Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to beegurl13. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de beegurl13, solo nos adjudicamos la traducción.


The Christmas Present

By: beegurl13

Traducción: Itzel Lightwood

Beta: Flor Carrizo


Capítulo 2

Por las primeras semanas, Edward y Bella se mandaban mensajes casi cada día. Él estaba feliz de que ella amara su trabajo y estaba orgulloso de ella por hacerlo bien. Cuando su primer viaje de trabajo llegó, ellos no hablaron por unos días, pero Edward no se preocupó. Sabía que ella estaba ocupada y él pronto estaría en contacto con ella de nuevo. Extrañaba escuchar su voz antes de irse a dormir y los chistes que ella le enviaba durante el día. Extrañaba ver sus correos electrónicos o escuchar sus mensajes en la contestadora. El día después de que su viaje terminara, él finalmente recibió una llamada. Ella estaba feliz y el viaje había estado bien, y él sonrío por ella mientras lloraba por él. Él sabía que ella no iba a volver. ¿Por qué lo haría, cuando su vida allá era tan perfecta?

Mientras las semanas y los meses pasaban, Bella hablaba más y más acerca de Jacob, su jefe. Y su contacto con Edward era cada vez menos. Finalmente, él adivinó, por sus mensajes, que ella estaba saliendo con Jacob, aunque estaban llevando las cosas con calma. Él se preocupaba por ella, pero tenía miedo de que se molestara si le cuestionaba sus decisiones.

—Es tan cálido aquí, Edward. Lo amarías, sé que lo harías —le dijo una noche mientras ambos estaban recostados en sus camas, luchando contra el sueño.

—¿Sí?

—Oh sí. Jake y yo fuimos a la playa este fin de semana ¡y fue genial! Aún tengo un poco de las quemaduras por el sol. Supongo que mi nuevo bikini no cubre lo mismo que el traje de baño hacía. —Se rió ante su comentario. Edward se estremeció, ella nunca antes había tenido un bikini.

—Eso es genial. Me da gusto que lo estés disfrutando tanto.

—Lo hago. Oye, iba a decirte, no iré a casa para Acción de Gracias la siguiente semana. Tenemos una presentación que preparar para el miércoles y luego un gran viaje para el siguiente lunes. Necesito quedarme aquí y enfocarme para estar lita. Pero creo que Jake y yo iremos a la casa de Rosalie para cenar. Ella me invitó, así que quizá.

Edward suspiró. Realmente esperaba verla, había pasado mucho tiempo desde el día que lo abrazó y lloró por dejarlo. Estaba feliz de que su prima, Rosalie, viviera lo suficientemente cerca de Bella para que pudieran verse en ocasiones. También estaba celoso de ella. Él quería ver a Bella, pasar la festividad con ella, estar en la misma habitación que ella. Cuando colgaron esa noche, él se dio cuenta de que lo que quería, quizá nunca pasaría de nuevo.

Mientras la Navidad se acercaba, Edward se ponía más ansioso y emocionado. Bella iba a estar en casa por unos días y él no quería otra cosa más que verla. Cuando llegó a la casa de los padres de ella, él notó la sonrisa en su rostro, la alegría que parecía irradiar de ella. Él se preguntó qué vería ella cuando lo miraba. Su abuela le había dicho, antes de que dejara la casa, que él se veía guapo y apuesto y que sus ojos tenían esa vieja chispa de nuevo. Él sabía que solo era porque Bella había vuelto, estaba cerca de él de nuevo. Y él no podía esperar para verla.

Se sentaron en el sofá de la sala de su madre, hablando y poniéndose al día. Bella rió y rió, sin embargo, había una extraña distancia entre Edward y ella. Lo ponía nervioso y los contantes mensajes que mandó durante toda la tarde, tampoco ayudaban.

—Oh, mira, Jake me acaba de mandar la cosa más divertida, tienes que ver esto —dijo, extendiendo su teléfono para que él lo viera. Cuando cerró el mensaje, no puedo evitar notar el fondo de pantalla. Era una imagen de Bella con un hombre que, asumió, era Jacob. Estaban sonriendo y demasiado cerca para la satisfacción de Edward. No pudo evitar pensarlo.

—¿Son tú y Jacob? —preguntó.

Bella prácticamente saltó de alegría.

—Sí, ¿acaso no es apuesto? Ugh, Edward… él es como una estrella de cine o algo así. La sonrisa que tiene, simplemente me derrite.

—¿Eres feliz con él? —preguntó, sabiendo que toda chispa que pudo haber tenido por la mañana, se había extinguido por las revelaciones de Bella.

—Oh sí, él es asombroso. Es tan trabajador, pero cuando estamos él y yo solos… oh, hace cosas que hacen que los dedos de mis pies se curven. Ni siquiera puedo comenzar a descri…

—Así está bien. No quiero saber esas cosas.

No quería saberlas. Lo estaba matando, rompiendo su corazón, pedazo a pedazo.

Bella rió.

—Sí, supongo que eso no es algo que hablas con tu amigo hombre, ¿huh?

—Supongo que no.

Edward aceptó su rol en la vida de Bella. Ella lo había llamado un amigo hombre. No un mejor amigo o un buen amigo, pero un amigo hombre. Esa noche, mientras se alejaba de la casa de sus padres, él se obligó a aceptar la realidad: Bella había seguido adelante y él la había perdido.

Lo siguientes meses fueron difíciles para Edward. El trabajo se estaba acumulando y su padre estaba poniendo más y más responsabilidades en sus hombros. A él no le importaba demasiado. Eso mantenía su mente ocupada de otras cosas, principalmente Bella. Habían mantenido el contacto de manera regular después de Navidad, pero para abril, él no había escuchado nada de ella en casi un mes.

No solamente el trabajo lo mantenía ocupado, sino también su abuela. Se estaba volviendo mayor y necesitaba de alguien que la ayudara en sus tareas diarias, pero estaba lejos de ser completamente dependiente de alguien. La madre de Edward trató de convencerla de que se mudara con ellos, pero ella se negó. A ella no le emocionaba la idea de vivir con su hija, quien tendía a estar sobre ella muy seguido, para su gusto.

—Abuela, estoy feliz de que te quedes conmigo. Me vendrá bien la compañía —dijo Edward mientras ayudaba a su padre a mover las últimas cosas de la abuela Masen a la habitación de abajo. Era perfecta para ella, con su propio baño e incluso una pequeña sala. Edward tenía todo el piso de arriba para él solo y estaba más que feliz de poder disfrutar la cocina de su abuela cada noche.

—Estoy feliz de que preguntaras —le dijo, mientras ponía más fotografías alrededor de la casa. Muchas de ellas eran de miembros de la familia o de ella y su Anthony, el abuelo de Edward. Pero unas cuantas fotos sorprendieron a Edward.

—¿Dónde conseguiste estas? —preguntó, mirando un grupo de pequeñas fotos.

—Oh, amo estas fotografías. Las he tenido desde siempre. No puedo creer que no las hayas visto antes —le dijo.

Edward se quedó de pie, mirando las fotografías de él y Bella, en diferentes etapas de sus vidas. Su rostro sonriente, la manera en la que su brazo se enredaba alrededor de su cuello, la adoración en sus ojos cuando la miraba, hizo que su corazón doliera y, por primera vez en días, la extrañó. La extrañaba tanto que, físicamente, le dolía.

—Ella es una chica tan linda, Edward. Quizá deberías planear un viaje uno de estos días.

La abuela Masen sabía lo que estaba haciendo y sabía que Edward no había escuchado de Bella en un rato. Ella esperaba que quizá poner las fotografías ofreciera el recordatorio diario que Edward necesitaba y que, quizá, lo ayudara a ser valiente y perseguir su verdadero amor. Ella no estaba segura si Edward sabía que Bella era el suyo, pero la abuela Masen lo hacía.

Para cuando julio llegó, habían sido más de tres meses desde la última vez que Edward supo de Bella. Finalmente había llegado al punto en el que no dolía demasiado, a pesar de que sabía que solo era que él se estaba volviendo inmune al dolor. Si tenía la oportunidad, si pensaba que ella lo quería de cualquier manera, él correría a ella en un segundo. Pero él era realista y su falta de comunicación lo ponía claro, ella no quería nada que ver con él. Mientras más pronto lo aceptara, más pronto podría funcionar como un ser humano normal. Incluso aunque fuera solo un acto.

Lo último que se esperaba mientras paseaba por el pasillo de cereales en el supermercado local, era ver a Renée Swan empujando su carrito hacia él. Edward sabía que la madre de Bella no podía cocinar y que la mayoría de las cenas durante la juventud de Bella consistían en lo que fuera que su padre asara esa noche. Así que ver el carrito de Renne lleno de productos fue algo así como un shock.

—¡Oh Edward! —lo llamó mientras se acercaba a él—. ¡Te he extrañado! ¿Cómo van las cosas? ¿Cómo está el trabajo?

Edward sonrió, recordando lo fuerte y divertida que la señora Swan había sido siempre.

—Está bien, las cosas están bien. ¿Cómo está usted y el jefe Swan?

Ella sonrió.

—Estamos bien. Estoy aprendiendo a cocinar, ¿puedes creerlo? —dijo mientras señalaba la comida en su carrito.

—Eso es genial.

—¿Y tuviste una buena visita con Bella la semana pasada? Ella estaba tan emocionada de finalmente poder pasar tiempo contigo. Dijo que tu papá te mantiene ocupado, ocupado, ocupado en el trabajo.

La mente de Edward giró por un momento mientras procesaba lo que Renée había dicho.

—Lo siento, ¿qué?—, preguntó.

—Bella. Estuvo en casa la semana pasada de visita. Fue a verte, ¿o acaso lo olvidaste?

Edward sacudió la cabeza.

—No vi a Bella la semana pasada. ¿Estuvo en casa? Como, ¿aquí?

La sonrisa de Renée rápidamente decayó.

—Sí, estuvo en casa la semana pasada. Me dijo que iba a verte, en dos noches diferentes. Se fue por unas horas cada vez y pensé que estaba contigo.

Edward suspiró.

—No, no la vi para nada. Ni siquiera sabía que estaba aquí. No he hablado con ella desde marzo, creo.

Renée estaba visiblemente triste por las noticias de Edward.

—No sé qué le está pasando, Edward. Quiero decir, parecía feliz de ir a verte, pero cuando volvió se fue directo a la cama las dos veces. Pensé que quizá solo estaba cansada o algo así. ¿No la viste para nada?

—No —dijo, deseando estar equivocado.

—Oh, Edward, creo que algo anda mal. Ella simplemente no se ve como su viejo yo. Parece perdida o algo así. No lo sé. No creo que esté feliz con su vida y no sé qué hacer al respecto.

Edward se puso un poco incómodo cuando Renée comenzó a llorar. Ella sacó un pañuelo de su bolso y limpió las lágrimas de sus mejillas, y Edward pasó un tembloroso brazo por sus hombros.

—Desearía que pudieras llamarla, hablar con ella, quizá ir a verla. Ella siempre tuvo una gran conexión contigo, Edward. Creo que te necesita, incluso aunque ella no lo admita. No sé qué hacer por ella.

Edward asintió, asegurándole a la señora Swan que llamaría a Bella pronto. No lo decía en serio, pero ella no necesitaba saber eso. Por el resto del día y por las siguientes semanas, su conversación se repitió una y otra vez en su mente. ¿Por qué Bella le habría dicho a su madre que iba a verlo si no planeaba hacerlo? ¿Y por qué después de casi seis meses, él aún no había escuchado nada de ella? La duda lo envolvió hasta que, finalmente, tuvo suficiente. Necesitaba poner a Bella Swan detrás de él y seguir adelante. Incluso aunque cada fibra de su ser le estuviera gritando que le rogara que volviera y se quedara.


Oh, oh, oh… ¿Qué les ha parecido? ¿Por qué creen que Bella dejó de hablarle a Edward y le mintió a su madre sobre esas visitas? ¿Qué piensan de la forma en la que está actuando Edward, tratando de dejarla atrás? ¡Esperamos que nos cuenten todas sus opiniones en los comentarios!

Recuerden que tenemos dos short fic en proceso que terminaremos de publicar este mes y publicamos un one shot The Naughty Little Elf. ¡Las invitamos a leerlos y contarnos qué les han parecido!

¡Hasta el próximo capítulo!