LATIDOS SEPULTADOS
Capítulo 7: Trazando el destino
Por Okashira Janet
Hinata soltó un gran, gran suspiro cuando por fin pudo echarse en su cama a descansar, explicarle a su padre todo lo que había pasado, desde la misión de Neji hasta la llegada del Kazekage a Suna había sido pesado, además los había observado a ambos con el ceño muy fruncido cuando Neji había tenido que explicar que quizás habían envuelto a Naruto y por ende a Konoha en algún problema político. Hinata no se arrepentía de haberle dado cobijo a Gaara y de ser necesario volvería a pasar por la misma situación, pero no quería ver a Konoha en un aprieto y por encima de todo no quería ver a Naruto en una mala situación, que un clan actuara a espaldas del Hokage era una ofensa e incluso podían acusar a los Hyuuga de traición, tampoco quería eso para su familia, ¡eran el clan más respetado de la villa!
Sintió que un gran dolor de cabeza hacía mella en su organismo y tuvo que sujetarse la sien con ambas manos, las aguas del río parecían calmas, pero en cualquier momento estallaría la tormenta, por más que lo pensaba no encontraba una excusa valida con la cual admitir haber encubierto a un hombre que todas las naciones ninja estaban buscando, en aquel tiempo Gaara era un dirigente que sin más había desaparecido no se sabía si como secuestrado, fugado o simplemente cobarde, el caso es que se había dado orden de entregarlo a él o a su paradero.
Ahora Gaara había recuperado su nación, ¿no volvería todo a la paz cuando él estuviera en su cargo?, ¿no harían a un lado su desaparición como si nada hubiera sucedido?... pensar de esa forma solo era consolarse a sí misma, sabía muy bien que las cosas eran graves y se iban a pintar peor.
—Debo decirle a Kiba… —Preocupada se mordió el labio inferior y sin tiempo para mimar dolores inventados se apresuró a salir de su habitación en busca de su amigo, Neji y ella estaban involucrados hasta el cuello en todo ese asunto, pero Kiba no tenía por qué arrastrarse a sí mismo y a su clan en todo aquel embrollo.
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Si a Gaara le hubieran dicho alguna vez que ganaría una guerra con discursos y muchas firmas probablemente se hubiera reído, pero así era, ciertamente el intento de rebelión había sido sofocado desde sus principios en su ausencia, pero las brasas calientes que aun quemaban habían tenido que tratarse con astucia y una serie de estiras y aflojas que él y su gabinete habían mantenido con la población y los rebeldes.
No, no es cómo si todo estuviera bajo control y parecía que ahí cualquier cosa podía pasar, pero con las nuevas leyes se entregaba un poco más de libertad y gracias a los arreglos diplomáticos de Temari con otras naciones que no tenían que ver con la actividad shinobi parecía que lentamente la economía volvía a fluir.
Gaara no se engañaba, los shinobis y aquel mundo de guerra y sangre nunca se acabarían por más que Naruto soñara con nobles ideales en un sitio donde todos pudieran entenderse, él, asesino de muchos sin razón, sabía perfectamente lo que era la espiral de odio que de vez en cuando lo atrapaba en sus garras. Sí, los shinobis seguirían siendo esenciales y por eso sus ninjas se acataban al rígido sistema de Suna, sí, buenos shinobis, pero esperaba que esta vez les dejaran un poco de libertad en el corazón.
—Kazekage-sama. —Orion, el antiguo consejero cuya palabra era más importante que la de cualquiera lo observó desde sus agudos ojos arcaicos—. Me parece que el día de hoy dará una explicación importante al concejo, algo que hará que recupere su credibilidad ante la junta y ante la aldea.
—Sí. —Gaara lo había pensado por días, intentando salidas que eran cada una peor que la anterior, al final se había rendido a la evidencia, Orion sabía dónde había estado, había espías en cualquier lugar y ni siquiera el complejo Hyuuga era inmune a las antiguas técnicas ninja capaces de confundir al ojo Blanco.
Secretamente lo había hablado con Kankuro y con Temari, al final Temari le había dado la idea y Kankuro la había apoyado ruidosamente, aun a pesar de que él, en primera instancia, se había sorprendido tanto por la propuesta que se había quedado momentáneamente sin habla.
—"¿Te incomodan mis sentimientos?"
—"¡No-no!" —Le pareció que aquella conversación con Hinata Hyuuga había pasado hace muchísimo tiempo, años quizás, tal vez había confundido todo, quizás la arena sobre su pecho no lo dejaba y nunca lo dejaría sentir, ya no había tiempo para analizarlo o tratar de deshacerlo, sabía que ella aceptaría, en aquellos días en su hogar la había conocido lo suficiente para poder asegurarlo.
Entró al salón donde lo esperaba el concejo con Orion a su izquierda y Kankuro a su derecha, su hermano se veía tan serio como siempre, pero Gaara notó que entretejía entre sus dedos el hilo de su marioneta, estaba nervioso, ¡Dios Santo! Y él que tenía que decidir su destino por un bien mayor en ese instante era él.
—Siéntense. —Aun así su voz fue segura y marcada de autoridad cuando extendió el brazo en invitación para que todos los presentes se sentaran a su alrededor—. Los he reunido hoy para explicar dónde estuve durante mi ausencia los días pasados.
—Espero que nos explique, —un joven jefe de clan apretó los labios—, por qué ha dejado Suna en un momento donde era indispensable. —Gaara lo miró de reojo, sabía que jamás podría hacerse entender con aquel joven, lo que había hecho le sabía a traición, le resultó doloroso tomando en cuenta que era un importante jefe de clan del que lo mínimo que esperaba era un poco de lealtad.
—Sochiro-san. —Hizo énfasis en su nombre, recordando cuando se habían conocido y se trataban con cordialidad, antes de la guerra y toda la basura que había quedado después—. Como he mencionado antes, quedarme en Suna en aquel momento hubiese significado un baño de sangre que no solo hubiera afectado a nuestra mermada economía si no también a nuestra población actual que, de por sí, ha sufrido muchas bajas con la guerra.
—¡Y por eso se fue sin decirle a nadie…!
—Sochiro-san. —Gaara lo interrumpió con la dureza propia de un dirigente—. Kankuro-san y Temari-san, mis hermanos e importantes personajes de Suna, sabían de mi paradero y me tenían al tanto del momento preciso en el que mi vuelta no conllevara desgracias a una aldea cuyo único propósito en mi vida es proteger.
—Aun no nos dice dónde ha estado. —Orión lo observó, ojos fijos, Gaara le regresó la mirada—. Extendimos una orden para que cualquier aldea que supiera de su paradero nos rindiera informes, era del todo necesario saber cuál era su condición para con Suna, el abandono de sus obligaciones podían haberlo hecho pasar a usted por un criminal del más alto rango, basados en esa suposición quien sea que le haya dado cobijo estaba cobijando a quien, podía ser, un criminal de rango S.
—¡Insultar así al Kazekage…! —Kankuro gritó estampando una mano sobre la mesa, pero Gaara lo paró con un movimiento de su mano, apreciaba la entrega y lealtad de Kankuro, pero era su hermano después de todo y los allí presentes no veían nada de valor en que lo apoyara tan ciegamente.
—El apoyo que recibí…
—Fue de la familia Hyuuga de Konoha. —Orión lo señaló con el dedo, como si así pudiera demostrar alguna clase de culpabilidad, Gaara permaneció tan impasible como siempre, apenas preguntándose qué tanto sabía de todo eso aquel anciano.
—Así es.
—¡No lo ha negado! —Enseguida se levantaron murmullos.
—¡El Hokage ha cometido traición!, juro ante esta mesa que desconocía su paradero e incluso tuvo la desfachatez de mostrarse preocupado por usted. —Alguien se levantó en los asientos del final, a Gaara se le endureció la mirada, podía soportar que dijeran muchas cosas de su persona, pero no de Naruto.
—El Hokage no sabe y nunca supo absolutamente nada de esta situación. —El pelirrojo colocó ambas manos sobre la mesa—. Es completamente inocente.
—¿Insinúa que el clan Hyuuga actuó a sus espaldas?
—¿El clan Hyuuga traicionó a Konoha? —No, Gaara no hubiera deseado que la reunión tomara ese rumbo y aun esperaba poder sortear el peligro, pero se acababan sus escapatorias y la persona que lo había ayudado por un impulso de su buen corazón estaba cada vez más cercada por colmillos que querían dañarla.
—¡Se debe hacer de conocimiento público!, ¡El Hokage debe tomar cartas en el asunto!
—No. —Gaara cerró los ojos un momento, pero los volvió a abrir con la decisión pintada en sus pupilas verdes—. No fue el clan Hyuuga.
—¡Pero si usted acaba de afirmar que estuvo en el clan Hyuuga!
—"¿Yo te gusto?"
—"¡Yo!. El Ka-Kazekage… Creo... Creo que me gusta… un poco…"
—He dicho que no fue el clan Hyuuga quien me acogió, —Gaara miró al frente con la mirada decidida de aquel día cuando retó a su destino en la Gran Guerra Ninja—, solo dos personas sabían de mi estancia en ese lugar: Hyuuga Hinata y Hyuuga Neji.
—¡El genio Hyuuga y la heredera del clan!
—¡Pero si se trata de la próxima dirigente del clan!, ¡representa a los Hyuuga!
—¡La participación de ella envuelve a todos los Hyuuga!
—No. —Como lo sentía, su único error había sido ayudarlo, pero ahora él no encontraba otra forma de protegerla—. Ella no representaba a todo su clan y Neji Hyuuga solo actúo bajo sus órdenes debido a que se trata de su guardián.
—¿Si no representaba a su clan Kazekage?, —Orión lo miró burlón—, ¿a quién representaba?
—Ella solo me brindo la protección que bajo la ley de los hombres y los dioses debe darme quien será mi futura esposa. —Y si tuvo en algún momento alguna duda en decir aquello el escudo de arena le impidió sentirlo.
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Hinata dio dos toques en la ventana de Kiba, como siempre Akamaru fue el primero en acercarse al vidrio y menear la cola.
—¡Ey Hinata! —Kiba abrió y, como si le estuviera abriendo la puerta, la invitó a pasar a su desordenada habitación—. ¿Qué haces aquí?, ¿misión?
—No. —Hinata juntó ambos dedos índices, hacía tiempo que no la veía hacerlo así que Kiba arqueó una ceja intrigante.
—¿Sucedió algo?
—Neji dice que muy probablemente tendremos problemas, por hacer… ya sabes… y solo quería decirte que no deberías decirle una palabra a nadie, como si nunca lo hubieras visto Kiba-kun.
—Envolver a mi clan en problemas por nada no parece muy inteligente de mi parte. —Kiba se rascó la cabeza visiblemente frustrado, nunca le habían gustado las aventuras en donde no podía seguir a Hinata—. Pero haré todo lo que pueda por ayudarte, tú solo pídelo.
—Gracias Kiba-kun.
—Y creo que en estos momentos lo que necesitas es salir y tomar un poco de aire, ¿un paseo en Akamaru?
—¿Y si caminamos?
—Tú siempre tan aguafiestas. —Kiba gruñó, pero apenas fue un instante porque al momento siguiente ya estaba poniéndose el calzado ninja y saltando por la ventana, desde que se habían convertido en el equipo 8 ni ella ni Shino entraban por la puerta principal del clan Inuzuka, sortear tantos perros y adolescentes violentos era para cansar a cualquiera.
—Podríamos pasar por Shino-kun. —Hinata murmuró, Kiba la observó de lado un poco preocupado, no era normal que Hinata no fuera franca con ellos, a esas alturas.
—Podríamos hacerlo, ¿hay algo que no me has dicho?
—No. —Hinata negó con la cabeza, luego llevo la mano a su pecho estrujando ligeramente la chamarra—. Pero tengo un presentimiento, como si algo muy importante estuviera pasando y yo no lo supiera.
—Me da miedo cuando te pones en plan fatalista. —Kiba se llevó ambas manos tras la nuca y miró el cielo—. La última vez fue cuando Pain atacó la aldea.
—Es tonto, ¿verdad? —Hinata lo sujetó del brazo, dejando que un poco de sus temores se fueran en contacto con la rudeza de su mejor amigo.
—No diría que es tonto, pero alguien como yo no puede entenderlo y si algo malo viene lo detienes y ya y si no puedes detenerlo te enfrentas a él, así lo has hecho siempre Hinata.
—N-no siempre…
—Es como si ahora que "quien ya sabes quién" se ha ido te has puesto muy alterada.
—Uh. —Hinata bajó la mirada, Kiba arqueó ambas cejas.
—¿O será que te ha gustado mucho y se te rompió el corazón?
—¡Ki-Kiba-kun!
—Y yo que pensé que siempre sería Naruto.
—¡N-no es eso! —Y sin embargo le alegró notar que ella recuperaba su energía, mejillas sonrojadas y puños apretados.
—Ya estamos con Shino, ¡Shinooo! —Alargó la última letra hasta que un joven cubierto por chamarras apareció a lo lejos—. ¡Ooooiii Shino!, ¡Hinata quiere ir a dar una vuelta!
—Te he oído desde la primera vez. —Su parco compañero chasqueó la lengua—. Te he dicho decenas de veces, Kiba, que no debes ser tan escandaloso en un clan como el mío acostumbrado al orden.
—Y yo te he dicho decenas de veces que mi clan llega y grita, es sentido común.
—No le veo el sentido común por ningún lado. —Shino entrecerró la mirada—. Además, me resulta sospechoso esta sorpresiva reunión sin una misión de por medio.
—¡Los amigos hacen eso! —Kiba estalló—. Golpear tu puerta y obligarte a salir, ¡también es sentido común!
—Solo me apetecía caminar por ahí con ustedes, si no estás muy ocupado. —Hinata apretó sus dedos índices, apenas un segundo antes de que Shino le tomara ambas manos con sus largos y gruesos dedos.
—Te noto nerviosa.
—Está fatalista. —Kiba rodó los ojos y echó a andar, Shino y Hinata lo siguieron por inercia—. Dice que algo malo está pasando, ya sabes, karma y eso.
—Actualmente las naciones ninja están en paz. —Shino paseó la mirada por las copas de los árboles—. Y no tenemos misiones en puerta.
—De hecho hace bastante que no tenemos misiones. —Kiba murmuró mosqueado—. Tengo que ir a decirle a tu novio que se ponga serio con esto.
—¡Na-Naruto-kun no es mi novio! —Hinata se sonrojó como una manzana y Shino pasó de decirle a Kiba que, como siempre, era poco sensible con los sentimientos de los demás.
—He estado pensando, —en lugar de eso Shino siguió avanzando, pasos largos que siempre lo habían caracterizado—, que con la última guerra hacen falta ANBU.
—¿No creerás? —Kiba abrió la boca—. ¿Qué no hemos tenido misiones por qué nos están dando el tiempo previo a la requisición ANBU?
—No podemos descartar la opción. —Shino se encogió de hombros.
—¡Pero si solo somos Chunnin!, y a saber cuándo volverá a abrirse el examen para jounnin.
—En la guerra muchos rangos fueron saltados sin mayor preámbulo. —Shino se acomodó las gafas oscuras—. Sin ir más lejos Naruto se volvió Hokage. —Hinata los escuchó discutir sin atreverse a aclarar que no habían tenido misiones por su causa, por cierto, todo ese tiempo se había reportado indispuesta a Naruto.
—¡Ey!, —Kiba señaló al frente—, hablando del rey de Roma. —Naruto caminaba con porte serio hacía la salida de Konoha, Shikamaru lo acompañaba hablando rápidamente, pero con un volumen tan bajo que no se le entendía media palabra.
—Parece que están en un asunto oficial. —Shino retuvo a Kiba que ya estaba por la labor de ir y anunciarse—. No deberíamos interrumpirlos. —Hinata fue de la misma idea, pero no por eso dejo de sentir un tamborileo de corazón, Naruto siempre le ocasionaba el mismo sentimiento, desde hace tantos años cuando ambos eran niños. El rubio siguió caminando en dirección a la salida y ahora que caían no llevaba la ropa Hokage y sí su uniforme ninja.
—¿Será que se va de misión? —Kiba abrió la boca—. Hinata deberías ir y decirle que vuelva con bien o algo así, ya sabes, es tu novio.
—No es mi novio Kiba-kun. —La joven se arreboló, Shino pasó de ambos.
—Si no se nos ha informado que va a salir lo mejor sería fingir que desconocemos esta circunstancia.
—Shino, tu siempre eres tan misterioso. —Kiba se quejó, pero Hinata no dijo nada, simplemente observó su espalda perdiéndose en la lejanía, recordó esa misma imagen en tantas ocasiones anteriores, a pesar de haber dicho que después de la guerra caminarían lado a lado. No es que creyera que aún no tenía la fortaleza de caminar lado a lado con Naruto, por fin tenía la suficiente autoestima para pensar que algo como eso podía ser posible, sabía que si no en fuerza, si podía caminar a su lado en otros aspectos, apoyarlo y sostenerlo cuando lo necesitara… si tan solo él se lo permitiera…
—¿Nos pasamos con Kurenai-sensei? —Ligero y cambiante como era Kiba dio vuelta a la derecha, Hinata lo siguió sin agregar nada, aunque sintió que aquello era una equivocación y que si no iba a despedirse de Naruto —aunque sería vergonzoso hacerlo ya que no tenían una relación que lo justificara— se arrepentiría de alguna manera. Pero bueno, Naruto volvería, siempre lo hacía, y ella tendría una oportunidad, una vez más, de caminar junto a él.
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Hiashi dobló, desdobló y volvió a doblar el pergamino en sus manos, sabía que las aldeas se movían de maneras misteriosas y que poderes ocultos de los que nadie sospechaba eran capaces de mover hilos que rompieran en dos su estabilidad.
El día que Hinata le había confesado su ayuda al Kazekage Hiashi supo que tendrían problemas, le había dicho a su primogénita y a Neji que hacía aquel asunto su responsabilidad por completo y ellos lo habían aceptado como sí cualquier cosa, cierto, tampoco había sido muy enérgico en imponer su ideología y reglas en ellos, tanto Hinata como Neji habían crecido en la guerra, mentalmente eran mucho más aptos que muchos ninjas que los superaban en años, pues bien, había llegado el momento en que lo demostraran.
—¿Nos mandó llamar? —La puerta de papel se abrió, Neji y sus dos hijas aparecieron frente a él, los tres vestidos de manera informal, pues habían estado entrenando hasta hace muy poco, Hiashi les hizo seña para que se sentaran, los tres lo hicieron con la elegancia que años de instrucción Hyuuga les había brindado.
—Hace poco el Hokage ha salido en una misión. —Hiashi inició su monologo sin prestar atención a los rostros confundidos de sus oyentes—. Una importante misión de carácter diplomático en la aldea de la lluvia. —Nadie habló, tampoco esperaba que lo hicieran—. La salida del Hokage es bastante provechosa para fines que nos conciernen. —Solo hasta entonces notó cierta tensión en Neji, siempre el más agudo de los tres.
—¿Han descubierto donde se encontraba Gaara-sama? —Hiashi asintió con la cabeza, le pareció que volvía en el tiempo, a una reunión igual de sofocante donde, quien sería su futura esposa, se encontraba frente a él con la cabeza inclinada en señal de respeto.
—Saben que se encontraba en el clan Hyuuga.
—¿Nuestro castigo? —Neji era práctico, siempre lo había sido, incluso en el tiempo en que el rencor consumía su corazón.
—Les advertí que sus acciones traerían consecuencias que recaerían solo sobre ustedes.
—Estamos conscientes… Ottou-san. —A pesar de que su voz no titubeaba Hiashi notó cierto temblor en las manos de su hija mayor, sabía que de haber podido Neji le hubiera sujetado la mano para ocultar su temor, así había sido siempre el halcón que velaba por su protegida.
—Al parecer el Kazekage-sama fue de la misma idea. —Hiashi se cruzó de brazos y cerró los ojos—. Y si él pudo hacer semejante sacrificio por poner a recaudo nuestro clan y la aldea es justo que actúen en consecuencia. —Le pareció que Hanabi titubeaba, como queriendo encontrar en sus ojos algo que se le estaba escapando—. El Kazekage ha dado como razón de su estancia en éste lugar un enlace matrimonial entre ustedes. —Observó fijamente a Hinata, como esperando el momento en el que se rompería, pero su hija se quedó muy quieta, como una fina estatua de marfil, la misma expresión que había tenido su madre al sellarse su destino. Neji apretó sus rodillas, pero Hiashi supuso que todo aquello pudo haber sido mucho peor.
—¡Pe-pero! —Hanabi fue quien rompió el silencio—. Mi hermana es la futura…
—Tú serás la futura líder del clan Hyuuga, era algo que se venía tratando desde antes a ser sincero, desposar al Kazekage es un honor que unirá a dos aldeas de una manera que no se lograría de otra forma. —Hinata asintió con la cabeza, ya no temblaba, como si los sentimientos hubieran huido de su cuerpo, Hanabi tenía la boca abierta, siempre había sido más expresiva, pero se recompuso casi al instante, aún era joven.
—¿Y el Byakugan? —Neji tenía los dientes apretados, pero era una furia que no podía ir a ningún lado.
—Aunque el Kazekage y Hinata tengan descendencia, —la joven se estremeció—, sus hijos deberán volver a Konoha al cumplir quince años si son civiles y a los doce años si quieren volverse ninjas, el Byakugan le pertenece a Konoha.
—Esto es… —Neji bajó la mirada—. Sorpresivo.
—Y una opción que es mejor que cualquier castigo. —Hiashi respiró hondo—. Neji, como guardián de Hinata tendrás que ir con ella, un miembro de la familia principal en una aldea ajena, por muy aliada que sea, puede sufrir atentados.
—¡Pero Ottou-san! —Por primera vez una muestra de sentimiento se reflejó en Hinata—. No puedo pedirle a Neji que me cuide por siempre.
—Pero aun así voy a hacerlo. —Neji recordó una plática hacía tiempo, cuando afirmó que no tendría hijos—. No intente separarme de mi destino, nací para protegerla.
—Neji-niisan…
—El Kazekage ha enviado a su hermano Kankuro-san para escoltarlos, en condiciones normales la unión de un miembro del clan Hyuuga con un Kage sería un gran evento al que asistirían todos los personajes importantes de las cinco naciones ninja, sin embargo en la situación en la que se encuentra la aldea de la arena no es prudente hacer un bullicio por el enlace de su dirigente.
—¿Cuándo partimos? —Neji inclinó un poco la cabeza, Hanabi lo observó sin acabar de creerlo, seguro para él era fácil, no era él quien tenía que casarse con alguien a quien no amaba solamente por el pecado de haber sido amable.
—Esto, ¿de verdad? —La joven giró a ver a su hermana, como si fuera a encontrar en ella alguna opción que aún no alcanzaban a vislumbrar.
—Sabía que lo que hice tendría una consecuencia. —Hinata miró al frente, aunque a Hanabi le pareció que sus ojos no reflejaban nada—. Para el Kazekage tampoco debió haber sido una situación sencilla.
—Sí, pero… —Su padre le envió una mirada de advertencia, por años de rangos, respeto y modales Hanabi cerró la boca, pero sintió como si el corazón le latiera dolorosamente, no estaba lista para ser la nueva líder del clan, no sabía a dónde dirigirse sin Neji caminando adelante como el genio que siempre había sido, sin Hinata diciendo que todo estaba bien y curándola cuando se había herido.
—Partirán mañana por la mañana, si el Hokage se llegase a enterar de toda esta situación podría entorpecerla. —Porque tampoco a él le pasaba por alto los sentimientos del rubio hacía su hija, pero iniciar una guerra por una sola mujer era algo que la historia no recomendaba—. ¿Hinata?
—Entendido Ottou-san.
—Pueden retirarse. —Los tres salieron sin hablarse los unos con los otros y Neji fue el primero en perderse en la oscuridad, Hinata no sabía si dejaba algún amor, si le dolería separarse de sus amigos o si le había arrebatado la vida que quizás, podría haber tenido de haberse quedado.
—No quiero que te vayas… —Hanabi apretó los dientes, Hinata le acarició el brazo.
—Yo tampoco quisiera irme.
—Además amas a Naruto-kun. —Le hubiera gustado que no lo dijera.
—Escuché decir alguna vez que uno no siempre se casa con la persona que ama.
—Pero si Naruto-kun te quiere también…
—Solo le daría problemas a Naruto-kun si me aferró a él, ser Hokage siempre ha sido su sueño, no le voy a causar molestias cuando ha alcanzado lo que quería, a la larga también me lo agradecerá. —A la larga, la verdad ni siquiera estaba segura de los sentimientos de Naruto, siempre había sido experta en imaginarse cosas.
—Y yo…
—Tú estarás bien. —Hinata levantó la barbilla para ver las estrellas—. Eres mucho más fuerte que yo y tienes el potencial para superar a Neji, eres un genio Hanabi, no dejes que los ancianos, el concejo u Ottou-san te hagan dudarlo.
—¿Vas a extrañarme?
—Mucho. —Pero no quería pensar en eso, no quería pensar en nada, solo sabía que aquella vez, cuando la espalda de Naruto se alejaba en la distancia, debió haberlo alcanzado, siempre había sido demasiado amable, demasiado complaciente, demasiado gentil.
—Neji-niisan cuidara de ti. —Hanabi le apretó la mano, como cuando ambas eran niñas—. Y Kazekage-sama parecía un buen hombre.
—Es un buen hombre. —Y decía que le incomodaban los sentimientos por ella, sin poder evitarlo se le llenaron los ojos de lágrimas, no era sólo que ella no lo amaba a él, era que él, aunque lo intentara, no parecía capaz de amarla—. Dicen que para que un matrimonio funcione no es completamente necesario que haya amor. —Hanabi la observó con curiosidad—. Así que mi matrimonio podría funcionar. —Las lágrimas corrieron por sus mejillas y las sintió frías sobre su piel, Hanabi la abrazó, brazos delgados que rodeaban su cintura.
Nunca iba a caminar lado a lado con Naruto, no tendría niños que vería crecer en Konoha, no sería la líder de un clan por el que había peleado tanto, un momento de debilidad durante la lluvia, un momento de gentileza en el que le había dado asilo a un hombre demasiado importante había torcido su destino para siempre.
Lloró, lloró porque sabía que era la única oportunidad que tendría para hacerlo, lloró por el amor que perdía antes de tenerlo, por los amigos que jamás volvería a tener cerca, por la casa que ya no sería suya, la hermana que ya no vería crecer. Quizás y solo quizás ese día Hinata Hyuuga acabó por completo su reserva de lágrimas.
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—Lamento las molestias. —Kankuro, con su usual maquillaje y su atuendo ninja negro se pasó una mano tras la nuca sin saber bien a bien que decir en la presente situación, Neji y Hinata viajaban en el asiento delante a él, ambos con la espalda muy derecha y ropa tradicional de su clan, como si viajar en diligencia hasta Suna no fuera un dolor en el trasero.
—No se preocupe Kankuro-san. —Hinata asintió ligeramente con la cabeza y Kankuro se preguntó si aquella muñeca de porcelana podría lograr compaginar con Gaara, de reojo observó a Neji, a él lo conocía de antes y su misión en Suna los había hecho intercambiar información y tratarse en el plano laboral, pero dentro de poco serían familia y Neji Hyuuga parecía todo menos alguien social.
No solo la vida de Gaara iba a cambiar, la vida de todos ellos daría una vuelta que sería difícil de aceptar. Por supuesto, los primos Hyuuga se llevaban la peor parte, apenas viajaban con un hermoso baúl cada quien, Kankuro se imaginaba qué tesoros Hyuuga se ocultaban dentro, la heredera del clan de los ojos blancos y el genio del mismo, ¿no era un trato desventajoso para Konoha aquella unión?, con razón los ancianos habían estado tan contentos de sellar aquel compromiso lo más rápido posible, incluso habían sacado al Hokage de la jugada.
Naruto era el mejor amigo de Gaara y seguramente estaría molesto cuando se enterara de que no había sido invitado a la boda (conociéndolo chillaría bastante), pero nadie sabía cómo reaccionaría el rubio dirigente ante aquella treta y Gaara no podía mentirle a Naruto, no cuando había cambiado única y exclusivamente gracias a él. No, el secretismo de todo aquel asunto era precisamente para no alargar una revuelta que ya le había costado bastante a la Arena.
Kankuro no se engañaba, darle una esposa a Gaara también era una manera de probarlo, muchas personas aún le guardaban miedo, lo consideraban un asesino del que no se podía confiar demasiado, a sus espaldas decían que ni siquiera con sus hermanos lograba ser afectuoso. Una esposa era la oportunidad para demostrar que era un humano, uno que era capaz de amar. Por desgracia aquel no era el caso, Gaara y Hinata no se amaban, aquella era una prueba que no terminaría solo con que se casaran.
Por otro lado Neji era un agregado al estrés que todos estaban sintiendo, si bien el genio Hyuuga entendía la posición delicada en la que se encontraban su papel de perro guardián del infierno parecía bien marcado por aquella tensión de sus hombros y la mirada fría en sus ojos. No, no sería fácil ser familia.
—El concejo ha decidido que la boda se lleve a cabo apenas llegar. —Kankuro no sabía si la mejor táctica era soltar todo directamente, pero tampoco podía retrasar aquello y sabía que Neji era de los que hablaban directo.
—Entendido. —El joven Hyuuga sujetó la mano de su prima que se había puesto a temblar sobre su rodilla, Kankuro observó aquel gesto con tristeza, tenía pocos recuerdos de Hinata Hyuuga, una niña siendo apaleada por su primo en los exámenes para Chunnin, una joven peleando al lado del mismo hombre en la cuarta guerra ninja. Entendía que la relación entre Hinata y Neji Hyuuga era complicada y difícil de explicar, pero su relación con su hermano tampoco era normal. Cuando Gaara había cambiado los había arrastrado a los dos, tanto a Temari como a él, en ese cambio. Pero Hinata Hyuuga seguía pareciendo aquella niña gentil y débil que recordaba, el único que había cambiado era Neji, como si ahora insistiera en ser un escudo para aquel pajarito de alas quebradizas.
No estaba seguro que Gaara fuera lo suficientemente gentil para cuidar aquellas frágiles alas…
El viaje no resulto muy cómodo, ni tampoco agradable, los Hyuuga no dijeron nada y él no era precisamente el alma de las fiestas en la presente situación. Cuando anocheció —y debido a que seguían avanzando para llegar más rápido— Hinata se durmió contra el hombro de su primo, pasada cerca de una hora Neji se la acomodó contra las rodillas, a Kankuro le recordó cuando Gaara era un bebe y Temari y él trataban de arrullarlo entre risas sin percatarse de lo peligroso que era en realidad.
—Lamento toda esta situación. —Kankuro habló solo para no seguir en aquel silencio, Neji asintió con la cabeza.
—Yo también. —Bueno, aquello no había sido muy agradable, pero suponía que cualquiera que hubiera actuado gentilmente y por recompensa hubiera recibido que le robaran su vida tal y como la conocía habría reaccionado de igual manera.
—Gaara… —Titubeó sin saber bien a bien cómo expresarse o defender a su hermano—. Él lo pensó mucho e ideó muchas maneras, pero era la única solución… Él en realidad es un buen hombre.
—Lo sé. —Neji lo interrumpió observándolo con aquellos ojos que parecían no expresar nada, Kankuro se sintió ligeramente irritado, a él mismo le había llevado años comprender a Gaara, que aquel joven se lo dijera así, como si fuera tan fácil…—. El tiempo que Gaara-sama estuvo con nosotros, —Neji continuó—, fue suficiente para que me percatara de su naturaleza, el Byakugan puede ver allá dónde una visión normal no puede.
—Hum… —Kankuro se revolvió incomodo, todas las líneas sanguíneas, las técnicas oculares y la pureza de la sangre eran un tema dónde él era completamente inútil, de hecho nunca había querido relacionarse con nada por el estilo y ahora, de golpe y porrazo, tendría que volverse familia del clan con más renombre de Konoha—. Sé que nosotros los hemos obligado a esta situación, pero puede que a Gaara le tome tiempo.
—A todos les tomara tiempo. —Al descuido Neji acarició uno de los largos mechones de cabello de su prima, la conocía, sabía de su corazón tranquilo y amable, si se lo imponía como un deber ella sería capaz de darle completa devoción a Gaara, con el paso del tiempo sería capaz de amarlo, quizás no con el apasionamiento de los enamorados y seguramente no como había amado a Naruto, pero sería suficiente. Gaara necesitaría más tiempo, cuando pensaba en el pelirrojo se veía a sí mismo, pero si él había sido capaz de amar a Hinata después de todo el rencor y el odio que había arrastrado por años entonces Gaara también podría hacerlo, lo sabía.
—¿Y a ti? —Kankuro se arrepintió en cuánto lo preguntó, pero la moneda ya estaba en el aire.
—Yo iré a dónde ella vaya y seré lo que ella necesite que sea. —Tal devoción era impropia de una época como la suya, a Kankuro le pareció que retrocedía en el tiempo, que volvía a la era de sirvientes y señores. Nunca se hubiera imaginado que Neji Hyuuga tuviera el espíritu de un caballero viviendo dentro de él, se sonrió por lo bajo pensando que aquel hombre frío era, en realidad, más romántico de lo que se apreciaba a primera vista.
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Al final Gaara se había arrepentido de todo, de casarse en secreto, de no permitirle tener a su lado a su hermana y a su padre, de negarle a los amigos que deberían estarla abrazando, de rechazar su destino de princesa cuyos cortejos debían haber sido del conocimiento público y su boda la más sonada dentro de las cinco grandes naciones ninja.
Ella no se había quejado y ya la primera vez que lo había visto le había dado un pequeño asentimiento con la cabeza, sin reproche en la mirada. Neji también estaba ahí, quizás era él la razón por la que Hinata Hyuuga no se había derrumbado, su primo la había entregado ante el altar y con la mirada parecía decirle que lo resistiera.
La deuda que tenía con Neji Hyuuga era una deuda de vida y la que tenía con ella…
—Acepto. —Nunca había imaginado que se casaría tan joven, a ser sincero ni siquiera había creído que se casaría algún día, los sentimientos amorosos le eran tan nuevos, tan extraños e incomodos que habría preferido no tenerlos, pero ahora tenía que aferrarse a esos frágiles sentimientos para llevar a cabo esa farsa.
Hinata Hyuuga le gustaba un poco y sabía que él le gustaba un poco a ella, pero se habían casado por diferentes razones, él lo había hecho por Suna, por su nación y el peso que le aplastaba los hombros, ella lo había hecho por su clan, por la paz entre aldeas y su orgullo como anterior líder Hyuuga.
Era honor y deber.
La boda había sido pequeña, unos cuantos invitados demasiado importantes para negarles la invitación, sus hermanos, Neji, él, ella… Cierto, no había titubeado en ningún instante, ella si lo había hecho, la mano le había temblado al firmar y la voz le había fallado al dar el "sí, acepto". A Gaara le hubiera gustado tener un momento para pedirle las disculpas que sabía que necesitaba escuchar, pero no lo había tenido, en lugar de eso había hecho una declaración pública.
"Quiero que compartamos la vida, de aquí hasta que la muerte toque a la puerta". No había mentido, no era bueno para relacionarse y probablemente le pagaría su amabilidad con dureza e incomprensión, pero iba a esforzarse. Ella era delicada, suave y fácil de entender, de alguna manera lo lograrían. Iba a esforzarse porque amara la arena bajo sus pies lo mismo que él la amaba.
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Desde que salió de su casa Hinata no había llorado, se había prometido que no lo haría, el Concejo de Suna esperaba ver a una pareja cuyo amor era tan fuerte que habían desafiado a las leyes para esconder a su amante en su casa, ante las narices de su propio padre.
Todo aquello era difícil. Fingir sentimientos no se le daba bien y Gaara era estoico en todo momento, a pesar de que había intentado sonreír y lucir alegre Neji le había dicho que era mejor su expresión de bochorno, genuino, que aquel intento flojo de felicidad.
La boda había pasado como entre nubes, no podía acordarse de nada, ni de Kankuro brindando por una felicidad y amor que no había ni de Temari intentando aligerar el ambiente ni los ojos verdes de Gaara que la observaban como si de un momento a otro fuera a desmayarse.
No era tan débil. La guerra la había endurecido y si ahora su misión era la de ser una esposa la cumpliría, aunque fuera una misión larga, aunque fuera una misión que cambiaba su vida y su destino. Lo primero era un paso y luego seguir avanzando, eso le había enseñado Naruto.
—¿Cómo te encuentras? —Gaara la observó de frente, tan sincero y sin tapujos como lo era siempre, Hinata hubiera querido tener su dominio de sí mismo, su capacidad de afrontar la adversidad de frente.
—Supongo… mejor de lo que esperaba. —No mentía, la boda había sido solo un trámite, algo casi irreal, como si no acabara de ser cierto y Neji había estado ahí con ella, ahora era diferente, ahora compartía un enorme cuarto con Gaara, un cuarto tan grande que daba una sensación de abandono.
—Me he estado reprochando aceptar su amabilidad. —Gaara apretó los labios—. Debí haberme dado cuenta que les traería problemas, debí haberme dado cuenta de mi posición y…
—Yo creo, —Hinata bajó la mirada, los pendientes en sus orejas tintinearon—, que si volviera a encontrar a Gaara-sama en ese lugar… yo volvería a ofrecerle mi ayuda y sé que Neji-niisan haría lo mismo. —Gaara no pudo evitar sentir aprecio por aquella bonita mujer con un kimono tradicional que ahora era su esposa.
—Este matrimonio será lo que tú quieras que sea. —La sujetó de ambas manos ante su sorpresa—. He destruido la vida que tenías, te he quitado todo lo que merecías, te he arrastrado a una tierra que no es tuya. —Sintió que sus dedos temblaban bajo los suyos, ¡si pudiera evitarlo!, ¡si pudiera ahorrarle el dolor!
—Gaara-sama…
—Me diste valor y un refugio y yo en cambio te he traído sufrimiento. —Sintió que el corazón se le apretaba al darse cuenta de la gravedad de sus propias palabras—. No soy bueno con los sentimientos y es cierto que no te amo, no puedo prometer que vaya a amarte algún día. —De los ojos de la joven cayeron lágrimas que como perlas le corrieron por las mejillas, Gaara se las enjugó con un dedo, notando lo delicada que era su piel, lo mucho que le costaría acostumbrarse al sol del desierto—. Pero seré para ti el esposo que quieras que sea, si me pides que sea tu esclavo…
—¡Yo nunca…! —Hinata dio un salto preocupada, pero él la retuvo por la muñeca.
—Tu amigo, tu amante, o si prefieres que no me acerque. —Sus ojos la miraron con entereza—. Haré lo que desees. La deuda que tengo contigo es más grande que mi vida misma. —Hinata lo observó notando en aquellas palabras la misma fuerza que había usado al dar aquel discurso antes de empezar la cuarta guerra ninja. En aquel entonces Gaara había inflamado los corazones de todos dándoles la fuerza para seguirlo al mismo infierno si era necesario, y ahora ese mismo hombre se entregaba a ella con todo lo que tenía, con todos sus defectos, en una deuda que era de por vida.
Se sintió un poco torpe, un poco pequeña y también, sí, cierta parte de ella sintió una satisfacción inexplicable ante aquel hombre que medio mundo ninja temía pero que para ella se daba sin reservas.
—Gaara-sama… —Todo aquello era irreal y en ocasiones tomaba tintes de pesadilla, pero se había hecho a la idea—. Quisiera, si fuera posible, que nos conociéramos un poco mejor, que conviviéramos más y si, dado el caso, tal vez… —Le costaba decirlo, pero sabía que era lo que su padre esperaba de ella, lo que podía llegar a tener si se esforzaba—. Podría ser que nuestro matrimonio resultara, a la larga, agradable para los dos. —A ser sincero era más de lo que esperaba, la sujetó de los hombros y le plantó sus labios fríos en la frente, ella se quedó quieta, aguantando la respiración primero y luego relajándose en sus brazos, no era lo que había esperado, pero Gaara estaba agradecido de que fuera ella quien a final de cuentas se hubiera convertido en su esposa.
Hinata Hyuuga le había hecho conocer la amistad y el inicio de algo que podía ser amor, si se esforzaba, si ponía todo lo que tenía de su parte quizás y sólo quizás aquel matrimonio podría ser real.
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Como hombre práctico Neji ocupó la habitación al lado de la de los recién casados, sabía que su vida, de ahí en adelante, tenía como única misión proteger a Hinata Hyuuga, no más lealtad a Konoha o a su equipo, los lazos de sangre estaban por encima de nacionalidades e ideologías.
La boda había sido poco festiva, pero era de esperarse, luego Gaara y Hinata se habían ido a su nueva habitación, Kankuro se había puesto un poco inquieto al respecto, pero Neji sabía que no pasaría nada, no con Hinata y Gaara como protagonistas de esa retorcida historia de amor.
Tenía sus dudas, no lo negaba, acerca de cuándo se consumaría ese matrimonio y prefería que fuera antes que después, sabía que se quitarían muchos pendientes de encima si Hinata y Gaara se volvían (en todo el sentido de la palabra) marido y mujer. Pero planteárselo a Hinata era obligarla a desmayarse y no consideraba correcto adiestrar al líder de otra nación ninja acerca de la importancia de poseer a su esposa.
Como un espectador —un bastante implicado espectador—, no le quedaba más que observar el desarrollo de su relación y tratar de inclinar favorablemente la balanza entre aquellos dos ingenuos, casi como si en lugar de que hubiese ganado un hermano en quien apoyarse se hubiera encontrado con otro protegido para su colección.
—Neji-niisan. —Le enterneció ver a su prima asomándose por la puerta de su habitación aun con el kimono tradicional de bodas puesto aunque ya era otro día.
—¿Va a decirme que no se cambió de ropa?
—No podía quitármelo sola. —La joven enrojeció—. Y-y no podía decirle a Gaara-sama que me ayudara y-y además cambiarme frente a él… —Si aquel era un matrimonio no lo parecía por ningún lado—. ¿Puedes ayudarme Nii-san?
—¿No se lo pide a su esposo pero me lo pide a mí? —Neji arqueó las cejas solo por ver su sufrimiento.
—Yo se lo pediría a Hanabi-chan pero… —Pero ahora estaban solos y solo se tenían el uno al otro, Neji no pudo evitar sentir un poco de pena por ella, pero aquella iba a ser su nueva vida y debían acostumbrarse rápido.
—No es correcto que yo le ayude Hinata-sama, por muy guardián suyo que sea, ¿pero qué le parece si se lo pide a su nueva hermana?
—¿Temari-san? —Hinata titubeó dudosa, pero Neji le puso una mano sobre el cabello con afecto.
—Si va a formar parte de esta nueva familia tendrá que acostumbrarse. —Los dos tendrían que hacerlo.
Momentos después una sensual mujer de cabello rubio apareció frente a la puerta y apenas después de dar un toque entró a la habitación con una sonrisa pícara en los labios.
—Y bien, ¿quién no se portó mal en su noche de bodas?
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Notas de Okashira Janet: Lo sé, he tardado, ¿dos años?, ¿es así?, pareciera que acabo de dejar a Gaara hace unos minutos. Bromas aparte, mi vida durante el internado fue difícil y para rematar perdí la inspiración en el GaaHina cuando Naruto se alzó con la copa de oro (risas), aunque algunas veces pasó por mi mente abandonar este fanfic al final pudo más mi respeto a mis creaciones y me hundí en este capítulo.
A decir verdad el ritmo del fanfic va a cambiar y espero que no sea demasiado molesto, los primeros capítulos pasaron con una lentitud enloquecedora así que ahora vamos a ir más rápido.
Agradezco por sus comentarios a:
Diosa Luna
Lilipili
Poison girl29
Fumis
Chibieiki
Sirone Aphrody
EscarlataHoz
Cl4viB4
NANA-chan53
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A todos muchas gracias por leer.
30 de diciembre del 2015 Miércoles
