LATIDOS SEPULTADOS
Capítulo 8: Equipo 8
Por Okashira Janet
Hinata no era y nunca había sido buena para tratar con las personas, pero las mujeres le eran particularmente difíciles, sobre todo las que no formaban parte de su clan. La familia Hyuuga era muy tradicional, de las mujeres se esperaba que demostraran talento, fuerza y buen desempeño como kunoichis, pero también se les exigía un buen trato, decencia, que acataran las decisiones de sus maridos y que, en definitiva, fueran gráciles y delicadas. Una vez Neji había dicho que era cien veces más difícil ser una mujer Hyuuga que un hombre y Hinata sospechaba que no se equivocaba, por eso compaginar con Temari le estaba resultando difícil.
Durante su vida su contacto con mujeres había sido limitado y de hecho no fue hasta que conoció a su sensei que comprendió secretos femeninos que habían estado vedados para ella hasta el momento y de cualquier manera su sensei siempre había sido una mujer calma, que analizaba todo antes de llevar a cabo una acción y cuya paciencia le había granjeado a sus alumnos —tan diferentes entre ellos— el lograr una completa aceptación y manejo de sus integrantes.
Temari en cambio era toda cambio y energía, Hinata no podía evitar compararla con todas las mujeres que había conocido reconociendo que era diferente de las demás, si bien de vez en cuando había tenido salidas de chicas con Sakura, Ino y Tenten, Temari no se parecía a ninguna de ellas. Tenía la coquetería de Ino, la fuerza de Sakura y el juicio analítico de Tenten, pero además era segura y desfachatada. Hinata no podía con eso.
Temari no necesitaba de un hombre que la apoyara, si bien Hinata sabía (porque todas las naciones ninja lo sabían) que entre ella y Shikamaru corría una buena relación que rozaba el punto amoroso, lo cierto es que ella no parecía decaída por no verlo, triste por su lejanía o tentada a buscarlo. Era como si para Temari del desierto Shikamaru solo fuera algo que la entretenía cuando estaba cerca.
—Hinata. —No hubo formalismos ni palabras corteses el primer día que hablaron como si fueran hermanas—. Sé que estabas enamorada de Naruto, no, sé que estas enamorada de Naruto. —Era mortificante, pero lógico hasta cierto punto, que lo supiera, después de todo no había sido precisamente discreta al momento de sentir su amor hacia el rubio y en la cuarta guerra ninja lo había tomado de la mano frente a toda la alianza shinobi.
—Yo…
—No. —Temari alzó una mano, ojos muy firmes—. No me importa. —Hablar con Temari era un poco como hablar con un hombre, iba directo al punto sin rodeos—. Sólo sé que ahora estas casada con Gaara.
—Sí. —Le contestó con firmeza, sabía lo que Temari quería decir, quizás Gaara hubiera sido flexible y permisivo con ella, pero nadie iba a permitir que dejara en mala posición al Kazekage. En otras palabras, por mucho que amara a Naruto debía olvidarlo, relegarlo a un punto donde no pudiera lastimar a nadie.
—Seremos hermanas de ahora en adelante. —Temari se dirigió hasta ella y empezó a desatar el nudo del obi—. Tú serás la esposa del Kazekage.
—Sí.
—Puedes confiar en mí. —Debido a que se encontraba a sus espaldas Hinata no pudo ver la expresión en sus ojos, pero supo por la voz que le hablaba completamente en serio—. Gaara… no es muy bueno expresándose y puede que te lastime alguna vez sin ser consciente, pero lo está haciendo lo mejor que puede.
—Lo sé.
—Shikamaru… —La sintió morderse los labios—. Dijo que no podía haber una opción más adecuada para esto que tú. Que eras amable y comprensiva. Pero le preocupaba lo que pudiera hacer Naruto…
—Naruto-kun no puede hacer nada. —No, era el dirigente de otra aldea y ellos ya estaban casados, lo habían jurado, tanto el Kazekage como ella, que estarían juntos para siempre.
—Los hombres son tempestivos. —Temari terminó de soltarle las pinzas y pasadores, luego la observó y abruptamente le acarició la cabeza—. Siempre quise una hermanita. —Su edad no era muy dispar, pero ciertamente ella parecía la hermana mayor en ese asunto, sumisa Hinata se dejó hacer, lo cierto es que ella nunca había deseado una hermana mayor, ni siquiera se lo había imaginado, siempre pensó que caminaría al lado de Naruto, pero Naruto no tenía familia. Había pensado que lo cobijaría, que sería su familia, que se convertiría en su fuerza.
Ya no sería.
Y a ella le estaría bien empleado aceptar lo que la vida le ofrecía.
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Gaara había dormido poco, como siempre, cerca de las tres de la mañana se había despertado y cierta parte de su cabeza se sintió extrañado de no hacerlo sobre su cama. Ah, cierto. Ahora compartía una habitación con su esposa, pero pasar la primera noche de bodas compartiendo la misma cama era algo que ninguno de los dos podía hacer aún, así que Gaara se había acostado sobre cobijas en el suelo, a Hinata aquello la había mortificado, pero Gaara había dormido en lugares peores… mil veces peores.
La observó dormir sobre la cama, echa un puñito con el kimono de ceremonias puesto, no parecía que fuera muy cómodo. Cuando se habían acostado a dormir habían estado tan nerviosos e incomodos que ninguno de los dos se había cambiado las ropas, ahora que ella dormía Gaara colocó una barrera de arena y se mudó por la ropa que usaba habitualmente, sabía que no volvería a dormir de cualquier forma.
Ahora que Hinata era su esposa iban a tener que poner algunas reglas para convivir sin causarse demasiados inconvenientes, ella querría tener su espacio, él de cualquier manera no es como si usara mucho la habitación, pero sabía que los concejeros lo verían con sospecha si no dormían juntos por lo menos.
Era bonita su esposa, Gaara lo había notado antes, pero le pareció que era mucho más bonita así, con la luz de la luna dándole en la cara, el cabello revuelto y sepultada bajo un montón de tela del kimono tradicional.
Se acercó hasta ella y la observó atentamente, no le gustaba haber sido el causante de su tristeza, pero así era y ahora tendría que cargar con eso. Sin siquiera un suspiro desapareció en un pluff que solo dejó un poco de humo como recuerdo, reapareció en lo alto de la torre Kage, desde ahí se sentó sobre una base de arena y observó su aldea. Mientras había sido un niño las noches como aquella, con luna llena y oscuridad, lo llamaban a la violencia y la sangre, en una noche como aquella del pasado seguramente Shukaku le habría susurrado al oído que asesinara a Hinata —lento y metódico o rápido y salvaje, todo dependía del estado de animo de su bijuu—. En una noche del pasado la vida de Hinata no habría valido nada, hubiera sido insignificante como todo lo que lo rodeaba y sin embargo ahora era para él una flor que quería conservar a toda costa.
Se pasó el resto de la madrugada vagando por las calles, como lo había hecho desde que se había convertido en Kazekage, vigilando la seguridad y saludando de vez en cuando a los guardias con un seco movimiento de su mano. Cerca de la mañana fue a bañarse a su casa, todos dormían así que utilizó el baño de la planta baja, no quería entrar en la habitación que compartía con Hinata provocando su despertar y una incómoda conversación.
Una vez listo partió a la torre Kazekage, unos cuantos empleados le dieron los buenos días e incluso uno tuvo la valentía para felicitarlo por su boda. Como todo buen ninja de nivel Kage Gaara tenía el oído más desarrollado que el resto de la población shinobi así que no le fue difícil escuchar ciertas alabanzas hacía su elección y el buen tino de tener Hyuugas de su parte. Era lo esperado. Aquel parecía a todas luces un movimiento político y la belleza de Hinata era solo un plus al hecho. Pero lo cierto es que aquel no había sido precisamente un movimiento político, había sido un asustado plan de emergencia del que aún no se sabía a cierta ciencia los resultados.
—Kazekage-sama hay unos informes de la frontera que debería leer.
—Kazekage-sama, lamento que sea después de su boda, pero ¿podría echar un vistazo al reporte de misiones en la aldea de la lluvia?
—Kazekage-sama. —La rutina de siempre, los papeles de siempre y el trabajo de siempre, como si nunca se hubiera casado, como si Hinata Hyuuga no se encontrara en su casa preguntándose qué hacer o extrañando su anterior vida.
—Kazekage-sama. —Escuchó unos golpecitos en la puerta, golpes tímidos.
—Adelante. —La puerta se abrió y ante él apareció Matsuri, la joven se apresuró a cerrar la puerta tras de sí, como si temiera que él retirara la entrada, pero luego se quedó ahí, mirada fija en el suelo y manos entrecruzadas al frente.
—Matsuri. —El pelirrojo la observó atento—. ¿Qué se te ofrece?
—Se-se ha casado. —Le pareció que ella pasaba saliva.
—Lo he hecho.
—E-ella… dicen que es muy bonita.
—Hyuuga Hinata de la aldea de la Hoja. —Gaara contestó sereno—. Quizás la viste durante la Cuarta Guerra, junto con su padre y su primo lideraba a la familia Hyuuga.
—Yo… yo la vi. —Una gota salada cayó al suelo y Gaara notó que su alumna estaba llorando.
—¿Te sientes mal? —Gaara se puso de pie, las lágrimas de las mujeres eran algo que aún no era capaz de afrontar adecuadamente.
—Nunca tuve una oportunidad, ¿verdad? —La joven giró la mirada hacía él, sus ojos estaban vidriosos y algunas lágrimas corrían por sus mejillas, Gaara sintió que algo le apretaba el pecho.
—No sé…
—Usted debía saber, yo siempre se lo dije, que estaba enamorada de usted, yo… realmente lo amaba, aun lo amo ¿sabe? —Sus mejillas se colorearon fuertemente ante la confesión, pero luego oculto la cara tras sus manos—. ¡Pero, pero ahora usted se ha casado!, se ha casado con Hinata Hyuuga que es la princesa de Konoha, se ha casado con la dirigente del clan más importante de la Hoja, pero usted no la ama, lo sé.
—Matsuri. —Gaara colocó una mano sobre su hombro, ella giró a él, aún con las lágrimas corriendo por su rostro—. Es cierto que no la amo…
—¡¿Entonces por qué?! —La joven lo interrumpió, luego se llevó una mano a la boca—. Yo, yo entiendo que sea el dirigente de la aldea y que a veces tiene que hacer cosas que… pero, pero ¿nunca tuve una oportunidad?, ¿de verdad nunca pensó en mí de esa manera? —Era una pregunta difícil y le hubiera gustado cobijar su corazón herido, pero mentir nunca había formado parte de su personalidad.
—Las razones para mi matrimonio son personales. —Y no hablaría de ellas con nadie que no hubiese estado implicado—. Es cierto que actualmente no amo a mi esposa, pero la respeto y estoy decidido a darle el lugar que se merece como mi compañera. —No creía que Matsuri fuera la clase de mujer que buscaba una aventura, pero tenía que dejárselo claro de antemano—. En cuanto a si te considere alguna vez…
—Ya sé que nunca lo hizo. —Torpemente ella se frotó un ojo—. No estaría hablando tan tranquilo conmigo ahora si fuera de otra manera. —Aquello era cierto y a Gaara le sorprendió que ella lo leyera tan bien, consecuencia de lo mucho que lo había observado y de lo profundo de sus sentimientos.
—Me hubiera gustado que las cosas no resultaran de esta manera. —Apretó ligeramente su hombro y ella supo que no podía pedirle más a un hombre como él, era sincero y se preocupaba genuinamente por ella, a su manera, pedirle que se enamorara cuando era obvio que no había podido hacerlo ni siquiera por su esposa era pedir demasiado.
—A mí también me hubiera gustado. —Sonrío de cualquier forma, aunque era lo último que quería hacer en ese momento, porque sabía cómo le gustaba a Gaara ver la sonrisa de Naruto a pesar de que las cosas fueran mal y le pareció, por un ínfimo momento le pareció, que los ojos de Gaara se abrían con sorpresa y luego se suavizaban lentamente y entonces lo supo, no había sido un error, amar a Gaara no había sido un error. Algún día se enamoraría de otro hombre, alguien que la aceptara y la quisiera, pero amar al hombre que ahora la sujetaba con toda la calidez que era capaz de dar… nunca se arrepentiría de haber amado alguna vez a Sabaku No Gaara.
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Neji encontró que los ninjas de la arena no eran como los de Konoha, en su mayoría eran desconfiados y no parecía agradarles del todo verlo a los ojos, la mayoría de ellos rehuía su mirada y aunque las mujeres lo seguían como si se tratara de algún animal exótico también ellas parecían cohibidas cuando las veía de frente.
—¿Has oído?, con el Byakugan puede ver debajo de tu ropa.
—¡Yo quiero que vea debajo de mi ropa! —Lo peor era, por supuesto, el acoso juvenil femenino, ya en sus tiempos en Konoha su fama lo había precedido, pero ninguna jovencita se le acercaba demasiado por su conducta antisocial y despectiva. Por desgracia aunque seguía siendo antisocial sus modales distaban mucho de ser despectivos y en general era solo un frío hombre que llamaba la atención.
—Dicen que pueden ver todo de ti, que ven hasta cuando mientes. —Neji no sabía si aquella gente nunca había visto el Byakugan activado, pues si bien era cierto que los Hyuuga podían hacer varias de esas cosas sus ojos en estado normal no eran diferentes que el resto de los ojos humanos.
—¡Es tan guapo! —A Neji su belleza física nunca le había parecido demasiado importante y si bien hacía uso de ella en las misiones que lo requirieran nunca le había fastidiado tanto su aspecto como en ese momento. La culpa había sido de Kankuro que le había dado unos trapos propios de la Arena que le dejaban ambos brazos descubiertos y cuya camisa se le pegaba al abdomen marcando sus músculos gracias al sudor, ciertamente era una prenda fresca, pero estaba resultando ser un arma de doble filo.
Hinata, por fortuna o por desgracia, había decidido no salir ese día de su elegante casa, como una jaula dorada para un pajarillo asustado, de cualquier manera Neji le daría tiempo para acostumbrarse. Él por su parte se proponía descubrir todo de aquel sitio, donde se reunían los rufianes, en dónde entrenaban los ANBU, quienes era los mejores jounnin… Hinata nunca sería aceptada como la princesa del desierto si veían en ella a una extranjera y Neji estaba decidido a ser el contacto que ella necesitara, en cualquier lugar o momento.
Haría que se acostumbraran a sus ojos, haría que confiaran en sus ojos y después les demostraría el corazón de Hinata, Neji sabía que no era necesario algo más que eso, Hinata era la clase de mujer que cambiaba el corazón de quienes la rodeaban, no solo la aceptarían, estaba seguro que igual que él Suna aprendería a amarla.
—¿Qué pasa?
—Invasores, creo. —Escuchó a algunos Chunnin hablarse a gritos y no pudo evitar el seguirlos con la vista, parecía haber movimiento en la entrada oeste a la aldea, como primer paso para conseguir sus propósitos Neji decidió ir a analizar la situación, si en realidad había invasores quizás necesitaran de sus servicios.
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Gaara tuvo la visita de su hermano Kankuro a medio día, venía con las medidas para construir una presa en uno de los escasos ríos aledaños y el consejo tímido de que fuera a casa temprano, con su esposa.
Gaara había sido reconocido como un dirigente capaz y diligente que hacía su trabajo en tiempo y lugar, pero que siempre se empeñaba en poner más de su parte y salir tarde de la oficina. Suponía que ahora eso iba a cambiar. Y no importaba lo incomodas que fueran las cosas con Hinata, simplemente tenían que hacerlo funcionar de algún modo.
De cualquier manera no tuvo tiempo de pensar en Hinata toda la tarde, había tenido tanto trabajo que al final, cerca de las seis de la tarde, cuando escuchó un "Permiso" de una voz que no le resultó familiar solo dijo "Adelante" sin levantar la vista.
Fue rapidísimo. Gaara se puso de pie y un escudo de arena se formó ante él antes de que el puño de su visitante se estrellara contra su cara.
—¡Eres un bastardo! —Escuchar aquella afirmación de boca de Kiba Inuzuka, el mismo que le había dado la charla hacía poco lo hizo tambalearse emocionalmente hablando, aunque nada en él demostró tal confrontación interior.
—Kiba. —Atrás Shino Aburame, con los brazos cruzados, habló con su voz impersonal de siempre—. Te tengo dicho que no puedes insultar a los Kages, sea Naruto o sea Sabaku No Gaara.
—¡Confié en ti! —Kiba lanzó otro puñetazo, la arena volvió a interponerse aunque hubo una ligera fractura en su perfecto escudo, para no estar usando ninguna técnica importante Kiba estaba poniendo mucha fuerza en sus golpes.
—Lamento haber traído a estos visitantes inesperados. —Neji entró último cerrando la puerta tras él y en la seriedad de su rostro se veía algo de fingido, algo le decía a Gaara que no sentía haberle llevado a Kiba en lo absoluto.
—Tal vez debemos dejar que el Kazekage se explique. —Shino acomodo sus gafas sin tratar de evitar la furia de su compañero.
—¡Te llevaste a mi mejor amiga!, ¡no me invitaste a su boda!, ¡siempre le dije que yo sería su padrino de sake!, ¡vas a tener que casarte de nuevo! —Gaara se preguntó qué tan furioso tenía que estar para tutearlo de aquella manera.
—Como puede observar Kazekage-sama los sentimientos de los compañeros de equipo de Hinata-sama están afectados.
—Lo lamento sinceramente. —Al instante Gaara hizo una reverencia que dejó a Kiba con un puño en el aire y a Shino con una ceja arqueada.
—Kazekage-sama sí que sabe ser diplomático. —Shino metió ambas manos en las bolsas de su gabardina—. No cómo cierto Hokage.
—Pues, de todas maneras… —Kiba abrió mucho la boca—. ¡Disculpas no aceptadas!
—Kiba, —Shino suspiró—, eso es infantil.
—¡No me importa!
—Estos dos han salido de la aldea sin permiso. —Neji inclinó ligeramente la cabeza—. Lo hicieron solo porque estaban preocupados por Hinata-sama así que le agradecería mucho si les entregara pases para su pertenencia aquí y su posterior regreso a Konoha.
—Entiendo. —Gaara los observó a los dos, aunque Kiba parecía rabioso y tenía mala cara estaba casi seguro que quien estaba más molesto de los dos era Aburame Shino.
—Les he explicado a ambos las circunstancias. —Neji se encogió de hombros como dejando claro que por su parte por lo menos lo había intentado.
—Entiendo que mis acciones han hecho pagar un alto precio a quien no lo merecía. —Gaara cerró los ojos—. Lamento no haber considerado apropiadamente sus sentimientos.
—Y bien que lo lamentes. —Kiba frunció exageradamente el ceño—. ¡Somos sus hermanos!
—Compañeros de equipo. —Shino lo corrigió sin inflexiones en la voz.
—¡Amigos del alma! —El Inuzuka enseñó un amenazador colmillo, todo el salvajismo de su clan en una sola pose—. ¡Y tú nos privaste del momento más trascendental de su vida! —No tenía manera de defenderse de eso y ya antes había pensado que su actuar había sido erróneo con respecto a una boda donde ella solo había podido apoyarse en Neji siendo que era el día más importante en la vida de una mujer.
—He pensado. —Neji sonrió de medio lado—. Que a Hinata-sama le haría ilusión ver a sus compañeros.
—Entiendo. —Gaara echó una mirada atrás, había pensado adelantar algo de trabajo, pero fortalecer sus lazos con su esposa era lo más importante—. Los guiare. —Nunca había estado en una posición en la que alguien más débil que él se le impusiera de esa manera, pero Gaara sabía que se lo tenía merecido. Caminaron por los corredores y las calles sin que nadie intentara conversación, de vez en cuando una frase aislada de Neji, un asentimiento de Shino y un gruñido de Kiba.
—¿Esta es tu casa? —Finalmente llegaron a una mansión, Kiba arqueó ambas cejas.
—Se podría decir. —Neji contestó sin aspavientos—. Soy el guardián de Hinata-sama así que vivo con ellos.
—¿Eso no es incómodo? —Kiba apretó las cejas.
—Vivía en un clan antes, estoy acostumbrado.
—Supongo. —Kiba entró sin esperar a que Gaara le hiciera la invitación, de cualquier manera se sacó las sandalias en la puerta y luego —para sorpresa de Gaara— su rostro cambió por completo—. Jo, me ha visto. —Gaara no sabía de qué estaba hablando, pero antes de un suspiro Hinata apareció por el corredor, vestía un vestido sencillo que le caía hasta el suelo y el cabello suelto, en cuanto Kiba estuvo frente a ella desactivo el Byakugan y corrió hacía él.
—¡Ki-Kiba-kun! —Kiba la sujetó por la cintura y le dio una vuelta en el aire, una sonrisa enorme en la cara.
—¡Te has casado! —Gaara entreabrió los labios sin entender por qué para ella no había ningún reproche.
—Yo… —Hinata enrojeció, aun en los brazos de Kiba giró la mirada hacía Shino—. Shino-kun…
—No te preocupes. —Shino caminó hasta ella y colocó una mano sobre su cabeza—. Entiendo las difíciles circunstancias que estabas pasando y la incapacidad para hacernos partícipes de los eventos.
—Gra-gracias. —Un par de lágrimas asomaron a sus ojos y mientras intentaba tímidamente secárselas Kiba se puso a hacerle pellizcos y a sonreírle en son de broma.
—Para ellos Hinata-sama es una persona muy preciada. —Neji se cruzó de brazos dándoles su espacio—. No querrán perderla de ninguna manera así que han canalizado todo su rencor hacía usted.
—Comprendo. —Nunca había visto esa expresión en Hinata, el alborozo por tener a sus amigos con ella le hacía sentirse más culpable aún por haberla separado de ellos.
—Oi, oi. —Kiba le susurró al oído—. ¿Entonces ya eres una mujercita ahora?
—¡Ki-Kiba-kun!
—¿Aun no? —Con asombro arqueó ambas cejas y giró a donde Gaara lo veía sin expresión—. ¿Es que no te sirvió de nada la charla que te di? —Y de no ser porque nunca en la vida le había ocurrido Gaara juraba que hubiera sido capaz de enrojecer.
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Al final aquello se había convertido en una fiesta post boda atrasada, Kiba la había coronado como "torna del día después", quienes más se habían divertido eran Kiba y Kankuro, ambos tomando hasta estar tan contentos que habían terminado cantando algo de palomos que se casaban y hacían currucu-cu-cu. Temari también había lucido alegre, Shino era completamente impasible y Neji se veía divertido.
En cuanto a Hinata se veía tan alegre de compartir con sus amigos que Gaara se sintió satisfecho, personalmente nunca había sido bueno con reuniones sociales y a pesar de que disfrutaba las bromas de otros se hallaba con pocas cosas que decir por lo que se mantuvo en un perfil bajo toda la velada.
Finalmente cerca de las doce de la noche todos empezaron a despedirse, Kiba y Shino se acomodaron en el cuarto de huéspedes.
—Siempre que estamos fuera dormimos los tres juntos. —Lloriqueó Kiba, pero Shino le dijo, con su estoicidad de siempre, que Hinata debía dormir con su esposo ahora, aquello puso a la joven en un aprieto, lo cierto es que Gaara y ella no habían dormido juntos en toda la extensión de la palabra.
—Puedes cambiarte en el baño. —Gaara le señaló la puerta al fondo—. Y mientras lo haces yo puedo cambiarme afuera. —Hinata estuvo conforme y se tomó su tiempo poniéndose la piyama y lavándose los dientes. No era una piyama adecuada para una esposa recién casada, pues era de manga larga y pantalón, pero Hinata se veía incapaz de utilizar otra cosa ante su, ahora, esposo.
Cuando salió Gaara ya se había cambiado, también llevaba una piyama de pantalón pero la camiseta de arriba era de resaque, por alguna razón Hinata se sintió cohibida recordando otro día cuando lo había encontrado vestido de la misma manera estrujando su rojo cabello, ahora la imagen era muy diferente, Gaara estaba recostado sobre las cobijas en el suelo y contrario a toda idea preconcebida se veía un tanto intimidante.
—Buenas noches Gaara-sama. —Se encontró incapaz de decir algo más o de sostener la mirada de sus ojos verdes, Gaara tampoco insistió, en cuanto ella se tendió en la cama él apagó la luz. Debido a que era tarde ambos se quedaron dormidos rápidamente.
3:00 AM.
—¡Ah! —Gaara despertó abruptamente sentándose, aunque al hacerlo su respiración estaba agitada le tomó poco tiempo volver a serenarse. Una pesadilla. De nuevo. Cerró los ojos, los abrió y se pasó una mano por la frente intentando disipar el mal recuerdo.
—¿Gaara-sama?
—Lo siento, ¿te he despertado? —Gaara giró a ver la oscuridad, en el sitio donde supuso se encontraba Hinata.
—¿Ha tenido una pesadilla? —La joven bajó de la cama y dio pasos inseguros hacía él.
—Son habituales en mí. —No quiso decirle que las había empezado a tener cuando ella le había enseñado a retener los sueños y ahora ya no sabía cómo hacer para volver a dejar de soñar.
—Uh. —Hinata se quedó de pie frente a su improvisado tendido.
—Son, —Gaara sacudió ligeramente la cabeza—, son solo recuerdos… días que quisiera olvidar.
—Yo también… —Aturdida Hinata se arrodilló frente a él—. Yo también tenía pesadillas en el pasado, cuando era gennin. —Gaara la miró fijo a los ojos, por sí había algo que pudiera hacer que se deshiciera de ellas—. Pero Kiba hizo que las olvidara.
—¿Cómo?
—Bueno, —Hinata se sonrojó—, cada que me despertaba gritando me ponía un empellón y me decía que estaba conmigo y que me callara. —A Gaara aquel método, aunque efectivo, le parecía un poco brusco para con su esposa, caracterizada por su amabilidad.
—¿Y las pesadillas se fueron?
—Me tarde, pero al final… creo que me sentía protegida con Kiba-kun y Shino-kun ahí para mí, nunca había tenido amigos ni nadie que se preocupara por mí así que…
—Entiendo. —Gaara asintió con la cabeza.
—¿Quiere que lo intentemos? —Por un momento Gaara no supo a lo que se refería y no sabía si actuaría instintivamente lastimándola si es que ella le ponía un empellón, además no se la imaginaba ordenándole que se callara.
—No estoy seguro… —Y realmente no lo estaba.
—Estuve pensando. —Hinata miró hacía la cama—. Cuando vamos en misión con otro shinobi siempre dormimos juntos en la misma casa de campaña sin que haya mayor problema en-entonces compartir la cama con Gaara-sama tampoco debería ser difícil.
—Entiendo. —Gaara también giró a ver la cama, no veía gran diferencia entre dormir en el piso o en el colchón, pero si Hinata estaba poniendo de su parte él también lo haría—. ¿Te parece bien si intentamos dormir ahí ahora?
—Por supuesto. —Hinata se puso de pie y Gaara hizo lo mismo, ella se metió por el lado izquierdo y él por el derecho, era una cama grande así que ni siquiera tenían que rozarse, Gaara pasó de decirle que una vez que se había despertado no era capaz de volver a dormir de nuevo.
Por algunos minutos Hinata se revolvió incomoda —a pesar de qué había sido idea suya— Gaara adoptó la postura de un muerto y no se movió ni un centímetro hasta que ella pareció relajarse y cayó en un sueño tranquilo, debido a que no quería despertarla (y había comprobado por sí mismo que los Hyuuga tenían el sueño liviano) no giró a verla, en lugar de eso se ocupó en ver el techo. Siempre podía salir por la ventana y darle una vuelta a su aldea, pero algo le decía que no despertar al lado de su esposa todos los días aparte de sospechoso no iba ayudarle en su empeño de hacer de aquel un matrimonio agradable.
Su otra opción fue sencilla (era lo que hacía siempre después de todo) hizo la técnica del tercer ojo y por un momento dejó que su jutsu se paseara por la habitación acostumbrándose, observando las esquinas y adecuándose a la luz de la noche, estaba a punto de salir por la ventana para dar su vuelta habitual cuando notó con sorpresa que Hinata estaba despierta y lo veía con los ojos muy abiertos.
—Lo siento, ¿te he despertado? —Automáticamente Gaara deshizo la técnica.
—Gaara-sama, ¿es que no puede dormir?
—Estoy acostumbrado y no quisiera que perdieras el sueño por mi culpa.
—Bueno… —Iba a ser un poco difícil no despertarla si hacía técnicas ninja tan complicadas acostado a su lado—. ¿No ha intentado con leche tibia o leyendo un cuento o…?
—He contado ovejas, Naruto dijo que servía, pero no lo hace.
—Hum. —Hinata sonrió levemente ante el recuerdo del rubio, pero luego sacudió la cabeza—. Cuando Hanabi-chan no podía dormir le contaba un cuento o la arrullaba con una canción, ¿quiere que lo intentemos? —Que Gaara recordara nunca nadie le había contado un cuento o le había cantado una canción, le asombró lo mucho que aquello parecía emocionarlo.
—De acuerdo. —Hinata se colocó de medio lado y empezó a contarle el cuento de una muchacha con el cabello tan largo que medía lo mismo que la torre donde estaba encerrada, Gaara divagó un poco acerca de jutsus que usaban el cabello como arma —le había tocado uno que otro contrincante—, el cuento no le dio sueño, pero la voz de Hinata era calma y agradable, Gaara olvidó que había tenido una pesadilla y también olvidó que se suponía que iba a hacer antes de que ella comenzara a hablar. Al final Hinata terminó el cuento bostezando.
—Qué raro, —los parpados le pesaban—, Hanabi siempre está dormida a estas alturas. —A Gaara le hubiera gustado que siguiera hablando y le contara cuentos que no conocía e historias que nadie nunca le había contado, pero al final ella se durmió y Gaara no pudo hacer otra cosa que acomodarle la almohada y cubrirla con la frazada pues en el desierto la temperatura por la noche disminuía considerablemente. La observó largo y tendido y al final le retiró un mechón de cabello de la cara para poder ver adecuadamente sus facciones, nunca hubiera pensado que un rostro dormido le daría tanta paz.
….
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Cuando Hinata despertó Gaara ya se había ido, de nuevo, lo que la mortifico bastante. Ciertamente todo aquello era intempestivo y no había podido reaccionar del todo ante sus nuevas circunstancias, pero aun así había cosas que quería hacer por él, levantarse temprano, hacerle el desayuno, quizás almorzar juntos… se suponía que eso hacían los matrimonios, que se contaban cosas en la mañana antes de ir a trabajar, se suponía que ella lo despediría con un beso —era completamente incapaz de hacerlo, pero quizás un día…— o tal vez saldrían a trabajar juntos y se despedirían en el camino.
Hinata aún no sabía que debía hacer, durante la guerra las posiciones se habían escalado sin exámenes ni formalismos, ella tenía las habilidades de jounnin sin un papel que lo comprobara y sabía que Neji podía ser un ANBU en el momento que lo deseara. Pero, ¿sería capaz de ser un ninja al servicio de la Arena?, no estaba segura. Matar por la aldea que la había visto nacer era una cosa, pero serle leal hasta la muerte a una aldea que respiraba fuego en el día y entumía los huesos en la noche… Y si algún día se cruzaba con alguno de sus antiguos compañeros, ¿qué pensarían de ella?, ¿qué sentiría ella al verlos?, ¿no tendría la sensación de que estaba traicionando algo en su interior?
Se puso de pie y se metió a bañar con la esperanza de que el agua tibia se llevara sus pensamientos ahí donde no pudiera alcanzarlos. La ropa de Suna también era diferente a la que podía usar en Konoha, su piel blanca y delicada era lastimada por los rayos del sol, pero no podía usar chamarras pesadas porque entonces seguramente le daría un golpe de calor y moriría —una salida fácil y rápida por otro lado, aunque un tanto patética.
Se colocó una camisa de manga larga de tela muy ligera y una falda hasta el suelo, era parecida a su ropa de estar en casa de Konoha, aunque no estaba muy segura si aquello era lo apropiado para la esposa del Kazekage… tendría que preguntarle a Temari.
Salió de su habitación con cautela, aun sintiéndose una extraña y deseando que Neji estuviera por ahí, pero el joven no estaba en el pasillo y no se atrevía a tocar su puerta como una niña asustada ante un ambiente desconocido. Caminó hasta el salón de invitados y tocó dos veces, no podía ser la niña mimada de Neji todo el tiempo, pero había dos hombres que habían aprendido a leerle hasta el pensamiento.
—Adelante. —La voz de Shino, firme y formal, le dio el pase.
—De preferencia con una taza de café o una aspirina. —Kiba gimoteó desde un montón de cobijas, hecho bola.
—¿Resaca? —Hinata se arrodilló a su lado y le frotó la espalda, desde que habían pasado la Cuarta guerra ninja que Kiba se había declarado adulto y había empezado a beber, a veces sin demasiada precaución.
—Te he dicho varias veces que deberías limitar tu ingesta de alcohol sí…
—Lo sé, lo sé. —Kiba interrumpió a su amigo tapándose la cara con una almohada—. Es solo que quería estar con Hinata cuando se casara.
—Oh. —Los dedos de la joven se cerraron en el aire—. Yo lo siento Kiba-kun. —Sintió que su cuerpo perdía fuerza.
—No fue tu culpa. —Un ojo castaño apareció entre el edredón—. No creo que ni siquiera yo hubiera sido capaz de sacarte una sonrisa.
—Fue… —Hinata que no había hablado de ese día con nadie apretó fuerte la tela de su falda—. Ni siquiera lo sentí, de pronto estaba aferrada de la mano de Neji y luego me aferré a Gaara-sama y ya todo había pasado.
—Suena como un evento tan traumático que te provocó amnesia lacunar. —Shino arqueó ambas cejas.
—Tal vez lo fue. —Hinata intentó sonreír sin ganas.
—Cuando Shino y yo nos enteramos fue un poco caótico. —Kiba soltó una carcajada muy de chico malo—. Estábamos comiendo en lo de la barbacoa y Chouji estaba arrasando con todo así que estaba poniendo en alto el nombre del equipo ocho…
—Atacando con la misma bestialidad. —Shino acotó como información fidedigna.
—Lo que sea, y entonces Ino ha llegado corriendo con los ojos tan grandes que parecía que se le fueran a salir y gritó "¡Hinata se ha casado con Gaara!", por supuesto, todos pensamos que estaba bromeando, pero tenía en sus manos una carta que le había birlado a Shikamaru, ¡ese maldito traidor, lo sabía todo y no dijo nada!
—Nos costó un poco de tiempo componer nuestros pensamientos, pero decidimos con relativa rapidez que teníamos que venir. —Shino se encogió de hombros—. Y el resto de nuestros compañeros pareció entender nuestros sentimientos.
—Lee y Tenten estaban en misión así que supongo que no se han enterado de nada aún. —Kiba enseñó los dientes—. Pero cuando se enteren seguro van a venir a partirle la cabeza en dos a Neji.
—Neji-niisan, solo se ha visto forzado en esta situación, yo no… —Repentinamente Hinata sintió deseos de llorar—. No quería que nada de esto sucediera.
—Lo sabemos. —Kiba frunció el ceño, nunca había sido bueno cuando ella lloraba y generalmente la reñía si mostraba debilidad, pero aquella situación los sobrepasaba a todos—. Err… —A la desesperada le hizo ojos a Shino quien soltó un suspiro y se acercó hasta ellos, con bastante delicadeza rodeó a Hinata por los hombros acercándola a él.
—Mostraste mucha entereza como líder de tu clan y como ninja de la Hoja. —Hinata no aguanto más, se sujetó de la gabardina de Shino y apretó el rostro contra su pecho.
—Sí, eh… —Kiba le dio palmaditas torpes en la espalda—. Y te perdono por no dejarme ser tu padrino de nada y por no avisarme que te casabas y…
—Kiba. —Shino le dio la mirada esa que decía que si seguía hablando le drenaría todo el chakra con sus insectos.
—Lo siento mucho. —Hinata tenía los ojos vidriosos, pero sabía que a Kiba no le gustaba verla llorar y que preocuparía a Shino, así que en lugar de eso se aferró a su compañero de equipo apretándolo tan fuerte que pensó que sería capaz de quebrarlo. Shino siempre había sido para ellos un líder sabio que sabía sacar lo mejor de sus personalidades y que les remarcaba sus faltas para que fueran capaces de mejorar.
A Hinata siempre le habían gustado sus silencios, la manera en la que entendía todo pero se callaba lo que consideraba no era de su incumbencia, por encima de todo Hinata podía recordar aquel día cuando siendo niños Shino le había dicho, sin mucho preámbulo, que la protegería, porque era su camarada.
—Aunque éste en otra aldea y aunque sea la esposa del Kazekage… —Hinata cerró los ojos—. Siempre voy a quererlos.
—Y nosotros a ti. —Shino le susurró como quien consuela a un niño pequeño y Hinata estuvo segura de que nunca le había dicho palabras más dulces que esas.
—Eso es obvio. —Kiba se pasó las manos tras la nuca—. Somos el equipo ocho y siempre vamos a ser el equipo ocho.
—El mejor equipo de rastreo de todo Konoha. —Los tres hablaron al tiempo, se observaron entre sí y sonrieron.
—¡El mejor equipo de rastreo de todas las naciones ninja! —Kiba alzó un puño al cielo—. Ya lo verás, voy a forzar a Naruto a hacer una alianza con la Arena, vamos a ser un equipo especializado en rastreo, seremos el combo Arena-Hoja, nadie podrá detenernos. —Y mientras divagaba cada vez en voz más alta Hinata se encontró sonriendo. Eran el equipo ocho y eso nunca cambiaría, estuvieran donde estuvieran.
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Gaara no tenía demasiada variación de su rutina a pesar de haberse casado y de no ser porque en la noche compartía habitación con Hinata hubiera pensado que el matrimonio era casi lo mismo que su vida de soltero.
Sus subordinados seguían pidiendo su ayuda, él seguía firmando documentos, sus hermanos seguían encargándose de asuntos diplomáticos y sus espías seguían los pasos de una rebelión que no acababa de apagarse. Gaara lo sabía, aún no estaba seguro, la economía de la Arena aún seguía inestable y aún había gente que lo miraba en las calles como el hombre que había huido en los momentos más necesarios.
No había gran cosa que pudiera hacer. Si bien había demostrado ser un buen orador durante la Gran Guerra lo cierto es que en su día a día era un hombre impasible, de escasas emociones e incapaz de conmover a las personas con otra cosa que no fueran sus acciones, y últimamente sus acciones tendían a ser malinterpretadas.
—Oi, —escuchó a uno de sus subordinados hablar desde el pasillo—, ¿sabían que los compañeros de la esposa del Kazekage-sama están aquí?
—Ah, sí. —Ahora una voz de mujer—. Yo he oído de ellos, el equipo 8 de rastreo de Konoha.
—Una vez nos ayudaron a encontrar un rastro en una misión, ¡pudieron seguirlo por cien kilómetros!, el olfato de ese Inuzuka ha superado al de todo su clan.
—Eh, ¿son atractivos, no?
—Sí. —Hubo un par de risitas.
—La esposa de Kazekage-sama es bonita.
—Bueno, era la princesa de su aldea.
—Kazekage-sama sí que hizo una buena elección.
—¡Ahí van! —Gaara no resistió al impulso de asomarse por la ventana, Hinata caminaba con sus compañeros a cada lado, los tres llevaban la ropa propia de la arena, con turbantes en la cabeza para protegerse del sol y brazaletes de oro por todo el cuerpo que seguramente les había dado Temari, ciertamente llamaban la atención.
—Oh. —Kankuro escogió ese momento para entrar a la estancia cargado de papeles—. Son llamativos, ¿verdad?
—No estoy seguro que esa ropa sea de su agrado. —Gaara siguió observándolos, cuando el oro se calentaba podía hacer sentir que hervía a cualquiera.
—En realidad es una campaña publicitaria. —Kankuro se acodó en la ventana para verlos con ojo crítico—. La princesa Hyuuga, esposa del Kazekage, cuenta con el apoyo político de los futuros dirigentes Inuzuka y Aburame.
—Oh. —Gaara entendió por qué esos tres paseaban tanto por la ciudad a pesar de las altas temperaturas.
—Son realmente cercanos, usualmente los equipos de tres integrantes terminan detestándose. —Kankuro se encogió de hombros—. Sin ir más lejos Naruto y Sasuke Uchiha llegaron tan lejos como arrancarse un brazo.
—Son curiosos y poco entendibles los lazos de amistad. —Gaara apoyó la barbilla sobre su mano, en la boca calle Hinata se había detenido a observar un reloj de pared, Kiba se paró a su lado con los brazos cruzados diciendo algo que hizo reír a la gente de alrededor, varias chicas se pararon a observarlo y soltar risitas.
—Que creído. —Kankuro gruñó—. Y de cualquier manera el próximo galán de la Arena parece ser Hyuuga Neji.
—¿Dónde está? —Hasta ese momento Gaara no había pensado en él.
—Haciendo sus cosas. —Kankuro meneó una mano en el aire—. No es que le cuente mucho a nadie y tu esposa lo deja andar libre como pájaro. —A Gaara le vino a la mente el sello del pájaro enjaulado, pero lo deshecho con rapidez. Abajo el equipo ocho volvió a avanzar, Hinata se despidió de la vendedora con una sonrisa y un movimiento de mano, su andar era tranquilo y firme, como solían moverse los Hyuuga, Kiba por otro lado daba trancos fuertes y hablaba tan alto que todos giraban a verlo y Shino se hubiera mimetizado con el ambiente de no ser porque destacaba mucho con las gafas oscuras y el turbante al lado de Hinata.
—¿Pasa algo? —Kankuro sujetó a Gaara por el hombro.
—No. —Un tanto sorprendido giró a ver a su hermano—. ¿Por qué?
—Parecías un tanto… —Dudaba que Gaara supiera lo que eran los celos y tampoco es que se viera irritado—. ¿Melancólico?
—¿Es una afirmación o una pregunta?
—Quieres ir con ella. —Kankuro al fin lo entendió—. Te gustaría caminar con ella y que tu aldea te viera.
—No tengo tiempo para eso. —Gaara se retiró de la ventana.
—No, no lo tienes. —Kankuro lo siguió con un suspiro hasta el escritorio—. Pero deberías dártelo, Temari tiene razón, Hinata es una joven amable y agradable que la gente aprenderá rápidamente a querer y si das la impresión de ignorarla pensaran que la tienes abandonada. —Ya bastante malo había sido que ni siquiera se tomara algunos días después de la boda.
—Yo no sé sonreír. —Y tampoco hablaba fuerte como Kiba ni daba una imagen agradable como la daba cuando estaba con sus dos compañeros de equipo, él era más bien imponente y sentía que a su lado la esencia de ella se ahogaría.
—Es cierto que no eres el más popular justo ahora. —Kankuro le palmeó la espalda—. Pero a la gente siempre le gustan las historias de amor, procura algo que brindarle a tu aldea.
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Gaara se acostó a dormir del lado derecho, Hinata lo hizo por el lado izquierdo, tan alejados en la enorme cama que ni siquiera se rozaban, aquella noche había sido la despedida para Kiba y Shino que se iban al día siguiente, pero en lugar de convivir con sake (como era la costumbre) decidieron hacer una barbacoa en el jardín al estilo Konoha. Había sido una noche agradable y Kiba había contado muchas historias de cuando iban juntos en misión, Hinata se había reído mucho y Neji había contribuido con un par de relatos que habían ocurrido en la mansión Hyuuga.
Gaara escuchaba con atención y aunque ni él ni Shino participaron la velada transcurrió sin que siquiera notara el pasar del tiempo. Al final Kankuro había contado un par de relatos que lo involucraban, la mayoría de ellos de corte gracioso, como la primera vez que había cargado un gato y había estado todo el tiempo con los ojos bien abiertos observándolo fijo, pues tenía miedo de lastimarlo —en aquel entonces Shukaku todavía le lanzaba ordenes sangrientas y era un tanto difícil resistirse.
De todas formas no es que las anécdotas graciosas de su persona abundaran y aunque parecía que Kiba se moría de ganas de contarles lo que había sucedido en su noche de chicos al fina pareció encontrar más prudente él no decirlo.
—Hoy ha sido agradable. —Hinata habló con voz bajita, la manta cubriéndola hasta la barbilla.
—Lo ha sido. —Gaara concedió tapándose también con su propia manta hasta medio pecho.
—Me sentiré un poco triste una vez que se hayan ido, pero me alegra mucho poder haberlos visto. —Las mejillas de su esposa se sonrojaron tenuemente, Gaara la observó un momento, luego asintió con la cabeza.
—Conforme pase el tiempo serás capaz de visitarlos y ellos de venir aquí, son tus amigos después de todo. —Ella le lanzó una mirada que se parecía mucho a la de una niña ilusionada.
—Hum, sí.
—Buenas noches.
—Buenas noches. —Ella no tardó en dormirse pero Gaara se encontró con insomnio, que por otro lado no le era demasiado de extrañar, cerca de las cuatro de la mañana empezó a hacer frío de verdad y Hinata se hizo un puñito bajo su manta, Gaara la observó un par de segundos y luego se acercó lo suficiente para compartir su propia manta con ella. Hinata pareció tomar más calor y su rostro se relajó.
Gaara la siguió observando. Era bonita su esposa. Y Kankuro había dicho que su aldea quería una linda historia de amor, ¿sería que él sería capaz de dárselas?
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Notas de Okashira Janet: Me he tardado enormidad pero (redoble de tambores), ¡examen profesional aprobado por unanimidad!, ahora sí soy médico, ¡yeah, yeah! (ni tanto, me falta sacar el título, pero un paso a la vez).
A pesar de que quería darle celeridad a esto me encontré escribiendo tan apasionadamente esta historia que se me fue en nada —otra vez—, pero como el capítulo que sigue viene programado con Naruto en medio creo que por fin daremos un salto —espero.
Otra cosa que quería contarles es que acabo de incursionar en Wattpad, me encuentran como JanetGaspar y acabo de subir una historia original llamada "Embrujo Negro" por si quieren pasarse me haría mucha ilusión, también estoy reeditando por allá "Rojo y Perla" —justo y necesario.
Agradezco por sus comentarios a:
Cynna
Uchiha-hyuga-love
Chi Uzumaki
Poison Girl 29
Yuli2401
Wichipown
Hitomi Ishida
Cami-shama
Cuervo ryoko
Vdevenganza
Sakurapris
Hinatahina
Nemesis-hime
Karla-eli-chan
Stellamine
Dolunay
Alice
Ale
Jillre3
Beta-chan18
Ro0w'z
Shikasaga-chan
Funimis
LilithUchiha
Norb
A todos muchas gracias por leer, también a los anónimos, un beso y nos leemos.
23 de Abril del 2016 Sábado.
