Principios de primavera. Un día soleado sin nada que hacer. Un día perfecto para Zoro, que tumbado a un lado del barco, dejaba volar su imaginación.

Una vez, más, ella estaba en peligro.

Asustadas en manos de esos rufianes, Nami grito. Sus preciosos ojos violetas, estaban surcados por las lágrimas, y el pelo rojo se pegaba a sus mejillas. Ella tenía miedo, lo cual parecía divertir a esos bandidos que la miraban descaradamente.

Pero su diversión duraría poco tiempo.

Zoro se iba a encargar de eso. Después de todo, nadie hacía llorar a su chica y seguir vivo para contarla.

Con pasos fuertes, que denotaban seguridad en si mismo, avanzo hacía los rufianes, que no repararon en él hasta que estuvo al lado.

- Apartar vuestras sucias manos de ella – ordeno Zoro mientras les miraba con la más tétrica de sus expresiones.

Ellos retrocedieron asustados, pero tras constatar que eran veinte contra uno, recuperaron el valor y estallaron en carcajadas.

-¿Y si no la liberamos que harás? – pregunto uno.

Sin embargo Zoro no lo escuchaba.

Estaba ocupado mirando a los ojos de Nami. El terror había desaparecido, reemplazado por la esperanza.

Zoro sonrió y desenvaino la espada.

Pocos segundos después, todos estaban muertos. Sin más tardanza, libero a Nami de sus ataduras. Nami sonriente lo abrazo, y se acerco a él lentamente para darle un apasionado beso…

-¡Zoro! Oye ¡Zoro!

El espadachín sonrió en sueños mientras la pelirroja le agitaba en un intento de despertarle.

-¡Despierta! – finalmente un grito, logro que Zoro despertara.

Zoro la miro confuso.

Ante él, igual de bonita que en su sueño, pero mucho menos dulce e indefensa. Y bastante más enfadada.

- ¿Qué pasa? – mascullo mirándola.

-¡Se avecina una tormenta! ¡Y llevo media hora intentando despertarte y tú como si nada! – grito Nami. - ¡Ponte a ayudar! – ordeno.

Indignada, se marcho dando airados pasos.

Zoro la miro y suspiro.

Por unos segundos, volvió a cerrar los ojos, y de nuevo, en su mente, aparecieron las imágenes de su pelirroja favorita.

Nami volvía a estar en peligro. Y él, ya estaba preparado para rescatarla. Porque, después de todo, soñar es gratis…


Bueno, he aqui otro vicio. Me he divertido escribiendo este...además, siempre he querido escribir algo sobre Zoro y su gran aficion a dormir jeje.

¡Gracias por leer!