- ¡Zoro!
Zoro miro molesto a la chica, mientras el agudo chillido de la pelirroja resonaba en sus oídos como un eco.
La miro con los ojos entornados.
-¿No tienes a nadie mejor a quien fastidiar? – pregunto con recelo.
Nami le dirigió una mirada gélida.
- ¿Insinúas que yo soy una molestia?-pregunto con una voz peligrosamente tranquila.
-¡Que lista eres! Si – contesto Zoro secamente
Nami se sonrojo indignada y apretó los puños, dispuesta a darle un tortazo. Pero se lo pensó mejor y esbozo una encantadora sonrisa.
Zoro la miro con desconfianza.
-¡En realidad no piensas eso! – afirmo ella acercándose más a él.
- Si que lo pienso – contradijo él.
Nami parpadeó con coquetería, y le saco la lengua, divertida.
- Solo lo dices por llevarme la contraria. – comento, la chica cogiendo algo del suelo.
Eso desconcertó al espadachín.
¿A que venia esa actitud?
Entonces inesperadamente, un cubo de agua y jabón le cayó por encima.
Nami sonrió más ampliamente.
- Venia a decirte que te toca limpiar – comunicó riendo mientras se marchaba, dejando a un espadachín indignado.
