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Capitulo XII
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La reaparición de Hagrid en la mesa de los profesores al día siguiente no fue recibida con entusiasmo por parte de todos los alumnos. Algunos, como Fred, George y Lee, gritaron de alegría y corrieron por el pasillo que separaba la mesa de Gryffindor y la de Hufflepuff para estrecharle la enorme mano; otros, como Parvati y Lavender, intercambiaron miradas lúgubres y movieron la cabeza. Harry sabía que muchos estudiantes preferían las clases de la profesora Grubbly-Plank, y lo peor era que en el fondo, si era objetivo, reconocía que tenían buenas razones: para la profesora Grubbly-Plank una clase interesante no era aquella en la que existía el riesgo de que alguien terminara con la cabeza seccionada.
El martes, Harry, Ron y Hermione, muy atribulados, se encaminaron hacia la cabaña de Hagrid a la hora de Cuidado de Criaturas Mágicas, bien abrigados para protegerse del frío.
Hermione estaba emocionada por el regreso de Hagrid, pero su cabeza aun volvía un poco a la noche en que se encontró con Fleur en el castillo. Aun había tantas cosas que necesitaba aclarar, y la profesora McGonagall había estado bastante ocupada que no habían tenido oportunidad. Sabía que Harry estaba preocupado no sólo por lo que a Hagrid se le habría ocurrido enseñarles, sino también por cómo se comportaría el resto de la clase, y en particular Malfoy y sus amigotes, si los observaba la profesora Umbridge.
Sin embargo, no vieron a la suprema inquisidora cuando avanzaban trabajosamente por la nieve hacia la cabaña de Hagrid, que los esperaba de pie al inicio del bosque. Hagrid no presentaba una imagen muy tranquilizadora: los moretones, que el sábado por la noche eran de color morado, estaban en ese momento matizados de verde y amarillo, y algunos de los cortes que tenía todavía sangraban. Aquello desconcertó a Harry; la única explicación que se le ocurría era que a su amigo lo había atacado alguna criatura cuyo veneno impedía que las heridas que provocaba cicatrizaran. Para completar aquel lamentable cuadro, Hagrid llevaba sobre el hombro un bulto que parecía la mitad de una vaca muerta.
Hermione no podía concentrarse completamente, una parte de ella estaba aquí en la clase junto a sus compañeros y la otra estaba pensando en Fleur; ¿Cuál sería la verdadera razón por la que está en el castillo? No creía que solo quería realmente una especialidad en pociones o Transfiguración, ella se imaginaba que una chica graduada como ella estaría más feliz trabajando para el gobierno francés o Gringotts, incluso estaría mejor como maestra contra las artes oscuras, debía existir otro motivo, pero esperaría la oportunidad para hablar con ella. Pensar que tenía que hablar con dos de las mujeres que eran muy importantes para ella le causaba un terrible dolor de cabeza, de alguna forma todo debía estar relacionado. La voz de Hagrid la saco de sus pensamientos.
— ¡Hoy vamos a trabajar aquí! —Anunció alegremente a los alumnos que se le acercaban, señalando con la cabeza los oscuros árboles que tenía a su espalda—. ¡Estaremos un poco más resguardados! Además, ellos prefieren la oscuridad.-
— ¿Quién prefiere la oscuridad? —Preguntó Malfoy ásperamente a Crabbe y a Goyle con un dejo de pánico en la voz—. ¿Quién ha dicho que prefiere la oscuridad? ¿Ustedes lo han oído?
Harry recordó la única ocasión en que Malfoy había entrado en el bosque; aquella vez tampoco demostró mucha valentía. Sonrió. Después del partido de Quidditch, a Harry le parecía magnífica cualquier cosa que produjera malestar a Malfoy.
— ¿Listos? —Preguntó Hagrid festivamente mirando a sus estudiantes—. Muy bien, preparé una excursión al bosque para los de quinto año. Pensé que sería interesante que observaran a esas criaturas en su hábitat natural. Las criaturas que vamos a estudiar hoy son muy raras, creo que soy el único en toda Gran Bretaña que ha conseguido domesticarlas.
— ¿Seguro que están domesticadas? —preguntó Malfoy, y el dejo de pánico en su voz se hizo más pronunciado—. Porque no sería la primera vez que nos trae bestias salvajes a la clase.
Los de Slytherin murmuraron en señal de adhesión, y unos cuantos estudiantes de Gryffindor también parecían opinar que Malfoy tenía razón.
—Claro que están domesticadas —contestó Hagrid frunciendo el entrecejo y colocándose bien la vaca muerta sobre el hombro.
Caminaron unos diez minutos hasta llegar a un lugar donde los árboles estaban tan pegados que no había ni una gota de nieve en el suelo y parecía que había caído la tarde. Hagrid, con un gruñido, depositó la media vaca en el suelo, retrocedió y se dio vuelta para mirar a los alumnos, la mayoría de los cuales pasaban sigilosamente de un árbol a otro hacia donde estaba él, escudriñando nerviosos los alrededores como si fueran a atacarlos en cualquier momento.
Mientras caminaban ella pensó que su amigo Hagrid estaría encantado de conocer a los Wendigos incluso de intentar domesticar alguno, pensar en eso le ayudo un poco a relajarse aunque estaba segura de que quizás no era una buena idea siquiera mencionarle a su amigo sobre aquellas criaturas.
—Agrúpense, agrúpense —les aconsejó Hagrid—. Bueno, el olor de la carne los atraerá, pero de todos modos voy a llamarlos porque les gusta saber que soy yo. Se dio vuelta, movió la desgreñada cabeza para apartarse el cabello de la cara y dio un extraño y estridente grito que resonó entre los oscuros árboles como el reclamo de un pájaro monstruoso. Nadie río: la mayoría de los estudiantes estaban demasiado asustados para emitir sonido alguno.
Hagrid volvió a emitir aquel chillido. Luego pasó un minuto, durante el cual los alumnos, inquietos, siguieron escudriñando los alrededores por si veían acercarse algo. Y entonces, cuando Hagrid se echó el cabello hacia atrás por tercera vez e infló su enorme pecho, Harry le dio un codazo a Ron y señaló un espacio que había entre dos retorcidos tejos.
Un par de ojos blancos y relucientes empezaron a distinguirse en la penumbra, poco después una cara y un cuello como los de un dragón, y luego el esquelético cuerpo de un enorme y negro caballo alado surgió de la oscuridad. El animal se quedó mirando a los niños unos segundos mientras agitaba su larga y negra cola; a continuación agachó la cabeza y empezó a arrancar carne de la vaca muerta con sus afilados colmillos.
Harry sintió un alivio inmenso. Por fin tenía pruebas de que no se había imaginado aquellas criaturas, de que eran reales: Hagrid también las conocía. Miró ansioso a Ron, pero su amigo seguía observando entre los árboles, y pasados unos segundos dijo en un susurro:
— ¿Por qué no sigue llamando Hagrid?-
El resto de los alumnos de la clase ponían la misma cara de aturdimiento y de nerviosa expectación que Ron, y miraban en todas direcciones menos al caballo que tenían delante. Al parecer, sólo había otras dos personas que podían verlo: un muchacho robusto de Slytherin, que estaba detrás de Goyle y contemplaba al caballo con una expresión de profundo disgusto en la cara, y Neville, que seguía con la mirada los movimientos oscilantes de la larga cola negra del animal.
— ¡Ah, aquí llega otro! —exclamó Hagrid con orgullo cuando otro caballo negro salió de entre los oscuros árboles. El animal plegó sus alas, que eran como de cuero, las pegó al cuerpo, agachó la cabeza y también se puso a comer. —A ver, que levanten la mano los que pueden verlos. Harry la levantó. Estaba muy contento porque por fin iban a revelarle el misterio de aquellos caballos. Hagrid le hizo una seña con la cabeza.
—Sí, claro, ya sabía que tú los verías, Harry —dijo con seriedad—. Y tú también, ¿eh, Neville? Y...
—Perdone —dijo Malfoy con una voz socarrona—, pero ¿qué es exactamente eso que se supone que tendríamos que ver?
Por toda respuesta, Hagrid señaló el cuerpo de la vaca muerta que yacía en el suelo. Los alumnos la contemplaron unos segundos; entonces varios de ellos ahogaron un grito y Parvati se puso a chillar. Harry entendió por qué: lo único que veían eran trozos de carne que se separaban solos de los huesos y desaparecían, y era lógico que les pareciera muy extraño.
— ¿Quién lo hace? —preguntó Parvati, aterrada, retirándose hacia el árbol más cercano—. ¿Quién se está comiendo esa carne?
—Son thestrals —respondió Hagrid con orgullo, y Hermione, que estaba al lado de Harry, soltó un débil « ¡Oh!» porque sabía de qué se trataba—. Hay una manada en Hogwarts. Veamos, ¿quién sabe...?
—Pero ¡si traen muy mala suerte! —lo interrumpió Parvati, alarmada—. Dicen que causan todo tipo de desgracias a quien los ve. Una vez la profesora Trelawney me contó...
— ¡No, no, no! —Negó Hagrid chasqueando la lengua—. ¡Eso no son más que supersticiones! Los thestrals no traen mala suerte. Son inteligentísimos y muy útiles. Bueno, éstos de aquí no tienen mucho trabajo, sólo tiran de los carruajes del colegio, a menos que Dumbledore tenga que hacer un viaje largo y no quiera aparecerse. Miren, ahí llega otra pareja...
Dos caballos más salieron despacio de entre los árboles; uno de ellos pasó muy cerca de Parvati, que se estremeció y se pegó más al árbol, diciendo:
— ¡Me parece que noto algo! ¡Creo que está cerca de mí!
—No te preocupes, no te hará ningún daño —le aseguró Hagrid con paciencia—. Bueno, ¿quién puede decirme por qué algunos de ustedes los ven y otros no?
Hermione levantó la mano.
—Adelante —dijo Hagrid sonriéndole.
—Los únicos que pueden ver a los thestrals —explicó Hermione— son los que han visto la muerte.
—Exacto —confirmó Hagrid solemnemente—. Diez puntos para Gryffindor. Los thestrals...
—Ejem, ejem.
La profesora Umbridge había llegado. Estaba a unos palmos de Harry, luciendo su capa y su sombrero verdes, y con el fajo de hojas de pergamino preparado. Hagrid, que nunca había oído aquella tos falsa de la profesora Umbridge, miró preocupado al thestral que tenía más cerca, creyendo que era el animal el que había producido aquel sonido.
—Ejem, ejem.
— ¡Ah, hola! —saludó Hagrid, sonriendo, cuando por fin localizó la fuente de aquel ruidito.
— ¿Recibió la nota que envié a su cabaña esta mañana? —preguntó la profesora Umbridge hablando despacio y elevando mucho la voz, como había hecho anteriormente para dirigirse a Hagrid. Era como si le hablara a un extranjero corto de entendimiento. —La nota en la que le anunciaba que iba a supervisar su clase.
—Sí, sí —afirmó Hagrid muy contento—. ¡Me alegro de que haya encontrado el lugar! Bueno, como verá..., o quizá no... No lo sé... Hoy estamos estudiando los thestrals.
— ¿Cómo dice? —preguntó la profesora Umbridge en voz alta, llevándose la mano a la oreja y frunciendo el entrecejo.
Hagrid parecía un poco confundido.
— ¡Thestrals! —gritó—. Esos... caballos alados, grandes, ¿sabe?
Hagrid agitó sus gigantescos brazos imitando el movimiento de unas alas. La profesora Umbridge lo miró arqueando las cejas y murmuró mientras escribía en una de sus hojas de pergamino:
—«Tiene... que... recurrir... a... un... burdo... lenguaje... corporal».
—Bueno..., en fin... —balbuceó Hagrid, y se volvió hacia sus alumnos. Parecía un poco nervioso. —Este..., ¿por dónde iba?
—«Presenta... signos... de... escasa... memoria... inmediata» —murmuró la profesora Umbridge lo bastante alto para que todos pudieran oírla.
Draco Malfoy estaba exultante, como si las Navidades se hubieran adelantado un mes. Hermione, en cambio, estaba roja de ira reprimida.
— ¡Ah, sí! —exclamó Hagrid, y echó una ojeada a las notas de la profesora Umbridge, inquieto. Pero siguió adelante con valor. —Sí, les iba a contar por qué tenemos una manada. Empezamos con un macho y cinco hembras. Éste —le dio unas palmadas al caballo que había aparecido en primer lugar— se llama Tenebrus y es mi favorito. Fue el primero que nació aquí, en el bosque...
— ¿Sabe que el Ministerio de la Magia ha catalogado a los thestrals como criaturas peligrosas? —dijo Umbridge en voz alta interrumpiendo a Hagrid.
A Harry se le encogió el corazón, pero Hagrid se limitó a chasquear la lengua.
— ¡Estos animales no son peligrosos! Bueno, quizá peguen un mordisco si uno los fastidia mucho...
—«Parece... que... la... violencia... lo motiva» —murmuró la profesora Umbridge, y continuó escribiendo en sus notas.
— ¡En serio, no son peligrosos! —dijo Hagrid, que se estaba poniendo un poco nervioso—.
Mire, los perros muerden cuando se los molesta, ¿no? Lo que pasa es que los thestrals tienen mala reputación por eso de la muerte. Antes la gente creía que eran de mal agüero, ¿verdad? Porque no lo entendían, claro.
La profesora Umbridge no hizo ningún comentario más; terminó de escribir la última nota, levantó la cabeza, miró a Hagrid y volvió a hablar lentamente y en voz alta:
—Continúe dando la clase, por favor. Yo voy a pasearme —con mímica hizo como que caminaba y Malfoy y Pansy Parkinson rieron a carcajadas, aunque sin hacer ruido— entre los alumnos —señaló a unos cuantos estudiantes— y les haré preguntas —añadió, señalándose la boca mientras movía los labios.
Hagrid se quedó mirándola; no se explicaba por qué la profesora Umbridge actuaba como si él no entendiera su idioma. Hermione tenía lágrimas de rabia en los ojos.
— ¡Eres una arpía! —dijo por lo bajo mientras la bruja se acercaba a Pansy Parkinson—.Ya sé lo que pretendes, asquerosa, retorcida y malvada... —
—Bueno... —continuó Hagrid haciendo un esfuerzo por recuperar el hilo de sus ideas—.Thestrals. Sí. Los thestrals tienen un montón de virtudes... —
— ¿Te resulta fácil —le preguntó la profesora Umbridge a Pansy Parkinson con voz resonante— entender al profesor Hagrid cuando habla? — Pansy, como Hermione, tenía lágrimas en los ojos, pero las suyas eran de risa. Cuando contestó, apenas se le entendió porque, al mismo tiempo que hablaba, intentaba contener una carcajada.
—No..., porque..., bueno..., siempre parece que estuviera gruñendo... —
Hermione estaba furiosa la última vez que había visto a Pansy antes de volver al colegio había actuado muy diferente, más segura, madura, su forma de hablar y comportarse había sido tan diferente que incluso llego a pensar que su compromiso y su ceremonia le harían cambiar un poco su forma de pensar o quizás estaba madurando, esperaba que su futuro marido le ayudara un poco, pero las personas no pueden tener un cambio tan rápido eso es lo que pensaba en este momento.
La profesora Umbridge escribió más notas. Las pocas zonas de la cara de Hagrid que no estaban amoratadas se pusieron rojas, pero intentó fingir que no había oído la respuesta de Pansy.
—Este..., sí, son muy buenas criaturas, los thestrals. Bueno, una vez que están domados, como éstos, nunca volverán a perderse. Tienen un sentido de la orientación increíble, sólo hay que decirles adonde uno quiere ir... —
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Llegó diciembre, y dejó más nieve y un verdadero alud de deberes para los alumnos de quinto año. Las obligaciones como prefectos de Ron y Hermione también se hacían más pesadas a medida que se aproximaba Navidad. Los llamaron para que supervisaran la decoración del castillo («Intenta colgar una guirnalda por una punta cuando Peeves sujeta la otra y pretende estrangularte con ella», contó Ron), para que vigilaran a los de primero y a los de segundo, que tenían que quedarse dentro del colegio a la hora del recreo porque afuera hacía demasiado frío («Hay que ver lo descarados que son esos mocosos; nosotros no éramos tan maleducados cuando íbamos a primero», aseguró Ron), y para turnarse con Argus Filch para patrullar por los pasillos, pues el celador sospechaba que el espíritu navideño podía traducirse en un brote de duelos de magos («Tiene estiércol en lugar de cerebro», dijo Ron, furioso). Estaban tan ocupados que Hermione tuvo que dejar de tejer gorros de elfo, y estaba muy nerviosa porque sólo le quedaba lana para hacer otros tres.
— ¡No soporto pensar en esos pobres elfos a los que todavía no he liberado y que tendrán que quedarse aquí en Navidad porque no hay suficientes gorros! —
Harry, que no había tenido valor para explicarle que Dobby se apoderaba de todas las prendas que ella hacía, se inclinó aún más sobre su redacción de Historia de la Magia. De todos modos, no tenía ganas de pensar en la Navidad. Por primera vez desde que estudiaba en Hogwarts, le habría encantado pasar las vacaciones lejos del colegio. Entre la prohibición de jugar al Quidditch y lo preocupado que estaba por si ponían a Hagrid en período de prueba, le estaba agarrando fobia al colegio. Lo único que de verdad lo ilusionaba eran las reuniones del ED, y durante las vacaciones tendrían que suspenderlas, pues casi todos los miembros del grupo pasarían las Navidades con sus familias. Hermione se iba a esquiar con sus padres, lo cual a Ron le hizo mucha gracia, porque no sabía que los muggles se ataban unas estrechas tiras de madera a los pies para deslizarse por las montañas. Ron se iba a La Madriguera. Harry pasó varios días tragándose la envidia que sentía, hasta que, cuando le preguntó cómo iría a su casa aquella Navidad, su amigo exclamó: «Pero ¡si tú también vienes! ¿No te lo había dicho? ¡Mi madre me escribió hace semanas y me dijo que te invitara!»
Hermione puso los ojos en blanco, pero a Harry la noticia le levantó mucho el ánimo. La perspectiva de pasar aquellos días en La Madriguera era verdaderamente maravillosa, aunque la estropeaba un poco el sentimiento de culpa que tenía por no poder pasar las vacaciones con Sirius. Se preguntaba si conseguiría convencer a la señora Weasley de que invitara a su padrino durante las fiestas. Sin embargo, había demasiados factores adversos: dudaba que Dumbledore permitiera a Sirius salir de Grimmauld Place, y no estaba seguro de que la señora Weasley quisiera invitar a su padrino porque ellos dos siempre estaban en desacuerdo. Sirius no había vuelto a comunicarse con Harry desde su última aparición en la chimenea, y a pesar de que el chico sabía que habría sido una imprudencia intentar ponerse en contacto con él, ya que la profesora Umbridge vigilaba constantemente, no le hacía ninguna gracia imaginar que Sirius estaría solo en la vieja casa de su madre, quién sabe si tirando del extremo de uno de esos petardos con sorpresa, mientras Kreacher tiraba del otro.
Por el contrario Hermione le angustiaba que la Profesora McGonagall le había dicho que hablaría con ella y Fleur una vez que regresaran de vacaciones, entonces podrían hablar sobre el chico, sobre sus dudas…sobre todo lo que ella tuviera curiosidad, pero tenía que esperar hasta esta fecha. ¿Quizás la profesora tenía que investigar más? Quizás ella no sabía por que la joven que se había proyectado era la hermana de sus sueños. Quizás debió decirle a la maestra que ella era adoptada. En cuanto regresara a casa hablaría con sus padres ellos siempre fueron un gran soporte para ella.
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Neville gimoteaba en sueños. Se oyó el lejano ulular de una lechuza.
Harry soñó que estaba otra vez en la sala del ED. Cho lo acusaba de haberla obligado a ir allí mediante engaños; decía que había prometido regalarle ciento cincuenta figuritas de las ranas de chocolate si se presentaba. Harry protestaba... Cho gritaba: « ¡Mira, Cedric me dio cientos de figuritas de las ranas de chocolate!» Y sacaba puñados de figuritas de la túnica y los lanzaba al aire. Entonces Cho se volvía hacia Hermione, que decía: «Es verdad, Harry, se lo prometiste... Creo que será mejor que le regales otra cosa a cambio... ¿Qué te parece si le obsequias tu Saeta de Fuego?» Y Harry respondía que no podía darle su Saeta de Fuego a Cho porque la tenía la profesora Umbridge, y que todo aquello era absurdo, que él sólo había ido a la sala del ED para colgar unos adornos navideños que tenían la forma de la cabeza de Dobby...Entonces el sueño cambió...Harry notaba su cuerpo liso, fuerte y flexible. Se deslizaba entre unos relucientes barrotes de metal, sobre una fría y oscura superficie de piedra... Iba pegado al suelo y se arrastraba sobre el vientre... Estaba oscuro, y, sin embargo, él veía a su alrededor brillantes objetos de extraños y vivos colores. Giraba la cabeza... A primera vista el pasillo estaba vacío, pero no... Había un hombre sentado en el suelo, enfrente de él, con la barbilla caída sobre el pecho, y su silueta destacaba contra la oscuridad... Harry sacaba la lengua... Percibía el olor que desprendía aquel hombre, que estaba vivo pero adormilado, sentado frente a una puerta, al final del pasillo...
Harry se moría de ganas de morder a aquel hombre... Pero debía contener el impulso..., tenía cosas más importantes que hacer... No obstante, el hombre se movía... Una capa plateada resbalaba de sus piernas cuando se ponía de pie de un salto, y Harry veía cómo su oscilante y borrosa silueta se elevaba ante él; veía cómo salía una varita mágica de su cinturón... No tenía alternativa... Se elevaba del suelo y atacaba una, dos, tres veces, hundiéndole los colmillos al hombre, y notaba cómo sus costillas se astillaban entre sus mandíbulas y sentía el tibio chorro de sangre... El hombre gritaba de dolor... y luego se quedaba callado... Se tambaleaba, se apoyaba en la pared... La sangre manchaba el suelo...
A Harry le dolía muchísimo la cicatriz... Le dolía como si su cabeza fuera a estallar... — ¡Harry! ¡HARRY! —Abrió los ojos. Estaba empapado de pies a cabeza en un sudor frío, las sábanas de la cama se le enrollaban alrededor del cuerpo como una camisa de fuerza, y notaba un intenso dolor en la frente, como si le estuvieran poniendo un atizador al rojo vivo— ¡Harry!- Ron lo miraba muy asustado de pie junto a su cama, donde había también otras personas. Harry se sujetó la cabeza con ambas manos; el dolor lo cegaba... Giró hacia un lado y vomitó desde el borde del colchón.
—Está muy enfermo —dijo una voz aterrada—. ¿Llamamos a alguien?
— ¡Harry! ¡Harry! -Tenía que contárselo a Ron, era muy importante que se lo contara... Respiró hondo con la boca abierta y se incorporó en la cama. Esperaba no vomitar otra vez; el dolor casi no le dejaba ver.
—Tu padre —dijo entre jadeos—. Han... atacado... a tu padre.
— ¡Qué! —exclamó Ron sin comprender.
— ¡Tu padre! Lo han mordido. Es grave. Había sangre por todas partes... —
—Voy a pedir ayuda —dijo la misma voz aterrada, y Harry oyó pasos que salían del dormitorio.
—Tranquilo, Harry —lo calmó un Ron titubeante—. Sólo..., sólo era un sueño... —
— ¡No! —saltó Harry, furioso; era fundamental que su amigo lo entendiera—. No era ningún sueño..., no era un sueño corriente... Yo estaba allí... y esa cosa... lo atacó. Oyó que Seamus y Dean cuchicheaban, pero no le importó. El dolor de la frente estaba remitiendo un poco, aunque todavía sudaba y temblaba como si tuviera fiebre. Volvió a vomitar y Ron se apartó dando un salto hacia atrás.
—Estás enfermo, Harry —insistió con voz temblorosa—. Neville ha ido a pedir ayuda.
— ¡Estoy bien! —dijo él con voz ahogada, y se limpió la boca con el pijama. Temblaba de modo incontrolable—. No me pasa nada, es por tu padre por quien tienes que preocuparte. Tenemos que averiguar dónde está... Está sangrando mucho... Yo era... Había una serpiente inmensa.
Intentó levantarse de la cama, pero Ron lo empujo contra ella; Dean y Seamus seguían hablando en susurros, allí cerca. Harry no supo si había pasado un minuto o diez; seguía allí sentado, temblando, y notaba que el dolor de la cicatriz remitía lentamente. Entonces oyó pasos que subían a toda prisa por la escalera y volvió a distinguir la voz de Neville.
— ¡Aquí, profesora!-
La profesora McGonagall entró corriendo en el dormitorio con su bata de cuadros escoceses y con las gafas torcidas sobre el puente de la huesuda nariz.
— ¿Qué pasa, Potter? ¿Dónde te duele?-
Harry nunca se había alegrado tanto de verla, pues lo que necesitaba en ese momento era a alguien que perteneciera a la Orden del Fénix, y no que lo mimaran ni le recetaran pociones inútiles.
—Es el padre de Ron —afirmó, y volvió a incorporarse—. Lo ha atacado una serpiente y está grave. Lo he visto todo.
— ¿Qué quieres decir con eso de que lo has visto? —preguntó la profesora McGonagall juntando las oscuras cejas.
—No lo sé... Estaba durmiendo y de pronto estaba allí...
— ¿Quieres decir que lo has soñado?
— ¡No! —gritó Harry, enojado; ¿es que nadie lo entendía?—. Al principio estaba soñando, pero era un sueño completamente diferente, una tontería... Y de pronto esa imagen lo ha interrumpido. Era real, no me lo he imaginado. El señor Weasley estaba dormido en el suelo y lo atacaba una serpiente inmensa, había mucha sangre, se desmayaba, alguien tiene que averiguar dónde está... —La profesora McGonagall lo miraba a través de sus torcidas gafas como si le horrorizara lo que estaba viendo—. ¡Ni estoy mintiendo ni me he vuelto loco! —Insistió Harry a voz en grito—. ¡Le digo que lo he visto todo!
—Te creo, Potter —dijo la profesora McGonagall, cortante—. Ponte la bata. Vamos a ver al director.
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Flash back
Minerva entro a través de la Red Flu de su despacho, las jóvenes no se dieron cuenta de su presencia, se acercó a ellas fue entonces que noto que ambas tapaban con su altura al niño que temblaba bajo sus brazos.
-¿Qué le sucede al joven?-
Los ojos del pequeño se abrieron como platos al ver a la mujer al instante extendió sus brazos hacia ella como si quisiera que le sostuviera mientras su cuerpo temblaba más por la fiebre.
-Mami…duele…- en ese instante la profesora se dio cuenta que era la niña de sus sueños. La niña de los recuerdos, algo dentro de su pecho brinco al ver a Hermione abrazándole, como si su corazón reconociera que eran suyos.
-Mione…Mami…duele- su cuerpo desapareció al instante que el temblor aumento.
En ese momento no sabía que decir, no espero tener que afrontar en ese momento a Hermione, no esperaba ver a la pequeña de los recuerdos de Regulus Black en su oficina mucho menos esperaba verle y que este le llamara mami. Sentía un terrible dolor de cabeza y su pecho le oprimía.
-Señorita Delacour, Señorita Granger ¿Qué está sucediendo? ¿Quién era esa pequeña?-
-Creo que es mi hermana profesora-
-¿Cómo que su hermana Granger? creí que era hija única- no podía informarle a la joven en ese momento de la reunión que había tenido, de sus sueños.
-Soy adoptada, mis padres jamás me lo ocultaron y les agradezco por ello, jamás había tenido curiosidad sobre mi familia hasta que empecé a tener estos sueños donde aparecía esta pequeña que me hablaba cuando era una bebe. –
-¿De que tratan estos sueños?- le pregunto
-Normalmente de mi como bebe, siempre suele ser la misma escena, estoy en una especie de cuna mi hermana llega pidiéndome crecer para jugar, una de las que creo es mi madre le regaña por eso y luego la mujer me carga y canta una canción, puedo ver a la pequeña que estaba antes aquí y normalmente es a la única persona que puedo ver claramente, normalmente lo que más recuerdo son las sensaciones.-
-Ha dicho una de las mujeres…- McGonagall no pudo terminar lo que iba a decir por qué distinguió una figura con un horrible atuendo color rosa saliendo de la chimenea –Profesora Umbrige ¿En qué puedo ayudarle?
-Profesora McGonagall hay algunas cosas que quiero discutir con usted- observo a las dos jóvenes que estaban con la profesora –Veo que estaba ocupada pero es sumamente importante que hable con usted por lo que Señorita Granger y la Señorita…-
- Fleur Delacour, es un placer conocerla profesora- dijo ignorando la mueca que cruzo en el rostro de la otra.
-Oh si la Veela del torneo ¿Qué hace aquí en Hogwarts?-dijo con desdén
-Solo soy un cuarto de Veela y estoy muy orgullosa de ello- le aclaro a pesar de la cara de disgusto de la pequeña mujer –Estoy aquí para ser aprendiz de la profesora McGonagall y del Profesor Snape en la rama de Pociones mi interés…-
-Si bueno no es importante- dijo interrumpiendo de nueva cuenta –El profesor Snape está en su oficina por que no marcha de inmediato, pero yo si fuera el consideraría un poco más el tomarle como aprendiz; y señorita Granger debería también retirarse ¿No tiene labores de prefecto que realizar?-
-Me pondré en contacto con las dos más delante para retomar lo que estábamos hablando, ahora vallan-
-si profesora- contestaron al unísono mientras se dirigían a la puerta
-Y señorita Delacour me reuniré con usted y el Profesor Snape en un momento- dijo antes de que la chica cerrara la puerta de su despacho por completo. Esta sería una larga noche pensó.
End Flas back
-¿No has hablado con ellas del tema desde entonces?- Pregunto Sirius
-No lo hice, ese horrible sapo no me ha dado ni un pequeño respiro. Y ahora quiere estar presente cuando hable con mis cachorros sobre sus opciones profesionales. Quería tener un poco más de tiempo con ellas en ese momento, algo en mi instinto me decía que ellas eran nuestras, que eran mis pequeñas, que aunque no lo recordara podía sentir algo en mi diciéndomelo-
-Quizás deberías haber intentado hablar con ella esa misma semana- Menciono Andromeda.
-Pero Minerva tiene un punto Andy, no es como si simplemente después de haber escuchado a la pequeña decirle mamá le iba a decir a Hermione, "Acabo de recordar que soy tu madre" así que creo que lo soy" o mejor aún algo como "Hermione yo soy tu madre a y recuerdas a Bellatrix pues ella también lo es" te imaginarias eso sería terrible – decía Sirius intentando no reírse de su idea– quizás podrías decirle "Hola Hermione no me vas a creer pero he empezado a tener sueños este mes donde me di cuenta que soy tu madre o por cierto también descubrí que estoy casada con el más grande fiel seguidor del señor oscuro, así es Bellatrix Lestrange o debería ser McGonagall"- termino sin poder contener más la risa.
-No es nada gracioso Sirius, ni siquiera recuerdo haberme casado con esa mujer, no puedo recordar nada que me hiciera o podría hacerme sentir atraída por ella, ¿Cómo le explicaría algo así? Si ni siquiera recuerdo nada, lo único son los sueños o lo que he leído en los pedazos de diario que encontraron, o el pequeño recuerdo que vimos todos aquella vez.- decía algo alterada antes de beber otro trago de whisky de fuego - Si solo tuviera algo más de información podría hablar con ella, tenía la esperanza de que quizás ustedes hubieran encontrado algo nuevo.-
-No solo las notas del diario que les mostramos a ti y a Dumbledore- menciono Andrómeda
-¿Cómo resulto la idea del retrato?- les cuestiono
-Parece que la arpía recuerda algo, pero no estamos seguros se niega a hablar con nosotros, no deja de insultarnos, pero al menos sus insultos ahora nos dan a entender que ella tiene información-
-El retrato de Walburga menciono algo de que nosotros abandonamos a las pequeñas- comento Andrómeda bebiendo un poco de té
-¿Han intentado que Nymphadora hable con ella? no puede culparle a ella era una niña-
-Lo intentamos- dijo al tiempo que veía a su prima
-Sucedió algo muy curioso de hecho, el cuadro se queda callado cuando le ve y cuando se da cuenta de nuestra presencia empieza a proferir de nuevo insultos en nuestra contra pero nunca contra ella.-
-Por lo que la noche del sábado me moveré a la casa de Andrómeda y dejaremos a Nymphadora con el retrato, Albus está de acuerdo que lo intentemos-
-¿Qué ha dicho tu hija sobre esto?- relleno de nuevo su vaso con licor.
-Creo que es la que está más ansiosa por hablar, creo que hay cosas que quiere preguntarle sin que estemos enterados. –
-Bueno…si existe una única cosa que pronuncio antes de que Kreacher le informará de que espiábamos-
-¿Qué cosa?-
-"Encuentra a Cassiopeia Black ella puede ayudarte"- repitió Andrómeda
-Entonces por qué se me quedan viendo así como si solo hubieran descubierto otro misterio-
-Eso fue lo que paso-
-No hay registro alguno de que sucedió con Cassiopeia Black, nunca se comunicó o se escribió con Druella o Walburga-
-Es realmente muy extraño, entre más buscamos sobre ella es como si más perdidos estuviéramos, llegamos a la conclusión de que esto es la punta del iceberg- hizo una breve pausa –Creo que no es la primera vez que esto sucede-
-No comprendo-
-Regulus, Lycoris, Cassiopeia, Marius ellos son de la misma generación Black que Arturus, Pollux y Dorea; sin embargo no hay ninguna mención de ellos en libros, cartas o diarios es como si hubieran desaparecido.- Andromeda estaba un poco nerviosa al tocar el tema –Todos murieron misteriosamente pero no hay registros de ninguno, tampoco encontramos la razón del por qué Marius fue borrado del tapiz- bebió un poco de su bebida y continuo su explicación – Sirus I, Elladora, Isla, Lacerta ellos son de la generación de Phineas Nigellus Black y dos de ellos están tachados del tapiz, los otros dos muertes misteriosas.-
-Hester, Phoebe, Alexia Walkin, Eduardus Limette pertenecen a la generación de Licorus Black- continuo contando Sirius desde donde su prima lo había dejado –Creemos que si logramos seguir revisando hacia atrás en el árbol esto seguirá sucediendo-
-¿Por qué no lo han revisado?-les cuestiono a ambos primos
-Creemos que el árbol original debe de estar en alguna antigua propiedad, pero no descubrimos cual, nuestra única opción es pedir ayuda en Gringotts.-
Minerva entendió en ese momento porque ambos no habían actuado aun, Sirius podía ir acompañando a Andrómeda al banco pero al ir en su forma de animago podría levantar sospechas o temían que alguna de las propiedades estuviera ahora en manos de alguien más. Sobre todo si se dirigía directamente al encargado de cuentas de la familia Black.
-No te preocupes en este momento por eso Minerva, queremos esperar a que pase año nuevo para ir al banco. Hay algunas cosas que nos han detenido de actuar de esa forma.- explicaba él con calma – la primera es que el retrato mencionó a Cassiopiea, la segunda encontramos notas escritas a mano en varios libros la mayoría de ellos es de Lyra Black.- Sirius saco un pergamino donde copiaron el texto escrito y en qué libro había sido encontrado por si requerían una referencia después.
"La maldición se está repitiendo la sombra de la locura persigue a mi pobre Alexia, mi amada hija si solo supiera como librarte de ella tomaría con gusto tu lugar" Lyra Black
"He visto caer a mis hijos bajo la maldición de la familia tal como mi abuelo vio caer a varios sus hermanos, la sombra de la locura los persigue tal como mi abuelo Cepheus nos contó de niños" Lyra Black
"Todo tiene origen con él…es cíclico ¿Pero que lo activa? ¿Qué secretos guardas. Mi vida está llegando a su fin pero puedo recordar algo que mi pequeños Hester y Limette me confesaron cuando todo comenzó; esta en nuestros sueños la respuesta" Lyra Black
"Mientras aun está presente en mi mente solo tengo una pregunta ¿Qué activa esto? ¿Por qué sigue repitiéndose?" Sirius
"Qué relación existe en todo esto no logro comprenderlo, es como si no existiera, nadie logra ver el nombre de Lacerta el tapiz, nadie logra verme ¿Acaso ya no existo? ¿Dónde estás mi dulce hermana? ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué nadie te recuerda? ¿Por qué nadie recuerda que estoy vivo? El tapíz miente aun no eh muerto; Ella, Isla, Phineas por favor encuentren esta nota….recuérdenme" Sirius Black era la única que tenía fecha 15 de Julio del 75
"Toujours Pur…si solo lo hubiera descubierto antes"
-La última no tiene nombre- comento la profesora
-No sabemos quién la escribió. Pero creemos que quizás hay más pistas escondidas-
-No vimos esto la primera vez porque solo estábamos buscando cosas de Regulus, pero nos dimos cuenta que muchos miembros de nuestra familia sospechaban de esto, alguno de ellos debió descubrirlo-
-Creemos que Cassiopeia podría tener más respuestas-
-Tenía la idea de que ella había muerto- les comento Minerva
-Nosotros también, hasta que vimos en el tapiz que no hay aun fecha de defunción- dijo Sirius con calma.
Debía ser la presión que había sobre ellos pero el efecto del whisky aún no se veía en ellos a pesar de que estaban por abrir la segunda botella.
-Dejando eso de lado un poco-
-¿Cómo se encuentra Arthur?- pregunto Andrómeda llenando los vasos de todos.
-Se recuperara, Kingsley le encontró justo a tiempo, si hubiéramos tardado un poco más es seguro que Arthur no estaría más entre nosotros-
-Sigo preocupándome por eso sueños- comento él
-Por la misma razón Albus le sugirió a Harry que debe tomar clase de Oclumancia- dijo McGonagall. –Es tiempo de que me retire- le comento a ambos primos
-Debes hablar con Hermione- le recordó Andrómeda –No puedes huir, eres después de todo la Jefa de la casa Gryffindor –
La profesora solo asintió mientras salió por la puerta para luego aparecerse de regreso al castillo.
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El sábado por la noche llego más rápido de lo esperado. No recordaba estar tan ansiosa por hablar con el retrato que supuestamente tendría que odiarle. Su corazón latía fuera de control, la adrenalina llenaba su cuerpo.
Su madre y su tío habían salido de la casa desde hace una hora, pero le había costado un poco el armarse del valor necesario para acercarse. Kreacher había sido quien había destapado el retrato y le informo a su antigua ama que solo se encontraba ella en casa.
-Acércate Nymphadora- le llamo el retrato
