LATIDOS SEPULTADOS

Capítulo 9: Pesadillas

Por Okashira Janet

Dedicado especialmente a Gaby L que lo pidió como última lectura de mis fanfics estando soltera, espero que te guste.

Hinata despertó echa rollo con las sabanas, a su lado Gaara estaba sentado en la cama, con toda la actitud de levantarse e iniciar sus deberes diarios.

—¡Ah! —Hinata soltó una especie de jadeo que provoco que el pelirrojo la observara de reojo.

—¿Sucede algo? —La joven enrojeció escandalosamente.

—N-no, solo… —Gaara notó como juntaba sus finas cejas, un gesto que había aprendido a relacionar con los momentos en que decidía decir algo que consideraba importante—. Me preguntaba si Gaara-sama… si permitiría que le hiciera el desayuno.

—¿El desayuno? —Generalmente comía alguna vianda que le llevaban a la oficina para no perder tiempo, pero suponía que a su manera ella también se estaba esforzando—. De acuerdo.

—Podría… ¿podríamos desayunar juntos?, si es que tiene tiempo.

—Tengo tiempo. —Eran las seis de la mañana—. ¿Te parece bien si tomo una ducha en lo que inicias?

—De acuerdo. —Hinata se paró rápidamente de la cama, Gaara notó como su piel se erizaba un poco ante el frescor de la mañana—. ¿Lo espero en el comedor? —Por toda respuesta Gaara asintió con la cabeza, ella se puso un suéter antes de salir de la habitación. Gaara se quedó inmóvil escasos segundos y luego se dirigió hasta el cuarto de baño, el agua de Suna por la mañana estaba helada, pero él nunca activaba el agua caliente, le gustaba sentir sus músculos entumecidos antes de un día donde el calor sería una constante. Luego de bañarse se colocó su ropa cuidándose bien de llevar bien situado el cuello (antes Temari solía acomodárselo porque lo dejaba un tanto chueco).

Sin demorarse más bajó con lentitud por las escaleras, como un gato sin prisas. Se encontró a Hinata aún atareada en la cocina, con el largo cabello recogido en un moño alto. Gaara se sentó en la barra para no interrumpirla y se entretuvo observando su cuello blanco y las piernas descubiertas a causa de los pantalones cortos de la piyama.

—¡Uh! —Hinata giró a verlo con un sobresalto y para la confusión de su esposo sus mejillas se colorearon—. Ya-ya casi esta.

—Entiendo. —Gaara dio un parpadeo mientras ella le daba nuevamente la espalda, aunque pudo percatarse que sus orejas habían enrojecido. ¿Acaso la había incomodado de alguna manera?, no estaba seguro.

—A-aquí. —Finalmente Hinata se dirigió hacia él con dos platos, uno para cada quien, además le dejó a un lado un vaso de jugo de naranja, hacía años que Gaara no acompañaba sus comidas con otra cosa que no fuera un vaso de agua.

—Gracias. —Gaara dio el primer bocado y recordó enseguida la sazón característica de su joven esposa, era cierto, tenía una excelente cocinera como compañera—. Extrañaba un poco esto.

—¿Uh? —Hinata lo observó de reojo, con aquellos ojos que eran como plata derretida.

—Tu comida. —Gaara se encogió de hombros.

—Me alegra. —Hinata sonrió sincera. Por el resto del almuerzo no se dijeron más y luego de unos minutos Gaara se despidió de manera solemne y se retiró a la torre Kazekage en lo que ella recogía todo y lavaba los platos. Para ser su primer almuerzo juntos no había estado tan mal, ciertamente no habían hablado casi nada, pero Gaara no era una persona muy comunicativa y ella no era precisamente alguien que pudiera conversar con soltura.

Mientras enjuagaba un vaso Hinata enrojeció, lo que si la había sorprendido era girar hacía él y encontrar que veía con atención sus piernas, ¿qué significaba eso?, tenía mucha experiencia con hombres que la veían con deseo o lascivia, pero la mirada de Gaara había sido diferente, como si estuviera descifrando algo, ¿eran sus piernas tan interesantes?, no lo sabía pero por alguna razón se sentía sofocada.

—Buenos días.

—Buenos días. —Hinata se giró aun lavando los sartenes para encontrarse con Neji que había despertado con el cabello revuelto y los ojos soñolientos, le causo ternura ver a su primo en semejante estado, Neji usualmente se veía perfecto en todo momento y ocasión, si era capaz de pasearse por ahí en semejante estado significaba que se estaba relajando en aquel lugar.

—¿Quieres que te prepare algo de almorzar? —Hinata preguntó con presteza, pero Neji negó con la mano soltando un bostezo.

—Hoy voy a encontrarme con cierta persona problemática así que comeré algo en el camino.

—Uh, ¿seguro?

—Sin duda. —Neji se subió a una silla y apoyó ambos codos sobre la barra—. ¿Cómo se siente?

—Bien. —Hinata dio un parpadeo, luego bajó la mirada—. Shino-kun y Kiba-kun ya se han ido.

—Fueron entretenidos. —Neji sentenció como si se trataran de alguna especie de función de circo.

—Gaara-sama dice que con el tiempo podré visitarlos.

—Llegara el día. —Neji le revolvió con una mano el cabello y luego giró la mirada alrededor—. ¿Almorzó con el Kazekage?

—Sí… —Hinata soltó un suspiro—. No… no hablamos mucho.

—Era de esperarse. —Neji miró al frente, como si pensara en algo lejano—. No todos somos buenos al momento de comunicarnos, pero al final los sentimientos casi siempre llegan a donde deben.

—Entiendo. —Hinata se permitió una pequeña sonrisa.

—¿Va a realizar algo el día de hoy?

—Pensaba ir a la biblioteca. —Hinata entrecruzó los dedos de las manos, como cuando era pequeña y algo la ponía nerviosa—. Quisiera recordar la historia de Suna, cuando estudiaba no puse demasiada atención.

—¿Necesitara mi compañía?

—No. —Hinata le dirigió una pequeña sonrisa—. Qui-quisiera salir por ahí sin ir rodeada de hombres.

—Hombres que no son su esposo, lo capto. —Neji la observó con diversión provocándole un sonrojo—. Yo también he escuchado por ahí que la princesa de Konoha se pasea por las calles de la ciudad con hombres atractivos y ni una sola vez se le ha visto en público con el Kazekage.

—¿Debería hacer algo al respecto? —Hinata preguntó mortificada.

—No. —Neji se encogió de hombros—. Usted siga siendo quien es, al final el Kazekage es quien tiene que dar ese paso.

—De acuerdo. —A Neji le pareció que era poco realista que un hombre como él —sin ninguna historia de amor a cuestas— diera semejantes consejos, pero era un observador nato, no necesitaba vivir en carne propia las experiencias para trazar un plan de acción que lo llevara a puerto seguro.

—Bueno, me voy yendo. —Neji se puso de pie, sacudió su ropa y se despidió con la mano, Hinata lo observó hasta que desapareció por las escaleras, luego subió a su habitación, se dio un baño rápido y se colocó una de las prendas que le había dado Temari. Se trataba de un vestido entallado con un gran moño a la cintura, a Hinata le hubiera causado preocupación lo ajustado de la prenda, pero debido a que la falda era larga y el cuello apretado no le desagradaba del todo. Temari había dicho que era una bonita y elegante esposa de la arena con aquello puesto. Esperaba que así fuera.

No le fue difícil encontrar el camino a la biblioteca pública, muchas personas la saludaron por la calle e incluso hubo un grupo de niños que la siguió un par de cuadras viendo con adoración a la esposa del Kazekage, uno incluso tuvo el atrevimiento de preguntarle si no le daba miedo Gaara-sama.

La biblioteca era muy grande y en el piso superior tenía un área para niños, Hinata pasó de los libros de romances y ciencia ficción para dirigirse al estante de historia. Para empezar sacó tres volúmenes que relataban la historia completa de Suna y una enciclopedia de personajes ilustres. Con aquella pesada y preciada carga se dirigió hasta una mesa y luego de alinear sus libros alrededor se enfrascó en la lectura. Los tomos de historia eran fascinantes y se remontaban a la época en la que Suna se había creado como aldea a ejemplo de la aldea shinobi creada por Madara y Hashirama, la historia era hasta cierto punto reciente (Hashirama había sido, después de todo, el abuelo de Tsunade-sama), pero los múltiples enfrentamientos y escaramuzas sí que eran de consideración.

Hinata leyó por horas y cuando los bostezos empezaron a asediarla cambió al libro de personajes ilustres, le sorprendió encontrar un capítulo entero de Sasori y fotos detalladas de sus marionetas. Le hubiera gustado llevarse el libro a casa, pero aun no tenía credencial, tenía que cambiar sus identificaciones oficiales y tampoco se había dado de alta en el servicio activo como shinobi de Suna… aun no sabía sí quería hacerlo…

Con un suspiro pasó las ultimas hojas del libro y se sorprendió encontrando un capitulo al final que hablaba de Gaara como el ultimo Kazekage a la fecha.

Concebido como el jinchuuriki del Shukaku fue conocido y temido por su insaciable ansia de sangre. Hinata sintió que las palabras se le clavaban en el corazón y por un momento quiso arrojar el libro lejos de sí, pero luego se recordó a sí misma a los doce años, cuando su equipo y ella temblaron bajo los matorrales paralizados por la sed de sangre de Gaara.

Incontrolable

Un fracaso

Experimento fallido

Con las manos trémulas siguió leyendo los párrafos que relataban la crueldad de aquel niño de ojos vacíos gobernado por una maldad que se asemejaba a la de los demonios. Un niño maldito, niño demonio, cabello de sangre.

Hinata tenía las manos temblorosas y la boca seca.

Durante el examen a Chunnin parece haber un cambio en él.

Mejor comportamiento.

Poco tacto social, pero entrega a su aldea.

El shinobi más fuerte de la aldea.

Kazekage.

El libro no hacía demasiado hincapié en su periodo una vez convertido en Kazekage, probablemente porque era una edición de hace un par de años, Hinata se preguntó si alguna vez ella formaría parte de esas hojas, si la mencionarían como la novia secreta que había desafiado a su aldea para esconder a su amante de una rebelión. Sonaba muy romántico. Pero era una mentira.

Levantó la mirada. Kankuro estaba frente a su mesa observándola y al ser descubierto dio un bote. No llevaba su usual pintura en la cara lo que le confería un rostro muy común y aparentemente más joven.

—Kankuro-san…

—Ah, Hinata. —Su cuñado no era muy bueno con los honoríficos—. ¿Te encuentras bien?

—Sí. —Solo hasta entonces Hinata cayó en la cuenta que tenía el rostro descompuesto.

—Conocer el pasado puede ser un tanto difícil, ¿eh? —Kankuro le retiró suavemente el libro de las manos y Hinata sintió que se sonrojaba entera—. La mayoría de lo que se dice ahí es cierto, ¡cielos!, hasta yo le tenía pánico a Gaara, Temari y yo peleábamos el uno con el otro para ver quien tenía que hablarle y cada que nos dirigíamos a él teníamos miedo de hacerlo enojar demasiado. —Hinata se sintió un poco culpable al sentir alivio de no ser la única que se había asustado de él siendo pequeños.

—Yo creo… Gaara-sama ha cambiado mucho.

—Y sí que lo ha hecho. —Kankuro colocó el libro en un estante, aunque a Hinata le pareció que no en el sitio correcto—. Pero de niños su lema era el de solo amarse a sí mismo, ¿lo habías escuchado alguna vez? —Hinata negó con la cabeza, pero Kankuro detectó en ella una nota triste—. Justo ahora también ha logrado amar a su aldea lo que es un gran avance, pero creo que le va a costar más que eso amar a una persona.

—¡No!, —Hinata sintió que las orejas se le calentaban—. ¡No estaba esperando que me amara! —Se sofocó al darse cuenta de que había levantado la voz dentro de la biblioteca, pero en aquel lugar solo se encontraban Kankuro y ella.

—Es triste para una mujer no saberse amada. —Las palabras de su cuñado le resultaron tan dolorosas que casi le costó respirar—. Pero Gaara fue por mucho tiempo alguien que nadie comprendía y al que nadie podía entregarse por entero, como consecuencia él también se cerró al mundo. Pero creo que lo lograra, a su debido tiempo. —Hinata no sabía que decir exactamente en la presente situación así que se contentó con sujetarse el brazo de manera nerviosa.

—Y Kankuro-san, ¿qué hacía por aquí?

—Oh. —Kankuro acogió bien el cambio de tema—. Quería un poco de inspiración para marionetas, estilo y algo de cableado, hay bastante en los pergaminos de titiriteros, pero a veces me viene bien darme una vuelta por aquí, es tarde, ¿ya has comido?

—No. —Solo hasta ese momento Hinata se dio cuenta de que pasaban de las cuatro de la tarde.

—Qué bueno, —su cuñado le sonrió y contrario a toda expectativa tenía una cálida sonrisa—, ¿qué tal si te invito a un lugar tan falto de estilo que Gaara jamás te llevara? —Aquello parecía tan al estilo de Kiba que Hinata no pudo más que sonreír.

—De acuerdo.

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Gaara había tenido un día agotador, generalmente los lunes daba audiencias, eso quería decir que escuchaba a su pueblo, a sus dirigentes de clan, a sus ANBU, a sus Chunnin, a quien quisiera pedir audiencia con él. Lo acompañaban sus consejeros, a su derecha Orion, con aquel rostro arrugado y solemne, a su izquierda Sochiro, aquel joven de cabello azul que lo seguía viendo con recelo. Siendo completamente sincero Sochiro no merecía aquel lugar y en todo caso Kankuro debía estar ahí lidiando con las peticiones, pero su hermano se había escabullido graciosamente y Gaara era de la idea de que a los potenciales enemigos había que mantenerlos cerca.

Primero apareció un hombre que exigía que los shinobis le pagaran el techo que habían roto saltando sobre él en una misión, Gaara ni siquiera investigó los hechos, sabía que sus ninjas eran bastantes capaces de echar abajo un miserable techo de madera si se encontraban apurados. Ahí se fueron algunas monedas.

Kurai-san del equipo 6 pedía que se le diera de baja porque iba a tener un niño. Concedido.

Hitsumoto-san quería postularse para el examen de Jounnin, denegado. Gaara sabía que había sido uno de sus enemigos solapados en la rebelión, no podía darles demasiadas alas. Pese a sus resquemores Orion y Sochiro lo apoyaron con firmeza, por lo menos era agradable saber que peleaban en el mismo lado, aunque con diferentes métodos.

Un grupo de madres de familia se quejaron ruidosamente porque en la academia el nuevo maestro era un inútil, Gaara gastó muchas energías en entender cuál era el motivo de su molestia. Al final prometió que enviaría a Sochiro-san a investigar, a Sochiro no le hizo nada de gracia y le dirigió una airada mirada de sus ojos azules como el mar embravecido. Sochiro era un hijo de la arena que manejaba a su antojo los jutsus de aire, su clan era reconocido por sus famosos venenos.

No querrás tener a las serpientes del desierto en tu contra Gaara.

Recordaba las palabras de su hermano, pero era difícil hacerse entender con un joven dirigente cuyos padres habían muerto asesinados en la cuarta guerra ninja y cuyo orgullo de ver a su clan imponerse sobre los demás lo cegaba.

Además Sochiro era un poco mayor que él. Tonterías, todos sus hombres le ganaban en edad, tendrían que acostumbrarse.

Una anciana llegó a Gaara llorando pidiendo medicamentos para su esposo que se encontraba muy enfermo, Orion la mando al hospital sin demasiada delicadeza. Gaara ya había pensado que necesitaba hacer algo con sus técnicas médicas, comparado con el sistema de salud de Konoha y sus hábiles medic-nin ellos se encontraban muy atrás.

Una muchacha de apenas trece años se presentó con un enorme ramo de girasoles "un regalo para su esposa Kazekage-sama" Gaara agradeció el presente con un leve asentimiento de cabeza, Sochiro en cambio arrugó la nariz y le dirigió a la niña una mirada airada, Gaara no tenía idea de por qué siempre estaba enojado y lo dejaba traslucir, si quería dirigir adecuadamente su clan necesitaría más diplomacia.

En lo que les servían un pequeño aperitivo y ponían en fila a los que faltaban por pasar Gaara giró indolente a su subordinado.

—Me parece que le ha molestado el presente hecho a mi esposa.

—Así es Kazekage-sama. —A Gaara le sorprendió que lo admitiera tan abiertamente.

—¿Tiene algo en contra de mi esposa? —El joven guardó un férreo silencio aunque sus ojos azules relampagueaban—. Mi esposa viene de otra aldea, de otro clan y tiene diferentes tradiciones, pero como mi consorte merece respeto.

—Me ha molestado el presente. —Sochiro apretó los dientes—. Su esposa aun no me molesta. —Aún no. Aquella era una grave falta de respeto, pudiera ser que en el cobijo de sus hogares no aceptaran a Hinata como su esposa, pero otra cosa era decirlo abiertamente frente a su dirigente. Aun así Gaara lo dejo pasar, sabía más de diplomacia que el joven líder frente a él.

—Son bellas flores. —La ronca voz de Orion rompió el ambiente, aunque a Gaara le pareció que tenían un toque leve de burla—. Seguro a su esposa le recordaran hermosos atardeceres. —Sochiro golpeó el piso con fuerza con un pie, Gaara lo miró atentamente, sin entender su exabrupto.

—No puedo… —El joven volvió a cerrar la boca pareciendo que lo único que quería era expulsar su molestia pero reteniéndose a duras penas, a Gaara le hubiera gustado interrogarlo a fondo acerca de aquello, Hinata era en su mayoría una joven agradable y dulce, encontraba impresionante que lograra irritar tanto a Sochiro aun sin haberse dirigido la palabra. Sin embargo no pudo hacerlo porque en ese momento entró una nueva tanda de peticionarios, cuando el día por fin terminó Sochiro salió apresurado del salón, con una pisada tan fuerte que era obvia su molestia.

—Es un muchacho apasionado. —Orion cruzó los brazos—. Y aun no entiende el corazón de las mujeres. —El anciano arqueó ambas cejas—. Ni a reprimirse.

—Deberá hacerlo. —Gaara frunció el ceño, el viejo consejero se retiró luego de palmearle un hombro.

Gaara aún se quedó a firmar algunos reportes de misiones y dar instrucciones a los últimos ANBU que volvían, cuando se dio cuenta eran las once de la noche y sentía los hombros agarrotados. Volvió a su casa y no le sorprendió ver que la luz de su habitación se encontraba apagada, al entrar al recibidor se encontró a Kankuro tomando sake mientras veía una película vieja.

—No te apareciste todo el día.

—No tenía ganas de una tanda de lamentos hoy. —Kankuro frunció el ceño—. Habías prometido que Temari también te ayudaría.

—Ella dice que sí a todo si la conmueve. —Gaara lo observó con fijeza, Kankuro rodó los ojos.

—No sé qué entiendas tú por conmover, pero deberías saber que nuestra hermana es una de las mujeres más rudas de este mundo, si algo la conmueve es porque de verdad es grave. Por cierto, —Kankuro rodó en el sillón y observó a su hermano con picardía—, hoy he salido con tu esposa.

—¿Debería preocuparme? —Gaara arqueó las inexistentes cejas, llevaba el ramo de girasoles en una mano y lo colocó de cualquier manera en uno de los jarrones que Temari había comprado hace tiempo, acostumbrado a los regalos de los peticionarios Kankuro no le cuestionó el ramo, en lugar de eso le dirigió una mirada juguetona.

—La he llevado a O-Vally.

—Le va a dar una infección intestinal. —Gaara acotó con seriedad pero Kankuro soltó una carcajada.

—Se ha divertido mucho, comió esos aborrecibles y maravillosos tacos, hasta dejo que le pusieran un sombrero.

—¿Le has dado sake? —Gaara lo miró con reprobación.

—Solo un poco. —Kankuro hizo morros—. Además es demasiado correcta para emborracharse, lo más que sucedió es que se relajó un poco. —El castaño sonrió—. La gente le ha dicho que es muy bonita y han hecho fila para ver sus ojos.

—No quiero que se sienta abrumada. —Gaara soltó un suspiro cansado.

—No estaba abrumada. —Kankuro se rascó de manera vaga la cabeza—. No mucho. —Gaara negó con la cabeza y enfiló a las escaleras, Kankuro señaló a la mesa—. Te ha dejado la cena preparada.

—No tengo hambre. —Gaara no volvió la vista atrás subió los peldaños de uno en uno, con cansancio y abrió muy lentamente la puerta de su habitación. Hinata estaba acostada en la cama, de lado con la luz de la luna pintándole de plata el contorno del rostro. Gaara se cambió en el baño, se puso sus pantalones de franela y su playera de resaque y se metió con cuidado en la cama junto a ella, Hinata entreabrió los ojos lo suficiente para ver que era él y volvió a dormirse, Gaara también cerró los ojos, estaba muy cansado, estaba tan cansado…

Soñó que Shukaku volvía a estar dentro de él y le susurraba que necesitaba sangre, soñó que la luna se pintaba de rojo y bañaba de carmesí los pies de su esposa. Soñó que Soichiro lo veía con sus profundos y furiosos ojos azules. Gaara no quería que lo viera de esa manera, como lo veían cuando era niño.

Mátalo, mátalo.

Soñó que lo envolvía en su ataúd de arena y la sangre manchaba las paredes, pero cuando deshacía la técnica el suelo estaba lleno de girasoles y su esposa estaba muerta en medio de ellos, los ojos perla vueltos al cielo y fijos como cuentas de cristal.

—¡Ah! —Se levantó con un jadeo que le raspó la garganta, sintió que el corazón le aleteaba en el pecho, con golpes que se estrellaban contra su armadura de arena.

—¿Gaara-sama? —Hinata también estaba sentada en la cama, sus dedos blancos y delgados lo tenían sujeto de la camisa de resaque—. Se… ¿se encuentra bien?

—Una… una pesadilla. —Gaara cerró los ojos para no verla, para olvidarla llena de sangre en un campo de girasoles.

—¿Pesadilla? —Sintió que el agarre en su ropa se volvía más fuerte—. ¿Otra vez?

—Son frecuentes. —Gaara abrió los ojos—. Ya estoy bien, gracias. —Sin embargo su esposa no lo soltó.

—Hum, ¿puedo hacer algo por usted? —Gaara giró a verla, con aquella nariz respingona y los ojos perla que parecían brillar con luz propia en la oscuridad.

—Estar aquí. —No ser unos ojos apagados por su propia mano. Los labios de Hinata se entreabrieron ligeramente por sus palabras, Gaara vio con sorpresa como sus pálidas mejillas enrojecían escandalosamente y se preguntó si es que acaso había dicho algo atrevido sin querer.

—Pu-puedo… —Sin soltar su camisa Hinata bajó la mirada, tan vulnerable que a Gaara empezó a causarle aprehensión—. Puedo a-abrazarlo, si, si usted quiere.

—¿Eso hacía Kiba contigo cuando tenías pesadillas?

—¡No! … n-no lo hacía… —Hinata tenía los dedos trémulos aun sujetándolo, Gaara la observó fijamente, no recordaba la sensación de otra persona abrazándolo por la noche y no estaba seguro si aquello serviría o no.

—Intentémoslo. —Dejó que la armadura de arena se retirara dejando su piel expuesta, nunca antes lo había hecho, por un momento se sintió vulnerable.

—Uh… —Hinata le pasó los brazos por la cintura y apoyó la barbilla sobre su hombro, tenía la cara roja.

—¿Nos acostamos?

—Sí… —La voz de su esposa era tan suave que casi no la escuchó. Gaara se recostó con ella rodeando su cuerpo y sintió la calidez que se desprendía de su cercanía, Hinata tenía el rostro enterrado en su hombro —demasiado avergonzada como para enfrentarlo de frente—. Gaara miró al techo como lo hacía cuando no podía dormir, pero esta vez no sintió desazón, miedo o insomnio, en lugar de eso sintió que la calidez de Hinata se deslizaba por su cuerpo y lo hundía en algún sitio acogedor.

Por largos minutos sintió los brazos de Hinata tensos a su alrededor pero luego de treinta minutos sintió como se aflojaba su agarre y su respiración se acompasaba. Su esposa estaba dormida, pero de alguna manera Gaara no se había sentido tan protegido en toda su vida, a pesar de que le estaba apachurrando un brazo y la posición no era del todo cómoda sintió que los parpados empezaban a pesarle y se sorprendió notando como el sueño venía por él sin resquemores, un sentimiento que no había tenido nunca en la vida.

Cuando despertó empezaba a clarear, el reloj marcaba las seis de la mañana y Gaara se encontró con Hinata acurrucada a su costado, con el brazo flojo sobre su pecho. Había dormido una noche casi de corrido, sin pesadillas ni insomnio y había sido todo gracias a ella. Gaara le sujetó la pálida mano y la llevó hasta sus labios besando sus nudillos, Hinata sonrió entre sueños.

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Gaara siguió la rutina del día anterior, se metió a bañar, se cambió y luego bajó las escaleras para reunirse con su esposa y almorzar. Se encontró a Hinata de pie observando el ramo de girasoles, su mirada estaba un poco perdida en las flores, como si su mente se encontrara muy lejos de ese lugar.

—Buenos días. —Gaara se anunció.

—Buenos días. —Para su desconcierto Hinata dio un bote como si hubiera sido encontrada en falta, desvió la mirada y se dirigió con prisa a la cocina—. ¿Le apetece un licuado Gaara-sama?

—Suena bien. —Gaara se sentó a la mesa y observó con curiosidad los girasoles, ¿sería que había algo ahí que estaba pasando por alto?

—Buenos días. —Neji apareció pulcramente vestido y perfectamente peinado con una coleta alta, al parecer el calor de Suna era suficientemente agotador para forzarlo a recoger su larga melena.

—Buen día. —Gaara contestó el saludo—. ¿Vas a salir?

—Sí. —Neji se sentó frente a Gaara, abrió la boca como para decir algo pero por el rabillo del ojo vio el ramo de girasoles y un pequeño atisbo de sorpresa se pintó en su mirada—. ¿De dónde salió?, ¿lo trajo usted?

—¿El ramo? —A Gaara empezaba a causarle intriga que unas sencillas flores causaran tantas pasiones—. Sí, lo he traído. —Neji forzó una sonrisa.

—Que amable de su parte.

—En realidad, —Gaara dio un parpadeo—, uno de mis peticionarios me lo ha dado como regalo para mi esposa.

—Si me lo permite, ¿se podría saber quién fue?

—Una jovencita. Trece años cuando mucho. —Gaara entrecerró ligeramente los ojos, Hinata llegó en ese momento colocando las viandas frente a ellos, pero el Kazekage notó con perplejidad que su esposa parecía avergonzada y un tanto culpable.

—¿Algún clan importante? —Neji empezó a comer como si el asunto no fuera de interes, pero Gaara no se iba a dejar engañar tan fácilmente.

—No en realidad. —Los tres comieron en férreo silencio, Neji fue el primero en despedirse, aunque la mirada que cruzaron él y Hinata parecía decir muchas cosas que él no podía entender.

—Me marcho. —Así que él también se puso de pie y Hinata no hizo gran cosa por retenerlo. Si su esposa no quería explicarle el significado de aquellas flores no podría presionarla y si Neji prefería arreglar las cosas por su cuenta él no iba a meterse.

Me ha molestado el presente. Su esposa aun no me molesta.

Pero si aquel asunto era del dominio público le parecía que como esposo y Kazekage debería saberlo.

Estuvo planteándose el asunto toda la mañana en la oficina, incluso trató de recordar el significado de los girasoles en el idioma de las flores, en vano, nada lo hacía conectar con aquellas flores y las reacciones de las personas a su alrededor.

—Ey Gaara. —Temari llegó a media mañana con una enorme pila de papeles—. Te han dejado tarea de nuevo.

—Temari. —Gaara la observó con sus profundos ojos verdes—. ¿Los girasoles tienen un significado especial?

—¿No son esas flores que siguen al sol? —Temari apretó un poco las cejas intentando aclararse—. Son esas florecitas que sin el sol están inclinadas y sombrías, ¿cierto?

—Sí. —Aunque Gaara seguía sin entender—. ¿Tienen alguna relación con Konoha?

—No que yo sepa, —Temari parpadeó—, ¿quieres que le pregunte a Shikamaru?

—No, no es necesario. —Su hermana ya tenía bastante trabajo encima para que además la pusiera a investigar asuntos de flores—. Gracias.

—Oii Gaara. —Temari arqueó las dos cejas—. No vuelvas a dejar la cena que Hinata te prepara sin tocarla siquiera.

—No tenía hambre.

—No es mucho el tiempo que están juntos y si te esfuerzas en desdeñar su amabilidad vas a terminar lastimándola. —Era entendible, pero sinceramente a Gaara todo aquel asunto de la convivencia le era difícil.

—Entiendo. Gracias. —Su hermana salió con aquel aire altivo de siempre, Gaara soltó un suspiro y siguió trabajando. Cerca de las tres de la tarde uno de sus subordinados le llevó de comer y estaban por dar las seis cuando Sochiro entró a su oficina, tenía el ceño fruncido (como siempre) y los ojos tempestivos de quien busca una pelea a toda costa, Gaara detuvo un momento su trabajo y lo observó con firmeza.

—Kazekage-sama, he ido a la Academia como me lo ordenó, el nuevo instructor no tiene confianza en sí mismo y aunque es muy hábil en técnicas ninja es obvio que no está acostumbrado a hablar frente a un grupo, los niños no lo respetan. —Gaara asintió con la cabeza, que fuera un buen shinobi no lo hacía un buen instructor.

—¿Hay posibilidad de que pueda seguir adelante con el puesto?

—Como lo he dicho tiene habilidad. —Sochiro arqueó una gruesa ceja—. Pero a este paso los alumnos van a acabar por despedazarlo. —Así era la infancia de la arena, niños revoltosos que podían pasar por encima del débil sin ningún problema, por un momento Gaara recordó su propia infancia, pero luego llego a su mente un asunto que venía incomodándole desde la mañana.

—Sochiro-san, —Gaara entrecruzó los dedos de las manos y apoyó su barbilla sobre ellos—, me estaba preguntando, creo que usted entiende qué significado tenía aquel ramo de girasoles. —Sochiro gruñó, no una respuesta que se considerara aceptable ante su dirigente, pero si algo tenía Gaara era paciencia—. ¿Qué significa?

—¿Qué significa? —El joven pareció ahogarse en su indignación—. ¡Una afrenta!, ¿qué más puede significar? —Gaara abrió los ojos sorprendido, no esperaba que el asunto fuera tan serio.

—¿Tiene algún significado bélico?

—Yo lo pondría más como una humillación. —Sochiro golpeó con el pie en el suelo repetidas veces y Gaara recordó que había hecho lo mismo el día anterior, en aquel entonces le había parecido que su subordinado se encontraba impaciente y molesto, pero ahora que le prestaba más atención pudiera ser que fuera la manera en la que se retenía a sí mismo.

—¿Humillación? —Los ojos verdes de Gaara se mostraron completamente fuera de lugar, finalmente Sochiro soltó un jadeo de molestia.

—Gaara-sama dígame una cosa, si alguna vez tuviera que comparar al sol con una persona, ¿a quién elegiría?

—¿Al sol? —Gaara desvió la mirada a la ventana, donde los rayos de sol aún seguían golpeando los cristales con fuerza—. Sería al Hokage. —No le costó nada decidirlo, los rayos del sol siempre le recordaban el cabello rubio de Naruto y la manera en la que el sol salía y brillaba en lo alto era un ejemplo de la tozudez y perseverancia del jinchuuriki del Kyuuby.

—No es el único que lo piensa. —Sochiro hizo una reverencia rígida, dio media vuelta y se fue. Por un momento Gaara sonrió al pensar que aquel hombre sin diplomacia que se aventaba a tontas y ciegas por la vida le hubiera puesto un acertijo y se hubiera ido, pero el sentimiento le duro poco tiempo. Si Naruto significaba el sol, ¿qué eran exactamente los girasoles?

¿No son esas flores que siguen al sol?. Son esas florecitas que sin el sol están inclinadas y sombrías, ¿cierto?

Tal vez Naruto representaba Konoha y de ser así los girasoles representaban a su esposa que sin su tierra, su clan y sus amigos no tenía otro destino que inclinarse y volverse sombría. Ahora entendía la molestia de Sochiro. ¿Quién hubiera pensado que en realidad se estaba molestando en su lugar?

Más que aquel regalo envenenado aquel evento le había servido para entender a su subordinado y apreciarlo de manera correcta, aunque era cierto que al ver las flores esa mañana su esposa había tenido una mirada de franca añoranza y era obvio que Neji también había sido consciente de ese hecho.

Sí que era difícil vivir en matrimonio.

Para empeorar las cosas Gaara no pudo dejar la oficina hasta pasadas las once de la noche, a pesar de que le había dicho a Kankuro que intentaría hacer tiempo para estar con su esposa. Su hogar tenía todas las luces apagadas, pero aunque no tenía apetito Gaara se detuvo para comer un poco de lo que Hinata le había preparado, si le sobraba demasiado podría comérselo en la mañana.

Finalmente subió lentamente hasta su habitación y abrió la puerta con extrema cautela para no despertar a su esposa. Hinata dormía echa un ovillo, casi al filo de la cama. Gaara se cambió la ropa y se acostó a su lado, tan lejos que ni siquiera alcanzaban a rozarse el uno al otro.

No tenía sueño.

Deseó no haber sido tan considerado para que ella despertara y se ofreciera a contarle una historia, incluso aceptaba de buena gana una canción o un simple abrazo. La noche anterior había podido dormir sin interrupciones por primera vez en su vida, aquello había sido agradable.

Gaara dejó que la armadura de arena se deslizara fuera de su cuerpo y corriera en finos granos hasta el suelo, cuando su piel estuvo en franco contacto con el medio ambiente se miró los brazos como si fueran alguna extraña clase de artefacto que de repente hubiera surgido de su cuerpo. Era muy diferente estar sin la arena protegiéndolo y envolviéndolo como una segunda piel, se sentía un poco vulnerable y también bastante extraño. No le gustaba demasiado aquel sentimiento.

Con delicadeza sujetó a Hinata por el talle de la cintura y la apegó a él colocando su cabeza bajo su barbilla, Hinata era pequeña y cabía entre sus brazos sin problemas. Los tapó a ambos con las cobijas y rodeó con ambos brazos su cuerpo, ella soltó un suspiro.

"Gaa", aunque pudo haber sido "Naa", no estaba muy seguro.

Ella era tibia y su piel haciendo contacto con la de ella le provocaba un sentimiento que no había tenido en el pasado. Le gustaba. Gaara cerró los ojos intentando dormir, pero para su sorpresa su cuerpo no parecía tener los mismos planes, su nariz le enviaba detalladamente el aroma de aquel cuerpo femenino, sus brazos sostenían fuertemente su delicada cintura, su pecho sentía el roce de sus redondos senos y sus piernas pugnaban por entrelazarse con las de ella.

¿Aquello era decente?, Gaara sabía que un matrimonio tenía relaciones íntimas en las que no había nada de ropa sobre sus cuerpos, pero Hinata y él no eran un matrimonio convencional y no entraba dentro de sus planes el asustarla de ninguna manera. La noche anterior Hinata lo había abrazado a él, pero todo su cuerpo le decía que el abrazo que le había dado Hinata no tenía nada que ver con el que le estaba dando él a ella.

—Hinata… —Le susurró en la oreja esperando que despertara y le aclarara sus dudas, ella abrió lentamente los ojos, como un gato perezoso, toda cabello suave y labios bonitos.

—Gaara-sama… —Aun se frotó los ojos intentando terminar de despertar. Gaara sintió que su corazón tenía un golpeteo irregular dentro de su pecho y por primera vez en la vida podía sentirlo.

—Te he abrazado para dormir. —Gaara procedió a aclarar el punto—. Como lo hiciste tú conmigo.

—Ah. —Hinata por fin había despertado del todo y aquel escandaloso sonrojo en sus mejillas solo podía ser provocado por la rodilla que Gaara había metido entre sus piernas.

—Pero tengo la sensación de qué el sentimiento que me embarga en esta ocasión es diferente, no se parece a la sensación de ayer.

—Bu-bueno… —Hinata pasó saliva—. Hay diferentes tipos de abrazos.

—¿Qué tipo de abrazo es éste? —Gaara la observó fijamente sin soltarla, Hinata se tapó la cara con las manos, a Gaara le pareció bastante bonita a pesar de que no parecía poder con la vergüenza.

—Yo creo… —Hinata apretó los muslos contra su pierna, Gaara sintió un tirón que le corría por el vientre, algo tan sorpresivo que por un momento no supo lo que era.

—Entiendo. —Pero era un hombre inteligente y por encima de todo racional. Con un solo movimiento se rodó en la cama para que Hinata quedara acostada encima de él, ella soltó un grito ahogado, Gaara podía sentir el latido de su corazón golpeando con fuerza contra sus costillas y aquellos senos redondos apretándose contra él. Con delicadeza le pasó ambas manos por la cintura. Ella se quedó quieta, asustada y expectante. Gaara giró la mirada a la ventana y por un momento observó las estrellas.

—¿Gaa-Gaara-sama?

—¿Me permites besarte? —Era un capricho, pero también era una necesidad que su cuerpo le pedía con más y más ansia.

—Uh… de-de acuerdo… —Le pareció que la voz de su esposa se perdía en un susurro y dedujo que ella no estaba ni tan curiosa ni tan decidida como él, pero lo entendía, Hinata era una doncella del clan Hyuuga, Temari le había explicado que —por cuestiones de educación— no daría el primer paso en ningún acto que implicara sexualidad de por medio.

Gaara la sujetó por debajo de las axilas como si se tratara de una pluma y la alzó hasta quedar frente a su rostro, Hinata estaba tan sonrojada que parecía que podría estallar en cualquier momento.

—Abre tu boca. —Hinata lo hizo, unos labios gruesos y rosas que se separaban apenas lo suficiente para que el pudiera ver un mundo de tentación tras de ellos. Sin demasiados preámbulos Gaara junto los labios con los de ella e introdujo su lengua dentro de su boca sin importarle lo muy rápido que latía el corazón de ella. Aquello era simplemente algo que no podía explicar. Besar a Hinata le producía una revolución que hacía que su cuerpo entero le pidiera más, besar a Hinata le daba una urgencia que pedía anhelante por ella, besar a Hinata era la cosa más hermosa que había hecho jamás en su vida.

—Gaa-Gaara-sama. —Le pareció que su nombre en sus labios era la cosa más erótica que hubiera escuchado nunca. Que ella sonrojada, llorosa y sexy sobre él era la cosa más preciosa que sus ojos hubieran visto jamás.

—¿Quieres que me detenga? —Ella negó con la cabeza, aunque sus brazos parecían frágiles. Gaara le dio la vuelta y se colocó sobre ella, besándola despacio, haciendo fuerza con los brazos para no aplastarla. Hinata estaba temblando, pero su boca era tan bonita que Gaara no podía dejar de acariciarla.

—Gaara-sama. —Finalmente ella lo sujetó del cuello de la camiseta y se refugió en su hombro, apretándolo como un náufrago que se aferra a una tabla en el mar. Gaara sabía que si seguía presionándola ella cedería, porque su cuerpo también lo deseaba, pero no creyó que fuera prudente exigirle tanto.

—No creo que tenga problemas para dormir esta noche. —Y por primera vez desde que lo conocía Hinata descubrió un amago de sonrisa en sus labios.

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Gaara durmió de corrido, sin pesadillas. Cuando despertó Hinata intentaba librarse de sus brazos que la retenían contra él. Gaara definitivamente no era bueno durmiendo con otra persona pues le había metido la mano a su esposa por debajo de la camiseta del piyama y parecía que aquello la tenía un poco cohibida.

—Lo siento. —Gaara la soltó y ella se levantó tratando desesperadamente de acomodar su cabello.

—N-no es nada. —Gaara parpadeó al notar que ella lo veía de reojo.

—¿Sucede algo?

—¡No! —Ella se tapó la cara con las manos, como una colegiala que hubiese dicho algo muy vergonzoso—. E-es que Gaara-sama es muy seductor cuando acaba de levantarse. —Gaara frunció levemente el ceño y giró la mirada al espejo, tenía el rojo cabello revuelto y los ojos más brillantes de lo normal, además del piyama mal acomodado.

—Me parece que mis ojos brillan por la vista, nada más. —Hinata dio un brinco e instintivamente se cubrió los senos con los brazos, Gaara la miró fijamente—. Tus piernas también son bonitas. —¿Eso era una broma?, Hinata no estaba muy segura y después de todo Gaara siempre decía las cosas con mucha seriedad.

—Pu-pues… —Kiba ya la hubiera golpeado por no salir al combate de frente—. Gaara-sama tiene unos brazos… —Sintió que los pensamientos se le revolvían—. Me gustan sus brazos.

—Gracias. —Gaara se puso de pie con la elegancia que siempre dominaba sus movimientos y Hinata se sintió un tanto apocada de ser la esposa de semejante hombre—. Si no te importa voy a bañarme.

—Sí, yo haré el almuerzo. —Y calmarse de paso. Cuando la puerta se cerró tras ella Gaara acarició al descuido la sabana donde había estado acostada. Era hermosa su esposa y aquella noche acababa de notar —no sin cierta sorpresa— que era suya. Solo suya.

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Gaara se encontró a sí mismo de un buen humor inmejorable en la oficina, más propenso a escuchar y comprometerse con su trabajo.

—¿Algo te ha salido bien Gaara? —Su hermano lo observó con picardía, pero sinceramente no creía que hablar de lo que hacía en la noche con su esposa fuera un tema de conversación que quisiera sacar a la luz.

A media tarde Neji apareció en la ventana con su rostro inexpresivo habitual y expresó —de manera seca— que Hinata le enviaba la comida y que, por cierto, debían conseguirse un niño de la Academia para recadero y no doblegarle a semejante tarea. Si hubiera sido hombre de sonrisas Gaara hubiera sonreído. Por primera vez desde que se había convertido en Kazekage suspendió su actividad por quince minutos para darse la oportunidad de comer el bento de su esposa en tranquilidad.

—Itadakimasu. —El arroz era suave, las verduras seguían olorosas y tibias, el pan era fresco. Gaara sintió que la comida de Hinata podía transportarlo hasta su lado, al sitio donde no había pesadillas porque ella era más brillante que cualquier mal sueño.

Gaara observó el sol a través del cristal y se propuso que aquel día —terminara o no el trabajo— iría a su casa antes de las diez.

A las ocho sus subordinados empezaron a irse, a las nueve Kankuro le anunció que se quedaba solo y que cumpliera su promesa de ir a casa temprano, Gaara asintió con una mirada que su hermano no le conocía, casi parecida al anhelo.

A las nueve con treinta Gaara sujetó el ultimo block de peticiones que pensaba analizar ese día y calculó que terminaba en veinte minutos, respiró hondo y…

—Naruto. —Alzó la mirada con los ojos abiertos de la impresión, no podía equivocarse, sentía el chakra del rubio dirigiéndose a una velocidad vertiginosa en su dirección. Aturdido abrió la ventana de su oficina para que el rubio pudiera entrar por ahí y alzó una mano indicándole así a los ANBU que siempre merodeaban cerca que no había por qué preocuparse.

En menos de diez segundos Naruto apareció sobre el marco de la ventana, el cabello dorado ondeando con el viento, no llevaba la ropa ceremonial del Hokage, en lugar de eso portaba una vestimenta negra; parecía haber viajado sin detenerse porque los bajos del pantalón estaban llenos de lodo y el chaleco sucio.

—Gaara. —Naruto dio un paso al frente y lo miró directo a los ojos, con aquellas orbes azules que habían hecho cambiar el mundo de Nagato en el pasado.

—Naruto. —Aun sin comprender nada el pelirrojo le devolvió la mirada—. ¿Está todo bien?, ¿tenemos algún problema?, ¿una crisis? —Naruto aun lo observó sin parpadear, como si lo estudiara, finalmente dejó escapar un suspiro quebrado. Gaara tuvo un leve titubeo, sin estar muy seguro de cómo interpretar aquello.

—Lo sabía. —El rubio cerró la ventana tras él y para sorpresa de Gaara se llevó ambas manos al rostro como si el alivio lo consumiera—. Lo sabía.

—¿Naruto? —Gaara intentó nuevamente hacer que se explicara.

—¡Lo sabía, lo sabía! —Naruto dio pasos rápidos por toda la habitación, los ojos brillando como si una pesada carga se le hubiera retirado de encima—. Sabía que no me habías traicionado, que nunca serías capaz de hacerlo.

—¿Traicionarte? —Gaara se quedó de piedra, los ojos verdes volviéndose hielo al instante—. No sé quién puede ser capaz de decir semejante cosa, —sus palabras fueron cortantes—, pero puedes estar seguro que sería capaz de dar mi vida por ti, sin dudarlo.

—Lo sé. —Naruto le sujetó un brazo, su mirada se volvió amable—. Lo sé.

—¿Has venido hasta aquí guiado por una sospecha?, —Gaara soltó un suspiro—, sabes muy bien que acabo de salir de un intento de rebelión y mis enemigos querrían hacer que nos enfrentemos sin importar qué.

—No. —Naruto se apoyó contra el escritorio—. Vine porque me dijeron que te habías casado con Hinata.

—Lo hice. Hubiera querido que estuvieras presente, como mi mejor amigo, pero mis concejeros me ordenaron que no debía inmiscuirte más en éste asunto, además creían que podrías oponerte debido a tu buen corazón que abogaría por uno de los ninjas de tu aldea.

—Tus concejeros… —Naruto arqueó una ceja, Gaara nunca le había visto esa expresión, mitad arrogante mitad enfadada—. ¿Tus hermanos también te lo aconsejaron, verdad?

—Sí. —Gaara contestó honesto—. Pensaron que si habías sido capaz de abogar incluso hasta el punto de que te golpearan sin que te defendieras por Sasuke Uchiha podrías hacer algo parecido por la heredera del clan Hyuuga.

—Sí, —Naruto apretó los puños, casi con rabia, pero luego su semblante se relajó—, sí. La heredera Hyuuga es muy importante para Konoha.

—Y estoy consciente de eso, —Gaara asintió—, pero hemos firmado medidas y contratos para asegurar que mi aldea no se apropiará el Byakugan ni hará uso de él.

—¿El Byakugan?, —Naruto se río, pero Gaara notó con perplejidad que su risa era ronca y oscura—, no me interesa el Byakugan, ni los clanes, ni herederos. Gaara, Hinata es la mujer de la que estoy enamorado y estoy seguro de que el hombre que ama soy yo.

—¿Qué? —Por primera vez en su vida Gaara sintió que las piernas no podían sostenerlo y tuvo que sujetarse de la pared.

—Es obvio por tu expresión que no lo sabías. —Naruto cerró los ojos—. Te han engañado Gaara, si yo hubiera sabido lo que estaba ocurriendo habría interrumpido tu boda con el modo sabio si era necesario. Tus hermanos lo sabían, tus concejeros lo sabían, estoy casi seguro que la mitad de tu aldea lo sabe. —Gaara entreabrió los labios, estaba en una pesadilla, estaba en una pesadilla donde su mejor amigo estaba enamorado de su esposa y ella de él, una pesadilla donde todos alrededor sabían que le había robado la mujer que quería al Hokage.

Girasoles.

Los girasoles representaban a Hinata cuyo sol era Naruto, aquel regalo era para mofarse de que su esposa amaba a otra persona, su esposa amaba al sol y él era la triste arena que había sepultado sus latidos bajo un desierto árido.

—Gaara. —Naruto observó a su amigo con tristeza, Gaara tenía la expresión de alguien que hubiera sido violentamente golpeado—. Sé que no lo sabías, los demás decían que eras consciente, pero yo sabía que no era así.

—Yo nunca… —Gaara apretó los dientes—. Si lo hubiera sabido… —No estaba seguro, el hubiera no existía después de todo.

—Gaara. —Naruto volvió a sujetarlo por el hombro, sus dedos eran duros contra su ropa—. Vengo por ella.

—Es mi esposa. —Gaara reaccionó instintivamente, dio un paso atrás soltándose de su agarre.

—Sé que podemos arreglar éste asunto de alguna forma, escucha, estoy enamorado de Hinata y ella me ama desde que es una niña, puedes preguntárselo a quien quieras. —No, no, era una pesadilla. En los brazos de Hinata se sentía seguro, en sus brazos podía dormir. Era cierto que aquel matrimonio había sido una medida de emergencia para aquellos eventos adversos, su boda había sido producto de su esfuerzo para no crear un conflicto contra Konoha, para no meter en problemas a Naruto… Hinata había aceptado casarse con él para proteger a Naruto. Repentinamente no podía respirar.

—Gaara, —Naruto adelantó la mano intentando tocarlo, pero el pelirrojo retrocedió violentamente, los ojos verdes bien abiertos—, sé que este matrimonio fue forzado, seguramente tú y Hinata no lo han consumado aún, no es válido, aún podemos arreglar esto, deja volver a Hinata a su aldea, déjala estar conmigo.

—No…

—¿Gaara? —Naruto era su mejor amigo, podía dar la vida por él, pero aquello era una pesadilla, una completa pesadilla.

—Te lo daría todo, te lo daría todo. —No podía respirar, la arena lo asfixiaba—. Pero es mi esposa. —Era suya, suya. La única persona tan preciada para él que provocaba que el dolor y la oscuridad se fueran—. No puedo…

—Te has enamorado de ella. —Naruto lo observó con tristeza y aquello no era una pregunta—. Pero Gaara, dime la verdad. —Con delicadeza el rubio lo sujetó por ambos hombros y Gaara notó con miseria que Naruto lo quería de la misma manera en que él lo hacía—. Soy el hombre que Hinata ha amado desde que era una niña, ¿vas a quitarle eso? —Los ojos de Gaara se clavaron en los de Naruto, verde contra azul. Una pesadilla, una pesadilla. Luego el pelirrojo se volvió arena entre los dedos del rubio y desapareció en el aire. Naruto se quedó solo en la oficina del Kazekage, las manos le colgaron inertes a los costados. En el pasado que Sakura prefiriera a Sasuke por encima de él le dolía, pero en esta ocasión… Probablemente él también estaba en una pesadilla.

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Notas de Okashira Janet: ¡Naruto ha llegado!, bueno, antes que nada una disculpa por la tardanza pero han ocurrido varias cosas muy radicales en mi vida. Una es que el día de hoy terminé el servicio social, ¡yeeeeii! (aún falta que me liberen, pero vamos por pasos). La segunda y más importante es que mi hermana va a casarse y creo que a estas alturas soy experta en bodas, su boda ha sido una boda exprés así que he pasado uno de los meses más estresados de mi vida —que ni la semana de exámenes de la universidad era tan intenso.

La tercera es que voy a presentar el examen nacional así que la mayoría del tiempo intento estudiar con terribles resultados —he llegado a la conclusión de que uno simplemente no puede estudiar en casa, la familia te interrumpe el 80% de las veces.

Pero por fin salió éste capítulo así que agradecimientos a:

Poison Girl 29

Vdevenganza

Yuli2401

Chi uzumaki

Gaby L

Stellamine

Uchiha-hyuuga-love

Ranea2505

LilithUchiha

Cuervo ryoko

Elena

Andy Hina

Hinatahina

Volana Hyuga

Abril Sandoval

Carito Uchiha

RankaxAlto

Karla-eli-chan

Beta-chan18

Hyuga96

Lavida134

KattytoNebel

A todos muchas gracias por leer. Creo que una o dos personas, en éste y otro fanfic me han comentado que soy un desastre con las comas, sí, lo admito, creo que no las uso adecuadamente. Ayann una excelente persona a la cual respeto y admiro mucho intentó que las usara bien sin conseguir gran cosa, pero créanme, esta chica logró que alguien que escribió algo tan aborrecible como "Una copa de sake" escribiera algo al nivel de decir que ya no me avergüenzo de mis trabajos (risas).

De cualquier forma lo que quiero decir es que soy un escritor amateur y sinceramente no tengo tiempo de estar estudiando la RAE y sus reglas porque medicina me quita todo mi tiempo (y considerando que eso me da de comer yo creo que mejor sigo por ese camino). Pero si ustedes saben de ortografía, si estudiaron algo del ramo o sí simplemente son amantes de la RAE pueden corregir los errores más garrafales que encuentren, me lo ponen en los comentarios y así poco a poco voy mejorando, mejor escritura para mí, mejor lectura para ustedes y todos ganamos.

Un beso y hasta el próximo capítulo. Recuerden que me pueden encontrar en Facebook como Janet Gaspar.

29 de Julio del 2016 Viernes