—Eso suena como un objeto. —Gaara frunció el ceño—. O un esclavo.

—No en realidad, de hecho es un acto de amor. —El castaño se sonrojó por decir algo tan cursi—. Entonces en la noche de bodas sucede, ese primer encuentro entre ambos. —Con un suspiro ambos muchachos se dejaron caer sobre sus respectivos sacos de dormir.

—Suena complicado. —Gaara miró las estrellas—. ¿Naruto ya sabía todo esto?

—Más o menos. —Kiba sonrió enseñando un colmillo—. Yo creo que planeaba aplicarlo con… —Repentinamente el castaño se calló y giró a ver al pelirrojo que parecía dar una imagen de tranquila paz con los ojos fijos en el cielo y los brazos extendidos, lo más probable es que Gaara no conociera los sentimientos de Naruto hacía Hinata ni los de Hinata hacía el rubio, ¿acaso haría bien en decírselo?

—"Bah", —pensó para sí mismo—, "de cualquier manera se irá a Suna, no pasa nada si sigue sin saberlo". —Y sonriendo él también miró hacía el cielo.

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Hinata caminó con paso lento hacía el sitio dónde suponía que los dos muchachos habían acampado, era una mañana borrascosa y fría así que su nariz estaba roja, llevaba un pantalón negro tan largo que le arrastraba y una sudadera enorme, venía contenta porque había llegado una notificación de Hanabi que anunciaba que la misión había salido bien y regresarían pronto.

Supo que había llegado a su destino cuando vio los restos de una fogata, un montón de latas tiradas alrededor, los restos de lo que parecía ser unos bombones y a Kiba roncando con una pierna fuera del saco de dormir. Gaara en cambio estaba sentado sobre su saco con los brazos rodeando sus rodillas y mirando el cielo.

—Gaara-sama.

—Hinata. —El joven le dedicó una breve mirada y volvió la vista al cielo.

—¿La paso bien? —Un tanto cohibida jugueteó con sus dedos a pocos pasos de él.

—Muy bien, gracias. —Aunque su voz había sido la clásica sin matiz de siempre Hinata supo que estaba siendo sincero.

—Me-me alegro… —Sus ojos se encendieron con algo parecido al alivio y Gaara volvió a verla de reojo, como siempre no había podido dormir más que un par de horas, pero dado que esta vez no había tenido ningún sueño, pesadilla o cosa parecida se había quedado meditando en el nuevo conocimiento obtenido de Kiba.

Ahora que lo analizaba Hinata era una mujer y como tal tenía casi todos los puntos que Kiba había enumerado para considerarla atrayente, aunque ciertamente no le había prestado atención a su trasero en el pasado y pedirle que se volteara en ese momento sonaba un poco grosero.

—Es una mañana fría. —Gaara suspiró.

—Lo es. —Hinata se sentó a un lado, aunque considerablemente apartada, los brazos rodeando sus rodillas justo como él.

—Kiba Inuzuka es alguien agradable.

—¿Verdad? —Las mejillas de la joven se colorearon a Gaara nunca antes le había parecido que aquel simple gesto fuera tan agradable en su rostro—. Es un poco inquieto y a veces problemático, pero es una excelente persona y uno de mis mejores amigos. —Conforme hablaba su rostro había ido volviéndose suave. Ella realmente lo quería, pero ahora Gaara creía que ya podía diferenciar el término de querer con el de gustar.

—Creo que me gustas. —Con su franqueza habitual Gaara giró hacía ella, sus ojos aguamarina tan serios como si le estuviera planteando la posibilidad de una misión.

—¿Q-q-qué? —Hinata abrió los ojos a extremos increíbles, su voz tembló y sintió que el rostro le hervía, Kiba que había despertado hace poco se encogió en su saco de dormir tapándose la cabeza con las mantas, ¡oh no, oh no!, había sugestionado al pelirrojo con la conversación del día anterior, ¡si Naruto se enteraba correría sangre!

—Ya lo había notado antes. —Ante su sorpresa y bochorno Gaara le sujetó una mano y la colocó contra su pecho—. Algo le pasa a mi corazón.

—N-no siento nada… —Hinata comentó dudosa, Gaara parpadeó y la soltó, luego él mismo colocó la mano sobre su pecho, nada…

—Es cierto. —Sus labios se movieron lentamente al hablar—. La armadura de arena esta siempre protegiéndome, justo ahora estoy cubriéndome con ella, como un escudo, ¿es por eso que no había podido sentir mi corazón antes?

—N-no lo sé. —Hinata lo miró con tristeza, Gaara se había girado nuevamente viendo al cielo y daba la impresión de sentirse ligeramente herido, pero sabía que no era por su culpa, él de cualquier manera no le había hecho un cuestionamiento, sólo había puesto de manifiesto algo que había sentido o creído. Quizás simplemente se estaba preguntando que pasaba con él en realidad.

—¿Te incomodan mis sentimientos?

—¡No-no! —Hinata negó con las manos, quizás demasiado fervientemente, estaba haciendo un verdadero esfuerzo por no desmayarse como una niña tonta, quizás era la primera vez que el Kazekage decía algo como eso y ella no podía lastimarlo, él era un hombre bueno que había sufrido mucho, se merecía creer en el amor aunque ella no pudiera corresponderle.

—A mi me incomodan. —Gaara compuso un semblante muy serio llevando una mano a su barbilla, Hinata se quedo de piedra y escondido tras las mantas Kiba tuvo que ahogar un ataque de risa—. Nunca lo había sentido, es nuevo y confuso, ¿sabes como revertir esto?

—No. —Hinata entrelazó los dedos y sonrió, como se lo había imaginado los sentimientos de Gaara se movían en un plano que poco tenían que ver con el resto de la humanidad—. Dicen que a veces se van solos. —Aunque para ella eso era una mentira, quería a Naruto desde que tenía memoria.

—No sé si me gusta lo que siento o no, —Gaara estiró las piernas—, tampoco sé si lo entiendo del todo.

—Los sentimientos son así. —Hinata miró sus pies y sonrió—. No se pueden controlar y tampoco comprender del todo. —De haber puesto más atención Gaara habría notado que sus palabras eran espejo de sus emociones, habría notado que al igual que él ella quería a alguien, pero no lo hizo porque se encontraba ligeramente frustrado.

—¿Yo te gusto? —Gaara preguntó con sequedad, era su naturaleza, era un hombre de respuestas claras y acciones consecuentes.

—¡Yo!, —Hinata sintió que empezaba a hiperventilar, tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener el temblor de sus manos—. El Ka-Kazekage… —lo recordó cuando lo había encontrado en la lluvia, mojado y abandonado, recordó su mirada la primera vez que habían comido juntos y su sonrisa franca la primera vez que lo había escuchado reír, pensó en sus brazos musculosos la noche que lo había encontrado fuera del salón de entrenamiento conteniendo sus rojos cabellos entre los dedos y sólo hasta entonces fue consciente de algo de lo que no se había percatado—. Creo… —Sintió que las orejas le ardían—. Creo que me gusta… un poco… —Kiba se removió bajó las cobijas queriendo sacudirlos a los dos, que era eso de "creo que me gustas" y "me gustas un poco" con eso no se enamoraba ni la más solterona de los Inuzuka, esos niños no sabían nada de amores apasionados sinceramente.

—Quizás sea porque hemos tenido un contacto demasiado estrecho. —Gaara apoyó los codos en sus rodillas—. Además ninguno de los dos había tenido demasiado contacto con el sexo contrario hasta ahora.

—S-sí. —Aliviada Hinata soltó un suspiro—. Debe ser eso.

—Supongo que cuando nos acostumbremos apropiadamente a la personalidad del otro y a la cercanía a la que nos hemos visto obligados a mantener el sentimiento desaparecerá.

—Seguramente. —Hinata susurró despacio, había sido un poco escalofriante descubrir que en algún punto de su cabeza Gaara le gustaba un poco, sobre todo porque desde que había empezado a amar a Naruto nunca había pensado en otra persona. No se dio cuenta cuando Gaara se puso de pie y extendió una mano hacía ella, tampoco sabía que al corresponder el gesto y dejar que él tirara de ella hacía arriba estaba marcando lo que en adelante sería su futuro, simplemente le sonrió en agradecimiento y él asintió con la cabeza. Aún haciéndose el dormido Kiba dibujó círculos imaginarios con su dedo índice en el aire, que espanto ser espectador de tan extraña escena.

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Había pasado una semana desde que Neji se había marchado en su misión de espionaje, en ese tiempo Gaara había logrado amistar con Kiba e incluso Shino se había pasado por ahí en una ocasión, la hermanita de Hinata, Hanabi, había regresado a salvo con su equipo y Hinata estaba muy feliz por ello.

Dado que Neji ya no estaba con ellos habían pasado un par de comidas a solas, al principio había sido incomodo, pero habían terminado acostumbrándose. Hinata a veces se ponía nerviosa en presencia del pelirrojo, pero luego de observarlo a escondidas muchas veces se dio cuenta con alivio que él no parecía prestarle especial atención, quizás, como él mismo había dicho, el contacto diario y acostumbrarse el uno al otro acabaría aplastando los inquietos sentimientos que se empezaban a formar entre ellos.

Sinceramente Hinata estaba un poco confundida, era claro que seguía amando a Naruto, pero también era cierto que estar con Gaara le era muy agradable, además Gaara y ella solían coincidir en muchos pensamientos e ideas. Aún no podían deshacerse por completo de los pesados silencios que a veces caían en medio de ambos sin que pudieran hacer algo por evitarlo, pero últimamente dichos silencios no eran tan incómodos como antes.

Justo estaba preparando la cena para ir con él cuando un halcón mensajero llegó hasta la ventana y picó el cristal con el vidrio.

—Hola. —Hinata le sonrió dulcemente reconociendo al animal como propiedad de su primo—. ¿Traes algo para mí? —El mensajero estiró su pata y Hinata retiró una carta echa rollo que guardó de cualquier manera en la bolsa de su chamarra—. ¿Tienes hambre? —Luego de darle al cansado halcón un poco de agua y algo para picar la joven sujetó los bentos y los metió en una mochila, estaba oscureciendo y las estrellas empezaban a brillar en el cielo.

Con un suspiro echó a andar por el patio dándose cuenta de que seguramente llovería, por un momento pensó en regresar por un paraguas, pero deshecho la idea con pereza, sólo esperaba no arrepentirse. Conforme se acercaba al salón de meditación el aire empezó a arreciar volviéndose más fresco de lo normal, el cabello se le agitó golpeándola en la cara y tuvo que poner una mano al frente para que sirviera como escudo.

Para su mala suerte la lluvia empezó a caer antes de que pudiera llegar y terminó de hacer el resto del camino corriendo, llegó hasta el salón agitada y despeinada.

—Buenas noches. —Gaara la observó curioso, al parecer se entretenía leyendo un pergamino que le había prestado Shino y no la había notado venir—. ¿Hay mal clima?

—Horrible. —Hinata dejo caer la mochila en el suelo y tomó aire—. Creo que va a caer una tormenta.

—En ese caso no debiste haber venido. —Gaara se puso de pie.

—No es como si lo pudiera dejar sin cenar. —Hinata sonrió tímidamente, Gaara bajó el rostro en aceptación.

—Gracias.

—Me acabo de enterar que mi padre le dijo a Naruto-kun que estoy indispuesta. —Hinata se sonrojó, no es como si a Gaara le gustara mucho, de hecho él había dicho que "creía" que le gustaba, pero hablarle de Naruto (el hombre al que amaba) se sentía un poco mal, de cualquier manera negó con la cabeza—. Con razón no había tenido misiones y yo que creía que era suerte.

—Espero no estarte causando problemas. —Los ojos del joven la observaron fijamente, eran sus pupilas de un color hermoso, más incluso que las azules orbes de Naruto porque en los ojos de Gaara se pintaba la melancolía del mar y la fortaleza del bosque.

—Ni-ninguno. —Hinata negó con las manos y volvió a sonreír mientras sacaba los alimentos de su respectivo recipiente.

—Llueve. —Sentado frente a ella Gaara miró hacía afuera por la pequeña apertura que había dejado la puerta, en realidad estaba cayendo una tormenta de proporciones épicas.

—Hum… —Hinata suspiró arrepintiéndose de no llevar consigo el paraguas, igual y se esperaba ahí hasta que el agua bajara un poco de intensidad.

—Gracias por los alimentos. —Gaara bajó la cabeza en señal de respeto y luego sujetó sus palillos empezando a degustar la cena. Hinata hizo lo mismo estremeciéndose cuando un trueno particularmente fuerte retumbó en sus oídos.

—Con esta agua se irá la luz de seguro. —La joven miró afuera, incluso las delgadas puertas de papel se estremecían como si fueran a romperse de un momento a otro—. La última vez que llovió así se cayeron muchos árboles y golpearon los postes de luz.

—En Suna no llueve nunca. —Con interés puramente científico Gaara escuchó el viento estrellarse contra el edificio—. Aunque cuando hay tormenta de arena si que nos causa problemas.

—Me imagino… —La luz tuvo un repentino bajón y los dos miraron el foco que se balanceaba sobre sus cabezas—. Ya empieza.

—¿Qué es eso? —Gaara señaló un arrugado papel que estaba a punto de caer del bolsillo de la chica.

—¡Ah!, —las mejillas de Hinata se colorearon en alegría, Gaara curveó un poco los labios al notar su gesto, le pasaba últimamente que el buen humor de ella se le contagiaba un poco a él—, ya se me había olvidado. —Sacó el papel, lo desenrolló y empezó a leerlo ávidamente, mientras lo hacía Gaara siguió comiendo con lentitud, preguntándose si la tormenta sería un factor desencadenante para que durmiera menos aún esa noche.

La luz volvió a tintinear como si se debatiera entre irse y no irse, Gaara miró el foco por un par de segundos y luego giró a ver a Hinata, para su sorpresa la joven tenía los labios entreabiertos, la mano floja en el piso con la carta en ella.

—¿Sucede algo? —Pero ella no hizo por contestarle, tenía la mirada puesta en él, pero parecía que estaba en un mundo muy lejano dónde no le era permitido entrar—. ¿Hinata? —El pelirrojo se inclinó hacía ella, pero al ver que seguía sin reaccionar la sujetó de un hombro—. ¿Estas bien? —Justo en ese momento un enorme rayo cruzó el cielo y la luz se fue dejándolos sumidos en la oscuridad.

—Yo… —La voz de ella apenas se escuchaba con el estruendo de la tormenta.

—¿Pasó algo? —Gaara la sujetó de ambos hombros.

—Neji-niisan dice…

—¿Hay mensaje de Neji? —Al instante Gaara sintió que todo su ser entraba en angustia—. ¿Pasó algo?, ¿sucede algo con Suna?, ¿mis hermanos…?

—Él dice que contactó con Kankuro-san… —Hinata sintió que la garganta le raspaba—. Dice que… él dice que es momento de que regrese.

—¿Qué? —Gaara la soltó, en medio de la oscuridad sus ojos verdes se abrieron con sorpresa mientras su corazón latía rápido.

—Dice que es el momento justo, han logrado capturar a los desertores, la-la gente espera su regreso y… que-que se vaya en cuanto lea… que se vaya ahora… —Inconscientemente Hinata estrujó el bajo de su chamarra, Gaara se puso de pie, como si pudiera ver en la oscuridad se dirigió a una esquina del salón, se colocó encima la capucha de viaje, recogió rápidamente sus cosas.

Iba a irse.

Y aunque sabía que ese era el plan desde el principio fue como si de repente le costara respirar, aturdida se puso de pie mientras él tomaba sus cosas moviéndose a su alrededor con presteza y sin movimientos de más.

Un rayo volvió a cruzar el cielo, en el instante en el que la habitación se iluminó con su blanco resplandor Gaara giró hacía ella.

—Gracias. —Y en sus labios parecía casi una palabra hueca, pero Hinata sabía que no era así, lo sabía porque había aprendido a leerlo.

—De… —Y dolía, dolía ver su espalda alejándose—. De nada… —Él saltó afuera sin girar una sola vez la vista hacía atrás, al instante todo él quedo empapado, la capa se volvió oscura por efecto del agua y sus rojos cabellos se pegaron humedecidos a su frente.

Hinata lo recordó cuando lo había descubierto bajo la lluvia aquel día, cuando había decidido darle cobijo dentro de su casa, pero no, no era el mismo, esta vez sus ojos verdes estaban brillando con fuerza, esta vez sus piernas se movían con seguridad hacía su destino, esta vez la resolución estaba escrita en cada uno de sus movimientos.

¿Había logrado animarlo, aunque sea un poco, en su estancia en la mansión Hyuuga?, ¿estaba listo para enfrentar lo que sea que se le fuera encima?

—¡Gaara-sama! —Sin pensarlo, sin meditarlo siquiera se lanzó a la tormenta tras él, al instante su largo cabello oscuro se agitó en el aire como si cobrara vida propia, la ropa se le volvió pesada, pero aún así corrió hacía él con los pies metiéndose en los charcos que se habían formado. Él se detuvo y giró a verla, su rostro serio de siempre.

—Hinata.

—¡Yo sé que es un buen Kazekage!, —para darse valor junto las manos contra su pecho—, ¡Y sé que el corazón de su tierra lo oirá!, —a su alrededor la tormenta arreció—, usted va a lograrlo. —Sus mejillas estaban encendidas bajo aquella lluvia fría.

—Confió en que así será. —Sus hombros se relajaron—. Gracias… —Por un momento pareció dudar acerca de qué más decir, pero finalmente inclinó un poco la barbilla—. Por todo.

—Bue… —Hinata entrelazó sus manos una contra la otra pegándolas a su vientre—. Buen viaje… —Gaara quiso decirle que había aprendido muchas cosas en ese lugar, que había comprendido por fin lo que era la amistad e incluso había abierto la puerta a nuevos sentimientos que hasta entonces no había siquiera cuestionado. Pero nunca había sido bueno con las palabras y de cualquier forma Temari solía decir que los caminos de las personas se entrelazaban siempre de maneras misteriosas. Estaba seguro de que volvería a ver a Hinata Hyuuga, ese no era un adiós definitivo.

Adelantó la mano y sin saber muy bien que hacer con ella siguió el camino de un largo mechón de su cabello hasta que casi llegó a su cintura, Hinata lo miró fijamente a los ojos, sin respirar. Cuando sus dedos se desprendieron lentamente de sus mojados cabellos le dio una última y profunda mirada, dio media vuelta y se fue. Hinata lo vio irse sintiendo con certeza que las cosas le saldrían bien, que recuperaría su aldea y no volvería a verlo sufrir sosteniendo con desconsuelo su cabeza.

Había llegado siendo un hombre perdido, casi un niño desconsolado, pero ahora regresaba a la Arena siendo el líder que necesitaban, luciendo como el hombre decidido que sin querer se había forjado.

Sintió algo calido en su corazón al verlo desaparecer en la lejanía, porque algo era seguro, volvería a ver a Sabaku No Gaara, no sabía cómo pero lo haría. Cerrando los ojos con fuerza dio media vuelta y tomó aire, las despedidas siempre eran tristes de alguna manera, pero así era la vida, cada quien seguía su propio camino, persiguiendo sus propios ideales.

—Adiós Gaara-sama. —Sonrió una última vez y echó a correr a su casa, Hanabi había prometido que le contaría todos los detalles de su primera vez como líder.

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Gaara se sintió un poco extraño cuando usó los mismos túneles por los que había escapado para regresar a la torre Hokage, la arena se removió inquieta en su morral, pero él la contuvo con dos de sus dedos, la arena lo reflejaba, nunca mentía.

Nuevamente aquello era húmedo y oscuro, pero esta vez no importaba, porque había algo nuevo, algo que no había tenido antes.

—Gaara. —Casi cuando estaba por llegar a la luz Kankuro lo intercepto con un apretado abrazo que rompió casi al instante, como si se avergonzara del mismo—. Te… te he traído tu calabaza.

—Gracias. —El pelirrojo se la colgó al hombro, el familiar peso que tanto le había faltado cuando se fue lo hizo sentirse seguro.

—Estamos justo ahora en parlamento con el concejo y los rebeldes. —Su hermano susurró—. Karui esta muerto. —Gaara ni siquiera fingió sorprenderse, después de todo los métodos de la Arena aún no podían dejar su pasado sangriento.

—¿Temari?

—Adentro.

—Entiendo. —Ambos caminaron hasta el salón designado, Kankuro un poco nervioso. En cuanto estuvo frente a las enormes puertas el joven Kazekage las abrió de par en par despertando una serie de murmullos.

—Gaara-sama.

—Kazekage-sama.

—¿Qué hace aquí?

—¿Dónde estaba?

—Les dije que vendría. —Temari saltó orgullosa.

—Aún queda saber dónde estaba. —Un anciano lo miró maliciosamente—. Y porqué se fue cuando la aldea más lo necesitaba.

—Me marche. —Gaara habló firmemente callando todos los murmullos—. Porque sabía que se estaban levantando en mi contra. —Uno que otro en la mesa agachó la cabeza—. Me fui porque quería evitar una guerra civil, porque no quería ver a mis ciudadanos enfrentados por mi causa. —Tomó aire y sus ojos verdes relampaguearon—. Lo hice aunque me dolió el alma, esperando que fuera una decisión correcta.

—A mi punto de vista usted solo huyo. —Un shinobi joven lo observó con rencor despertando nuevos murmullos en la sala.

—Tal vez lo hice. —Gaara caminó lentamente hasta su sitio en la mesa, pero no se sentó—. Estaba confundido y aterrado, mi sangriento pasado me perseguía, no me sentía con el derecho de pedir que alguien peleara por mí. —Bruscamente estrelló una mano en la mesa provocando que todos se sobresaltaran—. Me sentí poca cosa para esta aldea, me sentí indigno y poco confiable, ¡pero ya no soy el mismo de ese entonces!, soy Sabaku No Gaara, Kazekage de Suna y estoy aquí y estaré aquí hasta el último momento. Fue mi error pensar que podía estar lejos de esta aldea, porque cada día alejado me dolió como mil cuchillas sobre mi piel, si he de morir por Suna moriré. —Sus hombros se relajaron—. Sé que hay descontento, sé que no hemos logrado el balance económico que soñamos, sé que aún soy joven y me falta experiencia, ¡pero para eso los tengo a ustedes!, para que me enseñen el camino por el que debo gobernar.

—Gaara… —Temari vio a su hermano con los labios entreabiertos y luego sonrió tenuemente, el muy pillo sabía como poner a los ancianos de su lado, el caso era si exigían algo que él no estaba dispuesto a pagar.

—Aún no nos dice dónde ha estado Kazekage-sama. —Orion, el más viejo del concejo lo miró fijamente, pero luego meneó una mano en el aire—. Pero de eso nos ocuparemos más tarde, hay un inicio de rebelión que debemos sofocar.

—Gracias. —Y por primera vez desde que lo conocían Gaara relajó los brazos y sonrío.

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—El reporte… —Neji, aún vestido con pesadas túnicas, un turbante en la cabeza y cara de estar fastidiado se paró muy derecho frente a su líder.

—¡¿Es cierto que Gaara regresó?! —Pero Naruto estaba más allá de ser un Hokage responsable y normal.

—Sí… —Neji casi rodó los ojos.

—¡¿Esta bien?!

—Sí.

—¡¿Y la rebelión?!

—Al parecer eliminaron a su líder así que los inicios de rebelión simplemente se transformaron en un descontento general, por ahora se esta intentando escuchar las quejas de los afectados y llegar a un acuerdo.

—¡¿Dónde estaba Gaara?!, debió pedirme ayuda a mí dattebayo. —Neji sintió que enrojecía, pero fue Sai quien contestó con su frialdad de siempre.

—Aún no se dan detalles de dónde estuvo.

—Me pregunto a quien le habrá pedido ayuda. —El rubio se echó hacía atrás en su silla y compuso un gracioso mohín con la boca—. El resto de las aldeas dijeron que ellos no lo tenían, incluso se hablo de que lo habían secuestrado.

—Parece que no fue el caso. —Nuevamente Sai fue quien respondió.

—Como sea, —Naruto sonrió zorrunamente—, Gaara se va a meter en un problema con eso, los de su concejo dijeron que si alguien de Suna había estado ocultando a su líder lo tomarían como alta traición, la verdad que son unos exagerados.

—Al parecer el Kazekage no estaba en Suna. —Sai se encogió de hombros.

—¿En serio?, —el rubio arqueó dos cejas—, pues menudo lío, a ver si no se arma algún problema burocrático entre aldeas. —Luego sonrió descaradamente—. Pero ahora sí que en este lío no me meten porque en Konoha no estuvo dattebayo. —Neji casi sintió que un sudor frío le corría por la espalda, desde que Hinata y él habían parado aquel carruaje creyendo que habían visto a Gaara a un lado del camino sabían que se iban a meter en problemas, aquello había pesado sobre ellos todo el tiempo, sólo que hasta ahora el asunto se volvía real. Muy a su pesar parecía que iban a arrastrar a Naruto y a Konoha en todo ese asunto.

—Pues ya que todo esta bien y en orden supongo que no hay problema. —Naruto estiró ambas manos feliz—. Gracias por su trabajo chicos.

—A sus ordenes Hokage-sama. —Ambos hicieron una pequeña reverencia y estaban por salir cuando Naruto habló nerviosamente.

—Oi Neji.

—¿Sí? —El joven ladeó un poco la cabeza para verlo, Naruto se había levantado y se rascaba la sien luciendo un poco fuera de lugar.

—Hum…¿Cómo está el clan?, ¿todo bien?

—Sí. —Neji parpadeó—. Nada que reportar.

—Que bueno… —Su joven dirigente entrelazó los dedos de ambas manos y se sonrojó tenuemente—. Y… ¿Hinata-chan?

—Ella también se encuentra bien… —Neji le sonrió amablemente, sabía que a Naruto le agradaba su prima desde que había terminado la cuarta guerra ninja.

—Esto… —El rubio se sintió descubierto y pasó saliva—. Es que Hiashi me ha pedido que no le de misiones porque esta indispuesta y me preguntaba sí… —Nuevamente enrojeció un poco—. ¿Esta muy enferma?, yo… quizás debería visitarla… digo, como líder…

—¿Enferma? —Neji por un momento no supo que decir, pero luego se imaginó que Hiashi sólo había inventado esa excusa para que no le dieran misiones y pudiera cuidar de Gaara—. Ah, eso, a veces Hinata-sama no se siente muy bien por forzar el Byakugan y debe reposar los ojos, seguramente ya se encuentra bien y podrá hacer misiones como regularmente lo hace. Seguro Hiashi-sama vendrá a quitar el permiso mañana mismo.

—Oh… —Naruto se rascó la nuca—. Bueno, si es así.

—Sí, no te preocupes. —Sin decir nada más Neji salió de la oficina escuchando como tras él Naruto tiraba un montón de papeles, hacía rodar el tintero y se pegaba con el escritorio en el dedo chiquito del pie. Y así, mientras su líder se retorcía en dolor, bajó de dos en dos los escalones. No había podido ver a Gaara en Suna dado su calidad de infiltrado, pero había intercambiado un poco de información con Kankuro y todo parecía marchar bien.

—¡He vuelto a casa! —Se anunció en cuanto se quitó el calzado y puso el primer pie sobre el tatami de la mansión Hyuuga.

—¡Neji-niisan! —Sorpresivamente Hinata le echó los brazos en torno al cuello y se aferro a él—. Bie-bienvenido.

—¿Y eso? —Parpadeando el castaño se quito delicadamente los brazos de en torno al cuello.

—No sé. —Hinata enrojeció—. Yo estuve deseando verte desde que…

—Gaara-sama esta bien. —Neji no pudo evitar el amago de una sonrisa burlona—. ¿No va a preguntar por Naruto?, es nuestro líder después de todo. —Hinata enrojeció brutalmente.

—Yo…. Yo sólo…

—Entiendo, estaba preocupada. —Con gesto cansado empezó a quitarse las pesadas ropas que habían sido su disfraz, Hinata iba tomándolas en brazos y cada vez tenía una montaña más grande de ropa frente a sus ojos.

—¿Uh?

—Por cierto Hinata-sama, no creo que esto haya acabado para nosotros, en algún momento el Kazekage va a tener que decir dónde estuvo si no es que los espías de Suna lo saben ya y vamos a meter en un problema a Naruto.

—Naruto-kun… —Hinata bajó el rostro entristecido.

—Aunque igual algo se le ocurre a Gaara. —El genio Hyuuga se encogió de hombros quedando solo en una camiseta de resaque—. No sabe el calor que hace en Suna.

—Ne-neji-niisan. —Cubierta por entero por la ropa Hinata trastabillo.

—En serio Hinata-sama. —Neji la sujetó por un brazo para que no rodara—. Que aquí el guardián soy yo. —Ambos intercambiaron una mirada y echaron a reír, la ropa hacía tiempo que había caído al piso.

—Yo no sé ustedes, —Hanabi que iba entrando en ese instante arqueó una ceja—, pero si fuera yo la que esta en su lugar me acordaría de avisarle a papá.

—¡Hiashi-sama!

—¡Ottou-san! —Ambos primos gritaron al tiempo y la pequeña rodó los ojos, ni siquiera habían notado que ella sabía que habían estado ocultando al Kazekage, de verdad que eran despistados.

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Notas de Okashira Janet: Y bien, la fase dos del fic esta por iniciar, a ver que tal nos va.

Agradezco a:

Poison girl 29

Ro0w'z

Kik

Pitukel

Citlali Uchiha

Lilipili

CHI

LastWizard

Stefany BM

Pandemonium Potter

Priscilla

Shaoran28

HoshiNoTsuya

NANA-chan53

Gaby L

Laauly

Mitthens Nott

Karo-chan

Kamikaze

Stellamaine

Niwa

Escarlata Hoz

Fanfiction

Zeldi-chan de hyuuga

Sakusa

Isi-san

Gracias por comentar, parece que cada quien vuela del modo que quiere, nunca me hubiera imaginado en una nube voladora estilo Goku o en una tabla de surf, fue muy divertido.

En cuanto a sus dudas, sí, probablemente en el siguiente capitulo Naruto y Hinata tengan que hablar y me estoy preparando mentalmente porque seguramente va a doler.

Como siempre muchas gracias por los ánimos, son la(o)s mejores.

13 de mayo del 2013 lunes