Al día siguiente, Hinata caminaba por las calles agotada, apenas había logrado dormir un poco aquella noche; siendo que una vez Itachi se hubiese ido al dejarla, fue que en realidad estuvo consiente de todo lo que habían charlado, así como de que este, en realidad, la había invitado al baile; fue aquel pensamiento que por sí solo le quito todo rastro de sueño.

Era tanta su divagación, que no fue plenamente consciente de que alguien se había parado frente suyo. Podía jurar que su corazón casi se le sale del pecho cuando supo de qué se trataba de su sempai. Este la miraba y le mostraba una reluciente sonrisa que de alguna forma hizo que por el momento cada una de sus preocupaciones se fueran. No tardó mucho en contestarle de la misma forma.

_ Buenos días Hinata-san.

_ Buenos días... Itachi-san.

Y habiendo se saludado, por una seña dé Itachi, ambos iniciaron marcha hacía el instituto.

Una vez llegaron al recinto, ambos supieron al instante que las cosas no iban a ser tan tranquilas ese día. Como debieron de suponer, el rumor de que el presidente estudiantil había invitado al pato feo al baile, era algo que no se podía pasar y por ende, este se había regado como pólvora entre todos los estudiantes.

Para ambos solo había miradas de desconcierto, incredulidad y negación, así como murmullos, y ser apuntados por la mayoría de quien los viese; por otro lado, Itachi no pudo ignorar las miradas de odio que dirigían a su acompañante. Ante eso, por un instante, llego a sentirse culpable, más fue una sensación pasajera a sabiendas de que nadie tenía el derecho de molestarse por la persona que el escogiera para asistir a un baile o a donde fuese. Entonces, queriendo demostrárselos a todos, tomo la ojiperla de la mano, y sin prestar atención a nadie, le brindo una sonrisa tranquilizadora a la ojiperla, para luego seguir con su cometido. Atravesaron todo el patio cogidos de la mano, y se separaron solo para acomodar sus zapatos; las miradas ajenas no se apartaron de ellos, siguiéndolos en todo momento, hasta llegar al salón de la menor. El azabache, al instante se encontró con rostros conocidos de la tarde anterior; a decir verdad, se sintió incomodo de dejarla entre aquellos que quisieron dañarla, pero comprendía que no le quedaba de otra, así que se despidió de ella, confiando en que aquellos jóvenes recordasen sus palabras, así como la mirada amenazante que les acababa de dar mientras Hinata le daba la espalda.

Al llegar a su clase, tampoco se hizo el desentendido, muchos no dejaban de mirarle, por primera vez, como si se tratase de un ser extraña; tan solo su mejor amigo fue el único que se comportó como normalmente haría, incluso no menciono nada en lo que refería a su cita para el baile, algo en lo que Kiazame siempre se había mostrado interesado; cosa a la cual le agradeció internamente.

Por primera vez, Itachi junto con Kiazame se propusieron en recoger a Hinata en su clase para la hora del almuerzo; comieron juntos en el patio aquella tarde; así mismo, la escoltaron hasta su clase... Fue el mismo proceso para la hora de la salida.

Así pasaron los días, hasta que la fecha del renombrado baile llego; nadie fue a clases, las mismas habían sido exoneradas para permitirles a los estudiantes que se pudiesen preparar con tiempo para la reunión. Itachi como buen caballero, le dijo a Hinata, que pasaría a recogerla hasta su casa una vez se hiciese la hora, a lo que ella asintió un tanto apenada pero sonriente.

Hinata podía decir con total honestidad que aquella semana había sido de lejos, la mejor desde que había llegado al instituto. Por primera vez, fue capaz de ignorar las malas miradas, así como poder relajarse y disfrutar en sus descansos sin verse acosada, y principalmente, acompañada.

Por otro lado, la ojiperla se vio en la necesidad de informar de la fiesta a la que asistiría a su familia. Para su suerte, su padre no se mostró negativo y le concedido el permiso de asistir, con la condición de que se comportase, por otro lado su hermana, insistió en escoger su vestuario, así como en ayudarla a arreglarse. Cabe mencionar que esta, parecía más emocionada que ella.

Itachi por su lado, paso la tarde relativamente calmado, en lo que se refería a su ropa, tenía un viejo esmoquin color negro, que tan solo había usado una vez para una reunión familiar, también pidió permiso para usar al chófer de la familia, lo cual no le negaron; por otra parte, lo que más le costó fue deshacerse de la curiosidad de su madre y hermano, quienes no dejaban de preguntar por la cita que llevaría, claro, su hermano más calmado y discreto, pero con una curiosidad ajena de él y que por ende desconocía su procedencia; siendo honesto no comprendía porque todos los que le conocían terminaban tenido tan insignificante interés.


Ya estaba siendo la hora, e Itachi se contaba listo para pasar a buscar su cita; tal como había planeado, se terminó poniendo un esmoquin negro de cola corta, debajo llevaba una camisa blanca y un chaleco gris; a petición de su madre se puso una corbata roja que rayaba al vino tinto, que honestamente contrastaba perfectamente con su conjunto; por otro lado, se puso un par de zapatos de cuero negro. Su madre se mostró muy complacida ante el resultado, más su hermano y padre sencillamente alegaron que estaba bien. El agradeció a todos y sin más demora, salió de la casa, al hacerlo, se encontró al instante con el chofer quien lo esperaba de pie frente al auto; este al verle, se dirigió a una de las puertas traseras y con sumisión, abrió la misma, manteniéndola abierta en espera de él. Agradeció con un asentimiento de cabeza, y una vez dentro del vehículo, su chófer cerró la puerta y se giró para rodear rápidamente el auto. Una vez dentro pidió la dirección la cual le dio sin problema; de tal forma el chofer arranco sin demora.

A los pocos minutos se encontraban frente a la gran casa de Hinata. El chofer hizo ademán de bajarse, pero con una sencilla seña suya le hizo saber que no era necesario; a lo que salió del auto el mismo. Camino está la puerta y estiro su brazo para tocar el timbre. Una vez hecho, espero paciente por a que salieran. No le correspondió esperar mucho, para ver que la puerta comenzaba abrirse; por unos instantes creyó seria Hinata quien saldría, pero en cambio se encontró con una versión más joven de la misma. Una niña de unos 13 años más o menos, de ojos grises y pelo castaño, le observaba embelesada, parecía sorprendida, pero pronto cambio a una expresión incrédula.

_ ¿Eres la cita de Hinata-onesan? - cuestiono con un tono de voz emocionado, mientras esbozaba una sonrisa. Viendo, cuan emocionada estaba la niña, tan solo asintió mientras le brindan una sonrisa... No se imaginaba que Hinata también tendría una hermana menor.

Ante su respuesta la chica amplió su sonrisa, y salió hasta la entrada en donde esperaba, abrió la cerca, dejándole entrar. Lo guio por la entrada y sin mucha ceremonia lo hizo pasar hasta el recibidor; no querido ser grosero dio una rápida inspección a su entorno, y como se imagina por el exterior, la decoración era muy al estilo tradicional.

_ Hinata-onesan, bajara pronto, por favor esperé aquí. - informo la pequeña dando muestra de su buena educación, así como su hermana, y sin esperar respuesta alguna, salió corriendo por uno de los pasillos. Viendo que no le quedaba de otra (aunque tampoco es que le interesase) permaneció en donde estaba. Sin embargo, la soledad no duro mucho, cuando una grave voz se escuchó a pocos pasos de él; giró la cabeza un poco y poso su vista en un robusto hombre de rasgos serios y de un aparente carácter estricto; no le costó suponer de quien se trataba.

_ ¿Puedo preguntar que hace un Uchiha asistiendo al baile con mi hija mayor? - cuestiono tan educado como directo el hombre... A decir verdad, no esperaba menos, conociendo lo educada que era Hinata, debía suponer que venía de familia; más aquel tono duro, así como las palabras empleadas, no tenían, nada que ver con ella, y en realidad le hiso acordarse de su mismo padre, algo sorprendente.

_ Siento no contestar primero su pregunta, pero viendo que usted me conoce, considero correcto señor, que usted también se presente. - espeto con tono firme para demostrarle que no iba a doblegarle, ni intimidarle, como él estaba seguro trataba de hacer; después de todo ya había concluido que era igual a su padre y como tal, entendía como se comportaba esa clase de personas. Por otro lado, esbozó una sonrisa educada para que no considere sus palabras como un irrespeto a su persona.

_ Como es de esperarse del orgullo de Fugaku Uchiha... Pues mi nombre es Hiashi Hyuga, socio de su padre, y progenitor de Hinata. - Dijo, presentándose aquel serio hombre, haciéndolo sonreír.

_ Un gusto conocerte Señor Hyuga. - dijo, mientras que con educación se inclinaba a modo de saludo, bajando la cabeza por unos segundos antes de levántese y mirarlo nuevamente. Ciertamente ya sospechaba aquello, viendo como le había reconocido de primeras

_ Siendo así, creó que es momento de que me respondas, no le parece joven. - manifestó aquel hombre, mirándolo más serio y firme que antes... Pero como ase unos momentos, no se intimido, tan solo asintió, estando dispuesto a darle una respuesta a lo que sabía en realidad estaba preguntando.

_ !Hinata-onesan, su príncipe ya está aquí! - oí que gritaba mi hermana al entrar a mi cuarto. Solté una exclamación ante la locura dicha y sentí como mis pómulos se calentaban, de seguro me había puesto roja.

_ N-no es... Bueno él no es mío. - explique apenada de tal conclusión.

_ Ya pero tampoco niega que sea un príncipe. - expreso su hermana con tono burlón, y una sonrisa pícara.

_ No te burles, por favor. - pedí, sabiéndome más roja de lo que estaba.

_ En todo caso, deberías salir, que te está esperando. - le recordó el propósito de su llegada.

_ Hanabi-chan... Cre-crees que me veo bi-bien? - cuestione apenada mientras agachaba la cabeza y observaba la caída de mi vestido azul marino.

_ ¿De qué hablas Hinata-onesan? ¡Esta preciosa, no hermosa! ¡Tú príncipe va a caer recóndito por ti! - manifestó entusiasta mientras la rodeaba dando brinquitos de emoción. Y ella, al escucharla, en un principio sonrió, pero luego se borró al escuchar lo siguiente.

_ No debes de exagerar las cosas Hanabi-chan, además Itachi-san es mi respetado sempai, él no se fijaría en alguien como yo. - le expliqué, para que comprendiese que aquello no podía ser una posibilidad, y sonreí ante lo soñadora que podía ser mi hermana.

_ Sandeces, no conozco a alguien más hermosa que tu hermana. No entiendo por qué ni te arreglas más a menudo... Aunque creó que ser natural es parte de tu encanto. - manifestó mi querida Hanabi, mientras sonreía. Haciéndome sonrojar por su ocurrencia.

_ En todo caso hermana es hora... ¡Vamos! - me dijo para luego tomar mi mano y con una increíble fuerza, comenzó en arrastre fuera de mi habitación, hasta el pasillo. Tuve que recoger lo más que puede la falda del vestido para no pisarla y caerme, más a esa velocidad; por otro lado, no comprendo a qué hora me deje convencer para ponerme tacones, si con el corte del vestido ya tenía mucho, ni entiendo por qué tuvo que escoger este, que tenía corsé y un tanto escotado. Inútilmente, lleve mi mano libre hasta mi pecho, buscando cubrirme con la fina pashmina que había conseguido.

Mientras lo hacía, Hanabi se me quedo mirando con una mueca de reproche; entonces recordé todas las veces que ella me había dicho que debía sentirme orgullosa de lo que tenía y no ocultarlo como siempre hacía. Para mi suerte no tuve que llegar a escuchar uno de esos sermones, pues ya habíamos alcanzado el recibidor en donde seguramente estaba Itachi-san.

_ Hinata-onesan, necesitamos seguir discutiendo eso... Más por hoy lo dejare pasar. - espeto su hermana, tras darse cuenta de que ya no le quedaba tiempo.

_ Gracias Hanabi-chan. - le agradeció honestamente.

El azabache por su parte, sonreía victorioso ante lo que había discutido con aquel hombre, y aliviado de que tal parecía, no iban a tener muchos problemas por el momento. Y tenía una sensación de que incluso la idea le había alegrado, o eso pudo interpretar del curioso brillo que había surgido en esos casi inexpresivos ojos.

Fue más o menos a los dos minutos que llego a oír dos voces femeninas acercarse. Ambos hombres llevaron su atención al pasillo, por donde provenían las cosas. Sin darse cuenta una sonrisa se formó en el rostro más joven, pero esta sin medirlo, fue borrándose ante la imagen que tubo al frente... ¿Era ella? Fue la pregunta que surgió a sus pensamientos, pese a que sabía bien cuál era la respuesta.

Se reprochó al reconocer que se había tardado varios segundos, antes de acordarse que debía saludarla, así que, tan rápido como pudo se dispuso a dar una educada reverencia; siendo que se inclinó y brindo sus saludos a su cita para aquella noche. Ante sí acción, reconoció como los pómulos de la pelíazul se enrojecían y aquello le provocó una gran sonrisa que no se molestó en disimular; pese a que se veía mucho más madura de lo usual, seguía siendo la misma chica tímida que él conocía y apreciaba.

_ Mu-muy buenas noches... Itachi-sempai. - saludo de igual forma educada, e inclinados ante él, tan respetuosa como solo ella era.

_ ¿Qué opina? ¿Verdad que Hinata se ve estupenda esta noche? Incluso logre que se quitara esos inútiles lentes. - Dijo la atrevida niña mientras le miraba expectante por su repuesta. El fijo su mirada en la mayor y ante su encantador sonrojo, más su mirada esquiva. Solo pudo asentir con la cabeza.

_ Estoy de acuerdo, Hinata-san se ve radiante... Es un honor para mí tener a tan bella dama como mi cita para esta noche... - digo galante, y como si el alago fuese para su persona, Hanabi soltó una exclamación, emocionada.

_Hinata quiero verte en la casa para las 12. - Interrumpió entonces la grave voz del Hyuga mayor, quien aún permanecía con ellos, llamando la atención de los tres jóvenes.

_ Si me disculpa... No se preocupe señor Hyuga, me encargare de traerla a tiempo.

_ Tomare tu palabra Uchiha... Espero que no me decepciones. - dijo y sin esperar respuesta se dio la vuelta y se adentró a la casa. Itachi, comprendiendo a todo lo que se refería asintió e inclinó ligeramente la cabeza a modo de gracias, por el voto de confianza.

_Bueno, es hora de irnos. - Informó al verse solos. Observo a Hinata y no pudo reprimir una sonrisa al mirarle ahora más nerviosa. _ ¿me permite? - cuestiono al mismo tiempo que estiraba su mano para que ella pusiese la suya. Esta le miro con duda, pero al instante alzó su mano y la poso en la del, dejando así sus manos unidas... Una corriente les recorrió a ambos desde la punta de sus dedos, a lo que ambos buscaron a tientas sus miradas interrogantes y desconcertados, ambos sabían bien que no era la primera vez que ocurría.

_Haw... ¡Se ven muy bien juntos! - Exclamo de repente la menor entre ellos observándolos de forma soñadora. Provocando un sonrojo en su hermana mayor y sorprendente, un ligero rubor en el mayor. Hanabi al ver tales respuestas, se sintió satisfecha, así que no deseando que perdiesen más tiempo, los hizo girar y salir por la puerta, a costa de ligeros empujones.

Itachi ahora divertido, se dejó llevar por los débiles, pero insistentes empujones que la niña le daba, llegando así está la reja de salida. Hanabi se detuvo ahí y deseándoles una buena noche, se despidió de ellos, adentrándose en la casa y cerrando la puerta de la misma, dejándolos oficialmente solos. Itachi entonces comenzó a guiar a Hinata hasta el auto que los esperaba en la entrada. Una vez ahí, le abrió la puerta cuan caballero y le indico para que entrase; ella aceptó y con ayuda de él, se adentró en la parte trasera del auto. Itachi entro justo después de ella, ubicándose a un lado.

Durante minutos, el camino fue silencioso. Hinata se mantenía nerviosa ante la expectativa de cómo sería la fiesta y las personas que habría. Por otra parte, Itachi no podía dejar de observar a la dama que tenía a su lado; la chica estaba más que encantadora esa noche y aunque sospechaba de su belleza oculta, no imagino cuánto. Sus rasgos refinados así como su actuar elegante, destacaban con aquel increíble aspecto; Lo más sorprendente, era que pese a verse tan arreglada y madura, la chica apenas y llévate una gota de maquillaje, tan solo reconocía algo de brillo, resaltando el rosados labios, así como un color oscuro sobre los párpados, que a su parece destaca aquel par de perlas que lo tenían encantado desde la primera vez que los vio; razón principal por lo que agradecía a la joven niña, por haberle quitado los anteojos, que aunque no le desagradaban realmente, si le impedían apreciar aquella perlas. Incluso había desecho su usual moño, por lo que su peinado era suelto y de lo más natural; con apenas un sencillo pero hermoso broche decorando su pelo a un lado tomando uno de los mechones que usualmente enmarcaba su rostro. Pocas joyas o accesorios eran los que cargaba a parte de su broche, contando a penas con un collar de cadena plateada y un minúsculo dijen en forma de pétalo prendado de esta. Se veía preciosa. Casi como una princesa... Entonces se preguntó cómo es que nadie había sido capaz de reconocer lo que esta emanaba por cada uno de sus poros... El vagamente sospechaba, pero no se imaginaba a que grado y siendo sinceros no podía sentirse más alagado como satisfecho por la elección que había tomado; no se equivocó al creer que Hinata era una chica especial y le complacía ver que había una chica que, aunque contaba con muchos dotes para presumir, era la más educada y modesta que había conocido...

El corazón del azabache brinco ante tal conclusión y sonrío a sabiendas de que se debía, por eso, ya habiendo resuelto los pormenores, cumpliría con lo que había decidido, y ese baile era solo el inicio.

No tardaron mucho, para llegar hasta el instituto. Para la ocasión los autos tenían permitido avanzar y llegar al estacionamiento que ocupaban los profesores, para dejar a los estudiantes a puertas del gimnasio si así lo querían. Itachi a consideración de Hinata, también escogió que los dejaran adentro, así que el chofer ingreso con ellos. El azabache observaba a todos los estudiantes que de igual forma iban llegando, unos venían caminados desde la entrada y otros se iban bajando de sus transportes.

Su chófer, detuvo el carro justo al frente del gimnasio y al estacionar hizo ademan de bajarse del vehículo para abrirles pero Itachi le detuvo a tiempo, tal y como había hecho hace unos momentos, para bajar en lugar de él. Al hacerlo reconoció que había atraído atención de unos cuantos estudiantes, quienes chillaban y gritaban su nombre; suspiro a sabiendas que no podría evitarse, por ende los nervios de su acompañante tampoco. Queriendo darle algo de confianza a la ojiperla, esbozo la sonrisa más amplia que tenía y estiro el brazo para abrir la puerta, dándole paso a la figura de Hinata quien estaba sonrojada observándole. Como todo un caballero, entonces estiro el brazo y medio inclinados, le ofreció nuevamente su mano, para ayudarla a bajar; ella dudo unos segundos, hasta que por fin la vio posar su delicada mano en la suya.

Un silencio rodeo el patio del instituto cuando la fina figura de la chica comenzó a descender con cierta gracia del carro. Nadie de los que observaban podía comprender de quien se trataba la hermosa chica que acompañaba a su superior aquella noche. Muchos concluyeron que el Uchiha, al fin y al cabo, había abandonado a la pato feo, dándose cuenta del grave error en escogerla, pero otros listos, más aún escépticos, deseaban creer que no se trataba de la misma torpe chica que ellos supuestamente conocían.

Itachi, ignorando a todos los observadores, tomo la delicada mano y con cierto atrevimiento poso está en su antebrazo; ante su acción, reconoció a Hinata respingar y sonrío divertido por sus inocentes reacciones. Entonces, comenzó a avanzar por las escaleras en dirección a la entrada del "Salón". Estaban por pasar las dobles puertas, cuando sintió que su compañera se detenía, confundido la observo de reojo y al ver en lo que estaba tan concentrada esbozo una sonrisa.

_ Ha quedado estupendo. - comento y esta le devolvió la mirada sorprendida y sonrosada.


Mire a Itachi sorprendida y luego avergonzada. No podía creerlo, había puesto mi trabajo justo en la entrada. Yo ya suponía que iban a exhibirlo, pero no imagine que estaría en un lugar tan expuesto y que atraería la atención de tantos. Me sonroje en extremo al ver a un grupo de personas sonreír y señalar el trabajo, algunos profesores también estaban de pie observando.

_Hemos recibido varios elegidos por su trabajo... A muchos de los estudiantes les ha gustado. - Me informa Itachi, y como confirmando lo dicho, observo a unas chicas sacarle foto mientras exclamaban lo lindo que era.

_ No... No sé qué decir - balbuceo nerviosa y recibo cambio una amplia sonrisa.

_ Solo acepte los reconocimientos que se merece. - contesto a lo que asiento un tanto incomoda.

No soportando que mi trabajo atraiga tanta atención, desvío la mirada y la fijo al frente; es entonces que me encuentro con una maravillosa vista. El gimnasio se encontraba hermosamente decorado, los colores estaban por doquier, pero mantenían cierta armonía, mientras alusión a las tonalidades de la primavera; habían dos largas mesas recubiertas con manteles y sobre estas reposaban un increíble banquete, conformado por ponches de frutas, bocadillos de gran variedad de panes, quesos, embutidos y cremas. Viendo todo eso era imposible no reconocer el esfuerzo que habían puesto para ese evento. Mientras seguía observando, mi vista se enfocó en los dos asientos que hacían de tronos para cuando el Rey y la Reina fuesen escogidos. Las urnas (cajas) para poner los votos, estaban ubicadas justo al frente de la tarima; muchos mantenían sus vistas fijas en la misma, probablemente expectantes al momento de la votación, aunque, pese a que no se decía en voz alta, ya todos estaban claros que el lugar del Rey, solo le correspondería a Itachi. La pregunta, entonces era, quien sería la afortunada de tener la dicha de ser su compañera.

_Me disculpas un momento. - me dice Itachi, mientras señala en dirección de un profesor; comprendiendo asiento y este lentamente, con delicadeza, libera su brazo de mi mano, para luego alejarse. Al instante no puede evitar una sensación de soledad, el cual sofoque cruzándome de brazos.

Lo veo alejarse en dirección al maestro, y es entonces, desviando mi vista de su dirección, que termino por reconocer la gran cantidad de gente ahí reunida; sin medirlo, no puedo evitar comenzar a intimidarme. Temerosa de encontrarme sola entre tanta gente, inconscientemente, retrocedo unos cuantos pasos, todo, sin percatarme de la persona que estaba tras mío. Nuestros cuerpos chocan y escucho un quejido de parte de la otra; siento como pierdo el equilibrio, más por suerte, lo recupero rápidamente; apenada, me giro con rapidez y me inclino lo más educada posible, esperando a que acepte mis disculpas. Alzó la vista y para mi sorpresa, me en encuentro con uno de mis compañeros de clase, así mismo hay otros dos chicos de mi salón. Todos se me quedan mirando y el chico que creó se llamaba Sano, no ha dicho palabra tampoco, tan solo me observa con una mirada y una sonrisa que no logro descifrar más me ponen incomoda, y de alguna forma indefensa. El chico se muerde el labio antes de comenzar a hablar.

_ No hay cuidado guapa, que no ha sido nada... Por cierto, ¿de qué escuela vienes?, no recuerdo haber visto a alguien tan bella como tú en la nuestra. - comenta con cierto deje de emoción mientras me observa fijamente de arriba a abajo, haciéndome incomodar terriblemente. Boqueo aterrada. Sin saber que decir. ¿Acaso se está burlando? Debía ser, pues hasta no hace mucho, era uno de los que me llaman fea.

_ Y-yo... - balbuceo sin saber que decir, con temor ante la expectativa de que inicien con una nueva sección de burlas. Los otros dos chicos se acercan y me rodean, haciéndome sentir arrinconada ante sus escudriñas miradas.

_ Hinata-san, ¿ocurre algo?


Observa la escena serio, e ignora las miradas sorprendidas de los jóvenes y solo se concentra en ella. Había buscado sonar lo más tranquilo posible, pero en realidad se encontraba algo irritado por lo que estaban haciendo. Cuando al terminar de hablar con el profesor, al regresar, llego a ver como aquellos chicos que reconocía de su clase la rodeaban, solo pudo preocuparse, pero en cuanto les reconoció sus miradas maliciosa y escucho decir aquellas palabras, no pudo más que molestarse... ¿Cómo podían ser tan idiotas y no reconocer de la persona que se trataba? Incluso tubo el impulso de reírse en su cara como haría su hermano, y decirles lo idiotas que eran.

Sintió cierto regocijo al reconocer ahora, sus expresiones incrédulas ante la verdad que les había revelado. Ninguno parecía capaz de articular palabra y uno de ellos no dejaba de mirarla, como si buscase algún indicio de lo que le decía era verdad; tal pareció encontrarlo, pues abrió los ojos y su boca se desencajo un poco.

_ ¿ocurre algo malo? - Cuestiono nuevamente y esta vez se acercó más a Hinata, tomándola de la mano y dejándola reposar en su brazo, tal y como estaban antes.

_ Itachi-san. - le llamo esta evidentemente cohibida ante las miradas que ahora le daban.

Entonces uno de ellos por fin se atreve a decir palabra.

_ ¿Pato feo? - es lo que cuestiona y al instante uno de ellos exclama, llamando la atención de todos los alumnos que había a los alrededores. Al instante centenares de ojos se fijan en ellos y las chicas que no habían reconocido su llegada, comienzan a exclamar emocionadas, sin tomar en cuenta sus propias citas, y así mismo, Los chicos soltaban comentarios impropios a lo que era su compañera. Ante todo, entonces se vio tentado a buscar la forma de esconderla de las vistas ajenas, ¿cómo podían ser tan infantiles y descarados?

Estaba por decirles algo. Cuando la voz a través de los megáfonos se hizo escuchar. Todos se giraron y encontrando la figura del subdirector en la tarima, de pie y con un micrófono en manos.

Como era de suponer, iniciaba con el discurso de apertura, dejando el gimnasio en completo silencio. Era de esperarse que al terminar, este le llamara entonces para dedicar unas palabras al alumnado como el presidente estudiantil, acompañado por los delegados y encargados de organizar el baile.

Se vio en la obligación entonces de separe nuevamente de su acompañante y hacer caso a lo que me pedían; todos dieron marcha hasta la tarima y una vez arriba sus pies traquetearon por sobre la madera por cada paso que daban. Se detuvo justo al frente del micrófono y sin medirlo, con la mirada busco la silueta de Hinata. Una vez ubicada su persona, tomo aire y entono el discurso que apenas le tomo unos minutos escribir un recreo hace dos semanas.

Mientras hablaba supo reconocer que la ojiperla en esta ocasión, era el centro de atención de los estudiantes. Ninguno lograba despegar su vista de su encantadora silueta, todos parecían haber quedado encantados con ella, olvidándose por completo de se trataba de la misma persona quienes ellos conocían como la "pato feo". Termino su discurso y al instante se despegó del micrófono para darle paso al siguiente. Escuchando las ovaciones del alumnado, descendió por la tarima y camino en dirección a donde había dejado su cita. Hinata dejo de aplaudir en cuanto lo vio llegar y tímidamente le ofreció una sonrisa.

_ Fu-fue un lindo discurso. - comento haciéndolo sonreír

_ Gracias, me alegra le haya gustado. - expreso el amable y honesto, después de todo, algo le decía que había sido una de las pocas que le había escuchado; Iba a preguntarle si deseaba comer algo de la mesa de bocadillos, cuando un profesor se acercó a ellos.

_ Buenas noches, jóvenes. - saludo al llegar hasta ellos.

_Buenas noches Matsumoto-Sensei. - saludaron ambos, haciendo una debida inclinación para el mayor; se trataba de uno de los profesores más jóvenes como tal, de los que mejor se llevaba con los alumnos por su espontaneidad y carácter fresco. Este les sonrió en respuesta. _ Señorita Hyuga, venía a decirle cuan maravilloso le quedo el afiche para este evento. Pero creó también merece saber que se ve preciosa esta noche. - comento sorprendiéndolos a ambos. Hinata como era de suponerse se puso roja ante tan pícaro comentario y balbuceo un tímido gracias, mientras el, solo pudo sentirse feliz por ella. Esa noche estaba resultando muy bien; Hinata comenzando a ser reconocida y estaba seguro que a partir de ese momento, el trato asía ella ira cambiado, y en caso de no ser así, el estaría ahí para protegerla.

No se sorprendió ante su último pensamiento pues ya antes lo había sopesado; así que solo se abstuvo a confirmárselo.

Su maestro se despidió a los pocos minutos de charlar con ellos. Fue justo al irse, que la música comenzó a sonar; muchos exclames se escucharon de fondo y varias parejas se movilizaron asía el centro del gimnasio, el cual se había despejado para el fin de que pudiesen bailar cómodamente.

Itachi no lo pensó mucho cuando se movió hasta quedar al frente de la ojiperla, y extender su mano mientras hacía una correcta reverencia al estilo europeo, sonrió con cierta satisfacción al verla sonrojarse. _ ¿Me concede una pieza? - pregunto educado, y sonrío más amplia mente cuando su pequeña y delicada mano volvió a estar entre la suya. Ambos caminaron con parsimonia un poco más adentro del espacio de baile y cuando el azabache constató que no incomodarían a nadie, se detuvo y mirándola a los ojos, como pidiendo permiso, a lo que ella apareció captar, recibiendo un asentimiento tímido; se atrevió, con sutileza a deslizar su mano libre por la delgada cintura, hasta posarla en la baja espalda; atrayendo así el cuerpo de ella asía el suyo, más de forma moderada. Hinata respingo ante su tacto, e inconscientemente se congelo un su lugar por los nervios de aquel contacto tan cercano; Itachi, entonces, a sabiendas de que por ella misma no podría, tomo la mano femenina que quedaba libre, y la poso debidamente sobre su antebrazo, sorprendiéndola, mas no se negó o retiro la mano de su lugar, en cambio se acomodó mejor, e incluso tomo una correcta postura. De tal forma ambos jóvenes sin medir palabras, tan solo con una mirada y una sonrisa, dieron inicio al primer baile de esa noche.

Así como su baile inicio, no paso mucho, como para que el resto de la gente no pudiese evitar brindarles su atención. Pues era inevitable, siendo que, aquel par, bailaba de una forma maravillosa y armoniosa; comenzando por que ninguno era capaz de concebir que la chica más torpe conocida en su colegio, en realidad estuviese bailando con tal gracia digna de una dama o princesa de cuento. Sin embargo, pese a las atenciones y la admiración que estaban recibiendo, ninguno de los dos era consciente de ello. El cambio estaban plenamente concentrados el uno con el otro.

El azabache por su parte. No dejaba de sentirse maravillado. Siendo honesto y sin la menor intención de ofender, creyó en cierto punto que le correspondería guiar a su pareja aquella noche; más nunca se imaginó que la ojiperla le seguiría a su propio ritmo y que tendría tal gracia; no soportando tanta curiosidad, durante el segundo baile se atrevió a preguntar.

_ ¿Hinata-san ya había bailado antes? - fue su pregunta y le correspondió esperar unos segundos por su respuesta. Esta asintió tímidamente.

_Oto-san, suele llevarnos a los eventos sociales. - espetó y el no necesito de mayor explicación pues estaba al tanto de lo que se refería, y viendo aquellos círculos tan cerrados generalmente le sorprendía no haberla visto antes, ya sea en una ocasión; aunque siendo el tan abstraído en esos eventos, ignorando a propósito a cada chica, no debía de extrañarle tanto. Por otra parte, era de esperarse entonces que pese a su timidez, esta se mostrase tan cómoda al bailar, y que se hiciese de tal gracia. A decir verdad, se sentía realmente sorprendido, pues no podía negar que ambos parecían tener cierta sincronía, como si no fuese la primera vez para ellos.

Mientras bailaban, Itachi no pudo dejar de ser consiente de otros aspectos, como lo eran el delicioso y dulce olor que despedía la pelíazul, así como tampoco el cálido calor que esta despedía; la pashmina que se cargaba encima, se había rodado un poco y por ende era capaz de apreciar un poco más de lo que era su tersa y blanca piel, en lo que refería a hombros y cuello. No podía negar que su pulso se aceleró ante la visión del escote y se sintió un tanto culpable por ello; después de todo Hinata no era la clase de chica que buscase tales reacciones y atenciones. Se fijó entonces en su rostro y su corazón se aceleró nuevamente ante la hermosa vista; detallando sus pómulos sonrosados, y aquellas largas y rosadas pestañas que caían como cortinas sobre ellos. Inconscientemente, su agarre en la cintura femenina se reafirmó un poco, acercándola aún más a él.


Me encontraba concentrada en nuestros pasos, ya los nervios al iniciar el baile se habían ido, y ahora, hacia lo posible por no incomodar a Itachi. Me sentía aturdida, no lograba asimilar todo lo ocurrido durante esa noche, las palabras de Itachi, de las estudiantes al ver mi cartel, y la del profesor. Solo podía creer que había parado en otro mundo o que estaba soñando. Sonrió al no poder contener la felicidad al encontrarme bailando con el chico que admiraba y siendo honesta, gustaba; mi corazón no había dejado de latir desenfrenado desde que me había invitado a bailar ni que decir cuando nos pusimos en posición; todo el tiempo mi ruego había sido no tropezarme o incluso pisarle; no es que usualmente ocurriese, pero incluso en el baile cuyo arte había practicado desde mi infancia, no puedo negar que me vuelvo más torpe de lo normal en su presencia.

Seguía al pendiente de mis pies, cuando sentí el repentino tirón asía su persona. Sin poder evitarlo jadee con sorpresa, mientras mi corazón pego un brinco ante la nueva cercanía que se había generado entre nosotros... Estábamos cerca... muy cerca, tanto que podía sentir el calor que despedía. Entonces mi respiración se comenzó a alterar, y estaba segura que si continuaba por ese camino imperventilariá.

Nerviosa y confundía me atreví en alzar la vista y me arrepentí al instante porque no sabía cómo enfrentar aquella intensa mirada que me estaba dando... ¿Cuánto tiempo me llevaba viendo de esa forma? Trague saliva ante una extraña expectación y nervios. Sin embargo, de un momento a otro, sentí, como el agarre en mi cintura se ablandaba y volvían a recuperar una prudente distancia; fue entonces que llegue a ser consiente de algo nuevo... Al observar a Itachi, pude reconocer en él un leve sonrojo en sus pómulos, lo que me lleva a abrir los ojos incrédula y asombrada.

_ Yo... Yo lo siento... Es decir, que bueno, me he sobrepasado. - termino de decir y a los segundos me vi negando con la cabeza

_ N-no... No me ha molestado... Solo, me sorprendió un poco. - dije y al instante me avergüenzo por mis palabras tan desvergonzada; parecía estar casi diciéndole que en realidad me había gustado. Alzó la vista y lo veo con expresión sorprendida; me sentí aún más apenada si era posible.

_ Oh... Ya veo... - fue lo único que me dijo y yo solo quería salir huyendo. Entonces, sin medir palabra, me liberó sin querer desear ser grosera, de su suave agarre, el cual ya se había aflojado y pensando rápidamente me excuso diciendo, que me permita retirarme unos momentos mientras iba al tocador. No me moleste en fijarme si Itachi había entendido mis rápidas y atropelladas palabras y solo camine a paso apresurado asía mi destino.

Por otro lado,Itachi por primera vez en su vida, solo pudo observar cómo idiota sin saber cómo reaccionar; tan solo observaba como la ojiperla se alejaba presurosa, pero con tal elegancia que por momento se sintió anonado, nuevamente, por la comparación de esa hermosa chica, con la tierna y torpe que ya conocía. Por otro lado, estaba impactado no sólo por las palabras de él, sino también de su propio actuar. ¿Cómo se había atrevido a ser tan irrespetuoso con ella y crear tal escena? No le extrañaba que hubiese salido huyendo. Por primera vez quería golpearse por no saber controlarse. Pero estaba resuelto, ya no dudaba de lo que deseaba decirle, así mismo, las palabras de ella no las había ignorado y le daban cierta seguridad.

El azabache estaba metido en sus pensamientos, cuando alguien le toco el hombro, se dio la vuelta y se encontró con una chica que vagamente recordaba haber visto en alguna ocasión, y si no se equivocaba era delegada de su clase.

_ Siento molestarle Itachi-san, pero sucede que un profesor me pidió que le preguntase si deseaba encargarse de abrir las urnas de votaciones. - informo esta un tanto sonrosada mientras le miraba fijamente y juguetes con un mechón de su pelo.

Itachi, bufo internamente pues sabía que pese a ser una pregunta en realidad, no creía le estuviesen dando opción, Lo más probable es que aprovecharon al verle solo. Sin muchas ganas, pero tampoco con molestia, pues era una tarea que cuplir, asintió ante lo pedido, y se dispuso a seguir a la chica hasta el lugar; inconscientemente, dirigió su mirada en dirección a la puerta por la que había pasado la ojiperla. Más no la vio por ningún lado, decepcionado continúo con su marcha. Al llegar se encontró con uno de los profesores, quien una vez al verlo, le paso un micrófono para que diera lo que consideraba, un incensario anuncio, pues la mayoría de los alumnos ya estaban conscientes de lo que ocurriría y miraban en su dirección.

Aclarándose la garganta, decidió dar el breve anuncio. _ Buenas noches, espero que lo estén pasando bien, siento interrumpir pero me han pedido que informe que las urnas de votación están abiertas y que cada uno, en orden, puede pasar a dejar su voto, por los candidatos propuestos. - informo y una vez dicho, un grupo de personas se acercaron presurosas a dejar sus votos en papeles que estaban pre dispuestos en una mesa apartada junto con plumas. El al ver tal alboroto se apartó al instante y se puso a un lado junto con los profesores que ya habían previsto lo que ocurriría y se habían alejado de antemano. El soltó un suspiro al ver tal alboroto por lo que él consideraba una tontería, sin importancia, y se preguntó por qué no podían ser más calmados, total, aun les quedaban dos horas antes de que diesen los resultados.

Justo entonces se acordó de su apacible compañera, y al instante la busco con premura por la estancia. Para su ¿alegría?, la hallo junto con el ponche sirviéndose en una copa (de plástico cabe destacar). Camino en su dirección sin hacer mayor caso a su entorno y al llegar a ella, sonrió al verla concentrada, mientras avanzaba con dos copas en manos, probablemente deseado no botar nada. Aquello lo enterneció de extraña manera...

Con rapidez se acercó a ella y se paró justo al frente, esta se detuvo al instante y él sonrió de forma amplia al momento que ella le extendió una de las copas.

_ E-es para usted... Pensé que tendría sed. - le dijo un tanto nerviosa y el sin esperar, tomo la bebida que le brindaba.

_ Muchas gracias por su consideración, pero tenía creído que era el deber del hombre y no de la dama el ir en busca de la bebida. - dijo juguetón, pero debió de suponer que Hinata podría no contarlo, por ende la vio poner una mueca parecida al espanto; entonces, antes de que ella comenzase a pedirle disculpas innecesarias, se adelantó. _ Muchas gracias nuevamente por tomarse las molestias... La próxima vez me asegurare de ser yo quien este al pendiente de usted. - informo y se sintió satisfecho al ver que la dejaba sin palabras.

Estuvieron ahí en silencio, mientras se bebían la copa, y en cuanto hubiesen terminado se pusieron de acuerdo para seguir bailando. Sin embargo, no pudieron cumplirlo, puesto que Itachi, seguía siendo requerido para cumplir con sus deberes de presidente estudiantil.

El azabache por fin se había librado de uno de sus tantos encargos y se encontraba en busca de su compañera, más, cuando la ubico, algo en su pecho se oprimido al reconocer como nuevamente era rodeada de jóvenes, que por su aspecto debían ser de tercer año como él; y dos de ellos la miraban de forma nada apropiada. Sin pensarlo mucho, avanzo para socorrerla, porque por sus pómulos completamente rojos y con la cabeza gacha, no le cabían dudas de que lo que sea que le estuviesen diciendo, no era nada agradable o debidamente decente.

_ Pensar que tras esos trapos eras tan hermosa. - fue lo que alcanzó a escuchar una vez estuvo mediamente cerca.

_ Ahora comprendo por qué Uchiha te quería como pareja. - alego otro acercándose peligrosamente a ella.

_ Definitivamente, mira que esconder tales encantos. - comento uno más descarado mientras fijaba su vista sin decoro en su escote. Pero Hinata no parecía reconocerlo pues miraba aun al suelo. Los otros dos rieron ante el sentido de las palabras de su amigo, y el solo pudo apretar más los puños

_ ¿Enserio, no te interesa ser mi novia? - cuestiono otro, enervándolo a un punto que insospechado. _ En todo caso, no te sigas negando y baila con nosotros... - exigió al final y así como el tono sus palabras demandaban, estiro el brazo y la rodeo por los hombros, dejando caer su brazo pesadamente sobre estos, jalándola hasta él. Aquello solo sirvió para reanimar su determinación, y apretando el paso, estiro el brazo y apretó el hombro del sujeto con fuerza. Este se giró al instante, y los otros dos, al verle, dieron un paso asía atrás.

_ ¿Acaso no te han enseñado como se debe de tratar a una chica? – cuestiono con cierto cinismo, y observándole con el ceño fruncido, no queriendo disimular su molestia. Como esperaba el sujeto, se libró brusco y retrocediendo unos pasos, casi arrastrando a la ojiperla con él.

_ Tan solo le pedía un baile Presidente. - dijo descaradamente el chico que la había tenido sujeta, recalcando su título como para intimidarle, pero que ahora, en cambio la estaba liberando un tanto nervioso.

_ Pues, por lo que veo, ella no está muy dispuesta... Además, ¿ustedes no vienen con sus parejas? - recordó y vio chasquear los dientes, antes de darse la vuelta y retirarse del lugar junto con los otros.

Al verse solos, se giró para dirigirme la palabra a su compañera.

_¿Llevaban, mucho tiempo molestándola? - cuestiono un tanto preocupado y la vio negar.

_ Desde hace unos minutos, dijo y se mordió los labios para no confesar que antes de ellos habían estado unos menos insistentes, a los cuales por suerte, sus mismas parejas vinieron a buscarles; otras chicas se acercaron a hablarle, y para su sorpresa, solo le habían dicho cosas bonitas de su cartel, luego de su vestido y pelo; incluso habían hablado de lo lindo que se veía junto con Itachi al bailar preguntándole en donde había aprendido a hacerlo. Siendo honesta nunca creyó que aquello pasara, y termino confesando que desde joven había aprendido gracias a su padre. Le hicieron unas cuantas preguntas más, pero para el comentario más relevante fue el de ella y su sempai... Muy al fondo, se había sentido emocionada ante la idea.

Quiso darse de topes por pensar en cosas imposibles. Suerte que sus sempai no sabía leer la mente, porque si no, de seguro se enteraría, y huiría espantado. Por suerte no era así (o eso esperaba) y se dijo que como siempre, aquello se mantendría como un anhelo secreto.

Itachi viéndola tan ida, aprovecho para observarla en detalle, y poder confirmar que no tuviese nada malo; a lo que tal parecía no le estaba mintiendo. No es que la designara como una mentirosa, pero desde que le mantuvo en secreto sus acosos, no podía pasar nada por alto, Hinata era muy buena y sabía que, por ello, prefería mil veces guardarse las cosas a decírselas, si aquello lo consideraba una molestia para la otra persona.

Su corazón se apretó ante el pensamiento. Hinata era excelente y no comprendía el por qué se desvaloraba tanto; así mismo, deseo con mayor fuerza, ser capaz de cambiar esos pensamientos y hacerle ver cuán grande era, así como comprender que tenía el derecho de quejarse y recibir ayuda cuando lo necesitase.

Tan metidos estaban en sus pensamientos, que ninguno dijo más nada del tema... Ambos mantuvieron corto silencio y con pocas palabras, acordaron seguir bailando. Habían pasado ya casi dos horas sin algún inconveniente; y estando más calmados, así como mucho más cómodos, acordaron sentase en una de las mesas predispuesta; a partir de ahí, estuvieron charlado amenamente de temas casuales, descubriendo cosas de ellos, que hasta el momento desconocían; como que Hinata poseía en realidad dos mejores amigos, que había dejado en su anterior ciudad y que esperaba ver para esas vacaciones; que Itachi por su parte, tenía un hermano menor de fuerte carácter y orgulloso, pero que en el interior era alguien bueno. Ambos se rieron un rato con historias de Itachi con sus amigos del club al cual Kizame también pertenecía; así como algunos cuentos de Hinata y de las veces que ayudaba a su amigo Kiba en la veterinaria de la familia. Así mismo hablaron de sus planes futuros; Itachi quien se graduaría ese mismo año, afirmó que iría a estudiar a la universidad Tokio, una de las más prestigiosas, con la carrera de derecho, al igual que su padre, y entraría al bufet de abogados de su familia una vez se graduase. Cabe aclarar que el estudiaría derecho, no por su familia, sino porque en verdad le gustaba. Hinata por su lado sorprendió al mayor, confesando que deseaba estudiar pedagogía, puesto que su sueño era ser maestra de primaria; pese a que sabía su padre estaría en contra. Aquello lo dejo sorprendido y admirado, pues nunca pensó en que aquella chica mostraría tal determinación ante algo. Aquello era nuevo y siendo honesto, esperaba ser capaz de descubrí más cosas de ella en el futuro.

Por otro lado, habiendo pasado ya las dos horas, como era de suponer, pronto debieron interrumpir su charla, puesto que el momento esperado de cantar los votos y escoger a los reyes había llegado. Para suerte de Itachi, el encargado de leer los resultados seria uno de los profesores, así que pudo permanecer en su lugar junto a su compañera, mas su tranquilidad no duro mucho, cuando para su incomodidad, su nombre fue mencionado por el profesor que vociferaba el resultado de los votos... Suspiro decepcionado, pues, sin querer ser egocéntrico, en realidad presentía que aquello pasara, por no decir que rogaba porque aquello en verdad no ocurriese.

El gimnasio se llenó de gritos y aplausos a su nombre, coreando a que subirse a tomar su lugar en el escenario junto con la Reina. Le costó un poco tomar compostura y no escapar del lugar como en realidad deseaba; y volteándose a ver a su compañera quien también sonreía mientras le aplaudía, no le quedo de otra que avanzar. Una vez arriba le toco inclinarse para que una de las profesoras posase sobre su cabeza aquella ridícula corona hecha de plástico; la gente volvió a aplaudir y cundo le pasaron el micrófono para dar un leve discurso, tan solo se dignó a dar un simple gracias, por el cual todos aplaudieron como si se tratase del mejor de los discursos...

Pronto una música lenta se hizo escuchar y como era pautado, indicaba la hora de que el rey la reina realizará el conmemorativo baile. Con desgano estiro su palma asía la joven escogida quien evidentemente emocionada, al instante dejo caer su delgada mano en la de él. Todo el mundo aplaudió al verlos y el inicio un descenso por las cortas escaleras, guiando a la joven, para luego avanzar al centro del gimnasio, el cual había sido librado por los alumnos y algunos reflectores apuntaban al centro del mismo. Itachi tuvo que reprimir un bufido ante tal cursi escena, y sin más preámbulos, tomaron posición, dieron inicio con el condenado baile.

Cabe destacar que aquello fue una total tortura, comenzando por que la joven apenas y sabia bailar correctamente; se movía de forma muy rápida, por no decir que exageraba con su agarre en el hombro, que más que sostenerse parecía querer aferrarse a él, y por otro lado había apegado tanto su cuerpo al de él, que para su desagrado, era capaz de sentir cada curva, considerando también aquel elegante pero fino vestido, que pese a ser largo y llegar hasta los tobillos, si como de manga larga, se pegaba a la joven como un guante; suponía aquello debía darle atractivo y que muchos deberían estar interesados en ella, después de todo había sido escogida reina. Pero es que no era capaz de aguantar ni un segundo más aquel fuerte perfume; muy maduro para una joven de su edad y que en realidad le estaba sofocando; totalmente diferente al de la ojiperla, tan ligero, dulce y fresco... ¡Dios! es que aquella chica no se comparaba en nada su cita, desde su forma tan elegante y suave al bailar, hasta el ser discreta y mantener una prudente distancia de él, como debía de ser. Incluso su tacto, suave y delicado, casi como una caricia, era totalmente diferente al firme de esa chica.

Casi reprimió una sonrisa reconocer que la música estaba terminando; una vez ocurrió, se fue liberando del agarre de la chica quien en realidad seguía aferrándose a su brazo. La observo confundido y le reconoció una sonrisa altiva.

_ ¿Le parece si bailamos otra? - cuestiono con voz aguda, pero con una seguridad tal que le pareció que ella lo decía más como una afirmación; mientras la vio tomarse un mechón de su roja cabellera y enredarlo en su dedo en un ademán, que al parecer atinaba a ser coqueto.

_ Lo siento, pero no. - dijo simplemente al percatarse de que no tenía forma de negarse de forma firme, sin sonar grosero.

_ ¿Por qué? Es decir... Somos el reí y la reina. - comento como si aquello fuese suficiente. Cosa que el no comprendía.

_ Discúlpeme, pero no veo la relación ante su comentario. Además, sencillamente debíamos bailar un solo baile, no hay necesidad de más. - espetó ya un poco harto de permanecer junto a ella, cuando en realidad quería estar en otra parte; al instante la vio fruncir el ceño en respuesta.

_ Pero... ¿No le parece hablar conmigo? - cuestiono mientras hizo un ademán con los brazos como si dijese "míreme".

_ Lo siento, pero no tengo tal interés. Además, vine con alguien y no pienso dejarle sola, opino que usted tampoco. - Manifestó y suspiro al verle abrir la boca, más sin decir nada; parecía desconcertada. El aprovechando eso, se dijo que era hora de retirarse, y haciendo una adecuada despedida se dio la vuelta, dispuesto a alejarse del lugar, y por ende, de esa que ahora catalogaba como una egocéntrica chica.

Mientras avanzaba, no tardó mucho en reconocer a la persona que buscaba y que, para su alivio, se encontraba aun sola. Sin embargo, su alivio se fue al instante que reconocía su té triste. Se acercó a ella presuroso y se extrañó de reconocerle muy sorprendida de verle.

_ ¿Estás bien? – Pregunto preocupado y la vio asentir renuente mientras aún le miraba confundida.

_ ¿Y... y la Reina? – cuestiono entonces esta, dejándolo confundido.

_ No lo sé... Le deje hace un momento. – manifestó y la vio observarle de forma incrédula.

_ ¿Por-por qué?... Pensé que... – dijo y dejo la última frase en el aire, sin embargo, de alguna forma Itachi supo comprenderle

_ ¿Acaso creyó que me quedaría con ella? – cuestiono en esta ocasión incrédulo y vio como esta asentía. _ No tenía por qué, además mi pareja eres tú. – espeto un poco más duro de lo que desea y la vio levantar la vista nerviosa.

_ Pe-pero... ella era... muy hermosa. – expresión bajando un poco la voz haciéndole casi imposible escucharle; más una vez le entendió, no supo a qué quería llegar con eso.

_ ¿y eso qué tendría que ver? – cuestiono, mientras su mente divagaba en las razones por la que la ojiperla podría preocuparse por aquello.

_ Que... Que cualquiera, preferiría estar... Co-con ella. – dijo al fin, dejándolo desconcertado y honestamente, algo molesto.

_ ¿Acaso soy cualquiera? – cuestiono con voz tensa y la reconoció encogerse de hombros para luego mírale de forma escandalizada.

_ No... Yo no... No era mi intensión... No se ofenda... Yo solo... – balbuceo está totalmente nerviosa moviendo las manos de forma inquieta de un lado a otro, a modo de negación. Itachi suspiro tratando de calmarse, al reconocer el estado que le había generado su tono.

_ Se lo que quiso decir... Y debo decir que no estoy de acuerdo. – expreso él, dejándola anonada. Al reconocer que esta no había captado el significado de sus palabras, tomando algo de determinación, continuo. _ Considero que usted es tan o incluso más hermosa que esa chica. – admitió y como creyó que ocurría, primero la vio boquear para luego ponerse tan roja como un tomate. Itachi por fin sonrió ante la imagen, calmándose por completo.

_ N-no hay ne-necesidad de que... – comenzó a decir, pero la interrumpió de forma sorpresiva.

_ No miento... – le dijo, adelantándose a sus palabras, sabiendo que no se equivocaba. _ Le estoy siendo completamente honesto... – continuó, y para que fuese suficientemente claro, agrego: _ Tú eres realmente una chica hermosa. – rematando así los nervios que habían crecido en el cuerpo de Hinata, haciéndola enrojecer terriblemente. Quiso negar aquella afirmación, pero con tan solo ver esos penetrantes ojos, por alguna razón, no pudo; dejando escapar el aire que, sin darse cuenta, retenía... Tan solo se vio capaz de negar con un movimiento de la cabeza.

Itachi no fue ajeno a sus reacciones, ahora frustrado, ante todo lo que le gustaría decir para refutar, con el pulso acelerado por tantos pensamientos, de forma apresurada, decidió hacer algo, que hasta el momento no pensaba hacer... era una decisión apresurada, lo sabía, arriesgada, impulsiva en definitiva; pero algo en su corazón, que había nacido al escuchar lo que le decían aquellos chicos y que ahora resurgía con más fuerza, al verla negar lo que era un hecho, se lo pedía a gritos... Que tomase el riesgo de una vez y no esperase a perder la oportunidad.

Entonces, decidido, a sabiendas de que aquel no era el lugar más idóneo para la conversación que pensaba dar lugar; estiro el brazo y le tomo de la mano haciéndola respingar ante su sorpresivo contacto y brindándole tan solo una misteriosa sonrisa, sin ninguna explicación razonable que no delatase sus intenciones, la ínsito a seguirle. A los pocos segundos, ambos ya se habían escabullido de la fiesta y ahora caminaban calmadamente por el oscuro y solitario patio de su escuela.


Lo miraba realmente confundida por sus repentinas acciones, así como observaba nerviosa los oscuros alrededores, sin poder dejar de sentir que la oscuridad parecía cernirse sobre nosotros. Me sentí estremecer ante la fuerte brisa nocturna golpeado contra mi cuerpo, obligándome a abrazarme con mi único brazo libre, buscando algo de calor inútilmente. Sin embargo, a los pocos segundos pude sentir como algo cálido me cubría ahora los hombros; alcé la vista sorprendida y me encontré con un sonriente Itachi quien retiraba sus manos del saco que ahora caía laxo, cubriéndome.

_ Perdón por no darme cuenta... Pero, me gustaría que resistieses un poco más. – pidió de forma tan dulce que solo pude sentir pese a que aún no comprendía bien a que se debía tal arrebato… Porque lo era... Sin embargo, solo podía confiar en él, sabía que para lo que fuese que me necesitara, no era para algo malo, y eso lo veía en sus ojos.

De esa forma seguíamos avanzado entre la oscuridad, más por alguna razón, ya no me sentía tan incómoda, en cambio ahora era capaz de reconocer que había cierta iluminación gracias a la brillante luna y que el cielo también se veía despejado, por lo que las estrellas eran más visibles de lo normal. No puse dejar de sonreír ante esa bella imagen y supe que tenía una nueva escena que retratar, tal vez una pintura… tenia tiempo que no lo hacía.

Mientras absorbía lo más que podía de mi entorno, no me percate del lugar en el que nos encontrábamos, sino cuando reconocí a Itachi desacelerar hasta detenerse completamente. Fue en ese instante que por fin hice cuenta de donde estábamos... El jardín trasero de la escuela. Itachi ajeno a mí sorpresa, avanzo un paso para luego tomar asiento en la misma banca en la cual le había visto hasta hace unos días. No supe que me había quedado como una tonta ahí de pie, sino hasta que escuché su ligera risa, para luego pedirme que me sentase a su lado.

Con el corazón acelerado, acepté a su pedido y con un incomprensible mar de nervios, me senté lentamente a su lado; claramente con un moderado espacio entre nosotros.

_ Me gusta este lugar. – le escucho decir y asiento de acuerdo con él.

_ Es un lugar muy lindo y tranquilo. – me atrevo a opinar, por un lado, sin mirarle, en cambio observo el hermoso lugar que desprovisto de árboles, este bañado con la blanca luz de la luna, dándole así un aire de fantasía. No puedo evitar soltar un suspiro al reconocer unas pocas luciérnagas; así como de aspirar el dulce olor de las flores que rodea el lugar, mezclados con la humedad de la noche…. Pensar que nuestro instituto brindaría tal imagen de noche… no parecía real… aunque toda esa situación en si no lo parecía; sopeso mientras observaba de reojo a su acompañante, del cual únicamente pudo apreciar el contorno de su rostro, vagamente iluminado, pero no menos hermoso.

_ Estoy de acuerdo. – comento el haciéndome sonreír, contenta de compartir ese sentimiento. _ Y de día es aún mejor ¿no es así? – cuestiona, a lo que yo asiento y me pregunto si sería aquello lo que deseaba enseñarme… Pese a que es extraño que lo haga tan repentinamente, sonrió ante la idea. _ Sin embargo, pese a que es de noche, aun se reconoce su belleza... – comenta y asiento de nueva cuenta, mientras regreso mis ojos a la brillante luna. _ Esta realmente hermosa esta noche. – le escucho decir tras una pausa y sonrío.

_ Si, la luna está muy bella esta noche. – Apoyo lo dicho, y pensaba decir algo de las estrellas, cuando sus palabras me detienen.

_ No me estaba refiriendo a la luna. – fue entonces, en ese instante que dirijo por primera vez en un rato, mi vista hasta él, y lo que consigo, me deja con la boca seca... El me miraba fijamente.

Pienso decir algo, preguntarle a que se refiere, pero con una seña de su mano me pide que no hable y a sabiendas de que de igual forma lo que diría podría ser inentendible por mis nervios, preferí hacerle caso. Entonces, antes de brindarme alguna palabra, me ofreció una sonrisa, diferente y que no supe definir, pero que obligó a mi corazón golpear con mayor fuerza que nunca contra mi pecho.

_ Aunque no es de día, siento que no es muy diferente... Al verte así y sonreír, de repente comprendí el sentimiento que quisiste plasmar en ese dibujo. – dijo dejándome confundida, para luego sentirme sorprendida y finalmente apenada hasta un nivel insospechado.

_ ¿cu-cuando? - fue lo único que me atreví a preguntar. Y pude ver una sonrisa surgir en sus labios.

_ Me disculpo por hacerlo sin tu permiso, pero admito que sentía mucha curiosidad... Un día al llegar a la biblioteca, te encontré dormida, y bueno... - explico dejando lo último al aire, como guardándose algo.

_ Si-siento... Por dibujarle sin su permiso, lo siento. - me disculpe al instante de ser consciente de lo que había hecho... Nunca creí que sería descubierta y mucho menos por la víctima del delito… ¿Cómo es que tengo tal suerte? Quería que la tierra me tratase. Sentía mis pómulos arder de lo roja que estaba por la pura vergüenza... Y de solo imaginar en lo que él estaría pensado.

_ No tienes que disculparte, no me ha molestado para nada. Al contrario, me sentí alagado... Claro, no negare que me sorprendió mucho… pero, no me molesta. – aclaro nuevamente con una amable sonrisa que me hiso sentir un poco más calmada, mas no menos apenada.

_ Y-yo solo... - balbuceaba sin saber que decir para excusarme, después de todo ¿cómo le decía que se había dibujado con él, por qué era mi deseo estar a su lado? En definitiva, no era algo que podría decir a la ligera, y me preocupaba que Itachi, siendo tan listo ya lo intuyera... En realidad, recordando sus palabras anteriores, no me costaba suponer que ya se había hecho una idea, y aquello me aterraba de sobre manera, porque de ser cierto, y podría ir despidiéndome de la relación que llevábamos.

_ Tranquila Hinata... Estoy seguro de que no fue con una mala intención. No lo mencione para mortificarte... A parte de confesar mi fechoría, mis intenciones son otras- me dijo dejándome confundida, que podría querer. ¿Acaso quería nuevamente mi dibujo? Lo mire espantada, pues era muy probable aquello; tal vez como salía él, le pareció buena idea quedárselo, además, también estaba que le gustaba mucho ese lugar. Pero no podía... era imposible, que le diese aquel dibujo en el que residían tantas cosas, ni siquiera le correspondía verlo.

Trague saliva expectante de sus palabras, y en cuanto percibí que comenzaría hablar respire hondo para darle mi primera negativa... pero esta quedo en el aire en cuanto sus primeras palabras se escucharon.

_ Quería traerte y decírtelo, puesto que en cuanto vi ese dibujo por primera vez, supe que quería hacerlo realidad. - manifestó dejándome sin palabras.


El azabache la observaba fijamente, buscando interpretar sus relaciones. Al principio se quedó muda, pero luego le escucho balbucear monosílabos que lo hicieron sonreír; comprendiendo ante su interrogante, que realmente no había captado el sentido de sus palabras y que, por ende, le correspondería ser más directo mueva mente.

_ Q-que... quiere… - la vio tartamudeando, y cuando por fin pudo formar la oración completa, cuestionando cual había sido el motivo de sus palabras; el respiro hondo, para luego hablar... aunque no lo demostraba, hace rato que su pecho golpeteaba con fuerza, y sus manos sudaban... Siendo honesto nunca se imaginó estar en una situación igual y le inquietaba, así como alegraba poder experimentar aquello.

_ Veras - inicio, y tomo aire nuevamente al ver que haba captado su atención completamente. Aquel par de perlas lo observaban expectantes por una repuesta, brillando de forma inocente, mientras reflejaban la blanca luz de la luna. Asimilo aquella imagen unos segundos antes de hablar. _ Soy consciente que es relativamente corto el tiempo que llevamos conociéndonos… no obstante, creo que he tenido el tiempo suficiente como para llegar a una respuesta… Vera, nunca he sido de los que necesitan mucho tiempo pensar en algo y llegar a una conclusión… y con esto no quiero hablar de mi supuesta inteligencia. Pero si quiero dar a entender ese punto… espero comprenda… Y a lo que quiero llegar… es que…Sé que no me equivoco en mi conclusión, y por ende, no lo hago al decir que… Me gusta.

Una vez termino con su patético discurso… soltó el aire que había estado reteniendo y observo (insólitamente) nervioso como nunca lo había estado a la inocente chica a la cual se acababa de confesar y que ahora lo observaba como si le hubiese salido un cuerno y un tercer ojo… no muy alentador si lo podía decir.

Comprendió entonces que se había apresurado al sacar conclusiones y que tal como creía había hecho una apuesta muy arriesgada y ahora le toma acarrear las consecuencias… No es que se arrepintiese o creyese haber equivocado con respecto a sus sentimientos, pues para él eso estaba más que claro, así como a cada segundo se lo iba confirmando más; y ciertamente tampoco lo hacía ante su apresurada declaración; solo que, ciertamente debía admitir que ahí había habido más sentimientos e impulsos que otra cosa.

Estaba concentrado en alguna cosa que pudiese decirle y salir de ese incomodo momento en el que se habían metido a causa de su arrebato, cuando se dio cuenta de en como la ojiperla desconcertada se tambaleaba e iba de lado, para caer fuera de la banca. Dio gracias a sus hábiles reflejos por ser capaz de sostenerla a tiempo e impedir que se diera un duro golpe contra el suelo que parecía ser su trayectoria.

_ ¡Hinata! – exclamo un tanto asustado y suspiro al ver como esta le devolvía la mirada, dándole a comprender que estaba consiente, aunque aquella mirada de cervatillo deslumbrado por la luz no le permitieron tranquilizarse lo suficiente.

La soltó con suavidad una vez se aseguró de que esta estaba estable y no se caería de nuevo. Con el corazón aun acelerado, se dispuso a preguntar por su estado.

_ ¿Estás bien? No fue… no fue mi intención afectarte hasta tal punto. – confeso mientras la observaba preocupado.

_ N-no… no es eso… es que… ¿Por qué? – dijo esta y en voz baja, confundiéndolo, principalmente por el dolor que se reflejaba en sus palabras.

_ ¿Por qué, que? ¿Porque me gusta? – cuestión creyendo que aquella debía ser su duda, lo cual no le extrañaría… no pareció equivocarse al ver como esta asentía.

_ ¿Po-por qué… por que se burla de mí?... pensé que éramos amigos. - dijo esta de repente… y algo en él se oprimió al comprender el obvio sentido de sus palabras…. La observo incrédulo y se frustro más al ver como lagrimas amenazaban con salir de sus opalinos ojos…. ¡No podía ser posible! pero tal aprecia ser cierto, y comprendió rápidamente que solo pudo haber llegado a tal conclusión, por el mismo motivo que ella negaba cada alago que él le daba.

_ ¿Enserio crees que yo podría burlarme de ti? – cuestión con un tono tan dulce que hasta el mismo le sorprendía, pero que esperaba la calmase y le demostrase cuan honesto estaba siendo. Suspiro aliviado al verla negar con la cabeza, pero luego se detuvo como si dudara.

_ Y-yo… se que Itachi-san es bueno… es solo que… No comprendo… Tu no… - balbuceaba esta mientras daba respiraciones profundas como buscando calmarse. Pero no parecía estarle funcionando.

_ ¿Yo no?... ¿acaso estas diciendo que no puedo enamorarme? – cuestión con cierta rudeza, pese a que sabía que aquello no era cierto.

_ ¡No!... no es eso… es que… - negó esta mientras miraba a todas partes nerviosa para luego cerrar los ojos, como no atreviéndose a mirarlo. Supo que se había sobre pasado con sus palabras y tono… así como comprendía lo que ella había querido decir… Y solo podía frustrarse por ello, se daba cuanta que tenía un largo camino que recorrer, pero que pensaba cumplir, aunque primero debía solucionar lo que ocurría en ese momento.

Buscando entonces cumplir con su objetivo, con algo de valentía y tomándose cierto atrevimiento, se acercó un poco más a ella y extendió sus manos para tomarle del rostro, alzándolo hasta hacer que quedaran frente a frente. Lo primero que hizo, fue sentir la suavidad de su cabello, que se deslizaba entre sus dedos; pudo reconocer la sorpresa y la vergüenza mezclada en sus orbes perlas mientras su rostro se tornaba de un rojo carmín incluso identificable bajo la tenue luz de la luna. Percibió un par de lágrimas escapar de sus ojos y rodar por sus pómulos hasta caer en sus manos, por lo cual, sin medirlo, tal y como había hecho en otra oportunidad, con sus pulgares limpio el resto de las mismas, haciéndole cerrar los ojos. Itachi entonces aprovecho el chance para observar su bello rostro nuevamente; y no supo en qué momento su vista cayó en sus sonrosados y carnosos labios.

Aquella imagen fue suficiente para hacer que cualquier pensamiento lógico se fuese, así como dar lugar a otro ataque de impulsividad, que lo llevo a juntar los suyos con los de ella…

Realmente no lo había planeado, pero aquello no importaba cuando ya lo había hecho. Sus labios se acoplaron perfectamente, y con suavidad comenzó a mover los propios, por sobre los de ella. Un suspiro escapo de los labios femeninos y él se vio tentado a profundizar el beso, pero comprendió a tiempo que aquello seria mucho para la peliazul, así que, haciendo uso de toda su voluntad, comenzó a separarse lentamente de ella.

Fue al abrir sus ojos (que sin darse cuenta había cerrado) cuando por fin callo en conciencia, lo que había hecho… ante el tenia a una peliazul totalmente roja, con los ojos cerrados y la respiración agitada; mientras sus labios permanecían entreabiertos y algo hinchados, delatando lo que acababa de ocurrir entre ellos.

Se llevó la mano a la boca, sorprendido de sus propios actos, incrédulo de haberse atrevido de robarle un beso a la chica que se acaba de confesar. Al instante quiso darse golpes contra una pared o algo parecido y se dijo que, por primera vez en su vida, que lo había arruinado todo. Y pensar que tan siquiera la había tomado, para hacer que esta le prestase atención y comprendiese que le decía la verdad, pero en cambio había terminado haciendo algo totalmente inesperado y probablemente inaceptable.

_ No miento... - fue lo único que atino a decir, puesto que, pese a todo, no estaba dispuesto a rendirse. Recuperando al instante aquel porte seguro que le caracterizaba.

Observo a Hinata expectante, y esta vez, algo cálido surgió en su interior al ver como esta sonrojada, soltaba unas cuantas lágrimas, mientras se tapaba el rostro, mientras expresaba una frase que borro cualquier rastro de preocupación o rechazo.

_ Po-por favor... No lo hagas.

Y aquello fue suficiente... Con una alegría que no se imaginó sentir, estiro el brazo hasta rodear a la temblorosa ojiperla que aún se negaba a mirarle, y con cierta fuerza sin querer ser brusco, la acerco a él y la hizo apegarse a su pecho, dejándola dentro de un cálido abrazo.


Aguante la respiración de golpe al comprender en donde estaba. Itachi me abrazaba de una forma que nunca le habría atrevido a soñar pero que se sentía mejor que cualquier otra fantasía. Podía sentir su duro pecho y el calor que este despedía, así como sorprendente mente un rítmico, pero acelerado palpitar.

Hasta el momento me había negado a mirarle, y más que por la vergüenza, era más como temor a descubrir que sus palabras... todo... Había sido una loca invención mía. Pero, aquella cercanía me hacía pensar lo contrario.

Entonces, aquel descubrimiento, tan solo hizo que mi propio pulso se acelerase... ¿En verdad se había besado con su amado sempai? Estaba meditando aquella increíble revelación que incluía mi primer beso, cuando puede sentir debajo de mí, las vibraciones que provenían del pecho en el que me apoyaba, y junto a esto, escuche entonces el sonido brotar de sus labios; no tarde en comprender que Itachi Uchiha se estaba riendo... Y aquello, solo pudo oprimir mi corazón de forma dolorosa... Debí suponerlo.

Como pude, busqué la fuerza necesaria para librar de su abrazo. Este en un principio fue renuente a soltarme, pero pareció comprender que en verdad no quería seguir así, así que me soltó por su cuenta.

Al instante me encontré con unos ojos azabaches que me observaban preocupados... Debió notar mi decepción en mis ojos y tal vez en las nuevas lágrimas que amenazaban con salir... Ya no se reía, cosa que no comprendía... Porque si se estaba riendo, era porque su broma había salido bien, y no tenía por qué preocuparse.

_ ¿Hinata, pasa algo malo? - cuestiono y sin saber realmente que respuesta darle, tan solo me quede callada aun llorando. _ ¿Acaso estas molesta conmigo? Yo… Pensé que... Por tus palabras, que sentías... Es decir, ¿Te molesto que te abrace, que... te besara? - cuestiono con cierta preocupación en su voz haciéndome dudar. Temerosa y aterrada de su respuesta, me esforcé por formar la interrogante.

_ ¿Po-por que se estaba riendo? - ante mi pregunta, pude observar al instante que itachi se paralizaba y continuó a eso hacia una mueca que le reconocía hacer cuando pensaba. Pronto una expresión comprensiva surco su rostro, antes de observarme de forma dulce. Una de sus manos se aventuró hasta mi rostro y lo sentí secar una de mis lágrimas que se deslizaba por mi pómulo izquierdo. Estaba por más decir, confundida.

_ No debes regresar atrás... Créeme, no me estoy burlando de ti... Y no sé por qué te es tan difícil comprenderlo, así como aceptarlo. - dijo con una voz tersa, que acelero mis latidos.

_ Pero es que yo... Tu eres... - trataba de explicarme, pero, supe que él sabía lo que quería decir al ver como negaba.

_ Ya te dije que no regreses... Esto ya lo discutimos... No hay un tu eres y yo soy... Nada en ti te hace menor a otro, ni mucho menos a mí. - espetó, y tuve que reprimir una serie de comentarios y justificaciones al comprender que ninguno le convencería.

_ Hinata... Voy a ser más claro. - dijo de repente llamando mi atención. Y una vez contó con que le estaba escuchando, prosiguió. _ Me gustas... Y puede que te sea sorpresivo, pero me he convencido de que es el momento correcto... No nos conocemos desde hace mucho, pero si te soy honesto, siento que te conozco lo suficiente como para saber que lo que hago es lo correcto. No estoy mintiendo ni estoy jugando contigo... Ya te lo había dicho, y te considero una persona especial, increíble, muy buena, por no decir que para mí eres perfecta. - dijo. Y una vez término le vi sonreír con dulzura al notar la expresión en mi rostro. Sabía que debía verse chistoso; una mezcla entre incredulidad y de cierta esperanza a que lo que me estuviese diciendo fuese cierto.

_ Pe-pero, yo no soy perfecta. - fue lo único que atiné a decir y lo vi negar divertido.

_ Claro que no... Nadie es perfecto en este mundo... incluido yo. - agrego al reconocer la mirada que le dirigía... Yo solo puedo negar, y le escuche reírse.

_ Todos cometemos errores, unos más que otros, pero no es malo... Yo también los cometo y me frustro por ellos, soy humano igual que todos.

_ Yo... Yo lo sé... Es solo que... Yo estoy muy alejada de ser alguien perfecta… Como podría siquiera fantasear estar junto a usted.

_ Hinata, permíteme que lo dude... Puede que tengas tus dificultades en algunas cosas... pero eres increíble en muchas otras. Además, yo dije... que para mí eras perfecta y eso incluía incluso tus desperfectos.

_ ¿por qué me dices estas cosas tan lindas? - cuestione en voz baja, mientras aún trataba de asimilar todo lo anterior dicho.

_ Porque quiero que la chica que amo vea y acepte lo increíble que es... - confeso dejándome impactada. No tenía palabras y parecía que mi interior era un revoltijo de sentimientos.

_ Dime... ¿Podrías decirme... ¿Que sientes por mí? - Al instante me atragante por su pregunta. Itachi en verdad no se andaba con rodeos, ni parecía tener compasión por mis nervios. Lo observé rogando a que se compadeciera y no me hiciese decirlo en voz alta, pero confirmé que no tenía oportunidad al ver la mirada que me dirigía... Aquella que no me dejaba cabida a mentirle.

_ Y-yo... A Itachi-san... yo... - balbuceaba sin control. Incapaz de admitirlo pese a que las circunstancias daban a entender que no sería rechazada. Es decir, el en realidad acababa de confesarse, ¿no? por ilógico, increíble, e imposible que aquello pareciese... Sin encargo, estar al tanto de aquello no disminuía mi temor.

_ No tienes que poner esa expresión de pánico, lo que sea que respondas lo aceptare... - Dijo mientras. Acariciaba mi mejilla y me brindaba una dulce sonrisa.

Nerviosa le observe varios segundos antes de tragar saliva y tomar el aire. Lo observé por unos segundos, para luego cerrarlos y tomando todo el valor de mundo, me confesé por primera vez en mi vida, diciendo en voz alta lo que jamás creí que diría alguna vez.

_ Me gustas Itachi-san... Desde hace mucho. - admití al final, para luego arrepentirme por mi ataque de honestidad; y por otro lado, una vez aquellas penosas palabras salieron de mis temblorosos labios. Me cubrí el rostro... No podía ser posible, ¿En verdad me he confesado?

Al rato, despegué mis manos del rostro, retirándolas lentamente; entreabrí los ojos al reconocer que no recibía respuesta alguna, y jade al encontrarme una de las sonrisas más dulce que me había brindado, de esas que quitaban el aliento, y hacían estremecerme por completo. Entonces antes de saberlo, me encontraba nuevamente entre sus cálidos brazos.

_ No sabes lo feliz que me haces Hinata. – me dijo mientras aun me abrazaba, manteniéndola presionada contra su cálido pecho; esta vez siendo capaz de reconocer claramente su acelerado palpitar.

_ Y-yo… - balbuceaba sin saber que decir realmente… Aun me costaba asimilarlo todo lo que recién estaba ocurriendo.

Fue después de largos minutos, que se sintieron como horas, que Itachi comenzó aflojar su agarre permitiéndome tomar algo de distancia. Yo estaba al tanto de que me encontraba terriblemente roja, gracias al calor que sentía en mi rostro, así que al instante me lo cubrí con las manos, no deseando mostrarme más de forma tan vergonzosa frente a él. Itachi por su lado le escuche reírse, para luego sentir como sus manos tomaban las mías y suavemente las retiraban dejando mi rostro visible, para su libre escudriño.

_ Hay muchas cosas en la que vamos a trabajar… pero me gustaría que por el momento dejases de cubrirte de mí… No es necesario, por no decir que me privas de ver tus adorables sonrojos. – Dijo el con voz dulce, y yo negué con la cabeza, evitando verle directamente a la cara. Al instante sentí una de sus manos liberar la mía, para luego posarse en mi barbilla, alzándola y haciéndome mirarle directamente.

_ M-me veo ridícula. – justifique, pero como parece gustarle hacer conmigo, niega mis palabras.

_ Te ves adorable… Y te lo dice tu novio, así que no puedes dudarlo. – alego mientras relucía en su rostro una brillante sonrisa; casi como si no le afectara que acababa de auto denominarse mi novio… ¿Lo era?

_ ¿N-no… novio? – pregunte aun sin creerlo y él me observo fijamente mientras asentía.

_ Creí… creí que era algo que estaba claro… siendo que ambos nos gustamos. – explico, dejándome anonada… ¿En verdad seriamos novios? ¿Él y yo?

Le observe sin palabras… me sentía prácticamente igual a cuando me dijo que le gustaba; como si acabase de decirme algo imposible, insólito, o incluso fuera de este mundo.

_ ¿Es que acaso… no te agrada la idea? – cuestiono este con cierta preocupación impresa en su voz, trayéndome a la realidad de nuevo.

_ ¡No! No es eso. – negué mientras movía la cabeza de un lado a otro casi en sincronía con mis manos. _ No quise decir eso… yo… a mí me… me gustaría… es decir… - balbuceaba sin control, al instante pude ver un indicio de sonrisa, antes de observarme.

_ Novios entonces. - dijo, y como si aquello no se tratase de algo increíble; solo sonrió y apretó una de mis manos que sostenía sobre su regazo.

Lo observe detenidamente por varios segundos, hasta que me acorde de algo que ahora, me estaba dejando algo dudosa y confundida. Devolviéndole el agarre a su mano, llame su atención nuevamente; el me observo al instante y tuve que desviar un poco la vista. Aun no me acostumbraba a tenerlo mirándome tan directa y penetrante mente.

_ Si… Si no se burlaba… hace rato… ¿Por qué se reía? – cuestioné por fin, y al instante pude ver un atisbo de sorpresa antes de soltar un par de carcajadas.

_ Es que, me pareció un tanto cómico… – contesto dejándome confundida… _ Es que, en todo este tiempo, no recordaba que aun llevo esta patética corona. – Informo al instante que con su dedo apuntaba arriba de su cabeza en donde claramente reposaba la pequeña corona de plástico.

Lo observe por varios segundos, y antes de saberlo, ya estaba carcajeándome sin poder contenerme… en verdad que era irónico… un príncipe y el pato feo. Logre llevar una mano hasta mi boca, tratando de amortiguar los sonidos, pero me fue difícil; cada que fijaba mi vista en su corona, una nueva honda de risas llegaba. Fue pronto, sin embargo, cuando escucho las carcajadas masculinas acompañar las mías.

En eso, mientras reíamos, Itachi en un momento, se puso de pie y poniéndose de rodillas frente a mí, extendió su mano para que posase la mía; tal y como un príncipe de cuento… Estaba tan divertida, que todo rastro de pena se había ido, y siguiéndole el juego, estire la mano asta posarla en la suya, una vez juntas, en la tomo y se puso de pie para luego alarme consigo. Aun riéndonos, nos puso en posición de baile, y sin medir palabra dio inicio a una rápida y desordenada danza.

Ambos reímos juntos, durante largos minutos que danzamos, y creo que hubiésemos seguido por horas si no fuese porque de hacerlo nos quedaríamos completamente agotados y sin aire. Ahora estábamos logrando calmarnos, mientras hacíamos lo posible por controlar nuestras respiraciones. Una vez ya calmados, ambos nos detuvimos y observamos mutuamente, cada uno, con una sonrisa extendida en los labios… Entonces me dije que en definitiva aquel momento quedaría grabado en mi memoria por siempre…. Cuando el príncipe se confesó al pato feo, se rieron y bailaron en medio de un patio a la luz de la luna.


Después de aquel acontecimiento, se podría decir que mi vida cambio completamente… En tan solo un mes, había dejado de ser conocida como el pato feo de la clase C, para ser por fin, simple y llanamente, Hinata Hyuga. Por alguna razón, los maltratos y las burlas que llegue a sufrir, habían quedado en el pasado y ahora era capaz de caminar por los pasillos con calma y sin temor. Ahora los estudiantes incluso me observaban y saludan, y unos cuantos, intentaban entablar conversaciones conmigo… he de admitir que aquello fue lo más sorpresivo. Y en todo ese tiempo, solo pude deber aquello, a la razón principal por la que mi pequeño mundo había cambiado tanto… Itachi… Aquel chico que había admirado y del cual me había enamorado a primera vista, y que ahora era, aún para mi desconcierto e incredulidad, mi novio.

Desde que ambos nos confesaos y concordamos salir juntos, mi mundo había ido cambiando progresivamente… Conociendo sentimientos que no sabía que existían, descubriendo nuevas cosas, aprendiendo a convivir y compartir con alguien, más allá de la amistad; así como experimentar cosas que nunca creí pasarían… salir a citas, charlas y discusiones, muchas cosas que en mi vida espere que pasaran, pero por lo cual estaría toda mi vida agradecida… agradecida de haber conocido a alguien tan increíble como Itachi Uchiha… alguien quien poco a poco, con sus palabras y actitudes, ha ido motivando y creciendo algo que nunca espere tener, como lo era tener aprecio y confianza en mí misma.

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_ ¿Sabes cuál es el final de la historia? ¿Cuál es el final de patito feo? – Cuestiono Itachi aquella noche mientras regresábamos al gimnasio. Nuestras manos permanecían estrechadas mientras avanzábamos a paso calmo por el amplio patio.

Extrañada sin entender el repentino comentario o hasta donde quería llegar, le observo mientras niego con la cabeza ligeramente, aunque ya lo sabía, solo para poder escuchar su respuesta. Entonces deteniéndose, me observa, con tono dulce, dijo:

_ Al final el patito crece y se convierte en el más hermoso de los cisnes.


Como dije, una extraña historia, no? La verdad es que... entre escribir cada que tenia oportunidad, no deje de pensar en escribir algo que recoerdara un manga shojo :D... Pensé en itachi y me dije que seria una obcion perfecta para intentarlo... n_n

Siendo honesta aun no me convence el final, pero por el momento sera este...

Me disculpo por los errores ortográficos u otros que no haya reconocido... (me cuesta acostumbrarme a escribir con el cel así que es algo que espero)

Por otro lado, si llegaste asta acá, espero que la historia aunque sea, te haya resultado interesante, si lo hizo, por favor, dejen sus comentarios y opiniones, lo agradecería mucho :)