Disclaimer:The Emperor's New Groove no me pertenece. La obra cinematográfica es propiedad de Disney. Solamente soy la dueña creativa del co-protagonico del fic. Sin fines de lucro.
El Sirviente
Yzma había estado insistiendo en atender ella a los pendientes reales por un par de días, par de días que Kuzco había pasado sin ver a ese extraño sirviente de las cocinas. Por lo mismo pasaba mucho tiempo pensando tiempo que podría emplear para gobernar mejor lo cual no era su estilo desde el principio. A la final opto por dejarle por un dia o dos el mando a su consejera.
Después de todo tenia cosas más interesantes que investigar.
Por primera vez en la historia el Emperador entraba a las cocinas cosa que provoco el pavor de todo el mundo presente, pero lo manifestaron con el mutismo absoluto. Muchos tropezaban o dejaban caer harina en el suelo, simplemente era una visión totalmente nueva para ellos ver a su eminencia allí parado examinando el lugar con la vista.
—S-señor ¿Se le ofrece algún platillo o tiene una petición especial? — el jefe de las cocinas ya iba por su segundo susto con el Emperador, primero por los pasillos y ahora en la mismísima cocina, vaya cosas extrañas estaban sucediendo.
—Nou— respondió con su típico tonito de ''si estoy antojado de algo pero mejor que sea sorpresa''— Dime vasallo ¿Trabaja aquí un muchacho joven? — pregunto casi al aire a lo que el jefe de cocinas lo vio con efecto retardado y de inmediato mando a llamar a todo el personal relativamente joven que trabajara allí.
Dos chicas de veintisiete años cuatro hombres de veintiocho y tres chicos de veintitrés eran los más jóvenes de Palacio que trabajasen específicamente en las cocinas, Kuzco se vio decepcionado cuando no encontró lo que quería aunque no supiese porque quería verlo en primer lugar.
Se fue del sitio viendo sus pies en el pasillo cuando noto algo a la distancia. Era un saco con pies lo que venía en su dirección, obviamente quien cargase esa bolsa casi tan grande como su cuerpo nunca espero que en un pasillo de servicio se háyase caminando el Emperador Inca en persona lo que provoco un accidente.
Kuzco iba a hacerse a un lado como única muestra de cortesía que podría dar pero al ver quien cargaba la bolsa se quedo estático y dejo que chocara con él.
El resultado fue que el sirviente que cargaba el saco cayera de espaldas junto con todo y saco de legumbres provocando que se esparcieran por el pasillo y sobre su persona. Kuzco se estaba acomodando la corona cuando el sirviente hablo.
— ¡Fíjate grandísimo…!— se quedo de a seis cuando vio con quien choco y de inmediato se le fueron los colores del rostro. Estaba muerto del pánico y sabía que perdería la cabeza si no se disculpaba— ¡SU MAJESTAD! — se puso de rodillas y pego la frente al suelo— ¡Le ruego me disculpe por favor ha sido un accidente! — el pánico corría por sus venas imaginando el castigo que Kuzco tendría en mente pero en lugar de gritar y hacer que un guardia lo decapitara o lanzara desde el techo o algún acantilado se quedo viéndolo sorprendido y como niño que descubre sus regalos de navidad ocultos.
—Ejem… ¡Oh si! ¡Casi mi real persona toca el inmundo suelo! Creo que mereces un castigo— dijo risueño e imitando su voz ofendida, el pobre muchacho se tenso en su sitio y espero lo peor— Sígueme.
Dijo finalmente y comenzó a caminar, el sirviente no sabía que esperar, fueron directamente a la cocina imperial y por poco Kuzco le causa un infarto al jefe de las cocinas.
— ¿El trabaja aquí? — pregunto apuntando a Akban como si fuera una cosa pero con una sonrisa marca Emperador en el rostro.
—S-si señor— espeto temblando cual hoja.
—Bien ya no más, desde ahora se une a mi servidumbre privada, dale sus deberes a otro esclavo.
Sin más un par de guardias pintados de rojo y azul salieron de la nada aparentemente y se llevaron a Akban tras de Kuzco quien dejaba la cocina este tenía los ojos abiertos a más no poder y nadie sabia como reaccionar solo lo veían alejarse y patalear.
Más tarde ese dia Akban fue atendido por los sirvientes reales, fue llevado a un cuarto aparte donde lo desvistieron a la fuerza bañaron con esencial herbales, peinaron y acomodaron su cabello en una cola baja y le pusieron un elegante traje de colores zafiro y plata, cuando salió del cuarto estaba atolondrado y sin saber que hacer hasta que los guardias volvieron a aparecer.
—El Emperador solicita tu presencia— dicho esto lo volvieron a guiar por extensos pasillos hasta llegar a algo que el nunca en su vida espero presenciar.
Las puertas de la habitación privada del Emperador. Abrió la puerta con mucho miedo y recelo la habitación era inmensa podía caber una ballena dentro, y justamente allí estaban otros quince sirvientes con el mismo uniforme la mayoría mujeres atendiendo a Kuzco le estaban ayudando a escoger túnicas para ese dia.
Sastres y cortesanas. Pensó el muchacho ex sirviente de la cocina imperial.
— ¡Hey! Tu, si tú no te quedes allí parado— todos se tensaron pero mas el nuevo, quien como rayo se puso a unos metros de su Emperador esperando recibir instrucciones, creía que iban a ejecutarlo no a promoverlo a otra sección— ¿Cómo me veo? — pregunto de forma altanera y Narcisa, todos comenzaron a alagarlo con mucha educación subiéndole los humos al emperador quien usaba una túnica verde esmeralda con bordes rojos. Akban vio a otro lado nervioso, Kuzco lo noto— ¿No vas a responder?
El muchacho no quería ser sincero pero tenía el mal hábito de serlo, criado en lo más humilde pero aun así con el carácter bien puesto a veces era un poco cabeza dura pero se olvido que estaba hablando con Kuzco.
—Le sienta muy bien pero…— vio una túnica azul intenso de seda muy brillante con encajes de oro en los bordes que acentuaba de lejos la piel de Kuzco y su diseño era señorial— Si me permite un consejo le quedaría mejor la azul.
Todos lo vieron como si estuviera loco y suicida aparte. Kuzco quiso contradecirlo pero justo cuando salía de vestidores con enormes argollas doradas y la esplendorosa túnica viendo lo mucho que realzaba su natural belleza masculina se quedo sin palabras.
Akban no noto cuando sus mejillas se sonrojaron cual fresa madura, se le quedo viendo a Kuzco como hipnotizado cuando este se admiraba a si mismo. Solo faltaba arreglarle el cabello y ponerle su corona.
—Todos fuera— ordeno el soberano Inca a lo que todos sus discípulos abandonaron el recibidor principal de su habitación— Menos tu— señalo a Akban y todos temieron que fuera a perder la cabeza, aunque todos sabían que eso te ganaban por decirle tales cosas a Kuzco.
Una Ley no escrita era que NADIE le tocaba el cabello al Emperador, el solo había aprendido a peinarse y no había sirviente para este cargo, pero ¿Por qué no? Seria divertido ver que hacia el chico nuevo muerto del pánico en su puerta con su cabello.
—Tendrás la tarea de peinarme hoy— dijo esto sentándose en una silla frente a su gran espejo de oro, chasqueo los dedos para que Akban se moviera e hiciera su trabajo, muy asustado se dirigió al espejo y noto varios peines hechos de materiales preciosos artesanales— El de zafiro— dijo o más bien ordeno y Akban tomo el dicho peine, no sabía que estaba haciendo puesto que lo único que sabía hacer era cocinar. Pero haría lo mejor que pudiera.
Kuzco se embeleso tanto por el cuidado y la realmente deliciosa delicadeza de su nuevo sirviente al peinarlo que no noto como este estaba más rojo que una fresa y que estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. Casi se queda dormido pero cuando sintió su fiel corona en su lugar se vio al espejo.
Nunca se había visto mejor según él.
Solo un consejo de un sirviente que le peinaran el cabello unas joyas en sus orejas y cuello totalmente nuevas y de oro y ya parecía un poco mayor y sumamente atractivo según su opinión y lo que no sabía era que según la de su nuevo sirviente también.
Al instante se levanto se admiro como por media hora y dejo que Akban se recostara de la puerta.
Para cuando se digno a voltear y verlo este se le quedo viendo, dicho sirviente tenia músculos bien marcados en una anatomía delgada y algo delicada, piel tersa lo cual era raro pero debía ser por su corta edad y un cabello que a Kuzco por primera vez en su vida le dio envidia. Pero todo eso constituía una belleza sobrenatural para el emperador.
El corazón le estaba latiendo a mil por hora no sabía que estaba sintiendo, pero una fuerte atracción y sensación de hambre le atacaron de inmediato.
—Acércate— Akban lo hizo ya esperando que le gritara por haberle arruinado el cabello pero el grito nunca llego— ¿Tu nombre?
—A-Akban señor— Kuzco se había quedado viéndolo muy cerca estaban solo a unos pasos, casi podían sentir la respiración del otro.
—Bien…te diré algo— dijo girando sobre sus talones y admirándose en el espejo— Normalmente te habría decapitado, pues me tropezaste me corregiste y finalmente me tocaste cuando me peinabas…pero— sonrió de forma gatuna y malévola a lo que el pobre sirviente solo trago grueso— Te dejare vivir por que estoy de buenas, serás mi nuevo consejero privado— otra vez le ascendían de puesto el chico estaba más que desconcertado.
—Señor…puedo preguntar…¿Por qué hace esto? — pregunto algo receloso y luego ocurrió, Kuzco simplemente se colgó de su cuello juguetonamente y lo vio muy de cerca para luego susurrarle al oído:
—Fácil…soy TU amo.
N/A: déjenme sus opiniones. Nos vemos en el siguiente cap.
