La miro claramente molesto..

Nami a su vez lo miraba con una ceja alzada. Estaba increíblemente tranquila, a pesar de estar acorralada entre la pared y él.

Zoro se pregunto cuantas veces se habría visto en esa situación… Se viese como se viese, su reacción no era normal. Debería estar sonrojada, respirar con dificultad e intentar escabullirse. La pelirroja no hacía nada de eso.

Simplemente, lo miraba, divertida.

¿No se suponía que en una situación así, era él quien tenía el control?

A juzgar por la absoluta serenidad de Nami, no lo parecía.

Se acerco otro paso, en un intento de acortar aun más las distancias, y hacer más patente su invasión al espacio vital de la navegante.

La sonrisa de Nami se hizo más amplia. Sin embargo, Zoro se sintió increíblemente irritado. ¡Joder! ¿Por qué no se sentía incomoda? ¿Por qué no le había arreado ya un tortazo? Si las cosas seguían así, perdería la maldita apuesta.

-¡Zoroo! Me aburro. ¡Me aburro mucho!

Zoro miró con fastidio a su capitán.

- Y yo estoy intentando dormir.

Luffy hizo un puchero, realmente infantil, antes de esbozar una sonrisa y estallar en carcajadas, mientras le miraba.

- Hay algo que seguro que no te atreves a hacer. – dijo mientras volvía a reír.

- Eso no te lo crees ni tú. – replico él espadachín. Si el valoraba una virtud de si mismo, era precisamente su valor.

- ¿Te atreverías a molestar a Nami…tal y como yo estoy haciendo contigo? – expuso el moreno maliciosamente.

Zoro pensó en la escena.

Él, la molestaba, ella le golpeaba, él seguía molestándola…ella le mataba a golpes. No pintaba muy atrayente.

- Paso.

- ¡Eso es por que no te atreves! ¡Ey! Escuchar todos; ¡el temible pirata (antes caza recompensas) Zoro Rolonoa no se atreve a…

Zoro se apresuro a taparle la boca a su "adorado camarada". Llevándose un buen mordisco, naturalmente.

-¡Claro que me atrevo! ¿Pero que gano con eso?

- Si ganas tú…te cederé mi postre toda una semana. Si gano yo, me lo cedes tú.

Zoro esbozo una sonrisa tétrica. Ganaría aquella improvisada apuesta…y se comería los postres de Luffy (asegurándose de que él moreno sufriera la falta del dulce) como venganza por cuestionar su valor.

Al principio había pensado que era pan comido. ¿Qué había más fácil que hacer enfadar a la temperamental pelirroja? Al parecer, miles de cosas.

Había interrumpido a Nami mientras dibujaba uno de sus adorados mapas, le había volcado encima un refresco, se había metido con ella atacando sus puntos débiles…y recibiendo a cambio dulces sonrisas.

¿Qué demonios le pasaba a Nami? ¿Es que acaso era el día de "se amable con tus compañeros hagan lo que hagan" ¿

Por último, y como decisión desesperaba había decidido actuar de la forma que más irritaba a las mujeres. ¡Como un vil acosador!

Y a juzgar por la expresión complacida de la chica, eso tampoco estaba funcionando.

Por su parte, Nami sonrió, como sonreiría el gato que se ha comido la crema, completamente satisfecha de cómo iban transcurriendo los acontecimientos.

Pestañeo coquetamente a Zoro, que la miraba con una gran intensidad tras sus ojos verdes. Definitivamente, iba a demostrar a Luffy, que ella era capaz de seducir a cualquiera sin excepción.

-¡Nami! ¿Qué haces?

Nami miró a Luffy poniendo los ojos en blanco. En su opinión, era más que obvio lo que estaba haciendo.

- ¿No lo ves? Tomar el sol.

Luffy la miró y agito la cabeza.

-¡Pero Nami, eso debe de ser muy aburrido! Además, tú no deberías pasearte así por el barco. ¡Que luego Sanji no para de babear y no cocina!

- Oh, que pena. Pero no puedo evitar estar tan buena, lo siento. – replico ella con indiferencia, mientras se esparcía crema por los brazos.

- ¿De que te sirve estar tan buena si no hay manera de que te eches novio? – preguntó Luffy con aparente inocencia.

Nami dejo la crema y lo golpeo absolutamente furiosa. Ese, era un tema tabú.

Luffy se frotó la zona golpeada y la miro haciendo un puchero.

-¡Ya se cual es tu problema! Nami, eres muy guapa ¡pero como eres tan borde los asustas! ¡Tienes que ser más dulce!

Nami contuvo las ganas de darle otro golpe.

-¡Yo soy muy dulce! – siseó, apretando los puños. ¿Cómo se atrevía?

- No, no, no. Con palabras no me basta ¿Serias capaz de hacer caer rendido a tus pies a cualquiera, con tu físico y tu supuesta dulzura?

- ¡Naturalmente que sí!

- ¿A cualquiera? – Luffy sonrió, estaba cerca de conseguirlo...muy cerca.

-¡Que sí, idiota!

-¿A Zoro? – Nami se quedo paralizada al escuchar el nombre de su "próxima" victima. ¡Pero si Zoro era un trozo de hielo!

- ¿No te crees capaz?

-¡Claro que sí!

- Pues yo no te creo capaz

-¿Qué te apuestas?

-¡100 berries!

-¡Trato hecho!

- Zoro-kun, de veras que no te entiendo – ronroneó Nami, mientras lo miraba. No le había costado nada atraer la atención del espadachín ya que llevaba todo él día molestándola. Le había costado sangre sudor y lágrimas contener las ganas de estrangularlo en varias ocasiones…pero por fin su paciencia iba a ser recompensada. Estaba claro, que la había acorralado para besarla.

Y una vez la besara, habría ganado. No era una gran cantidad económica, pero esos 100 berries iban a ser la prueba material de su irresistible sex-appeal.

Zoro se inclinó ligeramente más sobre ella.

¿Por qué no se ponía nerviosa?

Al resto de chicas que había atrapado en una situación como aquella, se habían mostrado inquietas…por lo menos antes de que las besara.

Era eso, decidió. Ella se mostraba tan tranquila por que no lo creía capaz de besarla. Seguro que si lo hiciera, esa calma aparente se iría a tomar viento fresco sustituido por una furia asesina.

Por eso la besó.

Nami pasó los brazos alrededor del cuello del espadachín, para acercarlo más. Zoro se extraño por su reacción.

¿Dónde estaban los gritos?

¿Los golpes?

¿La furia asesina?

En fin, en el fondo daba igual. Era agradable tener a Nami pegada a él como una lapa. Una sensual y experta en besos lapa.

Y, total, los dulces tampoco le gustaban tanto…

....

Desde no muy lejos, Luffy observo a la pareja con la satisfacción de un hombre que observa la obra culminante de su vida.

- ¡He ganado!

A su lado, Nico Robin esbozó una amplia sonrisa.

-En realidad, hemos empatado. Y tengo testigos.

Luffy la miró con una ceja alzada. No acababa de creérselo.

- ¿Cómo has logrado que Sanji y Franky se besen? – preguntó el moreno imaginándose la escena. No acababa de entrarle en la cabeza.

- Es útil poder hacer que crezcan brazos de donde tú quieras. – Contestó la arqueóloga enigmáticamente.- Sobre todo, cuando quieres que dos personas se besen…solo era esperar a que estuviera él uno frente al otro…hacer que crecieran brazos de las espaldas de mis victimas…y dar un pequeño empujón.

-¡Eso es trampa! –se quejo el chico.

Como respuesta, solo obtuvo carcajadas.


¡Hola! Aqui, con otro vicio. Esta idea era una que queria utilizar desde hace mucho tiempo. ¡Y por fin la he dado forma! Espero que os guste ^^

¡Gracias por leer!